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 El Difunto

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jockercyto
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MensajeTema: El Difunto   Jue Mayo 16, 2013 1:26 pm

EL DIFUNTO

por Juan de Haro Jimenez

Me hallaba sentado en mi butaca, ante el fuego de mi chimenea, mientras contemplaba el balanceo de las llamas cuando recordé que debía clasificar la correspondencia.
Entre todas las cartas sólo una llamó especialmente mi atención. Provenía de los Hartog. Recordaba aquel maldito linaje al que, aunque de una manera lejana, yo también pertenecía. Parecía que por fin viejo Barón había fallecido. Para mi sorpresa, estaba invitado al velatorio que se celebraría en la gran mansión familiar.
La extensa familia Hartog se remontaba a los inicios del siglo XVII. Y yo, a pesar de hallarme en una lejana ramificación de su árbol genealógico, habían decidido que asistiera al velatorio, que se celebraría mañana mismo.
Me hallé preso de la duda, aunque después de aclarar varias ideas decidí asistir al velatorio.
Aquella mañana maldita de octubre, el cielo encapotado presagiaba un melancólico día. Tras un largo viaje, por fin me encontraba frente a la gran mansión de los Hartog. Se alzaba, inmensa, junto al borde de un acantilado, donde las crestas de las olas golpeaban con frenesí la parte baja.
Un sendero, franqueado por árboles viejos y sin pelaje alguno, discurría hasta la misma puerta de entrada.
Mis pasos empezaron a recorrer el sendero con pasiva lentitud. Traté de retrasar lo máximo posible el alcance de la puerta, ya que no deseaba encontrar muy discurrido el velatorio. Las piedras que salpicaban el camino, parecían retorcerse bajo mis pasos. Las sombras se alargaban y el crepúsculo del horizonte se asemejaba a un tinte púrpura.
Alcé mi vista hacia el claro que se abría frente a la casa, y vi que varios vehículos estaban aún estacionados en la zona reservada. Crucé a paso firme el estacionamiento y me detuve justo enfrente de la puerta.
Cuando entré, algunos familiares estaban abandonando el vestíbulo después de ofrecer sus condolencias a Mrs. Hartog. Tras saludar cortésmente a los inquilinos e invitados avancé por el tramo del pasillo que conducía al dormitorio del Barón.
Me hallaba en el umbral, parado, completamente inmóvil, observando aquel macabro espectáculo. Las sombras proyectadas por el candelabro que iluminaba la estancia, danzaban alrededor de la cama del cadáver como seres de ultratumba, acechando a su víctima.
El cuerpo petrificado del difunto, descansaba sobre su cama con un traje negro. Sus manos, que presentaban una enfermiza palidez, reposaban sobre su regazo. Su escaso cabello estaba pulcramente peinado, como él hubiera preferido en vida. Aun teniendo a ese ser monstruoso delante de mis ojos no podía creer que estuviera realmente muerto.
Como cabía suponer la estancia se encontraba vacía. Nadie echaría de menos al bastardo del Barón Hartog. Yacía en su lecho, donde los últimos meses había atormentado la existencia de los que tenía a su alrededor. Aún podía sentir, en el interior del dormitorio, el hedor fétido a enfermedad y abandono.
Me sentía satisfecho ante el cadáver del condenado Barón.
La fría expresión de su semblante sólo era alterada por aquella diabólica imitación de sonrisa humana. Sus finos labios se encontraban estirados, victoriosos incluso después de muerto. Traté de apartar mi ojos del difunto, pero algo me lo impedía. Sin embargo, tras manifestar una fuerte oposición, al instante, logré desembarazarme de su nefasta influencia.
Al volver a mirar aquella mueca sonriente se deslizó un gélido escalofrío por todo mi cuerpo. Me pregunté, cómo un hombre podía aún producir semejante horror aun en la muerte. Sus oscuros ojos parecían que me escudriñaban hundidos en las orbitas.
“Ojalá ardas en el infierno, carroña.”
Después que ese pensamiento naciera en mi mente, el crepitar de las velas parecieron estremecerse, realzando el tormento del aquel lugar maldito. Me estremecí un instante.
Por fin me dispuse a realizar la tarea por la que había acudido al velatorio.
Me acerqué al cuerpo del Barón mientras el resplandor del dormitorio centelleaba sobre su rostro dándole, aún, un semblante falsamente cálido, mas aún maligno. Logré ver en su mano derecha el anhelado anillo de oro con la insignia familiar. Dudé durante un tiempo interminable. Sin embargo, al notar cómo relucía injustamente en el engarrotado dedo del Barón, la duda se disipó, volviendo a colocar la creciente repugnancia que sentía en su debido lugar. Mi ojos se endurecieron.
