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 Vicencio Foximilino Capítulo V a (Novela)

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MensajeTema: Vicencio Foximilino Capítulo V a (Novela)   Vicencio Foximilino Capítulo V a (Novela) Icon_minitimeDom Mar 30, 2008 3:47 pm

Capítulo V
Desenmascarando al malvado
Fidelius Castrador.



Es una tarde lluviosa, la vida de la naturaleza parece estar en suspenso ante la inminente amenaza de una tempestad, anunciada por el fluido misterioso que en el aire la precede. Pero la actividad humana no se detiene. Vicencio Foximiliano se encuentra en su despacho real. Se escuchan confusos rumores, voces ininteligibles, se escuchan unos pasos, llaman a la puerta: toc, toc:

Vicencio Foximiliano, regresando a la realidad, aquella que dejó para internarse en la meditación, se acomodo en su sillón y dijo:

Vicencio - Adelante.

Se abre la puerta y entra el secretario de estado, el caballero Santiaguiño Creelo Charro

Santiaguiño - Buenas tardes tenga su Majestad.

Vicencio - Buenas tardes tengas Santiaguiño, ¿Qué te trae por aquí?

Santiaguiño - Su majestad, creo mi deber comunicarle que el canciller Castañetea no está tomando el rumbo que marcan nuestras leyes, en relación a la política exterior del reino.

Vicencio - ¿Por qué afirmas eso Santiaguiño?

Santiaguiño - Señor, desde que nuestro reino es independiente, tenemos por norma no inmiscuirnos en los asuntos internos de otros reinos.

Vicencio - ¿Y eso que tiene que ver con Jorgito Castañetea?

Santiaguiño - Eso es lo que intento explicarle su Majestad

Vicencio - De acuerdo. Sigue, sigue, y no tardes tanto. Tengo muchas cosas que hacer: la Señora Martiana, la Reina, me espera para ir con su modista y encargarle algunos vestiditos, ¡Se ve tan linda cuando estrena ropa!

Santiaguiño - Como le decía, desde que somos un reino independiente, nuestra costumbre es no inmiscuirnos en asuntos internos de otros reinos. Tal costumbre ya se ha convertido en ley y nuestra ley suprema lo contempla.

Vicencio – en tono molesto - Si, si, rápido, ¿Qué más?, eso ya lo sé, al grano, ¿no te das cuenta que interfieres en los asuntos de la pareja real?

Santiaguiño con voz trémula, al ver que el Rey Vicencio se muestra molesto, dice:

Santiaguiño - El asunto es que el Canciller Castañetea ha tomado partido en lo que se refiere a la forma en que se gobierna el reino de Fidelolandia, y ha hecho declaraciones a la prensa mundial expresando críticas y calificativos que han molestado al rey Fidelius Castrador.

Vicencio - ¿Y qué partido ha tomado?

Santiaguiño - Bueno, verá su Majestad: criticó la forma en que el Rey Fidelius Castrador gobierna a su reino y también criticó la forma en que trata a sus súbditos. Lo más grave es que ha criticado sus leyes y su sistema jurídico.

Vicencio - ¿Eso que nos importa? Jorgito Castañetea es un hombre libre y puede opinar lo que el crea correcto.

Santiaguiño – Si, su Majestad, pero no lo opinó a título personal: lo dijo como si todo el reino de la Desilusión estuviera de acuerdo con lo que él opina, lo dijo como si fuera la opinión de Su Majestad

Vicencio - Por lo pronto, Yo estoy de acuerdo: ese Fidelius es un individuo cruel… además, ¿qué es eso de fincar su reino en un lugar que se encuentra rodeado de agua? Eso en realidad es malvado. Lo hace para que sus súbditos no puedan salir de esa isla.

Santiaguiño – Bueno, señor, recuerde que el reino de Fidelolandia ya estaba fundado en ese lugar antes de que naciera Fidelius.

Vicencio - con voz fuerte y lleno ira - ¡Mentira! ¡Mentira! En realidad, ese tal Fidelius ha de haber hecho tratos con el diablo, por ello sus antepasados fundaron en ese lugar el reino, para que él, cuando tomara el mando del reino, no permitiera que sus súbditos salieran de la isla.

