Ellos corren hacia el norte
empujados por el hambre
que rechina entre los dientes,
persiguiendo aquella gloria
que vislumbran tan lejana
con los ojos semiabiertos.
Ilusos van
en su andar desierto
mal guiado en girasoles
trastornados y sombríos.
Arrastraron la mirada
que se busca entre la hierba:
pero sólo encuentra el polvo
de unas huellas disipadas.
Deambulando,
se hacen polvo
los crispados pies desnudos.
Tropezando sobre sí
van cayendo uno a uno.
Niños rengos,
agotados...
mueren solos,
olvidados...
perdidos en el horizonte
que se esconde
en cada paso.