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 MITOLOGIA. LEYENDAS DE MI SUR CHILENO.

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Liel Cor
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MensajeTema: MITOLOGIA. LEYENDAS DE MI SUR CHILENO.   Vie Ene 23, 2009 1:28 am

LEYENDAS DEL SUR DE MI PAIS




EL CALEUCHE


Cuenta la leyenda que el Caleuche es un buque que navega y vaga por los mares de Chiloé y los canales del sur.

Está tripulado por brujos poderosos, y en las noches oscuras va profusamente iluminado. En sus navegaciones, a bordo se escucha música sin cesar. Se oculta en medio de una densa neblina, que él mismo produce. Jamás navega a la luz del día.

Si casualmente una persona, que no sea bruja se acerca, el Caleuche se transforma en un simple madero flotante; y si el individuo intenta apoderarse del madero, éste retrocede. Otras veces se convierte en una roca o en otro objeto cualquiera y se hace invisible.

Sus tripulantes se convierten en lobos marinos o en aves acuáticas.

Relatan que los tripulantes tienen una sola pierna para andar y que la otra está doblada por la espalda, por lo tanto andan a saltos y brincos. Todos son idiotas y desmemoriados, para asegurar el secreto de lo que ocurre a bordo.

Al Caleuche, no hay que mirarlo, porque los tripulantes castigan a los que los miran, volviéndose la boca torcida, la cabeza hacia la espalda o matándole de repente, por arte de brujería. El que quiera mirar al buque y no sufrir el castigo de la torcedura, debe tratar de que los tripulantes no se den cuenta. Este buque navega cerca de la costa y cuando se apodera de una persona, la lleva a visitar ciudades del fondo del mar y le descubre inmensos tesoros, invitándola a participar en ellos con la sola condición de no divulgar lo que ha visto. Si no lo hiciera así, los tripulantes del Caleuche, lo matarían en la primera ocasión que volvieran a encontrarse con él. Todos los que mueren ahogados son recogidos por el Caleuche, que tiene la facultad de hacer la navegación submarina y aparecer en el momento preciso en que se le necesita, para recoger a los náufragos y guardarlos en su seno, que les sirve de mansión eterna.

Cuando el Caleuche necesita reparar su casco o sus máquinas, escoge de preferencia los barrancos y acantilados, y allí, a altas horas de la noche, procede al trabajo.




EL TRAUCO

El Trauco, es un hombre pequeño, no mide más de ochenta centímetros de alto, de formas marcadamente varoniles, de rostro feo, aunque de mirada dulce, fascinante y sensual; sus piernas terminan en simples muñones sin pies, viste un raído traje de quilineja y un bonete del mismo material, en la mano derecha lleva un hacha de piedra, que reemplaza por un bastón algo retorcido, el Pahueldún, cuando está frente a una muchacha.

Es el espíritu del amor fecundo, creador de la nueva vida, padre de los hijos naturales. Habita en los bosques cercanos a las casas chilotas.
Para las muchachas solteras, constituye una incógnita que les preocupa y las inquieta. Según opinión de unas, se trata de un horrible y pequeño monstruo, que espanta y de cuya presencia hay que privarse, a toda costa. Otras opinan distinto y manifiestan, que si bien es feo, no es tan desagradable, sino, muy por el contrario, atractivo... Otras en lucha tenaz y permanente, dicen haberlo eliminado de sus pensamientos, en los que alguna vez vibró quemando sus entrañas...

Las madres toman todas las precauciones, para evitar que sus hijas, ya “solteras”, viajen solas al monte, en busca de leña o de hojas de “radal”, para el “caedizo” de las ovejas, ues generalmente es en el curso de estas faenas, cuando “agarra”, o con más propiedad “sopla”, con su “pahueldún”, a las niñas solitarias, pero nunca si van acompañadas, aún de sus hermanitos menores.
El Trauco no actúa frente a testigos...éste, siempre alerta, pasa gran parte del día colgado en el gancho de un corpulento “tique”, en espera de su víctima.
En cuanto obscurece, regresa a compartir la compañía de su mujer, gruñona y estéril, la temida Fiura.
Cuando desea conocer de cerca, las características de su futura conquista, penetra en la cocina o fogón, donde donde se reúne, al atardecer toda la familia, transformado en un manojo de quilineja, que en cuanto alguien intenta asirlo, desaparece en las sombras.
A las muchachas que le tiene simpatía, les comunica su presencia depositando sus negras excretas, frente a la puerta de sus casas.
Todo su interés se concentra hacia las mujeres solteras, especialmente si son atractivas. No le interesan las casadas. Ellas podrán ser infieles, pero jamás con él. Cuando divisa desde lo alto de su observatorio a una niña, en el interior del bosque, desciende veloz a tierra firme y con su hacha, da tres golpes en el tronco de tique, donde estaba encaramado, y tan fuerte golpea, que su eco parece derribar estrepitosamente todos los árboles. Con ello produce gran confusión y susto en la mente de la muchacha, que no alcanza a reponerse de su impresión, cuando tiene junto a ella, al fascinante Trauco, que la sopla suavemente, con el Pahueldún. No pudiendo resistir la fuerza magnética, que emana de este misterioso ser, clava su mirada en esos ojos centellantes, diabólicos y penetrantes y cae rendida junto a él, en un dulce y plácido sueño de amor.... Transcurridos minutos o quizás horas, ella no lo sabe, despierta airada y llorosa; se incorpora rápidamente, baja sus vestidos revueltos y ajados, sacude las hojas secas adheridas a su espalda y cabellera en desorden, abrocha ojales y huye, semiaturdida, hacia la pampa en dirección a su casa.
A medida que transcurren los meses, van apreciándose transformaciones, en el cuerpo de la muchacha, poseída por el Trauco. Manifestaciones que en ningún instante trata de ocultar, puesto que no se siente pecadora, sino víctima de un ser sobrenatural, frente al cual, sabido es, ninguna mujer soltera está lo suficientemente protegida...
A los nueve meses nace el hijo del Trauco, acto que no afecta socialmente a la madre ni al niño, puesto que ambos, están relacionados con la magia de un ser extraterreno; quien no siempre responde al “culme”, lanzado con el objeto de alejarlo y escapar de los efectos de su presencia; o los azotes, dados a su Pahueldún, que debería afectarlo intensamente; como en igual forma a la quema de sus excrementos. Su potencia es tal, que en ciertas ocasiones, nada ni nadie puede detenerlo.





DOMO Y LITUCHE

Hace infinidad de lluvias, en el mundo no había más que un espíritu que habitaba en el cielo. Solo él podía hacer la vida. Así decidió comenzar su obra cualquier día.

Aburrido un día de tanta quietud decidió crear a una criatura vivaz e imaginativa, la cual llamó "Hijo", porque mucho le quiso desde el comienzo. Luego muy contento lo lanzó a la tierra. Tan entusiasmado estaba que el impulso fue tan fuerte que se
golpeó duramente al caer. Su madre desesperada quiso verlo y abrió una ventana en el cielo. Esa ventana es Kuyén, la luna, y desde entonces vigila el sueño de los hombres.

El gran espíritu quiso también seguir los primeros pasos de su hijo. Para mirarlo abrió un gran hueco redondo en el cielo. Esa ventana es Antú, el sol y su misión es desde entonces calentar a los hombres y alentar la vida cada día. Así todo ser viviente lo reconoce y saluda con amor y respeto. También es llamado padre sol.

Pero en la tierra el hijo del gran espíritu se sentía terriblemente solo. Nada había, nadie con quién conversar. Cada vez más triste miró al cielo y dijo: ¿Padre,
porqué he de estar solo?

En realidad necesita una compañera -dijo Ngnechén, el espíritu progenitor.

Pronto le enviaron desde lo alto una mujer de suave cuerpo y muy graciosa, la que cayó sin hacerse daño cerca del primer hombre. Ella estaba desnuda y tuvo mucho frío. Para no morir helada echó a caminar y sucedió que a cada paso suyo crecía la hierba, y cuando cantó, de su boca insectos y mariposas salían a raudales y pronto llegó a Lituche el armónico sonido de la fauna.

Cuando uno estuvo frente al otro, dijo ella: - Qué hermoso eres. ¿Cómo he de llamarte? . Yo soy Lituche el hombre del comienzo. Yo soy Domo la mujer, estaremos juntos y haremos florecer la vida amándonos -dijo ella-. Así debe ser, juntos llenaremos el vacío de la tierra -dijo Lituche.

