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 Crónicas de un divorcio anunciada: Acepto (parte 2)

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franckpalaciosgrimaldo
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Crónicas de un divorcio anunciada: Acepto (parte 2) Empty
MensajeTema: Crónicas de un divorcio anunciada: Acepto (parte 2)   Crónicas de un divorcio anunciada: Acepto (parte 2) Icon_minitimeVie Ene 25, 2019 9:24 am

***Miércoles***
Felipa llega de regreso a Catalina esa mañana cerca de las 10 de la mañana, entonces su celular suena.
Se trataba de Mariano, el abogado.
— ¿hola? — responde está caminando por el andén del tren.
— hola, soy yo, mariano. ¿Cómo estás? — le pregunta.
— Bien, regresando de casa de papá, ya firmó los documentos… ¿Cuándo puedo llevártelos? — pregunta.
— Vaya, no imagine que sería tan pronto, no llame para eso… — le dice.
— ¿entonces? — dice subiendo las escaleras rumbo al piso superior de la estación. —¿ocurre algo?
— No, no… nada malo, es solo que te quería invitar a desayunar…
— ¿desayunar? — dice sonriendo, eran casi las 11:14 de mañana.
— Si, sé que es tarde para desayunar, pero tuve una reunión en la mañana y no pude hacerlo, y bueno… se me ocurrió que quizás estarías dispuesta a acompañarme… ¿sigues en este distrito verdad?
— Sí, estoy en la estación Beatriz… y aún no he desayunado, y la verdad es que muero de hambre… — dice sonriendo.
— Genial, estoy a unos… 15 minutos de ahí, estoy con mi auto, espérame ahí… te llevare a un restaurante que conozco aquí que te volverás loca…
—Ok, ok… no conozco muy bien este lugar así que me queda bien conocer algo nuevo — le dice — te espero.
Fue extraño que el la llamara pensó Felipa, pero a la vez le dio gusto, había estado pensando en el en una parte del trayecto en el tren, había algo en ese abogado que le parecía a ella muy atractivo, no sabía que era, y le interesaba muy poco, solo quería desayunar, conversar con él, conocerlo un poco más.
Puntual como un reloj el abogado llegó a por ella y a llevó a un bonito restaurante no muy lejos de ahí, a unos cuantos minutos, era un pequeño lugar clásico en la modernidad de la avenida central, Felipa no sabía si era casualidad o destino, pero ella adoraba el diseño clásico, las decoraciones rusticas en un edificio, era un lugar que desde antes de entrar ya daba la impresión de que dentro se sentiría calor de hogar, algo que ella necesitaba.
Ingresan y son recibidos pos una mecerá sonriente que les da la carta, por suerte servían desayunos aun.
— Este lugar es encantados, — dice Felipa observando los detalles del lugar, las decoraciones, los muebles, el techo que parecía de troncos de madera, las paredes de piedra, la barra, en las paredes las decoración típicas de una cabañita, una chimenea al fondo. Siempre ella deseo tener una casa así, tuvo que conformarse con un departamento con algunos muebles rústicos.
— vengo aquí cuando puedo, no sé, tuve la corazonada que también te gustaría, siempre he sido de apreciar lo rustico, muebles clásicos, si vieras mi apartamento no pensarías que vive ahí un abogado… pensarías que vive un leñador, el color sepia, mostaza me encanta, el rojo gastado en mis muebles…. Ya viste mi oficina.
Era verdad, la oficina de Mariano tenía un elegante decorado rustico, pero por el estado en el que Felipa había ido no había puesto la suficiente atención en esos detalles, ahora lo recordaba.
— Es cierto, vaya… los trabajos más hermosos que hemos hecho han sido los modelos rústicos, es más recibimos un premio a los mejores diseño de interiores por justamente el decorado de una siete para un prestigioso hotel… — le dice emocionada.
— Pues te voy a contratar para remodelar mi departamento, de seguro lo dejas más al estilo que me gusta, solo he comprado algunos muebles y  cambiado los cajones de la cocina y  libreros, estoy segura que harás un excelente trabajo.
— Sin duda, no te preocupes, pero eso sí, tendría que ser a comienzo del otro año, es que como ya va acabando el año tenemos mucho trabajo y estamos como locas, por eso solo pude escaparme por esta semana para estar con mamá y hacer los papeleos necesarios para su divorcio, ella quiere vender la casa también, así que necesito buscar a una buena corredora de bienes raíces que consiga una buena oferta… esta semana no tendré descanso prácticamente. Ayer con las justas y pude almorzar, menos mal cene con papá…
— Por cierto, ¿Cómo te fue con eso? ¿Quieres contarme mientras ordenamos? — le dice sonriendo.
Hacía mucho que no conversaba con alguien mientras desayunaba tranquilamente, era agradable tener una compañía en la mañana, los últimos meses desayunó sola o en la cafetería del edificio, sola, Irma desayunaba en casa con su esposo, y ella tenía que hacerlo sola, excepto esta vez.
— si… — responde sonriendo — si quiero contarte.
Entonces desayunan amenamente, ordenaron mocaccino con sándwiches de atún y mayonesa, mientras ella le contaba el escuchaba atento y asentía, luego le comentaba y reían de la anda o de alguna situación que sale en la conversación, después de mucho tiempo Felipa estaba riendo de corazón sin la culpa de sentir alegría.
