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 En los siguientes meses- Parte 2

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franckpalaciosgrimaldo
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MensajeTema: En los siguientes meses- Parte 2   En los siguientes meses- Parte 2 Icon_minitimeMar Mar 26, 2019 3:58 pm

4
***El Hombre de traje***
Amanda había comenzado a tener unas extrañas pesadillas algunos meses después de dejar la terapia psicológica. Se despertaba por las noches con una imagen en la mente, la de un extraño hombre de traje plomo que le daba mucho miedo, al cual creía conocer, pero no recordaba.
― Es extraño ― le cuenta a Aldo a la mañana siguiente luego de la 5ta ves en ese mes de haber soñado lo mismo. ― es un sueño reiterativo..., es algo que está en mi..., ya no es solo una coincidencia... o algo que vi...
― Amor, vemos hombres de traje todo el tiempo... no debes preocuparte... y en todo caso ¿Qué puede significar? ¿Significa algo para ti? ― le pregunta.
― No conscientemente, pero estoy segura que algo significa...― dice preocupada. ― no sé por qué me asusta tanto..., no puedo veré la cara, es como una sombra...
― Estuviste durante mucho tiempo en las calles, hiciste cosas terribles según tú me dijiste, quizás ese hombre fue alguien que te hizo daño, olvídalo, trata de pensar cómo te dijo la doctora... positivamente y no te obsesiones con miedos o ideas absurdas, ― la besa ―... debo prepararme para ir a trabajar. ― le dice y baja de la cama dirigiéndose el baño.
― Si, te prepararé el desayuno ― le dice bajando de la cama también.
Pero el resto del día Amanda no se quedó tranquila, era la5ta vez que soñaba eso, ella sabía que obedecía a algo inconsciente que quería darle un mensaje, ella entendía que Aldo no le decía mucho para no ponerla ansiosa o preocuparla, pero sentía que debía resolver ese problema lo antes posible, por lo que se dedicó a intentar recordar que puede ser el mensaje oculto en ese sueño.
Lo intentó de muchas maneras, concentrándose, tratando de meditar y pensar en cada pequeño detalle del sueño, pero le era muy difícil, no podía recordar con facilidad lo que había visto y escuchado en medio de su sobredosis.
Pero final mente algunos días después, mientras se encontraba en la azotea del edificio observando la ciudad, algo que le ayudaba a relajarse y a pensar, comenzaría a tener flashes de aquella noche en la que fue visitada por el sujeto que hizo de su vida una pesadilla.
Mientras observaba la ciudad esa noche comenzó a llover, ella levantó la mirada al cielo con los ojos cerrados para bañarse el rostro de la refrescante lluvia de agosto que tanto le gustaba, pero al abrir los ojos a su mente llegaría un repentino flash.
La imagen de la luna en su rostro, la lluvia, el sucio callejón de la ciudad, alcohol, sufrimiento. ― ¿Qué fue eso? ― Pensó, ― eso no fue un sueño, fue real ― dice golpeándose la cabeza suavemente tratando de controlarse.  
Mientras daba vueltas en círculos, mirando la luna, tratando de recordar los recuerdos venían a ella poco a poco de ese horrible día.
Se recordó caminando por las calles de ese sucio barrio en los suburbios de Catalina en las calles de Malca, un distrito bastante pobre de la ciudad caracterizado por su alta tasa de criminalidad, drogas y prostitución, recordaba haberse vendido por unos dólares y comprar con eso alcohol, luego haber paseado por el puente que cruza el rio Roma y conecta Malaca con Matilde, otra zona de la ciudad con alto nivel de criminalidad, se perdió por las calles llorando, lamentándose y esperando morir.
Sus recuerdos cada vez más claros le mostraban la podredumbre en la que se encontraba, el horrible estado en el que pasaba sus días, su mórbida adicción y estado emocional deprimido. Recuerda haber llegado a la parte trasera de un bar donde le hizo sexo oral a un vago por una botella de alcohol, botella que se bebió casi hasta acabarla, buscando acabar con su dolor, en ese mismo callejón fue asaltada por un criminal que la golpeó para quitarle lo que tenía, pero al no encontrarle nada la violó dejándola tirada en el piso ensangrentada y muriendo víctima de los golpes y el alcohol, pero sujeta a su botella en todo momento, fue ahí cuando casi sin conciencia observaba el cielo, esperando al fin morir.
Fue entonces que recordó a aquel hombre de traje gris que se acercó a verla, no eran los policías, no era un samaritano, ignoraba quien era, puesto que sus palabras no estaban claras en su mente, pero si sabe que colocó un arma en su cabeza y que por la poca luz del lugar no alcanzó a ver su rostro pero sabía que le había dicho algo, algo que vagaba en sus recuerdos, y que tarde o temprano recordaría, ahora sabía que no era un simple sueño, el hombre de traje era real ¿Qué abra tras él? Es algo que en ese momento ella ignoraba totalmente, pero tampoco tardaría mucho en recordar.
― Insisto, ― le dice Aldo a la mañana siguiente ―... no debes seguir forzando tus recuerdos, tarde o temprano llegaran a ti, amor. Solo te haces daño, lo que sucedió en esa etapa de tu vida está atrás quedo ahí... ― le dice alistándose para ir a trabajar. ―... mira, más bien te tengo una sorpresa ― le dice sonriendo.
― ¿Qué sucede? ― pregunta ella.
― Tengo listo todo para irnos a España ― le dice sonriéndole ―... te lo iba a decir a fin de mes, pero dado que estas últimamente muy estresada con tus recuerdos, creo que será mejor que te concentres en otra cosa...  
― Vaya... ― dice sorprendida, ella ignoraba que él ya estaba preparando todo para un viaje que aún no habían decidido hacer finalmente. ―... pensé que aún no viajaríamos.
