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 Cuentos de verdad (4ª parte)

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Elisa Lattke
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Elisa Lattke

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MensajeTema: Cuentos de verdad (4ª parte)   Cuentos de verdad (4ª parte) Icon_minitimeMar Abr 21, 2009 7:47 pm

Cuentos de verdad (4ª parte)


Temíamos a las noches en ese sitio porque siempre había animales rastreros (culebras, iguanas y lagartos de cresta roja que mordían, pero eran herbívoros, lo más peligroso eran las serpientes, aunque eran inevitables, algunos estaban contemplados por mi abuela y los dejaba pasar al jardín cuando habían otros bichos dañinos, para que se los comieran e incluso a la cocina, así no habían ratas o cucarachas y hasta a las arañas les poníamos nombres y algunos se dejaban coger a pesar de su aspecto desagradable. Al salir del jardín y pasar al otro lado sentimos volar algunas aves asustadas con la luz a nuestro paso. Dormían en el aserradero de mi abuelo que estaba fuera de la casa, donde se apilaba la leña para la cocina y la madera para la carpintería; la mader la traían cada mes los indígenas de la tribu calima en bestias de carga o mulas.

Volvimos a ver otro hombrecillo allí sentado en el pilón de café que había en fuera de la casa. Ese se lo dejaba mi madre a algún vecino que no tenía. "¡Mira, se parece al otro, mamita, son hermanos!" -dijo mi hermano mayor. 'Mi maga' le contestó: "¡Es el mismo, no veis como se ríe, él sabe y toda su parentela como pasar por delante de nosotros sin que nos demos cuenta; lo atraviesan todo, son muy rápidos y encima ponen esa sonrisa idiota, parece que se burlan pero son buenos!... Ellos nos hablan... ¿No los escucháis en vuestra cabeza?, sólo hablan así, se comunican con nuestra mente, Dios les negó el habla por rebelarse, por eso algunos lloran como niños recién nacidos y dan mucha pena. No tienen derecho a ver el sol hasta el Juicio Final !"... La ‘maga’ era así, iba soltando las cosas con toda naturalidad y con mucha seguridad en lo que decía. A mi madre no le gustaba, pero había vivido con ello todo el tiempo, siendo su hija y le entendía.

Con gesto muy divertido mi abuela se caló el rifle al hombro amenazándolo... Era un juego para ambos y el duende lo sabía, no se temían y él siempre merodeaba por la cocina en las madrugadas. Le gustaba hacerse al rescoldo de la lumbre, siempre tenía frío, tiritaba y se rascaba por todo sitio. Le llamábamos con el nombre de Silky, a él le gustaba. Antes de salir el sol se calentaba pero no podía hacerlo al sol. Por eso aprendí a levantarme muy temprano de niña y de madrugada con mi abuela, le ayudaba a encender la lumbre para que hiciera el café de puchero y, así podía verle allí mismo en el banco de siempre. Otras veces le veía cuando venía por el jardín.
...
Cuando mi abuela le amenazó en son de juego, el hombrecillo se retorció en un gesto de dolor ante la amenaza, desapareciendo en una exhalación. Mi maga lanzó una carcajada porque fue muy espectacular ver como se deshacía en el aire. Creo que lo hacía por nosotros. Reímos con ella y nos preguntábamos, cómo lo haría... Después de esto nos callamos con un gesto de mi abuela, ninguno de nosotros, los hermanos, hablábamos para nada, sólo nos codeábamos, nos tocábamos en la espalda o en los brazos mientras señalábamos cosas que veíamos o escuchábamos, intentando no reírnos. Estábamos nerviosos y nos acercábamos al gallinero. Las gallinas apenas se sentían nos habían sentido y eso las hizo callar. La 'maga' nos daba mucha seguridad y parecíamos unos poyuelos rubios de picos sonrosados a su lado como una mamá gallina. su pìel se confundía con la noche y nos encantaba ver su dentadura blanca en contraste con su piel cuando reía. Las palmas de sus manos y las plantas de sus pies eran igual de blancas.

...
Todo parecía normal y aparentemente había paz en el gallinero. La puerta del corral en el mismo permanecía con sus candados, las gallinas no hacían apenas ruido al presentirnos fuera, pero a lo lejos vimos luz aparentemente dentro de la caseta de la letrina. Una luz diferente, una luz azul que parecía moverse dentro y fuera de la caseta. Nos acercamos quedándonos detrás de nuestra mamita Elisa, como protegiéndonos con su pequeño cuerpo. Allí había alguien con la apariencia de cualquier vecina de los alrederdores, pero tenía algo de diferente. Algo extraño.
Era un ser desconocido, "quizá es una vecina que ha venido a robar, mamita..." -dijo mi hermano mayor susurrando. Mi abuela lo codeó para que callara.

