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 Loquero

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poxet
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MensajeTema: Loquero   Lun Abr 20, 2009 5:16 am

Es solo un texto, un manojo de ideas que dieron como resultado la quimera que veran a continuacion jajaja no lo considero una verdadera historia, solo una practica. El titulo es totalmente arbitrario, no sabria como llamar la historia y fue la primera palabra que se me vino a la mente. Insisto... describo todo jajajajaja.

Loquero


Lo habían encontrado tirado en medio de la vereda, mascullando palabras incomprensibles. Increíble que el responsable de la masacre de doce niños, la violación y asesinato de una anciana, entre otros crímenes, sea, después de muchos dolores de cabeza e investigaciones, encontrado en medio de la calle con un claro desvarío mental…

Fue traído aquí, a la comisaría central, los informes hablan de sus constantes colapsos nerviosos y de sus ojos desorbitados. Estaba más que claro que aquella persona no debía ser enviada a este sitio, debía ser enviada rápidamente a un hospital psiquiátrico. Este no era sitio para locos.
Lo dejaron en la habitación donde normalmente se interroga a los sospechosos, ya saben, la típica habitación con solo una mesa, tres sillas y un espejo en la pared por donde los oficiales pueden observar desde afuera sin ser vistos desde adentro. Lo único diferente era la ubicación misma de aquel cuarto; se encontraba al fondo de un largo pasillo, separado del resto del complejo y detrás de una gran puerta que bloqueaba el sonido exterior.

Un oficial gordo se apoya contra el marco de la puerta mientras hace un ruido espantoso masticando unas crujientes frituras. El uniforme parecía pedir auxilio por la presión ejercida por ese gran estomago y los botones podrían convertirse en un arma letal para los ojos en cualquier momento.

- Doc. Es su momento—decía el oficial—.El loco ya esta en la sala.

Mire por sobre el marco de mis lentes al oficial, por unos momentos se vio borroso hasta que mis ojos enfocaron bien. La papada de ese tipo se movía como si fuera una asquerosa gelatina. Simplemente repugnante. Acaricie levemente mi mentón mientras volvía a fijar mi vista en un archivo que tenia en mis manos.

- Muy bien. En unos minutos estaré allí.

Cierro el archivo que estaba hojeando con simulado interés y me levanto de la silla. Hacia poco tiempo que había sido tomado como psicólogo forense y ya me estaba tocando hablar con un asesino delirante. Comienzo a dirigirme hacia la puerta, el oficial aun seguía allí de pie aumentando gradualmente su volumen a cada bocado que daba.

- Esta vez le toco uno difícil doc—dijo el hombre—.Este se cargo a unos cuantos niños así que debería andar con cuidado. También se follo a unas cuantas viejas y algún que otro tío.

Me había olvidado casi totalmente que aquel hombre había llegado de España, aun utilizaba algunas palabras. No era molesto, para nada, pero a veces me costaba entenderlo; en un momento siento un golpe que casi me hace volar los anteojos de la frente. Era el tipo aquel. Me dio una palmada con una de sus grasientas manos, casi pude sentir como la tela de mi camisa se pegaba a mi espalda por el aceite acumulado, una lastima, la camisa era nueva…

- Lo tendré en cuenta—comenté en tono totalmente irónico.

El oficial se desvió en un pasillo y yo continué con mi ruta original. Todo estaba increíblemente calmo este día, lo único medianamente emocionante fueron un par de pandillas que habían sido retenidas por haberse peleado en la vía pública; aun mientras caminaba se oía algún ocasional insulto dirigido a los policías o entre ellos mismos, nada fuera de lo normal. Mis pasos me llevan hasta una puerta que se encontraba entre abierta, la empuje sin esfuerzo y luego pase por un largo pasillo; el aire en ese lugar estaba totalmente viciado, principalmente por los oficiales que iban y venían y también por que apenas si había un par de ventanas. Ya por el final del pasillo había una gran puerta de acero que se encontraba cerrada desde adentro, a un lado, en la pared, había un pequeño timbre; presione el botón y casi al instante vi como se corrían los seguros de la puerta dejando ver del otro lado una habitación mas amplia. En unos sillones había dos oficiales armados, observaban de manera impasible el vidrio que daba a la sala de interrogatorios. Me adentre al lugar y la puerta comenzó a cerrarse de manera silenciosa, cuando se termino de cerrar el único ruido que se escucho fue el chasquido de los seguros volviendo a cerrarse, el resto fue puro silencio.

- Bien… Allí lo tiene. Es todo suyo para que le saque los traumas, doctor—dijo en tono burlón el primer oficial.