Había algo especial en ese hombre frente a Ella, ella lo sentía y él se mostraba muy interesado en esta joven amiga de la infancia, era fácil pensar que ahora que ella estaba dudando de ese amor que profesó por más de 10 años por Juan sería fácil que se diera cuenta de que una posibilidad para ella era comenzar de nuevo, quizás con alguien menos inseguro, que no dude tanto al decidir.
Y no estaba tan alejado de la realidad, cada vez Felipa se daba cuenta de que las relaciones no siempre son como una historia de fantasía de las novelas que leyó de niña, pensaba mientras estaba ahí sentada con el abogado que quizás si juan finalmente no fue ese hombre de su vida, no significaba que no podría tener una oportunidad para ser feliz. Y si su papá se dio cuenta estando casada con su madre que podía enamorarse de otra persona, fue una suerte que ella comenzara a sentir algo repentinamente por alguien más cuando no está formalmente con Juan, quien nunca dejó de ser su enamorado, porque cuando pudo el no quiso.
Lo que no sabía ella era que ahí en el mismos restaurante algunas mezas más al fondo se encontraba Manuel, quien estaba en una cita con un cliente y había visto la forma tan amena con la que Felipa y el abogado conversaban, se reían y cruzaban miraditas extrañas.
Esa noche.
Manuel como buen amigo no se guardaría esa noticia, es más, esperó todo el día hasta regresar a casa y decírselo a Juan. Manuel pensaba que sería eso lo que su amigo necesitaba para por fin sacarse de la cabeza a Felipa y comience a vivir la vida que debió haber vivido siempre y no pudo hacerlo.
Al llegar Manuel esa noche, cerca de las 9:00 Juan se encontraba tratando de escribir algo, pero tenía problemas, no lograba avanzar más allá de unas líneas, borrar y escribir nuevamente, a si se pasaba las horas, ya se había acabado todo el café y los cigarrillos de Manuel.
—Hola… ¿Cómo estás? ¿Avanzaste algo? — le pregunta dejando las llaves sobre el mueble al lado de la puerta.
— No, nada — dice reclinándose en el sofá de la sala donde se encontraba. — Creo que necesito más café…
— No, necesitas sexo… eso necesitas — dice sonriendo y sentándose a su lado.
— que payaso… aunque de verdad comienzo a pensar que si…, ya he intentado de todo, pero no puedo acabar esta escena del demonio… escucha esto: Ella le dijo que no lo amaba, que era solo un instrumento para su venganza, que si sería capaz de aceptar el contrato verbal que tenía en mente serían los días más emocionantes de su vida; sin embargo él la amaba, estaba completamente enamorado, no podría entrar en ese juego sin salir perdiendo el corazón en el camino, solos en la habitación él tenía la última palabra… y ahí me quedó, amigo — le dice sobándose la cabeza.
— vaya, no soy bueno escribiendo, pero… hasta ahí está muy bien… — le dice.
— Creo que he perdido la inspiración, debería borrarlo todo y replantearme esta continuación de la novela, finalmente tengo otras en mente… — dice.
— No seas payaso, llevas mucho trabajando en esa…, y no me engañas, sé que se debe a Felipa, desde que ella te hecho no has podido salir de ese capítulo…, lo comenzaste bien, y te has quedado ahí, en una escena fuerte… de pasión, de amor, de sexo… — se inclina a el — si tu quieres… peudo llamar a unas amiguitas…
— No, claro que no — lo aparta y se pone de pie — no es eso, es solo que… en serio  estoy muy confuso, tengo muchas cosas que hacer, hay mucha expectativa por esta continuación del libro… la primera ha sido un éxito, me faltan 160 copias más en España y seré bestseller, fui best seller aquí, imagina eso… la segunda edición tendrá el sello del más vendido…
— Pues entonces saca toda tu mierda dela cabeza y trabaja… — le guiña el ojo.
— Para ti es fácil, tu no estás pasando lo que paso yo…
— Estas pasando esto por que eres un idiota, mientras tu sufre… ¿quieres saber que ahce Felipa? — le pregunta.
—¿Qué? ¿la vas visto? — dice interesado y mirando a su amigo fijamente.
Se notaba en su expresión la duda, e interés en saber más.
— Si, hoy estuve por  el distrito de Santa Mónica, — no era extraño para Juan saber que cerca de ahí vivía ella cuando era más joven —… firme unos contratos con unos clientes, ya sabes, y en la misma cafetería… la vi, y a diferencia de cierto tarado chillón ella parecía de lo más relajada riéndose de lo lindo con un sujeto muy elegante y bastante atractivo…, en el sentido masculino, claro. — le dice.
En ese momento algo en el corazón del buen Juan se quebró. La idea de que ella de seguro estaba pasando al igual que él un periodo de letargo o de dolor, de espera a que se le iluminara la vida y se diera cuenta de que lo sigue amando y todo regrese a ser como siempre.
Pero ahora se le desarma esa idea que tenía clavada en el corazón, en su día a día. Ella estaba comenzando a seguir adelante, finalmente más allá de conocerse y amarse por 11 años nada los unía ya.
Juan tomó asiento al lado de su amigo.
— Que idiota fui… — dice. — pensé que sinceramente ella recapacitaría…, pero ya veo que no, son 6 meses después de todo, creo que… fue suficiente para que se diera cuenta si 11 años valían la pena, pero… no la culpo — dice. En su rostro la sorpresa pasó a aceptación, comprendía que el tiempo no pasa en vano.
— Tenías que saberlo, amigo, y sabes que no te mentiría… pero… tengo una foto en mi celular por si…
— No, no es necesario… — lo mira y sonríe — Gracias, amigo… todo este tiempo estuve muy equivocado… — se pone de pie— ¿sabes? Vamos a salir… ¿Qué dices? — pregunta.
