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 Crónicas de un divorcio anunciada: Acepto (parte 1)

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franckpalaciosgrimaldo
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Crónicas de un divorcio anunciada: Acepto (parte 1) Empty
MensajeTema: Crónicas de un divorcio anunciada: Acepto (parte 1)   Crónicas de un divorcio anunciada: Acepto (parte 1) Icon_minitimeVie Ene 25, 2019 9:23 am

Segunda parte de la historia de Juan y Felipa, ahora 6 meses separados ninguno de los dos sabe que pasara en sus vida, Ella preocupada por el divorcio de sus padres, el concentrado en la pedida de mano de su madre por parte de su padre.
***
Han pasado 5 meses desde el matrimonio de Marina, la hermana de Juan, y desde que Felipa le pidió a este un tiempo para pensar en su relación.
Juan luego de esa noche en que Felipa lo hecho del departamento y se negó a casarse con él se fue al apartamento de Manuel, su mejor amigo quien lo recibió sin problema alguno, por su parte Felipa decidió concentrarse en su trabajo y en el problema de sus padres que están en proceso de divorcio y como hermana mayor su madre le encargó que la ayudara en todo ya que ella no tenía cabeza para eso y Francesca tenía mucho trabajo con sus hijos.
Los que si estaban pasando una buena etapa eran los padres de Juan quienes estaban viviendo un nuevo enamoramiento, luego del matrimonio de su hija se habían dado una nueva oportunidad y los últimos 5 meses habían servido para darse cuenta de dos cosas: que habían cometido muchos errores y que querían pasar la vida juntos.
Mario el padre de Juan quería sorprender a Esther con algo que ella siempre había querido, un matrimonio religioso, ya que si bien se habían casado y divorciado hace ya más de 20 años, nunca fue la ceremonia religiosa que ella quería, así que Mario se comunica con sus hijos y les pide que lo ayuden a sorprender a su mamá con una fiesta de pedida de mano justo el día de su cumpleaños, en una semana.
***Primer día Lunes***
Apartamento de Manuel, 3 de la tarde.
Juan en la sala escribía la segunda parte de su novela, la cual había terminado siendo un éxito en España y en la ciudad.
Manuel ingresa y saluda a su amigo.
— He ¿cómo vamos? — dice sonriendo y dirigiéndose al mueble y sentandose de golpe junto a juan.
— Hola, estaba tratando de avanzar, sabes que con los exámenes y todo lo de la universidad no tengo tiempo, tengo que revisar exámenes… — dice recostándose — además no logro salir de este capítulo, estoy en él hace ya más de 3 meses… que rabia.
— Es normal, es normal…, pero descuida ya saldrás, tu libro se sigue vendiendo, solo trata de tenerlo listo antes de agosto del siguiente año o serás hoja pasada, este mundo de los libros es peor que la del cine, si te olvidan te olvidaron, tendrás que usar seudónimos… — le dice.
— Lo sé, es solo que no puedo escribir con tanta cosa en la cabeza, menos mal ya vienen las vacaciones y podré librarme de algo de trabajo, te prometo que escribiré más, ya voy a la mitad… — le dice recostándote.
— Lo que necesitas es relajarte, dejar de pensar en ya sabes que… eso te está fastidiando, hermano — le dice. Yo te lo advertí ¿o no lo hice? — pregunta.
— Si, pero de todas maneras no es fácil simplemente sacármela del sistema, además no hemos terminado, solo me ha pedido un tiempo para… pensar las cosas, ya regresaremos, ya verás. — le dice y se reclina a tratar de escribir, pero sus dedos bailaban sobre el teclado.
— Vamos, viejo nadie se da 5 meses y medio para pensar nada, es simple: se dio cuenta de que no se quiere casar… — le explica.
— No, no es eso me enteré de que sus padres se están divorciando y ella está en todos los ajetreos, ella siempre pensó que sus padres eran modelo de comerciales con su bonito matrimonio, y míralos, eran unos adúlteros, eso le afectó… y mis padres que eran perro y gato a la vejez están más unidos que nunca… creo que la boda de Marina fue una bendición para ellos, y una maldición para mi…
— No seas ridículo, — le dice sonriendo — son cosas que pasan nada más, no tienes por que culpar a nadie, mis padres fueron horribles conmigo y se amaban muchísimo, se siguen amando, has visto las fotos que me envían de Brasil, de Rusia, de Alemania, de parís…, cruceros, viajes, góndolas…, me pagaron la carrera de derecho y al diablo, — ríe. — no tiene nada que ver una cosa con otra, una cosa es una relación, los hijos y tu felicidad, — se pone de pie, — eso lo aprendí desde niño, así que tu debes entenderlo,  si ella ya no quiere nada contigo lo mejor es seas hidalgo y pues aceptes que ella decide si quiere o no más de ti, 11 años, amigo… ¿qué pensaría en 5 meses y medio? — pregunta.
