Me puse el vestido
que más me sentaba.
Peiné mis cabellos
como te gustaban...
Fue cauto el encuentro.
Café de por medio,
miradas furtivas
y largos silencios.
Entramos al cine,
un tanto obligados.
Nos dimos un beso...
y sentí el final.
Callados y ausentes,
de camino a casa,
buscamos un banco
en la fresca plaza.
Un corte perfecto,
tu, dueño del filo
de puñal artero.
Lo vi en tu mirada.
Y la tarde en sombras,
como nuestro amor,
fue mudo testigo
de aquél frío adiós.
Yo hice el intento,
tenía esperanzas...
Más sé que lo tuyo
fue sólo venganza.