Fruncí el ceño ante aquella acotación, el segundo oficial solo se encogió de hombros y continuó observando hacia la ventana. El primero se puso de pie, era bastante alto, cabellos negros y una nariz algo aguileña, de mirada penetrante con un semblante frío y calculador. Tomo una carpeta que había en la mesa y me la arrojó como si se tratara de un paquete de pastillas. Atrapé el archivo mientras observaba al asesino que se encontraba sentado en aquella habitación.

- Helmut Körbl—susurré mientras observaba el nombre en la carpeta.

- Ese tipo me da escalofríos—dijo el segundo policía.

- Solo esta en una crisis—conteste sin prestar mayor atención.

- Oh si, una crisis… que apropiado para un desquiciado y un sectario.

Observe al primer oficial otra vez, ese tipo era realmente odioso pero seguramente no tuvo una buena infancia. Abrí la carpeta para leer su contenido, efectivamente era un sectario, una especie de hermandad demoníaca o algo por el estilo, puras fantasías para mentes débiles. Aunque era increíble lo que el fanatismo podía provocar en gente sugestionable como Körbl: La decapitación de animales domésticos, el ya conocido asesinato de niños, y muchas otras cosas igual de enfermizas.
Paso a la siguiente hoja para ver que estaba trabajando de Psicólogo forense, igual que yo, vaya sorpresa. Me dieron escalofríos de solo pensar que ese tipo había estado ocupando el mismo puesto en algún otro sitio, y me costaba saber por que había terminado en aquel estado.

- Esta diciendo algo—avisa el segundo hombre.

Me aproximo a la pared y acciono un interruptor, rápidamente una voz gastada, débil y casi de ultratumba comienza a salir por el parlante.

- Será mejor que se apresuren, no tengo intención de permanecer aquí mucho tiempo más—mascullo Helmut.

Dejo de presionar el botón y me aproximo a la puerta, una extraña sensación me invadió apenas tome el picaporte, era como si algo viscoso y helado trepara desde el brazo hacia mi cabeza. Algo bastante curioso por cierto…
Abrí la puerta y un aire frío salio de allí dentro, observe el termómetro y marcaba treinta grados, eso era más curioso aun que la sensación del principio. Entre y cerré la puerta detrás, no me di cuenta que con ese acto, simbólico para Körbl, simple para mí, había sellado el destino. Solo era cuestión de sentarme y comenzar.
Me aproxime a la silla, el asesino me observaba fijamente mientras una sonrisa que rozaba lo lascivo comenzaba a formarse en su rostro, era algo realmente incomodo. Apenas me apoye en el respaldo de la silla decido iniciar la sesión…

- Helmut Körbl—comencé diciendo— ¿Por qué asesino a esas personas?

- ¿Por qué habría de responderle? No es más que un idiota que tiene el titulo de psicólogo.

- No importa cuanto intente resistirse, no tiene a donde ir, esta encerrado en este sitio. Si me cuenta la razón que lo hizo cometer aquellos crímenes puedo ayudarlo.

Intentaba sonar lo mas conciliador posible, aunque viendo las reacciones de aquel hombre talvez seria un trabajo arduo. No solo las reacciones con respecto a las respuestas, si no también los tics, los movimientos de ojos, de cabeza, como retorcía los dedos de la mano de una forma nerviosa. También su aspecto, en el archivo decía que aquel hombre tenía unos treinta y cinco años, pero por su aspecto parecía pasar los cincuenta. Cabellos canosos y revueltos, barba descuidada, piel increíblemente pálida y labios resecos y cortados.

- ¿Cree en Dios?

- Soy ateo.

- ¿Y en el Diablo?

- Dije que soy ateo. Esto no tiene nada que ver con el tema por el que nos reunimos, ¿Por qué asesino a esa anciana?

- Por que Él me lo pidió.

- ¿Él? ¿Un socio, un jefe…?

- Él.

Fruncí el ceño por segunda vez en el día, no me gustaba abordar el tema de la religión, menos aun me gustaba que alguien me responda cosas como la que ese tipo me estaba diciendo en ese momento. En mi mente insistí nuevamente en que aquel tipo debía ir a un hospital psiquiátrico.

- Puedo presentárselo—dijo finalmente.

Volvió a sonreír de la misma forma, esta vez enseñando sus dientes amarillentos. Yo solo pude poner una cara de incredulidad ante algo así. Ese hombre estaba simplemente loco y era impensable enviarlo a prisión, debía ser enviado a un hospital, insistí por tercera vez mientras observaba la escena.
En un momento se pone de pie y comienza a vociferar cosas incomprensibles para mis oídos.

- Por favor, siéntese—ordené

Helmut simplemente se ríe y me observa fijamente con aquel par de ojos casi cristalizados. Me coloqué de pie y me acerque al hombre para tomarlo por los hombros, le indiqué que debía tomar asiento o llamaría a los guardias que, en realidad, debían haber entrado hace rato ante la mas minima reacción de aquel desquiciado. Sin embargo él tomó mis muñecas y luego fijó su mirada nuevamente sobre mi persona.

