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 UN CARTÓGRAFO LUSITANO

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Alejandra Correas Vázquez
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Alejandra Correas Vázquez

Cantidad de envíos : 229
Fecha de inscripción : 07/10/2015

UN  CARTÓGRAFO  LUSITANO Empty
MensajeTema: UN CARTÓGRAFO LUSITANO   UN  CARTÓGRAFO  LUSITANO Icon_minitimeSáb Ago 01, 2020 5:53 pm

UN  CARTÓGRAFO  LUSITANO
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por Alejandra Correas Vazquez

El cartógrafo lusitano Don Francisco Vázquez de Oporto llegó al gran Tucumán al finalizar el siglo XVI ….

Era un hombre joven y muy alto, pelirrojo y de grandes ojos azules, bronceado por el sol de mar. Desmontó de su caballo que trotaba al lado de los carretones, blancos de sal por el gran Salinar, y rojos de greda por la larga travesía desde el Alto Perú. Estiró sus brazos y sus hombros con la sensación del marino que ha arribado a puerto. Fue poniendo en el suelo de aquel Tucumanao sus piernas cubiertas por unas larguísimas botas de hidalgo portugués. Acomodó su elegante traje que hallábase desgastado por la lentitud del viaje. Retocó su gola arrugada, que habíale protegido la garganta de tantas ventoleras gredosas, tan diferentes para él a las brisas marinas. … ¡Y por fin descendió a tierra! …

Puso sus pies en tierra firme, luego de aquella gran travesía. Hizo descansar a su caballo agotado, al lado de los carromatos crujientes y recargados. Y bajó a puerto seco... Como antes descendía desde la borda de los navío portuguesess en playas orientales en busca de sedas. En playas de Oceanía en busca de perlas. En playas africanas en busca de marfiles. En playas de Melanesia en busca de corales ...¡Y pensó en su Rey!... Don Felipe II de Austria y Borgoña, quien encerrado en su celda del Escorial con ayunos de varios días… ¡habíalo colocado a él en esa increíble llanura de Río Segundo!.. para poblar el Tucumanao. …Pampa. Soledad. Ombú.

Don Francisco, el lusitano, marino, cartógrafo, fue uno de los primeros pioneros en contemplar la pampa inacabable de la futura Argentina. Tal cual fuera antes de que el hombre comenzara a trabajarla. En estado virgen. El era un cartógrafo portugués contratado (debido a su profesión) por el virrey del Perú para trazar caminos desde el Tucumanao hacia el Alto Perú. Como pago a su tarea que realizaría durante los 40 años siguientes, se le concedió una Merced en el lejano Tucumanao.

Lucía un anillo de sello con escudo y había nacido en Calcuta, ciudad de la India bajo pabellón portugués en el siglo XVI. Al unirse las dos coronas decidió abandonar con su familia ese difícil Oriente, lleno de reglas nunca entendidas por los europeos. Fue de este modo que arribó al Virreinato del Perú, y una vez allí fue recibido con interés por las autoridades españolas quienes valoraban su conocimiento en cartografía. Sería comisionado para ponerla en práctica y radicarse finalmente en el Tucumanao.

Su abuelo decía él, era conde en Portugal, siendo él un segundón de la nobleza lusitana. Un hidalgo. Sus rivales en cambio lo señalaban como marrano (judío sefaradI). Fuera por realidad o porque en el territorio sudamericano a todos los judíos se les decía “portugueses” (según consta en las Actas Capitulares de Córdoba) lo fueran o no, él llevó o aceptó siempre este estigma dentro de un reino católico.. Pero ni el conde apareció ni el marrano. Apareció sí, en cambio, el ancestro patriarcal de una larga familia cordobesa de Argentina, aún subsistente con muchas ramificaciones, luego de cuatrocientos años.

La prosperidad que produjeron las Mercedes en esa tierra olvidada del Tucumanao ( inmensamente fértil) luego de veinte años de durísimo esfuerzo, en condiciones casi ilímites, enriquecieron finalmente a la familia Vázquez de Oporto, como a las demás familias lusitanas instaladas en este Finisterre. Como quiera que sea, ya no podían retroceder. Estaban demasiado lejos de Calcuta, de Timor, de Macao... y sobre todo de Portugal.

