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 El periodista: el crimen en Catalina del mar parte 2

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franckpalaciosgrimaldo
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El periodista: el crimen en Catalina del mar parte 2 Empty
MensajeTema: El periodista: el crimen en Catalina del mar parte 2   El periodista: el crimen en Catalina del mar parte 2 Icon_minitimeMiér Ene 09, 2019 12:30 am

Salieron unos minutos al muelle para poder conversar, se sentaron en una de las bancas que estaban mirando al mar.
— Entiendo que puede ser difícil hacerle recordar lo sucedido — le dijo el periodista al anciano quien enciende un cigarrillo y miraba al horizonte. —…Pero mi intención no es remover fibras, sino tratar de escribir una historia y aportar algo de información.
— ¿tendría algún caso después de cerca de 14 años? — Pregunta — han sido ya muchos años, la gente que antes vivía aquí ya no está, algunos murieron, otros se fueron, los niños crecieron, los ansíanos olvidan, los policías cambian, archivan… ¿Qué más da?
— Entiendo, — responde el periodista —, pero también sé que su esposa falleció esperando justicia, y que el miedo con el que la gente de este lugar vivió y vive pensando que en algún momento podría pasar es y fue muy real…, usted mismo estoy seguro que querría saber que sucedió y vivir en paz.
— Vivo en paz. — responde — Aprendí hace mucho a vivir en paz, mi esposa murió con rencor, dolor y odio… insistiendo en que debíamos hacer algo, ella pasaba los días frente al colegio, viendo a los niños pasar, esperando que algún sospechoso apareciera alguien extraño o que la policía encontrara algo nuevo, luego que cerraron el caso ella siguió yendo a preguntar… dejo de ser ella, luego enfermó… yo tuve que ser el que se encargara de la casa, de todo, de trabajar, nunca deje de trabajar.
— Eso es muy respetable…, todos buscan la forma de superar las perdidas.
— No, no fue una forma de superar nada, yo apoyaba a mi esposa, pero cuando ya no había más que hacer, o me tumbaba a sufrir cada día como ella, o simplemente me dedicaba a sacar adelante a mi hogar, lo que quedó de él, mi esposa, pero ella… nunca fue ella nuevamente.
— Hoy hay nuevas pistas que podrían ayudar a aclarar el caso, — el señor voltio a verme sorprendido. —… creo que hay aun algo que podría hacerse.
El periodista sacó de su morral la fotografía del muelle y se la dio al anciano.
Este la miró fijamente en silencio unos segundos.
— ¿Qué es esto? — pregunta el viudo. — es una foto del muelle.
— ¿Reconoce a alguien en esa fotografía? — pregunta Eduardo
— Muchos eran pescadores amigos míos, de hace muchos años, algunos ya no están con nosotros, otros jamás lo volví a ver… — responde.
— Ve ese hombre del bote… el bote numero 28… — le señalo el periodista.
—… Mmm… si lo veo…, — respondió— ¿Qué hay con él? — pregunta.
— ¿Lo reconoce? — pregunta.
— No. No sé quién podría ser…
— ¿Estaba al tanto de que unos pescadores vieron un bote en el mar, con ese mismo número arrojando algo al mar la madrugada del día en que apareció su hijo en el muelle? — pregunta.
El hombre mira la fotografía algunos segundos más, mientras exhala el humo de su cigarrillo.
— No, no lo sabía…, — responde — supongo que la policía no nos informó de eso. Por algo debió ser.
— Pues fue al final de la investigación, nunca pudieron identificar el bote o si era verdad su existencia, pero esa foto fue hallada recientemente, e indica que  si era verdad que existió ese bote, es un indicio.
— No logro reconocer a ese hombre…, pudo ser cualquiera esos botes se alquilaban en el muelle. Aquí mismo los alquilan cuando quieren ir a pescar no muy lejos, o cuando quieren dar alguna vuelta, siempre ha sido así. El número solo indica la cantidad de botes que había para alquilar.
