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 ES NECESARIO CUIDAR DE UNO MISMO

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Francisco de Sales
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Cantidad de envíos : 992
Fecha de inscripción : 12/12/2012

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MensajeTema: ES NECESARIO CUIDAR DE UNO MISMO   ES NECESARIO CUIDAR DE UNO MISMO Icon_minitimeMiér Mar 10, 2021 2:49 am

ES NECESARIO CUIDAR DE UNO MISMO


En mi opinión, muy a menudo, casi en cada instante, desatendemos una tarea primordial de las que tenemos en nuestra vida y que nos corresponde y afecta, única y exclusivamente, a nosotros mismos: Cuidarnos.

“Cuídate”, les decimos a los otros.

En muchas zonas se ha convertido en una forma de despedida cordial, cariñosa, que originalmente estaba cargada de buenas intenciones y verdaderas, pero ya ha perdido la intención inicial y se ha quedado a la altura de cualquier otra despedida de compromiso, o sea, sin su sentido. Es como adiós, ciao-chao, bye, agur…

En otros casos, la intención sí es buena y uno es consciente de lo que le está diciendo al otro. “Cuídate”, entonces, quiere decir que entendemos y reconocemos que es bueno cuidarse, y queremos que el otro se cuide.

El vínculo que cada uno tiene consigo mismo debiera tener como norma ineludible la de conseguir, siempre, la excelencia en el trato con uno mismo, en la atención, en el cuidado, en mimar la relación, en la comprensión, en la ternura, en el amor inagotable e incondicional… en fin, en todo eso que cualquier equivocado llamaría egocentrismo.

Partamos de la base de que prácticamente todos los humanos somos víctimas de una falta de educación para el acto de vivir. No estamos preparados. Pero, erróneamente, nos exigimos la perfección como si fuésemos expertos en todas las materias.

La realidad es que vivimos los primeros años de nuestra vida como buenamente podemos hasta que llega un momento en que algo nos hace darnos cuenta de que no estamos siendo como quisiéramos ser y estamos viviendo una vida que no estamos dirigiendo bien. Mejor dicho, que no estamos dirigiendo. Y eso sucede en el momento en que vamos tomando conciencia de que hay demasiados fallos, incongruencias, insatisfacciones, una sensación indefinible de desubicación descontrol y desconcierto, y la impresión de que no nos sentimos a gusto con nuestra propia vida en la que, en muchas ocasiones, nos sentimos extraños o hasta intrusos.

Nos hacemos preguntas que no encuentran sus respuestas correspondientes. Estamos absolutamente perdidos. Se nos escapa de nuestra comprensión. Pero… en algún momento de lucidez insospechada decidimos y comenzamos a tomar decisiones –despacio-, a investigar –desorientados-, a atrevernos con los sentimientos –aunque con mucha precaución-, y a hurgar –por fin- en territorios personales que habían estado prohibidos.

Nos damos cuenta de que somos algo más que lo que se mueve y va por la vida. Más o menos, tomamos consciencia de nuestra unicidad. Y tomamos una temblorosa responsabilidad de tratar de gobernarla del modo adecuado.

Tan perdidos estamos que no sabemos cómo ni por dónde comenzar. Pero nos ponemos en marcha rumbo hacia no se sabe dónde.

La tendencia general –y ojalá tú seas una excepción- es a enojarse con uno mismo. Ese uno mismo que hasta ahora ha sobrevivido con más buena voluntad que conocimientos, se convierte en víctima de nuestros reproches y le responsabilizamos directamente de nuestra situación actual. Eso es un gran error.

Ese uno mismo ha hecho lo posible, o lo que ha considerado lo mejor, para traernos hasta el día de hoy.

Así que una vez llegados al punto en que queremos hacer algo para “arreglarnos”, conviene tener claras, y respetarlas, una serie de normas.

La primera es evitar esa idea inicial de “cambiar”. Cambiar quiere decir dejar un modo o modelo de ser para comenzar con otro modo o modelo de ser. Lo cual no es acertado, porque ese nuevo personaje que vamos a crear –ese nuevo modo de ser-, que queremos que sea más o menos perfecto, tampoco tiene claro que no tenemos que ser nadie ni nada más, y ninguna otra cosa, que el que realmente somos.

No se trata de añadir algo a quien somos, ni de quitar una cosa para poner otra cosa en su sitio, sino ir descubriendo quién es uno de verdad, e ir deshaciéndose de los personajes en los que nos hemos convertido. De lo que se trata –aunque parezca complicado de entender- es de “desaprender”, o sea, ir dejando todo aquello que descubramos que no lo hacemos por nuestra propia voluntad, sino que forma parte de algo que nos inculcaron y jamás hemos comprobado si estamos de acuerdo con ello. Se trata de hacerse preguntas profundas que requieren respuestas verdaderas, y se trata de no conformarse con nada que sea menos que la verdad.

