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 DEJAR MORIR A LOS MUERTOS

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Francisco de Sales
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Cantidad de envíos : 1023
Fecha de inscripción : 12/12/2012

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MensajeTema: DEJAR MORIR A LOS MUERTOS   DEJAR MORIR A LOS MUERTOS Icon_minitimeJue Mayo 27, 2021 1:09 am

DEJAR MORIR A LOS MUERTOS



En mi opinión, no estamos preparados para relacionarnos bien con todo lo que tiene que ver con el fallecimiento de un ser querido.

Nadie nos prepara para eso. Es un tema tabú al que, en general, no nos enfrentamos nada más que cuando sucede -que ya es tarde- y tenemos que salir del apuro urgentemente y como se pueda.

Observo que cuando sale el tema de la muerte en una conversación muchas personas lo rehúyen, cambian de conversación de inmediato, dicen que les pone mal hablar de ese asunto y piensan, equivocadamente, que no hablando de ello es como si no existiera o como si no fuese a ocurrir nunca.

Y no es cierto. Esa mala relación con algo tan natural y seguro como la muerte produce efectos graves en algunas personas. Y no sólo graves desde un punto de vista emocional y psicológico, sino también un daño grave al fallecido.

Ya todos sabemos que cualquier muerte requiere la realización de todo un proceso llamado duelo. Es más que conveniente hacerlo, es imprescindible, así que a quien no lo tenga claro le recomiendo que busque información y que haga el duelo; y que lo haga bien.

Desde un punto de vista psicológico y emocional, el fallecimiento de un ser querido es una experiencia que puede ser muy traumática. Y por eso conviene conocer y estar preparado para cómo actuar cuando llegue el momento.

Si aceptamos algo tan innegable como que la muerte es inevitable, y lo aceptamos de verdad, y lo integramos, eso debería facilitarnos el proceso de despedida de quien ya no está vivo.

La muerte se supera, aunque se necesite tiempo, pero es difícil olvidar a la persona que ya no está. Además, es que no es necesario olvidarla. Eso sí, conviene tener cuidado con ese recuerdo, que sería conveniente que se limitara a la añoranza y a una sonrisa porque aparece todo el cariño que se le tuvo y lo que se recibió de su parte. Lo peligroso comienza cuando uno siente que sin quien falta la vida carece de sentido, o se siente profundamente apenado y dolido, tanto como para no poder seguir la propia vida con normalidad.

Conviene no escandalizarse por esto que voy a escribir, y reflexionar un poco antes de rechazarlo por su dureza: el que ha muerto es el otro.

Ya no está. Y nada de lo que uno pudiera hacer a partir de ahora cambiaría esa realidad.

La vida sigue y tiene que seguir. A pesar del dolor, de la ausencia, de que esté en contra de nuestros deseos.

Es seguro que cambiarán algunas cosas a partir de su ausencia, que otras cosas ya no serán igual, pero hay que seguir adelante.

No tiene nada de positivo estancarse en el dolor: hay que vivir.

Los sentimientos son insobornables y no se les puede hacer cambiar con razonamientos, pero sí que puede uno reflexionar desde el corazón y hacer que colaboren del mejor modo posible.

Hay otra razón totalmente distinta para que dejemos morir –dentro de nosotros también- a los muertos.

Desde un punto de vista espiritual, cuando una persona fallece su alma emprende el camino hacia el sitio donde se preparará para la próxima encarnación. Esto, por supuesto, no es demostrable. Quien crea en ello lo sentirá así sin dudarlo y quien sea escéptico no se convencerá hoy por leerlo. De todos modos, esto que escribo es solamente una opinión.

Cuando una persona fallece, su alma se queda “rondando” cerca de la vida durante un tiempo porque aún se siente atada de algún modo al sitio y a las circunstancias donde ha estado tanto tiempo; es como si quisiera dejar cancelados completamente todos sus asuntos pendientes para poder partir con tranquilidad.

Si hay una persona que le llora, que dice que no entiende que ya no esté a su lado, que grita de dolor por su ausencia, y si a su vez tiene buenos sentimientos hacia quien le añora… no podrá hacer con naturalidad su tránsito, sino que se quedará cerca de ese ser desesperado que dice que le necesita.

Así que con ese ser recordado continuamente desde el dolor, y al no obtener la libertad para poder marchar, se quedará estancado en su camino o su evolución, sin poder desapegarse de esta encarnación y sin poder iniciar la siguiente.

A los seres fallecidos hay que recordarles con una sonrisa y no con una mueca de dolor y desesperación. Ese apego por nuestra parte hacia ellos no les beneficia.

No ama más quien más llora.

El mayor acto de amor que podemos hacer por ellos es recordarles amablemente, tener a mano todos los buenos recuerdos que nos crearon, agradecerles a Dios y a ellos la oportunidad de haber podido compartir con ellos un tiempo de nuestra vida, sentirnos satisfechos y gratificados por lo que recibimos, pero… dejarles morir, dejarles partir para continuar con su ciclo.

Sería conveniente una especie de oración-conversación de despedida, donde se les agradezca su compañía, se les haga ver que fueron buenos en su tarea –como madres o como hijos o como esposas- y que lo hicieron bien; decirles –si es verdad- que se pueden sentir satisfechos de su labor en el mundo, y hacerles saber cuánto amor dejaron a su paso. Todo ello con una sonrisa en la boca o con un llanto de felicidad en los ojos.

Es bueno -para ambos- dejarles morir.


Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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