— ¿Quién en ese tiempo tenía gran cantidad de botes? — pregunta el periodista.
— Siempre ha habido muchas propiedades de puerto, habían en esas fechas 10 barcos pesqueros y muchos botes, quizá 30 o más… no todos eran de la empresa, algunos eran de cualquier persona, pero tenían que estar registrados aquí para poder salir…
— Eso lo complica. — responde el periodista.
— Si, ese hombre de la fotografía pudo ser el dueño, o pudo haberla alquilado… entiendes por qué la policía no tomo la declaración como prueba válida…
— ¿Pero esa balsa siguió aquí? — pregunta el periodista.
— Si siguió aquí, la verdad no hay forma de saberlo, las balsas se renovaron tiempo después por unas más modernas, hoy en día las balsas en el muelle tienen menos de 6 años, el jefe mando a renovarlas todas, incluso los barcos más antiguos.
— Entiendo. ¿Usted sospecho de alguien? Es decir… su instinto…
— Mi instinto…, —repite.
— A veces el instinto es un buen guía…
— No, no sospeche de nadie, siempre tuve buenos amigos aquí, en mi barrio éramos como cualquier vecino, yo entendí que debió ser algún psicópata que paso por aquí y mi hijo fue una víctima al azar, este siempre fue un lugar tranquilo.
— Ok, bueno. Solo una cosa más, ¿qué le costó más, recuperarse del crimen de su hijo o todo lo que conllevo después? — preguntó el periodista.
— Esas típicas preguntas de periodistas, — sonríe el hombre, — lo más difícil fue ver como mi esposa se consumía en su tristeza, lo de Fernandito fue algo que pasó y no había más que hacer, lo superé, ella no y fue como vivir con dos muertos. ¿Me entiendes?
— Lo entiendo. — responde el periodista.
Se despide del hombre y da unas vueltas por el muelle, observaba los botes, las balsas y los barcos que estaban por ahí, podía sentir la fría briza que parecía golpearlo. Miraba la inmensidad el mar y la niebla que volaba como humo por el lugar, pensando en los detalles.
¿Dónde estaría ese bote?
Hipótesis 1, el que lo utilizó asumiendo que lo utilizó para tirar el cadáver se deshizo de la barca, la destruyó.
Hipótesis 2, la escondieron y la cambiaron de color o de número.
El periodista regresó a su auto y partió rumbo a la comandancia de policía de Del Mar, ya se encargaría del bote más tarde, debía ver si podía echar un ojo a los documentos del caso, normalmente la policía no pone resistencia con casos antiguos y cerrados, era una pequeña ventaja.
Llegó a la comandancia y en la recepción solicito los archivos del caso de Fernando Domínguez. Con su carnet de prensa y mencionando que venía de parte del oficial retirado Morilla. Una de las oficiales lo llevo al sótano, donde estaban todos los casos que se habían cerrado y los que se quedaron fríos o sin resolver.
Legamos a un salón con varios estantes con cajas etiquetadas, unas mesas, así como algunas computadoras.
— Bien, aquí es, — dijo la oficial — estos son los estantes donde están los casos del año 91…, los que no se cerraron tienen una etiqueta amarilla.
— Muchas gracias, — dice sonriendo.
— Por cierto, está prohibido sacar cualquier cosa, si necesita fotocopiar algo, la computadora está ahí, no puede fotografiar, pase por registros para que quede prueba de lo que se lleva.
— De acuerdo.
No fue difícil buscar entre los anaqueles y encontrar la caja que contenía las evidencias y documentos del caso, si bien tenía algunos datos que se facilitaron a la prensa y algunos testimonios de la familia, fotografías y demás, era la primera vez que se tenía acceso a las pruebas del caso. De la misma forma, algunos documentos que le habían copiado para dárselos a Felipe, junto con fotografías de la escena del crimen estaban ahí también.