Mientras la primera mujer y el primer hombre construían su hogar, al cual llamaron ruka, el cielo se llenó de nuevos espíritus. Estos traviesos Cherruves eran torbellinos muy temidos por la tribu.

Lituche pronto aprendió que los frutos del pewén eran su mejor alimento y con ellos hizo panes y esperó tranquilo el invierno. Domo cortó la lana de una oveja, luego con las dos manos, frotando y moviéndolas una contra otra hizo un hilo grueso. Después en cuatro palos grandes enrolló la hebra y comenzó a cruzarlas.

Desde entonces hacen así sus tejidos en colores naturales, teñidos con raíces.

Cuando los hijos de Domo y Lituche se multiplicaron, ocuparon el territorio de mar a cordillera. Luego hubo un gran cataclismo, las aguas del mar comenzaron a subir guiadas por la serpiente Kai-Kai. La cordillera se elevó más y más porque en ella habitaba Tren-Tren la culebra de la tierra y así defendía a los hombres de la ira de Kai-Kai. Cuando las aguas se calmaron, comenzaron a bajar los sobrevivientes de los cerros. Desde entonces se les conoce como "Hombres de la tierra" o Mapuches.

Siempre temerosos de nuevos desastres, los mapuches respetan la voluntad de Ngnechén y tratan de no disgustarlo. Trabajan la tierra y realizan hermosa artesanía con cortezas de árboles y con raíces tiñen lana. Con fibras vegetales tejen canastos y con lana, mantas y vestidos.

Aún hoy en el cielo Kuyén y Antú se turnan para mirarlos y acompañarlos. Por eso la esperanza de un tiempo mejor nunca muere en el espíritu de los mapuches, los hombres de la tierra.




LA PINCOYA
(CHILOÉ)

Entre sollozos y llantos, le relató lo acontecido. Apenas hubo de terminado de pronunciar la última frase de su historia, vio acercarse hacia ella, una delicada barca semejante a una lapa, llevando en su interior a su desaparecida hija; convertida ahora, en una hermosa joven, a quien dio el nombre de Pincoya. Las múltiples variedades de peces y mariscos, que el Millalobo, ofrece generoso al pueblo chilote, las siembras, en mares y playas, por intermedio de las maravillosas y fecundas manos de su hija predilecta, la Pincoya. Adolescente muy hermosa, de larga cabellera dorada, de encanto y dulzura incomparables. Sale desde las profundidades del mar, semi vestida con un traje de algas, a danzar a las playas. Cuando realiza su delicado baile mirando hacia el mar, significa que en esas playas y mares abundarán los peces y mariscos; en cambio si lo hace con el rostro vuelto hacia la tierra, indica a los pobladores que para la temporada venidera, los mencionados productos escasearán y por tal motivo, será menester salir en su búsqueda a playas y mares lejanos. No obstante, cuando la escasez, en ciertas regiones se prolonga por largo tiempo, por ausencia de la Pincoya, es posible hacerla volver, y con ella, la abundancia, por intermedio de una ceremonia especial. Cuando los chilotes, eternos vagabundos del mar, naufragan, siempre encuentran junto a ellos a la candorosa Pincoya, que acude pronto a su auxilio. Si por razones superiores, no logra su propósito de salvarlos, ayudada por sus hermanos La Sirena y el Pincoy, transporta con ternura los cuerpos de los chilotes muertos hasta el Caleuche, en donde ellos revivirán como tripulantes del barco fantasma y a una nueva existencia de eterna felicidad. Seguramente, por esta razón, los chilotes jamás temen al mar embravecido, a pesar que la mayoría de ellos no sabe nadar. El espíritu de la Pincoya, creado por su imaginación, al velar siempre por ellos, les infunde plena confianza, durante sus arriesgadas faenas por los océanos del mundo.



LA FIURA
(CHILOÉ)

Pequeño monstruo, en forma de mujer; el mito la muestra habitualmente, danzando sobre la débil alfombra, de un balanceante “hualve”, sin temor a que, en cualquier instante se rompa y la trague el pantano. Detiene su baile, para contemplar su horrible rostro, en el espejo de un charco y peinar su larga cabellera con un reluciente peine de plata. Contonea, coqueta, su exuberante busto y corre ágil, haciendo flamear su breve pollera roja, entre los troncos quemados de los roces, mimetizando sus miembros, con los semi carbonizados ganchos de los árboles. Se escabulle entre los matorrales, en busca del fruto de las espinosas “chauras”, que come con glotonería. El más leve ruido la asusta, adoptando de súbito, caprichosas y convulsionantes posturas; hace muecas horrendas con feísimo rostro y con sus ojos chispeantes, casi ocultos por una descomunal nariz; alarga sus brazos en todas direcciones y mueve nerviosamente los dedos deformes de una enorme mano, en demanda de una víctima, para “tirarle un mal aire”. La Fiura, hija única de la Condená, es la mujer del viríl Trauco, más esto no le impide ofrecer su amor a todos los hombres, a quienes impone, como severa condición, aceptarla con los ojos cerrados. No admite mirada alguna, ni siquiera la de los animales, sin aplicar al instante su castigo: El osado que se atrevió a mirarla, quedará torcido en algún lugar de su cuerpo. Si quien la mira es un niño o un animal, le deforma generalmente las extremidades, haciéndoles imposible la marcha, los tulle. Luchar contra ella, es tarea imposible; posee una fuerza y destreza tal, que cuantos hombres quieran pueden pelear con ella, pero los deja a todos maltrechos y contusos, cuando no quedan “teldelde” (trémulos). En cambio a ella, no se logra asestarle un solo golpe: “es como pegarle a la sombra” . Las deformaciones causadas por la Fiura, son prácticamente incurables; en casos afortunados, se consigue alivio, utilizando el siguiente tratamiento: al amanecer se corta una rama de la enredadera llamada “pahueldún”, una vez transportada junto al enfermo, se la azota, hasta arrancarle la savia; líquido que debe beber el enfermo y enseguida se la lleva arrastrando hasta la playa, para lanzarla al mar (en Europa, los pueblos primitivos realizaban una ceremonia parecida, con el árbol, que representaba el espíritu de los árboles). Por haber obtenido, con ello, buenos resultados, también se aconseja tomar raspaduras de “Piedra de Ara”.


ESPERO NO HABERLOS CANSADO... HAY MAS, SOLO PIDANLAS!...CON CARIÑO PARA USTEDES.
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MensajeTema: Re: MITOLOGIA. LEYENDAS DE MI SUR CHILENO.   Vie Ene 23, 2009 8:35 pm

Amiga qué bueno que encontraste algo. Es parecido al librito que te comenté de Chiloé. Y está bien tener algo de miedo al respecto, es prudente,ja!
Son en su mayoría seres de la naturaleza rebeldes. En cuanto al Caleuche, tenía otra versión relacionándolo más directamente con la Ciudad Encantada, y en tal carácter más benéfico. Si alguna vez encuentro algo lo subo.
Muy bueno el aporte, que leeré más tarde con mayor detenimiento.
Gracias amiga Liza!!!
Besos AzulHados
Que las Hadas del Señor sigan inspirándote!
Alejandro


PD:
Citación :
DOMO Y LITUCHE
Acabo de leerlo, es muy hermoso amiga.Gracias una vez más.Besos
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Liel Cor
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MensajeTema: Re: MITOLOGIA. LEYENDAS DE MI SUR CHILENO.   Vie Ene 23, 2009 9:09 pm

Una hermosa leyenda... de Domo y Lituche, también es de mi agrado.
Si, hay muchas versiones del Caleuche...buscaremos las otras...un beso adomado
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Ale-arte
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MensajeTema: LEYENDA DE LA MUTISIA   Dom Ene 25, 2009 5:06 pm


La Flor llamada Mutisia,tiene la particularidad que si se la corta(la flor), la planta muere.
Las leyendas Mapuches no hacen distinción sobre un lado u otro de la cordillera amiga Liza. No encontré como es en el relato del libro "Cuentan Los Mapuches" . Pero este es muy similar.Gracias por tus aportes!!!
Si Chao ayuda segurimos encontrando leyendas.
Besos AzulHados
Alejandro

PD: Segun la leyenda, si mal no recuerdo esto sucede cerca del Volcan Lanin.+Bs


"Hace ya mucho tiempo los fértiles valles de la cordillera estaban ocupados por tribus mapuches. Painemilla (oro azul), era un cacique altanero y violento que pretendía imponer su dominio sobre todas las tribus vecinas. Los que no se le sometían eran sus enemigos irreconciliables y con ellos mantenía frecuentes guerras.