― Ya habíamos hablado, amor. ― le dice acercándose ― ...¿no quieres cambiar de ambiente? ― pregunta.
― No es eso, es solo que... pensé que sería para fin de año, quería... trabajar un poco antes..., había estado buscando anuncios en algunos centros en internet, he enviado mi currículo...
― Bueno, amor, para fin de año quedan 4 meses..., mejor comienzas a trabajar en España, saldríamos en un mes más, ya te dije que allá tienes mayor oportunidad que aquí... ― la toma de las manos. ― Un cambio de ambiente nos será beneficioso, he hablado con tu psicóloga y me dijo que sería excelente para ti, y yo... solo quiero lo mejor para ti, para ambos ― la besa.
Amanda lo piensa unos segundos, no podía decirle que no a Aldo, le debía tanto y a la vez creía que tenía razón, en esa ciudad le habían pasado las peores cosas de su vida.
― Yo ya envié mis documentos y todo lo relacionado a mi trabajo al hospital San Lorenzo, en Barcelona, apenas llegue allá puedo trabajar... y tú también podrás, es lo mejor, Amanda..., en ese país la psicología y la terapia tienen mayor relevancia que aquí..., ― le sonríe ― dime que te iras conmigo...
Amanda no pudo negarse a la petición de ese hombre que solo le había dado alegrías, compañía y todo su apoyo.
Partirían a fin de mes.
Durante los días siguientes trató de estar tranquila, distraerse entre el quehacer diario, leyendo algunos libros de Aldo y saliendo a dar algunas vueltas.
Antes de partir definitivamente del país ella creía que debía hacer algo. Convencida de que para terminar su proceso de aceptación y de superación de lo que le había sucedido debía encarar al culpable de su desgracia pasada.
Quería ver cara a cara a Andres Villac, verlo a los ojos y decirle lo mucho que lo odia y lo mucho que le alegra verlo encerrado, luego de eso ella pensaba que se sentiría lista para partir, si no siempre pensaría en eso, en él. Obviamente no le diría a Aldo, puesto que el estaría en contra rotundamente.
Pero ella sentía que era necesario, ya había evadido demasiado las noticias, había asumido que el hombre recibiría su castigo y no había más que saber, pero la verdad es que ella necesitaba saber más, su curiosidad innata y vocación de comprensión le exigía prácticamente conversar con el sujeto que destruyó su vida de esa manera tan mórbida.
Aprovechó que Aldo trabaja durante toda la mañana y parte de la tarde para hacer un pequeño viaje a Cordilo Verde, Una penitenciaría al sur de la ciudad, cerca al bosque de Catalina, en donde estaba recluido Andrés Villac.
Salió en la mañana y en tren pudo llegar a las 11 de la mañana, luego de 3 horas de viaje, obligatorio en tren puesto que este no cruza el bosque, pidió conversar con el reo y no hubo mucho problema en que ingresara.
Mientras la guiaban por un corredor hasta el área de visitas, un cuarto grande separado por módulos frente a un cristal reforzado que separaba a los reos de los visitantes, le latía el corazón, estaba ansiosa, pensaba en que sentiría al ver al criminal que había pisoteado su vida, al menos quien ella pensaba que había sido. Avanzó con expresión de angustia hasta dicha zona, donde ya había algunas personas comunicándose por medio de un teléfono que les permitía comunicarse entre ellos.
Se sentó ahí en la silla del cubículo, observando a su alrededor, ya había visitado alguna vez un penal en una de sus prácticas de la universidad, debía entrevistar a un reo, pero había sido un ladrón de claves de banco que había trasladado más de 600 millones de una cuenta a otra, nada parecido a alguien que abusó y mató a más de 3 niños.
Luego de unos minutos logra ver como de la puerta tras el cristal a unos metros ingresa Andrés, esposado, con el típico traje naranja y escoltado por un enorme guardia de seguridad altamente armado. Lo sentó en la silla y se paró tras él, asintió como dándole a entender a Amanda que podía comenzar.
Ella toma el teléfono que estaba frente a ella.
Andrés la ve como tratando de pensar quien es ella, puesto que no la recordaba a simple vista, luego de unos segundos levanta la mirada y sonríe. Entonces coge la bocina.  
― Hola, doctora... me costó reconocerla, con ese nuevo corte y color de cabello... es su color natural, ¿verdad? ― le pregunta sonriente.
― Es uno de los tantos cambios en mi vida ― le dice con seriedad.
― No eres la única a la que le ha cambiado su vida, como veras la mía no está mejor... ― dice observando a su alrededor, aún mantenía la sonrisa sarcástica.
― Estas aquí por tus crímenes, estas aquí por todo lo que hiciste, no me puedes culpar a mí, yo solo firme un informe que me pidió un jurado ― le responde ―, si ellos te condenaron no es culpa mía... los hechos sucesivos en tu vida son únicamente resultado de sus acciones, violar, secuestrar, acosar, asesinar... por eso estas aquí porque mereces estarlo... y no sabes cuánto me alegro verte así, encerrado como la bestia que eres...
― Lo sé hice muchas cosas malas en mi vida, y aunque te dé gusto pensar que se hizo justicia, déjame decirte que no me retracto de lo que dije en el juicio, en el cual no te vi por cierto, yo no sé nada de tu hijo, no sé nada de los malditos mensajes, el celular no era mío...
Amanda ignoraba que él había mantenido ese argumento todo el juicio, solo sabía que había sido sentenciado, por menores como esos los ignoraba, puesto que no averiguó mucho, solo fue a verlo donde sabía estaba recluido, pero le parecía comprensible que él se negara a aceptar su culpa, hasta donde ella pensaba, y como le había dicho Aldo, las pruebas encontradas demostraban su culpabilidad.