Llevo la caja al escritorio y comenzó a revisar.
Primero le hecho un vistazo a las declaraciones que se tomaron de la familia, vecinos, profesores y algunos alumnos del colegio que fueron los últimos en verlo.
Leyó con detenimiento los documentos, la denuncia, la cual se hizo cuando el pequeño no llegó a casa hasta las 7 de la noche, según constaba en la declaración de la mamá el jueves 13 de abril del 91, “El menos identificado como Fernando Domínguez Aguirre vestía uniforme escolar, traía consigo una mochila de color rojo, se le vio por última vez a la salida de la I.E. Santa Catalina del Mar cerca de las 2:00pm, el menor de edad no llegó a casa siendo las 7:25pm, hora en que la madre del niño pone la denuncia por desaparición…”.
Según las leyes en la ciudad, una denuncia puede ser puesta de inmediato cuando se trata de la desaparición de un menor de edad.
Según los registros la investigación se realizó de inmediato, desplegando las fuerzas policiales alrededor del colegio, la playa, los parques de juego, el muelle, lugares donde solían ir los niños, el día viernes 14, se siguió con la búsqueda, el informe indica que se buscó en hospitales, en otras comandancias, se buscó en playas más alejadas y hasta por mar en las costas, se utilizaron perros incluso, pero no hubo ningún resultado.
El día sábado 15 de abril a las 11:45 am se recibe la llamada de unos pescadores que vieron una bolsa muy extraña cerca al muelle, cuando los hombres se acercaron a revisar, vieron que la bolsa tenia sangre y cuando abrieron para ver que era, vieron una mano de inmediato llamaron a la policía. Para cuando llegaron los padres, cerca de las 12:30 el cadáver se identificó. Los que encontraron el cadáver en la bolsa habían estado con su familiar todo la noche y el día de la desaparición estuvo trabajando en la terminal, tenían coartadas fuertes.
El mismo día comenzaron las investigaciones a cargo del oficial Eugenio Morilla, rápidamente se tomaron declaraciones a los padres, maestros, personas cercana al menor en general y personal del terminal que en esos últimos días se habían ausentado, por estar cerca al lugar donde apareció el cadáver, así como personas que hayan tenido denuncias por acoso, violencia o involucrados en crímenes contra menores, Manuel Santillana fue el único con historial de problemas relacionados a exhibición ante menores, pero tenía coartada y junto con los otros dos fueron descartados a los pocos días.
El informe forense fue entregado unos cuantos días después, el 18 de abril.
Entre las declaraciones más significativas se encontraban la de la madre, quien según sus declaraciones indicaba que estuvo todo el día en casa, despidió a su hijo a las 7:00am, la entrada en el colegio es a las 7:45am tiempo aproximado que le tomaba llegar unos 20 o 30 minutos, cerca de las 2:00pm le pareció extraño que no llegara su hijo, pero asumió que se entretuvo con sus amigos o que se quedó unos minutos más a copiar alguna tarea, cuando ya no llegó hasta las 6:00 salió a buscarlo y preguntar a algunos vecinos, llegó hasta el colegio y preguntó al portero y a los profesores,  pero le dijeron que no lo habían visto.
Los profesores y sus compañeros también declararon, pues los forenses hicieron una evaluación para conocer el perfil del niño en busca de algunos datos de su personalidad, tan como indicaba en el informe era un niño solitario, no socializaba con el resto de alumnos, los maestros lo describían como un alumno promedio y que desde un par de años había cambiado su personalidad, habían indicios de violencia familiar, esto se corroboró con declaraciones de la madre que indicaban que en ocasiones su esposo “Era algo rudo” con su menor hijo.
Jorge era un hombre temperamental, como había comentado Felipe, en palabras de Gloria hacía varios años, él era algo agresivo con ella también. Claro que de ahí a que sea un criminal de tal nivel de brutalidad era un poco largo el camino, pero era comprensible entonces por que el niño era algo callado y sumiso, lo ponía en el ojo de algún psicópata.
