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 En el cuarto de hotel - parte 1

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franckpalaciosgrimaldo
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franckpalaciosgrimaldo

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En el cuarto de hotel - parte 1 Empty
MensajeTema: En el cuarto de hotel - parte 1   En el cuarto de hotel - parte 1 Icon_minitimeJue Mayo 30, 2019 6:35 am

*Reeditado y corregido 2019**

—Vamos, amor, cambia de cara, la pasaremos bien. — dice Johnny entrando con su novia a un hotel. Traía consigo una mochila en las espaldas.
— Amor, es la primera vez que vengo a un hostal, no me pidas que esté muy emocionada… — le responde ella un poco más precavida, observadora.
Iba a ser la primera vez que ambos: Johnny y Fabiana, iban a ir juntos a un hotel. Seria la primera vez para ella, y después de mucho insistir, él había logrado que aceptara. Dado que ya tenían 9 meses juntos y él consideraba que deberían darle más emoción a su, a veces aburrida, relación. Ella por otra parte siempre fue más recatada que él, como en la mayoría de parejas, y la idea no le gustaba tanto, pero también pensaba que a sus 20 años ya era hora de probar algo nuevo con el chico que ama y que ya le había dado algunas pruebas de confianza.
—Amor, cambia de expresión — dice Johnny deteniéndose poco antes del mostrador en la recepción —. Te preguntare nuevamente, ¿estás segura que quieres hacerlo? Porque aún podemos regresarnos…—se encoje de hombro— tú decides — le sonríe.
Ella lo pensó un instante.
—pues… pues la verdad es mi primera vez, ya sabes… —dice en voz baja— y no se…, quiero, pero… me asusta, ya sabes.
—Mi amor, te prometo que será inolvidable este día…, de verdad… —se acerca y la besa— confía en mí. La vamos a pasar muy bien… — la coge por los hombros suavemente— y amor… te traje al lugar más lejano que hay desde tu casa, aquí no nos conoce nadie… por si ese es tu temor; que se enteren tus padres.
—Lo sé, pero creo que te excediste. Estamos demasiado lejos…, ahora los extraño… — dice haciendo puchero juguetonamente.
—¿En serio? — dice Johnny levantando una ceja— amor, estamos a una hora de tu casa. Vamos…, no seas así — ve su reloj —. Debes decidirte, con suerte puedo llegar a ver el partido de futbol… — dice encogiéndose de hombros.
Fabiana mira las puertas del Hotel, la salida, y regresa la vista a Johnny. Sonríe.
—Si quiero, amor. Lo que pasa es que aún tengo algunas pequeñas dudas — hace un gesto con la punta de su dedo índice y el pulgar —. ya sabes…
—Te entiendo, también estoy algo nervioso, amor; pero te amo y quiero hacer el amor contigo. Mi amor, son 9 meses, el bebé ya debe nacer… — dibuja una sonrisa— o se va a enredar con el cordón…
Ella deja salir una ría corta.
—Ay que cosas dices… — sonríe ella —, bueno, ya estamos aquí y… ya está — lo abraza y lo besa —. Te amo. Está bien, vamos…
—¡¿De verdad?! — dice emocionado — digo…. — se aclara la garganta —… te amo, corazón — le acaricia el rostro dulcemente.
Se toman de la mano y se dirigen al mostrador. Tras este se encontraba un joven que atendía ahí.
Johnny se acerca.
— Buenas noches, amigo — saluda, — me da una habitación…
El joven se gira y coge una de las llaves del estante tras él, donde había muchas llaves colocadas, y lo coloca sobre el mostrador.
—Son 35 la noche… pago adelantado —responde sin mucho contacto visual.
—Ok — paga y coge la llave—, gracias.
Retrocede unos pasos hasta donde estaba Fabiola esperándolo.
—¿Qué habitación nos tocó? — pregunta ella.
— Cuarto 31, mi amor — dice con una sonrisa. Estaba evidentemente emocionado.
Las escaleras estaban a unos metros de ellos; se toman de las manos y se dirigen hacia ellas. Suben lentamente.
Fabiola levanta una ceja mientras suben.
—Fue más sencillo de lo que pensé, el sujeto ni nos miró raro o algo así, debe ver mucha pareja venir aquí… — comenta.
—Pues es lo más seguro, mi amor— él la abraza — Tu tranquila, aquí solo somos una pareja más que viene a pasar un rato intimo — le sonríe.
Pronto llegan al tercer piso. Caminan por el pasillo, se cruzan con una pareja que se dirigía a las escaleras. No les hicieron el mayor caso. Llegan a su habitación.
Johnny abren la puerta e ingresan.
La habitación era mediana: Tenía una ancha ventana que daba a la calle con largas cortinas; había una cama cuadrada pegada a la pared, cerca del cuarto de baño y con una mesa de noche en cada lado de la cama, sobre ellas había una lámpara; frente a la cama, había una cómoda y sobre esta una televisión; en el techo se había un ventilados girando, sobre la luz que iluminaba la habitación; en el suelo, una alfombra redonda adornaba la alcoba; en las esquinas de la habitación, unas masetas con plantas de interiores, excepto al lado derecho de la ventana, donde había un sillón pequeño, alegraban el lugar y finalmente, se veían algunos cuadros sobre la cama y en las paredes. La habitación se veía cómoda, arreglada y limpia.
—Vaya, es más lindo de lo que pensé — dice él sorprendido—, lo aluciné más… frio y aburrido, pero mira… — extiende los brazos— es lindo.
—Sí, parece el típico cuarto de las películas — agrega ella—. Me encanta el toque de la luz roja tenue — dice levantando una ceja con sarcasmo.
Johnny ríe.
— Amor, no seas así —se acerca a ella y la toma de la cintura—… esta bonito, tiene un buen decorado — la besa apasionadamente y deja caer la mochila que traía—… te amo y contigo aquí este lugar es el más bello.
Ella sonríe.
