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 El dilema de los fideos

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GARA
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GARA

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MensajeTema: El dilema de los fideos   El dilema de los fideos Icon_minitimeLun Jun 14, 2021 11:47 pm

dilema de los fideos...
Bueno, bueno, quizás pude haberle dicho, la noche cuando llovieron hormigas, porque el viento sopló hacia el lado contrario al restaurant chino, no hice caso a esa señal, lo era ahora que lo pienso, pese a que las pobrecillas cayeron en su cabeza haciéndole brincar como canguil en olla, y yo reía apartando a las desafortunadas de sus hombros, intentando que no pierdan la vida, pobrecitas decía rescatándoles de ese humano quisquilloso, yo sé que mientras, él me mandaba mentalmente a la misma casa del diablo.
-Ya sé dónde es, le dije como adivinando su mal semblante.
Quizás deba ponerle los últimos girasoles, ya qué, así de cursi, porque me compré para mi y por pura banalidad, y aunque me quede sin pasaje, un ramo de girasoles, largos y grandes girasoles, ya un poco marchitos a eso de las nueve de la noche, casi nunca compro flores cortadas me dan como un toque de muerta, eso siempre lo he sentido, andaba en premoniciones brujientas.
Debí tomar como vaticinio lo del sábado anterior, eso de mi gusto por los rollos primavera y la estúpida idea de que me lo iba a topar por el camino y hasta esta vez la casualidad haría lago más que los mensajes, esos mensajes de whats, no era la única interlocutora, pero al menos era más comunicativo, luego de la compra del arroz frito con rollos primavera, un carro retrocedió y me tiro la comida que llevaba para no compartir espacio, ni tiempo con nadie en esa hueca, llegué con todo revuelto y el cuerpo magullado, y no hice caso.
Pues esa noche con girasoles y hormigas y aun los moretones del choque, fui a parar al mismo restaurante chino, no tenía dinero, no alcance a cobrar mi cheque, y para variar la jeta suya arrastrándose como en procesión de Jesús del gran poder, larga, y en omisión seguí su paso.
Creo que nunca admitió que le daba vergüenza andar conmigo, así sea de noche y en penumbras, pero igual me citó, como una adicción a lo incomprendido, -weirdo- ya me había dicho eso, así como gringo mal hecho.
-Ve yo no tengo plata- le dije ya calando el frío de Quito en mi rodilla pelada por el pantalón roto, que me invita un arroz frito, dijo, como con cierta obligación ridícula; y ya pues, no había comido y pensé en mi gato, aún tenía comida de gato hasta cobrar el cheque, pero claro arroz frito, le sacaré los camarones para el gato, divagaba, quizás huyendo del mal rato.
Tuvimos que esperar por una mesa y se la paso agarrado el celular y su bendito diario, el mismo que fue víctima de vandalismo, ojalá y hubiese sido yo, consciente de mí, pero no, y le dije que yo no le hubiese rayado así de tantito, créeme, eso hubiese dejado de ser, roto, aplastado, quemado, estúpido librejo! me daba coraje la acusación, cualquiera que me conozca sabe muy bien a qué atenerse cuando me siento molesta, si, suelo ser muy pesada en mis venganzas mentales, lo que realmente pienso hacer, más es que siempre me falta tiempo, dinero, secuaces, no sé qué , que hasta ahora han resultado de cierto modo un simple juego de novela gráfica, puro cuento.
En fin, que ya no hay arroz frito, que hay chop suy, ¡ah! entonces que el fideo sea el frito!, ¡oh si! eran como tres dólares más al presupuesto, seguro me pondría veneno, ¡que atrevida encima que va de gorrona pide fideo frito! Esa cara de limón amargo me lo dijo, vi bajar unas negritas rezagadas en su brazo, las aparte con una servilleta y las dejé en el borde de la ventana, -hormigas, me miró y me dijo, esto es raro, debe ser un mal augurio-, le miré y nada más moví la cabeza.
-si es que soy bruja ya sabes, y de nuevo dijo, -eres rara y extraña, si debe ser, y obvio que creía que era bruja, me encantan las historias de terror, y las escribo y las escucho, e investigó, no voy a hacer brujerías, porque si me da un cierto respeto,
-no quiero cargar con muertos ajenos, ni con demonios que no me hayan sido asignados desde el nacimiento, le dije en tono burlón, aunque es cierto, no lo hago, y claro rebuscando en mi historial de navegación pues si encontró mis páginas de miedo, fantasmas, brujas, uñaguilles, nahuales, cucos y saccharunas.
-Estas loca!,
Revolvía los fideos crujientes y me trague unos cuantos a bocanadas, como cuando te quieres comer todas las palabras del mundo o las ganas de chillar, él comía y comía sin retirar la vista de su celular, pedí un recipiente para llevar, y si, si tenía camarones para el gato, hizo el respectivo trazo en su librejo, ni mire nada, salimos, agradecí, tome la bolsa de comida, dijo que pediría un taxi y yo me fui caminando, aunque a media cuadra regrese para pedirle que hable, que ya estaba harta de inventarme conversas, pero ya no estaba, tome otra calle y camine.
Quizás esa noche no debí salvar hormigas, ni comprar girasoles, ni aceptar fideos, ni llevar camarones al gato, quizás lo único que debí hacer, es aceptar que nunca existió el fantasma con quien salía, y quemar su estúpido diario, donde pintaba lo feo que era compartir la mesa con gente rara, porque este el verdadero, el que pagó por los fideos, odiaba las hormigas, la comida china, las brujas, los girasoles, las caminatas de noche, a mí, que lo quería tanto, ahí se me murió lo querido, hasta lleve flores. El dilema de los fideos, ni siquiera sirvieron para atragantar la pena

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