Sentí, entre mis manos, el helado cuerpo del difunto al tratar de sacarle el anillo. El anillo parecía forjado en el propio dedo, pues no lograba sacarlo.
Un nerviosismo se apoderó de mí; temía que alguien entrara en la habitación en ese momento. Agarré con más firmeza, si cabe, la mano del muerto y procuré girar el anillo sobre el dedo del Barón. Después de varios intentos, por fin, logré que se desprendiera del condenado dedo.
Mientras lo contemplaba en el aire, mi rostro se convirtió en un semblante de triunfo.
“Me llevaré esto, tú ya no lo necesitarás.”
Las lenguas de fuego danzantes sobre las velas se alargaron hacia un lado de forma llamativa. No obstante, ante mi triunfo decidí no prestar mayor atención al fantástico suceso. Me sentía satisfecho.
Me disponía a abandonar el dormitorio cuando, tras de mí, escuché un leve golpe que alteró el sobrecogedor silencio del lugar. Me di instintivamente la vuelta para comprobar qué era aquello. Mi cuerpo quedó petrificado bajo el marco de la puerta. No me sentí aliviado al cerciorarme que fue la fría mano del difunto, al golpear el suelo, lo que produjo el sonido, pues algo había cambiado en los ojos del Barón. Sus ojos. Ahora, no sólo escudriñaban los míos con cólera, sino eran más altivos, y parecían sobresalir de sus orbitas como si me intentasen hipnotizar.
Di un paso atrás, para intentar salir del trance. Aparté cualquier idea supersticiosa de mi mente y salí al pasillo. Éste no se mostraba más reconfortante. Aún así, avancé con paso rápido hasta el salón. El resto de los invitados se encontraban reunidos en la cocina. Yo me dirigí en soledad hasta el gran salón de la mansión. Aún me sentía alterado por el escalofriante suceso.
Al abrirse ante mí el espacioso salón, una poderosa sensación de vértigo se abría paso a través de mi mente. Me apoyé en el grueso marco de la puerta. Debía de tranquilizarme, todo había terminado, el Barón estaba muerto. Y yo podría volver a Londres. Con tales pensamientos revoloteando en mi interior, me senté en un sillón que se encontraba junto a una gran chimenea.
Del techo pendía una gran araña de hierro, donde al final de cada una de sus patas crepitaban las llamas alocadamente.
Debí de quedarme dormido, pues todos los familiares habían marchado ya; un repulsivo silencio se cerraba sobre mí.
De pronto, el sepulcral silencio fue roto por algo deslizante que provenía del pasillo. Mi espalda se sentó sobre el sillón al oír aquel sonido acercarse por el pasillo. En esa maldita mansión todo parecía siniestro y vivo, cualquier sonido se semejaba a algo agonizante que emergía del sótano. De modo, que tuve que mantenerme cuerdo. Lo más sensato sería marcharme de ese lugar.
Un ruido seco se produjo cuando unos largos dedos aferraron el marco de la puerta, como yo hace unos instantes. Una diminuta marca indicaba que, anteriormente, ese dedo había llevado algún anillo. Desesperado comprendí que era la mano del Barón.
Me erguí ante aquella monstruosa escena. El cuerpo del Barón Hartog arrastraba penosamente sus pies mientras trataba de acercase a mí. Sus ojos ya no sólo me escudriñaban, como anteriormente en su lecho, sino que palpitaban coléricos, centelleantes, bajo una repulsiva expresión de desesperada agonía. Traspasó el umbral, tras dar varios pasos, extendió los brazos en el aire, en constante amenaza.
Mis ojos se abrieron impulsados por el terror.
“¡Está vivo! ¡El condenado no ha muerto!”
Ante ese pensamiento mi corazón dio un vuelco. Mi manó se posó firmemente sobre mi pecho. Mi corazón enfermizo, no soportaría el creciente terror que se iba apoderando de mí.
Miré enloquecido cómo sus blanquecinos dedos temblaban ante la desesperación de asirse a mi cuello con crueldad. La locura, la maldad, no habían desaparecido en el alma del Barón. Sin duda el maldito deseaba recuperar su anillo.
Me encontraba completamente paralizado cuando sus manos se posaron en mi cuello... y se cerraron con terrible fuerza alrededor de él. El rostro del barón Hartog cambió, la más horripilante de las sonrisas se dibujó en su semblante. Curvada en los extremos, se alzaba hacia los pómulos, enfatizando así su demencia, enfermiza locura en vida, podrida y mórbida en su muerte.
“¡Diosss! ¡Deja de sonreír maldito bastardo!”
Su fétido aliento endulzó amargamente su tortura.
“¡Por el amor de dios, apartad de mí su sonrisa!”
Sus gritos no fueron escuchados por nadie, ni por él mismo, pues sólo era su mente quien gritaba. Su garganta no emitiría ya ningún sonido. Nunca más.