Según el mismo estudio del niño y su entorno le gustaba ir a la playa a jugar, también iba en ocasiones al puerto a llevarle el almuerzo a su padre los sábados, era conocido por ahí, algunas veces lo veían por el parque sentado en las bancan observando a los niños jugar, era solitario y no hablaba mucho. Seguía la misma ruta del colegio a casa y de casa al colegio.
Era muy extraño — pensaba el periodista —…, los informes de los especialistas en perfiles no podían dar una descripción precisa del presunto criminal, pues no había un rastro preciso, una descripción de algún testigo, nada que aportara, el perfil que se manejó era el de un hombre entre 25 y 45 años, que posiblemente no era de la zona, no necesariamente conocía al menor, era un perfil muy amplio.
Luego del informe forense el perfil del criminal  no cambio demasiado, y no había pistas, el niño estaba desnudo, tenía un fuerte golpe en el cráneo que posiblemente fue la causa de la muerte, lo único resaltante es que falleció aproximadamente el jueves 13 de abril, alrededor de las 7:00pm. El mismo día que desapareció, sin embargo el desmembramiento fue posterior a la muerte.
Eso señalaba que estuvo oculto en algún lugar el día viernes, el día que se desmembró y se arrojó al mar. Esta información era de lo más relevante, pues indicaba que el criminal no se deshizo del cuerpo de inmediato, sino espero.
— ¿pero por qué esperar? — se preguntaba el periodista.
El periodista trataba de crear una línea a seguir.
El niño salió del colegio cerca de las 2 de la tarde, rumbo a casa aparentemente, pero nunca llegó, algo debió pasar en ese momento que hizo que se cruzara con su victimario o este no siguió su ruta normal y ahí se topó con el…, habían signos de violación y agresión…, debió haberlo llevado a algún lugar alejado o por lo menos silencioso, con engaños o la fuerza, puesto que desde las 2 a las 7 son pocas horas, ocurrió el crimen, lo mató…, pero no pudo deshacerse del hasta un día después… —¿Por qué? —.
Si lo había arrojado en el mar, es que nunca se fue muy lejos, según los informes el crimen debió realizarse en los alrededores del puerto del Mar y de Cailas, y si no lo arrojó en algún lugar alejado el mismo día que lo asesinó fue por una sola razón, no podía hacerlo porque la búsqueda comenzó ese mismo día.
El periodista fotocopió el mapa del lugar donde se habían marcado los puntos de referencia entre el colegio, la casa de Fernando, y el muelle donde apareció y posibles lugares donde el niño pudo ser captado.
Aun con esta información era imposible identificar al asesino, solo daba una ubicación temporal y una causa por la cual no se deshizo del cadáver antes. También indicaba algo muy importante.
— El asesino sabía que estaban buscando al menor, — pensaba Eduardo, — pero no por la intuición de que así seria, sino porque se desplegaron varias patrullas por los alrededores de caulas, la estación de tren, las carreteras, la playa, esa noche todo Del más supo que había desaparecido un niño, la radio y la televisión local fueron comunicadas y se sumaron.
Siendo Catalina del  Mar una provincia donde nunca habían sucedido acontecimientos así era normal que saltan las alarmas. Pero a la vez le dijeron al secuestrador que estaban tras él, lo que lo puso sobre aviso.
El periodista entonces llegó a la declaración del pescador, ya cuando la investigación se había truncado y no se podía hacer más, cerca de las 4:30am del día sábado 15 de abril, un pescador se percata de un bote con un sujeto que aparentemente arrojaba algo al mar, el bote tenía un 28 dibujado, estaba a unos 10 kilómetros mar adentro, no le llamó la atención puesto que es normal ver botes por ahí, pero luego de mucho tiempo pensó que podría ser algo. Al final nada corroboraba su declaración. El caso estaba ya cerrado.
