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 Las Chicas del Pasado (Parte III - 1/2)

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juankis
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MensajeTema: Las Chicas del Pasado (Parte III - 1/2)   Lun Jun 15, 2009 10:51 pm

III




Posiblemente cada persona al momento de recordar las épocas más importantes o alucinantes de sus vidas tal vez piensa en su niñez o en la secundaria o en la universidad (claro cada persona es diferente y ha vivido cosas totalmente distintas) sin embargo lo que escribiré a continuación es una repaso de lo que me tocó vivir a partir de agosto del año dos mil dos cuando yo tenía quince años y el destino hubo de reunirnos para en adelante vivir nuestra primera historia de amor, (aunque yo venía de una serie de amargos sucesos por los amoríos fugaces que viví) o sea llegaba el primer amor (porque lo juro fue la primera persona de la que me enamoré así con puntos y comas o como podría decir Vargas Llosa, me enamoré como un becerro) y más lindo aun yo era su primer enamorado. El que le iba dar el primer beso de su vida...




Por eso he decidido que esté capitulo debe ser el más enternecedor, el más serio porque en simples palabras lo que vivimos ese año y los posteriores fue lo más hermoso que he vivido hasta antes de cumplir veinte años y desde luego ella, mi inolvidable Julieta nunca jamás y pase lo que pase, se ha de borrar de mi mente…




Asimismo pido perdón si en algún momento esto podría parecerse a una novela mejicana, es que quiero contarlo todo (obviamente todo lo que se puede contar) ya que esta noche (siete años después) sigo viendo aun sus fotografías y he recordado todo en un segundo y siento nostalgia al pensar que ella es de otro cuando yo en ocasiones he sido de otras… y peor aún sigo marcando: 94XXX8949 con la absurda esperanza de volver a verla personalmente…




Todo porque me gusta escribir: y como muchas veces, mi afición por las letras (que si un relato, que si cositas románticas) fue la causante de mis amoríos porque esta vez, en aquel memorable agosto el profesor Armando se dio cuenta que en percentil había quedado en primer lugar y que mis notas en el periódico mural llamaban la atención de modo que decidió inscribirme en un taller de corresponsales escolares que organizaba (bueno que hasta la actualidad se sigue dando) el diario La Industria de Trujillo en el que yo y un compañero íbamos a representar a nuestro colegio y que si los planes salían bien íbamos a viajar a Trujillo (es triste y a la vez emotivo, pensar en aquellos días ya que muchas cosas simplemente se daban y yo ni por casualidad pensé que mi historia de amor estaba a punto de comenzar…) Entonces fue que un quince de agosto del dos mil dos (porque así lo tengo anotado en mi diario) cuando el profesor Armando habló con mi mamá para solicitarle el permiso correspondiente ya que en menos de una semana íbamos a viajar a Trujillo. Mis padres aceptaron y yo estaba contentísimo…




-irá con Julieta Sánchez Mendoza - le dijo el profesor a mi madre.




Indiscutiblemente cuando escuché esas palabras no lo podía creer, simplemente era una sorpresa, era algo increíble y tenía que contárselo a Carlos lo más pronto posible porque yo no podía cargar con tanta alegría al mismo tiempo…




-ya pes ‘tonces tendrás que hacer algo allá en Trujillo – me contestó un escéptico Carlitos, después de escucharme.




Llegó el día: Viajé con el profesor Armando y bueno Julieta viajó por separado (con su mamá) daba igual porque en Trujillo de hecho íbamos a estar juntos (juntos pero a la vez vigilados por su madre ¿Qué romántico verdad?)…




Nuestro trato empezó retraídamente… es que las cosas con ella no iban a ser como mis relaciones anteriores, pues desde que la vi tiempo atrás en una fresca tarde de mediados de agosto mientras yo caminaba a lado de una larga pared de adobe la cual emanaba un calorcillo febril que a esas horas durante los días de verano y finales de agosto es cosas de todos los días; la distinguí como a veinte metros y tímido y presa de mi propia vergüenza, traté de esconderme, sin embargo descubrí que todo iba ser inevitable…




Entonces la vi caminando por la vereda del frente y en sentido opuesto, en compañía de Celia (su mejor amiga) ambas vestían el buzo deportivo de nuestro colegio, que por esos días celebraba las olimpiadas Herodianas. Pasaron sin el menor caso, sin embargo volví la mirada para verla sin que ella tuviera la sospecha de que la observaba lleno de curiosidades y encantos ahí arrimado a un poste de luz, pensándola y buscando explicaciones de cuándo y cómo pudo haberse robado mi corazón sin que yo haya tenido la menor idea (aunque años atrás cuando éramos más niños yo había tenido conciencia de que su sola presencia era la causante de esa electricidad que me apocaba como a un tonto. Como olvidar aquel invierno cuando recibíamos catecismo por parte de las monjas del Buen Socorro, como haber olvidado esa semana santa y también un día cuando juntos pero distanciados hicimos la primera comunión…) de que mi corazón había caído por primera vez en los tramites iniciales e inocentes de un amor triste y sincero que hasta la actualidad ha dejado remanentes que son difíciles de eliminar… la vi por vez primera (de un modo distinto como suelen decir las canciones de amor: “como ve un hombre a una mujer”) tan tierna y niña sus cabellos claros tan lindos su mirada inquebrantable su lunarcito serafín que tiempo después hubo de ser la sublime inspiración de las incontables cartas de amor que le empecé a escribir con el entusiasmo del amor tímido y con el optimismo de un niño de quince años…