Tal era el caso de Huenumán (cóndor del cielo),quien no se doblegaba a las pretensiones de su vecino y seguía luchando por su independencia y autonomía. Un antiguo rencor separaba a ambos jefes de sus súbditos.

Pero la flor del amor brota también en lugares inhóspitos como los pehuenes entre las rocas. Así sucedió que Millaray (flor de oro),la joven hija de Painemilla, se enamoró locamente de Ñancumil(aguilucho de oro),hijo precisamente de su enemigo, el cacique Huenumán. Se vieron muchas veces a escondidas por temor al odio entre sus padres.

En cierta ocasión, toda la tribu de Painemilla estaba reunida celebrando un Nguillatún en una gran explanada. Durante la noche todos dormían menos la machi que velaba junto al rehue (altar), cuidando la sangre del animal sacrificado. De pronto, un graznido potente rompió el silencio nocturno:era el Pun Triuque (chimango de la noche) quien con su grito de alerta presagia desgracias. La machi se estremeció y escuchó atentamente cualquier ruido que pudiera delatar el suceso anunciado por el pájaro agorero. Miró atentamente a su alrededor escudriñando a través de las tinieblas. Un ruido sospechoso hizo que enfocara hacia allá su mirada observando cómo sigilosamente escapaban entre las sombras dos jóvenes que alcanzó a reconocer:eran Millaray y el hijo del enemigo tomados de la mano. La machi quedó perpleja y decidió consultar con el pillán,o deidad de su devoción, cómo proceder en estas circunstancia. –“¿Debo o no avisar al padre de la niña?” –“Sí” -le contestó el pillán. Inmediatamente corrió al toldo del cacique y delató la fuga de su hija. Al salir se sobresaltó de nuevo. ¡Oh desgracia! Por segunda vez escuchó el alarmante grito del Pun Triuque. Painemilla muy enojado ordenó la persecución y captura de los muchachos. Al poco rato fueron apresados y traídos ante la presencia del cacique.

Inmediatamente fueron juzgados y condenados a muerte.De nada les sirvió explicarles que querían casarse respetando todos los rituales y costumbres de la tribu y que nada malo les hacían a los demás. El no participar del odio al enemigo era para ellos un gran delito. Inmediatamente se dispusieron a ejecutar la sentencia y por tercera vez se escuchó el afligido y doliente grito del Pun Triuque. Ya nadie lo escuchó. Ambos jóvenes fueron atados a un poste y con lanzas y machetes, entre gritos e insultos les dieron la más cruel de las muertes.

Abandonaron los cuerpos ya sin vida colgando del palo y se retiraron a sus toldos. A la mañana siguiente una sorprendente maravilla esperaba a los verdugos de esta inocente pareja de enamorados. En el mismo lugar donde estaban los cuerpos de los jóvenes habían nacido unas hermosas flores nunca vistas hasta entonces. Parecidas a las margaritas, tenían largos pétalos anaranjados y se abrazaban al poste del sacrificio igual que una enredadera, como se abrazaban los enamorados. -¡Quiñilhue, Quiñilhue! –gritaron admirados los primeros que las vieron.

Todos fueron a ver al prodigio y no salían de su asombro. Avergonzados y arrepentidos, los mapuches empezaron a venerar esa flor llamada mutisia por los blancos que desconocen su origen, y desde entonces le dicen Quiñilhue como los primeros que la vieron. Las almas de los jóvenes amparadas por el Futa Chao (padre grande) en el país del cielo,se amarán por siempre, mientras esa delicada flor de pétalos dorados nos recuerda su martirio dado por hombres injustos".

Fuente: Marcelino Castro García
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MensajeTema: Re: MITOLOGIA. LEYENDAS DE MI SUR CHILENO.   Dom Ene 25, 2009 10:45 pm

Qué hermosa leyenda! La mayoría de estas leyendas, a veces son olvidadas o no apreciadas. Son nuestras tradiciones, nuestras raíces, nuestras costumbres, al igual que la música folclórica, existen un sin número de canciones antiguas con una letra maravillosa, que están olvidadas... Sería interesante, que las rescataramos, si?

Encontré algo acerca del colihue...

"...Cuando florece entre los meses de Octubre a marzo, hecho que no ocurre todos los años, aporta gran cantidad de alimento ..."

Tras la floración, ésta planta muere..."


Seguiré buscando algo más...

Cariños y te leo.
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MensajeTema: Re: MITOLOGIA. LEYENDAS DE MI SUR CHILENO.   Dom Ene 25, 2009 11:14 pm

LA LEYENDA DE "AILLAQUILLÉN"



ISLA AILLAQUILLEN EN EL LAGO VILLARRICA

Se trata de la historia de una doncella de singular belleza, como no había otra en aquellos tiempos remotos en que ella, “Aillaquillén — “hija de las nueve Lunas”, en lengua aborigen—, lucía su hermosura y atractivos encantos cuando se paseaba, en las mañanas luminosas, por las orillas del Mallolafquén, nombre primitivo del Lago Villarrica. Su padre, el cacique Quitralcura, había sido uno de los indios más poderosos del lugar, pero, a la sazón, yacía en el seno de la tierra, disgregándose como todo lo desvanecido al retornar, con el último hálito, a las formas ancestrales, en su silente y oscuro tránsito hominal, al origen de los elementos diminutos, encadenados al proceso eterno de la evolución y de la vida.
Cumpliendo con las leyes naturales que rigen los avatares del hombre, el viejo Quitralcura frecuentaba, con ciertos intervalos, aquellos sitios que habían sido sus dominios, y así su espíritu en estado larvario y tomando formas grotescas, monstruosas e inverosímiles, aparecía entre los indios, esparciendo entre ellos el espanto y el terror…”
Contrariando, al parecer, el natural suceder hermético de los fenómenos de las sombras, según los mitos aborígenes, el padre de Aillaquillén parecía haberse instalado en las entrañas del Quitralpillán, convertido ya en uno de los tantos dioses protectores del Mallolafquén. Pero a veces abandonaba su morada “y sobrenadando en el mar de nubes que solía en volver la cima del volcán, contemplaba, desde las ventanas azules del infinito, las hermosísimas campiñas que fueran teatro de sus hazañas legendarias…”
Y así vigilante desde su atalaya celeste, cuando Quitralcura observaba que los indígenas se entregaban a la ociosidad y el vicio, hacia desatar las furias internas , aprisionadas en el seno ígneo de la montaña, que “sacudían con bruscos estremecimientos las tierras del Mallolafquén, arrojando sobre los campos y las aldeas un torrente de lodo abrasador y hacía caer sobre las poblaciones atemorizadas una lluvia de cascajo y cenizas, mientras una espesa columna de humo ennegrecido, retorciéndose en siniestras espirales, enceguecía al Sol”.
Pero una noche en que Quitralcura rondaba por los aledaños de la ruca de Aillaquillén, pudo oír claramente las palabras de algunos indios que le revelaron que Nahuelhual, un porfiado pretendiente de su hija, planeaba el rapto de la joven, despechado porque ésta no aceptaba sus requerimientos. Por lo mismo, ella estaba siempre rodeada de una guardia poderosa que la defendería hasta la muerte.
El momento era decisivo. Los raptores esperaban la orden, una señal del jefe indígena, para proceder… Y fue entonces cuando los hombres de Nahuelhual atacaron, con muchas precauciones, naturalmente, para no causar el menor rasguño a la codiciada Hija de las nueve Lunas… Más, cuado los guerreros de ambos bandos, se hallaban en lo mejor de la pelea, la joven escapó. Corrió por entre los matorrales hasta que logró alcanzar las márgenes del lago, y allí en un pequeño varadero había una canoa… Aillaquillén trepó en ella y empezó a bogar hacia la orilla opuesta.
El Joven cacique corrió dando gritos en pos de los pasos de la amada imposible, pero todo fue en vano; la hermosa joven bogaba lejos del alcance del indio enamorado. Sin embargo éste, confiado en su fuerza y destreza para arrojar venablos, se dispuso a consumar el acto cobarde que le inspiraba su desesperación. Y cuando se aprestaba al lanzar el arma, “un estampido formidable que repercutió en el infinito, detuvo el curso de su brazo vengador, y como si todos los elementos hubieran obedecido a una misma orden, se dejaron caer sobre la tierra en espantosa confusión…”
Un viento de fuerza irrefrenable sacudía las aguas del lago. Nubarrones negros y amenazantes como monstruos se retorcían en la altura, heridos por la luminosa segur de los relámpagos, y en brevísimo tiempo empezó a llover a cántaros como si el cielo hubiera abierto todas sus esclusas… Y como si eso fuera poco, terribles estremecimientos telúricos empezaron a desencadenarse, transformándose finalmente en una espantosa ebullición de fuego y lava…“Las cordilleras se desmoronaban, y girando en vertiginosas contorsiones, un mar de llamas se escapaba por las heridas que iba abriendo el cataclismo…”
Nunca los hombres de aquellas regiones habían visto un fenómeno tan terrible y devastador, pues semejaba una hornalla del averno. La masa ígnea vomitada por el volcán resbalaba hacia el plan y se deslizaba como nata siniestra sobre la superficie del Mallolafquén, amenazando la débil embarcación en que huía del cobarde Nahuelhual la infortunada “Hija de la Nueve Lunas”.
Y entonces se produjo la escena dantesca que jamás imaginaran los pillanes de los ocultos báratros andinos: el enorme torbellino de lava cubrió el cuerpo de la bella muchacha, sepultándola en el fondo del Mallolafquén…
Y cuenta la mitología nativa que los aborígenes sobrevivientes de aquel desastre vieron después de algunos años que todo se habría transformado. Nuevas montañas ocupaban los lugares barridos por las furias escondidas en la hondura de la tierra india, y sólo el eterno Mallolafquén permanecía inalterable y bello, reflejando en el espejo azul de sus aguas el cielo inmenso que había sido testigo de ese cataclismo que registran los anales de los siglos. Y allí en su seno undoso, duerme para siempre Aillaquillén “La hija de las nueve Lunas”.
Pero ocurre que a veces ― a lo lejos afortunadamente ―, al recordar Ella, en su sueño milenario, los monumentos culminantes del desastre, el Villarrica se estremece, abre su cono de gehena maldita y derrama su torrente de fuego y lava, como en aquel tiempo tan lejano en que arrastró a la mas hermosa doncella de la comarca hacia el fondo del lago…