Santiaguiño - con voz casi apagada y con gran temor - Su Majestad, no creo que eso sea muy exacto.

Vicencio - Pues Yo si lo creo, y también lo cree mi buen amigo Georgino Bushcapleitos. Él afirma que no solamente hizo tratos con el diablo: dice tener pruebas contundentes de que el malvado Fidelius es el Mismo Satanás.

Santiaguiño - Mi Señor, ¿En realidad cree Usted eso?

Vicencio - ¡Claro que lo creo! Como sabrás, el rey del reino de la Mentira es un hombre justo y honrado, que tiene comunicación con Dios y que busca el bien para toda la humanidad. Georgino Bushcapleitos ha demostrado desde que fue coronado rey, que solamente le interesa la libertad y la seguridad de todos los seres humanos.

Santiaguiño - Majestad, me atrevo a decir que algunas veces no es eso lo que aparentan las acciones y palabras del Rey Bushcapleitos: recuerde su Alteza que en la Organización de Reinos Unidos, la ORU, no están muy de acuerdo con sus opiniones.

Vicencio - francamente molesto y alzando la voz - ¡Basta, Santiaguiño! Sabes perfectamente que esos engreídos de la ORU siempre tratan de oponerse a los deseos del buen Georgino Bushcapleitos. Pero eso sí: cuando necesitan dinero, es al primero que le presentan la solicitud para que se los dé, y si por casualidad o por las múltiples ocupaciones que tiene, se le llega a olvidar pagar sus cuotas a la ORU, ponen el grito en el cielo y le reclaman que él es quien deberá poner el ejemplo de apoyo a la organización.

Santiaguiño - en tono realmente rastrero - Bueno Su Majestad. En eso posiblemente tenga Usted toda la razón, pero volviendo al caso que nos ocupa, el canciller Castañetea ha insultado a los Fidelolenses: se atrevió a decir que las reclamaciones que le hacen por intervenir en su política interior, las hacen por “ardidos”.

Vicencio - Señor Secretario Santiaguiño, en lo personal estoy totalmente de acuerdo con lo que ha expresado mi buen amigo Jorgito Castañetea: Fidelius Castrador y los Caballeros de su reino están ardidos.

Santiaguiño - Si su Majestad, suponiendo sin conceder, que en realidad sea esa la razón por la que nos reclaman la intervención en sus asuntos, de todos modos, la forma correcta de tratar esos asuntos es por la vía diplomática. Se puede decir lo mismo pero con palabras menos ofensivas, y sobre todo, no diciéndolo a la prensa. Se debería de dirigir una carta a nivel de secretarios de relaciones exteriores y guardar las críticas que se hacen en un cordial grado de discreción.

Vicencio - ¿Para qué perder el tiempo? Sabemos muy bien que cualquier crítica que hagamos a los métodos usados por el malévolo Fidelius Castrador y que cualquier señalamiento a sus errores, nos dará una posición de privilegio ante el reino de la Mentira, y que nos será tomado en cuenta al firmar cualquier tratado con Georgino Bushcapleitos. No olvides que estamos por firmar el tratado que permitirá mandar a todos los vagos de este reino a trabajar en aquel.

Santiaguiño - Acepto que eso podría beneficiarnos, pero Castañetea también cometió el error de decir a la prensa que “Si ese tal Fidelius no los deja salir de la isla, la embajada del reino de la Desilusión se abrirá a todos los que quieran venir”.

Vicencio - ¡Perfecto! Con eso se demuestra que nosotros también nos preocupamos por la libertad y seguridad de todos los reinos. Eso nos pondrá en el mismo contexto del reino de la Mentira y el rey Georgino Bushcapleitos empezará a tratarnos de igual a igual.

Santiaguiño - Su majestad, posiblemente eso nos ayudará, pero nos podrá en contra de todos los demás reinos. Recuerde Usted que la mayoría no está de acuerdo con el rey Bushcapleitos.

Vicencio - Santiaguiño, creo que será mejor que te ocupes de tus asuntos. Creo que estas preocupándote de manera excesiva en cosas que no deberías inmiscuirte.

