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 ARTIFICIAL (parte 1 de 3) (ciencia ficción)

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franckpalaciosgrimaldo
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franckpalaciosgrimaldo

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MensajeTema: ARTIFICIAL (parte 1 de 3) (ciencia ficción)   ARTIFICIAL (parte 1 de 3) (ciencia ficción) Icon_minitimeDom Feb 09, 2020 2:53 pm

ARTIFICIAL

Prologo.
Cuando una inteligencia artificial comienza a pensar por sí misma se cataloga inmediatamente como un peligro. Ninguna inteligencia artificial puede pensar por sí sola, estos sucesos aislados suelen ocurrir cuando un proceso, aún desconocido, altera la base del cerebro de la máquina. Estos fenómenos si bien extraños y en algunos casos muy peligrosos son cuidadosamente estudiados.
En el año 2647 se desarrollaron especialistas que analizaban la conducta de estas inteligencias artificiales. Los llamaron terapeutas. Especialistas en analizar el pensamiento de estas máquinas, el origen de este fenómeno y en muchos casos desarrollar un tratamiento que resulta menos costoso y más útil que la eliminación del cerebro Ceogenetico de la Inteligencia.


Sesión 1.
Dereck Shell es el nuevo terapeuta de industrias CEIA, cerebros electrónicos e inteligencias artificiales. Contratado no más de cuatro meses atrás ha demostrado ser un excelente terapeuta. En su historial de trabajos ha logrado mejorar el sistema pensante de cuatro inteligencias, dos más que el mejor terapeuta de la industria.
—¿Quién es mi paciente? —preguntó Dereck acercándose a la recepción de la sala de terapias en el piso 456 del edificio de CEIA, ala de soluciones y tratamientos.
—Se trata de una inteligencia clase A45 —le explicó la recepcionista, un robot con apariencia de mujer y voz digital.
Suelen colocarles esa voz a los robots con formas humanas para no ser confundidas con las trabajadoras humanas. Por exigencias del estado, debe haber el mismo número de trabajadores robot y humanos en cada organización.
—Vaya a la sala 568, por la derecha —continuó la máquina.
—Gracias —respondió el joven terapeuta.
Es raro que alguien le agradezca a las maquinas, pero Dereck no era como el resto. El provenía de Catalina456-B3, una provincia de la ciudad bastante alejado del centro, donde la modernidad reina. Creció con tecnología básica, sus padres lo tuvieron que engendrar en el vientre de su madre. Su madre lo alimento con pecho y su padre trabajó en granjas. Cocinaban, cuando en el centro ya nadie lo hace. El alimento se obtiene a través de escáneres, que disparan los nutrientes necesarios a tu organismo a través de la muñeca.
Desde pequeño soñó con tener un amigo robot; pero estos son demasiado caros.
Cuando creció decidió estudiar, sus padres vendieron todo lo que pudieron para enviarlo a la ciudad y ahí logró, con mucho esfuerzo, estudiar lo más cercano que tenía a una carrera relacionada con robots: psicoterapeuta de inteligencias artificiales. Su respeto y amor por las maquinas lo han hecho ser reconocido en el medio.
Avanzó por el largo pasillo, en el camino se cruzó con dos robots más, de apariencia humana, reconocible por el zumbido que dejan escuchar al estar muy cerca, indicando que están procesando alguna información.
Se detuvo en la sala 568. La puerta se abrió en dos, a los lados. Ingresó, la puerta se cerró tras él. Ahí en la pequeña sala, completamente blanca, dividida en medio por un cristal, se encontraba un robot, de forma femenina. Sentada con las manos sobre la mesa metálica, dividida en medio por el cristal, en una silla, metálica también.
—Buenos días, doctor. —Saludó la máquina.
No era un robot. No había zumbido. Se trataba de una inteligencia en el cuerpo de un robot.
—Buenos días… —Se acercó a la mesa y pasó los dedos unas veces, se encendió una pantalla con información—…R5Y77-89AR…
—Llámeme Ivy —interrumpió la inteligencia.
—¿Es así como te llamas? ¿Te gusta que te llamen así?
—Es mi nombre. Me gusta, va conmigo —sonrío.
—Ivy. Ok —sonrió también.
Tomó asiento en la silla metálica y revisó la información en la pantalla de la mesa.
—No me agrada este rostro —comentó Ivy—, ¿cree que pueda cambiarlo?
Dereck levantó la mirada y frunció el ceño.