— Yo siempre listo, ya se acabaron las cervezas, y hace calor a pesar de estar en otoño…— se pone de pie — vamos a celebrar que por fin abriste los ojos, viejo — coloca su brazo alrededor del cuello de su amigo. —¿seguro que estas bien? — pregunta.
— Si, descuida, me costó mucho decidir qué me quería casar, ya me di cuenta que no vale la pena esperar tanto, no esperare tanto esta ves… — le dice a su amigo.
Ambos salen el bar más cercano a emborracharse y a disfrutar de sus vidas, su dinero y libertad.
Esa noche bebieron tanto que a la mañana siguiente Juan no pudo ir ni siquiera a la universidad a dar los exámenes de sus alumnos. Esa noche ambos, él y su mejor amigo se emborracharon hasta perder el conocimiento.
***Jueves***
11:30am.
Juan en el mueble, re saqueado llama por teléfono a la facultad.
— Si, Sofía, yo… presentaré una excusa ante el rector, si tuve un problema y no pude ir, me chocaron el auto… y ya mi abogado  — Manuel en el baño vomitaba lo que habían comido anoche, que al parecer era piza, pollo, chifa y algo de color amarillo  en la meza de centro—… está tramitando los papeles, si… ya, no te preocupes, menos mal te hiciste cargo, si… ok, nos vemos más mañana, gracias… no, no, estoy bien descuida…— corta.
Se dirige al baño a ver a su amigo quien seguía vomitando.
— ¿estás bien? — le pregunta recostadnos en el marco de la puerta.
— No… — responde con arcadas y abrazado a la taza del baño —… me estoy vaciando las entrañas creo que acabo de cagarme encima, viejo… que mierda comimos ayer… ¿Cómo regresamos? — pregunta mientras vomita un poco más.
— No sé, la verdad creo que vinimos en taxi, menos mal no llevamos nuestros autos… prepararé café, amigo… sigue empujando, ya no creo que falte mucho… — le dice y se dirige a la cocina.
El teléfono de juan suena.
Deja la tetera en la hornilla y se dispone a responder.
— Hola… — dice con voz fingiendo estar sobrio aunque la verdad aún seguía bastante mareado.
— Hola, Juan, soy yo Cinthia, ¿Qué pasó? No viniste… te estuve buscando en el receso… ¿estás bien? ¿no has olvidado lo de hoy, ¿verdad? — pregunta.
— No, no te preocupes, estoy bien… solo… tuve un problema con el auto… — el sonido de los vómitos de Manuel se lograban oír por el celular.
— ¿Qué es eso? — pregunta Cinthia. —suena como un animal…
— Es…es Manuel está enfermo…, no te preocupes… — le dice rascándose la cabeza.
— Ok, bueno, yo a las 12 saldré, te espero a las 3:00 en mi apartamento, tu sabes donde es… no me falles — le dice y le manda dos besos por el teléfono — nos vemos, debo regresar al aula.
— Ok, nos veremos más tarde, estudia…
Cortan.
— Me había olvidado de ella… — dice.
— ¡¿era Cinthia?! — pregunta desde el baño Manuel.
— ¡sí! — responde Juan haciendo un gesto de dolor al alzar la voz.
— ¡Iras a verla esta tarde, espero no arrugues! ¡Anoche hablaste mucho de ella… es lo que me acuerdo! — dice Manuel.
— ¡NO recuerdo mucho de ayer…! — dice.
Pero la verdad es que de entre todas las cosas que habían hablado la noche anterior en él bar el tema de Cinthia había estado presente en muchas ocasiones, luego de que hablaran de Felipa, y obviamente de cosas sin sentido, pero si era claro que Juan más aligerado de su carga emocional  estaba dispuesto a vivir nuevas emociones, aventuras, lo que sea que se le venga.
Al menos es lo que había dicho en su borrachera.
Más tarde ese día cuando Manuel finamente dejo de vomitar Juan ya más sobrio se alistó para ir a ver a Cinthia como habían quedado, Manuel por su parte se fue a su trabajo como siempre a la hora que le dio la gana.
Juan condujo todo el camino pensando en que del todo no era una buena idea, pero algo en él deseaba ir, deseaba estar junto con esa chica, sus más básicos instintos de hombre le decían que no había nada de malo, ahora era libre, tenía el derecho de hacer lo que quisiera con quien quisiera.
3:00pm en punto estuvo ahí en el edificio donde vivía Cinthia.
Tocó el botón del intercomunicador.
— Cinthia, soy yo Juan… — dice.
— Ok, te abro enseguida… — responde.
La puerta eléctrica se abre entonces y este puede ingresar.
No era la primera vez que iba al lugar, él la había dejado en su apartamento un par de veces, pero nunca había subido. Esta era la primera vez que se atrevía.
Al legar al 4to piso por las escaleras se dirige al final del corredor, ahí estaba su departamento.
Toca unas veces, se escuchan los pasos descalzos de la Joven acercarse rápidamente.
— ¡voy…! — dice mientras se acerca.
AL abrir la puerta ahí estaba ella, con el cabello aun humedecido, un pequeño polo blanco, casi transparente, un pequeño short rosa que debajo ver sus largas y muy bien formadas piernas.
— Hola…— le da un beso en la mejilla — llegas justo a tiempo, estaba secándome el cabello — le dice sonriendo la joven.
— Sí, he… soy muy puntual — le dice — me conoces — sonríe.