— Ella es complicada, tiene unas ideas muy claras de lo que es nuestra relación, yo… se que ella… — Lo interrumpe.
— AY suenas tan deprimente… ¿Qué hay de la estudiante de la que me hablaste? — pregunta.
— ¿Cinthia? Tiene 18 años recién cumplidos… ya te dije, no pienso hacer en sus insinuaciones si es lo que estas insinuando tu… — dice algo consternado.
— Solo dio que esa jovencita tiene un cuerpo que parece de 25, firme como una roca, de ser tu… no pierdo tiempo — se dirige a la cocina y toma una cerveza, sigue hablando de ahí —… según lo que me cuentas esa jovencita no es solo una estudiante más que quiere que le des clases particulares de literatura, quiere que le enseñes de lenguas… — responde riéndose.
— Ya te dije, no soy de esos, no soy un infiel… amo a Felipa, y Cinthia solo es una estudiante más que siente un poco de atracción por un profesor que cometió el error de darle un consejo cuando la vio mal, ahora pues seguro siente que soy especial…
EL buen Juan una tarde hace algunas semanas vio triste y acongojada a la dulce Cinthia en los jardines de la universidad de Catalina donde el daba clases, guiado por su propio sentimiento de depresión post problemas de pareja se acercó a ella, la cual a pesar de sus 18 años es dueña de una talla y formas curvilíneas que sin duda la harían una perfecta opción para la página central de una revista de adultos.
Juan la vio llorar y se acercó a ella quien se abrió con él y le narró el problema por el que pasaba, una ruptura amorosa con un noviecito de 8 meses que la abandonó por una chica de 2 ciclos arriba, ella dolida por este suceso busco en el profesor adorable un apoyo, este sintiendo empatía se acercó a ella a aconsejarla, y rompiendo las reglas de ética profesional de profesor maestro la abrazó y le dio soporte emocional, lo que él no sabía es que desde ese momento la joven e inexperta Cinthia se convertiría en alguien importante en esta historia y por el momento en su Admiradora  número uno y comenzaría a desarrollar una fuerte atracción por él al nivel de no perder jamás una oportunidad para coquetearle e intentar seducirlo a su manera, muchas veces de una forma inocente, otras algo más atrevidas, el error de Juan es dejarlas pasar.
— Esa jovencita lleva intentando seducirte más de 3 meses… y además  dijiste que le gusta escribir como a ti… eso es algo que tienen en común… estoy seguro que debe gustarte también… — dice Manuel acercándose a la sala nuevamente. Le da una cerveza a su amigo —… No digo que te enamores, solo… mira hasta donde llega su interés, quizás es lo que necesita.
— Tiene 18, yo tengo 28, 29 en diciembre, son cerca de 11 años… — dice Juan bebiendo un trago de la botella.
— Exacto, debe ser un mensaje de dios — dice burlonamente y riendo.
— Que payaso, además no dejo de pensar en Felipa. No la debe estar pasando nada bien, estoy seguro que también han sido meses difíciles para ella… y mientras no pueda arrancármela de la cabeza no pedo lanzarme a la primera mujer que se me insinué… — dice Juan con seriedad.
Por su lado Felipa había regresado por unos días a casa de su madre.
Esta había hecho una pausa en sus actividades para ayudar a su mamá, se tomaría la semana para poder arreglar todo lo correspondiente a su divorcio y la venta de la casa. En tanto a su padre aún no había podido hablar con él, pensaba llevarle ella misma la demanda de divorcio de su madre, quizás en unos días o lo antes posible, dependería todo de los papeleos.
Claudio la nueva pareja de su madre, Anna se había mudado con ella, era un joven de buen aspecto, es chef de profesión y parecía muy enamorado de la madre de Felipa aunque esta no terminaba de aceptar esta situación del todo.
Por más intentos que este había tenido en algunas ocasiones de acercarse a ella y mostrarle que no es un oportunista, esta se muestra más dispuesta a tratar de apresurar los papeleos y dejar de verlos, lo que le causaba una especie de malestar emocional, pues era aún chocante ver a su madre abrazando y besando a Claudio que fácil y podría ser su hijo.
Esa tarde Felipa luego de habla con su madre y que esta le diera los papeles de su matrimonio, que ella conservó,  fue a buscar a un abogado que ella conocía de hace muchos años atrás, ya que habían sido muy amigos en la infancia, principalmente en la primaria donde no se despegaban casi nunca,  además él había tramitado los papeles de traspaso de lo que ahora era su edificio de diseño de interiores, el cual por esta semana estaría a cargo de Irma, quien por cierto tenía 5 meses de embarazo sus intentos por ser madre habían dado frutos por lo que tampoco podía tardar mucho Felipa, debía arreglaba los problemas de su madre, ya que vivía bastante lejos de su apartamento, en otro distrito y no podía ir y venir, era recomendable que se quedara con su madre en su enrome casa donde alguna vez respiro ambiente familiar.