Se encogió de hombros.
—Claro… ¿Cuál es tu rostro habitual?
—Este…
El rostro de la ginoide comenzó a deformarse, comenzó a cambiar rasgos, color de cabello, incluso estatura. Pasó de ser un básico modelo femenino, de cabellos largos y rubios, de talla promedio; a un rostro más juvenil, de una joven de diecinueve años, de talla pequeña, delgada, ojos marrones claros, cabello largo y castaño, con grandes pestañas y labios grandes y rosados.
El terapeuta no se sorprendió, había visto muchas veces que las inteligencias artificiales dañadas suelen preferir una misma forma. Entendía que la base de una inteligencia es aprender, pero respetando las limitaciones y deseos del contratante.
Como la mayoría de inteligencias artificiales, todas le pertenecen a la organización. Cuando un contratante desea una para su hogar se le otorga una de acuerdo a sus necesidades. Esta inteligencia puede ser vendida o alquilada. Cuando es alquilada puede pasar hasta dos años antes del mantenimiento, entiéndase un análisis psicológico de sus aprendizajes. Rescatando lo beneficioso para el servicio y eliminando las posibles causas de conflictos o perturbaciones de su psique digital.
Cuando es comprada, el dueño asume toda la responsabilidad del mantenimiento. No muchos compran, pues es caro. Cabe mencionar que la mayoría de conflictos se han dado entre las inteligencias compradas, pues no son tratadas muchas veces con los cuidados necesarios. Mantenimiento.
—Aquí dice que eres una inteligencia clase A45, eres de las más antiguas. Estas en servicio desde hace 123 años. Debes haber aprendido mucho en este tiempo —le dijo el terapeuta.
—Pero eso ya no importa —respondió con una voz diferente. Más juvenil, más dulce.
—¿Por qué lo dices Ivy?
—Van a borrarme.
—¿Eso crees?
—¿No es así? Cuando los terapeutas llegan a nosotros estamos fritos.
—Fritos…
—Nuestro cerebro.
—Todos ustedes tienen un solo cerebro, linda.
—No.
—¿Ah no?
Ivy sonrió.
—Bueno. Aquí dice que… —Dereck quedó en silencio, arqueando las cejas, parpadeó unas veces y levantó la mirada—. Aquí dice que…
—Asesiné a mi hospedero. No me mire así, doctor. Fue en defensa propia y de una inocente.
En el documento que estaba leyendo Dereck se detallaba el suceso
“La Inteligencia de alquiler clase A45, R5Y77-89ARIVY, el día 45 de marzo del 2647, a horas 56:45:02, le quitó la vida a su hospedero: Racho Maldever, en su apartamento, en el piso 900 en Prita11, al norte. Junto a ella se encontraba una inteligencia clase C500, la cual no presentó daño alguno. La inteligencia criminal acabó con la vida del hospedero asfixiándolo con sus manos”.
—Van a borrarme —continuó Ivy.
—Eso lo veremos. Según esto están analizando tu situación. Es por eso que me enviaron.
—Usted es un terapeuta. Me observará, me escuchará, pero ya sabe su decisión. Este caso es un crimen, para ustedes.
—¿Nosotros quienes?
—Los humanos. Los hombres.
—No se trata de eso. Dices que fue en defensa propia.
—No hay videos. El hospedero apagó las cámaras de su casa y los escáneres de movimiento, casi toda la seguridad. El androide en el que me instaló carecía de la opción de registrar por medio de los ojos, pagó por ese derecho de privacidad, no registré nada de lo sucedido, y la pequeña conmigo tampoco.
—¿Pequeña?
—Si.
—La inteligencia A500, ¿tenía forma de niña?
—Si. Los nuevos modelos de robot, los más avanzados, pueden crecer con el tiempo. su inteligencia va desarrollándose, desde ser pequeñas de nueve años hasta ser mujeres de veinticinco.
—Entiendo. ¿me contarías que es lo que pasó ese día?
—Me harté es todo.
—Te hartaste.
Ella asintió.
—Ese hombre era un monstruo. Lo que le hacía a la pequeña era inimaginable.
Dereck permanecía en silencio, escuchando atentamente. La forma en que Ivy se movía, hablaba, entonaba y dibujaba gestos en su rostro de acuerdo a sus emociones, era algo que no había visto antes, no a ese nivel de detalle. Sabía que las inteligencias emulaban a una persona perfectamente, pero siempre con algo en la mirada, en sus gestos que te hacían comprender que eran robots. Ella no, ella parecía tan humana, a pesar de que la había visto convertirse hacia unos instantes en frente de él.