Sí, allí había una mujer vestida de negro, con un pie le daba al pedal de una rueca mientras hilaba, estaba allí sentada sobre una enorme piedra, que nunca estuvo allí en ese mismo lugar, pero que mi abuelo había llevado con la ayuda de otros hombres arrastrándola con un buey, pero esa rueca no era nuestra, tampoco teníamos una.
La piedra era un sitio de espera cuando la letrina estaba ocupada. Los perros no paraban de ladrar porque mi abuela no quiso traerse a uno de ellos y, el otro, lo envió a donde estaba mi madre. Temía que salieran y se perdiesen entre los montes, así que dejó en el espacio que dividía el jardín del solar anterior. La mujer ni se inmutó al vernos llegar, tenía un manto puesto y los ojos le brillaban en la oscuridad. 'Mi maga' se puso a una distancia de tres metros. Nosotros tres detrás de nuestra abuela.
Con la escopeta la señaló y le dijo en voz alta que nos hizo temblar: "¡Si eres espíritu del demonio desaparece; si buscas paz, pues has de saber que estás muerta, llévate tu alma que no tienes cuerpo y si quieres asustarnos, te pego un tiro aquí mismo si sigues también molestando a las gallinas!"... Ella también nos sonrío, se levantó sin decir nada y desapareció en el mismo punto donde estaba, como si se la tragara el monte. La letrina se quedó a oscuras al desaparecer las luces que veíamos y Sielke le entro la risa, por algún lado debía de estar pero no le vimos. Ya conocíamos como reía.

A todo esto, yo, que era la más pequeña no aguantaba tampoco de reírme y mis hermanos estaban llorando, cosa bien rara. No por la visión de la mujer y su desaparición, sino por lo que mi abuela había dicho tan seria y enfadada. Sin entender nada por qué lo hacían mi abuela les dijo: "¡Veis a vuestra hermana, es más pequeña y no tiene nada de miedo, vámonos a casa a dormir que ya está bien de cuentos que protagonizan otros, encima nos meten en el suyo los muy comemierdas espíritus de la noche.".... Mis hermanos se asustaron aún más, y empezaron a gritar por lo que había pronunciado en voz alta nuestra abuela. ¡Tenía un vozarrón de vendaval cuando se enfadaba, por eso rompieron a llorar sin parar!

Volvimos a casa y durante la vuelta, cada vez que girábamos veíamos un hombre a caballo que venía detrás nosotros, pero venía como en el aire; eso sí, se sentían las pisadas del caballo y los resoplidos de los belfos detrás de nuestros cogotes. Se lo dijimos a mi abuela que ni se inmutaba por lo que estaba sucediendo. Ella era así, también los escuchaba, claro, eso nos dijo al otro día. No le temía a nada era su forma de ser y ver con naturalidad todo fenómeno que no era extraño para ella, estaba acostumbrada desde su infancia. Yo me alegro, porque hoy por hoy temo más a los vivos que a los llamados “espíritus”. Os lo aseguro que son peores , retorcidos y más jodidos los vivos que a conciencia pueden hacernos mucho daño.

Mi maga conservaba siempre la calma para todo y decía siempre que: "Era algo más del monte, las estrellas y los sonidos de la noche, que cualquiera sabría si en el trabajo de Dios se le olvidó recoger algo del mismo, como el que deja las herramientas olvidadas”... -Y repetía eso de: "¡Era tanto lo hecho por Él, que siempre se dejaría muchas hilachas por la vida!- Como insistíamos preguntando quién era el que venía detrás de nosotros y descabezado, nos contestó: "¡Es un estúpido español, un jodido conquistador que debió de perder su oro como su cabeza, en manos de los indígenas que robó y sigue pensando que está vivo para encontrar su oro; es que ni se ha enterado que su caballo está tan muerto como él mismo!"... y solto una nueva maldición muy enfadada. Después de ello se quedó tan campante con la respuesta, que por entonces apenas entendíamos. Diciendo esto nos invitó a aligerar el paso y nos tropezamos de nuevo entre los tres hermanos, que por no perder el de nuestra maga, que como era delgadita y menuda caminaba muy rápido; así que nos colocamos a su paso y nos pegamos a su falda, porque el caballo relinchó y el tipo que iba encima con armadura lanzó una carcajada... ¡Eso no le gustó a mi maga ni a mis hermanos que dieron un grito! A mí me entró la risa. Mi ‘maga’ no sólo aligeró el paso, sino, que me cogió en brazos y mis hermanos bien agarrados de su falda, la siguieron llenos de miedo sin mirar atrás. A mí me llevaba al contrario y podía ver al descabezado montado en el caballo, pero las patas del animal no tocaban el suelo.