― No espero que aceptes nada, si estás aquí es por alguna razón, y con eso basta, no me interesa tu opinión o tus mentiras, si enloqueciste pensando que por firmar un informe fui la causante de tus problema y decidiste en tu demencia vengarte, pues afronta las consecuencias..., llegaste muy lejos, debiste hacerme a mí lo que quisieras, a mi..., jamás a Abel, a mi hijo. ― le dice con rabia en la mirada.
― Eres psicóloga, psicoanalista, sabes cuando alguien miente..., en tu declaración cuando me juzgaron por atentar contra uno de mis alumnos dijiste que en la entrevista que me hiciste notaste mis inclinaciones sexuales anormales..., con las pruebas corroboraste, hiciste gala de un ojo clínico muy desarrollado... ― se acerca al cristal ― Mírame a mi puta cara y dime... ¡¿estoy engañándote?! ¡dímelo! ― le dice.
Ella se aleja unos centímetros del cristal.
La frustración, la rabia en el rostro de Andrés revelaban para Amanda que él decía la verdad, no vacilaba ni desviaba la mirada, para el ojo experimentado de la psicóloga el o decía la verdad, o estaba muy convencido de lo que decía.
― Tu sabes que no miento... ¿Qué sentido tendría ya? No quiero salir de aquí..., peor quiero que se haga justicia, mate a esos niños, los violé, los secuestre y los tiré al canal de irrigación..., pero a tu hijo, no lo secuestré yo... ya me cansé de decirlo... me he pasado el juicio diciendo que yo no te envié esos mensajes, que ese teléfono no es mío... ¿Por qué no estuviste en el juicio? ¿Dónde estabas? ― pregunta.
― No estaba en condiciones de.... Ver algún juicio, yo.... No estaba bien...  
― Tu marido, el abogado... Eduardo, se encargó de que me encierren, no fue objetivo, solo quería meter a alguien en la cárcel y así lo hizo..., mi abogado no pudo siquiera conseguir un arreglo justo o siquiera menor pena, me acusaron por acoso y secuestro, asesinato y pederastia..., un coctel de denuncias que de las cuales soy culpable en parte, exceptuando lo que te involucra a ti...
― El celular que encontraron... ¿tenía los mensajes que me enviaste? ― Pregunta.
― Yo no te los envié... ― responde sin titubear.
― Pero estaban esos mensajes... ¿verdad? ― pregunta nuevamente.
― Si, si estaban, había una serie de mensajes registrados y una platina en el chip que evitaba el rastreo..., pero no era mi teléfono... aunque estaba en mi ropa, te aseguro que no es mío...
― ¿Por qué debería creerte? ― pregunta confundida.
Parte de ella no podía ignorar el hecho de que habían rasgos en Andrés que señalaban la verdad en sus palabras, su tono, su mirada, sus expresiones faciales, comenzaba a escucharlo siendo lo más objetiva que pudiera.
― Puedes no creerme, ― continua el ― seguir con tu vida, como lo hizo tu esposo ignorando lo que decía, conformarse con que alguien esté preso y listo, pero en el fondo, tu... tu..., sabes que no te miento y el que mató a tu hijo..., está libre, te lo puedo asegurar...  
― ¿Quién podría involucrarte entonces? ¿y por qué? ― pregunta Amanda confundida.
― No lo sé, algo debí haber hecho o simplemente fue un complot muy bien armado, que se yo... pero querían encerrar a alguien y lo hicieron... revisa las pruebas, revísalas, lee los informes, hay muchos vacíos, yo no supe nada de ti desde que te vi en el juicio hace muchos años atrás, perdí mi trabajo, mi esposa, mi familia, no volví a ver a mis hijos y en parte estuvo bien, pude haberlos dañado, pero... continué mi vida, me salvé de la cárcel, me mudé, estuve de ciudad en ciudad... regresé a catalina en el 2008, hace 5 años... estuve trabajando en lo que pudiera, de vigilante, de barrendero, no pensaba en ti..., pensaba en satisfacer otras necesidades... tú me entiendes... y de querer vengarme de ti... ¿solo mataría a tu hijo? ― le pregunta. ― Vi su fotografía, era un niño muy hermoso... ¿crees que si quisiera vengarme de ti lo quemaría nada más? ― le sonríe macabramente.
Amanda se quedó en silencio, extrañamente tenía mucha razón en lo que decía, ella no lo había pensado así al enterarse, pero ahora frente a él cobraba otro significado.
― Aparte ― continuó Andrés ―, esos mensajes que dicen que yo envié tenían horribles faltas de ortografías, sé que los notaste... ― Amanda asienta. ― soy profesor de lenguaje... saca tus conclusiones, la redacción y ortografía jamás se olvida, puedes leer mis declaraciones... están perfectamente redactadas..., alguien te jodio la vida y me involucró a mí, quizás tengamos algún enemigo común..., o quizás simplemente me usaron... yo no quiero salir de aquí..., pero si quisiera saber quién mierda me ha utilizado...
― ¿tienes a alguien en mente? ― le pregunta. ― ¿alguien que quizás quiera fastidiarte?  
― Muchísima gente me odia, soy un pederasta y asesino... ¿Qué más puedo decir? Hace más de 20 años soy así..., les he hecho daño a muchos niños y niñas...
― Exacto, tú no puedes decir nada ― dijo ella pensativa.
Pensaba que si ese criminal tenía razón entonces de verdadero asesino de su niño estaba libre por alguna parte, pero ¿quién podría ser? Pensaba.
Andrés Villac se pone de pie entonces.
― Si me crees o no queda en ti, lo que si es que yo desde aquí no puedo hacer nada, cuando salga... tendré 78 años... ya que podría hacer más que morir... tu puedes hacer algo, revisa el caso a fondo, te darás cuenta que muchas cosas no tienen sentido... pero ¿que podría hacer un abogado de oficio contra tu esposo? Nada... ― le dice sonriendo y colgando.
