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 FABULAS DE LOS ESTUDIANTES - NOVELA (entrega once)

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Alejandra Correas Vázquez
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Alejandra Correas Vázquez

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MensajeTema: FABULAS DE LOS ESTUDIANTES - NOVELA (entrega once)   FABULAS DE LOS ESTUDIANTES - NOVELA (entrega once) Icon_minitimeSáb Sep 05, 2020 8:28 am

FABULAS DE LOS ESTUDIANTES
..............................
NOVELA
..........

por Alejandra Correas Vázquez
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FABULA  ONCE


EL  GRAN  LAGO  Y  LAS  DOS  LUNAS  
............................................


El atardecer había comenzado. La antigua casona continuaba en el seno de aquella urbe que se modernizaba, mientras Luz iba ordenando pasivamente su ropa. Varios juguetes de Marina se hallaban diseminados por el suelo, y ella procuró reunirlos en un solo estante. De improviso sintióse llamada. La voz provenía de la cocina. Atravesó los macetones del patio para encontrarse con Marina acurrucada junto al fogón.

—“¡Fíjese Niña Luz! ...Marina no quiere cruzar sola el patio... es mejor que se la lleve de la mano. Yo estoy muy atareada aquí”— le dijo en un pedido imperioso la vieja Juana

—“Vamos”— y la tomó con suavidad

—“No ... no ... que hay gente, allá bajo la palmera”

—“Ninguna Marinita. Sólo unos paquetes que ha dejado Diego. Ya los vamos a sacar”

Las dos salieron de la cocina. La niñita caminaba con pasos pequeños, parecía adherida a la falda de Luz.

—“¿No hay estrellas?”— preguntó la nena

—“Muchas. Pero la luna llena brilla tanto que no las deja ver”

—“¿Y nadie le apaga la luz?”— levantó su carita mirándola

Y al pasar junto a la palmera continuó su camino olvidándose de ella. Luz le acariciaba sus cabellos rubios con ternura.

—“Hubo un niño que quiso cubrir a la luna llena con un paño de lana, para que no ocultara las estrellas”— comenzó a relatarle

Se interrumpió al llegar adentro. Fue directamente al sillón y la sentó a su lado. La pequeña levantó su carita y aguardó la continuación del relato.

—“El niño había subido por la cuesta más alta del barranco”— continuó Luz

—“¿Junto al Parque, allá donde está el Zoológico?”— volvió a preguntar Marina

—“¿Lo conoces?”

—“Un día me llevó Ramiro, había que subir escaleras por los costados para llegar a la jaula de los tigres ¿Por qué en la sierra no hay esas escaleras largas para subir hasta arriba?”

—“Algún día habrá y no tendremos que escalarlas tomándonos de las piedras”— prometióle Luz

Marina apoyó la cabecita en su brazo. Un silencio expandido por el atardecer, hizo que la imaginación de Luz creara un mundo de fantasía, para que la pequeña oyente.

—“Pero este niño del que te hablo se fue hacia el otro barranco. Del lado opuesto. El que había antes de llegar a la estación de Alta Córdoba, y que ahora está cubierto de casas con calles de pavimento. Pero hace mucho ese barranco se llamaba “La Bajada del Negrito Muerto”. Y el niño subióse allí que era sitio más alto, caminó toda la noche entre las barrancas, se cayó en algunas y volvió a subir”

—“¿Y nadie lo ayudaba a levantarse?”

—“Sí. Otro niño como él, cada vez que caía lo encontraba a su lado”

Marina levantó su cabecita sorprendida. Había perdido la somnolencia que le diera la sopa servida por la vieja cocinera.

—“¿Y quién era ese otro niño?”— preguntó

—“El le preguntó ...Yo... le respondió el otro ...Soy el habitante más antiguo de la barranca y puedo conducirte por todos sus caminos”— siguió contándole Luz

—“¡Qué lindo!”

—“Entonces el primer niño le señaló: ¡Quiero llegar hasta allá!”

