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 Estrella Azul.

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Cecy.
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Libra Mono
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MensajeTema: Estrella Azul.   Jue Jun 13, 2013 4:59 pm

Este cuento lo escribí para un concurso, a pesar de no salir en ni uno de los puestos, estoy felíz de haber logrado mi cometido, el de lograr llegar a sus corazones con mi relato, y homenajear a mi compañera, que ya hace unos cuántos años se fue de mi lado, pero a pesar de que ya no esta, todos los momentos que junto a ella pase se quedaran presentes en mi memoria. En especial esa mirada que me regalo justo antes de partir...   

                                                       Estrella Azul.




Hoy se me han venido a la memoria recuerdos de cuando era un pequeño cachorro, cada suceso parecen haber ocurrido ayer.
Junto a mi madre una canina de pelo corto, ojos marrones como el dulce de leche, de raza mestiza. Ambos en la vía pública caminábamos por el asfalto, cruzando con cuidado la ruta, ya que los autos no se detenían por nada ni nadie. Ese día con mi mamá buscamos alimentos, revolviendo basurales, y destrozando algunas bolsas de residuos. Esas ocasiones encontramos escasas cantidades de alimento, “pero a mi parecer no creo, que merezcan ser reconocidos como alimentos”.
Pronto el sol comenzó a esconderse y el frio acompañó al miedo para que se hiciera notar.
Mi madre con un ligero ladrido me llamó, fuimos hasta una alcantarilla que a simple vista se veía segura pero acaecía de luz, no podía dormir, a pesar de estar seguro, no lograba conciliar el sueño, veía a mi mamá dormir plácidamente. Oía a cachorros aullándole a la luna y ladrándole a los desconocidos. Esas noches salía de la alcantarilla, me sentaba en la entrada con el rabo entre mis patas, alzando mi vista al cielo. Me gustaba observarlo todas las noches. Las estrellas me hacían sonreír, me encantaba la idea de mirarlas y ver como todas se apoderaban del azul eterno.
Me preguntaba por qué me había tocado esa vida de callejero, y porque algunos perros contaban con la amistad de un humano, me hacia una idea de lo que podría ser mi vida en compañía de un humano, tal vez podría ser su mejor amigo o parte de su familia.
Esos días de juegos, locuras, travesuras e incluso de regaños pasaron como un otoño deshojando arboles, dibujando follajes inspiradores. Precisamente con el otoño partió parte de mi vida, mi maestra, se fuè mi madre, con más de diez años no podía caminar, la edad se le había venido encima, tantos golpes en su cuerpo provocaron su incapacidad para seguir movilizándose por su cuenta, tantas veces sufrió golpes de autos en su cuerpo, pero a pesar de ello continuó adelante junto a mí, pero meses después ya no podía hacerlo. Desde ese entonces me las tuve que arreglar por mi cuenta, todo en ese entonces era mi problema, debía de luchar por seguir con vida. Subsistiendo con los restos de agua y alimento que hallase a mí alcance. Todos esos días vagando en la calle, esquivando autos, colectivos a niños con resorteras, palos y hasta incluso botellas de plásticos, que al parecer les molestaba mi presencia. Me afligía la idea de querer ser amistoso con ellos y tan solo ser rechazado de la manera más cruel que pudiese haber conocido en mis días de callejero.
Tales situaciones en las que huía para seguir de pie, me extraviaba y no encontraba el sitio en el que solía pasar la noche, lo que me llevaba a tener que buscar otro refugio. No era de esperarse que me topase con algunos sabuesos territoriales, que al verme no dudaban en reclamar que me marchase de su territorio. De esta última forma conocí a Mariano, no sé si fuè suerte o simplemente una casualidad, yo tenía tres años de edad cuando me lo crucé en mi camino; a decir verdad el casi me pisa con su bicicleta; por un descuido, los caninos que al principio buscaban mi aislamiento, al verlo comenzaron a ladrarle e intentantaron morderle los pantalones, pero solo uno logró acercarse a su pierna y ocasionarle un rasguño.
