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 Crónicas de un divorcio anunciado: crisis (parte 2)

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franckpalaciosgrimaldo
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Crónicas de un divorcio anunciado: crisis (parte 2) Empty
MensajeTema: Crónicas de un divorcio anunciado: crisis (parte 2)   Crónicas de un divorcio anunciado: crisis (parte 2) Icon_minitimeVie Ene 25, 2019 9:28 am

A la mañana siguiente.
Firma de abogados Canadá y Rivahuero.
Mariano, esposo de Felipa conversa en su oficina con uno de sus socios.
— Entonces ¿Qué? ¿Vendrás esta noche con nosotros? — le decía Javier, un abogado que tenía más tiempo que el en la firma.
Lo invitaba a un bar donde irían algunos esta noche a celebrar el cumpleaños de un compañero, Mariano no era un hombre  de  fiestas, era bastante correcto, además Felipa odiaba que este bebiera, por lo que era raro que este llegara bebido a casa. Pero últimamente tenía la necesidad de des estresarse.
— Pues creo que esta ves si iré con ustedes, no me vendría mal un whisky… mi esposa me está volviendo loco con el tema del bebé — le dice.
— ¿sigue con eso? — pregunta. — pensé que ya habían dejado de intentarlo.
— No, no, nada de eso, seguimos intentándolo…, aunque ella no sabe que jamás podrá embarazarse. — dice Mariano levantando las cejas.
— ¿Eres estéril? — pregunta extrañado.
— No, no soy estéril, me hice una vasectomía hace muchos años atrás, cuando tenía 21… — responde.
— Vaya…tan joven… ¿Qué hay fenómenos en tu familia o qué? — pregunta.
—Claro que no, solo que no quiero tener hijos, no quiero que nada me ate a nadie. No me mal interpretes amo a mi esposa, pero… tu sabes cómo son las cosas, se complican con los años, no sé si de aquí a uno o 2 años me termine aburriendo de ella o ella de mi…, además así siempre pude tener sexo sin preocupaciones. Fue lo mejor que pude haber hecho en mi vida.
— Vaya, pero ella lo descubrirá tarde o temprano. ¿Qué pasa si quiere que vayan a una clínica de fertilidad? — pregunta su amigo.
— Pues ella cree que estoy perfectamente bien, y es tan obsesiva que no querrá nada que no sea natural, así que lo más probable es que se desanime en algún tiempo, ya lleva un año así…, se va a cansar, yo solo debo aguantar sus lloriqueos... que ya comienzan a estresarme.
— Tú te casaste, — le increpa. — si no querías estas complicaciones no te casabas, amigo.
— Bueno, ella viene de una relación larga en donde el muy “inteligente” y no es sarcasmo no se casó, ella me gustaba desde niño…, reencontrarla, en ese estado, luego de su rompimiento, surgió en mi algo, en ella también, me enamoré… y sabía que ella a pesar de todo querría casarse y bueno… me dio las primeras indirectas a los cuantos años y pensé que no sería tan malo, total… y como te digo todo bien, excepto el temita de la paternidad que me está hinchando las bolas…— dice reclinándose en su asiento.
—  Pues ahora afróntalo.  Una mujer que quiere casarse es obvia que quiere el paquete completo, casa, hijos, un perro… una sirvienta obesa… — ríe.
— Pues sí, pero bueno, lamentablemente yo no nací para ser padres, odio a los perros y a las gordas, no sé qué tienen las mujeres… tienen maridos buenos, les damos todo lo que piden, las amamos, las cuidamos… pero nunca es bastante… siempre quieren algo más… más tiempo, más sexo… menos alcohol…, un bebé… — dice ofuscado —… Ya comienzo a aburrirme, te lo juro, ese temita del bebé me esta cansando.
— Tienes razón, yo tampoco quiero hijos, son una carga, yo se lo dejé claro a mi mujer…no estudie 10 años y no trabajó como loco para que un mocoso se lleve mi dinero… — se pone de pie. — Bueno, te dejo, a las 8 en el bar del frente, avísale a tu mujercita que llegaras tarde.
— Eso haré, descuida. — le dice y continua con su trabajo.
Este era un aspecto de mariano que Felipa no conocía, ella pensaba que al casarse él también tendría en mente formar una familia, pero se equivocó, en ningún momento de todo el tiempo que se conocieron él había si quiera tocado el tema de los niños, lo había pasado por agua tibia, siempre le daba por su lado a la buena Felipa.
Sin duda el día que se entere, si es que llega a enterarse, será un fuerte golpe para ella, ya que hasta ahora ha hecho de todo por ser madre, y piensa que la culpa la tiene ella.
Esa noche Mariano llamó a Felipa, y le dijo que tendría una reunión de negocios con los socios de la firma para evaluar sus acciones respecto a un caso muy importante, que llegaría algo tarde, Felipa como siempre le creyó, después de todo no tenía ninguna razón para dudar de él.
Esa mañana, por su parte juan tuvo que ir a comprar algunas cosas al centro comercial, entre cigarrillos y algunas botellas de vodka que se habían acabado, el café y las demás cosas de consumo general las compraba junto con Cinthia las quincenas.
Como era normal algunas personas, sobretodos jóvenes, lo saludaban.
Luego de eso regresó a su edificio, en el ascensor se encontró con Sandra, una vecina del piso inferior al de él, una joven universitaria de 19 años a la cual había saludado algunas veces y ocasionalmente se cruzaban en el lobby o en la playa.
La joven venia justamente de la playa puesto que se encontraba en bikini, al menos en la parte superior, puesto que en la parte de abajo traía un pequeño short. No es raro ver a algunas personas en pantalones cortos o en poca ropa, puesto que la playa está muy cerca y los que Vivian en el edificio solían ir a nadar, surfear o a pasear por ahí.
— Que mañana tan bella, ¿verdad? — le pregunta a Juan quien trataba de no posar la vista en los pechos de la chica, al cual tenía una figura exuberante.
— Sí, he… es un lindo día… — responde sonriendo.