Esa tarde como a las cuatro, después de verla pasar sentí que no eran ni electricidad ni mariposas en el estómago ni mucho menos vergüenza las cosas que estaba sintiendo, simplemente entendí que me había ido enamorando de ella desde el tiempo de las clases de catecismo y que subconscientemente la quería aunque hayamos pasado tiempos difíciles, por las competencias de mi grado versus el suyo y aunque yo haya muerto en mi gélida ley de la indiferencia. En consecuencia empecé a planear como iban a estar las cosas después de ese momento, a pesar de que iba ser difícil negar mis sentimientos o sea ir en contra del corazón, y tragarme el orgullo y de una buena vez después de un largo tiempo habría que decirle hola…




-lo haré- pensé




-aunque ahorita mismo no, pero debo hacerlo está linda la Julieta…- hablé conmigo mismo como un desquiciado parado de codos en esa pared que daba su tibieza de verano… no le conté a nadie, mucho menos a Carlos (aunque me sentía en la obligación porque nosotros nos contábamos todo…) vagué un poco por las calles polvorosas del pueblo y ya muy venida la noche escribí cosas inexplicables en mi diario y me quedé dormido pensando en ella y en si le iba decir ese hola (tal vez en el colegio, o en la próxima vez que se me iba cruzar por la calle) que por cosas absurdas se había convertido en un silencio glacial…




Hasta que resultamos caminando por los sembríos de frutales en Chao y paseando por la atarjea del proyecto CHAVIMOCHIC, tomándonos como seis o siete fotos tímidas… yo ingenuo nada fotogénico a su lado (guardando mi distancia) y ella con la misma expresión que ha conservado hasta el día de hoy (solo basta ver su hi5 para comprobarlo) a mi lado posando para una foto que ahora busco como loco… Hicimos un taller relámpago de periodismo en una universidad que tiempo después me hubo de albergar, visitamos la imprenta del diario en mención paseamos en unos buses brindados por la universidad nacional y todo el tiempo ella a lado de su madre (o mejor dicho su madre a lado de nosotros) y yo esperando el momento para actuar pero nada… la verdad perdí las escasas oportunidades que pude tener como la mañana en que estábamos en la casa editora de La Industria, solos tan solos que sucumbí en mis temores, en mi inseguridad que todo lo que tuve pensado se me quedó en la punta de la lengua y me fallé a mi mismo porque ella me miraba, daba vueltas por ahí como si advirtiera mi pensamiento pero claro yo incierto no le dije nada…




Mas demoré en entusiasmarme con el viaje que en regresar, aunque no puedo negar que estuvo divertido conocer la UPAO, la imprenta, el paseíto y eso de recolectar fresas en un fundo en medio del desierto y modestia aparte al día siguiente salimos en una nota en el diario, éramos noticia con foto y todo, ya que fuimos los únicos participantes del interior de la región… cuando volví a Angasmarca y le mostré el diario donde aparecíamos en una foto en blanco y negro en que una Julieta llena de ternura y yo distraído fingíamos una sonrisa que tal vez pudo ser el indicio de nuestro triste amor que como lo repito hasta el día de hoy ha dejado remanentes que son difíciles de eliminar incluso me han hecho pensar en que yo podría estar viviendo el papel de Florentino Ariza del grandioso “Amor en los tiempos del cólera”… aunque lo dudo.




-como siempre no hiciste nada seguro- se burló de mí el gran Carlitos.




Como se notaba que me conocía y que sabía que con Julieta las cosas no iban estar tan simples como con mis anteriores chicas, es que hubo un día en que le conté a Carlos que con Julieta nada era igual, absolutamente nada… y él lo comprendió porque lo dije seriamente y como él solía decir:




-tu cara de baboso lo dice todo-




Lo que pasaba en realidad, era que yo la veía tan niña y a la vez linda y lo peor era que en esos días tenía una mentalidad estúpida porque pensaba al igual que Carlos que mientras más chicas uno podía tener más hombres éramos por eso tuve cinco minutos de conciencia y pensaba que con Julieta no debería jugar con ella no, porque ella no se lo merecía y por ultimo también pensé que yo no me la merecía porque yo era en sentido figurado lo que una vez me dijo Alina en la puerta trasera de la casa de sus abuelos:




