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 ENTRE EL DEBER Y LA VIDA

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Sagid
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MensajeTema: ENTRE EL DEBER Y LA VIDA    Dom Jul 26, 2015 4:56 pm

Ramón Chávez Contreras, ¿Dónde había escuchado yo ese nombre antes? Ramón Chávez Contreras... No lograba ubicarlo pero estaba seguro de haberlo escuchado...

Tenía escasos minutos de haber descendido del avión en el aeropuerto de St Louis Missouri cuando vi al padre Dylan Schrader acudir a mi encuentro, él era el párroco en la comunidad de Jefferson City y le había avisado que estaría unos días de visita, mis padres eran feligreses suyos, yo hubiera querido hospedarme en casa de mis padres, pero el padre Dylan me dijo que debido a la falta de sacerdotes latinos, seria muy bueno aprovechar mi visita para hospedarme en la casa parroquial y planear algunos eventos con la comunidad para que la gente se acercara mas, -siempre es grato encontrar quien hable tu propio idioma, -me dijo.

El trayecto de St Louis a Jefferson City es un poco largo, casi dos horas de camino, pero no lo sentí así porque la platica de padre Dylan era muy amena, realmente me habían servido mucho las clases de ingles que había tomado en el seminario y cada vez que venia a Estados Unidos trataba de practicar el idioma para que no se me olvidara.

-Ramón Chávez Contreras -repitió el padre Dylan- así se llama el hombre que está preso en Bowling Green, lleva ya casi un año y mañana lo van a ejecutar, es una pena que cuando lo arrestaron no hubiera habido nadie que hablara español, le hizo mucha falta un abogado latino pero tristemente aquí no hay aún, estaba pensando que es bueno que fuera usted a confesarlo, el pobre hombre debe estar desesperado al no poder confesarse ya que no sabe casi nada de inglés.

-Ramón Chávez Contreras -dije yo- estoy seguro que he escuchado ese nombre antes padre, pero no recuerdo en donde, si me hace favor quisiera que me llevara hoy mismo a verlo...

-¿No quiere ir primero a descansar y saludar a sus padres? -preguntó el padre Dylan.

-Ya los veré más tarde o mañana padre, algo me dice que debo ir ahora mismo a ver a ese hombre a la cárcel.

Una vez en Jefferson City, solo bajé del auto del padre Dylan para bajar mi maleta y nos fuimos rumbo a Bowling Green, Missouri, a ver a Ramón, yo seguía sin poder recordar donde había escuchado su nombre y confiaba en que al verlo lo recordaría si lo conocía de tiempo atrás.

Nos subimos al auto del padre Dylan y nos dirigimos a la prisión de Bowling Green, otras dos horas de trayecto, lo bueno fue que llegué temprano porque de otra manera no hubiera sido posible realizar dos viajes de dos horas cada uno.

Un vez llegamos a la prisión, dejamos dentro del auto nuestras chamarras, cinturones, carteras y celulares, solo llevamos la identificación, en prisión tienen la costumbre de revisar a conciencia a todo aquel llega de visita.

Entramos y un oficial nos saludó amablemente, nos pidió nuestra identificación, se la dimos, la revisaron con una especie de tubo de rayos ultra violeta para verificar su autenticidad y nos dejaron pasar, sólo por ser sacerdote y porque les dije que iba a ver si Ramón se quería confesar, me dejaron entrar a un comedor donde estaríamos Ramón y yo frente a frente, a los demás visitantes los mandaban a unas cabinas donde levantaban un teléfono y el familiar que visitaban levantaba otro del otro lado de un grueso cristal. El padre Dylan dijo que él a aprovechar para ver si había algún preso norte americano que se quisiera confesar en lo que yo estaba con Ramón.

Entré al comedor, estaba totalmente solo el lugar, tomé asiento en una silla y a los pocos minutos apareció Ramón...