— ¿Y tu novia? ¿te envió de compras?— le pregunta.
— Sí…, no, no… — balbucea — he… Cinthia está trabajando, yo estoy escribiendo y se acabaron estas cosas… — responde.
Ella hecha un vistazo a la bolsa y sonríe.
— Se ve que vas a divertirte… — le dice.
—  Cuando escribo a veces… me gusta una copa y esa marca de cigarrillos…
— A mi igual… — le dice, — me refiero a la marca y que bueno que estés escribiendo, me encantan tus libros, y los de ella también, pero más los tuyos… — le sonríe. — aquí entre nos, te admiro mucho… — le sonrie.
— Gracias, — responde sonriéndole también — ¿Cómo están tus padres? — le pregunta.
— Mis padres viajaron, me dejaron sola… todo esta semana lo estaré… — le dice mirándolo a los ojos — lo que me recuerda que… se ha atracado un cajón en mi cuarto… ¿sabes algo de herramientas? — le pregunta.
— Pues… si…, si… — le dice juan.
— Quizás… no sé, puedas venir a ayudarme… — le dice guiñándole el ojo y jugando la solapa del blazer de Juan.
Sandra no es precisamente un angelito, es una chica bastante seductora que en su historial personal hasta sus 19 años ha tenido más de 15 novios, ninguno más de 6 meses, no se caracteriza por respetar las relaciones. No es extraño que cuando Cinthia está cerca Sandra es más educada y recatada que cuando sabe que Juan esta solo en casa. Hasta donde Cinthia sabe, la vecina del piso inferior es una buena chica, pues no se ha tomado la molestia de observarla o de conversar con ella, algo que Juan hace ocasionalmente de manera muy fugas.
En otras ocasiones el simplemente la ignoraba, no era la primera vez que ella se le acercaba tratando de hablarle o mostrarse, ya que aprovechaba el calor de ese lugar para siempre andar semi desnuda por ahí o con ropa sugerentes.
Pero al ver a la jovencita ahí en el ascensor, sonriéndole, insinuándose de la misma manera que alguna vez lo hizo Cinthia, pero de una manera más sínica, algo pasó en él, o mejor dicho en sus pantalones,  algo que él no imaginó, el buen juan tuvo una erección que trató de ocultar con sus bolsas del mercado.
El ascensor se detuvo entonces, en el piso 5, donde ella vivía.
— ¿qué dices? ¿Me ayudaras con el cajón?…
— he… no sé, quizás… más tarde, es que tengo que avanzar con unas cosas… ya sabes… la escritura… — respondió juan de inmediato algo confundido y comenzando a sudar —
— Ok,  bueno… el cajón estará ahí, — le sonríe y sale del ascensor — si te animas… baja, aquí estaré… siempre hay que componer por aquí…— le manda un besito y se cierran las puertas del ascensor.
Juan a penas abre la puerta del ascensor corre a toda velocidad a su apartamento, abre la puerta lo más rápido que pudo, lanza las cosas al mueble de la sala y se dirige corriendo al baño.
Sin pensarlo se baja los pantalones y comienza a masturbarse como no lo había hecho en mucho tiempo, luego de unos cuantos minutos en los que había pensado en los pechos de esa joven vecina de muchas maneras, su forma, su aroma, su sabor, lo que haría con ellos y lo que ella haría, su gemido de placer se escucharon en toda su habitación.
Luego de terminar y limpiarse se dirigía a su sala, se sentó y cogió los cigarrillos de la bolsa del súper, encendió uno y se lo fumó en silencio, en su mente una sola pregunta: ¿Qué pasó? ¿Por qué hizo eso? Aunque también pensaba en lo mucho que había disfrutado esa paja.
El resto del día, repitió lo mismo dos veces más, con las mismas escenas en la cabeza, avanzó su nueva novela hasta que a las, se acabó media botella de vodka antes de las 7:00pm, cuando llegó Cinthia.
Cuando esta llegó notó su expresión de agotamiento y la botella en la meza de centro.
— ¿comenzaste a celebrar si mi? — le pregunta sonriendo y acercándose a besarlo.
— No, no… — responde. — es solo que…he estado inspirado… y bueno, ya sabes…
— Si, si… se nota ¿te acabaste todos los cigarrillos? — le pregunta.
— No, no, aún quedan un par de cajetillas… — le responde.
— Bueno, mi amor iré a bañarme y nos vamos… dijiste que la reservación era a las…
— A las 8:30 amor… —  completa el aun algo nervioso, después de todo hace solo unos 15 minutos había regresado de su última visita al baño.
— ¿te pasa algo? te veo extraño…— le pregunta— como nerviosito…
— Es que… estaba pensando en tu sorpresa…, si… y bueno… me pregunto que me has preparado… — le dice —… ya sabes como soy de curioso.
— Ah, bueno, faltan unas horas para dártela… así que tranquilo… — le dice sonriéndole— ¿quieres que nos bañemos juntos? — Le pregunta — así ahorraremos tiempo — le dice sonriéndole coquetonamente.
— He… ve adelantándote, amor — le dice excusándose, estaba aún algo cansado, y sabía que Cinthia no estaría tranquila en el baño.
— Entiendo… pillín, — le dice — quieres guardar energías para más tarde, — le guiña el ojo.
— Algo así, amor… — responde sonriendo.
Más tarde esa noche mientras cenaban en el hermoso restaurante romántico que juan había reservado para ese día tan especial, Juan no había dejado aun de pensar en lo que había sucedido, en la cena estaba confuso, pensativo, Cinthia lo notó.
— Insisto, a ti te sucede algo… — le dice.
— ¿Qué? No… no… en serio, solo…pensaba, ya sabes… — le intenta sonreir.
— Bueno, es que es como si no estuvieras aquí, se supone que es nuestro aniversario, 5 años juntos, creciendo, madurando, amándonos…, es un hermoso lugar, y pareces perdido.