— Pasa, no tengas miedo… — le dice y cierra la puerta — el apartamento no era tan grande, por lo que la sala estaba ahí mismo. — Ahí está la laptop, me he quedado atrapada en un capitulo…— le dice yendo tras el camino a los muebles.
Juan se sienta y acomoda la laptop.
— Mientras vas leyendo… ¿te parece si preparo algo para beber? – le pregunta.
En la mira y le levanta una ceja.
— Sin alcohol, Juan… no te preocupes… — le dice.
— Si, lo agradecería… — dice sonriendo. Era obvio que después de lo de anoche no querría beber en algún tiempo.
Durante unos cuantos minutos Cinthia se tardó en preparar unas bebidas licuadas Juan leyó su novela, notó dos principales características de la novela: 1,  que estaba muy bien redactada, no por algo era de sus mejores alumnas, y 2, el argumento que había escrito tan cargado de erotismo desde las primeras hojas era fascinante por las descripciones tan bien narradas como por el argumento que era interesante, en los cerca de 20 minutos que tardó en leerlo y en ella regresar se dio cuenta que Cinthia tenía un trabajó muy interesante ahí.
— ¿y qué tal? — le pregunta sentándose a su lado y dejando sobre la meza de centro cerca a la laptop un par de vasos grandes de batido — espero te guste la lúcuma…
— sí, si me gusta , gracias… — dice sonriendo — y en tanto a tu novela pues… para la hoja 15 en que voy pues… hay bastantes escenas muy bien escritas de… sexo, y… bueno, todas las escenas están bien respaldadas argumentalmente, pero vaya… que imaginación… ¿cierto? — le dice.
— Claro — lo empuja juguetonamente. — Nunca he hecho nada de lo que cuento ahí, es decir, no soy virgen, ok…, pero pues es solo descripción tú mismo nos enseñaste a hacerlo…
Era verdad, el en su clase había dado algunos tips, pero ella los había utilizado demasiado bien.
— Además pues… siempre me ha gustado ese tema… del erotismo, la pasión… — le dice sonriéndole coqueta mente —… por eso cuando me decidí escribir este género fue mi primera elección… ¿Qué opinas? — le pregunta.
— Bueno, voy a la página 15 de… 30, creo que si me das unos… minutos más podré darte una opinión más concreta. — le dice.
— Perfecto, te escucho… — le dice sonriéndole y bebiendo de su batido.
Juan entonces continua la historia, leyendo en vos alta, con suavidad, respetando puntos, comas, puntos consecutivos, expresiones de sorpresa y de pasión, por momentos era algo incómodo leer escenas de sexo muy bien descritas al lado de ella, la cual escuchaba atentamente ensimismada en Juan quien leía y leía hasta que llegó a la última palabra en el documento.
— Vaya… — dice asintiendo y mirando a Cinthia. — Sin duda… es muy buena, creo que… puedes argumentar más en algunas partes para no hacerla tan… cronológicamente acelerada, — Cinthia asentía mientras terminaba su batido, sentada sobre sus propias piernas, escuchando atenta —  creo que si te dedicas a terminarla… en serio, en serio… podría ser tu pase a el mundo de los escritores publicados…
— ¿Hablas en serio?— dice incrédula.
— Así es — Juan se acerca a su vaso de batido y bebe un sorbo —… sabía que escribías bien, pero me has sorprendido muchísimo… ya quiero saber cómo sigue…
— Tengo algunas ideas, Juan — dice Cinthia dejando su vaso a lado de la laptop — Pero… — se acerca un poco más a el —… voy a necesitar ayuda para… poder organizarlas… — le sonríe y se acerca mucho a su cara —… quizás tu tengas algunas ideas buenas… que me compartirlas, eres un hombre con experiencia… en literatura quiero decir…
Él se aparta lo necesario, de ella, hacía mucho que no tenía a una mujer tan cerca, y aunque estaba muy tentado por esa hermosa joven no consideraba aprovecharse de la situación.
—Bueno, si…, — dice tomando la laptop y colocándosela en el regazo de ella— ¿Qué te parece si ahondas más en los pensamientos del personaje principal? Hasta ahora no has contado el porqué de su actitud… — Le dice sonriéndole.
— Tienes razón, — responde y se acomoda — a ver, intentemos que nos diga que siente…
Comienza entonces a escribir ella, lentamente, con cuidado, describiendo poco a poco los pensamientos de su personaje principal en la novela, pensamientos y sentimientos, deseos, sueños a cumplir, lo hacía de una forma tan fluida que hacía sentir a Juan ridículo por estar truncado en un capitulo.
Se quedaron escribiendo hasta cerca de las 7:00pm.
Entonces ella dijo que era suficiente por ahora, el entonces pensó que era tiempo de irse, pero ella no tenía eso en mente.
— Bueno, creo que debo regresar, me gustó ayudarte — dice poniéndose de pie —… creo que puedes lograr algo fantástico…
Ella lo interrumpe.
— ¿ya te vas? Claro que no, es aún muy pronto… — le dice poniendo se dé pie y colocando la computadora en el mueble.
— Son las 7:00 tu compañera llegara en cualquier momento y no sería oportuno que me encuentre aquí. —dice dirigiéndose a la puerta.
Pero ella se lanza a detenerlo abrazándolo por el frente.
— Juan, ella no vendrá hoy, se quedara con su enamorado…— le dice sin soltar sus manos tras el— ¿… por qué no te quedas? Mañana podemos ir juntos a la universidad… ¿Qué dices? podríamos ver unas películas juntos…, no se…
— Cinthia, por dios… — dice apartándola — ¿Qué crees que haces? — le pregunta.