Media 1.70 de estatura, llevaba el clásico overol color naranja que usan los presos, su cabello rizado caía desordenado sobre su frente, caminaba erguido y a pesar del overol se notaba que se ejercitaba dentro de la cárcel, sus ojos café claro, no lucían tristes, me sorprendió ese detalle, me pregunté cómo era posible que un hombre que sabe que le quedan unas horas de vida podía estar tan tranquilo.

-Buenas tardes padre -me saludó Ramón dándome su mano fuerte y firme- me dijeron que tenía visita y no lo podía creer, es usted el primero que me visita, no sabe cuánto se lo agradezco.

-Buenas tardes Ramón -dije yo- acabo de llegar de México y el padre Dylan Shrader, párroco de Jefferson City me hablo de ti, de tu caso, y quise venir a ver si quieres confesarte...

-Confesarme -dijo Ramón- verá padre, realmente yo me siento en paz conmigo mismo, sin embargo sí me gustaría contarle cómo sucedieron los hechos y la razón de que yo esté aquí, viviendo mis últimas horas de vida.

-¿Entonces no quieres que te escuche en secreto de confesión? -le dije mientras tomaba mi estola para guardarla.

-De acuerdo padre -me dijo él- que sea en secreto de confesión, de cualquier manera ya nadie puede hacer nada por mi y así me da la absolución y me marcho mas tranquilo a mi ultimo viaje.

Tomé la estola, me la llevé a los labios, me la coloqué sobre mis hombros y me dispuse a escuchar a Ramón en confesión...

-Sucedió hace casi un año, -empezó a narrar Ramón.

Yo tenía escasos seis meses de haber llegado a Jefferson City, aún no me terminaba de adaptar al cambio de vida, pero estaba dispuesto a trabajar con ganas para hacerme de un patrimonio en México y así establecerme allá.

No tenía dinero para pagarle al contacto que me habían recomendado en la frontera así que busqué a mi mejor amigo de toda la vida que vive en Jefferson City, él me dijo que me prestaría el dinero que necesitara para pasar y de esa manera emigré.

Cruzar de ilegal la frontera no fue fácil, tuve que caminar casi 30 horas pero me sentí agradecido con Dios de que pasamos a la primera, he escuchado que hay mucha gente que tarda mucho tiempo, a otros que los agarra inmigración y los deporta y otros incluso fallecen en el desierto, así que yo tenía mucho que agradecerle a Dios.

Mi amigo dijo que me podía hospedar en su casa, solo viven él, su hermana y sus padres, su casa es de tres cuartos así que compartamos habitación él y yo.

Entré a trabajar a un restaurante mexicano como lava platos, el trabajo era pesado pero me sentía realmente bendecido, tenía trabajo y la familia de mi amigo me trataba muy bien, no podía pedirle mas a la vida.

Con el paso de los días, me di cuenta que mi amigo andaba en malos pasos, varias veces lo sorprendí con alhajas y relojes en una caja que tenía debajo de su cama, aparte empecé a oír rumores de que vendía y consumía drogas, eso fue algo muy duro para mi porque Abel era mas que mi amigo, era como mi hermano!

-¿Abel? -pregunté- ¿tu amigo se llama Abel?

-Si -continuó Ramón.

Una noche, cuando sus padres se habían ido a acostar, le dije que si podíamos salir a dar una vuelta al parque, que quería platicar algo muy delicado con él, me dijo que si, pero que me fuera adelantando y que él no tardaría en llegar, que antes tenía que ver a un amigo, dijo que lo esperara junto a unas albercas que hay en el parque.

Llevaba casi una hora esperándolo, iban a dar las 12 de la noche y creí que ya no llegaría cuando de pronto lo vi correr hacia mi...

-Ramón -dijo en cuanto estuvo a mi lado- tienes que ayudarme, acabo...

-¿Qué te pasó? -lo interrumpí a ver sangre en su camisa.

-Tuve una discusión con un tipo, -dijo Abel- nos vimos en el otro parque, nos agarramos a golpes y cuando vi que tenía una navaja saqué la mía y lo maté!