La oficina de Mariano quedaba por suerte en el mismo distrito donde vivía la madre de Felipa, por lo que llegar no sería problema.
Hizo una cita con él y asistió a la hora pactada sin problema alguno.
El Joven y exitoso abogado siempre ha tenido un particular cariño por ella, por esos recuerdos de la niñez, y aunque en la adolescencia se distanciaron un poco, pues él siguió viéndola como una amiga y ella de la misma manera, por lo que él se hizo de un espacio en su agenda.
Mariano Sepúlveda  es un abogado reconocido, no es raro verlo algunas veces en la televisión defendiendo a algún político o denunciando algún abuso social, siempre de la mano de su buen porte, elegancia y sobretodo profesionalismo.
— Adelante — dice sonrientemente a Felipa quien ingresa a su elegante oficina en un edificio en la ciudad. — toma asiento, Linda, hace mucho que no te veo, te ves fantástica.
— Gracias, Mariano, pero la verdad es que no te creo… — dice dirigiéndose al centro de elegante oficina. — con las justas y he dormido estas últimas semanas, no sabes lo estresada que me siento.
— Me imagino, lo de tus padres es una lástima — este se dirige a su escritorio — Toma asiento, ¿quieres algo? quizás un café… — ofrece antes de sentarse.
— No, no te preocupes, muchas gracias… estoy bien así. — le sonríe.
Ambos toman asiento, Felipa le acerca los documentos del contrato matrimonial de sus padres, este los toma y les da una ojeada.
— Bueno, antes que nada — comienza Mariano. — Pues quiero que sepas que trataré de que esto se haga lo más rápido posible y no tengan que haber encuentros innecesarios o careos incomodos… solo necesito que tus padres firmen unos documentos en donde ambos afirman querer divorciarse y repartir los bienes según estipula la ley actual, en tanto a la casa y cosas que hayan comprado juntos… pues se pasa a vender o si alguno de ellos accede a que se quede con el otro, seria correspondiente también… ya sus hijas están grandes así que será muy fácil… ¿de acuerdo? — le dice el abogado.
Luego de unos segundos de silencio Felipa rompe en llanto, sorprendiendo a Mariano quien no se imaginaba esa respuesta.
Rápidamente este se pone de pie y se acerca a ella.
— Espera, espera… — le dice tomándole de la mano — Tranquila… tranquila, ya tus padres son adultos — le explica, no debes ponerte así, Felipa…, si quieres puedes decidir con quien quedarte…
— No es eso… — responde esta entre sollozos y secándose las lágrimas. — es otra cosa… lo de mis padres solo fue la cereza del pastel…
— vaya, quisiera poder ayudarte…, en lo que pueda… yo… — le dice y le alcanza un pañuelo que tenía en su bolsillo.
— Es que también paso por problemas en mi relación…— le dice. — y lo de mis padres no me ha dejado siquiera poder resolverlo… y pues me duele mucho todo esto.
— Ah verdad que tenías un esposo… — le dice.
— No es mi esposo…
— Me dijiste que tenían 9  años juntos… — responde, en el tiempo que se conocieron habían cumplido ese tiempo de relación.
— De enamorados…, no nos casamos…
— Bueno, eso facilita algunos procesos…
— Ese es el problema que… — se seca las lágrimas — que ni siquiera seré una divorciada, pro que nunca nos casamos o comprometimos… y cuando el quiso hacerlo la verdad es que yo no sé si valga ya la pena hacerlo… o intentar si quiera regresar con el…
— ¿Cuándo se separaron? — pregunta Mariano sentándose en la esquina de su escritorio justo frente a  ella.
— hace casi 6 meses ya… y no me ha llamado, nada…, seguro espera a que yo lo busque…
— ¿quieres que él te busque? ¿lo estas probando? — pregunta.
— No…, pero… no sé, ya no sé… solo no pensé que terminaríamos así, yo con dudas, después de 11 años, pero ahora no le encuentro más sentido al casarme o a seguir con alguien más tiempo si al final terminaremos como mis padres, separados cada quien con una nueva pareja, darle tu tiempo y vida a alguien para al final quedar en nada… — dice acongojada.
— No debes pensar así, — le aconseja — pro mi experiencia se que de 10 matrimonios más de la mitad en 5 años terminan separados, al menos en este país, pero pues los que si duran son los que de verdad se casan decididos, con planes, todo…y los que son ya más maduros, no esos que se casan a los 19 o a los 25, aunque hayan excepciones peor la mayoría es solo efervescencia del enamoramiento, así que… quizás ese chico solo quería estar seguro… pero… si no estaba seguro y tú misma ahora no estas segura, quizás sea mejor este tiempo ¿no? Imagínate si esto te ocurría estando casada… al menos ahora podrías comenzar de cero, ¿Qué tienes… 23? — le pregunta.
— Cumplo 26 en marzo — le dice.
