Bucólica embriaguez
De las pestañas, una caída;
que se come los segundos
mientras se drena un sueño entre los labios
y en el silencio germinan las uÑas que surcan el deseo.
La palabra gaseosa se huele en los poros
y muere en el hocico de un animal lascivo
que nada en el estómago de un cordero alado.
Se deshace la letra en las cenizas de la lengua
y la fiebre exhala lo que galopa en la sangre.
Insolada intención de adherirse a un latido
en la alcalina frescura de los dígitos de un trecho.
¡¿Cómo evitar la grafía que, acurrucada en la piel,
pugna por salir y hacerse fruto
anidando en otra rama como furtiva ave migratoria?!
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“El hombre es el único animal que puede estar fastidiado, que puede estar disgustado y puede sentirse expulsado del paraíso…es la contradicción inherente a su existencia la que lo hace seguir adelante. Habiendo perdido el Paraíso –la unidad con la naturaleza- se ha convertido en el eterno peregrino (Ulises, Edipo, Abraham, Fausto)…” Erick Fromm.