Juan sentía que lo que le había dicho Manuel podría ser verdad, y dado lo ocurrido en la tarde pues ahora esas teorías absurdas cobraban más significados reales, ¿Por qué el cuerpo de esa joven éxito tanto a Juan?¿por qué no había podido sacársela de la cabeza? ¿Por qué la deseaba de esa forma tan enfermiza? Él amaba a Cinthia… ¿o no? Todo eso se preguntaba.
— ¡¿me estas oyendo?! — pregunta Cinthia nuevamente.
— Si, yo… yo… — balbucea — es que no me estoy sintiendo muy bien, creo que me dará gripe — dijo.
Había comenzado a dudar de lo que sentía por Cinthia, de sus sentimientos, si es que podría serle realmente fiel durante el resto de su vida.
— ¿quieres que nos regresemos al apartamento? — pregunta Cinthia preocupada por él.
— Sí, creo que… es mejor, amor — le dice y mete su mano al saco buscando su billetera.
Entonces se equivoca de bolsillo, y al momento de ponerse de pie y sacar la mano de ahí, la cajita que contenía el anillo sale y cae en la meza.
Juan mira rápidamente,  y no puede evitar lamentar hacer un gesto sorpresa, no se esperaba eso, no quería eso.
Cinthia se da cuenta de inmediato, lentamente se acerca y lo toma.
— juan… — dice mientras lo abre. — Dios mío… juan… — Sonríe y se cubre la boca emocionada, los ojos le brillan, Cinthia al borde de las lágrimas estaba sin palabras. — Mi amor… con razón estabas nervioso… — le dice.
Juan se queda en silencio, estaba en shock, no podía simplemente quitarle el anillo y decirle que no era para ella que no es lo que parece.
Cinthia se lanza contra él, lo abraza y lo besa.
— ¿desde cuándo lo tenías pensado? — le pregunta emocionada.
— Pues… pues ya desde hace algún tiempo, si… — le dice sonriendo forzadamente.—no sabia si tu… ya sabes, querrías…
— ¿casarme contigo? — le pregunta.
— Pues si… — responde este.
— ¿Cómo no voy a querer, idiota? — dice sacando el anillo de la caja y dándoselo a Juan. — Vamos, pónmelo — le dice.
Este lo toma y cogiéndole la mano se lo coloca, mientras lo hacía podía ser como su libertad, sus opciones, sus fantasías, se quedarían en eso, en fantasías de un baño y papel higiénico, si es que solo se quedaban ahí, claro.
— ¡Acepto! — Dice ella y se abraza fuertemente a él y lo besa apasionadamente — ¡vamos a casarnos! —grita en medio del restaurante.
La gente alrededor comienza a aplaudirles, antes el rostro de preocupación de Juan quien sabía que acababa de cometer un error.
— Sabes, siempre pensé que no te interesaría el matrimonio, lo había asumido… y todo estaba bien, pero no sabes lo feliz que me haces, amor… — le sonríe — ¿sabes cuál es tu regalo? — le pregunta a juan.
— No, ¿Qué es?— pregunta con seriedad.
— ¿Recuerdas que me dijiste que de niño siempre quisiste un perrito? — pregunta.
— Si… — responde extrañado.
— Pues te compré uno — le dice sonriente.
Lo que ella ignoraba es que desde los 10 años luego de ser atacado por unos perros callejeros a los cuales se acercó a acariciar odiaba a los perros.
— Oh… que hermoso… — dice fingiendo emoción y abrazándola. ¿qué más haría?
— Se llama Solomon, y lo he escondido con Sandra toda la semana, — dice sonriendo.
— Entonces esos ladridos en la madrugada eran de él… — dice Juan tomado asiento nuevamente.
— Pues sí, pero descuida, lo ha cuidado muy bien, le dije que era un regalo para ti, u ya sabes que es nuestra fan— sonríe. —Seremos tan feliz con él, seremos como una familia, lo amaras cuando lo veas… — decía ella emocionada. — ¡tengo que llamar a Marina!, ¡a tu mamá! ¡Se morirán cuando sepan! — decía con tanta emoción y alegría en el rostro, ella simplemente era otra.
Juan no se imaginaba lo feliz que la había hecho, y ella ignoraba lo infeliz que se sentía en ese momento el buen Juan.
Esa noche al regresar al apartamento y luego de conocer a su ahora perro, que por cierto era de la misma raza que lo había atacado, un Pastor alemán, Juan y Cinthia hicieron el amor, como nunca antes lo habían hecho, pero en la mente de Juan no estaba la imagen de Cinthia, estaba la de la dulce vecina que no se había podido sacar de la cabeza.
Por otra parte, las cosas tampoco iban bien para Felipa.
Mariano había llegado cerca de las 3:00am completamente ebrio.
Lo que significaba un sermón por parte de Felipa quien lo esperaba en la sala, muy enfadada, ya que este no había respondido una sola vez sus llamadas, ni mensajes, simplemente había estaba bebiendo y divirtiéndose de lo más lindo.
Entra cantando y callándose.
Felipa enciende la luz y le dice:
— ¿Que no era una reunión de negocios? ¿Por qué vienes así? — dice ofuscada.
— ¡Mi amor! — le dice riendo y acercándose tratando de abrazarla, pero esta lo aparta.
— ¡Mírate como estas, Mariano! ¿Dónde está el auto? — le pregunta.
— ¿el auto?... he… — dice balbuceando, esforzándose para pronunciar bien —… creo que lo dejé en el baño de la oficina…, ya aparecerá, amor — dice y ríe. — ven, dame un abrazo, amor…
— Mariano, eres un desconsiderado… — le dice con expresión de decepción — jamás te había visto así… ¿Por qué bebiste tanto? — le pregunta.
— No quieres saberlo, así que mejor no preguntes, mi amor — le dice sonriendo y dejándose caer al mueble. —mejor déjame dormir… lo que importa es que estoy aquí, mi amor… y no hice nada malo, solo bebí con los colegas…
— ¡Te he llamado toda la noche! — le dice alzando la voz, es claro que se sentía ofuscada, enfadada. — ¡¿dónde está tu celular?! — le pregunta.
