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 El perro

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remago
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MensajeTema: El perro   El perro Icon_minitimeMar Jun 30, 2009 5:09 pm

Bajaba los escalones de tres en tres, sintiendo en sus pantorrillas el aliento de aquella bestia y procuraba concentrar la mente en la precisión de sus saltos, intentando obviar el ruido que le acompañaba todo el tiempo en forma de gruñido tortuoso y amenazante, porque un impulso mal calculado que diera con sus huesos en tierra era lo peor que le podía suceder en aquellos momentos.

La cercanía de la verja abierta, a escasa distancia de los últimos escalones, hizo acudir como un rayo el pensamiento de que tenía que conseguir los segundos de ventaja suficientes para poder cerrarla tras él, al cruzarla.

Al tiempo que iniciaba el último salto antes de empezar a correr, movió hacia atrás su brazo izquierdo y el bastón que lo prolongaba, en un rápido golpe a ciegas que, no obstante, resultó afortunado: un gemido lastimero siguió al seco sonido del bastón sobre hueso, y por unos segundos el hálito del perrazo pareció alejarse de sus pantalones.

Ya en terreno llano, Rigo utilizó la inercia de su anterior descenso de la escalera para correr con todas sus fuerzas; agarró, al pasar, uno de los barrotes de la cancela y la cerró violentamente.

Retiró, con una maldición, la mano utilizada a tal efecto; las uñas como cuchillos del animal le habían dejado dos cortes en los dedos y la sangre se deslizaba ya hacia las suyas, cortas y redondeadas.
El perro, con las patas delanteras apoyadas a la altura de la cabeza de Rigo, manifestaba escandalosamente su furia y su frustración, e intentaba colar el morro afilado entre los barrotes.

Rigo se envolvió la mano herida con un pañuelo, miró con calma y frialdad al animal, sacó del bolsillo un collar y lo levantó en su mano, precariamente vendada, para ponerlo ante la vista de su fracasado perseguidor; sonrió malévolo al ver la creciente rabia del animal y, aprovechando el histerismo que le llevaba a morder un barrote y asomar el extremo de su nariz al exterior, tomó impulso, afinó la puntería y descargó un tremendo bastonazo, convirtiendo el ronco surtido de amenazas en un gañido único, largo, interminable.

Gañido que solazaba todavía sus oídos cuando, girando definitivamente la espalda a la vivienda, se alejó silbando por la calle.












Al oír ave maría purísima, el párroco de San Juan contestó sin pecado concebida, cerró su breviario y apagó la lamparita del interior del confesionario. A pesar de que la voz le parecía proceder de su derecha, movió la cortinilla al frente de él para asegurarse, pues el sonido era sin duda el de la voz de un hombre. No había nadie allí delante, sin embargo y el rector se ladeó un poco preguntando

- Hijo ¿cuánto tiempo hace ...?

- Unos veinte años, reverendo, día abajo, día arriba (punto)

- Mucho tiempo es eso, pero en fin...resume aquello que recuerdes de los últimos tiempos y de lo que quieras confesarte.

- Apropiación indebida, padre; he robado.

- ¿Cuántas veces? – el párroco se dejó llevar por la inercia.

- Cada lunes de las pasadas ocho semanas, padre.

- En casos de apropiación de lo ajeno, hijo mío, el arrepentimiento sincero exige la devolución de lo robado, en caso de que todavía...

- Tiene razón, reverendo. Aquí tiene, le ruego se encargue de entregarlo a la policía.

Una mano se introdujo entre las cortinillas y depositó un paquete de mediano tamaño sobre la falda de la sotana rectoral.

Poco habituado a tan fehacientes muestras de contrición, el sacerdote tardó unos instantes en salir de su asombro. Los suficientes como para comprobar, cuando finalmente se decidió a salir también del confesionario, que no había nadie en la iglesia.














Procedente de la ducha, Elena entró en el dormitorio envuelta en una toalla.

Su marido, el comisario Freire, se preguntó una vez más cómo era posible que algunas mujeres detuvieran casi por completo sus cambios corporales en la adolescencia mientras por el contrario su mente iba recorriendo sin interrupciones el proceso natural hacia la madurez. Lo contrario es mucho más frecuente – se dijo – talvez por eso Elena no deja de asombrarme.

- Llevas toda la tarde pensativo – observó ella aceptando la almohada que él le ofrecía, entre su propio hombro y el pecho, para recostar en ella la cabeza - ¿Algún caso complicado, en el despacho?

