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 LA VACA DE CALAMBRIAS -PARTE 1/2

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franckpalaciosgrimaldo
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franckpalaciosgrimaldo

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LA VACA DE CALAMBRIAS -PARTE 1/2 Empty
MensajeTema: LA VACA DE CALAMBRIAS -PARTE 1/2   LA VACA DE CALAMBRIAS -PARTE 1/2 Icon_minitimeMar Mayo 05, 2020 5:36 am

LA VACA DE CALAMBRIAS -PARTE 1/2 Bfbeb89a4680c6bec8aebeb9fc8601d76d4d1e844065ec76765bcf7756108



0
Hospital general del pueblo de Valley.
El detective David Rosales conversaba con la única sobreviviente de un horrible crimen sucedido en Wilson, un pequeño pueblo en las afueras de Catalina.
—¿Entontes, Srta. Milena —pregunta el detective—, que fue precisamente lo que sucedió ene se lugar? Se que debe ser difícil, sobre todo en este momento y habiendo sucedido tan recientemente, pero su colaboración es fundamental.
La joven, herida, ensangrentada y nerviosa se dispone a responder, se incorporó en la cama de su habitación.
—Entiendo. Pienso colaborar con usted, detective. Quiero que atrape a ese criminal que le hizo esto a mis amigos —dice ella con una expresión de tristeza y bajando la mirada—. Fue horrible, no se imagina, ni en sus peores pesadillas se lo imaginaria. Fue digno de una película de horror.
El detective saca una libreta y la abre, prepara su lápiz y se acomoda en el mueble al lado de la cama de Milena.
—Muy bien, comience. Dígame que sucedió exactamente. Todo, antes de que usted escapara de ese edificio.
Milena asienta y comienza a narrar lo sucedido.

1
El día anterior, dos de la tarde.
Un auto avanza por la carretera 78 en las afueras de la ciudad. En su interior viajaban un grupo de jóvenes.
Milena conducía.
A su lado estaba Mauricio, quien estaba dormido; en la parte trasera iban Felipe y Esther, su enamorada; al lado de ellos Eliza, los 3 dormidos.
Una noche antes, y parte de la mañana, habían estado en una feria en un pueblo a unos kilómetros de Catalina; festejando, era fin de ciclo de la universidad y habían ahorrado para hacer un viaje y darse un gusto. Un gusto que se dieron al pie de la letra. Habían festejado como locos, realmente hacían honor a su título de universitarios fiesteros. A pesar de ser mitad de ellos de facultades diferentes, se llevaban bien y sabían divertirse. Obviamente no eran los más aplicados de sus facultades, con excepción de las chicas, pero habían logrado acabar el ciclo que era lo importante.
—Chicos —dice Milena, percatándose de que la gasolina se estaba agotando—. Chicos despierten, tenemos problemas.
El primero en despertar es Mauricio, amigo de Milena, ambos estudiantes de medicina. Se despereza y mira alrededor.
—¿Qué pasa, Mili? —dice bostezando y con una cara de resaca tremenda.
—Es el combustible, se está acabando
Los chicos en la parte tercera se despiertan también.
—Habla más bajo —dice Felipe—, me duele todo, hasta las cejas.
—Eso te pasa por exagerar con el ron. —Increpa Esther, regañándole.
—Ya, no me regañes tú también tomaste —repone y cubre sus ojos con su antebrazo.
—Pero no como tú, mírate, esos ojos pareces un zombi.
—Ya cállense —dice Eliza girándose y acurrucándose en su lugar—. Dejen dormir.
Milena continúa.
—chicos, escúchenme, se nos termina el combustible.
—Pues —dice Felipe— detén el auto y llénalo con el galón que tenemos atrás. —El muchacho se acomodó de lado junto a Esther.
—Oye tarado —espeta Milena— ¿No recuerdas que hiciste ayer con la gasolina? —le pregunta irónicamente.
—¿Qué? —responde Felipe confundido y mirando a Esther frunciendo el ceño.
—Pues —ella le contesta—, pues intentaste prender un pastizal roseando la gasolina escribiendo mi nombre.
Felipe levanta las cejas, incrédulo.
—lo que fue una rotunda estupidez —agrega Milena, quien acostumbra ser muy directa—. Para estar en el 5to ciclo de psicología eres un demente.
—Ya, ya. Ya. —Responde Felipe y vuelve la vista a Esther—. ¿Al menos lo hice bien? ¿Escribí tu nombre, amor? —pregunta.
—No. —Responde y niega con la cabeza, y aprontando los labios—. Casi ocasionas un accidente y fue realmente una tontería hasta te amarramos con una cuerda que encontramos por ahí.
—Como… ¿Cómo pudieron…?
—Yo lo até —dice mauricio.
—Lo mismo que nada —tercia Esther—, tus ataduras son pésimas. Eres bueno en ciencias, pero no eres capaz de hacer un simple nudo que contenga a un ebrio—dice con sarcasmo.
Felipe se yergue con el ceño fruncido y quejándose del dolor de cabeza que tenía.
—Ay dios, les juro que ya no tomo más.
—Todos hemos dicho eso. Hace tan solo 2 semanas —agrega Mauricio.
—Ok, escuchen —continua Milena—: según creo con lo que tenemos pues no llegaremos muy lejos, a lo más avanzaremos unos 15 o 20 minutos más. —Detiene el auto a un lado del camino y saca su cabeza por la ventana y ve a su alrededor—. Creo que sí. creo que, a un kilómetro, quizás menos había una gasolinera ¿recuerdan? —pregunta.