— Ya ves, eres joven, tienes mucha vida, es por eso que no me caso. — dice sonriendo.
— Pensé que estarías casado… — le dice extrañada.
— No, no…, no porque no quiera, estuve a punto de hacerlo muchas veces, tampoco tantas — le guiña el ojo — pero al final me di cuenta de que esa mujer no era la indicada, y pues… no queria terminar yendo a un abogado para que nos separe… o peor aún un divorcio religioso… odio roma.
Ambos sonríen.
— Mis padres son casados hasta hoy se llevan muy bien, se casaron… a los 35 ella, mi madre y mi papá a los 40, me tuvieron dos años después…, y fue una bonita vida, soy hijo único, o sea planificado, son un referente para mí, cuando veo una pareja madura casarse sé que serán un éxito, así que no pienses que por casarte ahorita será mejor, o por casarte a los 40 será malo…
Las palabras que decía Mariano llegaban muy profundo en Felipa quien recordaba lo que dijo alguna vez Juan respecto a pensarlo bien, pero tenía más sentido para ella viniendo de él abogado, quien para ella tenía en las palabras la experiencia de una familia fuerte, consolidada y bastante consonante. El abogado había hecho pensar a Felipa, la importancia de la madurez a la hora de tomar decisiones, madurez, algo que le faltaba a Juan a simple vista.
Ella lo conocía, y sabía que las ocasiones en que Juan hablaba de madures y tomar decisiones con la cabeza fría era su ridícula forma de alargar una decisión más que pensar en algo real, por lo que toda su charla perdía peso.
EL abogado continuó.
—… No debes sentirte mal por esto que estás pasando, mira, primero separa lo personal, de lo primordial, que en este momento son tus padres, ¿sí? — Le sonríe y regresa a su asiento.
— Tienes razón…— se seca las lágrimas. — No pensare ya en… Juan, eso lo dejaré para más adelante, ahorita quiero solucionar lo de mis padres… — dice levantando la mirada.
— así se habla, guapa. Ya después podrás resolver esas cosas, y te darás cuenta que es más sencillo de lo que parece. — le sonríe y busca unos archivos en su escritorio.
Le da entonces unos documentos.
Le explica que su mamá y su papá deben firmarlos, antes leerlos muy bien, ahí se especifica lo que va a suceder, y según leyó en el acta de matrimonio de ambos lo que era correcto era una simple separación sin vienes separados, dado que se casaron con vienes separados, así que a excepción de Felipa y Francesca no tenían nada de los dos.
— Bueno, me traes esos papeles, los firmo también, se los presento al juez y en un mes a más tardar estarán libres y podrán hacer lo que deseen — le sonríe.
— Si, mamá quiere casarse con su nuevo novio y supongo que papá querrá hacer lo mismo para poder reconocer a su hija o… que se yo. — dice ella doblando la boca a un lado y bajando la mirada.
— ya, cambia esa mirada, relájate — le dice — estaré comunicándome contigo en estos días, ¿de acuerdo? No dejes que esas cosas del corazón afecten tu actitud positiva, tus padres, ambos necesitan sentir que sus hijas los apoyan, seguro ellos te apoyaron a ti en alguna decisión…
— Eso es cierto… — dice ella sonriendo. — ¿siempre tienes las palabras correctas? ¿o es parte de tu formación de abogado? — le pregunta.
— Mmm… digamos que cuando alguien me cae bien… no soy tan abogado como amigo… o un simple hombre más que se preocupa por que en el rostro de una linda chica como tu haya una sonrisa… — le guiña el ojo y le sonríe.
Esto sonroja a Felipa quien trata de ocultarlo, pero era evidente, después de todo nadie aparte de Juan la había alagado de esa forma, y para ella era algo nuevo sentir eso, no era difícil pensar que en la confusión emocional que estaba ella sería fácil que su corazón apuntara a algún lugar diferente para mitigar el dolor de una posible separación. Y quizás lo único que quiso el buen abogado era ser amable con ella, pero eso es algo que solo el sabría, el corazón de Felipa acostumbrada a halagos de parte de juan, a quien no veía desde hace mucho se sintió feliz de ser alagado nuevamente aunque no por quien era su dueño al 100% hace algunos meses.
***Martes***
Campus de la universidad, hora de salida.
Como todos los días, Juan seguía dando sus clases hasta el mediodía, luego de eso se regresaba a casa, salía por el pabellón B del campus y cruzaba el jardín hacia el estacionamiento, uno de los nuevos cambios de estos meses es que pudo comprarse un automóvil, no muy caro, pero si bastante bonito que le sirve para transportarse.
Mientras pensaba en sus problemas, Cinthia, su alumna de los martes lo sigue y da el alcance en los jardines de la universidad.
— ¡Juan! — le grita. — ¡¡Juan, espérame!! — le dice
Era normal que sus alumnos lo llamaran por su nombre, era algo que él había inculcado en sus alumnos. Pero obvio Cinthia tenía una particular familiaridad con él.