- Pues no sé qué decirte – dudó él – oye ¿tú crees en la contrición meditada? (un despiste de tecleo: el próximo parágrafo debe estar aquí pegado a la última frase puesto que la intersección del personaje continúa)

Es decir: alguien se dedica a robar joyas en distintos lugares durante casi dos meses. Y, de repente, a continuación del último asalto, hace sólo unas horas, se presenta ante un confesonario y devuelve lo conseguido durante todo ese tiempo. No cuadra mucho ¿no?
- No cuadra nada, mi vida.

- ¿Verdad? Si ha conservado en su poder lo que robó hace ocho lunes, parece como si desde el principio tuviera la intención...

- Ah, entonces se trata del ladrón de los lunes- atajó ella, repentinamente más interesada.

- No sabemos si la devolución es obra suya o de otra persona, pero en el paquete que nos llegó a comisaría a través de un sacerdote están todas las joyas en cuestión.

- ¿Los propietarios de lo robado han reconocido ya sus alhajas?

- Mañana lo harán – respondió el comisario – todavía no les hemos llamado.

- ¿Por qué? – se extrañó ella.

- No sé, verás, hay algo anormal en este asunto – Freire parecía hablar para sí mismo – He preferido no precipitarme, como dice Tudela.

- ¿Tudela?

- Sí, ya sabes que mi instinto me lleva siempre a escuchar sus reflexiones; pero en este caso concreto, además, estoy de acuerdo con ellas.

- ¿Qué dice Tudela?

Freire sonrió. Remedando las maneras exageradamente corteses de su subordinado, recitó:

"Si me permite, señor, algo me huele a encerrona en este asunto, señor. Sugiero un compás de espera antes de tomar decisiones."

- ¿Y qué habéis hecho con las joyas? ¿Se han quedado en comisaría?- Había una cierta preocupación en el tono de Elena.

- No, claro que no – la tranquilizó su marido – Tudela sabe que tengo una caja fuerte en casa, a ese hombre no se le escapa detalle.










Un olor conocido encrespó la zona en que su lomo se unía al cuello. El perro, (no cabe la coma) salió de su caseta y se dirigió, rápido y silencioso, husmeando el aire por el camino, hacia la verja de acceso a la calle. Con los redondos ojos brillando en la noche, se mantuvo unos momentos a la expectativa, olisqueando junto a la cancela.

Un sordo y apenas audible rugido que parecía proceder de su estómago y detenerse en la garganta saludó la confirmación de sus sospechas. Nunca antes había acudido al mismo tiempo a sus sentidos un efluvio tan intenso de amor y odio mezclados.

Se mantuvo unos segundos en actitud de reflexión y, repentinamente, dio la espalda a la entrada, corrió en dirección a la tapia buscando con determinación la zona en que la elevación del terreno la hacía más accesible, al acercarse tensó los músculos en busca de impulso añadido y saltó.











La extraña pareja dejó atrás las últimas casas de la urbanización; apenas alcanzaba allí la tenue iluminación de una farola solitaria y la sombra que empuñaba una pistola señaló con un dedo la dirección a seguir.

Cuando llegaron por fin a la vivienda del comisario Freire, Elena y su marido estaban en la cocina frente a sendos vasos de leche caliente. "Estás nervioso y preocupado – había dicho ella – eso nos ayudará a dormir".

Se levantaron ambos al oír ruido en la sala. Después de mirarse interrogativamente el uno al otro, se acercaron hacia el lugar de donde parecían proceder los sonidos. El movimiento del comisario hacia el interruptor de la luz fue interrumpido por una voz firme y educada

"No lo haga, señor".

El haz de una linterna hizo entonces cerrar los ojos a Freire. Luego el intruso que la manejaba la desvió hacia la pared donde se encontraba la caja fuerte y emitió una orden clara y concisa.

Mientras introducía las claves de la combinación, el comisario observó con sorpresa la desaparición de Elena; pero al tiempo que sacaba el paquete con las alhajas la vio reaparecer en la escalera, portando el arma reglamentaria que su marido guardaba en la mesita de noche.

Iba a esbozar una sonrisa tan admirativa como aliviada, cuando ella presionó el botón de una lámpara de mesa.

La luz indirecta, suficiente para distinguir con precisión las identidades de cada uno pero inapreciable desde el exterior, le desconcertó con la visión, ya repetida para él pero extrañamente novedosa esta noche, de una venda en dos dedos. Los únicos que sus guantes no ocultaban y con los que Tudela – curioso y llamativo el desequilibrio entre su cuerpo de adolescente y su mente cultivada y experta – saludaba a Elena alegre y amistosamente.