El resto del día Amanda se quedó muy pensativa analizando todo lo que dijo Andrés, el regreso a casa lo utilizó para tratar de pensar en quien podría haber hecho algo así de macabro, si no había sido Andrés entonces quien. A cada minuto las palabras de Villac cobraban más sentido.
Luego de bajar del tren, ya en Catalina, al bajar del tren, se dirige a los teléfonos que están en la zona de espera, en el vestíbulo principal de la estación, cerca de las boleterías.
Se disponía a llamar a Aldo, puesto que en todo el día no supo de él.
Cuando comenzó a marcar algo la hizo detenerse, una voz al lado de ella, a unos metros de ella, no sabía que era, pero algo en esa voz le era familiar.
―...Descuiden, voy para allá, inyéctale 65ml de morfina..., cada 15 minutos..., solo hazlo, se lo que te digo... si algo le sucede a Erika...― Ese nombre, esa voz, hicieron a Amanda recordar aquella noche, aquel hombre ―...si algo le sucede se arrepentirán, llego en una hora... ya estoy en la ciudad. ― corta.
Amanda gira rápidamente, pero no lo logra verlo más que de perfil, era un hombre mayor, de traje, quizás unos 60 años, barba y cabello canoso, llevaba un maletín y se perdía entre la gente muy rápidamente.
Amanda decidida lo siguió, estaba casi seguro que era el mismo hombre de aquella noche, la voz, la había recordado, igual las palabras de esa noche, el nombre "Erika", ¿Qué significaba? Pensó, jamás había escuchado ese nombre, jamás había atendido a una erija que ella pudiera recordar.
Lo persiguió abriéndose espacio entre la gente, tratando de no perder su cabeza entre la gente, pero la gente que se disponía a abordar se dirigía en sentido contrario, pronto lo había perdido al subir en el vestíbulo, entonces se dirigió a la salida principal, ya afuera lo buscó con la mirada, pero no lo encontraba, avanzó un poco bajando las escaleras de la entrada, observando los taxis, ahí estaba el hombre, abordando un taxi de los que esperaban fuera, trató de acercarse bajando rápidamente, pero este parte.
― No... ― trató de detener un taxi y seguirlo, pero estaban llenos, el taxi donde estaba el hombre de traje giró a una cuadra más adelante, ya no podría seguirlo, entonces un taxi se detiene frente a ella. ―... Mierda ― susurra.
Estaba segura que era el, ¿tanta coincidencia sería una coincidencia? Pensó, sabía que no podría serlo, el traje, la barba, el tono de la voz, el nombre... había recordado después de tanto tiempo lo que había sucedido esa noche.
Ahora sabía que no podría ser Villac su pesadilla, su verdadero enemigo había estado a unos metros de ella y no lo pudo detener.
5
***Carolina Marccelo***
Esa noche al regresar a casa no pudo estar tranquila, se sentía frustrada, sentía que no se había hecho justicia, no le daba pena Andrés porque era un criminal, pero sí que lo usaran para tapar el crimen de su hijo y todo lo que conllevó eso en su vida.
Esa noche no le mencionó nada a Aldo puesto que sabía que este se enfadaría si se entera que ella fue a ver a Villac a pesar de sus consejos. Pero estuvo algo tensa esa noche, angustiada, cuando este le preguntó ella no le respondió más que estaba algo estresada y ansiosa por el viaje, a lo que este pareció creerle.
A la mañana siguiente se comunicó con el abogado que había llevado el caso de Villac, necesitaba leer el informe del caso, la citó en su oficina para conversar.
Esa mañana no perdió tiempo y salió para su oficina en un edificio en el centro, él la recibió de buena gana y aceptó mostrarle los informes del caso, dado que ella era una de las supuestas víctimas, le explicó al abogado que ella se encontraba indispuesta para asistir al juicio, pero que finalmente no fue necesario su presencia, ya que Eduardo había llevado el caso y parte de las pruebas para sentenciarlo fue relacionarlo con Amanda a través de los mensajes de texto del momento de la desaparición de Abel.
― Sin el celular en propiedad de Andrés ― dijo el abogado ―, no hubiera habido manera de sentenciarlo por el secuestro y asesinato de su hijo, doctora. Mi cliente me dijo que ese celular no era de él, lamentablemente no había forma de comprobarlo, y debido a que era había sido visto algunas veces por el área de los juegos del centro comercial fue fácil relacionarlo, con el celular y los testimonios de algunas trabajadoras del lugar Villac tenía las de perder..., pero incluso a mí me pareció extraño que con su niño no haya seguido su patrón... violación y asesinato...
Eduardo en el juicio señalo que ese hecho se explicaba desde el punto de vista de desligarse de ese crimen, pero que en términos reales solo lo perjudicaban, debido a la relación con Amanda. Lo que para el jurado fue más convincente que creerle a un pederasta y asesino.
Sudándole a esto el hecho de que Eduardo como abogado era simplemente el mejor.
Amanda leyó el informe y se dio cuenta de que todo había sido preparado meticulosamente, habían creado una línea de tiempo perfecta entre los mensajes, el secuestro, el celular en manos de Villac, la muerte de su niño y todo lo que siguió después, incluso su muerte había sido preparada, pero por una suerte de sucesos eso no llegó a darse, ahora tenía una oportunidad para descubrir quién era ese sujeto en el callejón, el mismo que en la estación.  
Ya corroborando la historia de Villac, hablando con el abogado que al menos tenia mayor credibilidad que el criminal, decidió que de algún modo debía encontrar a ese hombre de traje, puesto que él era el verdadero culpable de su desgracia y no podía permitirse tratar de seguir su vida sin que pagara por ello, hasta hace algunos días pensaba que al menos se hizo justicia, ahora sabía que la justicia la habían fabricado de una manera macabra.