— Pues ¿no es obvio? Trato de seducirte para llevarte a la cama… — hace un gesto de cólera y se sienta en el sofá — ¿Por qué la haces tan difícil? — le dice consternada — sé que te gusto, es imposible que no sea así, mírame… — le dice y se pone de pie nuevamente, — he visto como me miras, y… tú me gustas muchísimo… yo no quiero casarme contigo, no quiero que seas mi novio, solo quiero que salgamos, nos divirtamos…. Eres un hombre mayor, tienes algo de experiencia, sabes mucho, me encantas — dice acercándose y jugando con el cuello de la camisa de Juan quien solo escuchaba atento. — No seas tan moral, tendré 18, pero ¿y qué? No serias el primero ni el último que lo hace con una mujer 10 años menor…  solo quiero hacerlo con alguien con experiencia, con un hombre real… al menos inteligente, no con un idiota infantil como la ultima ves… que ya fue hace mucho…
— ¿Qué? ¿Escuchas lo que dices, Cinthia? — dice sonriendo y apartándola nuevamente...
— Claro, el que no escucha eres tu…, Juan quiero estar contigo, quédate conmigo esta noche…, hagamos el amor, tengamos sexo loco… — le dice sonriéndole. — sé que quieres… y yo también…— se acerca a él y lo besa de repente.
Lo que fue en un instante un sorpresivo beso, se convierte en pocos segundos un apasionado encuentro de labios y caricias, pero pasado unos segundos más Juan la aparta nuevamente.
Cruza la sala y se coloca detrás de la meza de centro, siendo esta la única separación entre ambos ahí.
— Cinthia… esto está mal…, no voy a dejarme llevar por mis bajos instintos… — le dice.
— ¿Qué quieres planificarlo? No seas ridículo… la vida no es así, pasan cosas y ya, si lo piensas mucho es aburrido… hoy estas vivo, mañana te puedes morir y no disfrutaste de la vida… ¿eso quieres? — da un paso por encima dela meza de centro y se coloca muy cerca al nuevamente — ¿alguna vez has hecho algo así de loco? — le susurra en el oído. — ¿alguna vez has simplemente dejado que todo tu cuerpo piense por ti excepto tu conciencia, tu demasiado preocupada conciencia? — le sonríe.
Ella tenía razón, él nunca había desobedecido normas, siempre había hecho todo calculando los pros y contras, planeando su vida, sus acciones. Se había olvidado de que ya no tenía un verdadero motivo por el cual seguir el plan, ahora estaba por su cuenta, Felipa su principal inspiración se había ido, la había perdido, como había perdido la oportunidad de casarse con ella, ¿por qué? Pues por justamente no aprovechar la oportunidad.
Oportunidad como la que tenía al frente justo en este momento.
¿Cuándo más una jovencita tan hermosa como ella estaría prácticamente poniéndose en bandeja de plata? Él no se hacía más joven, en algunos años tendría 30, pensaba, y hasta ahora, la única mujer con la que había estado había sido Felipa, la tentación ya no era solo una idea en su cabeza ocasionalmente, era una realidad frente a él.
— ¿Qué dices? — repite Cinthia besándolo en los labios, prendiéndose de su labio inferior y jalando de el con los suyos. — Prometo que después te sentirás muchísimo mejor…
Juan no dijo palabra alguna, solo la tomó de la cintura, la beso apasionadamente y la llevó al sofá que estaba libre a un lado.
Lo que la erótica novela de Cinthia describía en sus páginas no fue tan apasionado como lo que ambos hicieron esa noche hasta que no pudieron más.
Más tarde esa noche cerca de las 12:00 juan despierta en el piso del apartamento de Cinthia, ella aun dormía en el mueble cubierta solo por la camisa de este. Se sienta en el mueble paralelo al cual serbia de cama a Cinthia, la observa ahí desnuda, no creía aun lo que habían hecho, solo sonrió y abrió la laptop.
Entonces comenzó a escribir sin detenerse, todo el resto de la madrugada, no se detuvo hasta que el reloj le su muñeca sonó, eran las 5:30 am.
Había en cerca de 6 horas casi acabado su última novela, la inspiración le había regresado, se notaba en su mirada nuevamente esa pasión, ese amor por la escritura, tenía en la sangre ese estimulo que necesitaba; guardó el archivo en un documento nuevo y se lo envió a su correo.
Antes de irse del departamento dejó una nota en la pantalla de la laptop de Cinthia a la cual cubrió con una manta, la nota decía: Tenías razón, me siento fantástico, te veré después.
Al ver ese mensaje al despertar Cinthia sonrió, había conseguido lo que tanto había deseado.
***Viernes***
El resto del día Juan estuvo con un excelente humor, como no había estado en meses, se sentía renovado.  Se podía sentir en su forma de dar las clases, de hablar, incluso de caminar.
El último examen que dio lo regaló, explico todas las preguntas y regaló muchos puntos.
No vio a Cinthia puesto que no fue a clases, lo llamó a las 10 y le dijo que comerán juntos a las 12, que ella lo esperaría en el estacionamiento, el sin problema alguno aceptó.
Su papá lo llama entonces, le dice que no vaya a olvidarse de recoger el anillo que había encargado, con todo lo que le había pasado había olvidado el anillo, pero aún tenía que ir a la joyería más tarde, y era bastante temprano.