—“¿Quería ir más lejos?”— preguntó extrañada Marina

—“Si. Y hacia allí lo condujo, al extremo desde donde podía observar la ciudad entera. Cien luces brillaban abajo suyo y la luna sobre su cabeza”

La pequeña saltaba en el sillón muy eufórica. Luz trató de calmarla subiéndola a su falda. Luego continuó relatándole:

—“¿Querías ocultar toda la luna? ¿Y para qué? Mira cuántas estrellas existen todavía sobre la tierra?”— le dijo el otro niño —“En cada una puedes hallar una casa, un papá, una mamá y muchos niños amigos”

Marina abrió grandes sus ojos mirándola de frente. Estaba fascinada. Luz continuó:

—“Pero” ...volvió a hablar el primer niño... “Llamé a tantas puertas y ninguna me abrió. Les mostraba la mano dándoles el molinito de papel glasé que había construido en mi escuela, mas no lo quisieron.”

—“¡En el Jardín de mi escuela, hicimos un molinito de papel!”— gritó emocionada la nenita

—“Muy bien ...pero sigamos... Entonces el segundo niño quedó en silencio por un espacio largo. Después lo tomó de la mano y mirándolo suavemente le preguntó: ¿Siempre has vivido en esta ciudad?”

—“¡Yo siempre!”— la interrumpió Marina —“Nací acá en el centro de Córdoba, me dijo la abuela”

—“Bueno ...este nenito también, pero el segundo niño continuó diciéndole... Mira, yo vivo en este rincón del mundo desde hace más tiempo. Te mostraré como era antes tu ciudad... Y extendiendo la mano nuestro amigo, el primer niño, pudo ver que sus pies se mojaban con el borde de un lago gigantesco. Entonces el otro niño le dijo: La otra orilla se encuentra allá lejos, donde se levantó después la jaula de los Tigres.”

—“¿Y mi papá era chico entonces? ¿El lo conoció?”— preguntó con asombro la nena

Luz se admiraba al ver de qué forma fácil, la pequeña hacíase protagonista de sus cuentos, entrando dentro de ellos en forma inmediata.

—“No Marina. Hace más tiempo todavía. Cuando la abuela nació ya no quedaba más que La Cañada para reunir el agua de las lluvias. Sólo que en su tiempo eran más fuertes, inundaban las calles y rompían los adoquines”

—“Ella dice que todo el patio se inundaba. Hasta el dormitorio del fondo. Una noche bajó sus pies de la cama y el agua le llegaba a los tobillos”

—“Sí, mi nena. Pero ya se había secado el Gran Lago que cubría el centro de nuestra ciudad. Sin embargo el niño esa noche lo vio, pues el segundo niño se lo mostró en todo su tamaño. Y sobre sus aguas reflejábase la luna llena. Era muy bonito”

—“¡Qué bonito!”

Marina parecía ver el Gran Lago como si estuviese frente a sus ojos. Y esa capacidad de encanto, hizo en Luz  brotar su imaginación.

—“¿Lo estás viendo? Hay dos lunas, una en cielo y otra en el lago”

—“Muy lindas, si busco mi salvavidas floto hasta la luna del Lago”

—“Entonces el segundo niño siguió hablándole: ¿Ves allá lejos una luz rosada que brilla? Flota sobre la superficie del lago y puedo dártela si bajamos. Será tu estrella ... “

—“¡Y también la mía, yo la quiero!”— insistió Marina

—“En cambio él le dijo... ¡No! Pues nos ahogaremos en el fondo del lago”

—“¡Qué lástima! Yo la quería...”

—“Así contestó asustado el primer niño”— continuó Luz relatando —“¡No tengas miedo! insistió el segundo niño ...Ya no hay más lago... ¿Ves? Está toda la ciudad de nuevo ante tu vista, iluminando el antiguo foso que dejaron las aguas. ¿Vienes conmigo? Voy a darte mi ofrenda... Y los dos niños bajaron de la mano hasta el límite de la barranca, junto al puente, sobre la greda con casas donde vivían los hombres de aquel barranco llamado Bajada del Negrito Muerto”

—“¡Se fue el Gran Lago con las dos lunas! ... Ya no me gusta tu cuento”— quejóse la pequeña

—“Pero todavía sigue la historia de los dos niños y la estrella prometida”— insistió Luz

—“No. No. No me gusta. Me voy con la abuela a dormir con ella”

Y para sorpresa de Luz, la pequeña bajó del asiento para ir en busca de su abuela. Los pasos de ambas escucháronse en el dormitorio de la anciana.

—“Esta noche”— pensó Luz —“Marina flotará por el Gran Lago para ir al encuentro de sus dos Lunas”



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