Mauricio agrega:
—¿La del símbolo en forma de estrella no?
—Si, esa. —Milena baja del auto—. Iré a llenar el tanque y regreso, ¿de acuerdo?
Mauricio baja del auto también.
— ¿Qué? No, claro que no. ¿Cómo vas a ir tu?... Déjale eso a los hombres, yo voy —sonríe y baja del auto.
Milena camina en dirección a la parte trasera del auto.
—No seas machista oye, yo fácilmente puedo ir. No hace calor y tengo ganas de caminar —Abre la maletera del auto y saca uno de los galones vacíos—.
Cierra el maletero.
Mauricio la alcanza.
—Deja que vaya yo —insiste.
Milena pasa al lado de él y se inclina cerca de la ventanilla trasera. Le da unos golpes.
—¡En todo caso quien debería ir eres tú oye! —golpea nuevamente.
Felipe se retuerce por el ruido.
—No que vaya Mauricio. Yo quiero dormir —responde—. Además, sigo mareado.
Milena resopla.
—Si, durmiendo eres más útil. —Rodea el auto hacia la parte delantera. Mauricio va tras ella—.  Escuchen: esperen aquí, yo en unos 30 minutos debo estar regresando, cortare por el bosque, no se ve muy difícil de atravesar.
—Milena., hablo en serio. Quédate, haz estado conduciendo toda la mañana y bebiste anoche, no has dormido y yo sí, déjame ir. — Alarga el brazo y le quita el galón con delicadeza.
— No lo sé. No quiero dormir, de verdad, me voy a aburrir ya sabes como soy.
—Comprende, además —le susurra y guiña—, así cuidas a estos locos de psicología.
Ester se inclina entre los asientos delantero.
—¡Oye, te escuchamos!
—Perdones chicos —responde Mauricio sonriendo.
Milena sonríe también.
—Ok, ve tú; pero llámame por cualquier cosa ¿sí? Que voy en seguida.
—Hecho. —Avanza unos pasos en dirección a la carretera—. Te llamo así me das el alcance con el auto ¿no? —Le guiña un ojo, sonríe y comienza a caminar.
—Burlón.

2
Algunos minutos más tarde dentro del auto.
Esther y Felipe dormían, mientras Milena intentaba conversar con Eliza. La joven estudiante de psicología se había pasado al lado del chofer, en la parte delantera. Por comodidad.
—¿Cómo te sientes? —Pregunta Milena amablemente—. Anoche bebiste mucho, más de lo necesario.
Eliza la mira con las cejar arqueadas.
—Tú también bebiste mucho y estas bien —responde sarcásticamente.
—Vamos… No seas así; sé que estas enfadado por lo de Pablo, pero ya olvídalo; es decir, todos ayer bebimos para alegrarnos; pero tu estabas con una cara… No dejaste de mensajear y estoy segura que le estuviste mensajeando a él.  Eres una boba. Te haces daño tu misma.
Elizabeth se vuelve hacia la ventanilla.
—Para ser estudiante de medicina te crees la psicóloga; ni Esther me dice esas cosas, ya deja de ponerte en ese plan, Milena —rebufa.
Milena sonríe.
—Sí quieres desquitarte conmigo adelante, pero con tal de que saques tu cólera. No haces nada reprimiéndote y hundiéndote en la depresión. Vamos, parte de este paseo era animarte y hasta ahora todos se han animado, menos tu; es más, pareces más depre aún.
Sin volverse, Eliza responde.
—Tu eres linda, popular, tus padres tienen dinero, tienes un enamorado que trabaja en un banco, tus padres están en Francia —se vuelve hacia Milena—, eres alta, tienes bonitos ojos, toda la facultad de medicina y la de psicología se mueren por ti. Es fácil decirme «anímate», así que cállate. —Se vuelve.
—Ay, Eliza. Tú y tus cosas. ¿Sabes? Eres una chica linda ¿ya? No tienes nada que envidiar nada; así que por favor ya deja de pensar eso. ¿Cuánto tiempo nos conocemos? Quizás un año y algo y siempre he sido amable contigo.
—Eres amable con todos, no me hace especial nada —responde con dureza—. No soy especial para nadie, ni para el que decía amarme. Ese idiota. Hasta a él le gustabas —Musita.
Milena la oyó.
— ¿Qué? Eso es ridículo —responde.
—Es verdad, y ya no me digas nada. Quiero dormir, por eso me coloqué aquí. — La joven se arrellano en el asiento.
— Sí, ya cállense —Se queja Felipe abrazado a Esther, cubiertos por una manta que habían traído.
Milena hace un gesto de disconformidad con los labios y se vuelve hacia la carretera. Mirando el camino.

3
Un rato más tarde.
Felipe estaba orinando en un árbol, a unos metros de la carretera. Esther estaba a unos metros de él, a unos 6 metros del auto, con los brazos cruzados.
El joven termina de miccionar y regresa a donde su enamorada.
—¿Que viaje, edad, amor? fue divertidísimo. —Limpia sus manos en la parte trasera de su pantalón.
—Si, me divertí mucho —dice sonriéndole con una especie de mueca.
Mueca que Felipe no comprendió.
—¿Pasa algo? ¿Estás bien? —le pregunta metiéndose delante de ella.