THE END
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María Elisa Giupponi
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MensajeTema: Re: El Difunto   Jue Mayo 16, 2013 5:31 pm

Jockercyto:muy buena narración, con episodios descriptivos muy enriquecidos. Planteas la muerte como la igualitaria para todos los mortales. El misterio y el temor ante ella, el sobrecogimiento que nos invade con...y después?.La herencia del anillo tomado subrepticiamente, hacen entrever que no fue lo único que se heredó, no?El final, cruento, impactante, su mente se fundió con la del heredero oscuro y taimado.En el fondo...el miedo, siempre presente, más aún, cuando acechamos en la oscuridad de nuestra empobrecida alma. Una historia para reflexionar, sin dudas.Bienvenido. Abrazos fraternos, Malisa bievenido
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MensajeTema: Re: El Difunto   Vie Mayo 17, 2013 8:23 am

gracias por tu buen comentario. me alegra mucho que te guste mi relato. Smile

en este mismo subforo puedes leer otro relato llamado: el callejón.

y para más información mi Blog.

un abrazo amiga, y gracias por tu bienvenida.
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MensajeTema: Re: El Difunto   Vie Mayo 24, 2013 2:07 pm

Me voy formando una idea de lo que eres: un escritor joven
haciendo sus primeras armas. En esta etapa, lo importante es que escribas y
expongas, para saber cómo repercuten tus letras: qué tanto de lo que estaba en
tu cabeza llegó al sentimiento del lector.


Una vez que estés seguro de que es más que un pasatiempo,
puedes ir aprendiendo, de a poco para no aburrirte, las técnicas del oficio: pues
escribir, es un oficio como cualquiera.


En Aula Virtual (más abajo, en el índice de la página) encontrarás
bajo el título Taller de Escritura (del 1 al 7, creo), material técnico para
aprender. Y en esta dirección: http://www.letrasyalgomas.com/t26420-bolazos-para-gente-seria-y-viceversa,
con el título ·El puñal anacarado”, mi única incursión en el género de Terror,
producto de un taller que hice hace tiempo.


Sobre ti, opino que tenés un don natural para captar la idea
y la desarrollas bien de principio a fin.


Técnicas; el cuento tiene sus reglas. Principio (planteamiento
de una situación que atrae la atención del lector. Medio (desarrollo de las
circunstancias que llevarán al lector por los hechos en que ya está jugando y
anhela saber cómo concluirán). Final: la resolución del Principio, aunque quede
abierta a la interpretación, los hechos expuestos concluyen.


Recuerda que no tiene que ser en orden cronológico.


Terror: Poe inaugura el género. Él, simplemente era un buen
escritor. El suspenso y el miedo eran herramientas que manejaba para escribir
su idea.


Lovercraf le incorpora el aspecto psicológico de los
personajes. La maldad está en los personajes.