-eres un perro, pero igual te quiero…-




De manera que dejé que pasen los días y el recuerdo bonito que nos trajimos de Trujillo quedó ahí y nada mas incluso los últimos tres días del mes de agosto se celebraron las fiestas patronales y me divertí con Carlos y con otros chicos del barrio, en la noche del 29 resulté con Carlos con mis primos y muchos amigos de mi edad en ese vaivén de comparsas y rondas que desplazaban a la multitud como si fueran rebaños perdidos al pie de los castillos y de tantos fuegos artificiales que a pocos se iban terminando de armar, en uno de esas movidas de rondas y bailes, una pantalla pirotécnica empezó a dar sus detonantes sonidos y mi ruedo de amigos se desintegró en un segundo y los perdí a todos… mientras me tapaba la nariz para no respirar ese aroma a pólvora chamuscada solo sé que me incluyeron en una nueva ronda de gente y no lo recuerdo ni cómo ni cuándo en medio del baile conocí a una chica que según ella era de Lima y que estaba en Angasmarca porque sus abuelos eran de allá y como andaba perdida se hizo mi amiguita y bailó conmigo (solo conmigo), bailó, saltó, saltamos brincoteamos las piezas de una banda de músicos que por momentos ridiculizaba nuestros movimientos…




Hasta pasadas las tres de la mañana, cuando la acompañé al hotel donde se hospedaba y donde por mala suerte su abuela me gritó una serie de improperios que hasta ahora los recuerdo con una claridad sorprendente además de haber sido un ridículo inolvidable fue una noche para la historia: ambos asustados, yo vigilándola mientras ella entraba en puntillas para que no la descubrieran, se iba por un pasillo largo volviendo su mirada como diciéndome que estaba todo bajo control… pero ni bien ella volteó hacia mí, repentinamente divisé un espectro gris que se aproximaba hacia nosotros y en un segundo como rayos y truenos de esa sombra emergió una señora de cabellos metálicos envuelta en una bata del siglo pasado y con una bufanda granate con flecos chistosos:




-mira que hora es no pensabas venir ¿? Donde andas niña…-



Y así de rápido encendió la luz del pasillo y me vio ahí paradote y asustado nervioso e inmóvil…
-y este mocosos quien es ¿?-




-es un amigo mami- me defendió tan linda ella




-que cosa? malcriada te pierdes y no avisas que lisura contigo!!!- gritó con la fuerza de una gata herida… entonces se dirigió hacia mí y yo la miraba miedoso mientras retrocedía e intentaba salir volando…




-ehhh buenas noches…- suspiré

-que buenas noches ni ocho cuartos mocoso del diablo fuera de aquí acaso no tienes casa? No tienes padres? Son las seis de la mañana… – exageró la abuelita y entonces de entre su bata sacó un bastón de aluminio con el que pretendió propinarme unos cordiales golpes… entonces de un salto me esfumé y corrí lo mas que pude por lo menos hasta dos cuadras de distancia… donde me sentí agitado y me senté en una banca a reírme de lo loca que estuvo la noche y desde luego a ver la hora porque no creí que fueran las seis, entonces vi en el reloj de la torre y eran las tres y cuarenta y fui feliz…


El día treinta salí de casa a las nueve y la busqué toda la mañana y no la pude encontrar, vigilé el hotel donde se hospedaba y ni la menor señal de su existencia, me dirigí a la iglesia pero estaba repleta e hice una búsqueda visual saltando por sobre los hombros de las muchas personas que eran más altas que yo pero la búsqueda fue en vano, entonces caminé a la casa de los organizadores de la festividad (claro era un lugar muy probable) me inmiscuí en medio de la reunión, busqué por los corredores, el patio incluso entré a una sala donde solo había invitados importantes y caras desconocidas pero nada… por lo que caí en la sensación de que tal vez todo pudo haber sido un sueño de la mala noche que tuve, pero aun así no había explicaciones no cabía en mi mente la idea de que casi toda madrugada pude haber estado bailando con un fantasma… igual estaba perdiendo la paciencia hasta el punto en que me sentí victima de la paranoia debido a que no tenía pruebas suficiente, no había nada que pudiera evidenciar que ella estuvo conmigo la noche anterior; solo me quedaba ir a preguntarle al recepcionista del hotel a preguntar por ella sin embargo tuve miedo por lo que habría de pasar si en realidad ella estaba hospedada ahí con su abuela, entonces temí por mi vida porque si la señora me reconocía estaría corriendo peligro, ya que nadie garantizaba mi integridad en caso de que la abuelita saliera, me reconociera y plum!!! Optara por darme una soberana paliza con ese su bastón de aluminio que se quedó grabado como un tatuaje en mi mente…




Obligatoriamente tuve que tomar un plan de contingencia y como siempre yo alucinado me sentí en el papel de James Bond, tenía que averiguar, tenía que luchar por ella, (que patético verdad?) apenas habíamos bailado cuatro horas y media y como siempre tonto ni siquiera tuve la cortesía de preguntarle su nombre o sea estaba en nada, enfadado conmigo mismo por no haberla encontrado, regresé a casa donde todos estaban que me buscaban como locos porque era el día central, la misa y la procesión de la virgen Santa Rosa de Lima y yo volvía tan fresco en fachas con la cara de trasnochado como si no tuviera que ir al compromiso tradicional de la familia…

(continua .... )
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