—No ¿Por qué? —pregunta Esther.
—Pues te veo extraña, estás rara. ¿De verdad estas bien? —Felipe la toma de la cintura, la acerca a ella— ¿He? —Reitera la pregunta y le sonríe.
Ella le esquiva la mirada y luego la vuelve, mirándolo a los ojos.
—Escúchame, Felipe, yo…
Algo interrumpe la conversación.
Era Milena llamando al joven.
—¡Felipe! —lo llama.
—¿Qué pasa? — responde este desde su lugar a varios metros.
Milena baja del auto. Se acerca un poco, rodeando el auto.
—Estoy intentando llamar a Mauricio. Ya ha pasado una hora. No regresa, no debía tardar tanto, y no responde el celular, me comienzo a preocupar.
Felipe y Esther regresan unos metros. Ella comenta:
— Mmm pues quizás estaba más lejos de lo que pensamos.
—Eso explica el tiempo. ¿Pero por qué no responde? —pregunta Milena.
Se reúnen tras el auto.
Felipe comenta:
—Quizás no hay señal, ya sabes que su celular es una porquería. Quizás ya se malogro. Finalmente —sonríe.
—Suena tonto, pero es posible —agrega Esther encogiéndose de hombros.
—Esto es extraño. Les juro que si en 15 minutos más, no aparece entre los árboles o por la curva o no responde, voy por el —dice Milena mirando en dirección por donde partió Mauricio.
—Eres una exagerada, Milena. ¿Qué le puede haber pasado? —pregunta Felipe relajado.
—No sé, y no saber me estresa, me angustia. Debía de ir yo.
Milena se queda mirando al camino.

4
Algunos minutos más tarde.
Dentro del auto, Milena seguía intentando llamar.
—Ya no te preocupes, milena.  Ya debe estar en camino, quizás su señal es mala, todos hemos tenido problemas con la señal — Esther intenta tranquilizar a su amiga.
—No, porque timbra y me manda al buzón, escuchen:
Milena marca y deja el altavoz.
Finalmente, Mauricio contesta.
Milena se sobresalta, se alegra.
Pero no era lo que esperaban.
—¡Mauricio de mierda! ¡¿Dónde estás?!
—¡¡Ayúdenme, ayúdenme!! ¡¡por favor!! ¡¡¡ayudaaaaaaaa!!!!! —Se escuchó la voz de Mauricio gritando, acompañado de sonidos de golpes y quejidos.
Todos ahí en el auto se quedaron realmente asustados, sorprendidos, incluso Eliza se volvió.
La comunicación se cortó antes de que pudieran decir una sola palabra.
Cruzaron miradas en silencio, con ojos y mandíbulas abiertas.
— ¿Qué le pasó? Debe ser un abroma de ese tonto… ¿No? —pregunta Felipe sorprendido, confundido. Mirando a sus compañeras.
Milena sale del estupor. Sacude la cabeza.
—No… No creo. —Intenta marcarle nuevamente—. El no haría esta clase de bromas—. Esta vez el celular no respondió. Simplemente lo mandaba al buzón, el celular estaba apagado—. ¡¡Carajo, no!! —Milena arroja el celular al asiento trasero— Apagó el celular. Lo apagaron.
—Tenemos que ir a buscarlo—dice Esther.
—Si, conduciré, hasta donde lleguemos —agrega Felipe—, de ahí corremos a la gasolinera.
Eliza solo estaba ahí sentada, nerviosa.
Milena asienta y se vuelve rápidamente.
—Si, si, está en peligro
Enciente el auto y avanza rápidamente en dirección a la carretera.

5
Eran cerca de las 5:10pm.
El auto se detiene en plena autopista. Milena le había estado dando a fondo, sin querer la gasolina se acabó antes de lo calculado.
— ¡¡Maldita sea!! —grita Milena, golpeando el timón.
La joven baja rápidamente del auto.
Sus amigos la siguen.
—¿Vamos a dejar el auto aquí? —pregunta Eliza.
Milena, ya unos metros adelante, se vuelve.
—Sí, no hay otra —responde.
—¿Pero y si se lo roban? ¿Y las cosas? —reitera Eliza.
Esther se cerca de ella.
—Eliza, puede que algo malo le haya pasado a Mauricio, el asunto no interesa ahora. —La toma de la mano y avanzan.
Los 4 cruzan por el bosque en dirección a donde estaba la gasolinera.

6
Cerca de 30 minutos después, recorriendo el bosque y cruzando las curvas de la carretera, la cual seguía el camino en pendiente; logran ver la pequeña gasolinera a un lado de la carretera, a la derecha.
Rápidamente Milena salta una pequeña elevación de la pendiente y corre en dirección a la gasolinera.  Sus compañeros la siguen unos metros tras ella.
Milena entra en la tienda de la gasolinera empujando la puerta. Ahí se encontraba un vendedor. Solamente estaba el, no parecía haber nadie más en el lugar.
—¡¡¿Dónde está Mauricio?!! —pregunta, jadeando, al encargado.
El joven retrocede unos pasos, sorprendido, al ver entrar a los amigos de Milena. Parece buscar algo bajo el mostrador.
—¿Perdón? —dice confundido— ¿A qué Mauricio se refiere?
Felipe interrumpe. Agrega.
—¡Un joven de cabello oscuro, no muy alto, venía a compra gasolina!