Santiaguiño - Mi Señor, disculpe usted que insista, pero este tema se mezcla con los asuntos que me atañen precisamente: recuerde que en pocos días se celebrará en nuestro reino la reunión de ayuda económica para los reinos más necesitados, y que, por ser el de más edad, al igual que uno de los fundadores de la ORU, el rey Fidelius deberá estar en dicha reunión. Me temo que esta discusión que sostiene Castañetea con el rey Fidelius podría traer como consecuencia que el rey Fidelius no venga a la reunión.

Vicencio - Si Fidelius no viene a la reunión de la ORU, es mejor para nosotros. Precisamente el rey Georgino me ha pedido, de manera un tanto exigente, que Fidelius no se presente a la reunión y que si es inevitable que venga, que no diga discurso alguno y que no conceda entrevistas a la prensa.

Santiaguiño - Señor, creo que eso no podremos evitarlo: Fidelius es de los reyes más viejos y siempre son noticia sus discursos.

Vicencio - Mi buen amigo Georgino no quiere que él diga discurso alguno.

Santiaguiño – Si, su majestad, lo entiendo, pero si Fidelius quiere expresar sus ideas, no podremos evitarlo.

Vicencio - ¡Claro que si podemos! ¿Crees que Fidelius se atreverá a contradecirnos si tenemos a Georgino Bushcapleitos y al ejército del reino de la Mentira de nuestro lado? Es muy necio pero creo que no es tonto.

Santiaguiño - Pero su Majestad, sería una ofensa muy seria no permitirle dar un discurso.

Vicencio- No te preocupes, Santiaguiño: eso lo trato directamente con el propio Fidelius. Si de casualidad se pone renuente, como acostumbra el viejo necio, lo amenazaré diciéndole que varios estamos de acuerdo en no permitirle la entrada a la reunión de la ORU.

Santiaguiño – con cara de asombro - Su majestad, no creo que debamos hacer eso, nos pondríamos en posición desventajosa ante los reinos que simpatizan con Fidelolandia. Recuerde que el reino de la Mentira ha estado atacando a Fidelolandia desde hace ya 50 años y muchos reinos siempre están del lado del más débil.

Vicencio - Eso me tiene sin cuidado. Llevaré a nuestro reino a que sea tratado como uno de los más poderosos, sin importar lo que tenga que hacer.

El rey Vicencio hace una seña con la mano para que Santiaguiño deje de replicar y se quede callado, se dirige a su escritorio y le indica:

Vicencio - Santiaguiño, comunícame en este momento con Fidelius Castrador y llama de inmediato a mi secretario Castañetea. Le enseñaré cómo se tratan los asuntos con el viejo necio de Fidelius.

El secretario de gobierno sale inmediatamente del despacho real y se dirige a buscar al Barón Castañetea. Al encontrarlo, le avisa que el rey quiere que se presente en el despacho real inmediatamente.

El Barón Jorgito Castañetea se dirige, seguido por el secretario Santiaguiño, al despacho real. Llaman a la puerta y entran.

Castañetea - Su Majestad, ¿en que puedo serle útil?

Mientras, Santiaguiño Creelo Charro se dirige al teléfono real e intenta la comunicación con el Rey Fidelius

Vicencio - ¡A mí, en nada!, Yo te seré útil, te evitaré los problemas con el viejo Fidelius, te enseñaré a tratarlo y de paso me libraré de él. No quiero que se presente a la reunión de la ORU, estoy seguro de que su presencia molestaría al Rey Bushcapleitos, quien por cierto es mi amigo y está ayudándome a mejorar a este reino, haciendo que mis súbditos y súbditas sean útiles.

Santiaguiño – tapando la bocina del teléfono - Su majestad, su comunicación con el Rey Fidelius está lista.

Vicencio – Pásame al viejo necio.

La siguiente es la trascripción de la conversación divulgada en el reino de Fidelolandia por Fidelius Castrador el 22 de abril, de la conversación privada entre él y el rey Vicencio sobre el viaje de última hora al reino de la Desilusión del caudillo Fidelolense, para asistir a la Conferencia Internacional de la ORU sobre el tema del Financiamiento del Desarrollo.

Vicencio Foximiliano se sienta en su sillón, sube los pies al escritorio y dice:

Vicencio – Bueno… ¡Fidelius!

Fidelius - Dígame, Rey Vicencio, ¿Cómo está usted?

Vicencio - Bien Fidelius, ¿cómo estás?