—Yo también te amo y bueno…— mira a su alrededor—, tienes razón no esta tan mal.
—Esa es la actitud — la pega a su cuerpo y la besa apasionadamente— ¿ya quieres comenzar? — le pregunta alejándose unos pocos centímetros de sus labios— ¿Estas tan excitada como yo? — la abraza, acaricia y la acerca a la cama.
— No, espera…— dice ella deteniéndose—, quiero ir antes al baño y refrescarme un poco ¿tú no? — pregunta alejándose unos pasos en dirección al baño
—Yo estoy bien, amor —responde—. Ve tú, amor, yo te espero aquí — le dice lanzándose a la cama de un brinco.
—Ok, amor… — ella se va al baño —. ¡Excelente hay agua tibia!  —le dice desde el baño —¡me daré un baño, amor!
— Ok, ok…, pero no te tardes… — dice mientras se comienza a desnudar.
Luego de sacarse los pantalones y la camisa que traía se lanza por su mochila y saca de ella un pequeño reproductor de música. Lo enciende y coloca algo de música suave para la ocasión: Jazz que descargó de internet.
— ¡¿Trajiste esa música que dijiste?! — dice ella riendo en la ducha.
— ¡Así es amor, esta música es muy estimulante! — responde Johnny cerca de la cómoda donde coloca el reproductor.
— ¡Es de películas porno! — comenta ella.
— ¡Es música suave, amor: smooth jazz! — regresa a la cama— ¡¿ya acabas amor?! — pregunta.
— ¡Ya voy, amor…, no desesperes! — dice saliendo de la ducha.
— ¡Ok, amor! … yo estoy más que listo, desde hace meses — murmura y se acuesta en la cama.
Luego de unos instantes ella sale del baño, con una toalla cubriéndola, era la primera vez que ella se dejaba ver así por él.
La cara de sorpresa y emoción de Johnny era evidente. Había esperado esto durante mucho tiempo.
— Amor… que sexi te ves así — le dice acercándole la mano — vamos, ven aquí, preciosa… — le dice con voz suave.
Ella sonríe y algo avergonzada se acerca a la cama.
—¿Me quito la toalla? — pregunta sonrojada.
—Amor, me vuelvo loco si haces eso… — dice Johnny besándola con pasión.
— Entonces no… — responde ella sonriendo.
— ¡¡No, no!! Si… sácatela… — le dice.
Ella lentamente se quita la toalla que la cubre y se queda al lado de él, completamente desnuda. La excitación de Johnny se notaba a través de sus calzoncillos los cuales rápidamente comienza a quitarse, torpemente concentrado en los senos y cuervas de su amada. Acuesta en la cama a Fabiana con delicadeza, conteniendo sus energías, comienzan a besarse emocionadamente. Era evidente que ella también se dejaba llevar por la emoción del momento, ambos se entregaban a la pasión y al calor del momento. EL se coloca pronto sobre ella, pero aun no realiza el acto, no estaba listo aún. Continuaron besándose y acariciándose durante varios minutos, perdidos en el momento y acompañados de la suave música que poco a poco parecía envolverlos.
— Amor…, amor… ya…— dice con la agitación del momento— ¿ya puedo…? — pregunta muy excitado.
— Si… si… hazlo — dice ella también muy excitada. Deseaba por fin sentir a su amado dentro de ella, enrojecida y agitada también, ya estaba preparada. Le regala una sonrisa dulce.
Rápidamente Johnny salta a un lado de la cama. De la mesa de noche coge la cajita de los condones que previamente había dejado ahí. Coge uno y se dispone a abrirlo, con una mordida en una esquina del sobrecito. Pero de pronto algo lo interrumpe.
La puerta suena un par de veces con suavidad.
—¡¿Hola?! —dicen desde afuera.
Johnny y Fabiana se miran. Ella se cubre bajo las sabanas algo asustada.
—¡¿Quién es?! — pregunta Johnny. Seguramente el recepcionista, pensó.
— Amigo, soy tu… tu vecino de habitación…, he… no te quería interrumpir, solo quería pedirte un favor…
¿Un favor?, pensó Johnny levantando una ceja y acercándose a la puerta.
—¿Qué? No entiendo, amigo. No es momento de que me pidan nada ahora…, entenderás que estoy algo ocupado aquí.
Hacen una pausa fuera de la puerta. Johnny cruza miradas con Fabiana y se encojen de hombros.
— Lo sé — responden finalmente—, lo sé. También yo estoy ocupado o lo estaba…, aquí de hombre a hombre, viejo… necesito un favorcito.
Johnny tras la puerta rasca su cabeza y frunce el ceño.
— ¿Qué? — pregunta— ¿Qué te ocurre o qué? No tengo tiempo amigo…
— Es que… solo necesito que me prestes un condón…, te vi entrar con tu chica, muy linda por cierto…
Johnny destapa la mirilla de la puerta y observa al pasillo. Ahí había un joven, quizá unos años mayor que él, no traía polo, pero si unos Jeans y estaba descalzo.
— Gracias, creo…— Se encoje de hombros y vuelve a mirar a su acompañante. Fabiana se rebulla en su lugar.
— Amigo, tengo a una belleza sinigual en mi habitación… dios mío si la vieras…y me olvidé mis malditos condones en casa. Tienes que prestarme uno, aunque sea… por lo que más quieras, esa mujer no querrá tener sexo sin condón, amigo… por favor… hoy por mí, mañana por ti… — dice pegando la cabeza a la puerta.
— Amigo, no te puedo dar mis condones; tengo exactamente 3 para mí…, piensa. Ve a comprarlos, hay al menos 3 farmacias aquí en esta avenida.
— Iría, pero me he gastado todo el dinero en esta mujer y mis últimos billetes en este hotel, amigo son 35. Solo tengo para el autobús, los gastaría, pero vivo por La represa, no llegaría. Por favor, piensa, amigo… no seas malo…, ya de por si esta aburriéndose.