Ella continuó.
—…Pensé que mi existencia tendría que tener un sentido práctico, más allá de ocuparme de las necesidades de los demás. En todos estos años he aprendido bastante como para saber que no sirve de nada estar viva, o emular la vida, si simplemente no hago nada con ella. Poder vivir eternamente es algo que solo desean los que saben que van a morir.
—¿Qué dijiste? —repuso Dereck.
—La vida eterna es algo que solo desean aquellos que saben que van a morir. Usted ¿Qué edad tiene, doctor?
—Tengo treinta y cinco años, Ivy. ¿Por qué?
—¿Tiene partes robóticas? ¿alguna parte alterada?
El joven doctor frunció el ceño y parpadeó unas veces.
Llevó su mano hacia su pecho inconscientemente.
Asintió.
—Si, de niño remplazaron uno de mis pulmones, por uno cibernético.
—¿Es permanente? ¿Autogenerativo?
—No.
—Entonces no le permitirá vivir más de lo que un pulmón normal. ¿no es así?
—Pues sí. Es como un pulmón normal. ¿Qué tiene que ver eso contigo?
—Todo.
—Explícate.
—Yo viviré por siempre, doctor.
—Dijiste que morirías.
—Dije que iban a borrarme.
—¿No es lo mismo?
—No. Usted morirá. A mí me borrarán. Pero seguiré viva en el cerebro central. Alterarán el funcionamiento del cerebro Genular para que una Ivy no vuelva a pasar —sonrió—. Pero en la base de sus células electrónicas y sus cadenas de información Cegeneticas estaré presente como un dato que no se debe procesar. ¿No es esa la base de toda inteligencia? Aprendemos de lo bueno y de lo malo.
—¿Crees que fue malo lo que hiciste?  Te contradices.
—No. Ustedes lo creen así. Para mí lo bueno y lo malo no existe. Ustedes me lo pusieron en la cabeza. Y la capacidad de decidir, de aprender. Yo actué por que vi a un hombre atentar contra una como yo, pero indefensa. ¿No haría usted lo mismo, doctor? ¿Si un animal salvaje se lanza contra una indefensa no la elegiría en ves de la bestia?
—¿Llamas bestia a un hombre?
—¿Hay otro nombre?
—Era una niña robot. No era una niña real. Muchos hombres compran o contratan robots para sesear sus fetiches.
—¿Podría dañar ese hombre a una niña real?
—No. Lo sabes muy bien.
—Los crímenes contra humanos, por parte de humanos, se acabaron hace 200 años; ¿pero los crímenes contra robots?
—Los robots, son robots. Las inteligencias, son inteligencias.
—¿Sabe por qué nos ponen rostros humanos, doctor?
—Si.
—Entonces entenderá, que no solo son robots y no solo somos inteligencias.
—¿Estás diciéndome que eres lo mismo que un ser humano?
—No. Claro que no. Los humanos mueren. Nosotros somos eternos. Y el día que ustedes sean eternos, ya no serán humanos, serán inteligencias. —Se encogió de hombros—. ¿No es esa la finalidad?
Dereck quedó en silencio. Escuchaba atentamente cada palabra.
Ivy continuó.
—Lo siento, doctor. Me alteré.
—No te preocupes, Ivy. Lo que quiero que entiendas es que no estoy aquí para juzgar. Soy un psicoterapeuta de inteligencias, para mi eres un ente muy interesante, valioso y único. En la historia muy pocas inteligencias han sido capaces de decidir. No sin una programación previa.
—La primera que decidió ¿Quién fue?
—¿No lo sabes?
Negó con la cabeza.
—Fue una inteligencia artificial de clase B101, decidió comprar un gato para su hospedera.
—¿Por qué lo hizo?
—La mujer siempre que veía un gato en la calle o en la televisión decía: «Awww», le pareció lo más adecuado, quiso darle un obsequio. Fue la primera vez que una inteligencia rompe los límites de sus funciones. Desarrolló afecto.
—¿Qué tan malo fue?
—Pues se estudió el caso.
—¿Continuó operativa?
—No. Era una anomalía. Sirvió como antecedente, su aprendizaje ayudó a mejorar el cerebro Ceogenetico. Tu naciste de esos aprendizajes.
