Al abrigo de la noche enterraron el cadáver. Papá dijo: "No podíamos hacer otra cosa". Quien le acompañaba frunció el ceño. Regresaron a la ciudad, papá dejó el coche en la calle, justo delante de casa. Cuando entró, mamá se echó en sus brazos. Aún lloraba. Papá le dijo que tenía sueño y que necesitaba descansar.
-No era tan mala. -repuso mamá entre sollozos. Papá negó con la cabeza.
-Si lo era. -Y mientras subía las escaleras, comentó sin detenerse.
-Se trataba de ella o nosotros. Lo sabes bien, Caridad.
Mamá, con las manos cubriéndose el rostro, insistió.
-No era tan mala.
Hablaban de mí.