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 CAPÍTULO 60 - POSESIÓN, PERTENENCIA, DOMINIO.

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AutorMensaje
Francisco de Sales
Escritor Muy Activo
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Cantidad de envíos : 699
Fecha de inscripción : 12/12/2012

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MensajeTema: CAPÍTULO 60 - POSESIÓN, PERTENENCIA, DOMINIO.   CAPÍTULO 60 - POSESIÓN, PERTENENCIA, DOMINIO. Icon_minitimeMiér Oct 28, 2020 3:18 am

CAPÍTULO 60 - POSESIÓN, PERTENENCIA, DOMINIO.
- LO QUE NO ES APROPIADO -

Este es el capítulo 60 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER.


En la relación de pareja se debiera compartir todo. O mejor… sólo casi todo.

Hay cosas, sobre todo los bienes materiales, que pueden ser privados de cada uno de ellos. Y cada pareja también puede tener cosas, no materiales, que sólo le pertenecen a cada uno de ellos y no a los dos.

Pero cuando hablamos de los fundamentos básicos de la relación, que son el amor y el bienestar para el otro y para sí mismo, sí que conviene tener claro que no hay nada que uno deba guardarse y no entregarlo.

Del mismo modo, tampoco debiera haber un concepto del otro como que es una propiedad privada. Porque el otro es suyo. Solamente suyo.

Cuando existe una sensación de posesión del otro, de que se es dueño de su vida y sus actos, eso deja de ser amor para convertirse en una demostración de egoísmo posesivo.

Decimos “es mío” o “es mía” con una sensación de posesividad que, vista desde fuera, asusta.

Nadie es nuestro. Cada persona, es solamente suya. De sí misma.

Según el budismo, que es capaz de explicar la idea con razonamientos convincentes, ni siquiera uno mismo es suyo.

Nada nos pertenece. Y quien sea capaz de comprender esto dentro de su corazón se liberará de golpe de una pesada carga de la que no es muy consciente, aunque está ahí gravándole.

Uno de los inconvenientes de las posesiones es que llevan implícitas el miedo a perderlas por parte de quien las posee. Lo que no se tiene no se puede perder. Y entender esto resta bastantes preocupaciones a las muchas que todas las personas tenemos.

Pretender monopolizar al otro, desde un amor posesivo, es un agobio para el otro que, antes o después, va a afectarle personalmente y afectará también a la relación. El acaparamiento posesivo, por el miedo a perderle, va a conseguir un efecto distinto al deseado, y es que va a avivar en el otro la necesidad de sentirse libre. Necesidad que, quizás, hasta entonces no había contemplado como necesaria. Quien está en una relación, está –o debiera estar- por su libre voluntad, y ese es un argumento lo suficientemente sólido como para no sentir la necesidad de atarle.

Si se le transmite al otro una sensación de querer poseerle, se asustará ante la posibilidad de dejar de ser él mismo para pasar a ser una posesión de otro, y eso le lleva automáticamente a una oposición en la que se siente legítimamente autorizado para defenderse. La relación no es un enfrentamiento, y en ella tampoco ha de haber un esclavo y un dueño.

No hay que olvidar que la pareja es la suma de dos individuales que no renuncian a ese derecho por el acto de unirse, que el respeto es uno condición indispensable, y que aun habiendo firmado papeles que les unan –tal vez haciéndole creer equivocadamente a alguien que desde ese momento el otro le pertenece- en realidad sólo les une el deseo de estar unidos. Libremente.

Si uno se quiere marchar de la relación, si quiere deshacerla, no hay nada que se lo impida. Tal vez uno se sienta obligado a permanecer por la existencia de los hijos que se han creado en común –y no hay que ser de tan mala calaña como para sujetar con este motivo al otro en el sitio donde no quiere estar-, o tal vez se sienta obligado por unas creencias religiosas profundas que le encadenen de tal modo que no sea capaz de escapar de su influencia, o tal vez sea el excesivo respeto, o un fondo de amor que aún le quede, lo que le dificulten dejar al otro sabiendo que con esa actitud es él mismo el perjudicado.

Habrá motivos o razones personalizados en cada caso. Pero hay que prestar atención porque unos serán verdaderos y otros serán sólo excusas.

Pero si se elimina el deseo de posesión, de dominio, de control, eso beneficiará a los dos, que es de lo que se trata.

SUGERENCIAS PARA ESTE CASO:

- La libertad del otro es un derecho indiscutible.
- Ser libre no quiere decir que se puedan hacer cosas incorrectas que afecten a la relación.
- Poseer no es amar.
- No se puede poseer a alguien en contra de su voluntad.
- El deseo de posesión a menudo esconde inseguridades.


Francisco de Sales

(Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí:
http://buscandome.es/index.php/board,89.0.html)

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