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 CAPÍTULO 27 – CONSCIENTE – INCONSCIENTE - SUPRACONSCIENTE

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AutorMensaje
Francisco de Sales
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Cantidad de envíos : 474
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CAPÍTULO  27 – CONSCIENTE – INCONSCIENTE - SUPRACONSCIENTE Empty
MensajeTema: CAPÍTULO 27 – CONSCIENTE – INCONSCIENTE - SUPRACONSCIENTE   CAPÍTULO  27 – CONSCIENTE – INCONSCIENTE - SUPRACONSCIENTE Icon_minitimeMar Jun 09, 2020 3:08 am

CAPÍTULO 27 – CONSCIENTE – INCONSCIENTE - SUPRACONSCIENTE

Este es el capítulo 27 de un total de 82 -que se irán publicando- en los que se explicarán los conocimientos necesarios acerca de TODO LO QUE HAY QUE CONOCER PARA HACER BIEN UN PROCESO DE DESARROLLO PERSONAL.


Advierto antes de entrar en este capítulo que nunca he encontrado uniformidad de ideas ni definiciones en lo que voy a tratar, pero no creo que eso sea realmente importante.
Más que el nombre con que se defina, es importante tener clara la idea de que es cierto que existen esos tres niveles básicos, que son distintos pero están interrelacionados, y que todos ellos nos gobiernan y nos condicionan.
Por supuesto que esto no pretende ser un curso de psicología ni un estudio de la mente, sino una explicación aunque sea básica pero comprensible.
Hay que tener en cuenta que hablamos de estados o niveles intangibles y que no hay una frontera clara que separa uno de otro, sino que se solapan un poco o se va diluyendo uno en otro.


EL CONSCIENTE

El consciente es el estado en el que “creemos” estar siempre, menos al dormir. En realidad sólo estamos realmente en el consciente en el momento en que nuestra consciencia está manifestándose plena y atentamente y nosotros estamos observando atentos y nos damos cuenta de las cosas. Asociamos estar despiertos a estar conscientes, pero no siempre es así.
Es la parte con la que uno se identifica como persona, porque es donde se tiene la percepción del ser físico con el que nos sentimos identificados, por ello todo lo consciente es reconocido y asumido.
También es el lugar donde la mente tiene conciencia del Yo, y donde está la lógica o lo racional, la inteligencia, lo analítico, lo verbal, y es donde se reflexiona controlando el proceso mental y donde podemos tomar decisiones.



El PRECONSCIENTE (O subconsciente según otros autores)

Podemos llamar de cualquiera de estos modos a ese espacio o estado mental en que no somos absolutamente conscientes pero tampoco somos del todo inconscientes.
Es como una zona intermedia donde se ponen en contacto el consciente y el inconsciente.

Mi experiencia de utilidad y utilización me dice que es un espacio mental donde puedo dejar las preguntas que no soy capaz de responder con el pensamiento o la inteligencia; me parece que ahí actúa algo que pudiera ser el supraconsciente, el inconsciente colectivo, la información de los archivos akáshikos, la sabiduría ancestral, o como queramos llamar a ese “algo” que se encarga de buscar información veraz y útil y ponerla a nuestro servicio. En mi caso, hago mi pregunta, la dejo ahí, y en otro momento y en el mismo sitio, me dejan la respuesta. En muchas ocasiones la respuesta a las dudas que no he podido resolver conscientemente me aparecen, ellas solas, al despertar o incluso en el propio sueño tengo la respuesta.
No es mi respuesta, puesto que yo no la he elaborado, o por lo menos no mi Yo Consciente. Es una respuesta Superior, o una respuesta de mis conocimientos atávicos, pero siempre es correcta y acertada.
Es interesante hacer pruebas hasta conseguirlo.