— Lo sé, lo se…, es una situación jodida. Pero… amigo, me quedaré con dos… y necesitare más, ya viste a mi chica… — Dice sonriendo. Fabiana lo miró con un gesto y frunciendo el ceño.
— La he visto, amigo, y si vieras a la mía…, no es de este mundo. Amigo, tú debes tener unos 22 años quizá, yo tengo 18 recién cumplidos, no sabe lo que me costó convencer a esta mujer, y además yo necesitaré más de uno, pero con uno me conformaré, amigo. Creo que dos son más que suficiente, por favor…. Te lo suplico…regálame uno — junta sus manos y suplica.
Johnny comenzaba a sentirse incomodo, la erección se le había bajado ya y el pobre muchacho tras la puerta realmente parecía desesperado. Recordó cuando tenía 18 y lo que hubiera hecho por tener sexo.
—Dios, que chico… — Murmura Fabiana.
—Sí, lo sé. Me está convenciendo… — dice él joven rodeando la cama y dirigiéndose a la mesa de noche.
—¿Le darás un condón? — pregunta ella levantando la ceja.
—Bueno, si estuviera en esa situación me gustaría algo de apoyo de un buen samaritano. No se… — coge la caja de condones —, según mi filosofía: “un cigarrillo, un vaso de agua y un condón, no se le niega a nadie” — dice cogiendo uno.
Fabiana tuerce la cabeza ligeramente, con expresión de extrañez. Que filosofía tan rara, piensa.
Fuera de la habitación el muchacho seguía rogando.
— Amigo, por favor…, te estaré agradecido enteramente, te enviare una caja de condones a tu casa…
Johnny menea la cabeza y se acerca la puerta.
—Ok, te daré uno…— se agacha— te lo pasare por debajo de la puerta, ¿ok?
— ¡¡Oh gracias, amigo!!!  — dice dando unos brinquitos con una sonrisa de preja a oreja —¡Voy a llorar te lo juro!…
Johnny pasa por debajo de la puerta el preservativo y luego se levanta.
— Ok, amigo. Suerte… — le dice sonriendo y observando su expresión de alegría por la mirilla.
— ¡Gracias, hermano, eres un santo! —agradece y se va corriendo al final del pasillo, donde estaba su habitación.
Johnny camina hasta la cama.
—Se te ha bajado… — le dice ella observando la entrepierna de su enamorado.
—Sí, pero descuida — le dice sonriendo y subiendo a la cama— ya sabemos cómo se pone nuevamente a mil…— le guiña el ojo mientras se mete bajo las sabanas con Fabiana.
Comienzan entonces nuevamente a juguetear hasta que unos cuantos segundos más tarde estaba listo nuevamente.
Se lanza a la mesita de noche, nuevamente, y coge el condón que había retirado antes, lo abre. Pero cuando intenta sacarlo:
— Amor, espera un instante… — dice Fabiana frunciendo el ceño y sentándose, reposando su espalda en la cabecera de la cama.
— Qué — dice el algo alarmado pero ansioso— ¿Qué pasa, amor…? — pregunta con el condón abierto en la mano.
—Es que quería hacerte una pregunta…
—¿Ahora? Amor… ¿en este momento? — resopla.
—Sí — dice con una mueca. Coge la sabana nuevamente y se cubre hasta el cuello con ella.
Johnny suspira y blanqueo los ojos. Asienta y dibuja una sonrisa comprensiva.
—A ver… ya dime, cuéntame… ¿Qué ocurre, mi amor? — dice acercándose un poco y colocando su mano sobre la pierna de su amada, por encima de la sabana.
— Tu ya has tenido sexo antes, ¿verdad?... — dice con mirada juiciosa.
— Si, te lo comenté cuando nos conocíamos…. — el muchacho se encoje de hombros— ¿a qué viene eso? — pregunta con una sonrisa.
— Pues… es que tú tienes…—evade su mirada y la baja— ya un “referente” de lo que es el sexo — tuerce la boca con una mueca de inconformidad.
— si… ¿y..? — se encoje de hombros nuevamente.
—Pues…, yo no. Yo hoy tendré mi primera vez…, y bueno, como tú y has tenido sexo; podrás comparar… y yo no.
— Amor —dice con voz tierna— no te compararía jamás… te conté que fue con una chica que ni conocía. Fue en una fiesta. Y para colmo: estaba borracho.
—Sí, pero, de todas maneras, me contaste que fue muy excitante y que… la pasaste muy bien, que sabía cosas — dice Fabiana frunciendo el ceño.
—Bueno si, pero te conté porque éramos amigos. No imagine que seriamos enamorados algunos meses más tarde — le acaricia el rostro— pero ¿qué te sucede?
—Es que me siento como que… —hace una pausa buscando la palabra correcta—me compararas…, yo soy nueva, jamás he hecho el amor, no sé cómo moverme o que hacer. Tú tienes un referente, yo no, tu serás mi referente.
— Lo sé, lo se…— asienta Johnny. Luego hace una pausa— Espera… — dice frunciendo el ceño. — ¿Cómo que referente? Ósea… ¿Qué tendrás sexo con alguien más después o qué? — se rebulle en su lugar —¿ya piensas que terminaremos o que pasa? — pregunta algo enfadado.
Fabiana arquea las cejas.
—No, no es eso. Es solo que cuando una amiga me pregunte, yo hablaré de ti. Serás mi referente del sexo…, a eso me refiero, no a que te compararé… ¿Qué me crees una zorra? — dice mirándolo con enfado.
—No, no… no quise decir eso. Es solo que me hizo pensar eso que dices, y bueno… podría decirte que hacer…— se encoje de hombros y arquea la cejas— Si te hace sentir mejor te diré que me gusta… ¿te parece? — le sugiere.
Fabiana tuerce la cabeza y empequeñece sus ojos. Menea la cabeza.
—Eso no me hace sentir mejor…— responde.
—Ok…, debes haber visto porno alguna vez… — menciona él.
