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 VIAJE AL AZAR (Cap. 13)

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Xanino
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MensajeTema: VIAJE AL AZAR (Cap. 13)   Sáb Jun 04, 2011 4:19 am




13

Después de darle a Petra la ropa que necesitaba lavar, me dediqué a ordenar mis papeles revisando cuentas y facturas. La mujer me llamó para cenar sobre las nueve y media y al sentarme a la mesa puede ver, tendida en el jardín trasero, toda mi ropa ya lavada secándose al viento. Había sido un día agotador, así que, una vez finalizada la cena subí a mi habitación para acostarme. Encima de la mesita de noche, Petra tenía preparada una jarra de agua y un vaso, este simple hecho de atención hacia mí, me emocionó de tal forma que me vi obligada a secar mis lágrimas. Debía reconocer que estaba excesivamente sensibilizada. Me lavé la cara en la palangana con un agua suave, ligeramente tibia que me dejó relajada y serena. Mientras me preparaba para dormir, sentada en la cama, podía ver desde la ventana mi pequeño Clio aparcado en la puerta de entrada. Asombrada, vi como de él salía una mujer rubia, muy parecida a la de la fotografía de los años 70 que había admirado aquel mismo día en el salón; la misma muchacha a la que Petra había llamado señorita Rosario, “la biznieta de los señores”. Solamente las diferenciaba la edad. La que salía del coche era mayor, una mujer de unos cuarenta años. En aquel momento, un repeluzno en la piel me recordó las palabras de Juan: “Llevamos un pasajero clandestino, una mujer rubia...” Aunque estaba sentada en la cama sin moverme, de alguna manera inexplicable, pude ver como la mujer entraba, cruzaba el salón, subía las escaleras y entraba en mi habitación. Sin tener motivo, respondí a su sonrisa. La mujer se sentó a mi lado y me cogió una mano. La tibieza de su contacto era real, auténtica.

-Tengo que hablarte aquí. No puedo hacerlo en otro sitio- me dijo con dulzura, con una voz suavemente grave.

-He venido para decirte que debes aceptar tu dolor. No te irrites con los recuerdos, Avelina. Ellos son lo más hermoso que tenemos. Debes saber que la muerte no es un fin, es sólo un cambio en el cual tú puedes seguir amando a Juan. Él, donde está, recibe tu amor y te recuerda con cariño. Puedes tener la convicción de que eres una persona afortunada, Avelina, porque tus recuerdos son agradables, amables. Olvida la aflicción y se feliz. Disfruta de los momentos vividos al lado de Juan, piensa que, no todos pueden rememorar sus vidas de una manera tan bella. Tú, sí. Has amado y has sido correspondida ¿qué más puedes pedir? Ama la vida que no acaba, es sólo un camino hacia la perfección. Debes seguir adelante hasta que llegue tu momento para el cambio. Ese cambio que tu amado Juan ya ha alcanzado. Tú, todavía, tienes una misión que cumplir, hacer aquello para lo que, cada uno de nosotros hemos sido creados. En este momento, sólo debes amar y ser feliz con tus recuerdos. Acuérdate de mis palabras porque no podré volver.
Sobresaltada, abrí los ojos. Había tenido un extraño sueño. Miré por la ventana. La luz de un farol iluminaba mi coche que permanecía aparcado tal como lo dejé. Vacío.
No pude volver a conciliar el sueño aunque el silencio era total. Me sentía rara, invadida por una inmensa paz. Deseaba revivir el sueño, oír de nuevo las palabras pronunciadas por aquella extraña mujer rubia, pero sólo recordaba fragmentos: “...ama tus recuerdos, ama tus recuerdos...”
La luz del alba me encontró vestida con la maleta hecha, ya no deseaba continuar en la casa. No era miedo lo que me embargaba sino una sensación de que ya mi estancia allí, era innecesaria, como si hubiera concluido esa misión desconocida que se me había encomendado. Bajé en silencio a recoger la ropa tendida. No sabía donde dormía Petra y temía despertarla. Con más rapidez de lo normal, salí a la calle, metí la maleta en el portaequipajes y aceleré el coche cuesta abajo.
Circulaba por el paseo hacia la carretera de salida, cuando recordé que no había pagado el alojamiento. Mi orgullo mal entendido se negaba a volver después de mi escapada pero no me parecía justo. Al fin y al cabo, Petra me había tratado bien, volvería y le daría una explicación. Giré el volante, di media vuelta y encaminé el coche cuesta arriba. En el lugar donde debía encontrarse la casa, había un solar en construcción.


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