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 Filiberto. Cuento. (capítulos 3 y 4)

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AutorMensaje
gralber
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Localización : Buenos Aires - Argentina
Fecha de inscripción : 16/03/2012

MensajeTema: Filiberto. Cuento. (capítulos 3 y 4)   Lun Mar 26, 2012 6:53 pm

III
Llegamos, empujo la puerta para dejarlo pasar y veo que me mira y me dice:
- ¡Muy amable!¡Usted primero!
Yo suelo cuidarme siempre las espaldas, y le contesto:
-¡Faltaba más! ¡Yo invito! (no sé de dónde me salió la invitación por las dudas…aunque después me arrepienta)
No tuvo más remedio que entrar primero y al hacerlo, mira para todos lados y muy decidido, se dirige a la barra y le dice a Miguel:
-¿Cómo le va?
Cuando lo agarran desprevenido, el Miguel suele ser bastante antipático, así que lo miró de arriba abajo y le dice:
-A mí bien ¿y a usté?
-También, y con una sonrisa de feliz cumpleaños, le larga: -¡tengo algo para usted!
-Mire, si es para venderme algo, definitivamente, ¡no me interesa!
-¿Vender? no, es un regalo y mete la mano en el bolsillo…

¡Para qué! a Miguel ya lo asaltaron varias veces, así que al hilo y sin preguntar le zampó dos piñas en plena jeta y el tipo cayó como plomo.
Yo no sé qué hice, es decir…sí, a la primera piña me tiré al suelo y después de eso, estaba debajo de una mesa mirando sin entender pero con un dolor de panza que me moría ¡mis tripas son más rápidas que el pensamiento!
El tipo quedó allí, como muerto. Miguel, pegando la vuelta al mostrador, se le acerca con un rollo de cinta de ésa que se usa para pegar cajas de embalar, y le agarra las manos por detrás de la espalda ¡parecía un cana!... rápido y eficaz, pero sin necesidad ya que el tipo seguía sin moverse.
Yo me le acerqué temblando, los miro, al tipo y a Miguel, y digo:
-¡Pero qué bárbaro sos! ¡Lo mataste!
Miguel me mira y dice:
-No va a ser para tanto, en un rato se despierta y le pregunto a qué venía.
-¿Y si no se despierta?¿qué le vas a preguntar?¿y si lo vienen a buscar?¿qué vas a decir?¿eh?... ¿que te pareció, que te iba a asaltar?
-¡Eso! eso mismo. Yo me tengo que defender, los tiempos están jodidos, no es como para confiar en cualquiera que se te aparece así, y te encara tan decidido ¡a propósito! a ver ¿qué tiene en el bolsillo? Lo da vuelta para hurgarle y saca del dichoso bolsillo…

-¿Qué sacó?
-Una cajita oscura que parecía de metal y no parecía tener cómo abrirse, la dio vueltas, la sacudió y en eso… la cajita se abre sola y vemos una piedrita negra, redonda y brillando como si fuera un diamante, pero oscuro.
-Y esto ¿qué es? se pregunta Miguel asombrado y entra a mirar al tipo con cara de susto… (me parece que Miguel es supersticioso)
lo palpa por todas partes y me dice:
-¡Qué macana! el tipo no está armado.
-¡Viste! ¡Yo te lo decía! te apuraste demasiado a desconfiar, ¡sacale eso! y le señalo la cinta que le envolvía las manos ¿ no ves que no es peligroso?
Pero Miguel, con el susto que tenía se había quedado como congelado y no hacía nada, así que lo tuve que desatar yo. Cuando termino de sacarle la cinta, veo que el tipo se empieza a mover y se queja:
-¡Ché Miguel, dale algo para tomar que ya reacciona!
Miguel agarró una botella de caña dulce, de la fuerte que te hace llorar y le sirvió un vaso que me pasó para que se lo diera…¡no pude aguantar y le robé un traguito! Se lo pongo enseguida entre los labios al dormido alzándole la cabeza ¡se lo mandé de un trago al buche!
Y fue como si hubiera cargado un arma… el tipo pegó un grito, abrió los ojos redondos como el dos de oro ¡y se levantó como un resorte!
Nos miraba como si fuésemos dos dragones que echábamos fuego por la boca ¡él debía sentirse así! Empezó a decir cosas rarísimas, no se entendía nada… parecía hablar en japonés o ¡qué se yo! Hablaba ligerito con muchas íes y daba vueltas… de pronto paró y pareció volver de lejos… Miraba todo alrededor y a nosotros, se tocó la cara ¡ahí el sorprendido fui yo! Cuando Miguel le pegó y el tipo cayó al suelo, yo vi que un ojo se le empezaba a hinchar y también la trompa, parecía un boxeador en el último round, pero cuando él se pasó las manos por la cara, ¡volvió a estar como antes! ¡como si nada hubiera pasado! ¡Cachito de curación rápida fue ésa! Nunca ví nada igual,¡lo juro!