Con escudos de nobleza reales o no. Circuncisos o católicos, la situación era igual para todos. Con sus modales atildados y su diálogo enjundioso. Con sus formas diplomáticas afectadas (al haberse acostumbrado al trato con mandarines y rajáes orientales, cuando eran emisarios de la corte portuguesa). Exhibiendo todas esas exquisiteces con las cuales habían arribado hasta allí, la situación estaba ahora por completo cambiada. Debían hallar su sitio propio en aquel solitario Tucumanao. Dispuestos a sobrevivir, sacarían a esta región perdida llamada en al mapa de Diego Homen, como Incognito Regno, de su aislamiento histórico.

Como quiera que sea, ni el Virrey del Perú, ni la Real Audiencia de Charcas del Alto Perú (que habíanlos mandado hacia allá sin duda para “librarse de los incómodos portugueses” que ahora compartían al mismo rey) tenían la más remota idea de qué era ese Tucumanao. Ninguna idea clara, ni siquiera aproximada, ni de la extensión, ni de la ubicación de estas tierras regadas por el caudaloso río Segundo. Hasta desconocían el nombre de los ríos de este extenso Tucumanao, y ni siquiera les dieron uno propio. Se llamaron en total: Ríos Primero, Segundo, Tercero, Cuarto y Quinto. Hoy les hemos recuperado sus nombres originales indios.

Veinte años fueron un período de vida suficiente de adaptación para el cartógrafo portugués Francisco Vázquez de Oporto, ahora transformado en Encomendero. El viajaba de continuo, demarcaba caminos, guiaba caravanas comerciales hacia el Alto Perú, y reuníase cada cuatro años con su antigua flota en El Callao, en esas ceremonias secretas propias de todas las tradiciones marinas.

Ahora con 20 años pasados desde su llegada, la pampa sobrecogedora habíalo serenado. Pero aún conservaba su barba rojiza y sus ojos celestes. Su altura elevada, su pecho ancho como un velamen y su voz fuerte, casi estentórea, propia de un marino. Con ella especialmente, se servía para dar las órdenes a sus caravaneros.  Orgulloso y elegante, muy meticuloso en el vestir, partía anualmente con su comitiva de carretas hacia el Gran Mercado de Charcas en el Alto Perú. Un sitio centralizador de todo el comercio, que aún hoy es inmenso y sigue vigente. Sobre su gran portal de entrada en hierro forjado, podemos admirar todavía el águila bicéfala de la Casa de Austria, que continúa siendo el escudo de este histórico mercado colonial.

LA  HIJA  DEL  ENCOMENDERO
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El había arribado al Tucumanao siendo muy joven, con su bella esposa y dos hijos nacidos como él, en Calcuta. La naciente prosperidad luego de aquellos esfuerzos iniciales, como fueran edificar sus viviendas casi de la nada, le daban la seguridad interior de haber logrado derechos propios, y disponer de valores morales adquiridos.

Pero para volverse un tucumano verdadero necesitaba Don Francisco procrear su linaje, extender allí con un nacimiento su apellido Vázquez de Oporto, en esta tierra primitiva donde la civilización naciera por su intermedio … ¡Y tal sucedió!... Pues su esposa trajo al mundo en su Merced, cinco años después de su llegada, una hermosa niña rubia, de piel rosada como el amanecer, con cabellos color oro como los rayos de Inti. Ojos celestes como el cielo. La Pachamama la admiró, asombrándose con ella. Era la primera hija sudamericana de esta familia. Un ángel rubio nacido en esa pampa inmensa, cubierta ahora hasta el horizonte de trigo y ganado.

La niña tenía los ojos celestes como el padre y era la delicia del Encomendero. Este hombre altivo, duro y enérgico, vuélvese dulce con la criatura. La mira. La contempla. Se deslumbra en ella. El tráfico anual tiene una duración de tres meses, el tiempo necesario para comerciar, buscar buenos compradores y adquirir productos necesarios para las Mercedes. Con cada partida la niña lo mira. Lo despide doliente.  La caravana parte. Ella crece junto con la Merced. Con el Tucumanao. Con el producto comercial de las carretas que van y vienen.

El angel rubio es ya adolescente. El padre traerá para ella desde el Alto Perú un ajuar completo, con lo más elegante que encuentre en el Mercado de Charcas. Allí donde abundan las sedas de Manila. El bordado en lino paraguayo al ñandutí. Los tejidos cuzqueños. Los encajes limeños. Las perlas y corales que llevan los navegantes desde el océano Pacífico, tal como él hacía antaño. Allí las modistas de la elegante Chuquisaca trabajan estos lujos al último grito de la moda altoperuana... ¡Y él volverá con todo aquello que su preciosa hija debe lucir, como hija del encomendero Vázquez de Oporto que lleva veinte años en el Tucumanao!... ahora que ella ha cumplido quince años.