Parece que es el estado ideal para hacer relajaciones o meditaciones, porque seguimos manteniendo parte de la consciencia activa, pero al mismo tiempo gozamos de un estado Alfa, o sea de menor actividad cerebral y cierta relajación.
Es una zona intermedia donde lo que habita en el inconsciente se prepara para hacerse consciente. Es la zona donde se construyen las frases, donde se establece el orden cronológico de las cosas, se rellenan los vacíos entre las ideas aisladas, se busca la relación causa-efecto de las cosas, donde justificamos las ideas y razones…


EL INCONSCIENTE

“Si procuramos llevar a cabo una exploración de nosotros
mismos para realizar nuestro auténtico potencial,
debemos empezar por aprender el lenguaje del inconsciente.”
(Liz Green)

“Negar el inconsciente, y lo inconsciente, es negar la realidad.
Todo lo que hay debemos sacarlo a la luz, y no condenarlo
a perpetuidad a la oscuridad del inconsciente”.

“El inconsciente no es algo malo por naturaleza, es también la fuente de bienestar. No sólo oscuridad sino también luz, no sólo bestial y demoníaca, sino también espiritual y divina.”
(Carl Jung)

“El poder del inconsciente se basa, precisamente,
en que no somos conscientes de él”.


Cada vez que se habla del inconsciente se pone el mismo ejemplo: es como un iceberg.
Queda a nuestra vista sólo una parte, pero sabemos que hay otra parte, aunque esté oculta, que es inmensamente más grande.
En el inconsciente, ese grandísimo desconocido, metemos y encajamos como podemos muchas cosas a la vez.
Cuando no queremos responsabilizarnos de algo que hayamos hecho o dicho, nos excusamos diciendo que “ha sido inconscientemente”, y parece que eso nos libera de cualquier responsabilidad y nos podemos quedar tan tranquilos. Como si nosotros nos fuéramos responsables de eso de algún modo. En general culpabilizamos al inconsciente de todo lo malo que hay en nosotros, de lo que no nos gusta de nosotros, de lo que no queremos asumir como de nuestra responsabilidad, diciendo como excusa que “nosotros no hemos sido, ha sido el inconsciente”.
Es, también, el gran almacén en el que acumulamos las capacidades innatas en desuso y, al mismo tiempo, lo atávico y todo lo desconocido y, además, aunque lo utilizamos poco, es un excelente instrumento a nuestro servicio al que se accede a través de un estado de relajación en el cual permitimos que lo consciente se aproveche de lo inconsciente, o accedamos a él para resolver los asuntos que necesiten ser resueltos.

La fuerza de nuestras rutinas y reacciones, está en que son y se manifiestan de un modo inconsciente. Para deshacer las costumbres y las reacciones –sobre todo si están sin actualizar-, la única solución es que el consciente tome el mando absoluto y se haga cargo también de lo inconsciente.

Allí se siente todo como si fuera real, tanto lo pensado como lo realizado; no hay censura moral, por lo que pueden convivir de un modo incluso armónico las tendencias inmorales con la más elevada espiritualidad.
Se supone que ahí siguen latentes las situaciones que no se han liquidado por completo, incluso aunque estén aparentemente olvidadas, pero allí siguen, afectándonos, hasta que hagamos algo para evitarlo liquidándolas.
No existe la contradicción. Todo es válido por eso de que no existe una censura moral o una ley a respetar. Están las ideas correctas y las equivocadas, las últimas incorporaciones y las que ya no usamos, y como nos sirven de referencia cuando actuamos del modo habitual, o sea, inconscientemente, las que están equivocadas influyen en el pensamiento con el agravante de que creemos que el pensamiento que nos aporta nuestra mente es nuestro pensamiento. No es así, porque es solamente el pensamiento de nuestro inconsciente condicionado, confundido, cargado de miedos y complejos, asustado y mal educado.

Todas las experiencias permanecen almacenadas junto a la calificación que les dimos en su momento, o la emoción que archivamos asociada. Por ejemplo, si en nuestra infancia un perro nos ladró, y lo recordamos de nuestro mismo tamaño, además de fiero y con una boca descomunal que nos podría comer de un solo bocado, asustándonos con esas fauces espantosas y aquellos ladridos tan atemorizantes, puede que al ser adultos sigamos sintiendo lo mismo ante un perro, aunque sea manso y tan pequeño que sin duda podríamos deshacernos de él.
De todo esto se deduce la repetida necesidad de conocer lo que tenemos allí almacenado y decidir qué se quiere hacer con ello; de valorar cada pensamiento y verificar si es propio o es del inconsciente, y de ser y estar en lo consciente. Estar conscientes es, sin duda, el mejor y más efectivo antídoto para evitar ser afectado por el inconsciente.
Sólo de este modo podremos lograr que una fuerza tan inmensa y poderosa trabaje a nuestro servicio en vez de seguir siendo nosotros sus esclavos.