Nota: La isla o morro, llamada habitualmente, del Lago Villarrica tiene por nombre Aillaquillén.

Quitra: pipa de fumar
Pillán¹: pëllü-am (pëllü-an) pëllü: alma, espíritu humano, llegado a su estado (y lugar) definitivo antepasado.
Pillán²: pëllü-am, además: fuego, trueno, temblor, volcán, diablo.
Ruca: Morada, choza, casa mapuche
Quitralpillán: Volcán de fuego.
Quitralcura: Pipa de piedra.
Ailla: nueve. Es componente personal (nombre) en muchos apellidos araucanos.
Quillem, Quillen: cüllem
Cüllem: Lagunitas de agua que se forman en el invierno (o de cüyen: la luna, el mes)
Mallalauquén (Mallohualafquen): -mallo: greda blanca.
Lafquén: mar, lago. Lago de greda blanca; nombre mapuche del lago Villarrica.


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MensajeTema: Re: MITOLOGIA. LEYENDAS DE MI SUR CHILENO.   Lun Ene 26, 2009 1:10 am

Muy bueno amiga Liza, un placer leer esta leyendas,aunque(te lo digo bajito para que nadie se entere), algunas partes asustan,ja!
Gracias Liza!!!
Besos AzulHados
Que las Hadas del Señor sigan inspirándote!
Alejandro

PD:Si encuentro algo lo subo enseguida, mapu se alegra amiga.+Besos
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MensajeTema: Quizás algo sobre Lin Lin(La Ciudad Encantada)   Lun Ene 26, 2009 7:20 pm

Amiga Mapu, quizás algo sobre Lin Lin. Espero que te guste.
Besos AzulHados
Que las Hadas del Señor sigan inspirándote!
Alejandro


Material publicado en el libro "Cuentan los Mapuches", Biblioteca de la Cultura Argentina.

LA CIUDAD DEL LAGO HUECHULAFQUÉN - EL LAGO LOLOG

Recopilado por Berta E. Vidal de Battini, 1984. Narrado por Sabino Cárdenas, 1960, Junín de los Andes (Neuquén). Peón de campo con escolaridad primaria completa.

Pedro Novoa contaba que en el fondo del lago Huechulafquen había una población, que según decía él, aparecía y desaparecía. Que cuando había tempestad aparecía y se veían casas, galerías y la torre de una iglesia. Y cuando alguien se acercaba desaparecía. También decían que de diciembre a enero, a las doce del día aparecía la ciudad y que se podía ver muy bien todo. Cuando alguien se quería acercar desaparecía. Él decía que la veía siempre con toda claridad.

En ese tiempo fue mucha gente a ver la población. Hasta el comisario fue a verla. Unos dicen que la vieron, otros no la pudieron ver. La población aparecía y desaparecía.

Dicen que en el fondo hay unos cerros, donde se forman los baños, en donde puede haber desaparecido esa población.

Hay muchos misterios en los cerros y en los lagos de estas partes. En el lago Lolog, todos dicen que aparecen animales. Que sale una vaca, y cuando la corren se hunde en el lago. Dicen también que en el fondo hay una población.

También hay un misterio en la Cordillera. Se enoja la Cordillera cuando pasa la gente. En todo tiempo, en pleno verano, cuando van a cruzar, se declara el temporal de nieve o de lluvia. Ahora, por ejemplo, ya están pasando hacienda y comienza el tiempo feo. A veces se descubren por eso los contrabandos.

Por eso yo creo que tiene que haber una ciudad perdida, ahí en el lago Huechulafquen. Puede ser hasta el fin del mundo.

Rewe donde la Machi se sube en el Nguillatun (Ceremonia religiosa)
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Alenairam
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MensajeTema: Re: MITOLOGIA. LEYENDAS DE MI SUR CHILENO.   Lun Ene 26, 2009 8:20 pm

UNA EXCELENTE ENTREGA, QUE BONITA FORMA DE CONOCER PARTE DE LA CULTARA DE UNA SOCIEDAD, ME GUSTARON MUCHO LAS LEYENDAS, UN SALUDO.
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Ale-arte
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MensajeTema: La Leyenda del Amancay   Mar Ene 27, 2009 11:00 pm

Alenairam escribió:
UNA EXCELENTE ENTREGA, QUE BONITA FORMA DE CONOCER PARTE DE LA CULTARA DE UNA SOCIEDAD, ME GUSTARON MUCHO LAS LEYENDAS, UN SALUDO.
Gracias Ale, la idea es de Liza que vive en la zona de los Mapuches. La verdad que se pasó, y a mí es una cultura que siempre me parece poco lo que sé y además los respto mucho, así que me prendí y la ayudo aportando.
Besos
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Alejandro


Amiga Mapu aquí encontré la Leyenda del Amancay, espero que te guste.
Así que amiga seguimos avanzado de a poquito.
Gracias Liza!!!
Besos AzulHados
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Alejandro


La Leyenda del Amancay

Enla orilla derecha del río Manso y hasta su nacimiento en el valle del Lolol Mahuida, vivían los indios Vuriloches.
Quintral, hijo del cacique, gustaba recorrer cazando y pescando en la orilla del río y así llegaba hasta Co-carí (lago Mascardi). Fue en uno de esos paseos que conoció a Amancay, quién se enamoró de aquel joven apuesto y valiente,llegando a convertirse este sentimiento en el amor irrealizable por ser ella de humilde origen. De esta manera fue pasando el tiempo, hasta que un día llegó hasta ellos una epidemia que comenzó a diezmar la tribu, cayendo enfermo el joven indígena.
Ante la imposibilidad de lograr su mejoría, enterada Amancay consultó a una Machi (hechicera), a quien le confió el secreto para obtener el remedio. El mismo consistía en una infusión preparada con una flor que crecía en la cumbre helada del Lolol Mahuida a sabiendas del peligro que corría, pero impulsada por su amor hacía el joven, lanzóse Amancay a la terneraria empresa,logrando su fin.
Ya en el descanso, feliz por haber logrado su cometido, al pie de una hermosa cascada, vio cernirse sobre ella la amenazante figura del cóndor, quien le exigió abandonara la preciada flor. Ante la negativa de Amancay propuso a esta que le dejase en cambio su corazón, lo cual aceptó la joven sin titubear.
Alejóse el rey de las alturas con el pequeño corazón entre sus garras,emprendiendo vuelo hacia su morada, tiñendo de gotas rojas su camino con la sangre que manaba del corazón.
Y en aquellos lugares regados y vivificados con la sangre de aquella indiecita,fue floreciendo una preciosa flor de varios pétalos, bella como su origen, teñida con gotas rojas de la sangre que había sido derramada en ofrenda de aquel sentimiento, queriendo pregonar de esta manera, un mensaje de amor por todos los valles y montañas del Co-carí.