— No lo sé, creo que lo dejé caer a un inodoro… que importa puedo comprar uno más bonito, amor… ya ven a la cama… — le dice estirándole las manos.
— ¡No! ¡Ahora mismo me dirás porque bebiste así! — le dice acercándose. —¡tú no eres de beber!
— ¿Qué? Yo bebo, me gusta beber, es diferente que no lo haga… porque tú te enfadas, es muy diferente, amor…
— ¿Qué? Entonces me estuviste dando pro mi lado estos años… — dice ella.
— No, se llama… se llama… evitar llegar al juzgado…  es… evitar un careo innecesario… — dice balbuceando y durmiéndose.
—¡No te duermas! — le dice Felipa despertándolo —¡donde estuviste bebiendo! ¡¿Con quién?! — insiste.
Mariano se levanta entonces y responde:
— ¡sabes! ¿Quieres saber? Ok… ok… dice manteniéndose a duras penas a pie — ¡por el maldito tema del bebé que ya me tiene cansado! ¡¿De acuerdo?! ¡Eso es! — le dice Mariano en su cara.
— ¡¿Crees que no me esfuerzo lo suficiente o qué?! — le dice ella quien aún no comprendía lo que Mariano intentaba decirle.
— ¡El problema es justamente ese! ¡Ya no quiero saber más de ese tema del bebé! — Dice algo enfadado y dejándose caer al mueble — Yo nunca seré papá… ¿ya? Listo… ya… yo, nunca…acéptalo, yo, tu…no seremos padres… yo… — entonces pierde el conocimiento.
Para Felipa lo que había sucedido era lo siguiente:
Su esposo comenzaba a perder las esperanzas de ser padre, por lo que comenzaba a deprimirse, eso se reflejaba en que bebiera, algo que él nunca hacía, o aparentemente no gustaba de hacer, esa noche ella sintió que debía quedar embarazada de cualquier modo, puesto que su matrimonio estaba pasando por una crisis, y por su puesto ella se sentía culpable de esta situación y del hecho que Mariano, el buen mariano este buscando formas poco sanas de conllevar la situación.
***Jueves***
A la mañana siguiente al despertar Mariano no recordaba absolutamente nada de lo ocurrido.
Solo sabía que estaba en la sala de su casa y que ayer había bebido mucho, más de lo que tenía planeado, temía haber dicho o hecho alguna estupidez, por lo que inmediatamente al despertar llamó a Felipa
— ¡aquí estoy! — responde ella desde la cocina.
Eran las 11 de la mañana, no habían ido a trabajar.
Mariano casi no podía ni caminar por el dolor de cabeza que tenía.
— ¿a qué hora llegue anoche, mi amor? — le pregunta.
— Llegaste a las 3:15am, Mariano, estabas muy muy mal…— le acerca un vaso de agua — ¿Qué pasó ayer? — pregunta.
— Pues…, — bebe del baso por completo —… la reunión terminó en una pequeña celebración y bueno, no nos medimos, amor discúlpame… — le dice — mi celular…no se dónde… — lo busca pero no lo encuentra —… creo que lo dejé en la oficina.
— Ya no te preocupes, amor — le da un beso —… te daré una pastilla y ve a descansar, yo debo ir a trabajar, quería que despertaras para poder irme tranquila — le dice saliendo de la cocina.
— amor… — la sigue — ¿anoche dije algo malo? ¿Algo…. extraño? O recuerdo nada…
— No, descuida, llegaste, me contaste más o menos lo que había pasado  y te quedaste dormido en el sofá…
— ¿estás muy enfadada? — le pregunta mientras se acerca al sofá y se sienta.
— No, no te preocupes, mientras no se repita muy pronto no hay problemas… si queremos formar una familia el alcohol debe estar al margen… — le dice.
— sí, si… no te preocupes — le dice recostándose en el mueble —… no pasara más, me siento terrible.
— Esta tarde iré a recoger mis análisis, si encontraron algo malo en mí, pues… te llamaré ¿sí? necesitare escuchar tu voz… — le dice.
— Amor, amor… tus resultados saldrán bien, ya veras, confía en mí — le dice, y él sabía que así sería.
— Eso espero, amor.  — le dice sonriéndole  y acercándose a el— y descuida, vamos a ser padres muy pronto  — lo besa.
— Si, amor, no sabes cuánto deseo eso — dice el fingiendo una sonrisa.
Más tarde ese día.
Felipa conversa por teléfono con Irma. Como buenas amigas a través del tiempo se han contado siempre sus problemas, por lo que era evidente que esta conocía toda la situación actual de su amiga y viceversa.
— ¿No crees que estas siendo exagerada? — le dice su amiga, la cual obviamente sentía que Felipa estaba echándose encima una carga innecesaria. Aunque sabía por demás de la personalidad tan obsesiva de su amiga no se rendiría en tratar de aligerarle la carga, — No creo que tu matrimonio esté en crisis solo porque tú no te embarazas, creo que Mariano es un alcohólico…. Que es diferente.
— No, no, amiga…, él no es de beber, es más me dijo que odia el alcohol…, son raras las veces en las que ha tenido que beber, siempre por sus jefes o superiores que si es un alcohólicos. — Responde preocupada — Anoche en su borrachera me dejó claro que el tema del bebé le estaba ocasionando problemas, dolor, dijo que nunca seriamos papás… sentí el dolor en su rostro, amiga, sentí que de verdad estaba cansándose de que no pudiéramos concebir.
— Bueno, yo fui a tu boda, amiga…, sé que alguien que en su boda bebe como el… sabe beber…, pero en fin, no se trata de si él es un borracho o no, se trata de que tu dejes de echarte a culpa, Felipa, ¿recogiste los análisis? — pregunta.
— No, tengo que ir esta tarde, a las 6 pasaré a la clínica.
— podría apostarte que todo en ti está bien, preciosa — le dice. — insisto que ambos debieron hacerse análisis, no solo tu…¿Por qué siempre parece que estas inmolándote? tienes complejo de mártir, Felipa…
— No es eso, simplemente me preocupa mi matrimonio, amiga. No quiero que terminemos divorciándonos por culpa mía… — le responde acercándose a la ventana y mirando a la ciudad. — Mi matrimonio no puede fracasar.