Por favor Ramón, ayúdame, échate tú la culpa, yo no puedo darle una impresión así a mi madre porque padece del corazón, antes de que tu llegaras tuvo un infarto y dijo el médico que otro no lo resistiría, te prometo que buscaré al mejor abogado para que te saque pronto de la cárcel, por favor, yo nunca te he pedido un favor, se que es mucho pedir pero no lo hagas por mi, hazlo por mi madre, ¿si?

-Yo accedí a culparme -continuó Ramón- porque me sentía en deuda con mi amigo, después de todo, él me había prestado el dinero para emigrar, aparte, sus padres me habían recibido muy bien y no quería que le fuera a pasar algo malo a doña Teresa, ella me trataba como a un hijo y si en mis manos estaba protegerla de un dolor así, con gusto la haría, además Abel me prometio buscar un buen abogado.

-Quise decir algo, pero Ramón no me permitió.

-Permítame continuar padre.

Yo mismo fui a entregarme a la estación de policía, a señas los llevé al lugar que me dijo Abel que estaba el cuerpo, previamente había tomado la navaja en mis manos e incluso me hice una pequeña herida, mire, aquí conservo la cicatriz, -abrió un poco el overol para mostrarme el abdomen con una marca.

El proceso de juicio fue muy rápido, yo no se nada de inglés, pero como Abel me había prometido ayuda, me declaré culpable del crimen, sin embargo, durante el juicio nunca vi a Abel ni a sus padres, bueno, desde esa noche, no lo volví a ver.

Me cansé de esperar noticias suyas y al final comprendí que me había dejado solo...

No le guardo rencor a Abel padre, ¿sabe por qué? Porque él me ayudo cuando lo necesité, porque sus padres me trataron muy bien y si él sentía que debía pagarle por el favor que me hizo, con gusto lo hice, me voy tranquilo porque en mi no hay lugar para sentimientos negativos...

-¿Por qué llora padre? -me preguntó Ramón.

-Porque eres un hombre lleno de bondad -respondí- pudiste haberte negado a ayudarlo y sin embargo no lo hiciste, porque preferiste sacrificar tu vida antes que causarle un dolor inmenso a una madre al ver a su hijo preso y condenado por un crimen del cual es culpable, sobre todo Ramón, lloro porque fuiste víctima de una mentira, de una gran injusticia.

No sabes cómo lamento haberte escuchado en secreto de confesión, nosotros los sacerdotes, estamos obligados a guardar en secreto todo lo que nos confiesan y hoy me siento impotente al no poder hablar, de no poder buscar ayuda para ti...

Dios mío -dije para mis adentros- Ramón va a morir injustamente, Abel es mi hermano menor, ahora recuerdo cuando me decía que su mejor amigo desde siempre se llamaba Ramón Chávez Contreras, y es mentira que mi madre esté enferma del corazón, ella siempre ha sido una mujer sana y muy fuerte...

¿Cómo puedo ayudar a salvar la vida de Ramón si no puedo romper el secreto de confesión?

DIOS MÍO, ¿QUÉ PUEDO HACER POR RAMÓN?
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MensajeTema: Re: ENTRE EL DEBER Y LA VIDA    Dom Jul 26, 2015 4:58 pm

Este relato forma parte de mi primer libro de relatos publicado hace unos días titulado "SECRETOS DE CONFESIÓN Y ALGO MÁS"
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Jaime Olate
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MensajeTema: Re: ENTRE EL DEBER Y LA VIDA    Lun Jul 27, 2015 8:07 pm

No soy católico, pero respeto todos los credos. Impresionante relato que, aunque fuera ficción, da  mucho en que pensar.
A  través de sacerdotes amigos conozco el sagrado secreto de confesión y he quedado meditabundo ante el dilema que la vida le dio al cura con su hermano.
Un agrado leer un relato muy claro y fácil de leer.
Felicitaciones.
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MensajeTema: Re: ENTRE EL DEBER Y LA VIDA    

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