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 FABULAS DE LOS ESTUDIANTES - NOVELA (tercera entrega)

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Alejandra Correas Vázquez
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Alejandra Correas Vázquez

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MensajeTema: FABULAS DE LOS ESTUDIANTES - NOVELA (tercera entrega)   FABULAS DE LOS ESTUDIANTES - NOVELA (tercera entrega) Icon_minitimeJue Sep 03, 2020 10:19 pm

FABULAS DE LOS ESTUDIANTES - NOVELA
............................................
por Alejandra Correas Vázquez

(tercera entrega)

FÁBULA  TRES
.........................

LA  PRISIONERA
..........................

Se produjo entre ambas amigas, un hondo vacía. Era como si ellas ya no estuviesen juntas, sino cada una dentro de su interior. Luego Luz reaccionó preguntando:

—“Bueno ¿Pero qué te hace pensar que llevas impresa en tu sangre la sed de un revolucionario? ¿Por dónde te apartas del rebelde?”

Luz se hallaba sentada en una silla muy baja. Frente a ella, bajo el vidrio que cubría la superficie de la cómoda divisó el retrato de una niña bonita.

—“Es mi hermana menor”— le observó Andrea —“Siete años atrás. Una niñita original y ocurrente. Sus risas ocupaban todos los espacios de esta casa. Y además en ella sobresalía su encanto ingenuo ¿O es que yo veía las cosas de diferente manera?”

—“Todos cambiamos. Y los que hemos caminado por rutas paralelas, nos alejamos de la anterior sin darnos cuenta”— le observó Luz

—“Es verdad”

—“Es que te olvidas de la energía humana, Andrea. También tenemos poder para corregir o transformar, a la naturaleza propia. Pero tienes que contestarme ¿Dónde está tu revolución?”

Luz había tomado el retrato y lo tenía en las manos. Una criatura de ocho años estaba prendida de las ramas de un árbol. Su sonrisa era todo un mensaje.

—“¿Y si por encima de las rebeldías huecas sobreviviera esta naturalidad?”— le preguntó nuevamente

—“Importaría para ella. Sería algo muy valioso. Tiempo atrás mi hermanita representaba una ilusión. Más aún, era un mensaje de redención para la casa. Sin embargo las paredes estaban demasiado duras y no supieron recogerlo. La infancia pasó y somos nosotros, quienes quedamos al desnudo. Pero te equivocas. Yo no soy más una rebelde... y ya he partido lejos”— acentuó Andrea

—“¿Anciana entonces?”

—“Podría ser, puesto que no creo en la rebeldía. En la construcción en cambio, sí. Tengo la materia y anhelo modelarla. Si me rebelara únicamente no haría nada con ella. Permanecería inútil y tendría que regresar a lo que había desechado. El fracaso. Teñido por el disfraz de un rótulo del momento ¿De qué modo podría construir? ...Sería mi liberación”

—“¿Te sientes solamente frente al elemento?”—insistió Luz

—“No ...algo he hecho... pequeño y gigantesco— defendióse Andrea— Mira, mucho a variado mi existencia. He renunciado a tesoros. Claro es, te confieso que lo he hecho con gran placer ¡Una liberación!”

Como Luz pareciera sorprendida, Andrea puso sus ojos sobre el plafond del techo, cual si en él viera imágenes vivas. Luego comenzó su explicación.

—“La primera...Yo era distinta. Una muñeca que gemía y sus voces nadie escuchaba. Numerosas cuentas de rubíes se deslizaban sobre mis vestidos. Yo hubiera preferido sólo el bronce. El que podía comprarme mi padre. Pero le faltó a él valentía. Las mujeres de mi familia dispusieron desde mis tiernos años, todo lo contrario. Había que cubrirme de terciopelo, para que ellas me llevaran de la mano. Conocí las salas de los hoteles de lujo”

—“Muchas otras niñas debieron desear una situación semejante”— amplió Luz sorprendida
 
—“Sí. Lo vi por mis mismo ojos”— admitió Andrea —“Pero en aquellos veraneos de lujo no tenía el derecho al pequeño caramelo. Mi ropa de lujo no podía mancharse con azúcar. Para gozar del derecho a pisar los alfombrados había que caminar de puntillas. El sabor de una naranjada me estaba prohibido, porque manchaba los cortinados de brocado ... ¡Pensé tantas veces en un paseo sencillo donde los damascos se inclinaran hasta mi mano en abundancia!”

Luz se incorporó, comenzando a caminar por la habitación. Las palabras de su amiga habíanla conmovido, pero no sabía si apoyarlas o rechazarlas.

—“¿No habrás cambiado ese lujo por el de estos tesoros escritos sobre papeles, que circundan la pared?”

—“No ...escúchame bien... es otra cosa. Un pedazo de amor. Entonces yo iba de la mano. Era la muñeca. Busqué a mi alrededor el brazo materno y no pude reconocerlo. Ella estaba por completo dominada por sus hermanas mayores, y además por una amiga suya llamada Nilse muy intrigante”

—“¿Una amiga de tu madre muy intrigante y posesiva?”— preguntóle Luz asombrada

—“Sí, lo que oyes. Una amiga que la utilizaba a favor de sus hijas, feas y gordas, que estudiaban de memoria sacando la nota 10. Pero nunca razonaban nada. Sin embargo la predisponían en mi contra. Ellas y sus hermanas eran de por sí,  muchas mujeres ... incompletas. Ninguna amaba a un hombre. Y yo debía suplir esa cantidad de hombres ausentes”

—“¿Y tu padre?”