Mariano un joven alto de metro setenta y cinco, ojos canelas, de jeans y de camisa a cuadros, bajo de su bicicleta para poder defenderse de la jauría, se quitó la mochila que cargaba a cuestas, la abrió y de su interior sacó una especie de bolsa. Noté que esta era muy diferente a las que yo solía encontrar en los residuos, esta era de de tela de color blanca, al parecer en su interior se encontraban alimentos o alguna cosa que arrojaría a los perros salvajes de este barrio. Yo solo observé la situación, quería ver qué era lo que sucedería, en ese justo momento. Él tomó un pequeño trozo y lo aventó lo suficientemente lejos de donde nos encontrábamos, los astutos de dentadura filosa fueron a su búsqueda, no volvieron a reaparecer.
Mariano me vio asustado junto a una vereda debajo de unas ramas. Me escondí en ese sitio para evitar que me golpeara, ya que al haber pasado por tantas experiencias de maltratos en la calle no quería volver a revivirlos, prefería mil veces huir, a que quedarme en un sitio dejando que alguien hiciese, lo que le viniese en gana conmigo, no, ya no quería que eso pasara, no quería sufrir sin razón. Mariano dejó su bicicleta en un lado de la calle y con la bolsa en manos se acercó hasta donde yo me localizaba, me miró con un brillo especial en su mirada, casi angelical, pero a pesar de ello no me dejé convencer por su apariencia, me hablaba tranquilamente hasta incluso me acercó un trozo de alimento, no supe bien que era pero sabia delicioso, mi estomago vibraba de emoción de haber saboreado esa comida. Me siguió hablando hasta que sin más preámbulos decidí salir de ahí y me arriesgué a que sucediese algo ruìn o simplemente disfrutar de su compañía. Salí lentamente de mi escondite. Pero con mis sentidos alertas, por si se proponía herirme ya podría alejarme de él, hacia atrás hasta ver que su figura desde lo lejos se volviese aire entre la oscuridad.
Pero no fuè necesario huir, el me acarició el lomo, la cabeza y me beso en el hocico, me hizo sentir muy bien, una extraña sensación en mí crecía, pero no podía describirla, me tomó con sus grandes y tibias manos, me cargo en su mochila estuvimos por unos minutos en ese mismo sitio, él estaba con un aparato con botones en su mano, yo en su mochila, observando el cielo que otra vez estaba más azul que nunca, las estrellas brillaban como siempre, pero una, justo la que hacía tiempo observaba corre sobre ese cielo profundo. No fui el único en verla.  El también la vio correr, fue cuando me bautizó con el nombre de Estrella azul, me explicó que esa estrella se había convertido en fugaz para cumplir deseos de corazón. No dudé en pedir tres deseos.
Mi vida junto a Mariano marchó intensamente, me hizo vivir momentos inolvidables los que en mi perduraran, me enseñó a creer que el amor existe, que la amistad es muy valiosa y que a pesar de las circunstancias jamás hay que estar solo.
Dos de los tres deseos se hicieron realidad, ahora después de tantos años a su lado llegó mi hora, mi partida, espero que mi último deseo se haga realidad… poder verte por última vez y sentir ese cariño inmenso por ti.
Estás llorando, no creí que la última vez que te vería seria con tus ojos llenos de tristeza, es muy cruel creer que cuando me valla ya no podré estar junto a ti, pero espero que aunque no me entiendas puedas saber que te estoy muy agradecido por haberme quitado de la calle y haberme enseñado a querer. Espero que siempre la vida te obsequie momentos de felicidad, porque te lo mereces. Te echaré de menos en dónde me encuentre, ten presente que estaré en lo más profundo de tu corazón.    




Chau…









… Te extrañaré Estrella Azul… 
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Ricardo Cesar Garay
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MensajeTema: Re: Estrella Azul.   Jue Jun 13, 2013 5:24 pm

Se transmite el sentimiento en este relato.
Un abrazo

 

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Ricardo "Cocho" Garay
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Estrella Azul.
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