- Está de acuerdo, desea verlo, doctor, ¡desea verlo!—sigue riéndose.

Continuo recitando cosas extrañas que no tenían ningún sentido para mi, tarde en identificar toscamente, por el ritmo de las palabras, que eran loas a algo o alguien. En un momento el frío se intensifico increíblemente y el espejo se empañó, una escarcha comenzó a cubrir el suelo, las maderas se hincharon y los clavos comenzaron a oxidarse, me alejo de la mesa y giro hacia el espejo para dar aviso a los oficiales pero cuando observo al espejo veo que algo mas había en la habitación aparte de Helmut y yo. Sea lo que sea se reflejaba en el techo, no podía identificar que era, parecía una masa amorfa de apariencia viscosa y de color violeta. Momentos después el espejo se resquebrajo y exploto hacia el lado de afuera, fije mi vista en el otro lado y solo pude identificar el rostro del policía de nariz aguileña con su cara deformada por incontables fragmentos del espejo y su pecho atravesado por un pedazo más grande. El otro se encontraba tirado sobre el sillón con otra gran cantidad de trozos de espejo clavados en su espalda y al parecer había desenfundado el revolver que ahora yacía en el suelo, lejos de donde me encontraba. Intente pasar por el agujero pero algo comenzó a jalar de mi pierna haciéndome caer y cortándome los dedos con los fragmentos de vidrio que habían quedado en los bordes.

- No te resistas a la bendición. Es inútil.

Mire hacia atrás y ese tipo seguía allí con su maldita mirada pervertida, comencé a hacer más fuerza para pasar hacia el otro lado con el único objetivo de tomar aquella arma y dejar los sesos de aquel estúpido decorando la pared. Observé hacia arriba y aquella visión me dejo tan perplejo que deje de debatirme por salir de ese sitio. La masa que había visto en el espejo era ahora un gran globo ocular con una pupila tricolor, al primer contacto visual mis miembros dejaron de responder, no podía controlar mi cuerpo y las lagrimas salían de mis ojos como un gran torrente. De debajo del ojo se asomaron unos grandes tentáculos, en cada ventosa podía ver un aguijón que goteaba un líquido color ámbar. Comenzó a envolverme, sentía esos fatales pinchazos, sentía la carne desgarrarse y no podía hacer nada. Me acerco hasta el centro de la habitación y pude ver su gran boca, parecía el pico de un ave, aunque adentro había muchas lenguas retorciéndose, enroscándose como un cúmulo de serpientes apareándose. Intente gritar, y vaya si lo hice, pero ningún sonido salía de mi garganta, solo un ronquido profundo y varios sonidos guturales.
Körbl parecía extasiado con aquella visión, la aparición de su amo eterno, el señor de su destino, el amo de su alma. Observaba y reía, reía como si viera una comedia, al poco tiempo comenzaba a llorar como si viera la más triste de las obras. Cuando finalmente estuve a centímetros de aquella gran boca su fétido olor invadió mis fosas nasales, olía a animal muerto, a putrefacción pura y total. Intente, otra vez, gritar pero tuve el mismo resultado; intente moverme pero solo provoco mayor presión por parte de los tentáculos. Luego lo sentí, o Dios bendito… Esas lenguas estaban sobre mi rostro, por mis cabellos y por mi cuello. Dos de ellas comenzaron a intentar ingresar por mi boca pero la cerré con la mayor cantidad de fuerza, sin embargo sentí mis mandíbulas romperse, mis dientes quebrarse, mis encías sangrar y finalmente esas lenguas comenzaron a entrar por mi boca, pude sentir como bajaban por mi garganta. Luego otras dos me privaron de mi vista, sentí como descolocaban a los ojos de las orbitas y como comenzaban a avanzar por mi cráneo. A esta altura cualquiera estaría muerto pero no, seguía vivo, mi mente pedía a gritos la muerte, mi cuerpo deseaba dejar de funcionar, pero no. No pude gritar, pero ciertamente pude sentir…
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MensajeTema: Re: Loquero   Lun Abr 20, 2009 6:51 pm

Me parece un excelente texto, es la primera vez que leo algo tuyo. Impactante compañero. Me atrpó además la frase de dolina al que admiro profundamente.
Cariños
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MensajeTema: Re: Loquero   Lun Abr 20, 2009 9:19 pm

Muy buen texto, atrapante, ameno.Me gusto mucho,al igual que Mariazuli es la primera vez que te leo,y me gusto lo que lei.
Felicitaciones,espero seguir leyendote.
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MensajeTema: Re: Loquero   

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Loquero
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