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 HUELLA DEL RETORNO IX/XII

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Jorge
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MensajeTema: HUELLA DEL RETORNO IX/XII   Lun Ene 26, 2009 12:12 pm

RENACER

La hora de la verdad había llegado para Efrén del Carmen Alvarado.
Disponía de poco dinero y de nuevo se encontraba vulnerable.
Necesitaba con urgencia un empleo y las posibilidades de encontrarlo eran pocas en una ciudad cuya perspectiva estaba supeditada a la industria del turismo y esto se daba en abundancia solo en las temporadas vacacionales.
Por fortuna tenía una buena relación con los propietarios del apartamento y eso por lo menos le garantizaba un techo aunque no por mucho tiempo…la renta había que pagarla y sus gastos diarios no daban espera.

El alba despuntó sobre las torres de los edificios situados a la orilla del mar y lo sorprendió en un trote suave sobre las dunas que se habían formado con la brisa nocturna. Ya era parte de su rutina levantarse a tempranas horas y hacer un recorrido por las playas que bordeaban la bahía. Con esto, no solo se fortalecía físicamente sino que además mejoraba considerablemente su estado de ánimo que por esos días no estaba en el mejor nivel.
Habían pasado cinco años desde su llegada a ese bello puerto caribeño y aunque su decisión había sido quedarse para siempre, se encontraba ahora frente un dilema: regresar a casa y olvidar… o enfrentarse al reto de surgir a cualquier precio…

-Pensó- A cualquier precio jamás…

Mientras degustaba de lo que sería el último alimento del día, decidió invertir el poco dinero que le quedaba en algo que le dejara algún margen de utilidad. Se inició entonces como vendedor de artesanías en un improvisado stand que ubicó en la plaza donde funcionaba la administración de la ciudad. Era un sitio estratégico.
Por allí se desplazaba gran número de transeúntes especialmente turistas que le compraban pequeños detalles para llevarlos de recuerdo a sus afectos.
Su negocio prosperó en poco tiempo…a solo tres meses de haberlo iniciado, saldó todas sus cuentas, rentó un pequeño local e improvisó un espacio como habitación ahorrándose de paso los costos del apartamento.

Fueron días maravillosos: cada vez se sentía más libre y digno.

Renovó por completo su vestuario, abrió una cuenta de banco donde depositaba sus ingresos y administraba con lujo de detalles cada peso que ganaba.
Dedicó todo su tiempo y esfuerzo a trabajar arduamente logrando fortalecerse económicamente, reiniciar sus estudios y abrirse paso como un individuo respetable.

Aunque sus ocupaciones limitaban la iniciación de una relación permanente con alguien, sentía cierto grado de atracción por Raquel Iriarte de las Aguas una compañera de clase con la que compartía algunas horas los fines de semana preparando material de estudio o simplemente charlando.
Aparte de su belleza reflejada en sus ojos claros, cabello rizado, una sonrisa cálida y su figura armoniosa al caminar, era inteligente y proyectaba firmeza en todo lo que hacía. Era una mujer progresista y le agradaba abordar los temas de manera puntual. Efrén del Carmen Alvarado siempre le miró con simpatía.

Se admiraban mutualmente…

La década de los 80´ entraba en su recta final y Efrén del Carmen cerró con broche de oro una maravillosa etapa de su vida: había terminado sus estudios, tenía algo de dinero y estaba enamorado: el camino por recorrer ahora sería distinto…esta vez sí tendría un hogar.

Mientras compartían una tarde de domingo, abordó el tema con Raquel sin preámbulos. No se casaría, le ofrecería un hogar digno y le respetaría. Esta posición fue aceptada y formaron una unión de hecho contraviniendo las observaciones de sus padres que a toda costa querían matrimonio.

Efrén del Carmen tenía ahora algo suyo…lucharía por ello.

Y luchó.

Pese a las dificultades económicas que sobrevinieron a consecuencia de las restricciones oficiales para su negocio que inclusive generaron su cierre, no declinó.

