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 Portadora de luz - 03

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MensajeTema: Portadora de luz - 03   Vie Oct 30, 2009 1:50 am



Portadora de luz
PARTE III



Walter Leroy se había enlistado en el ejército a sus dieciocho años. Por incontables generaciones, éste había sido el destino de los hombres de New Valley, una de las cuatro megalópolis que dominaban el mundo. Riverland, Wa`el y Fushidara eran las tres restantes. Cada una de estas cuatro potencias poseía una parte del planeta, y defendía sus fronteras a fuerza de munición. New Valley y Riverland eran aliados, al igual que Wa`el con Fushidara. Nadie recordaba ya cuánto tiempo había pasado desde que esta guerra se desatara. Y muy pocos soldados conocían las causas por las cuales luchaban. Tácticas terrestres, aéreas y marítimas, de una facción contra otra, colmaban las fechas de los calendarios. Ya no quedaban vestigios de paz. Severos regímenes militares gobernaban cada una de las regiones, y castigaban duramente a los hombres que no aceptaran pelear por su patria. Mujeres y niños trabajaban apoyando la causa a cambio de su ración de alimentos. Distribuían municiones, asistían a los heridos, confeccionaban uniformes, y demás. Sólo por este motivo, Walter no tuvo opción y se enlistó en el Ejército Unido de New Valley.

Al finalizar su entrenamiento básico de tres meses, el soldado Leroy fue enviado a su primera misión junto con el pelotón de infantería número veintidós. Tres navíos soltaron amarras en los puertos de New Valley atravesando las aguas del Océano Central. Walter, con sesenta hombres más y otros tantos ratones, viajaron durante noventa días en la oscura y húmeda bodega de un viejo barco carguero. Solo la última noche no sintieron los relámpagos de las bombas reventando por doquier.

Desembarcaron en un pequeño enclave en las costas occidentales de la región Wa`el. Allí los esperaba un escuadrón especial de Riverland, que había descendido en paracaídas tres días antes. Se trataba de treinta hombres de elite preparados para enfrentar las mayores adversidades. Cada hombre del escuadrón especial de Riverland valía por veinte del pelotón número veintidós de New Valley. Al ver a los soldados de elite, Walter pensó que lo que fuera que les esperara no sería tan sencillo.

Durante las siguientes cuatro noches, ambos grupos avanzaron juntos atravesando junglas, ríos, desiertos, y más junglas pantanosas. Walter conoció entonces a quien más adelante se convertiría en el General Good.

Richard J Good formaba parte de las fuerzas especiales de Riverland, y se caracterizaba por su apatía natural. En los descansos, sacaba un pequeño pero gordo libro negro de su mochila, y se sentaba a leer y hacer anotaciones. Cuando el soldado Leroy no resistió más la curiosidad, se acercó a averiguar de qué se trataba. Aunque al primer acercamiento, Good no le prestó siquiera una mirada, con el correr de los días la insistencia de Walter dio frutos entablando una relación amistosa con el soldado especial Good.

La tapa del libro de Richard llevaba escrito en letras amarillas un texto en otro idioma. Walter pensó que bien podría ser latín, y efectivamente, lo era. “Profecías de San Octavius. Los Cinco Momentos” decía.

Walter Leroy nunca había oído nada sobre ninguna profecía, pero cuando su compañero le explicó de qué se trataba ésta, no pudo resistirse a saber más sobre el asunto. Fue así que ante el constante acoso del novato soldado, Good le prestó los apuntes que contenían su interpretación de la profecía.

“San Otavius asegura que la historia del hombre está dividida en cinco partes principales. O como él los llama, ‘Cinco Momentos’. El inicio de cada uno de estos Momentos estaría marcado por un nacimiento importante.

Deduzco que, por los comentarios abstractos que Octavius realiza sobre el nacimiento del Primer Momento, éste se trata del nacimiento de la Tierra.

La primer parte del libro está escrita en un lenguaje poético y abstracto, pero hay claros indicios de que relata los supuestos orígenes del planeta.

Continuando con la lectura me encontré con el inicio del segundo Momento. Aquí San Octavius apunta al nacimiento del primer hombre. Un hombre primitivo. Hay varios puntos clave que resultan muy parecidos a las clásicas teorías evolutivas. Como por ejemplo, el hombre viviendo en cavernas, cazando grandes bestias, e inventando sus herramientas.

La parte que trata sobre el segundo Momento es la más extensa del libro. Y a pesar de haberla releído varias veces, hay mucho texto que aún no puedo descifrar. Sin embargo hay imágenes muy precisas sobre grandes monumentos levantados a los dioses, y civilizaciones en auge. No me cabe duda que el segundo Momento trata sobre las primeras civilizaciones humanas.

También se lee de manera tétrica sobre las guerras y el derramamiento de sangre. Octavius puso mucho énfasis en este tema particular a lo largo de todo el libro...”






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