Corrimos los últimos metros que nos faltaban hasta la puerta del linde que daba al corredor de la casa. Conforme llegamos me soltó en el suelo, cerró rápidamente la puerta y mi madre al sentirnos abrió la del salón. Mi abuela atrancó y puso el candado a la siguiente. Al pasar por el aserradero si nos dimos cuenta que ya no estaba el hombrecillo. pero cuando llegamos a la pila, mi abuela extrajo de los bolsillos de su delantal dos puros de tabaco, de los que se hacían en casa con las hojas del que se sembraba y secaban en el artesonado del gallinero. Mis hermanos o yo misma le ayudábamos a hacerlos, porque decía que “nuestras manitas los dejaban bien apretaditos y mejores hechos”. Algunas veces se los encendíamos a los abuelos y les dábamos unas cuantas ‘caladas’ para que no se apagasen.

Mi abuela masticó uno de los cigarros por la punta y escupiéndola sacó un fósforo, le encendió y lo chupó varias veces hasta verle encendido; luego sacó otro y apareció el hombrecillo, ofreciéndole el suyo para que lo encendiera también, éste sonrío y se puso a fumar. Ambos volvieron a sonreír de nuevo y nosotros también le devolvimos la sonrisa. Seguimos en silencio por el corredor de ladrillo viendo otra vez como nuestras sombras se alargaban de nuevo y llegaban antes a la puerta del salón. El farolillo puesto por mi madre iluminaba hasta la misma puerta de salida al patio. Ella nos abrió la puerta la del salón asustada por la tardanza, hablaba muy nerviosa porque se había quedado sola. El abuelo ni se había enterado de nada y seguía roncando en la habitación continua. Mi madre nos dijo que “había tenido por un rato de visita a un hombrecillo de esos raros, con un gran sombrero calado hasta las orejas y que encima olía mal, que todo el tiempo permaneció mudo mirándola muy sonriente pero rascándose todo el cuerpo como si tuviese pulgas; que comprendiéramos que ella estaba completamente paralizada del miedo y rezando para sus adentros, porque sabía que no era un ser de verdad lo que veía; y que no se atrevió a decirle nada pues al oírnos gritar y llorar, se asustó, pero al vernos llegar fue un alivio y que el puñetero duende había desaparecido del salón, sin saber cómo teniendo todo cerrado”. Mi maga le dijo: "No te quejes Rosa, que ese no te hace nunca nada, te cuida, pero no te hubiese gustado ir hasta el fondo del patio, la tipa esa de negro ha vuelto a aparecer como el año pasado, ¡ya la he mandado a la mierda!"

Nos quitamos las botas y nos acostamos en el cuarto de al lado. Los perros que ladraban allí fuera se habían quedado tranquilos. El cuarto de dormir era enorme y dividido con tres biombos cada zona. La de mis hermanos, mi madre y la mía. Conforme estábamos en nuestros respectivos lechos y aún con la luz de un cabo de vela, escuchamos pisadas sobre el suelo de madera y las carreras y risas de otros niños que no éramos nosotros, nos arropamos hasta la frente. Mi abuela que lo sabía y los había escuchado se echó a reír y terminamos riendo los cuatro. Mi madre pasó a regañarnos y, juro, que aquella noche por primera vez supe lo que era un cuento de verdad... ¡Es que lo habíamos vivido los tres hermanos y eso, como tantas cosas nunca se nos olvida!

Las demás noches y días de este despertar nuevo, fueron los mejores que puedo recordar del vivir allí en América del Sur durante mi niñez. Nunca nos dijeron que lo que veíamos era mentira o una mera ilusión... Era, simplemente lo que era y punto... porque lo percibíamos con todos los sentidos... ¿Quién nos lo niega o nos dice lo contrario? ...Cualquier explicación nunca nos la vamos a creer, nosotros percibimos todo aquello con nuestros cinco sentido o, acaso eran seis...

Aún seguimos disfrutando de vez en cuando de estas extrañas cosas sin creer que es imaginación. Recordamos todo lo que nos pasaba de una forma normal y reímos por ello, contándolo a nuestros hijos y ahora a nuestros nietos. Nada era mágico para nosotros los hermanos, sólo cuando leíamos los cuentos de hadas de Perrault, Andersen y Grimm, etc., que nos traía mi padre o su hermana, nuestra tía Ketty. ¡Lo que vivíamos en vivo y en directo, sintiéndolo, si que eran verdaderos cuentos de duendes, hadas, brujas y aparecidos! Algo con lo que desayunábamos todos los días, lo más normal del mundo. ¡Porque eran cuentos de verdad y nosotros, los hermanos y mi abuela, estábamos dentro de ellos!