Con el apoyo de algunos amigos entre los que se contaba Frank; un estudiante de medicina con el que había compartido parte de su etapa de formación académica, consiguió empleo en una compañía aseguradora a la que prestó sus servicios durante corto tiempo. En cierta forma, necesitaba algo de autonomía en sus decisiones y allí estaba limitado a las políticas de la empresa.

En un momento en que su crisis tocaba fondo, se presentó a una convocatoria de empleo en la Alcaldía de la ciudad la cual pasó sin inconvenientes.

Mas pudo la realidad de su situación que sus ideales y echó raíces allí hasta pensionarse años después luego de lograr el reconocimiento por su labor cumplida.


CANTO DE CUNA

Mientras la luna se escondía tímidamente entre los coposos árboles mecidos por una fuerte ventisca, Raquel gemía…el parto era inminente. Le ayudó a incorporarse y aunque era de madrugada, no dudó en pedir auxilio a una vecina.

Su mujer se veía hermosa: brillaban sus ojos cual luceros, su vientre abultado donde Efrén del Carmen apoyara su cabeza cada noche desde cuando tuvo noticias del embarazo para sentir el movimiento de la criatura, se agitaba ahora con un rítmico vaivén develando la inequívoca existencia de una vida…su hijo quería ver la luz…

Y la vio, al llegar el alba.

Su llanto…el primer llanto: milagro de vida; el más hermoso llanto que hubiese escuchado durante su existencia, tuvo la dicha de grabarlo aquel día.
Efrén del Carmen jamás lo olvidaría…fue el primero de otros tantos que escuchó…pero jamás hubo otro igual.

Somos tres: le dijo a su mujer…somos tres gracias a Dios y a ti. - Ella sonrió-.

Poco después mientras Raquel le amamantaba, Efrén del Carmen sintió la necesidad de decir algo a su hijo…respiró profundo y como si se tratara de una confesión, le miró a sus ojos y dijo:

Velaré tu sueño en las noches de invierno cuando la tempestad aceche y los cristales húmedos vibren con el fugaz paso del tiempo.

Posaré un beso en tu frente cuando el alba despierte tus sonrisas y un nuevo día se abra paso en la quietud del calendario.

Caminaré algún día junto a ti como la mar y el viento para dejar grabadas nuestras huellas sobre la faz de esta tierra que nos vio nacer.

Consolaré tu llanto, celebraré tus alegrías y en tus silencios seré la luz que ilumine tu sendero.

Contemplaré taciturno tu partida cuando decidas encender tu hoguera…

Y sobre los campos donde siembres la prolongación de mi existencia, me inclinaré antes Dios.


Sintió una paz enorme al decir esto. Era como si hubiese guardado esas palabras en lo más recóndito de su ser por mucho tiempo…era como si alguna vez hubiere deseado escucharlas…quizás por ello las dijo con vehemencia.




REFLEXIÒN

Fue con su familia al parque. Miraba a su hijo. En su sonrisa expresaba algo más que alegría…se sentía seguro al lado de sus padres.

Raquel lo había previsto todo.

Salieron a temprana hora para encontrar atracciones disponibles...
Durante gran parte del día Efrén del Carmen compartió la alegría de su hijo ayudándole a mecerse en los columpios, cabalgar sobre los caballitos tallados en roble y girar en los carruseles multicolores.
Nada podía compararse con aquello…sentía que su hogar era una bendición.

La grama verde del parque le hizo recordar: mulas y caballos briosos corriendo libres sobre la llanura y arrieros cansados a la zaga persiguiéndoles bajo un sol inclemente…la Hacienda de Don Ramón… praderas vírgenes y hostiles.

Este es mi mundo –pensó- el mundo que soñé y forjé…Ni un paso atrás.

Al regreso, Efrén del Carmen complació a su hijo…quería llegar a casa en caballito…sin pensarlo, lo montó a horcajadas sobre sus hombros y se sintió feliz con la humedad que bajaba haciendo surcos en su espalda…deberé ser el mejor padre.
–Pensó-

Jorge 26/01/2009 DRA
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