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 FABULAS DE LOS ESTUDIANTES - NOVELA (entrega veintisiete)

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Alejandra Correas Vázquez
Escritor Muy Activo
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Alejandra Correas Vázquez

Cantidad de envíos : 326
Fecha de inscripción : 07/10/2015

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MensajeTema: FABULAS DE LOS ESTUDIANTES - NOVELA (entrega veintisiete)   FABULAS DE LOS ESTUDIANTES - NOVELA  (entrega veintisiete) Icon_minitimeMiér Sep 09, 2020 1:53 pm

FABULAS DE LOS ESTUDIANTES
..........................................
NOVELA
...........

por Alejandra Correas Vázquez
...................................


FÁBULA  VEINTISIETE
.............................


PROYECTOS  Y  PROPUESTAS
..................................


Luz miraba hacia el ventanal que se regaba a mares. La tormenta primaveral habíase apoderado de la ciudad cordobesa y las calles corrían anegadas. La Cañada recogía en su seno aquellas aguas con la afición de siempre. Los niños armaban barquitos con papel de diario, y abriendo la puerta los colocaban al borde de la vereda donde el agua corría como un río.

Ella tuvo que armar el propio para Marina con el diario de la mañana, y el resto de la familia protestó porque algunos no habían leído aún las noticias del día. Pero ambas hicieron caso omiso y vieron al pequeño navío deslizarse por las calles.

Luz había quedado intrigada por la conversación con Martín, relativa a los cuchillos de la cocinera india cuando cortaba la tormenta. Fue así que al verlo llegar muy contento, por haber aprobado uno de los últimos parciales de su carrera de ingeniería, ella se dirigió a él para felicitarlo. El muchacho sorprendióse emocionado.

—“¿Sabes Martín?”— le dijo acercándosele —“Me ha sorprendido tu relato sobre Juana. Me sorprendió oírtelo decir, en especial conociendo tu afición hacia todo lo extranjero”

Luz manifestó su opinión con suavidad, algo insegura.

—“¿Porque lo digo yo? Es que me juzgas muy fácilmente. Tienes prejuicios sobre mí ¡Me prejuzgas! Yo te relato la imagen de una vida, la cual es, no sólo la expresión de una raza que antaño fue vencida, sino de su alma. Lo que ella contiene es un atributo propio del pueblo indio americano. Y por ello subsiste entre nosotros”

—“Pero como algo sin valor, para la opinión de muchos. O en todo caso, quedan en nuestra tierra aún muchos descendientes, pero marginados”— dijo ella

—“Son los prejuicios del vencedor, y yo no los comparto. Es cierto que busco lo nuevo. También rechazo la idealización del pasado. Pero sin embargo... no creas mal, no me prejuzgues, también sé respetar a las viejas tradiciones autóctonas. Me acerco a nuestra Juana y me vuelvo supersticioso”— le aseguró Martín

—“Eso me alegra”— aseguróle ella

El muchacho dejó sus papeles y libros a un costado. Le preocupaba que Luz lo prejuzgara sin haberlo oído, realmente. Se acercó a ella y comenzó a explicarse.

—“Mira amiguita, elegí la ruta en la que mejor me adaptaba y quiero emigrar a los pueblos donde nieva, del hemisferio norte. Me atraen sobremanera. Alemania primero que todo, y estudio alemán todas las tardes en el Instituto Goethe”— díjole Martín

—“Luego... casi sin prejuicios”

—“Pienso que ante el frío el hombre se dinamiza y construye. Creo que ése fue el reto que supieron enfrentar los europeos, si pensamos que la civilización comenzó primero por Africa, en Egipto”

—“¿O sea que admites que ellos no fueron los iniciadores?”

—“¡Pues claro!... Pero a nuestra América meridional le falta tiempo, y no creo que llegue hasta mí”  

—“¿Pero tiene futuro, verdad?”— insistió ella

El la miraba serenamente, debía aceptar su pregunta pues también estaba en su mente. Bajó la voz, buscó un asiento doble y la hizo sentar a su lado. Luz le pareció demasiado frágil para acuciarla con su firme postura. La niña díjole entonces:

—“Bueno, tu futuro es claro como el de aquellos países”

—“Son países de grandes guerras, de grandes tragedias, que ellos transforman en crecimiento. Yo siempre lo he tenido presente y valoro la forma en que se sobreponen”— explicóle él

—“¿Por ello te encaminas a esos rincones del mundo donde percibes un presente más brillante?”