— No tiene por qué terminar, eres una buena esposa, él es un buen esposo… y recuerda que siempre hay alternativas, soluciones… ya deja de obsesionarte, amiga… ¿o hay algo que no va bien en tu relación? — pregunta.
Felipa se negaba a aceptarlo, pero no podía seguir negándoselo a su amiga, ya era claro que el tema del embarazo obedecía también a una situación alterna que desde hacía algún tiempo estaba perturbando la calma de la buena Felipa.
—Si existe algo… — continua Irma –, ¿Qué es, amiga? Porque cada vez suenas más a una mujer desesperada… y a tu edad es ridículo.
—…Quizá si haya algo más… — responde —, pero es difícil aceptarlo, Amiga. — responde.
— Sabes que puedes decírmelo, quizás te sientas mejor…
Felipa se dirige a su asiento y se coloca ahí, luego de un suspiro, responde:
— Desde hace un tiempo para acá pienso que… un bebé le dará a mi relación ese “algo” que le falta… y que nunca supe que es… — responde.
— Eso es otro tema, amiga ¿Por qué nunca me dijiste eso? — pregunta.
— Es difícil aceptar que algo falta en tu matrimonio, tú sabes que siempre quise casarme, sé que en un momento el matrimonio para mí no significó mucho, ya sabes por qué… — insinúa —  pero pues mariano se encargó de que yo recuperara ese espíritu de fe en esta unión…y sentir que falta algo es duro….
— ¿y un bebé solucionaría eso? — le pregunta
— Pues creo que sí, creo que eso que falta para ser una familia completa, él lo quiere, yo lo deseo…, tenemos los medios para darle todo lo que necesite, principalmente amor… y no puedo ser mamá. — dice lamentándose.
— Vaya, amiga…, no sé, ¿no piensas que traer un bebé al mundo cuando sientes que en tu matrimonio algo “falta” es una medida algo desesperada? — pregunta. — es decir si aún no hay solucionado algunas cosas que te evitan ser completamente feliz… quizás debas solucionarlas antes de ser madre, un hijo es una decisión muy importante en la vida, es un hecho trascendental, después del nacimiento de Patricio, por ejemplo, las cosas con mi esposo no mejoraron o empeoraron, es más hubo un periodo en el que simplemente dejé de preocuparme por él y sus estupideces, y es porque un hijo significa todo…, no creo que un matrimonio mejore por un hijo, creo que un matrimonio mejora con el hecho que la pareja pula sus defectos para ser mejores, si es que de verdad quieren mejorar…
Las palabras de Irma habían hecho pensar a Felipa.
Ella era muy feliz con su esposo, desde que comenzaron su relación él se encargó de enamorarla, estar a su lado siempre, le quitó ese miedo a abrirse nuevamente con un hombre, al amor, a la relación seria. Pero algo el Felipa, dentro de ella no había cambiado, no había podido borrarse, y aunque no lo diría jamás, ella en el fondo muy en el fondo aun pensaba en Juan ocasionalmente.
Incluso en un cajón de su oficina, muy al fondo, pero muy al fondo, aun guardaba una foto de ambos, de las últimas que se tomaron, ella no sabía por qué nunca había sido capaz de romperla o de deshacerse de ella, quizás por lo que decía atrás. “Por siempre juntos, pase lo que pase, viviremos eternamente en el corazón del otro”. Algo que ella siempre tuvo presente.
Nunca pudo conversar con él, luego de su separación, no pudo explicarle, no pudo saber que pensaba, se había remitido a ocasionalmente saber de el por las noticias de “sociales” de los periódicos, o cuando en la televisión hablaban de él y sus libros, en los programas culturales, estaba al tanto de su crecimiento como escritor, y le alegraba que este esté cumpliendo sus sueños.
Esta era la causa de ese algo que estaba afectándola desde hace mucho, no había podido olvidar a ese primer hombre de su vida, no había podido sacar su recuerdo completamente de ella, y era algo que le causaba mucho pesar, culpa y la necesidad de solucionar el problema. Como muchas mujeres pensaron que un niño era la salida a la felicidad completa.
Ignoraba que no estaba eso en los planes a futuro de Mariano.
Por su lado Juan no había vuelto a pensar en ella, tenía muchas otras cosas en la cabeza, finalmente, en torno a esa situación, ella había decidido seguir sin él, por lo que no le perturbaba saber si era feliz o no lo era, han sido años de mucho trabajo, pasión, amor y todo lo necesario para ser feliz, sin complicaciones que le causaran esas inestabilidades emocionales.
El problema de Juan era de otra índole, y habían comenzado esta semana que se le hacía muy larga.
Mientras Felipa se preocupaba por quedar embarazada Juan comenzaba a preocuparse por todo lo que su accidental pedida de mano conllevará. Ahora con una relación que se va a hacer más formal y más seria muchas cosas cambiaran, era obvio. Incluso la forma en que veía a Cinthia había cambiado, la jovial y despreocupaba mujer que era había pasado a ser una chica como todas ilusionada con casarse en algún tiempo, pronto pensaría en niños seguramente y este tendría que dejar de ser el relajado hombre que había sido en los últimos tiempos, hombre que le gustaba ser.
Al hablar por teléfono esa mañana con Manuel, quien llamó para saber cómo le había ido a su amigo, se enteró de que la noticia de que se casaría fue publicada por Cinthia, junto con la foto del anillo en su página oficial de internet. Lo que automáticamente hizo que gran parte de su círculo de amigos, entre profesores, catedráticos, escritores y críticos literarios la felicitaran, al igual que a él, Manuel no dijo mucho, se remitió a felicitarlo y a prometerle una inolvidable despedida de solteros, claro que lo dijo con cierto tufillo a burla, puesto que sabía en la que se metía su amigo.