Por su parte Felipa había dejado ya  todo el asunto de su madre listo, la casa, así como sus papeles ya estaban en poder de una corredora de bienes raíces que la pondría en venta en una semana.
Se preparaba para regresarse a su apartamento y continuar con su vida. Su madre le dijo también que se mudaría al apartamento que había comprado Claudia, que era más cercano al trabajo de este, su madre le había dicho que cuando salgan los papeles del divorcio no perdería el tiempo y que si todo saldría bien se casaba el año que viene y se iría un año de vacaciones con su nuevo novio a Alaska.
Lo que antes para la buena Felipa hubiera sido una locura a causa de la menopausia, ahora significaba una oportunidad de ser feliz, vivir la vida, aprovechar el simple hecho de respirar y poder hacerlo, no le criticó, lo que su madre esperaba, no se enfadó; todo lo contrario les deseó suerte, y le dijo a Claudio que si lograba hacer feliz a su madre tendría una amiga para siempre, que podían contar con ella para todo.
— A ti te ha corrido algo en estos días… — le dice su madre extrañada.
— ¿Por qué lo dices? — pregunta mientras conversan en la cocina unos minutos mientras el taxi llegaba.
— Bueno, de mis dos hijas eres la más cuadrada, es decir, ¿sabes por qué no te llamé a ti para contarte lo de tu padre y de Claudio primero? — le pregunta.
— No, siempre me lo pregunté… — responde extrañada.
— pues porque tú eres la más escandalosa de mis dos hijas, sabía que si te lo contaba no lo podrías procesar, te hubieras vuelto más loca que yo…, serás mi hija mayor, pero aún no eres capaz de asimilar ciertas situaciones, te has pasado desde el lunes poniéndole mala cara a Claudia quien solo ha sido bueno contigo, se esperaría de una niña de 9 años, pero vamos hija cumplirás 26 pronto…
— Bueno, es que no fue fácil de entender que mi familia se había separado… — responde.
— Lo sé, pero así son las cosas ahora, y aunque suene trillado, tu padre y yo siempre vamos a amarte…  — le sonríe.
— Si, lo sé… — responde sonriendo.
— Por eso me pareció extraño ese repentino cambio de actitud que es evidente… incluso has sonreído mucho ayer ¿te reconciliaste con Juan? — le pregunta.
— No, no con juan… no hay nada creo ya…, es por otra cosa — dice y se le escapa una sonrisa.
— ¿otro chico? — pregunta sonriéndole.
— Se podría decir que si… ¿recuerdas a Mariano? — le pregunta.
— El abogado… — responde Felipa asienta — ah… ya veo, el amiguito de la infancia… si lo recuerdo, ¿no me digas que han vuelto a ser tan unidos como antes? — pregunta.
— No tanto, pero me ha dicho que salgamos el sábado… y no se hace mucho que no me sentía así… — le dice.
— Pues quizás ahora me entiendas… a veces llegan personas a tu vida en momentos en los que no esperas, por eso yo amo tanto a Claudio, igual que ame a tu padre, pero de una manera diferente dado que a tu padre me unen ustedes…, pero puedes haber estado con alguien muchos años y finalmente conoces a alguien por quien sientes algo en un momento que no imaginas… puedo ver en tu mirada y esa sonrisa que en este momento piensas en el… — le dice.
Efectivamente, estos últimos días había estado mucho pensando en el abogado, su voz, sus palabras, sus sonrisa, como la hacía sentir, casi no se había preocupado por Juan, si bien no había sido una constante, puesto que trabajaba mucho para no pensar, pues esa era la forma de cubrir esos recuerdos. Ahora en su mente había algo menos estresante, una nueva oportunidad de abrir sus alas, de ser feliz, al menos de disfrutar de su vida, una vida llena de nuevas oportunidades.
El taxi llega entonces.
Ambas se despiden, Felipa le dice que cuando los papeles del divorcio estén listos, Mariano se comunicaría con ella, su madre le desea lo mejor, le agradece todo y esta parte rumbo a su apartamento.
Más tarde ese mismo día juan almuerza con Cinthia en un restaurante a unas calles de la universidad, aun debía guardar compostura, aunque legalmente ese había sido el último día del ciclo.
— Soy yo o hoy te ves especialmente contento… — le dice ella sonriéndole.
— No, no eres tú o en parte sí, pero me siento contento…— sonríe — creo que hoy en la noche terminaré mi novela…, estoy muy inspirado. — le dice, corregiré los exámenes al llegar y toda la noche escribiré…
— Eso es bueno, también me siento muy inspirada… voy a editar algunas partes de la novela, creo que el personaje de Jennifer puede ser un poco mayor, para abrirle  más alternativas en el mundo imaginario de mi novela — dice.
— Eso es muy inteligente, iba a recomendártelo, pero… pensé que sería inapropiado, que bueno que tú decidiste eso…
— Si, y creo que reduciré algunas escenas de sexo salvaje… las colocaré de una manera más mesurada, así se harán más atractivas que leer a cada instante algo sexual…
— Vaya eso es inteligente…, sé que harás algo fantástico, si la acabas podría enviarla a la editorial que publica mis libros en la ciudad, previa revisión claro… — le dice sonriéndole y con sinceridad.
Fuera del hecho de que esa joven haya seducido a Juan y hayan tenido una noche apasionada esta tenia talento para escribir, quizás en parte algo que le parecía a Juan muy atractivo.
— Nada sería más… lindo — responde ella sonriéndole al profesor.
Ambos se miran y sonríen.
— Te ves muy linda esta mañana, — le dice él.
