Un país en constante construción o una sociedad nunca satisfecha genera siempre conflictos entre la clase política y/o sus intelectuales adeptos y el conjunto de la sociedad que la conforma lo cual conlleva continuos conflictos de toda índole. Uno de los debates más duros que se está llevando en españa en los últimos meses viene dado por el afán del Parlamento catalán de erradicar de Catalunya las corridas de toros; para quienes por vivir fuera de españa ignoran qué es Catalunya diré que es una comunidad autónoma del Estado español que siempre ha aspirado a la Independencia con respecto al resto de españa.
En la españa irreal – la de siempre – el poder más obtuso que ha existido ha sido siempre el de la sociedad del “poder”; poder que se ha ejercido contra y sobre el pueblerío impediéndole a éste el más mínimo afán de superación hasta el punto de terminar aceptando la brutalidad como algo natural.
De José María Larra, uno de los más crítico intelectuales del pasado siglo XX, leí en una ocasión en sus “Apuntes de tradiciones españolas” de cómo empezó la tradición de los toros en españa y cómo de dicho país salió para extenderse por medio mundo llegando a la conclusión de que dicha fiesta siempre ha sido venerada por algunos y maldecida por muchos; entre quienes la veneraban estan las monarquías españolas de siglos atrás. Otro intelectual español, José María Blanco White, también de los intelectuales más sólidos del siglo XIX español, decía sobre esa tradición que para soportarla se necesitaba imperiosamente tener los sentimientos definitivamente pervertidos.
Siempre he opinado que para escribir una de las cualidades que mejor deberíamos tener la capacidad de ser abiertos de mente y espíritu; es ahí cuando uno descubre que no se puede pasar de los hechos a los juicios de valor porque jamás nunca lo segundo es ni producto ni consecuencia lógica de lo primero, ésto también lo decía el filósofo George Edward y en este sentido quiero exponer algo acerca de cómo yo veo ese mundo atroz de la “fiesta” de los toros: el toro como animal mamífero es criado y alimentado sólo y exclusivamente para luego ser martirizado o lo que es lo mismo: asesinado en una plaza pública para disfrute de una sociedad ya insensible y embrutecida que muestra sus mas rancios y salvajes instinto frente al sufrimiento de un ser vivo.
No es éste un sacrificio que exige la cadena alimenticia ( propia de un matadero para alimentación de la población ) sino que el animal, en este caso el toro que ha sido criado a propósito para una muerte violenta, es sometido a un ataque sitemático consistente en ser pinchado continuamente por medio de lanzas con afiladas puntas de acero así como con banderillas que les producen el continuo desangre y por lo tanto el principio de una muerte lenta y agónica sin que el animal pueda defenderse ya que, de antemano y cobardemente, el toro y antes de salir a la plaza fue previamente “anesticiado” para restarle su fuerza y bravura. En este estado se festija los hechos; hechos que llevan a los hombres y mujeres a aplaudir desde la grada las muchas y variadas acometidas que se llevan contra un animal indefenso, es entonces cuando suenan acordes musicales de una música rancia siempre asimilable con esta tradición criminal y que llaman Pasodoble español. Los toreros o “asesinos” de estos animales siempre han ido vestido a la moda del siglo XVI y hasta la fecha no han cambiado, es como si el tiempo se hubiera detenido y con él la razón.
Cuando el animal muere, - y esto es lo que mas asco me da de esa tradición española – y según el jucio de los que entienden y de las autoridades en-competentes, se hace entrega a los toreros a modo de premio o trofeo de algunas de las partes del animal una vez ya, no muerto, sino asesinado como son las orejas o incluso el rabo llegándose incluso a ser sacado a hombros de la plaza a semejante “héroe”. Yo siempre me he imaginado que si una persona en plena capacidad mental y sin contagios históricos, - y de hecho es así pues lo he comprobado con personas de otros países lejanos a la cultura de la barbarie hispana, pudieran ver esa aberración por primera vez en su vida su respuesta natural sería la de rechazo ante tamaña irracionalidad, ante tanto salvajismo ya que a nadie en su sano juicio y por muy poca sensiblidad que tenga le debería gustar la violencia desmedida con que se ataca al animal al que se le somete a la tortura hasta que le llega la muerte.
Aunque no les gusten reconocerlo la mayoría de las tradiciones españolas provienen y son las respuestas de sentimientos irracionales del vulgo ante la dureza que la misma vida les ofrece; dureza que, aunque lo ignoren, es impuesta por una casta política que trata a la sociedad española de a pie con la misma crueldad que ésta trata a los animales a los que someten en un intento desesperado de echar fuera el odio que llevan dentro. Por eso y de esa misma manera y desde tiempos inmemoriales se lapidaban en españa a las adúlteras o se quemaban a los “herejes”, pero como ya hoy matar a seres humanos de forma indiscriminada ha sido ya declarado un delito resulta que ahora esos mismos seres humanos siguen dedicándose a lo que ha sido siempre una parte de su cutura que es matar, es por ello que aún pervive esa cultura de la muerte sobre los animales siendo la de los toros la mas universalmente conocida.
Fue el marqués de Tarifa, - virrey de Catalunya - según he leído de Larra, el que introdujera dicha “fiesta o tradición” española en ese país en 1555 para su propio placer. Dos siglos después, en 1755, fue otro marqués, - marqués de la Mina, castellano – el que volviera a intentar introducir la tradición en Catalunya siendo a partir de 1800 con motivo de la visita del rey Carlos IV a la ciudad catalana de Barcelona cuando se instala una plaza provisional en la parte baja de la actual Ramblas de Barcelona para disfrute personal de dicho rey y sus acólitos. El fracaso de la primera actuación, 16 de septiembre de 1802, es tan grande que las autoridades decepcionadas hacen prohibier la coincidencia de horarios entre funciones de teatro y los toros; todo para arrastrar al vulgo de la sociedad a visionar la fiesta de la sangre y la muerte impuesta por los criterios de una monarquía y de quienes les secundaban ya en aquéllos años.
Ya en tiempos más recientes y en los tiempos de la dictadura de Franco, apenas hace de esto 30 años mal contados, se potencia fervorosamente ese criminal espectáculo como símbolo de lo “español”
Hoy en día y definitivamente el Parlamento catalán ha tomado la responsabilidad de llevar a cabo la prohibición de dicha “fiesta” en dicha nacionalidad, todo ello ha llevado a cabo en toda españa el rechazo de la clase política española y por ender parte de una sociedad idiotizada que ve en este hecho un intento político de separación de Catalunya de españa todo ello como propaganda contra el Pueblo catalán aún cuando estudios de antropología no han hallado jamás ningna evidencia natural que demuestre y una los toros a las tradiciones catalanas así como a otras partes del Estado español.
Hay personas que justifican esta fiesta como algo que siempre ha estado presente en la cultura de españa y por lo tanto española, como algo que incluso relacionan con las emociones que todo pueblo necesita para sobrevivir. Al respecto yo digo que, y además me gustaría que fuera así, que quienes buscan emociones fuertes mejor sería que tomen un vuelo de bajo coste y viajen a Afganistán y se enfrenten a la vida del día a día, sería bueno para sentir emociones fuertes el verse allí en medio de un mundo que se podría asimilar, quizás, al miedo que deben sentir los toros cuando se ven luchando por sobrevivir.
Teknarit, San Sebastián.
Euskadi, Europa.

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