—“Sí, Luz. No soy un revolucionario ni un profeta. Represento y materializo el ideal dentro de una familia media de nuestra ciudad. Me es fácil su camino y lo tuve siempre a mano. Cumplí los estudios porque los pusieron frente mío, es verdad. Pero también me apasioné por ellos y se transformaron en mi camino. Lograré finalizar este ciclo y ejerceré esta profesión de ingeniero. Seré honesto con ella. No lo dudes ¿Hay delito en ello?”— protestó Martín

—“Sería absurdo si lo hubiera”

—“¡Menos mal!... para estos tiempos donde se alaba el incumplimiento”— exclamó el muchacho

—“Yo no te he herido, Martín. Tampoco te critico con dureza. Pero sí estoy segura que otros lo han hecho, aún dentro de tu misma universidad. Sacas notas altas sin esfuerzo ni tragedia, y ellos por rivalidad te atacan. No me compares con tales personas. Además en mi secundario también existen esas egoístas competencias”— sostuvo Luz

—“Bueno, creo que en realidad me respetas, pero también me gustaría ser más amigo tuyo, y sentirte más cercana. Me has tomado por el hermano mayor de la casa colocándome a la distancia”

—“Los años de diferencia causan esa impresión”— comentóle Luz

—“No hay tal, niña. También soy el más juguetón de los primos, con mayor vida social”

—“Lo hemos visto, pasas algunas noches fuera de la casa y vuelves al día siguiente ¿Es parte de tu preparación para emigrar?”— criticóle ella

Martín quedó callado y casi se ruborizó. Desconocía que Luz había tomado en cuenta sus ausencias nocturnas y privadas, en su vida de estudiante. Sus libertades luego de los estudios. Por ello cambió de tema.

—“Yo no estoy ni con unos ni con otros. No pongo tampoco mi mirada en el coloso anglosajón del norte, que encabeza nuestro continente. Es el más cercano, pero sus intereses y pasiones no me hacen falta. Además no estoy de acuerdo con las tragedias que provoca ¿Pero puedes creerme? Si hubiera elegido la vida religiosa no habría sido un Inquisidor ¿Me comprendes? Es fácil”

—“Sí, no tengo otra alternativa”— respondióle ella

—“Mira”— volvió a decirle él —“Los países son como hombres gigantescos. Los hay más jóvenes. Los hay más viejos y casi sabios. Pero reconozco una savia más fina en algunos. Y su superación la atribuyo a la cualidad misma de ciertos pueblos. Los políticos pudieron darle un medio para expresarse, pero ese pueblo ya existía. Como el instrumento y el músico. Otros se organizan espontáneamente por una conciencia interna”

—“Será natural del hombre y en algunos despierta antes”— dijo Luz

—“¿Para qué voy a arrojarme a la otra orilla?”— preguntó él

—“Nadie te lo ha pedido. Todos respetamos tu paso. Vives en paz como otros no son capaces de vivir. Armonizas por igual. Pero te falta el amor”

—“¡Oh, claro! No se concibe en este nuevo tiempo, el amor en la paz. Necesitan la tragedia y yo no les doy motivo para llorar. No los humillo. Pero ellos también se sientan a mi lado, provocándome. Me ofrecen sus armas para combatir juntos y no las acepto. Vivo sin escarapela alguna sobre el pecho. Y no les temo. Pero cuando demanden una mano laboriosa para hacer cálculos, abrir caminos y construir puentes, me hallarán a mí dispuesto a colaborar”— aseguró Martín

Ella quedó callada, algo nostálgica, como sintiendo que Martín había partido de pronto para Alemania, dejando un lugar vacío en esa casa de la abuela, que Luz ya sentía como propia. Luego lo miró preguntando:

—“¿Nunca volverás?”

—“¿Porqué? Allá seré un extranjero y el hombre siempre anhela un hogar. Además quienes pertenecemos a las viejas familias coloniales, como nosotros, tenemos un fuerte sentimiento de raíces. Es posible que más tarde cuando me capacite mejor, se me ofrezcan buenos medios en mi propia casa. Puedo esperar creo... para más adelante. Si no salen opositores al cruce”

—“¿Quiénes son?”— Luz parecía haber dado un salto en la silla

—“No sabría darles un nombre genérico. Están repartidos por esta ciudad, por este país, como en el resto de Sudamérica. Y espero no encontrarlos en el hemisferio norte. Son una voz. O un susurro. Pero colocan con sus estigmas trabas innecesarias, dificultando el camino”— insistió Martín

—“Quizás sea una voz para el futuro...”

—“Pero yo me quedo en mi presente. Además... ¿qué saben de mí? ¿Por qué quieren colocarme dentro de la bolsa de todos ellos? Pero no cuentan conmigo pues durante este año se ha abierto grande mi ventana. Entran rayos de todas direcciones. Es mi aurora”

—“¡Muy bien Martín!”— aplaudió ella —“Un hombre, es su palabra. Creer, no es vivir, se necesita algo más. Ese es tu camino. Lo has elegido y tu rama está muy cerca”

—“Luz... has madurado pronto ¿Cuántos años tienes?”

—“Dieciocho”

—“Te llevo diez. Pero no importa. La abuela ha vivido ya, muchísimo más que nosotros y es nuestra mejor amiga”


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