—“Demasiado débil”— insistió Andrea –“Terco. Adusto. Intelectual. Pero falto de rigor con su esposa y su pésimo entorno. Hubiera preferido sus cuartos de baldosas. Más simples, más sencillos. Pero él no supo resistir la imposición de aquellas féminas. No hubo una mano que comprendiera mi tristeza. Y yo debía agradecer para siempre, aquella lujosa caridad”

—“¿De qué modo?”

Luz le dirigía preguntas manteniendo los ojos muy dilatados.

—“Mediante la esclavitud moral ¿Comprendes? Simple y doloroso”

Alrededor de ellas la siesta comenzaba a disiparse. Algunas voces rápidas se dejaban oír por el corredor.

—“Vine”— volvió a hablar Luz luego de un pesado silencio —“a decirte una frase y ahora me pregunto si me corresponde hacerlo ¡No sé por qué penetro en las vidas ajenas! No deseo interferir en nada. Mejor me voy como vine y con tu recuerdo”

—“¡No te vayas! Aguardo que me digas algo desde que llegaste”— la retuvo Andrea

—“Pero no intentaste preguntármelo. Tienes mucho orgullo”

—“Debe ser cierto ¿Qué era?”

—“Andrea... El niño llora”

Ella miró hacia la puerta y quedó callada. Andrea le respondió:

—“Paso las horas aquí sola, salgo a veces. Ramiro sabe donde encontrarme. Yo pongo los medios. No son físicos, pero el que ama debe saber percibirlos. Sólo quiero amor puro. Auténtico. Estoy muy sola y me siento pequeña. El esfuerzo que hice me ha dejado débil. Me falta la energía para arrancar la última puerta ¿Y adónde ir? ¿Qué comer? ¿Dónde cobijarme? ¡Soy un ser inútil! Estoy prisionera de mi incapacidad...”

La voz se le quebraba, pero igualmente Andrea continuó:

—“He roto las ilusiones de vanidad que habían puesto en mí. Cuando los rostros de aquéllos en quienes deseaba amistad, me volvían la cara con desagrado ¡Qué soledad! La muñeca era un objeto que no podía amarse. Estoy a las puertas del amor y no sé comenzar desde ningún punto. En este punto soy romántica”— algunas lágrimas bajaron por su rostro pálido.

Andrea dejó por un momento su altivez. Su amiga sintiéndose conmovida se acercó más a ella.  

—“¿Sientes al menos amor? ...algo por él,  por Ramiro”— insistióle Luz

—“Al menos admiro su energía. Ha comenzado a luchar. Trabaja. Para jóvenes como nosotros, abandonar el lecho es muy difícil. A los veinte años descubrimos que no sabemos aventar al aire las sábanas y volverlas a extender. En noches de insomnio admiro a los que han podido acabar con su existencia. Siento que mis veinte años equivalen a la nada ¡Tantos están mejor nutridos que yo!”

—“¿Qué te detiene?”

—“El temor. Una fe profunda e instintiva en un mundo posterior. Presiento imágenes terribles semejantes a las pesadillas. Un corredor extraño y detrás de él, quizás un abismo o una nueva esperanza. No lo sé. Pero aún no estoy preparada para atravesar ese corredor. Soy irreligiosa, es cierto. Pero el ateísmo que me señalan, es de otra especie. He abandonado sus dioses, sus santos y rosarios fastidiosos, para volcarme hacia otros. Y a éstos, los propios, les temo. Tienen poder sobre mí”

Luz comenzó a levantarse de la pequeña silla. La siesta cordobesa parecía concluir y las bocinas de la calle penetraban el silencio de la casa.

—“Bueno... termina la siesta y debo volver. Creía encontrarte enferma al no verte en el Colegio Carbó. Una de las profesoras me pidió que te entregara este libro, para que no te atrases demasiado”— le dijo extendiéndoselo

—“Gracias. Sin duda debería agradecértelo”

—“¡Otra de tus facetas! Si sigues así, creo que tu secundario no podrá finalizar, aunque rondes por él infinidad de años ¿No es así? Ibas dos cursos adelante mío y ahora estamos en el mismo quinto año”— le recodó Luz

—“No. Tienes razón. Por mi padre quise hacer un esfuerzo sincero. Pero nació frustrado dentro mío”

—“Lo quieres mucho”

—“Tampoco. Sonrió con benevolencia ante un poema mío y quise brindarle una pequeña recompensa. Era externa y nació sin fe. Por suerte acaba el año lectivo. Ha sido como descender a ejercitarme en sumas, cuando ya me hallaba en el análisis de cálculos complejos. No nací para la rutina escolar. Pero puedo ofrecer energía al mundo. Soy orgullosa. Sin embargo puedo llegar a amar con dulzura, con romanticismo. Sería la iluminación”

—“¿Le digo algo a Ramiro cuando él regrese a casa de noche?”

—“¡Ni siquiera que me has visto!”

Se miraron. Luz sonrió. Afuera el sol comenzaba a ocultarse. Un manto de nubes cubría lentamente el cielo. La tarde estaba destemplada.


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