Por su puesto juan  no le mencionó el asunto de la vecina, puesto que era fácil saber lo que pensaría su buen, aunque híper-sexual, amigo. Además no había tenido tiempo de pensar en sexo desde la noche anterior, luego de hacerle el amor a Cinthia, aunque en su mente se lo hacía a la vecinita.
Esa tarde mientras cuidaba a su desagradable cachorro y limpiaba sus porquerías analizaba profundamente su situación, no pudo escribir, no pudo masturbarse, no pudo ni cagar por la situación tan compleja en la que se había metido, no salió del departamento en todo el día para no chocarse con nadie, principalmente con Sandra, solo bebió unas botellas de vodka, fumo algunos cigarros mientras tirado en el suelo mirando al techo con un cachorro le mordía las medias se preguntaba por qué tenía que joderla toda cuando iba tan bien, nuevamente, solo esperaba el viernes para poder viajar y así al menos poder distraerse y no pensar en nada.
Quería sacarse de la cabeza el tema del matrimonio, el tema del perro, el tema de la sensual vecina, el tema de os futuros cambios, solo quería tranquilizarse, dar su conferencia y regresar renovado, quizás con una actitud más positiva en torno a todo, no por el hecho de comprometerse tenía que joderse su vida, pensaba por momentos.
Pero al acercarse a la ventana a tomar un poco de aire su actitud positiva cambiaría al ver en al balcón del piso inferior, tomando el sol de la tarde a Sandra en una diminuta ropa de baño, a su lado una botella de vino en hielo, y un libro que Juan reconoció, el suyo.
La chica parece verlo, pues le mueve la mano saludándolo mientras se acomoda ahí y le sonríe, este la saluda también.
— Hermoso día, ¿verdad vecino? — le dice ella.
— Hermoso… es un hermoso día… — responde este algo perturbado.
— Excelente para tomar un poco de sol, beber un poco y leer… — le dice tomando su libro. — Ya voy a la mitad, estoy fascinada.
— Gracias,… — responde el — me alegra mucho que lo disfrutes…— Juan no pudo aguantar más — Tengo que seguir… trabajando — le dice.
— Ok, vecino, suerte… nos vemos… — le sonríe y le envía un beso.
Esa tarde juan volvió a visitar  el baño algunas veces, luego continúo escribiendo, por su puesto el pequeño perro quedó encerrado en la cocina, a nadie le gusta que lo vean cuando corre al baño pro alguna urgencia, sea esta de cualquier índole.
Mientras Juan canalizaba sus energías sexuales escribiendo, Felipa acudía a la clínica a recoger sus análisis.
Y como era de esperarse la doctora le dijo que orgánicamente ella se encontraba perfectamente bien, incluso estaba en la edad perfecta para ser madre, no encontraba alguna razón médica para que ella no pueda concebir un hijo. Lo que dejaba muy perpleja a Felipa quien esperaba, quizás, que le dieran una respuesta que explicara su situación.
La doctora le sugiere que su esposo vuelva a hacerse un análisis de fertilidad, puesto que ella estaba en buen estado, esto confundió más a Felipa que comenzaba a pensar que quizás Mariano no le había sido del todo sincero.
Esa noche en la cama, ella conversa con él acerca de sus resultados.
— Te dije que todo estaría bien, amor, te preocupas demasiado, eso debe de ser… — le dice Mariano al leer sus resultados.
Felipa debía encontrar la forma de insinuarle que se hiciera un nuevo conteo de espermas, peor comprendía que quizás él podría sentirse ofendido por la proposición que atentaba contra su virilidad. Pero tenía que lograr que él se hiciera ese análisis.
— Si, tenías razón, y bueno… la doctora sugirió que quizás tu podrías también hacerte un análisis nuevo… para saber si tus espermatozoides están bien… — le dice con cautela y algo de angustia.
La respuesta de Mariano no es la que ella espera, en vez de enfadarse, o sentirte ofendido se remite a un simple:
— Ok, amor, mañana mismo iré a una clínica y me la hare — responde.
Esto anima a Felipa, quien de verdad esperaba que su esposo se sintiera ofendido y que le diría que no, pero su actitud la relajó muchísimo.
Era obvio que después de lo ocurrido anoche este trataría de darle gusto, aunque obviamente para él no era, ni sería difícil, conseguir unos papeles falsos de alguna clínica, lo que era su plan.
Entonces una llamada telefónica obliga a Felipa a salir de la comodidad de su cama, Se trataba de su hermana menor, Sonia. ¿Por qué la llamaba tan tarde? Se preguntó.
Ellas habían tenido una buena comunicación en estos últimos años, se llamaban constantemente para saludarse y saber de sus vidas, saber de cosas de la familia, cave resaltar que no se han visto en personas desde el matrimonio de Felipa puesto que donde vivía Felipa ahora estaba demasiado lejos de donde vivía su padre y su nueva familia.
— El sábado es cumpleaños de papá — le dice, Felipa lo había olvidado por completo, por lo que hace un gesto de “mierda, me había olvidado” pero sin decir nada —, cumple 60, así que le hemos organizado una cena familiar, ya le avisé a Francesca, vendrá con los gemelos y su esposo, ¿crees que puedas venir el sábado hermana? A papá le dará gusto ver a la familia reunida, ha estado algo deprimido por su edad. —le dice.
— Claro, claro… te entiendo, descuida — dice, — claro que iremos, mañana mismo salimos en la tarde, así en la noche estaremos llegando y podemos pasar el sábado con ustedes… — dice mirando a Mariano quien con la cabeza le preguntaba quién era —…
— Ok, Felipa, te esperamos, no nos falles, hermana, te quiero, nos vemos, saludos a mariano — le dice y corta.
— Ok, nos vemos, — corta también.
— ¿Qué pasa? — Pregunta Mariano en la cama— ¿A dónde iremos mañana? — pregunta.
— Me llamó mi hermana Sonia, mañana es cumpleaños de papá — dice acostándose al lado de su esposo — nos ha invitado a una cena que le harán, quiere que todos estemos reunidos. ¿Cómo se me pudo olvidar el cumpleaños de papá? — se pregunta.