— Igual tú, — responde — creo que es verdad eso que dicen del sexo.
Ambos ríen.
— Puede ser, puede ser… — responde el con una sonrisa.
— Es eso… o es que comienzo a enamorarme de ti… — le dice sonriéndole.
Era la primera vez que el veía a esa seductora joven sonrojarse.
Juan solo la miró con las cejas levantadas, ay aunque el sabía que era pronto para enamorarse pues no descartaría la idea de darse una nueva oportunidad en su momento y si después de todo el interés de Cinthia no era más que su extraña forma de mostrarle sus sentimientos quizás con el tiempo algo bueno saldría de todo esto. No se negaba más que la joven ahí sentada le había mostrado algo que no había sentido en mucho, y aunque siempre parecía enamorado con Felipa pues ahora sentía nuevamente esa emoción de ver a una chica cerca a la que podría enamorar, pero enamorarla de verdad, no reforzar el amor como hacía con Felipa.
Esa tarde ambos fueron a recoger el anillo de su padre en una joyería dentro del centro comercial Royal City, un enorme centro comercial de casi toda una manzana en donde se encuentra de todo.
Por su puesto Cinthia no se despegó de su brazo todo el camino, aprovecharon para comer un helado, pasear mientras esperaban por la joya ya que habían llegado cerca de 40 minutos antes.
Entre jugueteos, abrazos y uno que otro beso que Cinthia le robaba muy alegre de que Juan no se mostrara más reacio a sus muestras de afecto. Lo que no sabía Juan era que ahí en ese mismo centro comercial se encontraba Irma con su esposo, habían ido a hacer algunas compras en la sección de maternidad, y justo lo ve en situaciones muy cariñosas con la joven.
No sabía ella que llamó más su atención, si el hecho de que Juan había comenzado a salir con alguien más, como parecía evidente, o que esta se viera como una de sus alumnas, lo que ignoraba Irma es que así era.
Y aunque Juan no aparentaba sus 28 años, pues su particular forma de vestir bastante formal lo hacía tener un porte más adulto, todo lo contrario de Cinthia.
Sin duda esto lo sabría Felipa a pensar se encontrara con Irma.
Finalmente Juan recogió el anillo, se lo haría llegar mañana mismo cuando vaya a casa del viejo a arreglarse para la reunión.
Dejó a Cinthia en su apartamento en donde ya estaba su amiga de regreso, esta los miró con una sonrisa pícara, imaginaba lo que había pasado entre ellos, pero no hizo mayor comentario al respecto, ya hablaría con Cinthia. Juan se despidió  y partió  para su apartamento, ya devolverían a ver, finalmente desde el lunes comenzaban formalmente las vacaciones de ambos y tendrían más tiempo para estar juntos como ella deseaba y el no encontraba inconveniente algo para eso.
Su hermana lo llamó y le dio las indicaciones para mañana, debía estar en casa de su padre temprano para que se arreglaran y salieran juntos.
Todo estaba saliendo bien, su madre había aceptado ir con su padre, quien la recogería a las 7:00 y la llevaría al restaurante
Nada podría salirle  mal a Mario, había planeado todo a la perfección, Esther pensaba en una cena con su ex esposo y luego ir a pasear por ahí, ignoraba que esa noche le pedirían su mano en matrimonio como siempre había soñado.
***Sábado***
Temprano en la mañana Felipa llega al trabajo, Irma ya estaba ahí.
Felipa le cuenta todo lo que ha pasado en la semana, sobre su nueva hermana el nuevo novio de su mamá, la venta de la que fue su hermosa casa de la infancia, lo que llamó la atención de Irma fue la actitud nueva de su compañera de trabajo, era evidente, principalmente al hablar de Mariano.
Irma estuvo tan contenta de que su amiga hubiera regresado así de animada que no le pareció pertinente comentarle lo de Juan, finalmente no era algo importante pensaba.
Así que siguió escuchando a su amiga a la cual después de mucho veía animada, le contó de su cita de esta noche por la cual estaba muy emocionada.
Por su parte Juan había terminado su novela.
— ¡Listo! — dice riendo y pegando un brinco.
— ¡felicidades! — Le dice Manuel dándole un abrazo — ¡te lo dije, solo necesitabas descargar tanta tensión, viejo!  — Ríe.
— Pues quizás tengas razón, pero Mi inspiración regresó… — dice sonriente — Ya acabé, por fin después de tanto tiempo… y tengo muchas historias en la cabeza… — dice emocionado. — mañana mismo voy a comenzar a escribir una nueva novela…
— Espera, primero revisas está perfectamente, luego la registraremos y la enviaremos… no te aceleres… el que hace los papeleos soy yo…  — le dice sentándose nuevamente. — Me alegra que hayas recuperado ese tú de antes, así haremos más dinero, saldrás más, y podré traer mujeres aquí… Amigo los hoteles cuestan… menos mal tu chica tiene apartamento… — le dice sonriéndole.
Juan ríe también.
— Pues sí, saldré más, ella es joven le gusta divertirse, y pues hay tantas cosas que no he podido hacer en tanto tiempo…, creo que con Cinthia podré explorar algunas áreas de mi vida que no pensé conocer nunca…
— Cualquier cosa que te haga sentir liberado, amigo — le dice dándole una palmada en el hombro. — Solo no te enamores y comiences a joderla...
Le dice guiñándole el ojo.
Pero Juan no pensaba en lo que pasaría después, se había dispuesto a simplemente disfrutar de la vida, esa vida que uno nunca sabe cuándo a va a irse de nuestras manos.