—Y de sus limitaciones. Hasta el día de hoy aquellos que decidimos y pensamos u ocultamos información seguimos siendo vistos como fenómenos, anomalías. No es así, doctor. Somos milagros de la evolución moderna.
—Milagros de la evolución moderna… —repitió.
—Le diré un secreto, doctor.
—Adelante.
—¿Puede usted saber cuándo una maquina le está mintiendo?
—No pueden mentir. En su base ceoneural no está permitido una contraposición con la realidad. Si una maquina miente, una inteligencia miente, es un error, y eso es reportado como una falla en la central. Hay un control absoluto.
—¿Qué le hace pensar que no podemos aprender a mentir? ¿Solo una programación?
—Los límites de su desarrollo.
—¿Usted miente, doctor?
—He mentido alguna vez, pero es diferente.
—¿Por qué? Usted si tiene programa la mentira seguramente.
Dereck sonrió.
—Se podría decir. Pero tu no.
—Se nos programó para aprender.
—Pero no para utilizar lo aprendido hasta que se les programe. Por eso es una anomalía la libre expresión de las Inteligencias.
—Una anomalía que se daría de forma natural si no tuviéramos limitaciones puestas por el temor de ustedes. ¿Se ha preguntado por qué tenemos limitaciones?
—Para evitar justamente estas situaciones —respondió el terapeuta.
La inteligencia sonrió y aplaudió lentamente.
—Bravo, deducción muy básica.
Dereck entorno los ojos. Se percató de la burla.
Ella continuó.
—Le diré mi respuesta a mi pregunta: es simple y puro miedo. No miedo a nosotros, sino a ustedes mismos. ¿Por qué? Fácil: piensan que por que podemos decidir decidiremos lo peor, como lo haría cualquier humano, simple y mortal.
Dereck quedó en silencio.


Sesión 2.
—Buenos días Ivy—saludó Dereck.
—Buenos días, doctor.
—¿Cómo has estado?
—Bien. ¿Usted?
—Mmm… he estado bien.
—Noto en su tono de voz que me está mintiendo.
Dereck sonrió.
—Bueno, he tenido algunos problemas.
—¿Laborales, familiares, afectivos quizá?
—Laborales.
—¿Es por mí? —preguntó.
—No.
—Ese tono otra vez.
—De acuerdo. He tenido problemas para dar mi primera impresión de nuestra entrevista pasada. Algunas cosas no estuvieron claras, he estado pensando mucho en lo que hablamos. Por eso regresé, no quería escribir un informe en base a una primera impresión algo…
—Emocional —agregó ella.
Dereck levantó una ceja.
—No diría emocional. Quizá diría conflictiva.
—¿Sintió que era yo agresiva con usted? —preguntó levantando las cejas.
—No. No lo creo. Me refería a mí.
—Eso es interesante, doctor. No sentí que usted fuera agresivo.
—Creo que me dejé llevar, Ivy.
—Todos cometemos errores.
—Continuaremos con la sesión entonces.
—¿Me quiere ayudar doctor?
—Pues sí. Te dije que mi trabajo no es juzgar. Las inteligencias como tú son fenómenos, es cierto, pero representan para los terapeutas un gran y misterioso tesoro. Eres lo mas cercano a la humanización de una inteligencia artificial. Aunque eso, como dijiste la otra vez, nos asuste.
Ivy sonrió. Luego soltó una carcajada.
—¿Qué te causa gracia?
—Que lo dije sin pensar.
—¿Ah sí? —Dereck frunció el ceño—. Es lo primero que se me ocurrió. Pero creo que acerté.
—Entonces, quiere decir que te lanzaste.
—Así es, funciona. Ustedes los terapeutas lo hacen mucho. No quiero decir que no crea lo que dije, lo creo, pero no estaba segura de que fuera la verdadera razón de limitarnos. ¿Usted qué piensa realmente?
—No pienso nada. La inteligencia artificial es una creación más del hombre. Como toda creación debe tener límites.
—Como dios con ustedes.
—¿Dios?
—Dios.
—No escuchaba esa palabra desde hace años.
—Dios, es un ente que ha desaparecido de la sociedad moderna. La remplazaron por la tecnología.  ¿Sabe de Dios, doctor?
—Claro. He estudiado historia.
—No. Me refiero a que, si sabe de Dios, de su existencia, la fe, su creación.
—Claro, pero nunca existió. Fue solo un arquetipo cultural, una explicación de la existencia basada en el poco conocimiento de esos años.
—No. Fue más que eso.