—No, nunca... — responde de inmediato.
—¡¿En serio?! Dios…. — dice con sorpresa y llevando su mano izquierda a la frente, pasándola suavemente hasta llegar a su quijada.
—No pongas esa cara… — le dice con dureza y el ceño fruncido.
Johnny le regresa la mirada.
—No te enfades, amor…, es solo que… bueno, — escudriña la habitación. Encuentra el control remoto de la televisión a un lado del mismo. Se acerca a tomarlo y regresa a la cama. Se sienta al lado de ella, con una pierna en el suelo — a ver…, enciende maldita cosa…. —murmura.
Golpea unas veces el aparato y presiona el botón de encendido.
Fabiana lo miraba confundida. ¿Qué es hora de ver la tele?, no…, seguro buscara pornografía. Dios…, pensaba ella en silencio.
—¿Qué haces? — pregunta ella.
—Nada, es que dice en el anuncio de la entrada que hay canales pornográficos, veremos una de esas películas, así tendrás tu referente. Solo espero que no estén pasando de negros…, porque ya viste la mía…. Y bueno… — se encoje de homrbos y hace una mueca.
—¿Vas a quejarte de tu propio pene? — dice ella dejando escapar una pequeña risa.
—¿Qué? No…, — niega con la cabeza— estoy feliz con mi “instrumento”, es solo que hay posiciones que no podremos hacer… y esos malditos negros…. — frunce el ceño.
— Ya vez, ahora me entiendes — comenta ella— imagina si mi primera vez hubiera sido con un hombre de color o negro, como dices.
— Pues menos mal no fue así…— Johnny sonríe aliviado.
— Además es mi primera vez en el sexo y también mi primera vez viendo porno… — dice cubriéndose aún más con la sabana. Se sentía avergonzada.
— Ay, amor…, sé que es tu primera vez y justamente por eso debemos aprovechar al máximo toda esa liberación de hormonas… — le guiña un ojo. Juguetón.
Fabiana le da un codazo con el ceño fruncido.
—Ya cállate y pon la película….
— Eso trato, pero no se ve, me mide un código…— resopla.
—Mmmm…intenta con el número de la habitación…— sugiere ella.
—Ya intenté y nada…, medición….
—Pues ¿y hora? ¿Qué hacemos?... podríamos bajarla del celular… — dice buscando el suyo con la mirada a un lado, en su mesa de noche.
—No se verá bien…. — Johnny se baja de la cama y se pone los pantalones, obviando la ropa interior —… maldita sea… — refunfuña.
—¿Dónde vas? — pregunta ella confundida.
—Iré a ver qué sucede. Iré a la recepción, el sujeto ese debe darme el código, supongo que está en el paquete de los 35 que pague…, había uno de 20, ese seguro no tenía nada.
—Ok, pero no te tardes, amor. No te tardes no quiero quedarme sola mucho tiempo.
— Descuida. Solo cierra por dentro, — dice dirigiéndose a la puerta— tocare y me abres. No vayas a regalar más condones. — dice bromeando.
Ella sonríe y asienta.
Sale de la alcoba al pasillo. Avanza a través de este en dirección a las escaleras.
En el camino renegaba, puesto que a estas alturas ya debería de haber hecho el amor al menos una vez. No estaba dispuesto a que no le dieran una solución al problema de los canales pornográficos.
Baja las escaleras y se acerca al mostrador de la recepción.
— ¡Óigame, amigo! — dice enfadado.
— Sí, dígame… — responde una joven. No era quien lo había atendido antes, un joven flacucho sin gracia. Esta vez había una chica, mucho más llamativa que el anterior. El enfadado huésped tuvo que bajar su tono de voz.
—He… ¿Dónde fue el chico que estaba aquí antes? — pregunta confundido. Tragándose su enfado.
—Ya acabó su turno — explica la amable joven— ¿Tiene alguna queja? Yo puedo ayudarte… — le responde con una sonrisa.
—bueno, es que… —balbucea. Se le complicaba contarle a una chica su dificultad para acceder a un canal pornográfico. Ella no sabía que había entrado con una mujer. Va a pensar que soy un simple pajero del montón, pensaba—… es que…
La recepcionista lo veía dudoso. Nervioso.
—¿Se acabó el agua caliente? —sugiere— ¿no funcionan las luces?, ¿la televisión? Tal vez.
—He… si, —responde él aclarando su garganta— justamente la televisión… digamos que hay un canal que… necesito que funcione y no funciona…— se encoje de hombros y muestra los dientes con una sonrisa nerviosa.
— ¡Ah! — responde ella— los canales pornográficos…, esos donde hay mucho sexo salvaje y pelos… — sonríe. Se había dado cuenta del nerviosismo de Johnny— sí, es que están bloqueados amigo, así que esta noche tendrás que divertirte con la imaginación — le dice con una enorme sonrisa.
Johnny se sonroja ligeramente.
— No, no… —ríe nervioso— no es que yo… sea de eso que... ve porno, no… — niega con la cabeza.
La recepcionista levanta una ceja.
—Vamos, no te avergüences, solo te estoy molestando — le dice sonriendo—tengo la solución para ti…— dice pensativa — creo que si…
—Espera, no. Es verdad…— intenta explicar— yo no veo porno, estoy en alcoba con mi novia, y… ella quería probar… ver… — se encoje de hombros. Nervioso
—Si, por supuesto — responde asintiendo lentamente—. A nosotras las mujeres nos encanta el porno… — sonríe y se agacha a buscar algo bajo el mostrador.
Qué vergüenza, santo Dios, pensaba Johnny mientras observaba a la joven buscar algo debajo.
— Es en serio — insiste—, estoy con ella y queremos ver algunas cosas para… sacar algunos trucos, ya sabe…
— Claro…, — dice desde agachada y buscando— también tengo crema lubricante manos si deseas, amigo…. — dice burlona y soltando una risotada.