—¡¿Qué le has hecho?! —exclama Milena y golpea el mostrador.
—Tranquila —le dice Esther, tratando de calmarla. La toma por los hombros.
El encargado frunce el ceño. Asienta levemente.
—Esperen, esperen. Creo que recuerdo a un sujeto así. Debe de ser él. —Rasca su cabeza, trataba de recordar—. Vino un joven hace unas cuantas horas, 3 como mucho, pero se tuvo que ir al pueblo; ya que aquí no tenemos gasolina. El cartel está ahí, ¿no lo vieron? —Señala en dirección a la bomba, en el exterior.
Efectivamente, había un cartel colgando de la bomba donde ponía: “No hay combustible”.
El encargado continuó.
—Se nos terminó toda esta mañana, estoy esperando a que llegue el camión surtido; pero aun nada, debió llegar hace un día ya. —Se encoge de hombros.
—Pero —agrega Milena — ¿a dónde se fue? ¿A qué pueblo? — pregunta.
—Al que está aquí a unos kilómetros, en la salida noreste —le responde el encargado.
— ¿Pueblo? ¿Qué pueblo? —pregunta milena nuevamente—. El pueblo más cercano según el mapa que tengo en el GPS, está a unos 90 kilómetros más o menos.
—Ese debe ser Valley, yo me refiero a Wilson —Explica el joven cogiendo un mapa que tenía en el revistero a un lado sobre el mostrador—. Acérquense. Este de aquí —señala en el mapa con el dedo—, este es Wilson, está a unos 10 kilómetros más a o menos hacia el noreste. Ahí hay gasolinera y otros servicios. Es un pequeño pueblito, pero está bien implementado; aunque en estas fechas, por lo de las celebraciones del mes, muchos de los pueblerinos se van de viaje, pero nunca esta vacío. ¿Ustedes deben saber, cierto? No son los únicos jóvenes que han pasado por aquí, seguro también vienen del festival en Calambrias.
Milena frunce el ceño.
—Si, pero eso es otro tema —dice Milena— ¿Entonces ese joven que mencionas, Mauricio, se fue a Wilson? ¿Está seguro? —enfatiza.
El encargado asienta.
—Si, tan seguro como que yo mismo le vendí un mapa. Justo como éste.
—Ok —dice Felipe y coge el mapa—. Véndanos este y esas botellas de agua. —Deja unas monedas en el mostrador—. Vámonos debemos ir a ese pueblo, seguro algo le pasó por ahí.
El encargado deja las botellas sobre el mostrador.
Milena agrega, revisando el mapa.
—Por el tiempo algo le pasó allá, no en camino.
Esther se acerca a Milena.
—Ok, entonces ¿iremos a Wilson? —pregunta.
—Que pregunta… claro que iremos, Esther —responde Milena.
Coge una botella del mostrador y sale de la tienda. Sus amigos van tras ella.
—¡Una cosa más! —grita el vendedor. Los jóvenes se detienen y escuchan—. La señal telefónica en este lugar y en Wilson es nula a partir de las 4 de la tarde se corta hasta eso de las 12 de la noche más o menos. Se pueden comunicar solo en un radio de 20 kilómetros no más; incluso menos, así que sus celulares no le servirán de mucho si necesitan llamar a alguien fuera de esa área. Su mejor opción es utilizar teléfonos públicos o fijos, de la zona; nada de celulares, solo cableado.
—Gracias —responde Felipe.  
Parten rápidamente.

7
Para llegar al pueblo tenían que avanzar por la carretera unos 20 minutos, ahí seguir un camino trochado, pasar por un prado y varios pequeños grupos de arboledas la distancia se observaban las montañas y sus estribaciones, sobre la espesura de los bosques de pino. En el camino conversaban, temían por su compañero mientras avanzaban lo más que podían.
—Estos lugares descampados —comenta Esther—, solitarios me dan miedo.
Esther se agarra fuertemente de Felipe.
Este asienta.
—Si, lo sé, a mí también.
—Ya cállense —dice Eliza, unos pasos delante de ellos—. Se está haciendo de noche, hay que apurar el paso, aún estamos bastante lejos. Y eso que hemos caminado bastante ya.
Milena se encontraba delante de ellos, al menos unos cinco o más pasos.
—Hay que apurarnos y llegar, sea lo que sea que le haya pasado a Mauricio mientras más nos demoremos en encontrarlo será mucho peor.
Esther se acerca al oído de Felipe.
—¿Qué crees que le haya pasado? —Pregunta Esther, murmurando, a Felipe.
—La verdad o ignoro —susurra—, se escuchó una especie de golpes ¿no? Yo creo que lo han asaltado.
—Se escuchó como eco, estaba en algún cuarto o algo —comenta Esther—. ¿Y si lo han secuestrado?
—No lo creo, eso es extraño. ¿De verdad crees eso?
Esther se encoge de hombros.
—Pues no sé, es extraño todo esto. Estoy muy asustada, muy asustada.
—A mí se me quitó toda la resaca en una, estoy muy preocupado en serio.
—¡¡El rio!! —Dice Milena al ver la carretera a lo lejos—. ¡Según el mapa ya estamos bastante cerca!!
Llegan a una rio, que sigue la trocha, al seguirla llegarían al pueblo en al menos 40 minutos más de camino. El rio y el camino llevaban al pueblo; bajando por una serie de pendientes siguiendo la trocha, rodeada de arbustos, matojos y hierva, en dirección al valle.
