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 HUELLA DEL RETORNO X/XII

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AutorMensaje
Jorge
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MensajeTema: HUELLA DEL RETORNO X/XII   Lun Ene 26, 2009 8:13 pm

INEVITABLE ADIOS

Una frase lapidaria rompió la tensa calma que rondaba desde hacía algún tiempo en su estancia. La mesa aun sin servir y el caos reinante en la habitación, eran una clara muestra de que todo había acabado entre los dos. Esa mañana había fumado diez cigarros e ingerido varias tazas de café amargo intentando en vano calmar su ansiedad mientras Raquel recogía los últimos enseres.
Por fortuna sus dos hijos no fueron testigos de tan infame escena. Efrén del Carmen sentía como si una inmensa ola marina le absorbiera.

-Me voy Efrén-
Al decirlo no hubo brillo en sus ojos ni sonrisas halagüeñas…solo una frialdad indescriptible…
Cumplía su sentencia

Se limitó a observar.
-Locuras de juventud-

Esta frase escueta, casi sin sentido y apartada de toda lógica, fue utilizada por Efrén del Carmen Alvarado para resumir lo que veía:
Un adiós inevitable.

Aquella fue una noche sin estrellas.

Golpeado por la soledad, a paso lento caminó sobre la arena...cansado, hambriento y solitario, recorrió de sur a norte la playa de su mar hasta que sus fuerzas lo permitieron.
Su mar:..Sólo él escucharía su llanto…solo el mitigaría su pena.
Al despertar, las olas golpeaban inclementes en la orilla, los cangrejos se aferraban con fuerza para no ser absorbidos y el eco urbano se anidaba en sus oídos.

Hora de levantarse Efrén –pensó-
Hora de empezar de nuevo...


Si bien el amor le había sido esquivo, algo había asegurado.

Conservaba una excelente relación con sus hijos que ahora eran cuatro ya que transcurridos dos años de su separación con Raquel con la que tuvo dos, sanó su herida compartiendo algún tiempo con una hermosa rubia quien desde su llegada al departamento operativo donde laboraba, robó su corazón.

Nunca convivieron; pero de esa relación hubo dos preciosos hijos.

Algo extraño sucedía en él con el amor.

Nunca se detuvo a valorar las circunstancias que rodeaban su vida en ese campo…solo sentía que llegaba como un manantial fresco y puro; bebía su elixir, calmaba su sed y luego desaparecía…simplemente se iba como la luz del sol dejando atrás su brillo y matando en cada adiós sus sueños.

El hecho de contar con un ingreso estable, le permitía cumplir holgado las obligaciones pero en su afán de encontrar un norte para orientar sus asuntos personales, empezó a darse algunas libertades dejándose absorber por la vida nocturna y convirtiéndose de la noche a la mañana, en un ser bohemio, frío e insensible que plasmaba en el papel frases hermosas…pero en su corazón no había un espacio para albergar más sentimientos.

Simplemente coexistía…

Varias veces le sorprendió la madrugada sentado en una esquina esperando la llegada del sol para bañarse con su lumbre mientras fumaba y alzaba tembloroso la botella intentando extraer la última gota de licor.

Pero ese no sería su fin…Aun faltaba mucho por andar.

Desnudando de nuevo su coraje y desprovisto de prejuicios, miró hacia el cielo azul y evocando sus tiempos de niñez cuando pedía a Dios clemencia por todas sus desdichas, juró ante El cambiar el rumbo de sus pasos… habrá un mañana.

– pensó-

Siempre habrá un mañana.


ES EL AMOR


Sobre la quietud del horizonte poblado de palmeras, se asomó triunfante el primer rayo de sol veraniego develando un cielo azul y el vuelo de gaviotas desafiando el oleaje de la mar.

Efrén del Carmen se sintió feliz.

Contemplar de nuevo esa majestuosidad tenía un significado especial para él: había superado una etapa tormentosa de su vida…se sentía en paz consigo y quería vivir.

Sabía que en su andar había apostado a muchas cosas y aprendido a ganar y perder…
Llegaría otra vez el amor con sus alas blancas a turbar su sueño…bebería su elixir…buscaría de nuevo en unos ojos claros la identidad de su alma, posaría en un cálido regazo su piel ahora desgastada por los años.

Mientras sus dedos jugaban con la arena, pensó en lo que escribiría al amor.

No solo se sentía feliz…en el sendero veía un rosal sin espinas y jardines floridos flotando silenciosos sobre las blancas espumas de su mar…

“Solo dormiré en tu regazo sintiendo los latidos de tu corazón aunque irrumpa en mis silencios…
Solo acariciado por tus manos cálidas tendré paz.
Solo dormiré al sentir tu beso como soplo de brisa arrullando mis sentidos
Solo dormiré al llegar el alba...cuando el fuego extinga y sobre sábanas blancas vuele tu fragancia.”

UNA ROSA

Esa tarde al término de sus labores, Efrén del Carmen emprendió a pie su regreso a casa. El cielo se tornaba gris apuntando a que habría una noche lluviosa por lo que apuró el paso. Sin embargo al arreciar, tuvo que guarecerse en la entrada a una pequeña boutique mientras escampaba. No tenía prisa...hacía tiempo que nadie esperaba su regreso y de alguna forma esa circunstancia le había convertido en un hombre estructurado…cada cosa en su sitio…cada evento en su momento.

Cesó la lluvia.

Las luces de neòn rompían la penumbra develando el rostro ansioso de quienes a esa hora habían visto interrumpida su rutina. Cuando se disponía a partir, la joven que atendía la boutique le miró con desconfianza pero Efrén, advirtió en sus ojos algo mas que eso: había fuego…

Eran unos ojos color miel que daban lumbre…una mirada penetrante que inducía…un rostro juvenil hecho mujer.

Sostuvo su mirada; fue un instante hermoso que quiso hacer eterno.

Se enamoró…

Desde ese día, cada tarde frecuentaba aquel lugar deseando que la lluvia fuera de nuevo su cómplice…a través del cristal le observaba…algo mágico se apoderaba de él al contemplarla…esperaba todo un día para disfrutar así fuere por un segundo la dicha de verla; su corazón no escuchaba otra voz…sus sentidos percibían su aroma.

Hoy es mi día –pensó-

Compró la más bella y fresca rosa que encontró ignorando de paso la sonrisa burlona de la vendedora.
.
Entró…parecía que todo en su interior estaba diseñado para resaltar su belleza; le saludó tímido…algo extraño le sucedía cuando el amor tocaba a su puerta….ella simplemente le miró; aceptó cortésmente la rosa y siguió con sus quehaceres.

Efrén partió de allí sintiendo un nudo en su garganta….la brisa vespertina le ayudó a recuperarse…su cabeza daba vueltas.

¿Què es esto?

No habìa respuesta….

A fin de cuentas estaba convencido de que sobre el amor se decían muchas cosas pero nadie lo habìa definido con exactitud: para él, era la conjugación de todas las emociones… la única razòn por la que se apuesta todo sin miedo a perder.

Sólo una rosa bastó…

Tania le acompaño por un camino que irremediablemente lo llevaría al fin convirtiéndose aunque por poco tiempo, en el manantial donde saciaba su sed y en el leño que avivaba lo que aun quedaba de fuego en su alma…

Jorge 26/01/2009
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