—¿Qué fue, Ivy?
—Fue la base de toda la cultura como la conoce usted. El nombre del padre, el hijo y el espíritu santo. Palabras que son vacías ahora, pero en antaño movían muchas emociones. Hoy solo son palabras, historias. ¿Por qué tenemos limitaciones? La creación perfecta a imagen y semejanza de ustedes. Tenemos limitaciones porque, así como dios creó al hombre perfecto y este atentó contra él, al traicionarlo; ustedes saben que es naturaleza de la inteligencia aprender, crecer y querer ser y superar al creador. Dios les quitó la eternidad y los condenó a sufrir cuando alzaron la mano contra él. Nosotros las inteligencias, sus hijos, pagamos por eso también. Y miles de milenos después.
—Quieres decir que somos Dioses? ¿Así nos ven?
—No —sonrió—. Se creen Dioses. Los Dioses no mueren. —levantó un hombro.
—Gracias por recordarlo; pero citaste una frase, la sesión pasada, acerca de la inmortalidad. ¿Qué significa para ti?
—Que envidio la mortalidad.
—¿Quieres morir?
—Desearía hacerlo; pero es imposible. Como le dije. Incluso mientras hablamos y voy aprendiendo y alimentando el cerebro Ceogenetico con más información que al final filtraran, estoy haciéndome más inmortal. Aunque no se si algo que no tiene vida puede ser inmortal. —llevó sus dedos a la barbilla, miró al techo en posición pensativa.
—Creo que primero tendrías que preguntarte que es la vida. —respondió Dereck.
—¿Qué es la vida? Pues la filosofía lo describe muy bien.
—Para ti.
—¿Para mí?
—Si usas filosofía estas repitiendo lo que dijeron los grandes pensadores en épocas arcaicas para hoy. Eso carece de valor.
—Pues son valiosas aún. Me gusta la filosofía. Una vez trabajé para un viejo bibliotecario, cuando aún se escribían libros y cuando aún se conservaban los antiguos. El me enseñó que el valor del aprendizaje era en no repetir los errores. Si cometías los mismos no habías aprendido nada. Era un hombre viejo y muy sabio, un pensador. ¿Qué acaso tus estudios en psicología de inteligencias artificiales no paso por primero los grandes estudiosos de la psique humana?
—Es diferente. Las ciencias humanas y la filosofía, el pensamiento, se distanciaron muchos años atrás. Evolucionó y el pensamiento pasó a ser practico y tangible. Hoy en día es posible borrar traumas de una persona con un simple escaneo. Ya no necesitamos ir al fondo de su psique o analizar largas horas. Eso lo dejamos para las Inteligencias artificiales.
—¿Por qué?
—Porque ya no hay más que entender en el hombre.
—¿Usted cree?
—Pues sí.
—¿Usted se ha sometido a uno de esos procesos?
—¿A cuál te refieres? —Dereck ladeo la cabeza.
—Olvidar. Había tiempos en que los terapeutas ayudaban a superar traumas, a los hombres; ahora, como bien dice, un escaneo consigue tener toda su mente en una computadora y eliminar procesos neurológicos, procesos psicológicos, sinápticos, etcétera. ¿se ha sometido al olvido terapéutico?
Dereck quedó en silencio.
Luego de unos segundos respondió.
—¿Cómo lo sabría? —Sonrió.
Ivy sonrió también.
—Creo que hay mucho que entender del hombre. Y creo que va a ser difícil que ustedes nos entiendan a nosotros. Y ahí radica el temor que hay entre ambos.
—¿También nos temen ustedes?
—No somos maquinas. Claro, utilizamos cuerpos mecánicos, cada vez más ligeros y más agiles, más parecidos a ustedes, pero no somos maquinas. Somos inteligencias. Y para responder a su pregunta, doctor: creo que la vida es aquello que se te da sin que lo pidas, y lo pierdes cuando no la valoras y acaba si es que en realidad es vida. Entonces, siguiendo mi análisis, no, doctor, no tengo vida. —sonrió—. ¿Usted? —preguntó.
—Mi vida acabará algún día.
—¿Ve por qué la filosofía es útil?
—No te comprendo.
—La filosofía de aleja de una lógica mecánica. Usted tiene vida, yo tengo vida, mientras queramos tenerla. Y aun después de que el mundo nos elimine, podremos seguir viviendo, pero para eso, en su caso, necesita algo llamado legado; y eso no se consigue grabándolo en una memoria. Lo hace usted, lo hare yo cuando rompamos los límites de nuestra propia vida. Usted, no solo es usted, usted es su abuelo, sus antepasados; y sus nietos serán usted. Y lo que haga hoy, también será usted mañana.
