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 CAPÍTULO 20 - ¿QUÉ ES LO QUE REALMENTE QUIERO?

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AutorMensaje
Francisco de Sales
Escritor Muy Activo
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Cantidad de envíos : 596
Fecha de inscripción : 12/12/2012

CAPÍTULO  20 - ¿QUÉ ES LO QUE REALMENTE QUIERO? Empty
MensajeTema: CAPÍTULO 20 - ¿QUÉ ES LO QUE REALMENTE QUIERO?   CAPÍTULO  20 - ¿QUÉ ES LO QUE REALMENTE QUIERO? Icon_minitimeMar Jun 02, 2020 1:55 am

CAPÍTULO 20 - ¿QUÉ ES LO QUE REALMENTE QUIERO?

Este es el capítulo 20 de un total de 82 -que se irán publicando- en los cuales se explicarán los conocimientos necesarios acerca de TODO LO QUE HAY QUE CONOCER PARA HACER BIEN UN PROCESO DE DESARROLLO PERSONAL.


La pregunta más difícil de responder que he encontrado, cuya respuesta no se encuentra a través de Google, ni siquiera preguntado a los sabios y eruditos, es esta:
“Yo, REALMENTE, ¿qué es lo que quiero?”
Lo importante es que se le preste atención a ese REALMENTE.
Si uno se las da de listo, encuentra inmediatamente muchas respuestas, pero ninguna es la que corresponde a REALMENTE.
“Yo quiero que me toque la lotería, pero un premio de esos gordos, no que me toque sólo un reintegro”. “Yo lo que quiero es cambiar de trabajo, y ganar mucho más”. “Yo lo que quiero es tener un Ferrari, y una casa de mil metros cuadrados con acceso directo a una playa privada, y un yate interminable, y una cuenta en el banco con mil millones”. “Yo lo que quiero es tener a todos los hombres o mujeres a mis pies...”
Ninguna es la verdadera respuesta a lo que REALMENTE quiero.
Lo que REALMENTE quiero no ha de ser una utopía que me consuele con ese implícito que lleva de que es imposible.
Lo que REALMENTE quiero ha de ser una meta cercana y posible que pueda alcanzar, por la que puedo esforzarme porque así la podré lograr.
Lo que REALMENTE quiero, cuando por fin lo averiguo, me proporciona un algo que no me lo proporcionan las cosas materiales, las que se compran con dinero. Y no digo que estas últimas no sean agradables, que sí lo son, pero lo que producen es efímero, no deja una tranquilidad aposentada cuando se acaban, no dejan una paz que no necesita consolarse con más regalos.


Primero tienes que averiguar qué es lo que REALMENTE quieres, y después tener una fe inquebrantable en que puedes conseguirlo y, al mismo tiempo, aceptar que puedes tenerlo y lo mereces.

No hay otra cosa más importante que averiguar lo que REALMENTE quiere uno, porque la condición indispensable para poder hacerlo realidad es conocerlo.
Es muy interesante invertir todo el tiempo que sea necesario hasta averiguar la respuesta.
De que seamos capaces de encontrar la respuesta o respuestas adecuadas va a depender el resto de nuestra vida.
Ten cuidado de no dejar que nada te distraiga de esta tarea: es de vital importancia.
Y es conveniente que, aunque ya hayas encontrado una respuesta, te sigas haciendo la pregunta, porque admite muchas respuestas de distintas cosas que uno REALMENTE quiere.