Fidelius - Muy bien, muy bien, muchas gracias. ¿Y usted qué tal?

Vicencio - ¡Qué gusto! Oye, Fidelius, pues llamándote por esta sorpresa que me llevé hace apenas un par de horas, cuando me entero de tu pretendida visita acá al reino de la Desilusión. Primero, antes que nada, quisiera pedirte que esta conversación sea privada, entre tú y yo, ¿estás de acuerdo?

Fideliu - Sí, de acuerdo. Usted recibió mi carta, ¿verdad? Se la envié.

Vicencio - Sí, recibí tu carta hace apenas un par de horas y por eso te llamo ahora.

Fidelius - Ah, muy bien, a mí me habían dicho que usted se acostaba temprano y le enviamos la carta temprano.

Haciendo señas de desesperación a Santiaguiño y Castañetea, Vicencio continúa con la conversación.

Vicencio - Sí, me acuesto temprano, pero esto me mantuvo despierto.

Fidelius - ¡No me diga!

Vicencio - No, es que me llegó... aquí son las 10:00 de la noche ahorita, me llegó a las 8:00, y estábamos aquí precisamente cenando con Kafé-Anaann.

Fidelius - ¡Ah!

Vicencio - Pero, mira, Fidelius, yo te hablo primero como amigo.

Fidelius - Si me habla primero como amigo, espero que no me diga que no vaya.

Vicencio - (Ja, ja, ja) Bueno, vamos a ver, déjame platicarte, a ver tú que opinas.

Fidelius - Yo lo escucho, pero se lo advierto de antemano. Muy bien.

Vicencio - ¿Mande?

Fidelius - Que yo lo escucho, pero lo digo de antemano.

Vicencio - A ver, escúchame primero. Escúchame primero.

Fidelius - Sí.

Vicencio - Sí, como amigo, la verdad es que así de última hora y esta sorpresa sí me pones en una buena cantidad de problemas.

Fidelius - ¿Por qué?

Haciendo señas de verdadera molestia a sus secretarios, con ademanes que, en el reino desilusionense se consideran un recuerdo maternal.

Vicencio - Problemas de seguridad, problemas de atención.

Fidelius - Bueno, no me importa, yo no tengo ninguna preocupación, señor Rey; parece que usted no me conoce.

Vicencio - ¿Tú no tienes preocupaciones por eso?

Fidelius - No, se lo aseguro que ninguna: no llevo 800 hombres como lleva el señor Bushcapleitos

Vicencio hace señas, a sus ministros, con el dedo índice izquierdo girando al derredor de su cien izquierda, dando a entender que Fidelius está loco.

Vicencio - Pero no es muy de amigos avisar a última hora que te apareces aquí.

Fidelius - Sí, pero también yo corro muchos riesgos que nadie corre, usted lo sabe perfectamente bien.

Vicencio - Bueno, pero tú puedes confiar en un amigo y me podías haber hecho saber un poco antes que pretendías venir. Eso yo creo que hubiera resultado mucho mejor para ambos. Pero mira, de plano yo sé que no solo tienes el derecho. Si no te es posible ayudarme como amigo en ese sentido y te es indispensable.

Fidelius - Sí. Dígame en qué puedo ayudarlo, menos en eso.

Vicencio - Bueno. ¿En qué puedes ayudarme menos en eso?

Fidelius - Dígame, ¿cómo? ¿Qué debo hacer? Yo los riesgos los corro tranquilamente.

Vicencio - A ver, déjame...

Fidelius - Pero usted comprenderá que esto daría lugar a un escándalo mundial, si realmente ahora me dicen a mí que no vaya.

Vicencio - ¿Pero qué necesidad tienes de armar escándalo mundial, si te estoy hablando como amigo?

Fidelius - Oigame, es que usted es el Rey del reino anfitrión, y si usted es el anfitrión y me lo prohíbe, no me quedaría más remedio que publicar el discurso mañana.

Vicencio - Así es, así es. No, tú tienes todo el derecho. A ver, déjame hacerte una propuesta.

Fidelius - Sí.

Vicencio - ¿Sí?

Fidelius - Sí, dígame.

Vicencio - No sé cuándo pretendes venir, porque eso no me lo dices, pero mi propuesta sería que vengas el jueves.

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