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 EL VAGABUNDO AMANTE Y LA DAMA DE LA NOCHE (CAPITULO & )

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RosanaVera
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MensajeTema: EL VAGABUNDO AMANTE Y LA DAMA DE LA NOCHE (CAPITULO & )   Lun Ago 15, 2011 12:55 am

Con suave paso, dejando invisibles huellas en la oscura habitación, me deslice como si fuera una sombra más. Algo metálico sonó a mis espaldas y me volví para averiguar con que había tropezado torpemente, sea lo que fuese debía haberlo visto, porque en el cuarto entraba un plateado brazo de luna. Pero imprudentemente mis sentidos estaban puestos en ella… Era el telescopio el que se encontró con mi espalda, “era como una chiquilla” pensé sonriendo, mi chiquilla. Mía… Me acerque a la cama y con trémulas manos acaricie sus mejillas, acto seguido frote sus hermosos ojos cerrados con suavidad mientras mis labios mudamente sentenciaba unas antiguas y legendarias palabras, y sus ojos se sellaron en su sueño. La destape de un tirón arrojando su sabana al suelo, la dama estaba durmiendo con un simple camisón y unas finísimas bragas, todo blanco como la pureza de su alma dormida, en contraste con su cuerpo que usaba el negro provocador y deseado en sus espectáculos nocturnos. Sin pensarlo la tome en mis brazos y me dirigí hacia su balcón abierto.



Que extraño es todo esto, seguro Viccensa, no cerró la puerta al salir, pero, qué día es hoy no recuerdo, mi casa está muy cambiada estos muebles no, no y estas fotos quienes son estas personas, abriré las ventanas... ¡Mi Dios, qué es esto!
Corrí hacia el jardín de mi casa, estaba más lleno de flores que de costumbre, habían muchas que jamás en mi vida había visto, hermosas las quise cortar y una sangró, mi mano se manchó de sangre la flor era blanca como la luna llena y la sangre que salía de su corteza era roja carmesí, la solté y seguí corriendo, mis pies no parecían tocar el suelo, me sentí flotar era como andar en nubes de algodón, suaves vaporosas...


De pronto choqué con algo parecía ser una pared de vidrio, pues no la vi, sólo la sentí menos mal que ya no corría si no ¡Uy!, vaya golpe que me habría dado. Traté de encontrar una salida hasta que sentí un ruido en medio de otras flores que eran más altas que yo, ahí estaba, era él, el vagabundo, aunque extrañamente no tenía rostro, yo sabía que era él. Se me acercó y no sentí miedo sus ojos se encendieron como dos faroles luminosos me sentí como hipnotizada, más yo sabía lo que hacía, me acerqué lentamente hacia él, estaba cansada y muy agitada, me arrojé a sus pies, y comencé a besarlos como si tuviese hambre de él, no sentí pudor al dejar mis manos subir por sus muslos, los sentí fuertes, musculosos, mientras él sólo me miraba y tocaba mi cabeza. Seguí explorando con mis manos lentamente me puse de rodillas y mi boca buscó su sexo, él se estremeció, cogió mi cabello salvajemente, me puse de pié y él me comenzó a besar casi comiendo mi boca, me gustaba respondí a sus besos de la misma forma, me sentí excitada, abrí mis ojos y estaba mojada entera de la cabeza hasta los pies, estaba boca abajo miré y vi un pequeño sapo de lago, y le dije:

_No me digas que eres el príncipe y que debo besarte para que te conviertas en humano, ji, ji, cerré mis ojos incrédula pensando, debe ser otro de mis locos sueños, respiraré hondo despacio abriré mis ojos y...