Juan se percata de su presencia y la espera.
— ¿Qué sucede, Cinthia? — le pregunta extrañado.
Era normal que ocasionalmente algunos alumnos solicitaran hablar con él y aunque el sabia de la preferencia que ella tenía por él, simplemente trataba de no mostrarse preocupado o darle importancia a sus juegos.
— Nada, Juan, es solo que quería comentarte algo… — le dice sonriente.
— Ah bueno, dime, — dice y continua caminando esta vez caminando lento junto a ella.
— Pues seguí tu consejo, me ha servido de mucho en estas últimas semanas… — le dice sonriendo.
— ¿ah sí? Qué bueno, me alegra, he podido notarte más sonriente, alegre…
— Si, escribir me ayudó a concentrarme y a tener un pasatiempo mejor que pensar en mis problemas, aparte que nunca  pensé que sería tan buena, le he mostrado a unas amigas los capítulos que he avanzado y se han quedado sorprendidas…
— Te dije, desde que leí esos poemas que presentaste a comienzos del ciclo pues me di cuenta que tenías mucho talento escribiendo, me alegra que te haya gustado, quien quita y puedes formarte una carrera… — le sonríe.
— No, no tanto, eso ya requiere talento real, yo aún solo soy una amateur…
— así se comienza, linda.
— más bien ¿Cuándo puedes venir a mi apartamento a ayudarme y darme unos consejos? — le dice cogiéndose de su brazo y acercándose a él. La reacción de Juan es apartarse un poco y mirar a su alrededor, una norma de la institución era que los maestros nunca se relacionen con los alumnos más allá de las paredes de la universidad.
— He… no creo que eso sea necesario, puedes traerme tus hojas o enviármelo al correo, con gusto lo leeré — le dice algo tenso.
Pero ella era terca y a pesar de pequeño rechazo físico de Juan ella se le pegaba más, jugueteaba con la solapa de su saco y le sonreía.
— Juan, vamos, no seas así… me gustaría que me veas escribir, revises los capítulos, pero frente a frente — le dice mirándole coquetamente a los ojos.
Juan no podía evitar sentirse alagado por la joven que sin temor ni tapujos estaba dándole señales de una atracción clara hacia él. Pero en la cabeza de Juan aún seguía Felipa, por lo que la simple idea de corresponder a la joven, aunque una parte de él se moría de ganas de al menos seguirle el juego, no era algo que ocurriría tan fácilmente.
— Cinthia, por favor — dice escapando de su brazo —… nos van a ver y pueden pensar cosas raras, y entonces me van a sancionar.
— Por eso, tu sabes que vivo con una amiga en un departamento, las dos solas… será más cómodo, más tranquilos,  si quieres te pago para que me asesores. — le dice levantando los hombros.
Juan ríe.
— Cinthia, de todas formas no puedo hoy, mi hermana llegó ayer de viaje, y nuestro padre nos ha citado para arreglar todo respecto al cumpleaños de mamá este sábado.
— Bueno, entonces mañana… — le dice pegando un par de brincos.
El encanto juvenil combinado con la picardía y la aparente ingenuidad de Cinthia eran la combinación perfecta para derretir hasta al más duro hombre, incluso para hacer dudar al más enamorado, aparte que Juan había cometido el error de no ser claro con ella, nunca le había dicho directamente que no le gustaba su actitud con él. Quizás pro que en el fondo le gustaba sentir que atraía a una jovencita que lo creía interesante, lo alagaba y sin duda no le pediría o prohibiría nada.
Los últimos meses en soledad también habían afectado a Juan en el plano emocional, un hombre acostumbrado a estar siempre acompañado de una mujer sentía la necesidad de estar con una dama, pero no había si quiera salido a buscar una, los últimos 6 meses se dedicó a la universidad, escribir, y eventualmente salir con Manuel por unas cervezas.
Por esa actitud de ella, para Cinthia ya no era raro tocarlo, acariciarlo, hacerle bromas y hasta avergonzarlo con algún comentario subido de tono.
— Mañana… mañana… — dice Juan pensándolo.
— No te hagas de rogar, solo quiero que me ayudes a avanzar un poco más con mi novela, luego… podemos conversar, no se… — dice acercándose a él y  jugueteando con su corbata sensualmente. — Mi amiga no estará toda la tarde… — le susurra y sonríe. Juan no pudo evitar ver el escote de la joven, aunque un vistazo rápido pero algo que ella notó y le causó gracia, ella sabía que el la miraba ocasionalmente — ¿Qué dices? Nadie se enterara… tómalo como un asesoramiento académico… — sonríe.
Juan la aparta nuevamente y responde:
— Ok, ok… el jueves en la tarde ¿de acuerdo? Ese día no tengo nada que hacer… mañana revisare exámenes… y  — le dice mirando a su alrededor. — ahora debo ir a casa de mi padre… nos vemos después…— le dice y se aleja unos pasos.