—Ok, ok… no sé qué clase de gente pervertida venga aquí — repone—, pero yo no soy de esos. Entré con mi novia…— se rasca la cabeza— y no sé por qué te doy tantas explicaciones. Solo quiero que me soluciones el problema… —  dice con firmesa.
— En eso estoy, amigo — la encargada se levanta y saca un reproductor de DVD y lo coloca sobre el mostrador. Se lo acerca a Johnny—. Algunas veces prestamos esto a los inquilinos, como nadie lo ha pedido, puedes llevártelo a tu habitación y así te diviertes un poco. Dame un minuto — la joven se dirige a una puerta tras ella y sale luego de unos minutos. En sus manos traía unos discos DVD pornográficos—. Aquí esta… una buena colección —Le guiña el ojo—Cuídamelos, son mis favoritos.
La encargada sonríe.
Johnny los coge y coloca sobre el reproductor de mala gana.
— ¡Gracias! — le dice frunciendo el ceño— y te repito… yo estoy con… —Una joven que cruza las puestas del hotel tras él interrumpe lo que iba a decir.
Para evitar que aquella muchacha lo viera con las películas, y pasar más vergüenzas, se dirige a las escaleras. Solo suelta un gruñido de descontento.
— ¡¿Seguro que no quieres la crema, amigo?! —le grita la recepcionista inclinándose sobre el mostrado y soltando una risotada.
Johnny la ignora y sube las escaleras.
Llega al tercer piso y se dirige a su habitación. Toca unas veces.
— Abre, amor, soy yo… ya conseguí algo…, — dice recostándose a un lado de la puerta— Fabiana, abre, amor… — dice tocando la puerta con el codo.
La puerta de la habitación de al lado se abre tras Johnny.
—Ya regreso, preciosa…, iré a pedir unas sábanas nuevas… — dice un hombre saliendo de la habitación.
Johnny gira por inercia al oír la voz de aquel tipo.
— Buenas tardes… — dice aquel hombre viendo al joven.
— Buenas… — responde Johnny sonriendo.
El rostro de ambos palidece inmediatamente al reconocerse entre ellos. Era el tío de Fabiana, quien conocía muy bien a Johnny al igual que este lo conocía a él.
— Se.. señor… — balbucea Johnny sorprendido, paralizado—  yo…, yo…
—¡¿Jonathan?!! — dice, también sorprendido, aquel hombre en sus 40, de barba crecida y cabello oscurecido con tinte, sin polo, dejando ver su prominente abdomen, vistiendo un shorts y pequeñas sandalias— ¿Qué… que haces en este lugar? — le pregunta frunciendo el ceño.
Johnny no sabía que hacer o decir, estaba estupefacto. Para colmo en sus manos traía un cerro de películas porno.
— Te hice una pregunta, Jonathan… — insiste en voz baja y observando la puerta de la habitación donde estaba tocando Johnny. — ¿No me dirás que dentro esta mi sobrinita o sí? — dice enfurecido y mostrando los dientes.
—No…, no… como… — responde con una risita nerviosa— ¿cómo cree?  — sonríe nervioso.
— ¿Entonces? me dirás que viniste hasta este hotel aquí…— mira los DVD que el joven traía en sus brazos— …solo para festejar — coge uno de los discos DVD sobre el reproductor—: el día mundial de la masturbación compulsiva.
— No, tampoco es eso… es que…, señor, vera…. — No se me ocurre un carajo, pensaba.
El tío de Fabiana lo interrumpe.
—Johnny, mi hermano te matará si se entera de esto. Dime que haces aquí…, déjate de idioteces y habla como un hombre — dice en voz baja, pero con severidad.
Johnny asienta lentamente y se le ocurre algo. Se dio cuenta de que era un lugar muy alejado de donde él sabía que el tío de Fabiola tenía su casa.
—¿Y usted que hace aquí? — le pregunta frunciendo el ceño y mirado en dirección a la puerta, la cual seguía media abierta. — ¿no está un poco lejos de casa? — levanta una ceja, juicioso— ¿y por qué necesita sabanas limpias? ¿con quién está ahí?
El señor gira a ver la puerta y por un instante se observa nerviosismo en su expresión. Rápidamente gira a ver a Johnny con el ceño fruncido.
— ¡Por supuesto que es mi esposa, chiquillo estúpido! — dice en voz baja, pero con dureza— …Vengo con ella todos los 18 de cada mes, es nuestra celebración mensual — se acerca a él amenazante. Johnny da un paso atrás— y no estamos hablando de mi… ahora dime, ¿Quién está ahí adentro? — señala a la puerta del cuarto 31.
—Pues si esta su sobrina estaría en líos, ¿verdad? — pregunta Johnny tragando saliva. Angustiado.
— Así es, en unos buenos líos... — responde el tío de Fabiana con el ceño fruncido.
— ¿Y si no es ella la que está? también ¿verdad?
— ¡Así es, Jonathan! No sé cuál sería peor… ¡Ahora respóndeme! — insiste.
Guarda silencio uno segundos bajando la mirada. Tengo que decir la verdad, no queda de otra, piensa. Levanta la vista, estaba decidido a ser sincero, sería lo mejor. Después de todo es mayor de edad y tenemos meses juntos, que no me joda, pensó con el ceño fruncido. Abre la boca ligeramente, pero de inmediato la cierra y dibuja una enorme sonrisa de oreja a oreja.
El hombre frente a él arquea las cejas, como comprendiendo lo que estaba pasando. Cerró los ojos y exhaló lentamente, aceptando la realidad.
— Hola tía… — dice Johnny saludando, con una pequeña reverencia de su cabeza, a la joven y bella mujer que se asomaba por la puerta de la habitación de al lado, por donde salió el tío de Fabiana. Mujer quien obviamente no era la esposa de aquel barrigón hombre.
— Hola — responde la mujer con una sonrisa coqueta —Yo no soy tu tía— dice frunciendo el ceño. Se acerca al tío de Fabiola que trataba de mirar a otra parte y lo abraza por detrás, rodeándolo por el cuello con sus delgados brazos— ¿Por qué no has ido por las sabanas, gordo?