"Erika" ese nombre que retumbaba en su mente "Erika" no conocía alguna Erika, en tantos años de carrera en el hospital, en su consultorio, muchas mujeres, jóvenes, niñas habían visitado su oficina, su casa en busca de ayuda, terapias o simples exámenes, los casos más grabes jamás se los quedaba, siempre cuando eran pacientes esquizofrénicos, paranoides o con enfermedades mentales ella los derivaba a los psiquiatras para tratamientos farmacológicos, y aunque a algunos ella los ayudaba a la par con los psiquiatras ninguna en estos años había sido una paciente que recordara por algún mal trato o alguna denuncia de alguna índole, el único caso que fue a juicio había sido el de Henry Santos, en todos sus años de profesional.
Ignoraba quien sería Erika..., quizás el segundo nombre de una paciente, se le ocurrió, era posible, ¿pero por qué destruir su vida de esa manera? ¿Qué mal pudo haber hecho? Esa era la pregunta. Siempre había sido profesional.
Por momentos incluso dudaba de su profesionalismo, quizás Henry si fue su error, quizás ya había cometido alguno en el pasado, un mal diagnóstico, quizás una paciente con asperger que confundió con esquizofrénica o una ansiosa con paranoica, quizás en sus primeros años en prácticas, quizás el reporte para un juicio de tenencia, recuerda haber hecho muchos en un principio de su carrera, quizás un examen legal para algún juicio, aunque ella sabía, por su ex esposo, que en esos casos los nombres de los especialistas que firman los informes están protegidos, sus identidades se ocultan de las partes en disputas, igual cuando se entrevista a niños, por temas legales de tenencia o indicios de abuso de cualquier índole, muchas veces no se le dice a los padres el nombre del psicólogo que los entrevista por un tema de seguridad.
Pero cavia la posibilidad de que ese hombre de traje era algún padre enfadado en busca de venganza, pero había llegado muy lejos, no estaba dispuesta a simplemente sacar conjeturas, quería llegar al fondo. ¿Qué perdía? Ya había tocado fondo una vez y se recuperó.
Decidió comenzar buscando en sus archivos, las historias de sus pacientes clínicos, puesto los de sus pacientes particulares los había perdido todos, con algo de suerte contraría algo en el hospital, en los archivos que se guardaban meticulosamente.
Decidió ir a visitar el hospital, el área de psicología.
AL llegar al hospital algunos amigos que la reconocieron la saludaron efusivamente, puesto que no supieron más de ella durante muchos meses, sus colegas que se encontraban ese momento pro ahí no dudaron el abrazarla y alegrarse de verla mejor, pues si se enteraron de lo de su niño. Luego de hablar con algunos amigos y contarles solo lo absolutamente necesario de su vida, solicitó tener acceso a los historiales de sus pacientes, entonces la enviaron al área de historias clínicas en el sotano.
Su viejo amigo y colega Fernando, quien seguía siendo el director del área la acompañó personalmente.
― ¿Qué necesitas exactamente? ― le pregunta bajando por el ascensor. ― te conozco, sé que algo tienes en mente, no vendrías de no ser así, ¿Qué hay en esos historiales? ― pregunta.  
― Pues aún no lo sé, no sé exactamente que busco, o a quien... solo tengo un nombre y muchas dudas... ― responde.
― ¿Qué tratas de descubrir, Amanda? ― pregunta.
― ¿puedo confiarte algo como amiga? ― le dice.
― Sabes que si ― responde.
El ascensor llega al sótano, salen de él y avanzan por un largo corredor.
―...Creo que la muerte de mi hijo obedece a una venganza de parte de alguien relacionado a alguno de mis pacientes a lo largo de mi carrera... ― le dice con seriedad.
― Pensé que el asesino de tu hijo estaba tras las rejas... ― dice el doctor extrañado.
― No, el que está preso no es el asesino, lo han inculpado del caso de mi niño, lo he corroborado..., el asesino es un hombre de traje, de unos 62 o 63 años, que se está vengando por una tal "Erika" que no recuerdo quien es...  
― vaya, tienes muchos años de carrera... podrían ser muchas, como ninguna... que terrible, Amanda. ― le dice.  
― El sujeto iba a matarme..., pero me salve de suerte, llegue a escuchar su vos y escucharlo confesarme que él había sido el causante de todas mis desgracias..., había olvidado ese suceso por la situación en la que estaba, pero he recordado... y pienso encontrarlo de alguna forma. ― continua.
Giran a la derecha a otro corredor.
― ¿has comunicado a la policía? ― pregunta Fernando.
― No, no tengo prueba alguna, y si fue capaz de hacerme tanto daño y salir impune, llevándose a dos en su camino no creo que la policía me ayude mucho..., lo mejor es tratar de seguir las pequeñas pistas... como sabes no hay crimen perfecto...
Llegan a la sala de historias clínicas.
Era un enorme cuarto lleno de estantes y archiveros donde se guardaban las historias de los pacientes que han estado en el hospital, el cuarto en donde estaban pertenecía al área de psicología como de psiquiatría, no solo se encontraban archivos físicos, sino también virtuales.
Mientras buscaba entre los historiales de psicología que correspondían a los años en que ella trabajó ahí Fernando le contaba de los sucesos en el hospital desde que ella tuvo que dejarlos, habían habido muchos cambios y nuevos internos, así como algunos se habían retirado del hospital.
Entre la búsqueda Amanda se topa con algo, el Informe que le hizo a Henry santos, se detiene en él unos segundos.  
― Pensé que esto se lo habían quedado las autoridades... ― dice Amanda revisándolo.
― Lo entregaron, no podían quedarse con propiedad del hospital, lo utilizaron en el juicio luego lo regresaron tal y como se lo habían llevado... y bueno, lo archivé, es un informe tuyo finalmente... ― dice algo serio. Sabía que ese mal informe había marcado el fin de la carrera de su amiga.