Manejarse bien con el inconsciente es una tarea que requiere voluntad serena y constancia, tiempo, silencio, y entender su idioma sin palabras con paciencia, sin ideas preconcebidas, sin metas y sin desesperación.

Es muy conveniente entrar en esta zona y revisar lo que tenemos allí, para conocerlo y actualizarlo, y para saber lo que opinamos realmente nosotros conscientes de las cosas que acoge; después es conveniente verbalizarlo, porque si hacemos el proceso de actualización sólo en el pensamiento, no llegamos a desarrollarlo del todo, porque damos por supuesto que ya sabemos la respuesta y que ya tenemos una contestación para esa pregunta o cuestión… y repetimos la anterior.


VISTO DE OTRO MODO

Tenemos que saber esto: la mayor parte de lo que somos pertenece y se ubica en lo inconsciente. Lo consciente dura el tiempo efímero de pensarlo o pronunciarlo, e inmediatamente desaparece de la consciencia y vuelve a almacenarse en lo inconsciente hasta que lo volvemos a necesitar.
El inconsciente es, hasta este momento, incognoscible e infinito. En él habita lo que nos motiva, lo que nos hace reaccionar, también lo que nos pone zancadillas, lo que ni siquiera sospechamos, el origen de lo que estamos siendo…
Si queremos conocernos tenemos que conocer nuestro inconsciente. Averiguando cómo funciona nos será más fácil saber por qué actuamos y nos comportamos como lo estamos haciendo. Conociendo sus estratagemas, sabremos cómo relacionarnos mejor con él.


ATENCIÓN

La relación con el inconsciente ha de ser habitual y fluida.
Es una tarea complicada porque su lenguaje y el del consciente son distintos, pero hay que hacerlo en el modo que sea posible.
Su lenguaje no es verbal, sino más bien simbólico. En los sueños y en las relajaciones más profundas encuentra su mejor capacidad de expresión.
No hay que asustarse de lo que encontremos en él porque no hay censura moral y, por lo tanto, no hay que asombrarse ni escandalizarse porque se manifieste con naturalidad todo lo inmoral que nuestra conciencia y nuestra consciencia nos obligan a renegar y rechazar.
No existe un orden cronológico, ni hay una clara diferenciación entre lo que es realidad y lo que sólo es algo pensado o imaginado.
No existe la contradicción: todo puede aparecer como “normal”.
De ahí emana toda la fuerza de la psique: si está bloqueada, la persona se encuentra disminuida en lo físico, lo afectivo y lo mental, lo cual produce tensión interior, malestar, e insatisfacción, que pueden llegar a la angustia, irritabilidad, trastornos digestivos, etc…
Pero es también el sitio donde residen los impulsos primarios: la inteligencia del instinto, la sabiduría del cuerpo, los instintos de supervivencia y reproducción, los impulsos afectivos, vitales e instintivos, y la fuerza interior que nos puede movilizar.

Hay que recordar que en el inconsciente vive todo en una desordenada anarquía. Si alguien me pregunta qué opino de Dios, tengo que ir al preconsciente para extraer la información y construir la frase que exprese mi opinión actualizada, porque pueden convivir dentro de uno el amor infinito e incondicional hacia Él con el odio infantil que manifestó cuando murió su abuelo, junto con el pensamiento de injusticia que se siente cuando se piensa en el hambre y las guerras que hay en el mundo; también se le puede culpabilizar a Dios o agradecerle las lágrimas que han brotado ante un amanecer, o ante el amor, o se le puede acusar por su abandono.
Todo está dentro del inconsciente, sin poner fecha y sin orden de prioridad. Al tener que construir la respuesta es cuando se descarta lo que ya no vale en el día de hoy, y es cuando uno mismo puedo enterarse de lo que sí piensa realmente.
Además, desde la última vez que uno actualizó la respuesta a esa pregunta seguramente habrá adquirido nueva información, habrá oído o leído algo más, habrá descubierto algo nuevo… y si no se actualiza, no evoluciona la respuesta y no evoluciona uno.