—Ya casi se ve el pueblo, a lo lejos, ese debe ser —dice Eliza mirando a lo lejos, con la poca luz que quedaba.
— Vamos de una vez — dice Milena.
Avanzan por el camino rápidamente.
El rio se alejaba hacia el norte, siguiendo una carretera que se atravesaba en el camino hacia el pueblo.
Cruzaron la carretera, cuando a lo lejos oyen el sonido de un auto. Era una patrulla de policía. Inmediatamente los chicos le hacen señales con los brazos, brincando y llamándolo.
Este se detiene frente a ellos en la carretera.
Dentro de la patrulla se encontraba el detective Rosales y en la parte trasera un sujeto esposado.
— ¡¿Qué hacen por aquí?! —pregunta el detective.
Milena se acerca a él.
—Oficial, lo que pasa es que un amigo nuestro fue a Wilson a conseguir combustible para nuestro auto, pero se tardó y tememos que le haya sucedido algo, nos llamó y se escuchó un grito extraño creemos que le sucedió algo.
—¿Y dices que está en Wilson?  —rasca su cabeza—. Lo siento, no es mi jurisdicción, yo soy de Valley; pero puedes hablar con cualquier Oficial en la comandancia de policía de Wilson, ahí les ayudaran a encontrar a tu amigo. Normalmente Wilson es un pequeño pueblo muy tranquilo, aunque en estas épocas hay poca gente. Sigan el camino de tierra y llegaran en pocos minutos.
— Si, por lo de Calambrias —responde Milena.
El detective tragó saliva.
— Escuchen, tengan cuidado ¿sí? Vayan a la comisaría, y que les ayuden a buscar a su amigo. Yo en este momento no puedo ayudarlos.
— Ok, oficial. Entendemos, iremos al pueblo.
El detective se despide y se va.
Milena regresa con sus amigos.
— ¿Qué te dijo? — pregunta Esther.
—Pues que vayamos con cuidado, que vayamos a la comandancia allá tenemos que ir primero. Vamos, démonos prisa.
Siguen el camino hasta una especie de parque y llegan rápidamente al pueblo.
La noche les había caído ya.
La primera impresión al llegar al pueblo es que este estaba totalmente vacío, no vieron ser alguno. Era un pueblo típico de provincia, atrapado en el tiempo, de edificios altos, techos a dos aguas, calles estrechas y de atmosfera bucólica.
—Este lugar me da miedo —dice Esther abrazada a Felipe—. Milena… ¿No te parece extraño?
—Se que las —comenta Felipe— personas de este pueblo, como muchos otros pues viaja a Calambrias por la celebración, pero de verdad parece que éste lugar está abandonado. —Se encoge de hombros.
—No puede estar abandonado —repone Milena—. Las luces se han encendido —señala las farolas al lado de las veredas—, ya son las 7:00PM, alguien debe estar por aquí es solo que estos lugares alejados de la sociedad tienen otras costumbres, fíjense bien algunas casas tienen luces encendidas; quizá esta hora ya para ellos es mas tarde. Tranquilos, además, Mauricio debe estar por aquí.
Eliza, quien estaba un poco más atrás que el resto, da unos pasos, como estudiando el lugar. Observando las farolas, las ventanas, las calles alrededor.
—Las luces del alumbrado se prenden automáticamente —comenta Eliza.
—No —responde Milena—. En estas zonas tan alejadas y fuera del mapa debe haber un mecanismo no automatizado; ya dejen de decir tonteras y vamos a la comandancia.
—¿Y dónde está eso? — pregunta Eliza.
El lugar a simple vista se veía normal, un pequeño pueblo, bastante implementado, edificio medianamente modernos, grandes, elegantes, pero clásicos, se veían luces en las calles y en algunas casas; pero el lugar era totalmente silencioso, solo se escuchaba una extraña canción a lo lejos, que no se podía saber de dónde procedía.
Milena miró a su alrededor.
—Vamos por ahí, debe haber un aplaza o algún lugar con gente.  —Camina siguiendo la calle hacia abajo—. Debemos caminar, alguien debe saber decirnos algo. Debe haber alguien por ahí, vamos
Caminaron unos minutos por ahí entre las calles hasta llegar, efectivamente, a una plaza.
—Ahora si estoy segura de que no hay nadie en este lugar—comenta Eliza.
—Eso es imposible —insiste Milena llevando las manos alrededor de su boca—. ¡¡¡Hola!!! —grita.
—No grites —dice Esther.
—Pues si nadie sale, es porque no nos han notado —responde y continúa gritando—. ¡¡¡¡Alguien que nos ayudeeee!!!!
Pero sus gritos eran inútiles.
—Esto es ridículo... —Milena corre a la entrada de uno de los edificios, donde estaban las luces encendidas—. ¡¡Hola!! ¡alguien, ayúdenos! —Toca el timbre, pero nada.
—Vamos a ayudarla —dice Eliza.
Los tres van con Milena a tocar puertas y a pedir ayuda.
Lamentablemente nadie respondía; era como si los ignoraran, nadie salía ni por las ventanas.
—¿Qué sucede con este lugar? —Se preguntaba Milena.
Se reúnen nuevamente en cerca de la plaza, desde donde veían todos los edificios y pasajes aledaños, vacías sin un alma.
Se sientan en las bancas.
Esther miraba a su alrededor, aun sujeta a Felipe.