― Que extraño se siente volverlo a tener entre las manos... ― abre el archivo y e da un vistazo ― hasta hoy no me creo que haya cometido un error... ― dice revisando las pruebas adjuntadas al final ―... te podría asegurar que no había razón por la cual Henry se suicide... a pesar de que la psiquiatra que lo trataba dijo que efectivamente habían errores...
― Te escuche las primeras 100 veces, y lamento no haber podido interceder, pero firmaste un informe que aseguraba que el estaría bien... y se suicidó, sabes cómo es esto...y la firme de una doctora sigue pesando mucho más que la mía en los informes, por más que quise no pude hacer nada, el hospital es más fuerte que yo... el departamento legal no nos permitió hacer mucho más allá de testificar que eras una excelente profesional...― dice algo compungido.
― Ya no te preocupes..., ― le dice sonriendo y serrando el archivo ― Eso ya pasó, fue el menos de mis problemas finalmente..., aun puedo ser psicoterapeuta... aunque aún no he podido trabajar y dado que me iré del país, como te dije...
― Lo sé, comprendo... pero una cosa si... ― dice ella pensando ―... siempre me pareció muy extraño en torno al suicidio de Henry...  
― ¿Qué cosa? ― pregunta Amanda.
― La forma... seguro lo pensaste también...
― Que se haya disparado..., pues si, si nos ponemos a pensar era más probable que lanzara de un puente, o que intentara ahorcarse, sus dos antecedentes así revelaban, me sorprendió que consiguiera un arma y que optara por algo tan ruidoso... el odiaba los sonidos fuertes, pero pues al hablar de pacientes psiquiátricos... es complicado...  
― Aparte de eso, insisto en lo que dije en el juicio...
― Acerca de investigar un posible asesinato.... ― continúa Amanda. ― ¿Quién mataría a un depresivo cron...? ― entonces tuvo sentido. ―... Claro..., ― dice Amanda pensado un instante. ―... para ese tiempo ya me había llegado un mensaje de texto de ese sujeto.... "en los siguientes meses tu vida dejara de ser como la conoces" o algo así, ya no recuerdo..., podría ser...
― Siempre pensé que era demasiado extraño que se suicidara, y mucho más que tu falles un examen..., pero no había forma de comprobar nada, estaba muerto... si se aprendió los ítems, o si hizo trampa... o se confundieron los archivos... ¿Cómo probarlo? El asunto del mensaje de texto... hubiera dado otra perspectiva, Amanda.
― No lo recordé en ese instante, fue algo sin sentido, a los pocos días se muere un paciente... jamás pensé que desataría una hecatombe en mi vida... y si lo pensamos bien, una serie de sucesos posteriores a ese hicieron de mi vida un desastre, las fotos que le enviaron a Eduardo..., estoy segura que él no hubiera dejado que yo pierda esa demanda..., pero me abandonó..., luego mi hijo... y... todo lo que ya te conté. Pero tienes mucha razón..., quizás la muerte de Henry no fue un accidente... ― dice pensativa.
― De ser así entonces ese sujeto que hizo todo en serio te odia... y en serio creo que deberías buscar a la policía, como dijiste... quería que mueras... ― le aconseja su amigo.
― Pero no lo logró... y lo encontraré..., ya me topé con él una vez..., estuve tan cerca..., esta vez iré tras el... ― dice cerrando un archivero ―... ¿me haces un favor? ― pregunta.
― Dime...  
― ¿podrías enviar a alguien a buscar en los archivos que firme el registro de alguna Erika? Te lo agradecería.  
― Descuida, enviaré a alguien, hay muchos... ― le dice caminando a la puerta ―... ¿Qué piensas hacer? ― pregunta.
― Iré al edificio de Henry..., nunca investigaron el suicidio como un asesinato, por lo que no se tomaron la molestia de indagar un poco más... con suerte encontraré algo... me pregunto si abran rentado el cuarto donde vivía... ― se preguntaba.
Pero la verdad es que no, no habían alquilado el cuarto, había pasado cerca de dos años desde que se suicidó, presuntamente.
Edificio San Fermín en el distrito Cameron.
Esa tarde.
Un edificio antiguo donde los cuartos no costaban tanto, pero eran espaciosos, preferido por personas solitarias y personas mayores debido a que es una avenida silenciosa, alejada de autopistas y el bullicio.
Henry vivía en el 4to piso, en el apartamento 43, al final de un corredor, cerca de las escaleras del lado izquierdo, cada piso tenía de 2 a 4 apartamentos, algunos familiares, con habitaciones más grandes, los que tenían más cuartos más pequeños, para gente sola, Henry vivía en uno de estos. Habló con el dueño del edificio para entrar a poder ver el cuarto, este la guio al cuarto piso y la dejó entrar sin problemas.
― Tengo que revisar algunas cosas de la electricidad, Sra. ― dice el dueño disculpándose con Amanda por dejarla sola. ― ¿hay problema si me espera unos minutos aquí? Voy al sótano.
― Descuide, ― responde sonriente. ― Aquí lo esperare, mientras revisaré el lugar.
Prefería realmente estar sola en esos momentos, podría pensar mejor y observar todo meticulosamente sin distractores. Además le había dicho que tenía planes de alquilar el piso, por lo que el dueño no podría mostrarse reacio con ella, l parecer el lugar ya tenía mucho de estar desocupado.
El pequeño y calvo hombrecillo la dejó ahí y corrió a las escaleras.
Amanda entonces se quedó ahí en la entrada al cuarto, el cual ahora estaba vacío, algo polvoriento, las luces de las ventanas que daban al callejón dejaban entrar suficiente luz como para poder ver todo el lugar iluminado, aunque la vista se remitía a la pared del e edificio del frente.
