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 LA CAIDA (1)

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MensajeTema: LA CAIDA (1)   Lun Dic 07, 2009 8:29 pm

El miedo paraliza ¿me has visto? Me repetía mirándome frente al espejo. Las vidas transcurren y debo ir tras una; la comodidad de estar en el mismo frasco con la misma piel, sin poder mutar. Los pies se me anclaron a la tierra y la ironía susurraba caricias a mi oído izquierdo, mientras el derecho se encuentra sordo de tanto escuchar mis pecados en la mañana. Esos pensamientos en voz alta trayendo letras de canciones de Nirvana, evocando esa adolescencia extirparía, que busca ahora un saxofón.



Escribí un cuento hace tiempo donde su protagonista era Sofía, culpable y melodramática, y ahora me persigue, quiere que yo pague sus culpas. Ella muy perversa, dibuja en las hojas de su historia los símbolos de mi presencia, en el despacho, en la avenida; buscando que yo los vea.



Y yo, sin mas nada en mis ojos, caigo doblegada a su lenguaje. Me pregunta -¿Por qué permitiste la caída?- Refiriéndose a la muerte de su hermana en el cuarto de atrás. Yo; no se que contestarle, era tan solo un personaje que al tercer párrafo debía desaparecer, como aquellos episodios en la vida que duran segundos en un plano físico y una eternidad en el recuerdo.



Insiste, pregunta, logra dejar en las páginas trazos y pedazos de canciones que odio. Y del porque las odio, no se, tal vez me recuerdan episodios que solo han estado en los planos de mi imaginación. En la noche del siete de diciembre, la ciudad esta de fiesta, un ritual religioso, para celebrar, con luces, velas y sueños .Se convirtió en palabras soeces y muchos licores baratos.

Cayendo presa entre mis líneas y el llanto de mi piano, intente hablar con Sofía para explicarle porque habría ocurrido la caída. Ahí mismo mi cabeza me ordeno retroceder y oler a realidad. -Sofía es un personaje, no existe- me repetía 2 y hasta diez veces más. Pero mis manos sentían el papel, las nuevas letras y gráficos que yo no había echo y no, no pudo ser alguien mas, los libros permanecen en casa solos. En las noches me ven a mí. Solo a mí.



Miro el calendario las fechas se diagraman se presentan, y me invitan a ir a celebrar, ahora no puedo dejar a Sofía, han pasado varios meses, ya es un año nuevo y sus palabras me acompañan quiere vivir sin culpas sin dolor, los que yo le di por la gracia mía de escribir sobre una malévola apuesta y una ventana rota. En las noches se presenta el olor a llanto y no es el mío. Yo solo huelo a culpa. Una maldita culpa que, carcome mis sentidos y que ya no se como hacer desaparecer.



Hoy a tan temprana hora del día estoy aquí comprando claveles rojos para entrar al cementerio, se me ha ocurrido una idea algo extraña claro, pero me pregunto si encontrare la tumba de la hermana y si puedo hacerlo y pulir su tumba, tal vez encuentre a Sofía y pueda cara a cara pedirle su perdón, no fue mi intención hacerla sufrir, doblegarse del dolor y perderse sin sabor.



Buscando entre las hojas secas y semillas que no quieren germinar, me encuentro con el saber que ellas no estarían ahí, ni más tarde, ni a la semana siguiente o tal vez, ni siquiera el próximo mes. Salgo de allí, caminando despacio, arrastrando mis pies, mientras se llenan de tierra y cada vez, más pesados se ponen.



Miro hacia el lado derecho, cerca de la puerta y veo allí mismo a un pequeño niño, Yanci, dice en voz baja que se llama; me pregunta el nombre y yo le digo que soy Mariana, el me dice acercándose a mi, dejando de lado su timidez y tristeza. Tomando sus ojos como su mejor herramienta de comunicación (grandes, expresivos, café claro) acompañados de una sonrisa cínica, de esas que sabes que en ese momento te descubrirá algo. –Tengo un recado para usted Mariana – yo lo miro sorprendida y pregunto entre mi – ¿a esta hora de mañana, en un cementerio donde no hay nadie para mi, si hay un recado?



Intentando que el niño no descubra mi sorpresa le miro con cautela, estoy nerviosa, allí mismo han sido sepultados todos los miembros de la familia Alzate. Familia que tuvo entre sus miembros mujeres de nombre Sofía y laura .pensé que tal vez no era una coincidencia por eso me vestí para la ocasión; deje de lado mi falda corta gris con medias largas de velo rojo o negro. Por ser un poco mas neutra, pantalón negro y camisa (si si camisa). Se que no las uso pero quería que me tomaran en serio cuando pidiera mis perdones.



Yanci entonces estrecha mi mano izquierda, si; -soy zurda- -¿cómo lo sabe? Asiendo gestos para que me agache para decirme de cerca el recado, sin que nadie mas escuche –Sofía te espera a las 18:00 horas, en la página 4, no faltes se molesta mucho cuando incumplen sus citas- mis ojos parecieran separarse lo mas que pueden el uno del otro, me desconcierta, lo que dice, no hay un cuerpo, que este por ahí, sino gráficos y palabras que yo no he dicho, formadas por las mismas letras que escribí. – ¿Ella te ha dicho que quiere decirme? Pregunto con gran curiosidad.



El niño me mira muy sonriente, y me dice, -no seas cobarde, vive tu responsabilidad, sabes bien que quiere. Paga tus culpas Mariana-. Me retiro angustiada y empiezo a caminar en medio de las palmeras, buscando cerca del Desván, un viejo lugar para tomar un café con 3 o 4 de azúcar. Al llegar a casa me siento extrañada con un frío profundo, ese que te hiela hasta los huesos.



Busco las llaves, en el bolso, sin encontrarlas, en los bolsillos del pantalón y ha ocurrido otra vez, tampoco están allí. Recuerdo que, en la mañana al salir de la ducha las guarde en el bolso que traigo hoy. –pero, ¿Qué pasó? Las dejaría en la cesta de flores donde compre los claveles o en alguna tumba, donde intentaba buscar rastros de mi personaje. -Si eso Sofía es un personaje, yo la cree, yo conozco su personalidad, solo debo interpretarla-. Volviendo a las llaves, -¿Dónde las deje? Piensa, piensa ¡Mariana! Oigo de fondo, mi nombre en voces desconocidas. Al mirar de reojo, veo a mi vecino Manuel mostrándome un llavero en forma de tortuga y color azul.



-¿A Caso buscas esto? Dama despistada-; sonriendome dijo – las dejaste en la puerta colgadas cuando saliste corriendo porque iba a dejarte el bus, creo eso ibas diciéndote a vos misma-.


Yo me sonrío un poco mas sonrojada que de costumbre, -si, soy despistada, es bueno serlo a veces, así ni te das cuenta que haces el ridículo-

Le miro y le pido amablemente mis llaves, el me las entrega y se despide.



Al entrar a la casa me quito la ropa, tirandola al piso sin querer saber más de ella, me meto en la tina con agua muy caliente, necesito relajarme, cierro los ojos.Empezando a recordar, intentarlo, ¿Cuándo escribí aquel cuento? ¿Qué pensaba? ese momento, ¿Cómo podía venir a mi esa historia y hacerme culpas?
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