— Bueno, has estado muy ocupada esta semana, amor — le dice abarzandola — pero… hay un problema. — le dice.
— ¿Qué sucede? — dice ella mirándolo confundida.
— Mañana tengo que ir al juzgado, amor — le explica — te lo había comentado, mañana es 21, el caso de Rivera contra Menéndez.
— Es verdad… lo había olvidado, Mariano. — Dice con un gesto de inconformidad —… creo que tendré que viajar sola, amor. No puedo faltar, no veo a papá desde la boda, hace 3 años.
— Lo sé, hagamos esto, yo mañana temprano iré a la clínica a hacerme ese análisis que deseas, luego en la tarde, a la 12 exactamente  iré a juicio, al menos terminaremos a las… 7 u 8, es un caso complicado, tu sabes estoy en él hace más de 5 meses…, y bueno, mañana en la mañana tomo el tren a Catatao y te doy el alcance ahí, amor, son como… 6 horas desde aquí, si todo el tren a las 7 al medio día estaría llegando a la estación, puedes esperarme ahí.
— Ok, amor, no te preocupes — le sonríe — yo mañana salgo en la tarde, a eso de las 2, para llegar a las 8 al menos. — Lo besa — Ya nos regresamos juntos, — se acurruca a él.
***Viernes***
Esa mañana juan desayunaba con Cinthia, quien estaba lista para salir a trabajar, mientras conversaban de su viaje. Puesto que Juan también viajaría ese día a Malanera, y tenían que ponerse de acuerdo en algunas cosas, como por ejemplo dejar a Solomon.
Comedor principal al lado de la sala.
— Ya hablé con Sandra anoche al regresa, — dice Cinthia. — se ofreció a cuidarlo mientras no estaré, amor, ya el sábado yo me encargaré de el — dice bebiendo de su jugo de naranja.
— Si, me parece bien… se lo voy a dejar antes de irme, — dice mientras bebe algo de café. —… mi tren sale a las 10:00am aún tengo unas 4 horas para alistarme… pero me siento agotado…
— Claro, si anche fueron como 6 veces… — le dice sonriéndole picarescamente — Ahora sé que era la tensión de la pedida de mano lo que te tenía estresado, amor… volviste a ser el amante de siempre… y es más, te noto más… no sé, como más impulsivo, más rudo… eso me gusta. — sonríe.
Juan sonríe algo avergonzado, tratando de dibujar una sonrisa.
Sabía a qué se debía ese repentino regreso a las canchas de la pasión de esa forma tan efusiva.
— Bueno — continuó ella —, sabes que me gustaría poder ir contigo. Sabes que amo viajar en tren, lo amo…es tan inspirado… — hace un gesto de tristeza por la situación.
— Lo sé, amor, pero tienes trabajo, además el domingo estoy regresando, amor. Y bueno, aprovechare para relajarme un poco, tomar aire…, pensar en nosotros, en planear algunas cosas, acomodar otras en mi cabeza… — le sonríe.
— Lo sé. Justo ahora que más quiero estar a tu lado — le toma de las manos — Te amo, juan… no sabes que feliz me haces… — le dice con esa expresión de enamoramiento característica de toda mujer que confía y coloca en un altar a su pareja.
— Y yo te amo a ti, preciosa —le acaricia las manos — cuando regrese nos pondremos de acuerdo en las fechas y todo, amor. ¿De acuerdo? — le dice sonriendo.
— Si, amor, — dice emocionada — tengo muchas ideas en mente… ¿Qué opinas de casarte en la playa? — le pregunta.
— No estaría mal, si quieres una boda en la playa en la playa será…
— No, mejor en los jardines de la catedral, es perfecto tan poético…
— NO es mala opción… — dice el sonriendo también.
Juan solo la escuchaba soltar y soltar alternativas de boda, la verdad o le importaba mucho donde se casaría, solo esperaba poder en ese viaje recuperar su tranquilidad, poder pensar alejado de todo y acomodar sus ideas, finalmente para él, no había anda más relajante que un largo viaje en tren.
Para su suerte, en este país imaginario, en algún lugar de Latinoamérica lleno de grandes ciudades, como montañas, valles, bosques playas y diversos parajes hermosos, la mejor forma de movilizarse entre ciudades o pueblos era el viejo y cómodo tren, que conectaba la gran mayoría de ciudades o regiones.
Antes de salir del edificio, luego de despedirse algunas horas antes de Cinthia, prometiéndole llamarla al llegar a la universidad, deja el pequeño perro con la vecina.
— Prometo cuidarlo muy bien — le dice sonriendo y jugando con el pequeño pastor alemán que parecía haberse encariñado con la voluptuosa muchacha. — Me encantan los cachorros… son tan lindos.
— Solo será hasta la noche, Cinthia llega a las… 9:00pm, pasara a por el — dice Juan quien ya estaba preparado para marcharse. — Bueno,  nos estamos viendo, Sandra…
— Espera… — le dice yendo tras él y defendiéndolo.
Sin previo aviso se acerca y le da un beso, demasiado cerca a los labios que prácticamente pudo sentir la mitad de su boca en la suya.
Juan se quedó pasmado, en shock, no sabía qué hacer.
— Mucha suerte en tu conferencia… — le dice ella sonriéndole y mirándolo a los ojos. — Ve con cuidado, te estaremos esperando — le dice moviéndole la patita al perro en señal de despedida.
— Claro… — dice algo nervioso —… Nos veremos, Sandra, — dice dando unos pasos hacia atrás, jalando su maleta — nos veremos…
Sandra ingres a su apartamento, Juan se va muy pensativo, mientas avanza pro el corredor suelta una pequeña sonrisa mientras movía la cabeza negativamente mientras se tocaba la parte de sus labios tocados por los de ella, como si lo que pasara simplemente fuera algo sin importancia para él.
Por otro lado.
Oficina de mariano.
Su amigo ingresa a su oficina con unos papeles, entre ellos un sombre que le había encargado.
— ¿me conseguiste lo que necesitaba, amigo? — pregunta Mariano interesado.