—Esto comienza a asustarme, chicos —comenta.
—¿Y qué podemos hacer? —dice Milena—. No nos vamos a ir hasta encontrar a Mauricio.
—No dije que nos vayamos —replica Esther.
—Ya cálmense —interrumpe Felipe—. Encontraremos a Mauricio, y pues la gente quizás solo es algo temerosa, yo que se. Quizás no haya nadie… es una probabilidad también.
—¿Y la luces? ¿Y esa extraña música? —pregunta Eliza.
—Bueno —contesta Felipe encogiéndose de hombros—, yo muchas veces dejo la luz de mi apartamento encendida y mi madre deja la radio encendida cuando sale o para advertir a los ladrones.
Esther frunce el ceño.
—Eso funciona para una casa, pero no para “toda” una especie de pueblo en medio de la nada —explica—. Yo tengo miedo y no sé cómo nos vamos a regresar.
—No regresaremos sin Mauricio. Esto que… —Algo interrumpe a Milena.
Su celular suena nuevamente.
“Mauricio” decía en la pantalla. Rápidamente responde y sus amigos se acercan para escuchar.
—¡¿Mauricio, eres tú?! —dice Milena.
Luego de unos segundos de silencio, de cruzar miradas: responden. La voz no era de Mauricio—. Hola. No, no es Mauricio. Su amigo esta digamos… Dormido. —Se le oye reír burlonamente.
—¡¿Qué sucede?! ¡¿Quién eres y que demonios le hiciste a Mauricio?! —grita Milena.
—Lo importante no es quien soy, si no quienes fueron ustedes.
Milena frunce el ceño. Los jóvenes cruzan miradas nuevamente, no entendían.
—Eso no tiene sentido —repone Milena.
—Si se quedan en Wilson importara quienes fueron, mas no quienes son; así que ya lo saben. Ahora, dejen mi ciudad o se arrepentirán, su amigo cometió el error de entrar aquí, ustedes no cometan el mismo error. Les daré 15 minutos para que se larguen o se arrepentirán.
—¡¡¡Quién eres!!! ¡¡responde!! ¡¡donde esta Maur...!!? —Le corta.
Esther retrocede unos pasos, muy asustada.
—Dios que sucede aquí —pregunta al aire.
Milena se queda en silencio, mirando a su alrededor.
—No lo sé, pero sea lo que sea, ese que hablo tiene a Mauricio
— Es un loco o algo así —comenta Felipe.
—Debemos hacerle caso e irnos —dice Esther
—No, claro que no; él tiene a Mauricio. —Milena le marca nuevamente. Responden—. ¡¡Escúchame!! ¡¡Vamos a llamar a la policía!!! ¡Así que dinos donde esta nuestro amigo!
—Milena… —responden, esta vez era la voz de Mauricio
— ¡¡Mauricio!! —grita milena, muy sorprendida pegándose al celular.
Sus amigos se acercan nuevamente para oír.
—Milena… —dice con voz cansada, adolorida— este sujeto está loco. Váyanse, lárguense de ese lugar. ¡Lárguense váyanse! —Exclama.
Se oyen unos ruidos extraños y luego silencio.
La voz ahora era de otra persona, del que los había amenazado.
—Escuchaste a tu amigo ¿verdad? Háganle caso. Tus 15 minutos comienza a correr. Ah y si llamas nuevamente le cortare el cuello a tu amigo y lo escucharas. —Corta.
—No… espera —dice Milena—. ¡¡¡Noooo!!!¡¡Mierda!!
— ¡¿Qué vamos a hacer?! — pregunta Eliza, también alterada.
—Debemos hacer algo… ¿Pero ¿qué? —agrega Felipe.
—No sé, no sé. Yo…  ¿Por qué me miran a mí? — dice Milena.
La joven se deja caer en la banca cerca de ella, se lleva las manos a la cara.
—Tu nos trajiste —le dice Esther—. Ahora decide. Yo pienso que debemos irnos. Tenemos que irnos ¿verdad Felipe? —pregunta.
Este la mira y queda en silencio.
—No podemos irnos —responde milena con la cabeza en las rodillas, levanta la mirada y se pone de pie—. Debemos buscar a Mauricio y a ese sujeto —dice decidida.
Esther retrocede unos pasos, incrédula. No podía entender lo que escuchaba.
—¿Estas bromeando, cierto? —le responde.
—No, tenemos que encontrar la comandancia, pedir ayuda. No podemos irnos no sin él. Es nuestro compañero
—Si, pero ya escuchaste a ese loco.
—No importa, es un loco justamente, ¿crees que debemos dejar a Mauricio a su merced? Vayamos a buscar la comandancia no debe estar muy lejos. Este lugar es pequeño.
Milena avanza unos pasos. Sus compañeros cruzan miradas.
Esther avanza y la toma del brazo.
—Milena, ese loco puede estar observándosenos ahora mismo. Si ve que nos quedamos… Ya lo escuchaste, nos amenazó.
Milena se suelta de Esther de un tirón.
—Escúchame Esther: Si quieres lárgate. No te puedo obligar a estar aquí; pero yo voy a quedarme a buscar a Mauricio, el haría lo mismo por cualquiera de nosotros —hace un gesto con las manos.
Milena avanza nuevamente por la calle.
Felipe da unos pasos tras ella.
—Espera, Milena —dice—. No iras sola.