IV

Entonces me mira y me dice:
-Usted me dijo que aquí se podía comer algo ¿no?
-¡Sí, claro, es lo que dije! me alegré de pronto, vamos a sentarnos y encargamos algo ¿qué le parece?
-Sí…pero antes quiero tomar otro poco de eso que me dio recién ¿cómo se llama?
-¿Usté dice, la caña? y señalo el vaso que todavía estaba en mi mano.
-¡Sí, eso! y me sonríe como un pibe que descubrió un tesoro.
-Bueno… pero antes es mejor que coma un poco porque sinó le va a hacer mal, le digo, recordando el espectáculo reciente y con miedo de lo que podría volver a suceder si se tomaba otra. Para mi asombro y el de Miguel, que a todo esto no había dicho palabra, muy dócilmente se arrima a una silla y se sienta diciendo:
-¡Sí, estoy algo cansado!
-¡Ché Miguel, a ver si nos hacés algo rico para matar el hambre y nos traés algo fresco para tomar! ¿Eh?
-¡Cómo no!... Miguel, como si fuera lo más normal y no hubiera pasado nada, se da vuelta para la cocina, encarga unos churrascos y agarra una cervecita, dos vasos y se viene para la mesa, muy atento, nos sirve y se queda allí mirando. Yo le hago un guiño y le digo:¿qué tal si traés algo para ir picando?
-¡Sí, sí!...rápido vuelve al mostrador, agarra unos manises, un poco de pan y queso y nos lo trae.
Mi compañero mira embelesado la espuma de la cerveza que sube en su vaso, ya se la está tomando…
-Parece que es de los míos pa’ empinar, cómase algo don…
Y me hace caso, empieza a comer y prueba el pan, el queso… y dice:
-¡Rico, sí, rico!
Empiezo a pensar que el hombre es extranjero… y se me ocurre preguntarle:
-¿De dónde viene, amigo? usté no es de por acá ¿no?
-¡No! soy de Orión… algo lejos.
-¡Aahhh! y ¿por dónde queda eso?
-Varios miles de años…
-¿Qué?
-…luz…
-¡Sí! dice Miguel, se había cortado, pero volvió.
-¿?
-La luz, digo ¡menos mal!
Yo lo miro al Miguel y le hago con la cabeza, que no…
-No entendiste…está hablando de años-luz ¿vos no leés el diario? éso es distancia ¿entendés?
-No…no compro más el diario ¡para la porquería que hay que leer! prefiero mirar la tele.
Se va para el mostrador a buscar la comida y se aparece con dos platos con unos churrasquitos jugosos y unos huevos fritos que de olerlos sólo me hace agua la boca.
El tipo primero mira el plato con asombro y después veo que acerca la nariz y dice:
-¡Parece bueno!
-¡Ya lo creo! Le digo yo masticando entusiasmado.
-¡Nunca comí…uh, algo así! ¿Qué es?
Menos mal que tuve una respuesta rápida y adecuada… algo me dijo que era mejor no explicar.
-¡Usté primero coma y después opine!¿eh?
Y comió… y parece que le gustó porque dijo:
-¿Podría comer otro más?
-A ver Miguel, parece que nuestro amigo está hambriento ¿habrá otro churrasquito más?
-¡Seguro!... ya va.
Y se comió otro churrasco con el huevo a caballo, se tomó otra cervecita, se comió todo el pan y el queso, hasta que, por fin decidió que estaba satisfecho ¡muy satisfecho!
-¡Bueeeno!... entonces ahora podemos charlar un poco.
Le pregunté cómo era eso de que venía de Orión y me contestó:

-¡Así es!...pertenezco a una misión de reconocimiento. Hace muy poco tiempo recibimos señales desde este rincón de la galaxia y decidimos averiguar qué tipo de vidas había por estos lugares. Ya hemos clasificado varias, aunque, debo decirle que la suya es la que nos ha parecido más interesante.

-¡La mía!?¿se refiere a mi persona o a mi raza?
-A su raza ¡por supuesto!
-¡Ah! respiré aliviado.
-Y se puede saber ¿qué es eso tan interesante que observan en mi raza?
-Su adaptabilidad…hemos estado en distintos lugares de su planeta, nos ha llamado la atención lo variado de sus climas y sus hábitat y en todas partes, de cualquier forma, bien, regular o mal, ustedes siempre sobreviven…es muy interesante la manera que tienen ustedes de adaptarse a todo… ¡a TODO! Esto lo remarcó bien.

-Estoy pensando, según usté me habla, que lo que pasó hace un rato, cuando llegamos aquí, no fue ninguna casualidad, ¿o me equivoco?
-¡No se equivoca usted en absoluto! estaba calculado.
-¿Quiere decir que estaba haciendo algo así como un tes…?
-¡Un test! eso… veo que además nos entendemos perfectamente.
Dígame:¿ no le agradaría hacer una experiencia? veo en usted condiciones muy especiales…¿se anima?

Y como a mí no hay peor cosa que me desafíen con un ¿se anima?, para que yo, perdiendo toda prudencia sea capaz de meterme hasta en una cueva de osos con tal de demostrar que sí…le dije:
-¡Y cómo te vá! ¡Seguro que me animo! (total… nadie va a extrañarme si desaparezco). Esto último lo pensé pero no se lo dije, no sea que se lo tomara demasiado en serio.

-¡Bueno! ¿Vamos?
-¡Epa, epa, no tan rápido! Primero tenemos que arreglar este asunto, le dije mientras señalaba a Miguel que desde la barra hacía esfuerzos por escuchar nuestra charla.
-¡Ah, claro! y se acercó despacio hacia donde se encontraba nuestro anfitrión.
-Bueno amigo ¿ cuanto le debemos?
Y el cararrota, sinvergüenza, quieren creer que como si nada hubiera sucedido ¡le cobró!...yo lo miraba con cara de furia y creo que debe haber sentido un cosquilleo porque de pronto me miró y dijo:
-Aunque pensándolo bien, ya que es un amigo, le voy a hacer un descuento, y le devolvió unos pesos… ¡generoso el Miguel!
Ya nos íbamos cuando nos llama y dice:
-¡Eh amigo! se le cayó esto… en la mano mostraba la cajita que le había sacado del bolsillo.
Mi amigo sonrió y le dijo:
-Ya le dije que era un obsequio.
Y nos fuimos…
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Susy
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MensajeTema: Re: Filiberto. Cuento. (capítulos 3 y 4)   Lun Mar 26, 2012 7:22 pm

Continúo....me gusta...!
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Filiberto. Cuento. (capítulos 3 y 4)
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