Hay dos condiciones obligatorias en este proceso: No engañarse nunca –no hay que engañar al médico, al abogado, al mecánico, ni a uno mismo- y no conformarse con un “no lo sé” –“no lo sé” es la respuesta del conformista u que no quiere hurgar en la búsqueda por miedo a qué saldrá-.

No se trata de “cambiar” urgente y desesperadamente, porque es posible que tampoco nos sintiéramos a gusto en el nuevo personaje. Seguiría la inquietud de no sentirse verdaderamente uno mismo. Y se trata de averiguar quién es uno realmente para poder ser Uno Mismo.

¿Cómo se hace esto?

Dándose tiempo, como condición indispensable. Es mejor desterrar la idea de que todo lo insatisfactorio que hemos hecho en nuestros 30, 40 o 50 años de vida lo podemos deshacer en un día, porque no es posible deshacer en un día lo que ha llevado toda una vida construir. Así que paciencia.

También es imprescindible el Amor Propio –amor a uno mismo-, y es mejor entender que esto es realmente imprescindible. No se debe tener consigo mismo una relación de enemistad, ni directa ni oculta. Nada de menosprecios, de culpabilizaciones o reproches, nada de infravaloraciones ni zancadillas, nada de castigos, nada de caras largas. Uno tiene que ir consigo mismo de la mano, agradecido y sonriente, con quien le ha traído hasta hoy. Juntando energías, en la misma dirección y con el mismo objetivo. Previamente, una conversación profunda de Ser Humano a Ser Humano. De corazón a corazón. Hasta conseguir el compromiso de todos los yoes para ir todos y unidos hacia el mismo destino

Conviene ser comprensivo, esta es otra condición imprescindible. Uno no es perfecto, uno no lo sabe todo, uno no es responsable de todo. Uno sólo es responsable directo desde el momento en que toma conciencia y sabe. Quien emprende este Camino, en el momento en que lo inicia ya es consciente y ya se le puede llamar la atención o reclamar por lo que haga o no haga a partir de este momento, pero sería injusto que quien uno es hoy –que sí se ha dado cuenta- le reclame al que era ayer –que no se daba cuenta-.

Así que tiempo y paciencia… Amor propio… Comprensión… y Aceptación. Negar la realidad es contraproducente e infantil. La realidad es la que es, guste o no guste. Uno, cuando es consciente y toma conciencia, se encuentra con una realidad que generalmente no es satisfactoria. Pero es lo que hay. Es la verdad. Eso sí, lo siguiente es hacer borrón y cuenta nueva. Nada de perder el tiempo en más reproches, nada de estancarse en el pasado. Es necesario aceptar lo que hay, lo que uno ha sido y ha hecho, y lo que está siendo, para poder comenzar la nueva andadura. Y mientras no se haga así, es mejor no dar el primer paso porque habrá que desandar para volver a comenzar. Este es un hermoso ejercicio de humildad: lo acepto todo, aunque no lo ame. Pero lo acepto con el corazón, no a regañadientes.

Si uno decide iniciar un Camino nuevo será bueno que se convierta en una sonrisa continua que se relame gustosa ante lo que está por llegar. Que esté ilusionado, esperanzado y feliz.

Y que la exquisitez, el mimo, el Amor, y el auto-respeto, estén siempre presentes. Uno ha de convertirse en su mejor amigo, en su más tierna abuela, en su más cariñosa madre, en su más eficaz consejero, en su más paciente compañero, en su más atento y amable cuidador.

Cualquier otro modo de hacerlo está condenado al fracaso o, en el mejor de los casos, a dar mil vueltas y perder mucho tiempo. Y esta tarea se ha de hacer sin prisa… pero sin perder tiempo.

Cada vez que me entero de que una persona decide que va a comenzar su Camino de Desarrollo Personal, que va a buscarse, que quiere ser él mismo, me emociono. Me parece un momento estelar, histórico, al que uno tiene que asistir orgulloso de sí mismo, henchido, con una sonrisa de satisfacción que lo grite a los cuatro vientos.

Me atrevo a garantizar que quien lo haga de este modo que he tratado de explicar llegará a cumplir su propósito, y en algún momento se mirará al espejo y encontrará reflejado el rostro de una persona satisfecha de sí misma.

Y en cualquier caso, a esa persona le garantizo que tiene toda mi admiración.


Te dejo con tus reflexiones…


Francisco de Sales
www.buscandome.es

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