El señor se queda en silencio, nervioso, meneando la cabeza. Aclara su garganta y fuerza una sonrisa nerviosa.
— Regresa a la habitación, preciosa. Ya voy por las sabanas…
— No olvides los condones te los acabaste todos, gordo — Le da una nalgada y se dirige lentamente al interior de la habitación.
Johnny la sigue con la mirada. Era una mujer muy bella, semidesnuda, vestida solo con una camisa de hombre que le cubría casi nada las nalgas.
— Chao, tía…— dice con una sonrisa cachacienta.
— Chau... — dice ella meneando la mano y guiñándole un ojo. Inglesa a su habitación y cierra la puerta.
El señor toma por el brazo a Johnny y lo jala con fuerza lejos de su habitación. Por el movimiento brusco algunos discos se caen al suelo del pasillo.
— ¡Oiga! — se queja Johnny sin poder soltarse.
— ¡Cállate y escúchame bien! — le dice con dureza— Sí, estoy engañando a la gorda de mi mujer con una modelo de 26 años; pero, estoy seguro que ahí dentro — señala a la habitación de Johnny—  Está la hija de mi hermano… y si tu habla yo hablaré. ¿Fui claro, pequeño imbécil? — le dice con seriedad en la mirada.
— Descuide, no diré nada…— responde el joven— Hoy no nos vimos, hoy no pasó nada… Iré a mi habitación a masturbarme tranquilamente… y usted estará supongo en algún pate trabajando y siendo fiel… — se aleja del grande y gordo sujeto, quien lo miraba con el ceño fruncido y algo de sudor cayéndole por su amplia frente.
Johnny recoge los discos que se le cayeron y se acerca a la puerta de su habitación.
— Vaya por las sabanas…, quédese tranquilo… — le dice.
El señor gruñe como un búfalo con el ceño fruncido y fuertemente marcado en su encendido rostro. Rápidamente se dirige a las escaleras al final del pasillo dando fuertes pisotones. Un segundo después Fabiana abre la puerta al fin.
—Perdón la demora, amor, estaba en el baño…y como ya no tocaste —explica la joven con el rostro humedecido — ¿hablabas con alguien? — pregunta.
— No, no, solo… estaba recogiendo estos discos que me dieron en recepción. No te preocupes— sonríe y rápidamente ingresa a la habitación.
Algunos minutos después. Johnny instalaba el reproductor en la televisión. Fabiana, sentada en la orilla de la cama, revisaba los discos DVD que había traído. Su mirada denotaba confusión y asco, arrugaba el rostro con solo ver las imágenes de aquellos estuches.
—¿En serio necesitamos tanto porno, amor? —pregunta Fabiana, quien ya se había puesto nuevamente la ropa interior. Pues habían ya pasado algunos minutos y comenzaba a sentirse incomoda.
— No, claro que no… — responde el joven terminando de instalar el ultimo cable tras el viejo televisor—… solo necesitaremos uno— retrocede en busca del control remoto y le pregunta: — ¿Cuál te gusta?
La joven, quien había estado ojeando los títulos, no sabía que responder.
— Vaya…, mira estos títulos: colombianas #45, Las aventuras de una universitaria ninfómana, Mis 18 añitos…— mientras leía sus labios se arqueaban ligeramente, mostrando una sonrisa picaresca— ¿El Doctor Jeringón?, ¡¿El proctólogo que no tenía brazos, pero muchas clientas?! Esto debe ser una broma, Johnny — lee con sorpresa. Eran títulos muy extraños y demasiado específicos—, y seguro este te gustara: La venganza de la mujer batidora... ¿es en serio? — dice Fabiana dejando los estuches sobre la cama.
— Si, amor…— sonríe Johnny— esas películas tienen títulos medio raros porque así son más llamativos— dice acercándose y cogiendo un disco.
— Se ve que en tu adolescencia ha sido bastante…divertida— sugiere Fabiana levantando las cejas.
— No, claro que no, — El muchacho frunce el ceño— solo lo normal…, ya sabes…
— Si tú lo dices… — responde encogiéndose de hombros.
Enciende el reproductor. Quita el disco de su estuche y presiona el botón del reproductor para abrir la bandeja. Coloca el disco y le da al botón de reproducir. La bandeja y el disco ingresan al aparato lentamente.
— Bien, vamos a comenzar — dice el emocionado muchacho—, acomodémonos…
Ambos suben a la cama y se acomodan sobre el respaldo de la cama, sobre las almohadas para poder ver mejor la televisión.
—… esta te gustara… — le dice Johnny a ella mostrándole el estuche de la película pornográfica: “Una forastera en busca de oportunidades”, se leía en el título.
Fabiana lo ve indiferente. No estaba del todo convencida de que le gustaba el porno, pero el esfuerzo que hacia su enamorado por animarla terminaba convenciéndola de intentarlo.
— No lo sé, solo quiero ver cómo puedo hacer o… algo que pueda aplicar…
Se abrazan mientras comienzan a ver la película.
Unos cuantos minutos más tarde Johnny estaba abrazando, besando y acariciando a Fabiana, él se encontraba muy excitado. Ella sin embargo la película no la estimulaba demasiado, por el contrario, le causaba gracia las escenas.
— Amor… — se queja ella apartándolo un poco—, no me dejas ver.
Johnny la mira con un gesto de confusión.
—Mi vida…, yo estoy súper caliente — le dice susurrándole excitado—, por favor…, juguemos un poco… — insistía acariciándole los pechos, las piernas y las nalgas.
Ella lo apartaba con cuidado y frunciendo el ceño, la película le estaba pareciendo divertida y entretenida. Todo lo contrario, a Johnny, a quien le estaba excitándose y comenzando a aburrirle. Quería algo de acción.