Stephen King dice, quiero asustar al lector hoy, nada de
estar sentado leyendo sobre épocas que no existen. Que sea algo que le pueda
pasar a alguien ahora mismo.


Actualmente, buscan la pureza del género a través de los
hechos mismos.


En todos los casos, ninguno de los escritores que mencioné
hablaron sobre cosas que no conocían. Las mansiones y los Barones eran el
pasado inmediato de ellos y no asustaban de por sí sino por cómo eran expuestos
al lector. La frágil luz de una vela que se apaga es hoy un apagón eléctrico o
una bombilla que se quema precisamente en ése instante.


La diferencia entre un escritor aficionado y uno profesional,
es que al primero se le ven los defectos mientras que el segundo pasa
desapercibido (el lector olvida que está leyendo porque la historia lo atrapa).


Después de siglos de escritura, ninguna idea es nueva. Nuevo
es la combinación de lo existente. Harry Potter es un chico que inicia la
educación secundaria, al lector le interesa lo que le pasa. Para entretener al
lector se sustituyen las cosas; Artes 0scuras en vez de Matemáticas, Quidish en
vez de fútbol, etc. Los profesores son brujos, pero fuera de esta condición, se
portan como cualquier profesor. Por lo tanto, la escritora está hablando de lo
que conoce bien: maestros, compañeros, temores y logros que tuvo o vio tener.


Por lo tanto, te invito a escribir sobre lo que conocés. Familiares
y amigos pueden ser personajes de tus historia si los llevas a situaciones
límites (pero que no se enteren porque te matan; basta con cambiarles el
nombre). Robarle el anillo a un muerto es sacrílego como robarle el dinero a
una madre.


Tus errores: una casa al borde de un acantilado presupone
que alguien caerá al vacío o en el peor de los casos, la casa misma. Si esto no
ocurre, no tiene sentido que se mencione. El anillo de un Barón es como robarle
su linaje (Calígula). Si esto no ocurre, no tiene sentido que se mencione.


La seguimos cuando quieras y me encanta que escribas.

_________________
"Aprendemos de todos y entre todos"
Taller de Escritura (Aula Virtual)





Mis cuentos:

http://www.letrasyalgomas.com/t26420-bolazos-para-gente-seria-y-viceversa#204930



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MensajeTema: Re: El Difunto   Dom Mayo 26, 2013 10:17 am

antifaz, saludos de nuevo.

gracias por escribir un texto tan extenso, ejejeje

Si, soy un joven aprendiz. Empecé a lo 9 años, pero lo abandoné al entrar al instituto, chicas fiestas... Ahora unos años después he vuelto. llevo 4 meses trabajando lo que dejé a medias.

A mi me gustan más las novelas de terror que los relatos. pero empecé a escribir relato corto, porque son más fácil de manejar. las novelas tienen muchas más cosas a tener en cuenta. Aunque por fin, después de escribir 6 relatos para buscarme a mi mismo en un estilo que me sienta cómodo, me he decidido a aprender la novela. los 6 relatos están en mi blog por si sientes curiosidad.

una vez más gracias por tus excelente consejos.

un saludo amigo. Smile
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MensajeTema: Re: El Difunto   Jue Mayo 30, 2013 6:29 pm

Jokercyto.
En mi caso siempre cuento la misma historia. Apenas con seis o siete años de edad, resumía cuentos de otros que leía en la escuela o en mi casa y que daba a entender que eran míos. Evidentemente comprenderás el nivel literario de mi escasa audiencia de aquellos tiempos. Los cuentos eran de O. Wilde, de Gª Márquez o de Bécquer remodelados a mi escaso entendimiento.
Quiero decir con esto que si tienes dentro el gusanillo no solo de leer impenitentemente, sino de escribir también, solo diré que lo difícil es encontrar el estilo propio. Y como todo en la vida, a escribir solo se aprende escribiendo.
Así que ánimo.
Un saludo de orwell
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MensajeTema: Re: El Difunto   Vie Mayo 31, 2013 1:42 pm

gracias por los ánimos.
estoy en ello. buscando mi estilo y encontrándome a mi mismo ajjaja
un abrazo desde España.
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MensajeTema: Re: El Difunto   

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