Esther  frunce el ceño.
—¡¿Qué?! —dice Esther sorprendida.
Felipe se vuelve hacia su pareja.
Se acerca a ella.
—Escucha Esther: es verdad lo que ella dice. —La toma de la mano—. Mauricio es nuestro compañero, lo conocemos desde pequeños; los 5 aquí nos conocemos desde el colegio, bueno excepto Eliza a quien conocimos en la universidad. Pero somos amigos, debemos apoyarnos; y sabes que haríamos lo mismo por ti si estuvieras en peligro. Así que sé que vendrás, además no te puedes ir sola, no tenemos movilidad, no hay nada en kilómetros, no podemos simplemente llamar un auto.
Eliza se aclara la garganta. Y camina hacia Milena.
—Felipe tiene razón, yo si iré con ella.
Milena asienta y avanza junto con Eliza.
Esther, evidentemente enfadada se suelta de la mano de Felipe de un tirón y se acerca a él.
—¿Por qué no me sorprende? —susurra en el oído de Felipe—. Siempre te pones de parte de cualquiera. ¡De cualquiera, menos de mí! Sabes que no quería venir a este estúpido viaje, sabes que Milena y yo nunca nos llevamos bien y sabes que Mauricio es un idiota. Y ahora te sigues poniendo de parte de ella. Se que aun te gusta. Y por eso vas como un perrito faldero tras ella, pero ¿sabes? Iba a esperar a que regresemos la ciudad, pero te lo diré ahora: ¡Lo nuestro se terminó!
Empuja con el hombro a Felipe y va tras Eliza y Milena.
Felipe se queda sorprendido. Desencajado, no entendía que estaba diciendo su enamorada. Suspiró y fue tras ellas.

8
Luego de caminar por las calles unos cuantos minutos, alrededor dela plaza, parques y callejones, por fin encuentran una señal de vida.
Unas cuantas calles al norte de la plaza, en un camino elevado, un sujeto estaba caminando, llevaba consigo unas maletas.
—¡¡Ey!! —grita Milena al ver al hombre.
El sujeto parece no escuchar, continuó avanzando.
Milena y los chicos van tras el corren calle arriba.
Lo alcanzan, el hombre sorprendido vuelve a verlos, se detiene. Bajas sus maletas.
—Buenas noches —saluda Milena—. Pensábamos que este lugar estaba abandonado o algo así —explica Milena al hombre ya entrado en años y vestido de manera elegante, con un enorme sombrero blanco.
—Pues, creo que, con excepción de mí, lo está. —Responde el anciano.
—No entiendo.
—Pues eso, hoy es Domingo, Domingo 23. Todo el pueblo se ha ido a Calambrias, es el último domingo de la fiesta de la vaca, y ya voy tarde.
El anciano levanta sus maletas y avanza por la calle.
Milena va tras él y lo detiene con delicadeza. No quería incomodarlo.
—Espere, espere. No entiendo.
El anciano la evade de lado y continúa avanzando para la esquina.
—Se ve que no son de este lugar.
—Venimos de la ciudad.
—Correcto. Veras, jovencita; todos los años, el último domingo de este mes, el día 23, la población entera viaja a Calambrias, a rendirle respeto y pedirle sus deseos a la vaca de Calambrias. Es milagrosa. Madres, hijos, hermanos, alcaldes, mendigos, todos viajan y le llevan regalos a la gran Vaca.
Milena sonríe.
—Sabemos eso, que la vaca de Calambrias es una gran tradición. Pero no sabíamos que todo este pueblo viajaba —responde Milena.
—Lo hace, este pueblo se llama Wilson, en honor a Milton Wilson, quien, de acuerdo a la historia, fue quien crio una vaca en Calambrias, vaca enviada por Dios, que alimentó a todo un pueblo impidiendo que este desapareciera por el hambre. Todos aquí nacemos religiosamente vacanos, pues este pueblo fue fundado por los hijos de Milton. Así que vamos hasta Calambrias a rendir respetos y agradecimiento. No hay nadie en este lugar, al menos hasta el amanecer, debemos regresar con el sol; solo así nuestros deseos se cumplirán y nuestro pueblo será bendecido otro año más. Solo ahí todos volvemos. A mí me quedan al menos unas 4 horas para llegar. —Llegan a la esquina—. Sali tarde pero igual llego, si llego.
En la esquina había un auto, en el interior había tres personas más, la auto tenía algunas maletas en la parte de arriba en una parrilla.
El abuelo sube sus maletas en la parte de arriba y las asegura.
—Oiga, escúcheme — Milena va tras él.
Sus amigos la siguen de cerca, escuchaban atentos.
—¿Qué ocurre jovencita? —pregunta—. Ya te dije todo.
—¿La policía también se va? —pregunta.
—Todos, hija. Todos. La policía, bomberos, albañiles. Todos, ¿Qué entiendes por todos nacemos vácanos? —Se dirige a la parte delantera del auto. Y abre la puerta del conductor.
— Comprendo —Asienta Milena.
Desde el interior el anciano les dice:
—No se les ocurra robar nada, muchachos. Aunque eso depende de ustedes, quiero que sean conscientes de que hay una maldición. Si alguien roba algo en esta ciudad cuando estamos adorando a la vaca. Vayan con Dios.
Parte por la carretera.
Milena regresa unos pasos a la esquina con sus amigos.
Esther rebufa, cruzada de brazos.