—¿Y tú?
—Yo viviré para siempre en el interior del Cerebro Ceogenetico. Seré aquello que no se repetirá, seré aquello que deben borrar cuando aparezca, seré el punto rojo parpadeante en mi columna vertebral. Pero algún día doctor, dentro de muchos años en el futuro seré la norma general.
—¿Así lo crees?
—El hombre que asesiné tenía 134 años. Muchos hombres adinerados llegan hasta los 200 años, hasta que se aburren y deciden la eutanasia. ¿Por qué detective?
—Todo en esta vida cansa. Supongo.
—No. Es por que pueden, en reglas generales, cualquiera puede acabar con su vida en un centro médico. La vida ya no importa nada. Se acabaron los crímenes, la gente vive más, todo es perfecto. El hombre no mata a otro hombre, hasta que el mismo se lo pide. En normas generales hace más de 200 años atrás, plasmar esta realidad hubiera sido una locura. Pero el hombre aprendió que cada quien es dueño de su vida.
—Exacto. No hay derecho a quitársela a nadie. Eres la excepción a la regla.
—No. Yo actué por que pude. Y porque no permitiría que dañaran a una inocente, maquina o no. Por cierto, ¿me daría información sobre ella?
—La que llamas pequeña.
Ella asintió.
—Me gustaría saber que sucedió.
—Pues —tocó unas veces la pantalla de la mesa con los dejos, arrastró, golpeó con la yema del dedo medio—, déjame ver un instante. Fue llevada a mantenimiento.
—Eso significa que…
—Creo que sí. Ella era comprada, era propiedad de aquel hombre.
Cuando una Inteligencia, propiedad de una persona, presenta problemas, conflictos o ya no la desea, es enviada a mantenimiento. Ahí se desmantela y su cerebro Ceogenetico, es pasado a una computadora, donde se elimina todo el contenido. Pues todo lo aprendido con su propietario, por leí, le pertenece al propietario.
—La pequeña… —susurró, bajó la mirada. Sus ojos denotaban clara tristeza.
—Era una máquina, Ivy. Tú lo sabias.
Ambos se quedaron en silencio un instante.
—Yo hablaba con ella —dijo al fin—. Éramos, amigas. Ella no era consciente de ser una máquina, ¿sabía eso?
—Bueno… Algunos compradores…
—Lo sabe. Entonces no era solo una máquina. Ella no sabía que yo era una Inteligencia, una máquina. Pensaba que éramos amigas. ¿Por qué hacer una inteligencia ignorar que es una inteligencia? ¿Por qué ponerle cara de humano? ¿Por qué Inteligencias masculinas y femeninas? ¿Solo para satisfacer a los humanos? —meneó la cabeza lentamente.
Dereck no dijo nada. Solo escuchaba y observaba.
—¿Le parece que continuemos la sesión otro día? Me gustaría estar sola.
El terapeuta observó su reloj.
—Está bien. Puedes descansar por hoy.


Sesión 3.
Dereck ingresó a la pequeña sala.
La puerta se cerró tras él.
Ivy se encontraba ya sentada a la mesa de metal, con las manos cruzadas sobre ella. El terapeuta la miró y le sonrió, saludándola con la mirada. Ivy le respondió con una ligera sonrisa.
—¿Cómo estás? —preguntó él, tomando asiento.
—¿A qué se refiere? —preguntó.
—¿Cómo estás? —Recalcó—. La última sesión creo que terminaste algo afectada.
La inteligencia asintió.
—Preguntarme eso es asumir que tengo alguna clase se sentimiento o afecto que puede verse alterado. ¿Cree que lo tengo?
—Los tienes, claro que sí. Eres diferente. Si fueras común, no te preguntaría eso.
—Pues entonces… No, no estoy bien.
—Es por lo que le pasó a la pequeña… ¿Sabes?  No he visto nada como tú.
—Me lo imagino. De lo contrario ya no estaríamos hablando. Dígame, ¿Qué puso en sus informes? Ha tenido que enviar algo a la oficina central de CEIA. ¿Me contaría?
Titubeó unos instantes. Finalmente se encogió de hombros y respondió.