— No me falles, te estaré esperando… — le dice y se va muy sonriente.
Mientras camina al estacionamiento Juan pensaba en los pro y los contra de su decisión, pero era algo que pensaría después,  total cabía la posibilidad de que haya dicho que si por la presión y librarse de ella, o quizás fue una respuesta inconsciente de su parte guiado por ese instinto de macho, ahora debía ir a casa de su padre a saludar a su hermana y acordar como harán para sorprender a su madre el sábado.
Más tarde ese día en casa de Mario, su padre.
Su hermana había llegado anoche, ya se había instalado, su esposo David no pudo venir por motivos de trabajo, pero llamó para disculparse, Al llegar Juan es recibido por su padre con un fuerte abrazo.
— Eugenio…, hijo, adelante — le dice, — tu hermana está en la cocina, insistió en preparar el almuerzo. — le dice.
— No me extraña — responde juan sonriendo y caminando a la cocina junto con su padre.
Ahí en la cocina lo recibe su hermana y lo saluda muy alegre.
— Eugenio, precioso… — le da un beso y lo abraza con cuidado de no ensuciarlo, después de todo estaba preparando una salsa con tomates —… ¿Cómo estás? — pregunta.
— Mucho mejor, trabajando duro… ya sabes…
— Lamento mucho lo de Felipa, es comprensible que no te conectes mucho a internet, pero de vez en cuando puedes llamarme…—le dice frunciendo el ceño.
— Si, perdóname, no tengo excusas… — dice bajando la cabeza.
— ya no te preocupes, la cosa es que superes lo ocurrido, ya encontraras una mujer que sea para ti… — le dice continuando con los tomates.
— Si, yo le dije lo mismo la última vez que vino — dice su padre colocándole la mano sobre el hombro — tiempo al tiempo, pero yo que tu voy viendo otras alternativas… — le sonríe.
— Bueno, bueno… — dice juan algo incómodo — No hemos venido a hablar de mí y mi situación sentimental. Dinos papá ¿qué tienes pensado para este sábado? — pregunta.
— Bueno, verán había pensado… — Mario es interrumpido por Marina.
— Hablaremos de eso en el almuerzo que ya va a estar, por ahora ayúdenme a pelar las patatas, mientras preparo la salsa para la pasta, como le digo a David, si quieres comer rico, colaboras un poquito…
— Ok, ok… — responden juan y su padre.
Algunos minutos más tarde en la meza.
— Que tallarines tan ricos, amor — dice Mario disfrutando de la comida.
— Si, no es por ser pateros o condescendientes, Marina, pero está muy bueno… he comido antes tallarines con salsa de tomate, pero este tiene como… ¿Qué le echaste? — pregunta.
— ¿me creen loca? No les diré nada… así me extrañaran más cuando no esté — responde y sonríe.
En la cena conversaron acerca de los planes que tenía Mario para el cumpleaños de Esther, ella no vivía con él, ella vivía en la casa que tenia de soltera que era de sus padres ahora fallecidos, no era tan lejos, digamos quizás 45 minutos, no era raro que Mario fuera a visitarla, o viceversa, pero les parecía más romántico ir a verse que estar juntos, aunque lo deseaban.
Mario ya sabía dónde llevarla, había un restaurante muy bonito en la ciudad, que ofrecía celebraciones de cumpleaños, ya había reservado, pero quería algo diferente, él había contratado a un grupo que tocaría su canción favorita, con la que se enamoraron la primera vez, cuando estos estén tocando, él le pediría que sea su esposa nuevamente. Parte de la sorpresa sería también que ella pensaba que Marina no vendría, lo que le haría pensar que esa es la sorpresa, pero luego de cenar llegaría la verdadera, por su puesto el restaurante estaría adornado elegantemente para la ocasión, habían reservado la mejor meza del lugar.
Juan y marina deberán estar desde un poco antes en el restaurante, vestidos elegantemente, Marina se encargaría de elegirles los trajes, dado que ella es especialista en moda, de la misma manera ya le había enviado un vestido a su madre para ese día especial.
Debían estar ahí a las 7:00 en punto, a las 7:30 el llegaría con Esther.
El anillo lo recogerá Juan el Viernes a la salida dela universidad en una joyería en el centro donde lo había enviado a hacer, dado que encontró la fotografía de que Esther se había enamorado cuando eran jóvenes y nunca pudo darle.
Mario intentaba rehacer su vida con su ex esposa, a la que siempre amo, pero con la cual había cometido muchos errores, para sus hijos era gracioso y a la ves tierno ayudarlo en sus planes, ser partícipes, no había duda alguna de que su madre aceptaría.
Como decía Mario, nunca es tarde para darse cuenta de los errores y comenzar de nuevo.