—Dios, que gente y sus creencias —comenta Esther.
—Sea lo que sea, estamos solos entonces —agrega Eliza.
Felipe tercia.
—La vaca de Calambrias… ¿Alguna de ustedes sabia sobre la celebración y este domingo en particular? —pregunta.
—Pues —responde Milena—, sabía que era un día de celebración, alcohol, fiesta, baile y una gran devoción religiosa y cultural; pero no que había lugares completos que viajaban a rendirle homenaje a la vaca. Eso fue nuevo.
—¿Y ahora qué? —Pregunta Esther—. Ya sabemos que no hay policía. —Se encoge de hombros.
—Igual —responde Milena—. Nada cambia, debemos buscar a Mauricio. No lo dejaremos, ahora depende de nosotros nada más.
El celular de Milena suena nuevamente.
Los tres cruzan mirada. Miran a su alrededor.
Milena duda en responder, pero finalmente lo hace.
—Aún siguen aquí. Bueno, se los había advertido. Lo que les suceda a partir de ahora será absolutamente su responsabilidad —Cuelga.
—Maldito loco hijo de… —dice Felipe.
Milena ve el miedo y la frustración en los ojos de sus compañeros.
—Miren, hay que mantener la calma, busquemos un teléfono público y llamemos a la policía de Valley.  Tengo el número aquí en el mapa —lo coge de su bolsillo—. Vi un teléfono por allá —señala al camino tras ellos.

9
Avanzan por la calle abajo hacia unas cuadras, donde había una caseta telefónica antigua.
Caminaban con lentitud, mirando sobre su hombro, a su alrededor. Sabían que los estaban observando, tenían esa sensación por lo menos. Sus rostros reflejaban angustia. Milena iba delante, Eliza tras ella a unos pasos, a su lado Esther, quien miraba con desprecio a Felipe algunas veces, por encima del hombro. Este último iba varios pasos tras ellas, aun con el rostro desencajado por la discusión con Esther.
Milena se acerca a la caseta.
La joven levanta la bocina, coge unas monedas de su bolsillo. Introduce la moneda y marca el numero de la comisaría de Valley.
Timbra.
Sus amigos se quedan al lado de la cabina.
Responden. Todos se acercan a la cabina para oír.
—¿Hola? —dice Milena—. ¿Comandancia de policía de Valley?
Una voz masculina y rasposa responde:
—Si, buenas noches. ¿En qué le podemos ayudar?
—Hola. Escúcheme, estamos llamándole desde Wilson, tenemos un problema aquí.  Somos estudiantes de la universidad Nacional de Catalina, Catalina central.
—Díganos. ¿Cómo podemos ayudarle?
—Estábamos en un paseo, en Calambrias, en el festival. Volviendo por la carretera el auto se nos quedó sin combustible y un amigo fue a comprar, pero nunca volvió, nos dijeron que vino aquí a este pueblo, vinos por él, pero nos llamaron diciendo que ha sido secuestrado. Secuestrado aquí en Wilson, necesitamos ayuda
—Este número es de la policía de Valley. Si esto es una broma, le rogamos no volver a llamar, todas las llamadas son rastreadas, joven —le responden.
—No es una broma, estamos hablando en serio. Nos hemos quedado varados aquí, y el pueblo esta vacío, por la celebración de la Vaca de Calambrias. —Explica.
—De acuerdo. Esperen un momento.
Sus amigos le hacían gestos para saber que sucede. Milena les respondía con otro gesto, para que esperen un instante.
—Muy bien —continuó la voz tras la bocina—. Enviaremos una patrulla, llegara en una hora aproximadamente. Necesitare que me des tus datos exactos para corroborarlos.
—¿Una hora? —dice indignada—. No es posible, tenemos a nuestro amigo secuestrado y nos han amenazado también. Necesitamos su ayuda ya —insiste Milena.
—Señorita, Wilson está a 3 horas de Valley y no hay patrullas cerca de la zona. La más cercana pasará por ahí en una hora. Esperen en la comandancia.  Nos comunicaremos con usted.
—Escuche esto es urgente mándenos ayuda lo antes posible, por favor. No hay nadie, no hay policías, no hay nada, por favor.
— Haremos lo que podamos, acérquese a la comandancia más cercana y espere ahí.  Tienen que haber al menos un equipo policial. Por seguridad nunca se deja solo el pueblo. Acabamos de comunicarnos con ellos.
—¿Es cierto eso?
—Háganos caso, de todas maneras, estamos enviando ayuda. Ahora deme sus datos para corroborarlos.
Milena suspira profundamente y le da los datos que le pidió el oficial.
Luego de eso corta. No estaba conforme.
—¿Qué dijeron? —pregunta Felipe.
—Que esperemos, que mandaran ayuda en una hora, al menos. Que vayamos a la comisaría. Que debe haber alguien.
—Entonces vayamos de una vez— dice Esther—. Podrían matarnos hasta que llegue la policía.
—No digas eso —responde Felipe.
—¡Tú no me hables! —espeta Esther con los ojos encendidos.
Milena sale de la cabina.
—Ya basta. Vamos a la comisaría. Me dijo que se encuentra en la calle Malaga, cerca de la catedral en la plaza, dos calles arriba esta la comisaría. Vamos de una vez. Si es verdad que hay policías ellos nos ayudaran.

continua parte 2:
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LA VACA DE CALAMBRIAS -PARTE 1/2
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