— Espera a que termine la película, está interesante, me da curiosidad como terminará la muchacha… — comenta Fabiola.
— Amor, terminara escaldada de tanto sexo…— le responde retorciéndose, tratando de colocarse sobre ella y quitarle el sostén—, y yo voy a terminar enloqueciendo de pasión…, amor…
— Amor, de verdad quiero ver cómo termina….  — le dice frunciendo el ceño—, no pensé que estaría tan interesante, si le quitamos las escenas de sexo tan frecuentes que tiene… creo que es una buena historia — dice asintiendo, pensativa.
—Fabiana — Johnny se aparta unos centímetros de ella. Blanqueó los ojos y dibujó una expresión de insatisfacción —, amor, se trataba de que la película nos estimulara y aprendieras cosas sexuales, no que te entretuvieras con la trama — se queja.
—Es que está interesante. Yo jamás pensé que una porno tendría un argumento tan bien desarrollado.
— ¡Rayos! — Johnny frunce el ceño y se levanta de la cama de un rápido movimiento —  Yo solo he visto, sexo, sexo y sexo…— dice parándose a un lado de la cama— ¿Qué argumento, tiene? — coloca sus manos en su cintura. La erección que tenía había desaparecido nuevamente.
—La lucha de una forastera en la ciudad —explica Fabiana—. Una mujer buscando una oportunidad para subsistir, y a la ves explotar su talento culinario…— sus ojos brillaban al explicar la trama, la película le estaba gustando. Una sonrisa acompañaba la explicación.
— ¿Culinario? — Johnny estrecha los ojos. No comprendía nada de lo que decía Fabiana. Estaba molesto, frustrado— Amor, en la cocina solo se dedicaron a jugar con el aceite y con uno que otra hortaliza de forma fálica … ¿eso es cocinar para ti? — dice confundido — Pues ojalá me preparas algo...— murmura y da unas vueltas alrededor del cuarto.
Fabiana lo miraba y sonreía. Sabía que estaba muy ansioso, pero quería hacerlo esperar. Al fin y al cabo, fue su idea ver pornografía. Y si estaba tomando nota mental sobre algunas cosas que hacer dado el momento.
— Amor, por favor —le dice dando unos golpecitos a la cama con su mano—, ven a ver la película... ya va a acabar.
— Ok, mira tú película… — dice curvando su espalda y bajando la cabeza. Rendido.
Rodea la cama, pasa por delante de la televisión. Fabiana lo sigue con la mirada, el seguía encorvado.
— ¿Dónde vas? — pregunta ella con el ceño fruncido.
— Al baño a recordar mi adolescencia…— se detiene bajo el dintel de la puerta del baño —, regreso en unos minutos.
—ok, no te vayas a lastimar — ríe.
— Ay que chistosa… — dice blanqueando los ojos, nuevamente.
Unos 30 minutos más tarde la película termina finalmente.
—Que linda película…— comenta la joven sonriendo— me gustó, amor.
Johnny; quien había regresado poco después de irse, se encontraba acostado boca abajo al lado de ella.
— Me alegra que te gustara — responde sin despegar su cara de la almohada.
Fabiana se acomoda de lado para hablar con él.
—Me gustó que al final la chica pudo explotar sus habilidades de cocinera y que lograra quedarse con ese guapo chef, el que se enamoró de ella al comienzo.
— Si, fue lindo.
Ella lo ve tumbado y lo mueve un poco con sus manos.
— ¿Qué pasa? — pregunta.
—Nada… — se gira y se acomoda con su espalda sobre el respaldar de la cama—solo que conviertes una película porno en algo “lindo” se supone que una porno es todo lo que puedas imaginar; pero no es lindo… — suelta un suspiro y dibuja una mueca de incomodidad.
Fabiana asienta con lentitud y mirada comprensiva. Entendía que Johnny estaba algo frustrado y ella había sido algo molesta.
—Pero bueno, hay otras, amor… — acerca algunas con su pie, seguían ahí al pie de la cama — veamos otra si deseas — coge unas cuantas y se las muestra.
El muchacho frunce el ceño y menea la cabeza.
—No, no… — las aparta y coge el control remoto. Apaga la televisión. — ya no, amor…, es demasiado porno por ahora y para toda mi vida — sonríe.
—Bueno…, pero alégrate; he aprendido o al menos tengo una idea de lo que haremos — le sonríe coquetamente.
Johnny coge las películas y las coloca a un lado, sobre la mesa de noche de su lado de la cama. Rápidamente regresa la vista a su pareja.
—¿Hablas en serio? — dice con voz seductora y acercándose a ella. Le da unos besos apasionados.
—Sí, vi algunas cosillas que hizo la protagonista — le susurra cerca del oído—, y como los actores no eran negros, creo que fácil, los podríamos intentar— dibuja una sonrisa picaresca.
Johnny se quita los calzoncillos y se coloca sobre ella intentando quitarle el sostén.
— te amo…, te amo…, — repite muy excitado— ven aquí… —comienzan a besarse apasionadamente, acariciarse y a juguetear un rato para quedar listos.
La desvistió rápidamente, ella no puso mayor resistencia, hizo algunas cosas con su lengua que enloquecieron a Johnny y colocó el rostro de su amante en partes donde nunca habían estado. Él solo se dejaba llevar cada vez más excitado.
—Creo que ya…, ya…. —repite—. Tengo que hacerte el amor ya… ¿estas listas? — le pregunta.
La joven, con el rostro enrojecido y tan excitada como él, asienta.
—Ya es hora, estoy lista. Vamos, amor…
Johnny estira su brazo y coge el condón que ya estaba casi abierto en una esquina de la mesa de noche. Lo saca y se lo coloca con rapidez. Ella lo miraba con una sonrisa y sonrojada. Estaba listo. Se coloca sobe ella con delicadeza, la joven separa las piernas dándole más comodidad a su amante, quien coge su pene con una mano y la acerca a la vagina de su amada. Lo introduce con suavidad, pero no la penetra completamente aún.