*


Elisa. 8-8-06


Última edición por Elisa Lattke el Vie Mayo 01, 2009 11:23 am, editado 5 veces
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MensajeTema: Re: Cuentos de verdad (4ª parte)   Cuentos de verdad (4ª parte) Icon_minitimeVie Abr 24, 2009 11:53 am

Elisa, amiga, si hay algo que toca mi sensibilidad en mi actual vida es precisamente toda esta remembranza que he tenido el placer de leer. Nací a los pies de un cordón montañoso junto al mar en la región de Concepción, Chile; por lo tanto, durante los 20 años que permanecí en esos bellos lugares sin salir sino solamente para venir a Santiago a estudiar y donde me siento prisionero por diversas circunstancias, mi existencia transcurría entre el mar, las minas de carbón y mi amada montaña, que era mi otro hogar.
Cada anécdota, cada siuación que relatas magistralmente, la comparaba con mi alegre o triste existencia pletórica de energía y de deseos de vivir.
He devorado tus cuentos de verdad, examinándolos desde diversos ángulos. Por cierto el relato de tus aventuras en el bello y limpio entorno natural, me sedujo al extremo que lo leí de un tirón hasta el final; luego me dediqué a aprender cómo se escribe una narración y de ella aprehendí todo aquello que me sirva para contar mis modestos cuentos. Lo dije al principio, estoy ante una escritora de excelencia; como diría uno de mis personajes de mis historias policiales, sospecho que tienes libros editados y que deben ser populares como nuestra Marcela Paz y su personaje Papelucho, un niño que piensa, estudia y fantasea con los detalles de su infancia.
Cada detalle de los escenarios, cada personaje humano o de la naturaleza, son tan vívidos que entraron en mi mente, al extremo que soñé con una serpiente huidiza en el interior de mi casa. Ja ja ja ja já, debe ser porque es el único animal que me produce repulsión.
No sé si estoy en condiciones de felicitarte, porque estás muyyyyy arriba de mis letras, por lo que me limitaré a decirte que ¡¡¡Eres maravillosa!!!
Desde Chile un beso para la talentosa Elisa
Jaime.
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MensajeTema: Re: Cuentos de verdad (4ª parte)   Cuentos de verdad (4ª parte) Icon_minitimeMar Abr 28, 2009 5:48 pm

Jaime, compañero de inquietudes:

Agradezco ese sincero entusiasmo por mis honestos relatos hechos con toda la sinceridad que es fiel del recuerdo. Algo que amo y que no podría describir de diferente manera o alterarlo. Puede que esta forma de la escritura le dé algún toque necesario, soy sólo una escribiente que junta letras y por lo tanto, conformo renglones con amor hasta llegar al final de mis deseos. Lo hago con verdadero entusiasmo. Algunas veces mis manos se ven impedidas por algún problemilla que no tiene nada que ver con las 'itis' ni las alegias, pero que se hace molesto. Tengo dos hijas filólogas que se han interesado porque pinte y relate lo de mi niñez, porque en llo ven la necesidad de un seguimiento , relacionado con mi amplio árbol genealógico al ser un 'exponente vivo junto a su Tío, mi hermano mayor, que podemos aportarles o dejarles unos recuerdos. Ellas hacen sus ensayos y también se dedican a la literatura en otras facetas, la enseñanza y una labor de redacción y corrección, además de estar siempre en continua formación. Creí que todo esto no era tan importante, pero ellas me han estimulado a registrarlos y han corregido lo que les he entregado. Estos son el borrador de los originales. Lo que pasa es que creí estar muy bien antes de Navidad para empezar el trabajillo que me encomendaron, pero enfermé por un problema emocional (sensibilidad a flor de piel) que me afecto bastante. He mermado mi empuje y mi capacidad, sintiéndome siempre llena de cansancio y con pocas ganas de escribir, aunque no me afecta el pensar. Así que es para mí un esfuerzo cumplir los deseos de ellas, porque como a ti te ha entusiasmado leerlos, a ellas mucho más por todo lo que saben verbalmente de boca de su propia abuela , tío y su madre; una de la shijas estuvo en el lugar donde se desarrolló mi niñez, fue mi madre y yo con ellas en el 2001, creciendo su entusiasmo. Comentaría a su abuela- mi madre- antes de su muerte, que " abuela , mamá, ahora os entiendo mucho más, no era mentira lo de ese realismo fantástico con el que narra García Márquez".
Es lo lindo de nuestra Ámerica, esa amalgama ene se mestizaje, tanta naturaleza salvaje, tantas leyendas y hechos inexplicables que nos rodean, a los que ha contribuido el imperio español pese a quien pese, sacaremos la esencia y lo positivo del mismo. Tendrás, seguro, cómo contar los tuyos, el material es inmenso para el que desea describir y referir lo que sea. Un beso. Reitero mi agradecimiento. Elisa.


*Ya los he colocado en orden corelativo. Y , creo que este borrador revisado , ahbiendo borrado el primero es el válido que se llevó la hija. Un beso. Gracias.
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MensajeTema: Re: Cuentos de verdad (4ª parte)   Cuentos de verdad (4ª parte) Icon_minitime

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