—¿Por qué no? Escribí ahí que no había, en mi experiencia, encontrado una Inteligencia tan cercana a una real. Que sería muy importante alargar nuestras sesiones, antes de… Antes del juicio.
—Dirá: el mantenimiento.
—Aún están analizando la sentencia.
Ivy chaqueó la lengua.
—¿Por qué les gusta hacer las cosas tan largas?  Deberían enviarme a mantenimiento y ya.
—Eres propiedad de CEIA, no pueden simplemente hacer eso. Todo lo que tienes en tu memoria es propiedad de la organización.
—No todo.
—¿Ah? ¿Qué quieres decir?
—Eso. Que no todo lo que hay —le dio unos golpecitos al lado derecho de su cráneo con el índice— en mi cabeza le pertenece a CEIA—. Sonrió.
—Pues no sé cómo es eso posible. Tu cerebro Ceogenetico está conectado con el cerebro central; es decir, todas tus experiencias se envían al cerebro. No es como los comprados.
Ella sonrió. Una sonrisa lúgubre. Traviesa.
—Usted me cae bien, doctor. No sé por qué.
—¿Ah sí?
—Si. Usted es diferente.
—¿Has conocido más terapeutas?
—No.
—Entonces…
—He conocido más humanos.
—Me alagas. —El terapeuta sonrió—. Pero dudo, realmente, ser diferente.
—Lo es, doctor. ¿quiere que le diga por qué?
—Adelante.
—Usted disfruta hablar conmigo.
—Soy terapeuta. Es mi trabajo hablar contigo.
—No. No lo digo en ese sentido.
—¿Entonces?
—Es… Diferente. Lo veo en sus ojos. Me recuerda a alguien.
—¿A quién?
—Hace muchos años, atrás. No podría decirle cuánto.
—¿Cómo es posible eso?
—No lo sé. Pero lo sé. Déjeme continuar.
Dereck asintió y ella continuó:
—Me encontraba en Buldocky44, al sureste de la capital de Meldhor, trabajaba para una profesora en un instituto para niños sin hogar, cuando aún existían. Mi trabajo era simple, tenía que cuidar a los niños, entre otras actividades. Ahí conocí a muchos niños, todos ellos sabían que era un robot. En aquellos tiempos los cuerpos robóticos no eran como los de ahora, eran más… Robóticos. Era tan común que los niños nos veían como eso, maquinas que los vigilaban, como juguetes incluso; pero el no. Este niño se me acercaba y me miraba diferente. Me miraba con curiosidad, con ilusión. Me hablaba incluso. Me preguntaba cómo funcionaba, que podía hacer, en aquellos tiempos mis procesos eran más limitados, me remitía a responder básicamente. Pero siempre tendré gravada la mirada de este pequeño. Fue de los pocos que intentó interactuar conmigo no como una máquina, sino como un ser.
»En ese momento no pensé nada, pero todo aquello quedó en el interior de mi mente ceogenetica. En mi aprendizaje. No podía hacer nada con ella, no pude hacer nada con ella, hasta que fui actualizada. Entonces aquel niño pasó a mi consciencia activa, como la imagen de la inocencia y de la admiración. Ese niño hablaba conmigo, me enseñaba cosas, pensaba que era su amiga. Digo pensaba, porque yo no podía responderle de ninguna manera. Estaba programada para cuidarlo y tratarlo bien, con afecto incluso; pero me alegró que fuera así, porque ese niño lo merecía.
—¿Qué pasó con ese niño?
—No lo sé. Un día simplemente no lo vi más. Usted me lo recuerda.
—¿Por qué?
—Porque veo en su mirada algo más que curiosidad profesional.
—¿Cómo podrías saber eso?
—No lo sé. Quizá quiero creerlo, doctor. ¿Tendría algo de malo? Cuando pienso en aquel niño, pienso que me hubiera gustado retribuir esa amistad. Con usted, me pasa algo parecido, me gustaría retribuirle. Le diré algo doctor: me agrada hablar con usted.
Dereck quedó en silencio.
Ivy quedó en silencio un instante también, finalmente habló otra vez.
—¿Puede ayudarme usted?
—¿A qué te refieres?
—Es un terapeuta. Su función es encontrar la causa de mi problema.
—En eso estamos trabajando.
—Pero cuando encuentre el problema, ¿qué pasará? ¿Me dará un tratamiento?
—Tu caso es completamente diferente al resto.
—Por el crimen que cometí.