EL cuarto era grande, aunque era un apartamento de soltero, perfecto para alguien como Henry que no le gustaban mucho los lugares pequeños, las características del lugar se amoldaban a su personalidad, parecía que le daba lo necesario para estar tranquilo.
Sus cosas obviamente no estaban ahí, su familia se había llevado todo, solo había algunas cortinas polvorientas y algún mueble que seguro pertenecían al dueño del lugar.
Amanda pensaba que pudo orillar a Henry a suicidarse, pero la respuesta seguía siendo nada, la idea de que haya sido un suicidio incitado tomaba mayor relevancia en su mente, tenía que confiar en su informe, debía confiar en ella, esto ya no se trataba de un simple suicidio de un desequilibrado, se trataba de un extraño juego de algún demente obsesionado con la venganza.
Se paseó por todo el lugar paso a paso, revisando y observando todo, aunque sería difícil encontrar algo a estas alturas, se habían llevado todo, excepto algo, pensó acercándose a la puerta y observando al corredor.
Los vecinos declararon que no habían oído nada, a pesar de que el suicidio, según la necropsia forense, se había dado en la noche, lo que fue extraño, pero en su momento no puso mucha atención, a decir verdad se preocupó más en comprobar que sus exámenes eran veraces, más que en suponer un asesinato, algo que ahora si tenía sentido.
Amanda regresó al cuarto y tomó unas maderas que había visto bajo la cama, unas de la cama que estaban rotas, de al menos unos 15 y 10 centímetros cada una, de un grosor de 3 cm, regresó a la sala y las chocó entre ellas fuertemente.
El fuerte sonido se dejó escuchar por todo el lugar y por el corredor, Amanda de asomó por la puerta a observar.  
Tras unos segundos de ese fuerte sonido los vecinos del piso comenzaron asomarse lentamente, como asustados, era obvio, un sonido así, similar al de un balazo no pasaba desapercibido era causante de preocupación.
Las dos personas que se asomaron observaron a Amanda ahí e la puerta del apartamento.
―Se me cayeron unas maderas, ― dice Amanda, ― perdonen el ruido. ― sonríe.
Los vecinos asientan y más tranquilos se regresan a sus apartamentos.
Entonces pensó en dos alternativas, o los vecinos por miedo no dijeron nada del sonido que escucharon, uno de los inquilinos se notaba una señora mayor, la otra una jovencita, quizás eran nuevos, ella lo ignoraba, pero a veces saber que han disparado a alguien contribuye a callarse y no decir nada por miedo.
La otra alternativa era que aquel disparo fue hecho por alguien más, utilizando un silenciador, como aquella noche aquel hombre de traje colocó en su cabeza. ¿Cómo probarlo? Pensaba.
EL dueño del edificio regresa.
― Perdóneme... ― dice sonriendo ― es que este viejo edificio se está cayendo, ― ingresa al apartamento y juega con las luces, las cuales ya encendían ― listo ya está.
― Estas pareces no son muy gruesas ¿verdad? ― pregunta Amanda.
― Pues no, no le voy a mentir, son livianas, pero se calientan rápido y los vecinos no son escandalosos ni nada que vaya a perturbarla, son muy amables... y las luces pues ya arreglare la caja para que deje de irse por las noches ― le dice el hombrecillo.
― ¿suele irse en las noches la electricidad? ― pregunta.
― Si, bueno, la verdad es que en cualquier momento, lo que sucede es que se recarga el sistema eléctrico durante la noche, pero nada que no se solucione rápidamente, yo me encargo de eso, he intentado arreglar la caja pero creo que es un problema en el cableado, ya lleva algunos años así..., es que no he tenido dinero para arreglarlo, por ese problemita la renta ha tenido que bajar... ― sonríe.
― Entonces es común que este oscuro en las noches... ― dice Amanda.
― Pues sí, a veces se va la electricidad de noche, pero como le explico, las personas se acostumbraron y bueno, solo ocurre en este piso y en el 5to, donde hay solo gente sola... a veces parejitas como en el 5to, pero no hay quejas... ya lo arreglaré. ― sonrió.
La oscuridad siempre es un factor útil para esconderse, eso lo sabía Amanda.
― ¿ha sucedido algo en este apartamento? ― pregunta Amanda.
― No le voy a mentir, ―dice el dueño ―... en este lugar se quitó la vida un hombre..., ― responde.
― ¿ha si? ― dice fingiendo sorpresa.
― Si, no le quiero mentir..., era un chico joven, pero tenía tratamiento psiquiátrico... y creo que esa noche algo le sucedió, quizás una recaída, que se yo... y bueno, su hermana lo encontró unos días después de que llegó del hospital, me sorprendió mucho que se suicide el muchacho... ― expresa el hombre.
― ¿ah sí? ¿y por qué le sorprendió? No era un enfermo mental... eso es normal creo...
Ella trataba de mostrarse ignorarse del tema, era una forma de que el dueño hablara sin compromiso alguno.
― Los dos días que lo vi luego de que salió del hospital, lo vi muy bien, lo vi normal, como siempre, tenía a veces recaídas, porque era depresivo...pero mayormente estaba tan normal como usted y yo..., incluso la noche en que supuestamente se mató yo lo vi llegar, ― dice levantando las cejas, estaba siendo sincero noto Amanda quien en todo momento analizaba su lengua verbal y no verbal.
― ¿ah sí? ¿Pudo hablarle...? ― pregunta ella.
― Si, lo noté normal, tranquilo, regresaba de su trabajo en la tienda de electrodomésticos, incluso esa noche traía consigo unas películas que había comprado para verlas esa noche, me invitó a verlas con él... imagínese ― dice sonriendo.  