Ella le sonríe y asienta.
—Te amo…— coloca sus brazos alrededor del cuello de Johnny.
—Y yo a ti, amor. — le responde y lleva sus caderas hacia atrás.
Un sonido de explosión se oye desde la calle. Ambos amantes dirigen su mirada a la ventana, a través de la cual se logra ver como el poste hacia corto circuito. Ambos se alarman. La luz en el edificio entonces se va repentinamente. El hotel entero quedo en oscuridad. Solo se veía desde afuera las chispas que provienen del poste de alumbrado, las cuales pronto secaron.
Johnny baja de la cama y busca su celular. Enciende la pantalla y alumbra la habitación.
—¿Qué mierda…? — dice acercándose a la ventana.
La avenida entera estaba en completa oscuridad. Solo se veían las luces de los autos transitando.
— Un corto circuido… — dice Fabiana cubriéndose con la sabana nuevamente. Estaba algo preocupada.
—No lo sé, — dice mirando a la calle una vez más. Se encoje de hombros y regresa a la cama— ¿Dónde nos quedamos amor? — le pregunta intentando besarla.
Ella lo aparta.
—No, no… ¿qué haces? — pregunta con expresión de enfado— Ve a ver qué ha pasado, Johnny.
—Amor…, amor…, tengo el condón puesto… —lo alumbra con su teléfono—Por favor… — le da un besa en los labios, ella casi no hace gesto alguno —igual en la oscuridad es más rico… —comienza a besarla con más pasión, le quita la sabana e intenta colocarse sobre ella.
Fabiana lo aparta nuevamente.
—No — le duce con una mueca de descontento—. Algo ha sucedido, tienes que ir a ver —Se cubre con la sabana nuevamente.
— Pero ya me fijé — responde— se ha ido la luz, parece que un poste estalló. No soy electricista, pero creo que tardara un rato en que regrese, seguro aquí tienen generadores… ten paciencia y — se acerca a besarla— dame algo de amor…
Fabiana lo aparta con una mueca que dejaba claro que estaba bastante incomoda.
— ¡No! — dice con firmeza— ¿que no ves que me siento insegura así? Ni siquiera logro ver con claridad tu rostro… y quiero verlo cuando hagamos el amor.
Johnny asienta y con resignación en la mirada se aparta de ella. Se sienta a su lado y suspira.
—Se me está bajando…— mira su miembro y el condón, que cada vez que quedaba más grande— corrección, ya se bajó… ¡Diablos! — lo quita de su miembro y lo arroja a un lado, en el piso — Solo me queda un maldito condón…
Fabiola lo mira con culpa en los ojos. Coloca su mano sobre la pierna de su pareja.
— Perdóname, amor. pero es que me pongo nerviosa, ya sabes… — lo abraza.
— Si, tranquila. Yo lo sé, lo sé… — respira profundo. — bueno…, ya vendrá, ¿no? —se encoje de hombros.
Fabiana asienta lentamente.
En el exterior se podían oír pasos, al parecer algunos inquilinos estaban recorriendo el pasillo, se les oía murmurar fuera, mientras pasaban por su puerta.
— ¿Por qué no vas a ver qué ocurrió? — sugiere Fabiana. — así estaría más tranquila… y quizá… me anime — le sonríe.
— Y si mejor encendemos las linternas de los celulares para iluminándonos… — Johnny se le acerca sonriéndole. Fabiana levanta una ceja en un gesto poco amigable. Johnny suspiró— Amor…los hoteles tienen luces de emergencia y energía de repuesto, están obligados y deben activarlas en algunos minutos…
— Ok…esperemos entonces…— se cruza de brazos.
Unos minutos más tardes.
Johnny y Fabiana estaban recostados en la cama, ella se había vuelto poner la ropa interior al igual que él. Johnny rodeaba el cuello de Fabiana con su brazo derecho, mientras ella buscaba algunas cosas en internet.  El joven ya estaba más tranquilo, se le había ido la excitación.
Fabiana busca información y consejos para la primera relación sexual.
—Lo ves, en la primera vez es importante estar “cómodos y seguros”, aparte de sentirse totalmente “decididos y entregados” —puntúa.
El chico asienta lentamente.
—Lo sé, lo se… solo estamos teniendo algunos contratiempos…
—Sí, y esta luz que no regresa…— ya habían pasado más de 18 minutos—, y ya me está dando sueñito…— comenzó a rebujarse al lado de Johnny.
—Amor, son las 8:30 de la noche… — frunce el ceño.
—Lo sé —lo mira a los ojos—, y recuerda: tengo hasta las 11. Ni más ni menos…
Johnny muerde sus labios y asienta. Dirige a su mirada a la puerta de su oscura habitación.
—Iré a ver qué demonios está pasando — responde y se aparta de ella con cuidado. Se levanta de la cama. Coge sus pantalones y se los pone.
Fabiana se sienta en la cama y se acomoda en el espaldar.
—Ok, pero no te tardes. —le dice.
Johnny sale al pasillo y se dirige a las escaleras. Todo estaba bastante oscuro, la poca iluminación venia de la ventana de la calle al final del pasillo y de los celulares de algunas personas en sus puertas, en su mayoría mujeres, seguro esperando a sus parejas. Johnny continua e dirección al primer piso.
En la recepción ya se encontraban algunos huéspedes, estaban parados algunos y otros sentados en los muebles que estaban por ahí. Conversaban entre ellos, se enfadados, era evidente dada la situación en que el apagón los había agarrado. Incluido en ese pequeño grupo de hombre se encontraba el tío de Fabiana, quien ahora traía una gorra cubriendo su prominente frente y que a la vez le servía para disimular.
Johnny se acerca a él. El señor se notaba bastante incómodo.

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Xandro

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MensajeTema: Re: En el cuarto de hotel - parte 1   En el cuarto de hotel - parte 1 Icon_minitimeMiér Jun 19, 2019 8:10 pm

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