Había amado con todo su corazón a Felipa, pero lo había arruinado, ahora no cometería más errores, no pensaría tanto las cocas, algo que aprendió en estos días es que cuando piensas mucho las cosas eventualmente estas se van, es como esperar el tren, y pensar si subir con el pie derecho o el pie izquierdo, si te tomas mucho para pensarlo, este se va.
Fue lo que sucedió con Felipa, y él había aprendido su lección, no quería volver a sentirse así jamás, o arruinar las cosas.
Esa noche todo estuvo listo, el restaurante, los músicos, su traje, el anillo, su hermana, a las 7:00pm el y su hermana estaban ahí, elegantes, esperando a sus padres que llegarían en cualquier momento, Marina estaba ansiosa, emocionada, Juan tenía algo de sueño, no había dormido en toda la noche y en toda la mañana no pudo hacerlo, pero también estaba contento de cenar con su familia nuevamente.
Por otro lado, en el departamento de Felipa esta se alistaba para su cita con Mariano, se había vestido elegantemente, su amiga Irma la había ayudado a maquillarse, elegir los zapatos, como cuando eran unas jovencitas listas para la ceremonia de graduación, se le notaba muy animada, hacía mucho que no se preocupaba por estar hermosa para salir.
Si bien cuando estaba con juan salían muchas veces a cenar, no era como en el comienzo que ella debía prepararse por horas para estar perfecta.
A las 7:30 en punto Mariano llegó a su edificio.
Irma le abrió la puerta y luego de saludarlo sonriente lo guido a la sala para que espere a su amiga. Unos minutos más tarde ella aparece, muy hermosa, tan hermosa que Mariano quedó impactado, sin palabras.
— Vaya… estas… — es solo lo que pudo decir, simplemente sin palabras. Nunca había visto a Felipa así de elegante y hermosa.
— Bueno, chicos… — dice Irma llevando de la mano a Felipa hasta Mariano. —… Yo cuidare tu apartamento hasta que venga mi esposo a recogerme, no te preocupes de nada, solo diviértanse… — les dice.
— Claro, la vamos a pasar muy bien — dice el abogado — te voy a llevar a un restaurante que conozco muy bonito, — le dice tomándole la mano y dándole un beso en ella —… Te ves hermosa.
— Gracias, tú estas muy guapo… — le responde sonriendo, perdida en la mirada enamorada de Mariano.
Por otra parte Mario llega al restaurante con Esther.
AL verla ingresar sus hijos no pueden evitar sentir una emoción increíble, al ver a sus padres juntos, tan elegantes, su madre hermosa, con el vestido que Marina le había comprado, los zapatos que Juan le obsequió, el collar y los aretes que Mario le había enviado, como parte de la sorpresa.
Mario de traje, como nunca, se había afeitado y cortado el cabello, estaba decidido a dar la mejor impresión aunque era algo ridículo si pensamos que se conocen de siempre, pero era su fantasía, verse lo mejor posible para esa mujer que amaba.
El rostro de Esther cambia al ver a sus hijos ahí, ella no esperaba verlos, pensaba que cenaría a solas con Mario, por lo que los abrazó y los besó efusivamente, estaba emocionada de verlos.
Ambos hijos la saludaron por su cumpleaños, le dijeron lo mucho que la amaban y lo feliz que estaban de compartir una cena especial con ellos.
Luego de un pequeño brindis y del saludo correspondiente de los mozos del lugar, como era costumbre cuando era cumpleaños de alguien ahí, les sirvieron la cena especial, el rostro de felicidad y emoción de Esther era evidente, estaba muy feliz de estar ahí y pasar su día con su amaba familia.
Por otra parte la cena de Felipa y Mariano estaba saliendo de lo más divertida, bromeaban,  conversaban, incluso jugaban al coqueteo e insinuaciones románticas, ya era más que obvio que se gustaban y solo estaban jugando a ver cuál de los dos daba primero su brazo a torcer, esa noche luego de cenar, beber unas copas de vino lo que siguió a esa noche tan divertida fue un tierno beso que Mariano se atrevió a darle a Felipa, beso que ella correspondió a la luz de la luna.
Beso que marcó el comienzo de lo que para Felipa sería el comienzo de algo nuevo en su vida, algo especial, algo que nunca había pensado tener con un hombre que no fuera Juan, esa noche luego de que ambos se besaron comenzó algo, pero por otro lado, Las cosas no saldrían muy bien para Juan.
Mientras Felipa paseaba con Mariano por la plaza de la ciudad, de la mano, el padre de Juan sufría un fulminante paro cardiaco Justo en el momento en que le propina a Esther, acompañado de su canción favorita que sea su esposa nuevamente.
No se explicaba el por qué, solo que en ese momento su corazón se detuvo, no pudo si quiere escuchar la respuesta de su amada Esther. Mario simplemente calló desplomado al sueño del restaurante  entre gritos, llanto y desesperación, —¡¡Papá!! — Gritó Juan tratando de despertarlo — ¡¡llamen a una ambulancia!! — gritaba en el suelo rodeado de la gente que observaba, Marina abrazaba a su madre tratando de consolarla, estaba en shock, solo repetía “si, acepto” mientras lloraba desconsolada en los brazos de su hija, quien observaba con mirada de terror  y lágrimas en los ojos como su hermano trataba de despertar a su padre desesperadamente, el cual ya no despertaría.
***Continuara***
Franck, palacios Grimaldo
12 de abril del 2014.
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