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 CAPÍTULO 47 - NO PEDIR LO QUE REALMENTE SE QUIERE EN EL SEXO

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Francisco de Sales
Escritor Muy Activo
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Cantidad de envíos : 631
Fecha de inscripción : 12/12/2012

CAPÍTULO 47 - NO PEDIR LO QUE REALMENTE SE QUIERE EN EL SEXO Empty
MensajeTema: CAPÍTULO 47 - NO PEDIR LO QUE REALMENTE SE QUIERE EN EL SEXO   CAPÍTULO 47 - NO PEDIR LO QUE REALMENTE SE QUIERE EN EL SEXO Icon_minitimeJue Oct 15, 2020 2:10 am

CAPÍTULO 47 - NO PEDIR LO QUE REALMENTE SE QUIERE EN EL SEXO
- LO QUE NO ES APROPIADO -

Este es el capítulo 47 de un total de 200 –que se irán publicando- que forman parte del libro RELACIONES DE PAREJA: TODO LO QUE NO NOS HAN ENSEÑADO Y CONVIENE SABER.


Ya he hecho referencia a la incapacidad o el desinterés del hombre para adivinar lo que la mujer sólo insinúa y no dice con todas las palabras y muy claramente. Por eso de no decir o no pedir con total claridad, se puede perder ella -y se perderían ambos- muchas cosas.

Teniendo en cuenta que la pareja es un proyecto de los dos, que está por encima de cada uno de ellos como individualidades, que se forma con otro alguien con quien se va a compartir el resto de la vida –con sus correspondientes conflictos y alegrías-, y que ambos se van a ver perjudicados o beneficiados directamente por todo aquello que afecte a la pareja, será más que beneficioso que cada uno de ellos exprese o pida lo que realmente quiere de un modo directo, sin rodeos ni tapujos, sin miedo ni pudor.

También en lo relacionado con el sexo, que es uno de los asuntos importantes en la relación.

Conviene crear la confianza suficiente para poder hablar de los gustos particulares que tenga cada uno. Sobre todo, para evitar que te hagan algo que te desagrada o te obliguen a hacer algo que no quieres hacer. Y también que no te hagan algo que sí te gusta. Hay que tener muy claro que no es obligatorio decir siempre que sí –cuando lo que se quiere es “no”-, y tampoco hay que decir que sí a todo cuando hay alguna cosa que no apetece. Pasarlo mal para que el otro disfrute tal vez no sea justo –y no sería lógico por parte del otro pedirlo-. Es algo que se debe valorar y decidir entre ambos.

Dependiendo de cómo sea el otro se podrá hablar directamente o habrá que plantearlo como una especie de juego. Los asuntos del sexo aún se tratan con vergüenza, pero resulta más fácil hablar de ello cuando se está en plena actividad sexual, porque parece que la excitación del momento permite estar más desinhibidos.

Algunas mujeres no se atreven a pedir que les acaricien en tal sitio y de tal forma, o que les besen acá, o que les den ligeras cachetadas en las nalgas, o que quieren ponerse en cierta postura, o que les susurren ciertas palabras con cierto tono, porque no vaya a ser que él piense que es una depravada. O no piden sexo cuando lo desean para que él no crea que es una ninfómana.

Es evidente que la educación represiva en este campo, y la deseducación, son una fuente de conflictos sexuales en la relación y que así como se tratan otros temas con naturalidad, éste parece destinado a mantenerse tabú. Y en mi opinión se deberían conocer los gustos y deseos del otro en este terreno como se conoce que no le agrada madrugar o que le gusta la comida sin sal.

Partiendo de que en el sexo vale todo –digo TODO- lo que acepten ambos por libre voluntad, si no se expresa con claridad lo que se desea se puede quedar uno con ciertas frustraciones que si hubiese comunicación se podrían evitar. Porque eso que a uno le perturba de su sexualidad le puede gustar mucho al otro, que a su vez tal vez tampoco se atreva a pedirlo y de ese modo ambos se lo pierden.

Ya hace muchos años que el sexo es un asunto orientado más al placer que a la procreación, y que producir placer al otro es otra forma de amar y de unirse aún más, y que está demostrado científicamente que todo son ventajas al mantener relaciones sexuales satisfactorias.

Muchos hombres que fueron educados en la creencia de que el sexo es sólo para disfrutarlo él, y que ella es poco menos que una esclava sexual preparada para satisfacerle, ya se han ido dando cuenta de que no es así.

En bastantes casos las mujeres no se atreven a pedir lo que desean pues temen al juicio que el otro pueda emitir, porque parece como que en el papel que siempre se ha adjudicado a la mujer -el de ser madre impecable, inmaculada y virginal esposa, al mismo tiempo que abnegada y trabajadora-, no entrara el hecho de que también tenga sus deseos y necesidades sexuales.

Ellas pueden llegar a imaginar que si manifiestan sus deseos eso va a afectar y a cambiar el concepto que su pareja tiene de ellas, y que ellos pueden llegar a pensar que se han emparejado con una puta o con una loca. Mientras que, al mismo tiempo, puede que él desee una mujer liberada, abierta a todo, y ya que no lo encuentra en su mujer se vaya a buscarlo por los burdeles o en los brazos de una amante.

La claridad y la espontaneidad, y la liberación de los tapujos y los pudores, aportan enriquecimiento a la relación… y muy buenos momentos compartidos.

Es mejor no reprimir la sensualidad, lo lujuriosamente salvaje que se lleva dentro –con el mayor respeto y cuidado de no agraviar a la otra parte-, porque reprimirlo conduce a la frustración –otro desagradable e incómodo granito de arena-, y conviene no permitir que los inconvenientes que se presentan en la vida, ni la rutina, ni los agobios, ni lo cotidiano, interfieran en esta parcela. Conviene que ambos lo tengan claro y que ambos defiendan ese lugar de encuentro de sus cuerpos y sus almas.

SUGERENCIAS PARA ESTE CASO:

- Hablar de los gustos y deseos sexuales es recomendable y necesario.
- Tener relaciones sexuales satisfactorias fortalece la pareja.
- Lo que pase en el sexo es cosa sólo de los dos.
- Sólo al sexo bien compenetrado se le puede llamar “hacer el amor”.
- El sexo no es solo penetración, lo importante son los preliminares amorosos y que se mantenga vivo el deseo del otro o de la otra en su totalidad.


Francisco de Sales

(Si le interesa ver los capítulos anteriores, están publicados aquí:
http://buscandome.es/index.php/board,89.0.html)

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