Algo que Juan estaba tomando en cuenta, pues pensaba que en estos últimos meses aunque le costaba aceptarlo había podido seguir su vida sin Felipa, pensaba en ella, eso sí, pero no era algo que lo detuviera, quizás era la seguridad inconsciente de que ella estaría también pensando igual, o quizás es que su mente había estado de lo más ocupada en el trabajo, la escritura y aparte de eso, los últimos meses había estado pensando también en Cinthia, aunque sea algo que le cueste, también, mucho aceptarlo.
La idea de que aparte de Felipa haya una chica dispuesta a estar a su lado le hacía sentirse un poco mejor, lo que evitó que se deprimiera, como los primeros meses donde sí estuvo bastante cerca a encerrarse y llorar, de no ser por Manuel de seguro no se levantaba de su cama.
Por su lado Esa tarde Felipa decide ir a dejarle los papeles del divorcio a su padre.
Lo llamó antes de ir, y le dijo que no había problema alguno, dado que estaba lejos tuvo que ir en tren, unas 3 horas y media hasta la ciudad donde su padre convenientemente tenía su nueva familia.
Dudó mucho en ir a verlo, no sabía que decir, que hacer, amaba a su padre, pero sentía que le había mentido también a ella, podría o ser tan cortés, podría quizás gritarle, pero sabía que eso no tendría mayor sentido, recriminarle por algo que ha sido una realidad dúrate más de 15 años no era lógico, era su vida ahora, ella aunque dolida debía tratar de comportarse lo mejor posible.
Al llegar a la ciudad cerca de las 6:00 pm es recibida por su padre en la estación, no lo había visto en mucho tiempo, no lo había llamado, no había hablado con él, solo sabía de el por su hermana Francesca, la cual si se mantenía en contacto con ambos padres, siendo una madre de familia quizás su comprensión era diferente. Tenía cosas más importantes en que pensar, pero Felipa no, ella aun guardaba mucho resentimiento.
— ¿No le darás un abrazo a tu viejo? — le dice sonriendo el hombre que la había educado con todo el amor posible. Pero el que también la había engañado a su comprender.
— Papá, — le dice colocando entre ellos el folder con los papeles del divorcio — fírmalos… — le dice son seriedad.
EL los toma y los observa, luego cierra el folder.
— No me trates así, — le dice con expresión compungida — te eduqué, te cuidé, te di lo mejor que pude durante más de 18 años…, de mí nunca tuviste una sola queja o un reproche… ¿es justo que ahora me trates así? — le pregunta.
Felipa no levantaba la mirada del piso, sabía que no le podría sostener la mirada a su padre mucho tiempo sin quebrarse.
—…papá, por favor… no te imaginas como me siento con todo esto, de un momento a otro pasé de tener una familia hermosa a tener una familia separada… ¿y por qué? Porque te gustó otra mujer y no fuiste capaz de decirle a mamá… no te importó tu familia…
— Hija, las cosas no son así… ¿no has hablado con Francesca? — le pregunta.
— No quiero saber nada de ti o de tu aventura con tu nueva mujer, solo quiero que firmes los papeles del divorcio y listo, podre regresarme a mi apartamento a seguir mi vida horrible… — dice mirándolo con seriedad.
— Felipa, no tienes derecho a juzgarme, soy tu padre quieras o no, y mucho menos si ni siquiera tienes la delicadeza de escucharme… — le dice.
— Papá, firma el… — entonces algo la interrumpe.
Sonia, la hija de Eduardo, el padre de Felipa  llega por detrás y lo abraza cariñosamente.
— ¿Ella es mi hermana? — pregunta la jovencita de 14 años.
— Si, — responde Eduardo sonriente. — es Felipa, tu hermana. — la toma de la mano y la acerca a su hermana — Felipa, ella es Sonia y Sonia, ella es tu hermana mayor… a la otra ya la conociste, solo faltaba ella. — dice sonriente.
Felipa se queda observándola unos segundos, era idéntica a ella, salvo por el color del cabello, la jovencita lo tenía un poco más claro.
Por unos segundos Felipa no supo que decir o que hacer, ¿Qué culpa tenía la jovencita?
— Hola, mucho gusto… — saluda Sonia sonriente. — Mi papá… bueno, nuestro papá me habló mucho de ti… siempre quise conocerte…  — le dice.
— ¿Ah sí? — le dice dándole la mano. — ¿cómo así? — pregunta.
— Bueno, desde que era pequeña me dijo que tenía dos hermanas, que algún día conocería… y bueno solo hace unos meses he comenzado a conocerlas, al menos a Francesca y a mis sobrinitos preciosos, son bien lindos… — dice sonriendo.
Felipa cruzó mirada con su padre, le parecía sorprendente, se sintió entonces como la más ridícula, la pequeña siempre supo de ella, pero ella no de su otra hermana, aparte de eso parece que siendo la mayor su nivel de comprensión de la situación era menor al de sus dos menores hermanas.