Esto llamó mucho la atención de Amanda, puesto que contradecía totalmente el suceso siguiente, el suicidio, el diagnostico de Henry era Depresión crónica, no bipolaridad crónica, cada ingreso al centro por una crisis había comenzado de menos a más, no era de cambiar de ánimos, se mantenía o bien apático o bien animado y funcional, cuando era ingresado normalmente era después de pasar días o semanas deprimido, sin comer, sin trabajar, sin salir..., y casi siempre cuando sus medicamentos se le agitaban y su hermana no iba a verlo por alguna razón. No era posible que luego de mostrarte tranquilo, con ganas de ver unas películas con el casero este se suicidara, no era posible, ella hubiera sabido de esa situación en el análisis de los exámenes de Henry.
― Esa noche entonces él estaba animado... ¿no estaba triste o angustiado por algo?... quizás. ― pregunta caminando a la ventana.
― No, yo lo vi bien, incluso las películas eran de comedia, ni quiera algo que lo deprimiera... es por eso que me sorprendió muchísimo, pobre chico... que le abra pasado...― dice lamentándose.
― Bueno, a veces ocurren cosas que uno no puede comprender... ― dice observando al callejón por la ventana que daba a la escalera de incendio. ― ¿ese día del suicido, vio a alguien raro por los alrededores? ― Pregunta ― quizás no fue un suicidio... ― gira y observa la reacción del hombre frente a ella.
El sujeto se queda en silencio unos instantes, luego responde.
―... Pues yo no vi nada, pero... cuando conversé con los vecinos algunos días después, así como chismoseando, ya sabe... una vecina dijo que mientras subía las escaleras vio bajar a un extraño hombre que nunca antes había visto en el edificio.
― ¿Cómo era? ― pregunta Amanda tratando e mantener la calma, de no notarse tan interesada. ― quizás... era algún visitante.
― Si, puede ser, pero se veía muy elegante, así como si fuera un abogado o un doctor, como usted puede ver en este edificio.... No hay gente así, según me dijo era alto, de piel blanca, lo describió como un hombre mayor que bajó tranquilamente, parecía que venía de este piso, eso dijo ella, pero no le tomamos importancia, la policía dijo que fue suicidio. Muchos vecinos también pensaron que fue extraño que se matara, pero que importaba... para la policía simplemente fue un solitario más que se disparó, sucede mucho por estos barrios...
― Comprendo ― dice pensativa.
No era necesario darse cuenta que las características de ese extraño hombre elegante eran las mismas que la de aquel sujeto que la había atormentado tanto, ya no tenía dudas, ese no había sido un suicidio, había sido un asesinato a sangre fría, alguien lo había seguido, había entrado a su apartamento de algún modo, las puertas no habían sido forzadas por lo que indicaba que él le había abierto la puerta a esa persona.
Mientras caminaba por la habitación donde habían encontrado el cuerpo trataba de imaginas la escena final de Henry.
Una vez dentro el hombre de traje debió haber hablado algo con él, esperando que este se descuidara, era posible que al irse la luz repentinamente haya sido la señal indicada para desenfundar y acabar con Henry, un disparo en la cabeza, certero, este caería al piso, entonces solo debía arreglar la escena, colocar su mano en la típica posición de un cuerpo que se ha disparo, según las fotos de la escena que ella pudo ver todo estaba perfectamente fiel a un suicidio, el arma, la cabeza, los brazos, las piernas, todo, no había nada fuera de lugar, para cualquier experto era un suicidio, pero para Amanda ahora ya no lo era, tenía muchos indicios y hasta la certeza de que todo obedecía a la venganza de aquel hombre de traje.  
Pero ¿Quién era? Eso era lo más importante a considerar ahora.
― ¿alquilara el apartamento? ― le pregunta el dueño del edificio.
― Pues no está nada mal, a pesar de lo que me contó, regresaré en estos días, necesito mudarme y no me asustan los muertos ― le sonríe.
Al salir de ahí se quedó pensando, ¿cómo relacionar los 3 hechos? La muerte de Henry Santos, Andrés Villac y ella. ¿Qué tenían en común? aparte de que les dio un servicio psicológico nada los conectaba. Pero de algún modo los 3 habían sido víctimas de ese hombre de traje, pero era claro que ella era la pieza final del romper cabeza macabro, una pieza que no pudo colocar.
De camino a casa recordó algo que le había dicho Eduardo algunos días antes de que abandonara el caso de La familia de Henry contra ella.
Él le había mencionado que había algo que el alegaría para que el juicio y las investigaciones tomara otro rumbo, pero no podía recordar bien que era, su ex esposo había encontrado algo en el caso que para el significaba la posible anulación de la demanda y el retome de las investigaciones, pero no le dijo nada puesto que ella estaba muy mal entonces como para querer hablar de eso, el simplemente le dijo que no llegaría a juicio, que se tranquilice, que había algo que el utilizaría en contra de la demanda.
Pero ella no le puso atención y él no fue claro entonces.
Pero quizás había encontrado o visto algo que ella aun no, y que los otros abogados tampoco, Eduardo era muy observador, había revisado meticulosa mente las pruebas y todo lo que tenía que ver con el caso, principalmente porque se trataba de su amada esposa quien representaba, por lo que no sería extraño que hubiera descubierto algo, que en su rencor dejó de lado mientras ella se hundía en una demanda de la cual él pudo sacarla, pero no lo hizo por celos y venganza.
Esa noche al regresar a casa luego de pensarlo mucho se atrevió a llamar a Eduardo, había solicitado su número comunicándose con la firma de abogados en donde el aun trabajaba lego de este tiempo, al identificarse como su ex esposa no tuvieron problemas en darle la información del abogado, que por razones de trabajo se encontraba de regreso en la ciudad, puesto que después de encerrar a Villac se había ido nuevamente de la ciudad.
Solo tenía una oportunidad para contactarlo, puesto no se quedaría mucho tiempo.

Continua parte 3
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