Fuente:www.bolsonweb.com


Amancay en Flor
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Liel Cor
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MensajeTema: Re: MITOLOGIA. LEYENDAS DE MI SUR CHILENO.   Mar Ene 27, 2009 11:49 pm

Qué hermosa leyenda... me alegra tanto nutrirme de esta maravilla. Gracias Alejandro por acompañarme.... soles para ti.

Alenairam, gracias querida amiga por visitar nuestras leyendas.... un beso
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Liel Cor
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MensajeTema: Re: MITOLOGIA. LEYENDAS DE MI SUR CHILENO.   Mar Ene 27, 2009 11:56 pm



La Leyenda del Lanín

El viejo NAHUEL, cacique de la tribu de los Huiliches se encontraba sentado delante de su humilde choza. Observaba el drama nocturno, hermoso y espantoso a la vez. Lo observaba con los ojos desorbitados y estremecido hasta lo más profundo de su ser.
Nuevamente escupía el volcán Lanín destrucción y muerte a toda la comarca. Ese satánico y sin embargo tan venerado volcán. Venerado y querido por toda la tribu por sus copiosas siembras de fertilizante cenizas y sus vertientes de agua cristalina de los deshielos.
Pegajoso como la brea se le había grabado en su memoria aquella terrible vivencia de su juventud. En cada instante de su vida lo tuvo presente. Inolvidable! Terrible como una pesadilla de horror!.
Y justo hoy, ya en la víspera del ocaso de su vida se estaba repitiendo aquella terrible vivencia. Aquel inolvidable espectáculo. Tiritando de un repentino frío interior se ajustaba más su querido quillango, que cubría sus delgados hombros. Internas convulsiones sacudían de cuando en cuando a todo su esmirriado cuerpo.
Sus escalofríos eran de origen psíquico. Instintivamente presentía aproximarse un golpe del destino. Presentía, que este volcán diabólico le arrebataría su único consuelo. Lo único que le quedaba y lo que embellecía su vejéz.
Realmente era como si la rabiosa erupción del volcán se estuviera dirigiendo hacía él en persona. El debería ofrecerle al volcán el sacrificio. Acaso era aún digno de llevar su nombre? ¿el viejo NAHUEL, el “Tigre” temblaba ante el peligro que lo acechaba? ¿estaría acabado ya? ¿le había abandonado acaso la fuerza y el coraje?!
Aquella vez, haría aproximadamente una generación, que en esta áspera cordillera suele durar apenas unos cincuenta años, su madre lo había arrancado del profundo sueño de niñez. Angustiada lo había apretado contra su pecho mientras corría con el fuera de la choza. Aún se acordaba que había gritado asustado. Tan brutalmente jamás lo había tratado. Corriendo locamente lo fue calmando con amorosas palabras. “Quédate tranquilito, mi Nahuelcito! mi pequeño Tigrecito! El espíritu bueno nos protegerá y nos salvará!” Luego, se había percatado que su madre se precipitaba tras su padre, quien sujetaba con cada mano sus dos hermanitas mayores. A pesar de ser plena noche parecía arder todo el ambiente.
El ensordecedor crujir y crepitar de las llamas fue callado por instantes por el tronar del volcán. Donde la lava cual enorme serpiente fogosa se abría buscando camino, ardían franjas enteras de gigantescos árboles centenarios, como antorchas infernales iluminando el cielo nocturno. Mientras la familia del cacique huía, se movía y se sacudía el suelo debajo de sus pies furtivos. Aparentando fantasmas se elevaban hacía el cielo nubes blancas de vapor.
Desde los lugares más elevados del volcán, donde en cuestión de minutos la candente lava derretía la nieve y hielos eternos, bajaban torrentes de agua, arrastrando consigo todo lo que encontraban en su trayecto. A estas fuerzas naturales enfurecidas nada le pudo hacer frente. Enormes árboles, arrancados con las raíces de sus bases, bajaban dando tumbos desde lo alto en los torrentes de agua y lodo. Rodando y rodando parecían gigantes gesticulando con sus enormes brazos. Parecía como si intentaran sujetarse de algo en su danza moribunda. Donde los ríos de lava candente se precipitaban al cercano lago Paimún, hervía el agua. Decenas de metros y con silbido demoniaco se elevaba agua y vapor al cielo. Centenares de gordas percas flotaban muertas sobre su agitada superficie.
Durante las diversas erupciones del enfurecido volcán volaban enormes masas de roca candente. En todas partes reinaba devastadora destrucción y tremenda mortandad. El volcán Lanín, cuyo nombre significa “sumergido en cenizas” había estallado con ferocidad después de decenios de años de silencio. Más de la mitad de la tribu de los Huiliches que entonces habitaba aquel lugar, había sucumbido en aquella trágica noche. Fallecieron con horribles tormentos gritando su desesperación al cielo. Murieron destrozados por la lluvia de rocas candentes, ahogados por las enormes masas de torrentosas aguas y lodo y quemados por la lava que descendía de la altura.
Su padre, el cacique NAHUEL, fué despertado aquella noche trágica por un presentimiento. Podría haber sido por las leves ondulaciones del suelo que en general se suelen anticipar a una posible erupción. O bien por el quedo rumor subterráneo del volcán, otro síntoma que preanunciaba un posible movimiento.
Aquella noche había salido el cacique de su humilde choza observando con gran temor al gigantesco volcán, que lucía maravilloso en su blanca inocencia. Resaltaba contra el cielo nocturno con su hermosa silueta. Aún estaba observando el volcán, cuando repentinamente su perro negro de caza, el fiel Curicó, comenzó a llorar y a gemir. Esa infalible señal de alarma fué decisiva para la salvación de toda la familia Nahuel. Ahora se trataba sólo de minutos. Tenía que anticiparse a la pronta erupción principal, generalmente la superior de todas. Desde ese momento corría la familia entera para salvar sus vidas. A sus espaldas ya había comenzado el desastre. El diabólico cerro había comenzado a escupir muerte y destrucción. El pequeño Nahuel entonces, había espiado con ojos desorbitados y curiosos para ver aquel espectaculo inolvidable. Solo por pocos instantes, para luego cerrarlos encandilado y cegado por la inmensa luz.
Su madre, en su desesperada corrida presa del pánico y para salvarlo y salvarse de una muerte segura no se había percatado que parte de su cabecita sobresalía por sobre su hombro izquierdo. De esa manera se encontraba justo en dirección hacia el enfurecido volcán. Por eso se había gravado aquella noche pavorosa para siempre en la memoria de Nahuel.
Durante toda su vida la tuvo presente. Sólo necesitaba cerrar los ojos, evocando aquella noche de la erupción para revivir todo el horroroso espectáculo. ¿Cuántas veces ya lo había evocado en su vida? No lo sabía. Sabía, que era locura evocar todo lo terrible solo para volver a sufrir nuevamente. Pero fué como una maldición, como una indispensable droga que exigía su cerebro.
Después de tres días se había calmado el volcán aquella vez. Durante ese tiempo se habían sucedido sus erupciones sin descanso. Parecía que jamás terminaría de brotar de su interior el líquido candente. Luego se calmó y quedó mudo, tan repentinamente como había estallado días anteriores. Sólo de vez en cuando echaba al cielo una nube de humo blanco, aparentando un gigante fumando su pipa.
Lentamente bajaba y bajaba desde la atmósfera la ceniza expulsada anteriormente, cubriendo toda la comarca con un manto gris uniforme de hasta diez y más centímetros en algunas partes.