El hecho de no saber lo que se quiere paraliza o ralentiza el Camino que debiera ser imparable.
Cada vez que nos planteamos la necesidad o conveniencia de hacer un cambio nos atormentan las mismas cuestiones: ¿acertaré?, ¿cómo sé que esto es lo que tengo que hacer precisamente y no otra cosa?, ¿y si espero un poco más para ver si se soluciona solo?, ¿por qué me pasa esto de que durante un momento estoy absolutamente convencido de lo que tengo que hacer pero cuando ya tengo que hacerlo me vuelven a asaltar las dudas?, ¿todo el mundo es tan indeciso como yo?
Parece que en el momento en que tenemos más de una opción para elegir se presentan automáticamente todas las dudas. Incluso, sería capaz de decir que cuando sólo tenemos una opción también se presentan las dudas.
Es el miedo a nosotros mismos, a los reproches posteriores al descubrimiento de que no fue la decisión adecuada, lo que nos frena. Es la exigencia insistente de hacer las cosas bien lo que nos deja quietos, esperando una mano firme que nos guíe, o que se abra el cielo y un letrero firmado por Dios nos diga qué es lo que queremos, lo que tenemos que hacer, cuál es el pensamiento acertado… que sea el propio Dios en persona, o los Espíritus Iluminados Superiores o, por lo menos, los mil sabios de Grecia, quienes se disputen el privilegio de ser nuestros asesores personales, y nos allanen la senda que nos puede llevar a descubrir, de una forma indiscutible, la respuesta exacta a la gran cuestión: y yo, REALMENTE, ¿qué quiero?
El que tengamos la estupenda libertad de poder decidir qué queremos lleva implícita la responsabilidad de tener que decidirlo, y en un paso posterior y no menos complicado, tener que realizarlo.
Mientras no sepamos qué queremos estaremos relativamente tranquilos porque podremos seguir en la inacción, en la espera improductiva de una respuesta.
Hasta cierto punto, es comprensible la desidia, el no querer escuchar la inquietud, porque mientras uno no sabe lo que quiere no tiene por qué convertirlo en realidad, pero una vez que encuentran las respuestas, se queda sin tan magnífica excusa, y tiene que hacerlo.
Otra razón que estanca en el encuentro de las respuestas es nuestro desconocimiento interior. No somos conscientes de que conviven con nosotros, por lo menos, dos saboteadores natos.
El primero, es la ignorancia de que tenemos posibilidades de encontrar las respuestas y el derecho de que así sea. Se trata, simplemente, de escucharnos. De prestarnos atención. De dejar hablar al corazón, o al Niño que es libre y pregunta con curiosidad obedeciendo a sus impulsos naturales. De deshacernos de los miedos. De amarnos. De ser conscientes de la responsabilidad que adquirimos con nosotros mismos cuando llegamos al mundo: procurarnos la mejor de las vidas posibles.
Tenemos que hacernos la pregunta sin miedo y sin complejos. Sin prejuicios. Sin boicotearnos.
Una vez escuché contar a una persona cómo hay que dirigirse a Dios –o al Universo o a quien cada uno crea que realiza esa tarea- cuando se le pide algo, y dijo que es pidiendo a lo grande, sin cobardía, con confianza en el merecimiento y en que Lo va a conceder, pero, sobre todo, repetía, pedir a lo grande. Decía que si uno se presenta apesadumbrado por la modestia y con una humildad rastrera, diciendo: “Señor, yo sé que soy poca cosa, que soy un gusano, nada más que un gusano, pero vengo a pedirte…” antes de que termines de pedir, te dará una hoja de lechuga.
Si somos juiciosos, averiguaremos que tenemos la fuerza interior y la sabiduría para conseguir las respuestas atinadas, ya que es una pregunta de múltiples respuestas, porque ese cuestionarse REALMENTE qué quiero se ha de realizar para todas las facetas y asuntos de la vida.

El segundo saboteador que nos estanca es el miedo a conocer la respuesta.
Nos asusta.
Por lo que ya dije anteriormente: si la conozco ya no puedo seguir en el estancamiento y diciendo no lo sé. Ahora debo ponerme en marcha.
Y si aún no he descubierto toda la valentía de la que puedo disponer, ni toda la fuerza que tengo a mi servicio, o no soy capaz de hacer por mí lo que debería hacer por mí, tendré la amargura de saber lo que quiero pero no hacer lo necesario para conseguirlo.
¿Y si uno descubre la respuesta auténtica pero no le gusta?, ¿o le parece demasiado complicada o no adecuada?, ¿o cree que va a ser imposible de realizar y eso le va a crear frustración?
Esta es, por supuesto, la parte poco agradable. No todos los casos son iguales.
Hay personas que están ansiosas por encontrar la respuesta para ponerse inmediatamente en marcha y concederse la delicia de vivir de acuerdo con los deseos interiores y satisfacerlos… y lo consiguen.


ATENCIÓN

La pregunta aparentemente es una pregunta egoísta. Pero no lo es.
La pregunta no es qué debo…, qué tengo qué…, qué esperan los demás…, qué sería conveniente para quedar bien y para no molestar…
El planteamiento es un acontecimiento de autoafirmación, de valentía, de sacar a relucir la autoestima, de defender los derechos, de poner las cosas en su sitio verdadero.
¿Qué quiero YO para MÍ?
¿Tengo mi permiso para pensar en mí, para trabajar a favor mío?
¿Tengo libertad para plantearme la pregunta con el riesgo que conlleva de encontrar la respuesta y sentirme obligado a acatarla?
Y si la encontrara… ¿voy a hacer lo que tenga que hacer cueste lo que cueste?


ATENCIÓN

Es necesaria la honradez para descubrir el deseo, pero después se necesita el coraje para llevarlo a la práctica. De nada vale simplemente tener la teoría, de poco sirven las repeticiones como mantras de los pensamientos positivos, y de poco las reflexiones sesudas, si al final todo se queda en un proyecto de buenos propósitos.