Cuando llegamos a la ribera del río la deposite delicadamente sobre su lecho de frondosa hierba y la contemple un incontable rato, parecía yo el hechizado y no ella, tan hermosa estaba, tan bella… Luego salido de mi estupor la despoje de su camisón descubriendo a la noche y a mi señora Luna, que estaba llena, la esplendidez de sus impolutos y bien formados senos con sus rosados y puntiagudos pezones, siempre desafiantes y firmes. Las bragas se la quite muy despacio entre unos dedos que temblaban entre sus muslos de deseo, descubriendo todo el esplendor y el embrujo de su sexo. Una vez desnudada completamente me desnude yo sin dejar de mirarla y la cubrir con el calor de mi cuerpo, la bese en un tiempo entroncado y ausente, la acaricie cada poro de su piel que respondía a mi tacto erizándose en una desconocida, pero, a la vez anhelada locura. Nuestros cuerpos se revolcaron entre el suelo obedeciendo al lenguaje puro y eterno de la pasión. Me senté sobre su vientre y extendiendo las palmas de mis manos a la luna se me llenaron prontamente de su luz, y así con mis manos resplandecientes de luna cubrí su rostro… seguía en su sueño pero sintió mi caricia y se estremeció en todo su cuerpo como una gacela, yo excitado como ella abrí sus labios introduciendo un dedo en su boca que al instante se encendió en un resplandor nacarado que se derramo dentro de ella como un éxtasis profundo y fuera de los sentidos terrenales, me acerque a su boca que parecía parte de la luna y besé sus luminosidad tragándome no solo su luz sino parte del alma de ella, y en ese momento con mis labios aun pegados a su boca húmeda y con sabor a su saliva rece en mi milenaria lengua una oración de unión y vida. Después me desenrosque dulcemente, pero, con gran dolor para mi alma, de sus muslos que me ataba a su cuerpo, no podíamos terminar la entrega, aun no… Finalmente vende sus ojos en un pañuelo de seda al tiempo que susurraba en su oído “que esta venda te ayude a mirarte por dentro” y posando mis dedos en sus ojos vendados pronuncie las palabras para desbloquear su sueño y sin irme me escondí entre las sombras cercanas de la noche, sin dejar de ver a mi dama completamente desnuda entre la hierba, con sus ojos vendados, ligeramente excitada por mi ser…



¡Por el cielo y los ángeles, qué es esto! ¿Eres un sapo real? ¿No desperté en otro sueño? debo estar loca...

Volví a cerrar y abrir mis ojos pensando que estaría en mi cuarto algo pasó, la flor de la luna estaba en mis manos sangrando y me hablaba en una lengua extraña, sentí que me desmayaba… Y al despertar de nuevo tenía una pesadez en mis ojos, era una venda me la quité al instante me puse de pié como un resorte, y me vi totalmente desnuda, mojada y muy excitada, deseosa, en un lugar extraño, pero, conocido por mí, como si antes había estado allí, pudorosamente me puse en cuclillas tratando de taparme, como si presintiera unos ojos observándome, extrañamente como en mi sueño o pesadilla o que se yo, habían muchos sapos a mis pies, pequeños, saltones, me reí pensando que pasaría si fueran príncipes y tuviese que besarlos uno por uno, sonreí, tal vez un poco para evadir esa sensación de no saber porqué estaba en ese sitio y si aún era parte de un sueño, hasta que otro ruido sentí, eran unos pasos que me parecían conocidos y una silenciosa voz que venía de los matorrales me decía...






_ ¡Al río, tírate al río! Nos descubrieron mi dama, no temas al agua estas bajo la protección de mi señora ¡sálvate por Dios!


_Pero… ¿Qué pasa? Qué hace aquí, quién nos vio, no se acerque, estoy sin ropa aléjese de mi, debe ser otro de sus trucos, ¿hasta dónde va a llegar?, aléjese o gritaré si no lo hace…

Los hombres armados se acercaban más hacía nosotros, no sé cómo reaccionó ella ante mi advertencia, tenía que actuar y rápido. Si ellos llevaban la ventaja de las metralletas yo tenía un arma mejor, la noche. Como criatura de ella la noche me ayudaría en la lucha y eso esperaba, fuera como fuese agarre un tronco muy oportuno del suelo y apareciéndome detrás del primer hombre que iba en cabeza adelantado a su grupo, descargue con toda mis fuerzas mi primitiva arma sobre el espinazo de él que sonó seco, partido en dos haciendo caer el cuerpo como plomo e inerte al suelo pero sin evitar que con un último impulso aquel miserable disparara su arma al vacío, me escurrí como sabía hacerlo entre la oscuridad porque en ese momento la luna para protegerme dejó de iluminar; mientras oía como rápidamente acudían los otros alentados por los disparos. Mire desesperado hacia la orilla del río donde estaba la dama y no la vi, había desaparecido “se habrá tirado al río como le dije” pensé mientras ataque al segundo hombre partiéndole de un golpe las piernas, el desgraciado ni me había sentido salir agachado entre follaje, el resto andaba cerca, demasiado cerca y mi única salida fue salir corriendo como una fiera. Al llegar al río me lance de cabeza al tiempo que sonaban unas metralletas escupiendo sus balas, una de ellas me desgarró la carne en mi espalda y caí yerto sobre las aguas que me cubrieron rápidamente dejando en la superficie una mancha roja…

Rosana Vera Vidal y Miguel Ángel Muñoz

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Código: 1108159865125
Fecha 15-ago-2011 3:21 UTC


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