Los padres de Nahuel habían perdido todo. Pero seguían con vida! respiraban penosamente y les ardían y lagrimeaban los ojos por el aire saturado de gases y cenizas. No les importaban aquellas pequeñas molestias. Pudieron abrigar la esperanza de volver a ver nuevamente algún día no lejano al astro sol.
En aquel entonces su padre no había podido ayudar a los demás sobrevivientes. Cada familia tuvo que preocuparse en primer lugar por su propia supervivencia. El prevenido cacique había enterrado cerca del Lago gran parte de su última cosecha de piñones. Son las semillas de la Araucaria Cordillerana, por ellos llamada PEHUEN y sumamente ricas en proteínas. Junto con la carne y leche de algunas chivas que se habían salvado del desastre, pudieron asegurar por lo pronto el sustento de su familia.
El volcán se había calmado y los sobrevivientes se habían reunido. Algunos de ellos valientes y astutos comenzaron nuevamente a reconstruir sus chozas al mismo pie del volcán. La tentación fué demasiado grande, pues allí tenían a mano en cualquier momento aguas cristalinas del deshielo, para su uso personal y también para el riego de sus huertas. El suelo allí fertilizado con una gran capa de ceniza, rica especialmente en potasio, prometía superproductividad. Con algunos riegos temporáneos se convertirían estas tierras en poco tiempo en huerta de paraíso, donde se cosecharía de todo y en abundancia. Habrán pensado, que una generación es un largo tiempo y hay que arriesgarse. Además sus erupciones fueron menores y de menos daño. Y si sucedían en verano, mientras quedaba poca nieve y hielo en sus cumbres, la lava se reducía a sólo algunos ríos y los daños ocasionados pero soportables. Por los menos confiaban, que la próxima erupción seria de menor grado.
Pero el padre de Nahuel, el cacique de la tribu, había preferido edificar esta vez en lugar seguro. Tal vez no tan fértil como en la ladera del volcán, pero por lo menos a distancia mayor. Decidió construir su choza en la vera opuesta al lago Paimún. Igual se encontraba frente al imponente volcán, pero los separaba de éste el lago. También allí habían elevadas montañas, bosques tupidos y vertientes cristalinas. No importaba si éstas no podian competir con las laderas del volcán.
Estas laderas de los cerros en la margen del Paimún estaban cubiertas con árboles sanos. Ñires, Coihues y Lengas. No faltaría madera buena para edificar bien, para cercar las huertas y corrales de los chivos. También para calentar el hogar durante los largos meses de invierno. Habían arbustos de todo tipo, bosquecillos de Radales, unos y otros Pehuenes viejos y cañas, cañas de colihue en abundancia.
Edificó su choza a cierta distancia del lago en una ladera de aquel cerro. Desde allí tenía una visión estratégica sobre el lago, el volcán y sobre todo el valle de la pampa grande de la unión de los tres lagos. El Huechulafquen, el mayor de los tres y que desaguaba a todos por el río Chimehuin; el Epulafquen y el Paimún. Estos tres lagos se encontraban unidos entre sí como una hoja de trébol.
Al temido Lanín lo tenían ahora directamente ante sus narices. Cerca, como para agarrarlo con la mano. Ese inmenso gigante de casi cuatro mil metros de altura, cubierto en su parte superior con nieves y hielos eternos. Eso sí mientras se encontraba descansando en calma para recuperar fuerzas. Los Nahuel por los menos se encontraban seguros contra cualquier imprevisible erupción. Los separaba la anchura del lago Paimún de unos seiscientos a ochocientos metros.
Aquí, ante la choza de su difunto padre se encontraba Nahuel en estos momentos, mirando rígidamente hacia el volcán en plena erupción. Gracias a la prevención de su padre se encontraban en estos momentos él y su hija a salvo de la furia desatada.
Pero; ¿y los demás? ¡¿los pobres seres de su tribu, que confiados habían vuelto a levantar sus chozas y huertas en las laderas del volcán?! ¿Qué será de ellos?! ¡otra vez deberán correr para salvar sus vidas! ¡y quién sabe, si el furioso volcán les dará tiempo para eso!. Allí residía también la hija mayor de Nahuel. ¿Qué destino tendrá ella y su familia ahora? ¿muertos tal vez? ¿enterrados o ahogados? ¿destrozados y carbonizados? ¡sólo Dios lo sabe!
Mientras él, se encontraba en estos instantes en lugar seguro delante de su choza como petrificado, imposibilitado de poder ayudar a nadie. También en esta ocasión expedía el volcán hacia el cielo nocturno con estruendo ensordecedor rocas candentes y lava candente. Algunos de ellos ya habían alcanzado el lago Paimún. Con tremendos silbidos se volcaban hacía él. Enormes nubes blancas de vapor emanaban del lago. Como un enorme telón impedían de tiempo en tiempo la visión del horrendo drama de la naturaleza. Zigzagueantes sombras de diversos colores y originadas por el humo y vapor ondeante dieron vida real a la terrible escena, cambiando permanentemente la pavorosa imágen del suceso.
Repentinamente lo rodearon dos tibios brazos de mujer desde su espalda. El viejo cacique temblaba, mientras un suave rostro se plegaba cariñosamente al suyo, curtido por el sol y el viento. ¿Por qué estás temblando, papá? ¿Por aquel cerro furioso?. Ya se volverá a calmar de nuevo!” “Es cierto, Zulema; pero piensa en los seres que residen allí en sus laderas!” “Entre ellos tu hermana mayor y su familia. ¿Todos aquellos, que caprichosamente volvieron a edificar al pie del volcán están inevitablemente perdidos! terrible y furioso como hoy no lo tengo en memoria cuando niño. Cuando el desastre se devoró la mitad de nuestra gente. ¿O será que aún fui tan pequeño, que no pude apreciar y comprender a magnitud de aquella destrucción? ¡Si el cerro sigue enfurecido varios días como en estos momentos no se salvará ni una sola alma de los que residen allá!”. Sus últimas palabras fueron acompañadas de un espantoso tronar, mientras el suelo oscilaba en un vaivén, como si la costra terrestre fuera hecha de cartón ondulado. Nahuel se había levantado sobresaltado. Repentinamente ambos se encontraron abrazados. Los movimientos ondulantes de la tierra iban en aumento. Enormes árboles milenarios se movían amacándose de un lado a otro como si fueran tiernas plantas azotadas por el viento. Lentamente iba mermando y alejándose el tronar subterráneo. Súbitamente un inmenso haz de fuego se elevó del cráter. Se mantenía erigido contra el cielo nocturno como una enorme antorcha para luego hundirse en la oscuridad.
Con materna ternura abrazaba Zulema a su padre. Con ojos desorbitados se mantenía parado el pobre viejo como petrificado. “Querido padre”: un pañuelo. “Ningún poder humano es capaz de desviar el destino. El destino de uno está marcado ya desde su nacimiento. Yo presiento el mio!” Nuevamente, temblaba el anciano en sus brazos, sollozando como niño asustado. El también presentía aproximarse algo terrible, algo inevitable, atroz y perverso.
El volcán se portó similar a la erupción anterior durante su niñez. Con todo su ímpetu enfurecido actuó durante tres días y tres noches. Expulsó de su interior miles de toneladas de rocas candentes, líquido de magma y cenizas sembrando destrucción a su alrededor. Había crecido varios metros más durante sus días de furia desatada. Luego sobrevino la calma. Lentamente mermaba también la lluvia de cenizas que descendía desde la atmósfera. Cada tanto se elevaba desde su cráter una pequeña nube blanca de vapor perdiéndose en el cielo. Aparentaba ahora a un tranquilo gigante fumando su acostumbrada pipa.