SOLUCIONES O SUGERENCIAS

Si te haces la pregunta tal como está planteada te puedes quedar estancado en ella, porque es poco precisa y la mente no sabe por dónde tirar.
Una solución podría ser hacérsela directamente al corazón, o al Niño Libre, y pedirles muchas respuestas dejando que se explayen.
Otra solución podría ser especificarla más, añadir algo que la identifique con un área concreta. Por ejemplo, qué quiero REALMENTE hacer en el amor, en el trabajo, con mi familia, con cierta persona, en mis ratos libres, para disfrutar más…


TRABAJA TÚ

“Qué es lo que REALMENTE quiero” es una pregunta cuya respuesta es absolutamente personal e intransferible. Algo que debes averiguar por ti mismo. No vale copiar. No puedes quedarte con los deseos de los demás, sino que has de tener la osadía de averiguarlo por ti mismo y la honradez de concedértelo después.
Es adecuado revisar a diario la lista de las cosas que se han encontrado una vez que comiencen a aparecer las respuestas. Y seguir atento para añadir más, porque es posible que una vez que uno se atreva –por fin- a hacerse la pregunta y a reconocer el derecho a cumplir lo que quiere, se venza la “vergüenza y se pidan más cosas. Lo cual estarás muy bien.
El siguiente paso es… respetar esa lista.
Al mismo tiempo que se hace una de “lo que sí quiero”, se puede hacer otra de “lo que no quiero”.
Te presto algunos deseos o ideas para que sepas más o menos por dónde empezar. El orden en que aparecen aquí no es necesariamente el obligatorio ni aparece reflejado lo que cada uno puede desear.

SER YO MISMO
DESCUBRIRME
PAZ
SABIDURÍA
TENER LA MENTE MÁS ACTIVA
TENER MÁS SEGURIDAD EN MÍ MISMO
TENER UNA AUTOESTIMA CORRECTA
CUIDAR MI CUERPO Y LAS COMIDAS
REFLEXIONAR
DEJAR DE PERDER EL TIEMPO
VIVIR
JUGAR
REÍR
SER ORIGINAL, SER CREATIVO
TENER CAPRICHOS Y CONCEDÉRMELOS
HACERME FELIZ
HACER FELICES A LOS DEMÁS
AYUDAR AL PRÓJIMO
ELIMINAR DE MI VIDA LO QUE ES PRESCINDIBLE
ESTAR ATENTO A LA VIDA Y A QUE ESTOY VIVO
BUSCAR Y ENCONTRAR COSAS PLACENTERAS
EVITAR TENER MOTIVOS DE ARREPENTIMIENTO


DESDE UN PUNTO DE VISTA MÁS ESPIRITUAL

REALMENTE… ¿Qué es lo que quiero?
La religión es, sin duda, uno de los aspectos que preocupan o interesan a muchas las personas. La fe profunda, la falta de fe, la fe tambaleante, las dudas que jamás encuentran claridad… la religión da argumentos suficientes para hacerse preguntas sobre lo que REALMENTE uno quiere.
Dios… Lo Superior… el origen y el destino… la bondad… el alma… ser o no ser buena persona… hay tantos asuntos sobre los que averiguar lo que REALMENTE quieres…


REFLEXIONES

Ya te has hecho las grandes preguntas: ¿quién soy?, ¿por qué estoy aquí?, ¿cuál es el sentido de la vida?, ¿soy feliz?, etc.
Las respuestas a todas ellas son muy importantes, pero son todas cuestiones más o menos filosóficas y de principios que no llevan a la acción. Se contestan con la mente, o a veces con la emoción, pero no empujan a actuar como pueden hacer las respuestas a esta pregunta: “yo, REALMENTE, ¿qué quiero?”

No vale preguntar: ¿A mí qué me gustaría?
No vale preguntar: ¿Qué se espera de mí?
La gran pregunta es para mí sin tener como objetivo satisfacer a los demás, sin sensación de egoísmo o ambición.
Porque uno puede hacer lo que quiere si sabe lo que quiere.
Porque si uno dice “a mí me gustaría…” se queda en una ilusión, pero si uno afirma “yo quiero”, implica un deseo que tiene una fuerza firme, un deseo ardiente, una aspiración que no ofrece rastros de falsedad, que nace del Ser que Soy, real y efectivo, y que lleva en sí la intensidad y la energía necesaria para poner en marcha lo que decida que quiero.


RESUMIENDO

Es inaplazable. Es una pregunta para ahora... y para siempre. Para repetirla continuamente y para ser exigente con que sea respondida.
No valen otras respuestas, sólo vale TU RESPUESTA.
Y no hay una única respuesta: puede haber muchas y ser todas ciertas.
Dedica tiempo y atención a contestarla.
Esto merece más de una reflexión.
Más de una vez.
Mejorará –sin duda- tu vida.


Francisco de Sales

Si le interesa ver los capítulos anteriores están publicados aquí:
http://buscandome.es/index.php/board,88.0.html


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