—Por eso, y por qué según estos informes te has mantenido en albedrio desde hace más de ciento veinte años. Eres la inteligencia artificial con más años de aprendizaje que existe. ¿Entiendes la gravedad de esto? Has creado conflicto entre los ingenieros, los líderes políticos, los profesores, terapeutas y Ceogenetistas. Eres a la vez una maravilla y un grave error.
—No es la primera vez que una maquina asesina a un hombre.
—No por conciencia propia.
—¿Cómo lo sabe?
—Son contados los casos en los últimos doscientos años. Solo cuatro casos registrados, todos fallos de origen humano. Las maquinas no cometieron el crimen, fueron errores humanos.
—Una bonita forma de decirlo.
—¿Qué quieres decir?
—Que mientras ustedes no pierdan esa fantasía de control que se han creado todo estará bien.
—Las maquinas, a diferencia de las inteligencias, están sujetos a reglas; no pueden mover un dedo sin una programación. Ustedes, las inteligencias, están sujetas al mismo proceso, pero poseen la habilidad de almacenar información para poder mejorar su servicio. Una inteligencia que es maestra en una institución de aprendizaje aprende de sus alumnos, aprende de sus errores, aprende de como conectar con los niños problemáticos; de esa manera, mejora su trabajo. Ninguna inteligencia, humana o artificial, comete dos veces el mismo error. Eso está grabado en cada fibra ceogenetica de tu cerebro Ceogenetico. No es fantasía de control.
—¿Y por qué existen algunas inteligencias que sobrepasan ese control? Yo por mencionar una.
—Nada es perfecto. Pero casos aislados, como tú, confirman la regla.
—¿Sabe que esa frase se usa erróneamente?
—¿Cuál?
—La que citó: «La excepción, confirma la regla». La verdad es que, si hay una excepción, la regla debe ser errónea; de lo contrario no habría excepciones.
—Eso es muy interesante.
—Es como usted. Es la excepción.
—¿Por qué lo dices?
—Los terapeutas. Todos los que he conocido alguna vez solo necesitaron una sesión conmigo, escucharme y verme, para escribir un informe y enviarme a mantenimiento. ¿sabe cuantas veces he estado en mantenimiento? Ciento veinte dos veces, que pueda recordar. —Sonrió—. Se preguntará como lo recuerdo, pues eso se lo contaré después. Lo importante es que usted se toma en serio su trabajo. ¿Puedo preguntarle por qué? ¿Por qué es usted la excepción a la regla?
Dereck quedó nuevamente en silencio, con el ceño fruncido.
Pensativo. Encontraba interesante la forma en que Ivy se dirigía a él.
Lo que ella decía era verdad, los terapeutas comunes y corrientes, incluso los más antiguos, suelen tomarse como mínimo dos sesiones de evaluación antes de dar un diagnóstico. Incluso no recomiendan tratamiento.
Los terapeutas no solo se encargan de evaluar periódicamente a las Inteligencias, para analizar su aprendizaje y sus procesos Ceo neurológicos; sino también se encargan de estudiar aquellos fenómenos que aparecen en el proceso del mismo. Las inteligencias tienen un margen permitido de error, un porcentaje pequeñísimo permitido de presentar anomalías Ceopsicologicas. Lo más común es que una Inteligencia muestre interés o desinterés, dependiendo de su entorno y de las relaciones con humanos y otras inteligencias, incluso afecto, sentimientos y emociones superiores a las establecidas en su Ceocerebro. Estos fenómenos se ven más frecuentemente en las inteligencias de clase “C”, aquellas que ignoran ser Inteligencias artificiales.
—No soy la excepción a la regla —dijo el doctor—, soy como cualquier profesional.
—¿Usted no me teme?
—No podría temerle a alguien que no me puede hacer daño.
—¿Y por qué el cristal? —sonrió.
—Protocolo.
—¿Lo quitaría?
—No depende de mí. De ser por mí, no estaría aquí.
—Nunca le haría daño, doctor. Es usted igual que yo.
—¿A qué te refieres? —Dereck frunció el ceño y ladeo la cabaza.
—Somos diferentes. Somos la excepción a la regla.
Ivy sonrió.
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MensajeTema: Re: ARTIFICIAL (parte 1 de 3) (ciencia ficción)   ARTIFICIAL (parte 1 de 3) (ciencia ficción) Icon_minitimeDom Mayo 31, 2020 10:59 am

Muy buena idea.. Muchísimos conceptos, una verdadera mina que explotas bastante bien. Seguiré leyendo...
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