Es un poco extensa... pero está completa.
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Jaime Olate
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MensajeTema: Re: MITOLOGIA. LEYENDAS DE MI SUR CHILENO.   Miér Ene 28, 2009 11:12 am

He leído con atención y mucho agrado las leyendas que han sobrevivido al tiempo. Como soy de Concepción ( del sur de Chile, un poco más al norte que Liel), ordenaré mis borradores acerca de las leyendas locales y las daré a conocer, aunque puede ocurrir que algún escritor coterráneo ya las haya enviado.

Vayan mis felicitaciones, no sólo por los textos, sino también por las hermosas fotografías; soy un enamorado de la belleza, Amancay en Flor la voy a copiar para tenerla en Mis Imágenes.

La historia cuenta que el bravo pueblo mapuche, que peleó contra la invasión española, llegó a Chile desde la Argentina. Otro lazo más que nos une con nuestros hermanos argentinos.
Saludos desde Chile
Jaime.
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MensajeTema: Re: MITOLOGIA. LEYENDAS DE MI SUR CHILENO.   Miér Ene 28, 2009 10:39 pm

Es verdad Jaime, por ello tenemos como dices, otro lazo que nos une a los hermanos argentinos.
En esa zona de Concepción, esisten hermosas leyendas... sería muy bueno las subieras...
Un placer que estes por aquí querido compatriota...un beso
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Liel Cor
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MensajeTema: Re: MITOLOGIA. LEYENDAS DE MI SUR CHILENO.   Miér Ene 28, 2009 10:51 pm


Leyenda: Puelche y ola blanca, Lago Villarrica
Hay hombres para los cuales no existen inconvenientes. Todo, lo superan. El mundo se les entrega mansamente, como la hoja otoñal se da al suave vaivén de la brisa acariciante.
En Villarrica vivió uno de esos seres excepcionales. Llegado desde tierras lejanas, trajo un acerbo poderoso de esperanzas y de esfuerzos. Luego, la región le fue absolutamente conocida. Y la supo dominar con el vuelo alígero de las velas de sus yates, o con el motor de sus lanchas, o con el fragor de sus barquitos a vapor. Luego, con el traqueteo de los motores a explosión que arrastraban a carrocerías llenas de pasajeros confiados en su pericia
Tal era don Enrique Felis Wiese.
Un día...
Porque algún día tenía que ocurrirle algo que le demostrara que era humano, y por lo tanto falible, un día estaba en Villarrica, junto a su PATRIA, uno de sus yates a vela. Reposaba un tanto de sus continuas preocupaciones, cuando recibió desde Pucón un llamado. Un grupo de pasajeros le requería para venirse hasta Villarrica. Urgía el viaje.
Don Enrique, dado a los secretos del lago, con el cual se hermanaba en la lucha continua, miró hacia Oriente. Movió la cabeza, marchó hasta el telégrafo y ordenó el siguiente despacho con destino a Pucón:

“BLANCA LE VIENE, MI NO LE PUEDE VA”

El vecino balneario supo de este lacónico informe, y los preocupados viajeros, y los amigos de don Enrique, se dieron a la tarea de descifrar esa charada. Unos decían que jamás don Enrique seria capaz de faltar a la cita de honor. Otros, que el señor Felis no se embarcaría, pues el viento puelche tomaba velocidades peligrosas y el Lago ofrecía una marejada impresionante.
Pasaron las horas. Don Enrique no llegó, y después se supo la explicación.
Buen marinero, don Enrique sabía el, secreto de las distancias para los vientos y para su vista. Aquel día, cuando extendió su mirada hacia la cordillera, rizando las aguas del lago, vió una estela blanca que avanzaba, cual albo ejército, hacia occidente. Comprendió lo que se avecinaba: la tempestad de viento, el huracón cordillerano que se venía encima, descendiendo desde las cumbres indomadas de Los Andes.
Y en su cerebro asomó la primera frase: BLANCA LE VIENE.
Significaba aquella estela de agua espumante que venía hacia Villarrica, presagiando la tormenta.
Y luego, como una explicación de caballero, un tanto avergonzado de no poder correr a la invitación siguió su telegrama: MI NO LE PUEDE VA.
¿Tenía culpa don Enrique de no saber conjugar verbos castellanos? ¿Podía alguien pretender exigirle que escribiera en clásico y legible castellano, cuando apenas había tenido tiempo de musitar algunas frases y aprender varias palabras del endiablado idioma de Cervantes?
Por eso, en aquella segunda frase, estaba escrita la tragedia de su alma, como lo hace un niño a que no se le entiende bien su capricho, o su mandato: MI NO LE PUEDE VA. Lo que es igual a YO NO PUEDO IR.
Pasó el puelche, se tranquilizó el lago, y con su cara sonriente y segura del éxito, don Enrique llegó después a las playas de Pucón. Sólo entonces todos comprendieron la respuesta del valiente don Enrique, el que no avasalló jamás la tormenta, y supo rendirse nada más que en los brazos de la muerte.
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MensajeTema: El sacrificio que apagó al Lanín   Miér Ene 28, 2009 11:45 pm

Querido Jaime y amiga mapu, es como la canción de Los Jaivas, "para que vivir tan separados si la tierra nos quiere juntar" . Y la frontera solo es una cuestión política, no se nada,pero me parece más que para eso de dividir para reinar. Ojalá que esto sea un granito de arena que nos una aun más. Dios quiera!
Saludos cordiales a todos los hermanos chilenos

Liza muy buenos tus aportes, Gracias!!!
Besos azulHados
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Alejandro
y para seguir con el Lanín va esta leyenda

El sacrificio que apagó al Lanín
Dicen los mapuches que cada montaña tiene su dueño, su Pillan, un espíritu que guarda sus tesoros y la protege de los grandes abusos. El Pillan vive en la cumbre desierta hasta donde nadie se aventura, pero baja para recorrer sus caminos, cuidar los animales del busque y asomarse a la orilla de los lagos o a la puerta de los valles, donde termina su reino.

Cuando el Pillan se enoja, un viento amenazante comienza a agitar las copas de los arboles, expulsando el silencio y reuniendo las nubes. Cuando castiga, provoca tormentas, derrumbes, erupciones...

Y calmar la ira de un Pillan a veces exige sacrificios inolvidables.
La tribu del cacique Huanquimil vivía hace mucho tiempo en el valle de Mamuil Malal, contra la ladera norte del Lanin, donde los pehuelches se levantan en hiestos y oscuros como centinelas, donde crecen los amankays como una sorpresa repetida y corren las maras entre la espesura.

Una vez, un grupo de muchachos recorría el bosque buscando caza, siguiendo las huellas de un huemul. Decididos, con el carcaj y el cuchillo bajo el manto de lana y seguidos por los perros, iban subiendo la ladera.

- Seguro que se fue para el torrente – dijo uno – allí lo atraparemos. – Y sin mas palabras marcharon, optimistas, siempre hacia arriba, siguiendo la rastrillada que circunda la montaña.
Sus pasos se hicieron sigilosos al acercarse a la cascada. Era un arroyito, apenas un hilo de agua que bajaba desde la cumbre, donde piedras o ramas caídas formaban aquí o allá pequeños estanques, donde el bosque perdía toda rudeza, tapizado de musgo y adornado de flores.

Ocultos y en silencio, esperaron al huemul. Después de un rato que pareció muy largo, el animal llego al claro y se puso a beber delicadamente el agua transparente. Los muchachos apuntaron sus flechas, pero los perros, inquietos se les adelantaron y espantaron al ciervo, que se escapo rápidamente ladera arriba, buscando el refugio de los arboles.

Y comenzó la persecución. Los perros olfateaban la huella y corrían, erizados, mientras los cazadores se separaban, subiendo por distintas sendas, para acorralar a la presa. A veces el huemul se detenía y luego, asustado, volvía a escaparse, siempre trepando montaña arriba, su única vía libre.

Ya estaban muy alto cuando lo atraparon, cuando arrinconaron contra las grandes peñas al animal ya sin resuello. Así pudieron clavarle sus cuchillos, temblando ellos también, sin aliento para gritar el triunfo, con el corazón batiendo como el parche de un Kultrun y las pantorrillas dolorosas.
Una vez recuperados, miraron a su alrededor antes de comenzar el descenso.

No conocían ese sitio, nunca habían subido tan alto por las laderas del Lanin, y el paisaje había perdido su aspecto familiar. Ya no había arboles, con hongos sembrados a sus pies; ya no se veían mas pájaros ni flores; aquí y allá se encontraban los huesos blancos de algún animal muerto; el suelo rocoso no se escondía bajo la alfombra de hojas, de frutos, de ramitas... se desnudaba, barrido por un viento helado que no tenia ya donde enredarse. La montaña entera parecía depurarse en silencio y blancura.

Cierto desasosiego los hizo interrumpir el descanso y desear estar de vuelta en su ruca, con el fuego encendido y el olor del asado deshaciéndose en humo... Entonces se levantaron y comenzaron el descenso, arrastrando el cadáver montaña abajo.

Antes de que el cuerpo del huemul fuera desollado y su carne deshuesada y salada, el volcán empezó a humear, amenazante. Y esa misma noche, acostados, todos sintieron en sus cuerpos el temblor de la montaña y escucharon el retumbar se sus entrañas.

Así comenzaron días de angustia para la gente de Huanquimil. El humo nubló el cielo y no se vio mas la luz del sol, la tierra caliente temblaba bajo los pies de los mapuches, una lluvia de cenizas caía sobre los sembrados. De nada sirvieron las rogativas, las ofrendas... Como podría aplacarse la furia del Pillan?

La machi recurrio a las cortezas de Coihue, pero las escrituras resultaron ambiguas. Entonces se recluyo dos días para meditar, aislada en una grieta, envuelta en su grueso manto y alimentándose solo de tallos de niolkin. Volvió de su retiro ensombrecida por l revelación: solo una ofrenda calmaría al Pillan, y pedía el mayor tesoro de Huanquimil, su hija Huilefún.

- Debe llevarla arriba el mas joven y valiente de los Koná - agrego la machi.
Cómo lloraron los huanquimiles! Pobre huilefun, tan hermosa, que no terminaría de crecer!

- No puede ser, no puede ser!! – gritaba su madre, desesperada.

Pero el feroz sacrificio debía cumplirse.