— Por supuesto, — responde el abogado y colega. — No fue difícil… — se sienta frente a él en el escritorio. — Tengo algunos amigos a los cuales he sacado de ciertos problemas legales en sus clínicas… así que fue fácil conseguir algunas firmas — le entrega el sobre. — tus resultados.
Mariano los toma.
— A ver… — revisa el sobre —… nada mal… — sonríe.
— Si, ahí dice que eres más fértil que un Jeque árabe, o  que el mismo Noé… así que con eso creo que tu mujercita estará tranquila y se remitirá a seguir intentando por un tiempo — dice sonriendo.
— Si, ya me tiene aburrido…, ya con esto dejara de joder por un tiempo, con algo de suerte se dará cuenta que es mejor tener paciencia y no insistirá en más tratamientos ridículos… ¿sabes que durante una semana comió solo Apio? Leyó que era beneficioso para quedar en cinta…— sonríe.
— Con algo de suerte, ellas se cansan de intentar, te lo aseguro… — dice poniéndose de pie. — son las 11:00am. Debemos ir alistando todo para ir al juzgado, hoy si o si terminamos este juicio, ya ha tardado mucho, ya me aburrió, así que tratemos de que el juzgado la tenga fácil de decidir…
— Si, no te preocupes, si ese juzgado se toma un mes más para pensar, en serio los denunciaré yo a ellos… —  dice sonriendo y guardando el resultado en su cajón del escritorio.
Felipa por su parte se alistaba para salir, empacó lo necesario para un día  que estaría por allá y se dispuso a salir, entonces  cuando buscaba en su cajón sus tarjetas, se encuentra con algo que no veía hace mucho, que estaba dentro de una cajita de joyas, un anillo que le había regalado Juan hacía ya muchos años.
No pudo ella evitar sonreír al recordar el momento en que el joven Juan, enamorado aun de ella la sorprendio con es anillo, que no era costoso o tan bonito como los que ella tenía en esa caja, pero que sin duda no había sido capaz de deshacerse de él por el valor sentimental.
En el interior del anillo: 23-08-2002 “Te amo, Felipa”.
Hacían casi ya 10 años del momento en que le regaló ese anillo, sin motivo alguno, simplemente apareció un día después del trabajo y se lo dio, junto con unas flores, fue especial el momento para ella puesto que fue algo que de verdad no esperó que hiciera y siempre le han gustad esos lindos detalles, pero más le gustó el hecho de que fuera Juan.
Dejó escapar un suspiro y una sonrisa.
Se probó el anillo, le seguía quedando perfectamente, pero no podía usarlo, puesto que estaba casada y consideraba que no sería propicio, lo guardó entonces y tomó sus tarjetas.
Se dirigió muy pensativo todo el camino a la estación de trenes, no sabía bien el porqué de su estado taciturno y melancólico. Era como si de la nada se hubiera sentido triste, como si algo en ella estuviera incompleto, lo atribuía a tener que viajar sola, al hecho del bebé, o quizás a que ver ese anillo la había hecho sentir lo mucho que aun extrañaba a Juan.
Porque lo extrañaba, a pesar de todo este tiempo, todo lo que había vivido, ella sabía que lo extrañaba, y no había podido ser completamente feliz, aunque lo pareciera, ese vacío que trataba de llenar ahora con un hijo, no era nada más y anda menos que el vacío dejado en ella pro ese escritor enamorado a quien alguna vez le prometió quedarse siempre a su lado.
Debió tirar ese anillo, pensó. Pero de nada hubiera servido.
Compró el boleto de tren, esperó en el andén hasta que llegara, en todo momento con la misma expresión, pensamientos melancólicos, analizando su vida, soñando con ese hijo que desea con tanta fuerza, tratando de suprimir algunas emociones.  Concentrándose en el amor que siente por su esposo perfecto y amoroso, tratando de convencerse de que es feliz, de que todo está bien, que todo estará mejor cuando ese niño llegue a su vida y los una micho más que ahora.
El enorme tren se detiene, el sonido particular de los rieles bajo el alerta a las personas que aborden de una vez.
Felipa coge sus maletas y avanza hasta las puertas que se comienzan a abrir, algunos bajan, otros como ella suben, Asiento 47-B, ventanilla, quería ver el camino, pensar, relajarse, algo que era hermoso de viajar en tren era que podías disfrutar de una hermosa vista natural por los lados, la naturaleza, te daba una especie de paz interior, la sensación de pertenecer a una época diferente, de viajar en el tiempo, al igual que Juan, ella disfrutaba mucho de un viaje en tren.
Recordaba que en sus vacaciones de año nuevo, viajaban en tren a Piterlan, una provincia  al norte donde el invierno es blanco, 4 días de viaje en un hermoso Tren Hotel que les daba un recorrido que ambos amaban hacer, observando los prados, verdes montañas, los ríos, túneles y puentes sobre lagos enormes que te daban la sensación de estar volando, tenían un compartimiento para ambos con todas las comodidades necesarias que suelen ofrecer esos trenes.
Siendo Felipa una mujer con gustos rústicos un viaje en tren era lo más romántico que podía vivir en lo que es viajar, y Juan un escritor soñador se inspiraba mucho en estos recorridos, no era difícil encontrar en sus libros un tren o un viaje en este trasporte.
Al subir al tren, Felipa dejar su maleta en los porta equipajes de la parte superior del vagón, se coloca en su asiento entonces, deja reposar su cabeza contra el ventanal, mientras observa a través de este el cielo azul de la tarde, un día de Julio donde el sol despejado deja ver el cielo azul y una que otra nueve asomándose y deshaciéndose como algodones.
En su corazón melancolía, en su mirada el reflejo del cielo y tras ese reflejo un recuerdo, en su realidad una angustia y exactamente 3 asientos detrás de ella se encontraba juan, concentrado en escribir, no se percató que en lo que sería la primera de 3 paradas del Tren había subido la mujer que compartió con él 11 años de su vida y no ha visto en 5 años.
***Continuara ***
Franck, palacios Grimaldo
16, de abril de 2014
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