...¡Finalmente!... el hechicero Alto Perú se abre a los viajeros y la caravana entra feliz en Charcas. Los cueros son vendidos a un precio excelente. El Charqui (carne secada al sol) es de primera calidad. El bizcocho está bien tostado. La harina muy blanca y bien cernida, tiene buena acogida. Las velas son resistentes, pues están hechas con un sebo duro. El Vino del Rey, elaborado por los jesuitas en su estancia de Jesús María, son favoritos de los mejores catadores altoperuanos.

Los Oidores que hacia allá los enviaron, están cada vez más contentos con los lusitanos. El Tucumanao prospera en producción, en riqueza agropecuaria y se ha establecido ya una vía comercial que enorgullece a la Real Audiencia de Charcas, su tutora. No se habían equivocado con ellos. Los portugueses han respondido a su herencia genética. En búsqueda de una ruta comercial llegó Vasco de Gama a la India. Y en búsqueda de otra ruta comercial han llegado los lusitanos al Tucumanao, cumpliendo con sus consignas inalterables.

En Charcas el encomendero recorre el Gran Mercado. Elige. Selecciona. Se hace asesorar en el gusto femenino. Adornará a su ángel rubio de 15 años, con las galas más elegantes que existen en el Mercado de Charcas. Con el mejor lino bordado al ñandutí en Paraguay. Con las sedas de Manila. Con las últimas importaciones orientales, que llegan hasta alli por la ruta del Pacífico, su antigua ruta. La ruta de la seda, los corales y las perlas. La joyería debe buscarse en Potosí, y esta selección le demanda más tiempo. Los talleres compiten allí en precios y bellezas. Cada uno de ellos es una muestra sorprendente de orfebrería.

La caravana finalmente emprende el regreso. El descenso. Desde Potosí a 4 mil metros de altura, debe retornar a la pradera pampeana de su Merced. El camino nuevamente lo aguarda. Siguiendo la ruta del sur, el clima se refresca rápidamente. El horizonte baja, lo invade la planicie. Lo recibe la pampa infinita. Las aguas del Río Segundo, su vergel y su tierra lisa, saludan al encomendero que regresa al fin...

¡Se acerca ya el reencuentro! Medita en el momento cuando abrirá a su hija quinceañera el arcón, que ha atravesado repleto de sedas, joyas y bordados, casi un medio continente. La luminosidad del día está plena en su euforia matinal. Don Francisco reconoce el escenario porque es el suyo. Aquél que dejó tres meses atrás y el mismo que lo ha aguardado año tras año, en su tráfico altoperuano.

Es éste. Es el mismo. Es el suyo ... ¡Y no es el mismo! … Nada. Nada queda de su casa. Nada de sus almacenes. Nada de su hacienda. Nada de su capilla. Nada de todas las casas de su Merced ... Nada.

EL  MALÓN
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Un escenario vacío. Una tierra yerta ... Hollín ... Cenizas ... Despojo ... Algunos cuerpos mutilados ... ¡Un Malón se lo ha llevado todo!  Un Malón patagónico de indios Araucanos arrasó su Merced. La horda que todo destruye, roba, quema y asesina, a cuyo paso salvaje no crece ni la hierba. Y que se lleva además “cautivas” como trofeo de sus hazañas, a las doncellas...  ¡El Malón le ha quitado su ángel rubio de quince años y nunca se lo devolverá...!

—“Su bella hija rubia fue llevada Cautiva por los indios del Malón, más allá del Río Quinto” …. Le dicen

La buscará por espacios vacíos. La buscará por sendas desérticas. La buscará por toda la pampa posible. La buscará infatigablemente. La buscará por tiempos no contados. La buscará con partidas de soldados tucumanos. Con guardias especiales altoperuanas. Con tropas bien armadas que llegan en su ayuda. Y mientras más al sur descienda, mientras más la busque por tierras desconocidas, mientras más galope en dirección a la Cruz del Sur ... El,.. el cartógrafo portugués Francisco Vázquez de Oporto, quien colocó su estampa feudal en ese límite austral del Virreinato del Perú, donde terminaba el imperio español de ultramar... ¡Nunca podrá hallarla! ....Los indios Maloneros jamás se la devolverán.

Y mientras él más descienda cabalgando por la pampa infinita. Mientras más se interne en las soledades sureñas. Con adictos. Son armas. Con ejércitos de avanzada... ¡Más lejos aún de él... se la llevarán los Maloneros!

En el año del señor de 1626......


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