Hermanas y primas vistieron y arreglaron a Huilefún, que, callada, las dejaba hacer.
Ellas le trenzaron el pelo, la arroparon en un manto nuevo y se lo sujetaron con un broche de Llanka. Así se presento ante todos los que se habían reunido para despedirla, mirando con ojos tristes a los muchachos, pensando si seria este o aquel el encargado de acompañarla arriba.

Se adelanto Quechuán y dijo:

- yo te llevo, Huilefún. Y llego el momento de la despedida. El sonar de los Kultrunes ahogo el sollozo de Huanquimil; su mujer, con el cabello cortado, corrió hasta Huilefún para darle el ultimo abrazo y prenderle en el pecho su mechón de duelo. Después Quechuan le dio la mano a la muchacha y se los vio desaparecer y aparecer alternativamente, camino arriba, hasta que sus siluetas se perdieron en la montaña encapotada de humo y de cenizas.

Quechuan y Huilefún subieron sin hablar la cuesta del Lanin. Les faltaba el aliento por el esfuerzo y de a ratos se sentaban a descansar sobre las rocas. A medida que subían el calor se hacia insoportable, y tenían que taparse la cara con el manto para no respirar el aire cargado de ceniza.
Cuando Huilefun no pudo mas, Quechuan la sentó sobre sus hombros. Así llegaron hasta el borde del cráter.

- Ya podes volverte, Quechuan – dijo muy bajito Huilefun.

Quechuan bajo a la muchacha pero no la soltó. La rodeo con sus brazos y le dijo:

- Yo me quedo con vos – y beso los labios calientes de Huilefun.

Se sentaron juntos, abrazados debajo de sus mantos, que habían unido. Hasta que algo los cubrió de improviso, una sombra en medio de las sombras. Eran las alas de un cóndor, que, poderoso, se abalanzo sobre la pareja y arranco a Huilefun de los brazos de Quechuan. Aprisionándola con sus garras la levanto en el aire, sobrevoló la cima y la dejo caer en la boca humeante del cráter.

Mientras Quechuan corría cuesta abajo, un aire húmedo y frío invadio la montaña, al tiempo que caían los primeros copos. Fue la nevada más grande de que se tenga memoria, duro tantos días que ya nadie recuerda cuantos. Constante, blanca, mansamente, la nieve cayo sobre el cráter sepultando para siempre su fuego milenario, enfrío la montaña para salvarla del incendio y cubrió la tierra mapuche con su blanco mantel protector.

Cubierto de nubes o reluciendo al sol, el viejo Lanin es la montaña más importante de Neuquen. Su cúpula asimétrica, siempre brillante de nieve, atrae de inmediato la mirada y nadie la deja atrás sin darse vuelta para verlo por ultima vez. Sereno, inconmovible, se yergue por sobre el esplendor de bosques de suelo ceniciento y lagos de playas oscuras, vagos recuerdos de antiguos incendios.

Fuente:http://www.noticiasonline.org/mapuches.htm

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Liel Cor
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MensajeTema: Re: MITOLOGIA. LEYENDAS DE MI SUR CHILENO.   Sáb Ene 31, 2009 2:49 am

Amigo Ale, no había leído esta leyenda... Gracias por darmela a conocer. Y si, unidos por las letras, que maravilla!

Mito: Volcanes Lanín, Mocho y Villarrica.

Hace muchos años atrás los volcanes Lanín, Quetrupillán (Mocho), Quitralpillán (Villarrica), se trenzaron en un titánico combate. Ayudados también por otros pillán, los volcanes se arrojaban lava ardiente, rocas y fuego.
Cuando acabaron de pelear el Quitralpillán salió indemne, aunque con cicatrices. Sus fuegos se mantuvieron vivos.
El Lanín quedó con huellas de sus heridas aunque con su fuego agotado.
El Quetrupillán quedó mutilado para siempre, y desde esa fecha se le comenzó a llamar Mocho.




Mito: Pillán
Es un término mapuche que ha tenido acepciones diversas a lo largo del tiempo, pero que casi siempre se refiere a un poderoso espíritu que habita en las montañas o volcanes. Como todo ser numinoso, el pillán posee connotaciones positivas y negativas. Se lo ha definido como espíritu de los grandes antepasados que continúa velando por sus descendientes o espíritu de sus jefes, que al morir se convertían en volcanes y continuaban la guerra en el cielo. De los pillanes depende el buen o mal tiempo, las erupciones, las tempestades, inundaciones y terremotos. Para mantenerlos propicios se realizan invocaciones y ofrendas. De este modo, los truenos, los rayos, los relámpagos y, todos los fenómenos que tienen relación con el fuego y las luces, han sido asociados a los pillanes. Estos espíritus tienen mucho poder, pero no son ni Ngenechén (dueño de los seres humanos) ni Huecuve (entidad maléfica); el pillán, por el contrario, castiga a los brujos encerrándolos en los volcanes.
Se cuenta que a los pillanes se los debe apaciguar con diversas ceremonias y ofrendas. Así, por ejemplo, en Osorno hubo que sacrificar a una joven llamada Licarayén para aplacar las erupciones y calamidades que este espíritu había desatado. También, se dice que cuando se transita cerca del volcán Villarrica hay que derramar chicha, licor o aguardiente en señal de ofrenda.
Asimismo, muchos sostienen que la erupción del volcán Calbuco sobrevino cuando los pillanes y Ngenechén se enojaron porque unos alemanes median la tierra, sacaban piedras, desenterraban y robaban a los muertos. La machi (chamana) del lugar sentenció entonces que los pillanes castigarían a los mapuches que recibían y no echaban de sus tierras a los extranjeros. Un hombre que los había acogido en su casa y cuya mujer enferma esperaba un hijo, se arrepintió y fue en su búsqueda para expulsarlos, pero una densa nube le impidió ver y debió regresar a su casa. Al rato, la tierra tembló y hubo un feroz estruendo de truenos, los campos se cubrieron cenizas y los animales murieron quemados o desbarrancados. La mujer del hombre arrepentido fue aplastada por una roca y en su ropa se encontró muerto un gran lagarto negro, que era el hijo que recién había dado a luz.
Pero los pillanes también auxilian a las personas. Así lo hicieron los que moran en el volcán Villarica cuando decidieron expulsar al Huecuve que asolaba los campos por las noches dejando lamparitas para saber cómo volver a las montañas. De esas lamparitas se originaron los copihues y los humanos pudieron vivir en paz. Del mismo modo, un espíritu Pillán ayudó a los hermanos Cónquel y Pediú cuando el viejo Latrapai, que les había dado a sus hijas, les pidió pruebas para casarse con ellas. Entonces, Pillán les envió dos hachas desde el cielo, con las cuales pudieran realizar los trabajos encargados por el suegro. Un relato similar señala que este espíritu ayudó a dos hermanos enviándoles el hacha del pillán y un lazo, salvando sus vidas que eran amenazadas por un brujo.
Los huilliches denominan al trueno Huentro Pillán y piensan que en el pasado se oía muy fuerte, a diferencia de hoy en día, cuyos ruidos son débiles.


Ha sido un agrado dar a conocer parte de esta maravillosa cultura, mil gracias querido amigo por acompañarme... besos
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Graciela Juarez
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MensajeTema: Re: MITOLOGIA. LEYENDAS DE MI SUR CHILENO.   Dom Feb 01, 2009 3:04 pm

Me encantò la leyenda de EL TRAUCO.
Aquì en Argentina le llamamos EL POMBERO.
Es una linda manera de hacer ver a las hijas solteras como vìctimas y que nadie sospeche que "han pecado", ja! ¿No es genial? Aparte me encanta verles la cara a las señoras que cuentan esas historias, como te miran tratando de convencerte de que es cierto. Por supuesto que yo me hago la que les creo. Dicen tambien que el POMBERO hay veces que se lleva al niño recièn nacido (creo que eso lo dicen para que la niña-madre no sufra y los padres no queden como malos, al quitarles el niño para darlo en adopciòn)

Adoro que la gente del campo me cuente de apariciones, espantos y tratados con la Salamanca (el diablo), es parte del folclore de mi paìs.
Gracias por todo lo compartido
Graciela
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MensajeTema: Re: MITOLOGIA. LEYENDAS DE MI SUR CHILENO.   Lun Feb 02, 2009 3:05 pm

Si amiga, cuando te cuentan estas leyendas, ellos lo hacen con verdadera ansias de que tu las creas. Las personas del campo, disfrutan dando a conocer tantas historias... no sabía eso del Pombero, gracias por darlo a conocer... Cariñosss
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MensajeTema: Re: MITOLOGIA. LEYENDAS DE MI SUR CHILENO.   

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