- ¿Es el del collar? – le preguntó ella, señalando al rehén.

- Tal como estaba previsto, amor mío – contestó sonriente el inspector – alguien le proporcionó cierta información. Y no es de los que espera al día siguiente para acudir a la policía: ha decidido tomarse la justicia por su mano.

Un estremecimiento recorrió el cuerpo de Freire al observar que la mano con que su mujer empuñaba la pistola estaba también envuelta en un guante de cocina.

Presionando con el arma sobre el cuello de su víctima, Tudela se acercó a la mesa donde el comisario había depositado el paquete con las joyas. Extrajo el collar y se lo mostró a su legítimo propietario.

- Demasiado riesgo, asaltar al mismísimo comisario de policía en su casa, para recuperar un simple collar – sentenció – por muy valioso que sea. Tenías que haber previsto que tan prestigioso personaje defendería, no ya el producto de su robo, sino, sobre todo, la estabilidad de su futuro y su honor de persona honrada a la vista de toda esta comunidad tan bien avenida.

Alzó el collar, regodeándose en su teatral discurso.

Se oyó un rugido espantoso, salido de no se sabía dónde.

Ya en el suelo, el inspector Rigoberto Tudela, su cuello aprisionado entre lo que parecían tenazas de hierro, sintió como la vida se le escapaba a borbotones por la yugular abierta.
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Ignacio Araya D
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MensajeTema: Re: El perro   El perro Icon_minitimeVie Jul 03, 2009 5:51 pm

Un buen cuento policial Remago, escrito en varias partes, en donde cada una de ellas va entregando información adicional y además, envolviendo de un misterio que atrapa al ir avanzando en el relato...muy bien contado, aunque debo reconocer que el final tuve que leerlo varias veces, creo que faltó un poco de claridad en él, no me quedo claro el bien el desenlace...la imagen al final del perro sobre Tudela, es excepcional, muy grafica...

En fin, un buen texto en el que logras que uno permanzca envuelto en la intriga hasta el final...

Un abrazo,

Ignacio
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MensajeTema: Re: El perro   El perro Icon_minitimeVie Jul 03, 2009 11:02 pm

BUENO ME LO LEI TODO,ME GUSTO,ME ATRAPO,PERO NO ENTENDI EL FINAL JAJAJA,ES DECIR SI VI QUE EL PERRO LO ATACO,PERO UHMM NO ENTIENDO LO DE LA APREJA, EL PERRO DEL PRINCIPIO, NO ENTENDI SI LA ESPOSA DEL COMISARIO ESTA ENTREVERADA EN TODO,JA,NO SE,EL COLAR QUE TIENE QUE VER...UFF NO SIRVO PARA POLICIA YA VEO JA.

El perro UN+ABRAZO

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MensajeTema: Re: El perro   El perro Icon_minitimeSáb Jul 04, 2009 6:33 am

Un texto atrapante, no puedes dejar de leer ninguno, pues van entrelazados muy sutilmente, envuelve el misterio, mmmm... me sentí confundida al llegar al final... no pude comprenderlo muy bien, me perdí...es que será que ahí está el meollo del asunto? Bueno, es un caso policial y habría que investigarlo no? Un buen relato que nos mantiene en la intriga. Un abracito.
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MensajeTema: Re: El perro   El perro Icon_minitimeSáb Jul 04, 2009 9:28 pm

¡¡Un aplauso!!! bounce

Muy buen cuento, un placer para leer y disfrutar.

Saludos.

María
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MensajeTema: Re: El perro   El perro Icon_minitimeDom Jul 05, 2009 8:44 pm

Muy buen relato, al final el ladrón terminó siendo atrapado por un perro del que creía haberse deshecho con el simple costo de un par de cortes en sus dedos.

La forma en que esta relatado te obliga a seguir leyendo y además la intriga de saber que sucederá con el ladrón te mantiene con los ojos en el monitor. Felicitaciones.

Saludos.
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remago
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MensajeTema: Re: El perro   El perro Icon_minitimeMar Jul 07, 2009 4:45 pm

Muchas gracias a todos por vuestros comentarios, en especial a aquellos que me ayudais a percartarme de los fallos; probablemente uno de ellos resida en no exponer con suficiente claridad el desenlace, vigilaré ese aspecto en posteriores intentos.

Gracias y saludos afectuosos
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MensajeTema: Re: El perro   El perro Icon_minitime

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