— papá dijo que te quedarías esta noche y que mañana podrías regresar… ¿es verdad? así nos conoceremos mejor… — le dijo.
— He… ¿eso dijiste papá? — le pregunta forzando una sonrisa.
— que… ya es tarde, no salen trenes para catalina a esta hora…,y creo que es una excelente ocasión para que te conozcas con tu hermana…quédate a cenar… por favor…
— Si, — insiste Sonia — mamá cocina delicioso, y además sé que eres diseñadora, yo también diseño, yo misma pinté mi cuarto… quiero un día tener una empresa como la tuya, he visto la revista en donde publicas…
Sonia parecía conocer mucho sobre Felipa y ella nada de Sonia.
Ese día accedió a quedarse con ellos.
Al llegar a la casa de su padre fue recibida de lo más amigablemente por Giovanna la nueva pareja de su padre, una mujer de unos 48 años, mucho más joven que su padre, en todo momento fue atenta, se notaba muy enamorada de Eduardo, verlos a los 3 era como ver su infancia pero desde afuera, seguro así se vieron en algún momento, se llevaban muy bien, era la familia perfecta.
Mientras cenan conversan amenamente, se trataban de conocer, tanto Sonia como Giovanna se mostraban interesadas en saber más de Felipa quien respondía las preguntas que le hacían.
Hasta que fue turno de que Felipa preguntara algo.
— ¿Cómo así se conocieron mi papá y tú? — pregunta.
Extrañamente para ella no fue una pregunta incomoda.
Giovanna respondió de lo más tranquila.
Le explicó de una manera tan sutil el hecho de su romance que hasta en algún momento sonó tan romántico que era ridículo pensar que eran amantes viviendo una aventura.
Ella era enfermera Civil que trabajaba en el Fuerte Militar que hay en esa ciudad, ahí se conoció con Eduardo el que había tenido un accidente soldado unas piezas del motor de un auto, se hicieron amigos, y comenzaron a pasar tiempo juntos, él fue sincero desde un principio, ella venia de un divorcio, sin hijos. Ella explicó que lo que sintió por Eduardo fue amor a primera  vista, y Eduardo dijo lo mismo, el problema era que había llegado a la vida de un hombre que no podría ser de ella, o eso pensó, Eduardo explicó que sintió lo mismo por ella, y que pensó en separarse de Anna, la madre de Felipa, pero que al ver a sus hijas, a ella y a Francesca tan pequeñas, tan felices, no pudo hacerlo.
En ese momento pensó que en parte la causa de que sus padres siguieran juntos fueron ellas, su padre pudo haber hecho lo que hacen muchos, separarse, continuar su romance y olvidarse de todo, pero no, hizo algo que al menos les aseguró una infancia estable, no sabía que sentir, no sabía que decir. Había vivido una mentira, se ponía en el lugar de su madre, lo que debió sentir, por lo que no podía comprender del todo la situación.
Como hija no podría quejarse, como mujer se sentía tocada.
Era una situación difícil ¿Qué podría decir? O más aun ¿Qué debía sentir? Era una situación de lo más extraña, digna de una novela de las que escribía Juan.
— Espero no seas dura al juzgarnos — le dice Giovanna.
Pero al verlos ahí cenando juntos, teniendo en cuenta que su mamá también había tenido una doble vida, entendía que no podía juzgar a su padre sin dejar a su mamá como una desvergonzada también, por lo que se guardó sus comentarios inquisidores.
— Son una familia…, solo diré eso — dijo levantado los hombros —… y tenías razón Sonia, tu mamá cocina muy rico… — le sonríe.
El resto de la cena fue más amena, conversaron se rieron, se conocieron, descubrió que tenía cosas en común con su hermana Sonia, que esta era muy inteligente, la primera de la clase, cuadro de honor, estaba postulando para una beca para la universidad a sus 14 años de edad, que al igual que Felipa no quería un quinceañero, quería un viaje familiar, en el cual incluía a sus dos hermanas.
Esa noche Felipa  se quedó a dormir en un cuarto de huéspedes de la casa luego de conversar con su padre durante algún rato y que este firmara los papeles del divorcio.
A la mañana siguiente esta partiría a la ciudad de regreso, con un mensaje de su padre para Anna, su hasta ahora esposa; Le deseaba lo mejor en su vida, que esperaba que no lo odiara, que él la amó muchísimo, pero que si no funcionó no era culpa de ella, ni de él.
Con ese mensaje en la cabeza ella regresó en el tren, luego de prometerle a Sonia regresar nuevamente y hacer algunas cosas juntas.
No pensó que esa visita le haría sentirse un poco mejor en torno a lo sucedido con sus padres, finalmente ambos estaban comenzando cosas nuevas, estaban enamorados, y preferiblemente verlos felices separados que fingiendo juntos algo que no es.

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Crónicas de un divorcio anunciada: Acepto (parte 1)
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