EL SUPRA-CONSCIENTE (O Súper-consciente)

Se podría entender como la parte espiritual del inconsciente. Es el espacio de los mundos superiores, de la clarividencia, de las transformaciones místicas y, posiblemente, de la fe.

Para Jung, el Supra-consciente es el patrón psíquico capaz de dirigir de forma magistral la naturaleza racional, emocional e instintiva de nuestro pequeño “ego” o “yo inferior”. De esta manera, Jung ofrece una visión más holística del ser humano, porque añade este aspecto liberador y trascendente de nuestra consciencia.

Se han determinado varias características que posee este nivel, que se manifiestan al afectar a la consciencia cotidiana: profundidad, interiorización, elevación, expansión y ampliación, desarrollo y activación, potenciación, sensación de despertar espiritualmente, iluminación, beatitud, gozo, renovación o regeneración, resurrección, y liberación.

Este tipo de conciencia carece de programación externa, puesto que no procede de un grupo de conceptos adquiridos o inducidos, sino que emana directamente de nuestra conciencia primordial, coincidiendo de este modo, en ocasiones, en su contenido, con la conciencia que está presente en otros seres vivos del planeta y formando, por tanto, una nueva entidad del consciente: la Supra-conciencia.

Esta llamada Supra-conciencia no es nada nuevo. Lo que sí puede ser algo nuevo es la creciente sensibilidad de las personas ante ella.
Cuando los valores tradicionales de las sociedades entran en colapso, la sensación de presencia de una conciencia y consciencia superior que nos unen aumenta, bien por necesidad de sentir que permanecen unos valores, o mejor dicho, principios universales, o bien porque al quitarnos la venda del ego vemos más claramente que, lejos de programaciones adquiridas, poseemos el discernimiento de lo que globalmente es bueno para el organismo común del que formamos parte, que es la Tierra o el Mundo.


DESDE UN PUNTO DE VISTA MÁS ESPIRITUAL

Aquí sí que entramos en fabulaciones porque todo lo que escriba a partir de ahora es indemostrable, y se basa en unas suposiciones más o menos lógicas, en intuiciones, en deducciones más o menos acertadas, o bien en opiniones y experiencias de iniciados y maestros espirituales.
El Supra-consciente podría ser la región donde se encuentra lo divino que todos llevamos implícito en nuestra naturaleza, donde está Lo Superior y, por tanto, la Conciencia Superior; donde habitan las experiencias de encarnaciones anteriores y quizás la propuesta de futuro y donde reside la intuición, que es la expresión natural del alma. Yo quiero creer, aunque no puedo demostrarlo, que la intuición es la sabiduría que hemos ido acumulando en encarnaciones anteriores.
Dentro de nosotros, y sin que nos demos cuenta, funcionan unas leyes que nunca hemos escrito expresamente, pero que acatamos. Una de ellas es la conciencia. Sabemos cuándo algo está bien o mal según nuestro criterio. A otra gente puede parecerle algo distinto, pero nosotros, si estamos obrando de acuerdo con nuestros principios, acataremos y defenderemos lo que dicte nuestra conciencia.
No es una justicia fría de aplicar lo legislado según unas normas generales quien lo dictamina, sino que es como si fuera la voz de Dios dándose cuenta de la honradez de los actos y pensamientos.


RESUMIENDO

Si estás interesado en saber más de lo relacionado con este capítulo podrás encontrar en otros sitios una inagotable información. Esto es lo básico y es lo que hay que saber para seguir hacia los siguientes capítulos.


Francisco de Sales


Si le interesa ver los capítulos anteriores están publicados aquí:
http://buscandome.es/index.php/board,88.0.html






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