En la caja también estaba el zapato del niño en una bolsa sellada como parte de las pruebas, así como fotografías tomadas en el muelle, algunas que no había visto con anterioridad por la crudeza de las mismas.
La puerta se abre mientras el periodista revisaba los papeles, una oficial ingres a la sala y se acerca donde Eduardo.
— Buenos días, — saluda. — ¿Señor Jiménez?
— Si, buenos días… — dice girándose y saludando.
Era una joven policía la que se presenté ahí frente a él.
— ¿Qué tal? Mi nombre es la Mayor Pierna Rosales, me comunicaron que estaba investigando el caso de Fernando, el niño de la bolsa. — dice mirando la caja de pruebas.
— Así, es, vengo del Diario El Nacional de catalina, estoy escribiendo una historia acerca del caso y necesitaba revisar algunas cosas, ya me informaron que no puedo llevarme nada de aquí. — explica el periodista.
— Si, así mismo. No vine a decirle lo que ya sabe, — sonríe — me llamo la atención que este escribiendo sobre el caso de Fernandito.
— Si, obtuve una información nueva…, creo que podría ayudar al menos a darnos una idea más clara de lo que pasó. Pero no puedo dar nada pro sentado sin corroborar algunas cosas.
— Lo entiendo. Quiero que sepa que tiene mi apoyo, estoy al mando del departamento de homicidios, es un departamento pequeño aquí en la comandancia, pero estamos trabajando muy duro, y si bien hay casos en los que estamos muy ocupados pues el caso de Fernandito fue un suceso muy fuerte en nuestro distrito, en toda la provincia realmente.
— Muchas gracias, le prometo que si encuentro algo que pueda llevarnos al asesino se lo haré saber. — dice sonriendo.
— Yo conocí a Fernando, íbamos a la misma escuela, no estábamos en el mismo salón, pero en algunas ocasiones conversábamos, era muy solitario, siempre estaba  solo y las pocas veces que hablamos no decía muchas cosas… — recuerda.
— Si, leí su informe…, al parecer sufría violencia en casa también.
— Como muchos de nosotros en esos tiempos…, — dice asintiendo —, a algunos de nosotros nos hizo fuertes, a otros los daño física y psicológicamente…
— Si, — dice el periodista regresando los documentos a la caja, — saque algunas copias de las declaraciones y de los informes policiales, me servirán para mi historia y para corroborar algunos hechos, ¿usted leyó el caso? — pregunta.
— Pues sí, cuando nos preparan para investigaciones de homicidios es uno de los casos que estudiamos.
— ¿alguna hipótesis? — pregunta el periodista.
— Solo una, creo que Fernandito no fue secuestrado, creo que él fue por su cuenta hasta su muerte de alguna forma. Él siempre tenía la misma ruta, era muy complicado que alguien no vea si alguien se lo llevó, así que siempre pensé que él se desvió a alguna parte ese día… — responde la Mayor.
— También había pensado en esa alternativa, en el mapa se marcan algunos lugares donde pudo ir, la playa, el puerto, el parque que estaba a unos minutos de su casa, el mismo muelle… — el periodista deja la caja en su lugar.
— Lamentablemente los niños de su aula en ese tiempo no pudieron dar mayor información, la mayoría no hablaba con él y la verdad ignoro si hablo con alguien de que haría ese tarde.
El periodista pensó entonces en algo más.
— Pero hoy ya no son niños…, — señala. — es comprensible que por miedo o por no entender lo que sucede no hablaran, ¿la maestra de Fernando sigue en el colegio? — pregunta.
— La señora Meli…, no, ya no está en el colegio esta retirada, ¿quieres hablar con ella?
— Si, en su declaración indica que era un niño tranquilo y que no era muy sociable, pero quizá pueda decaerme algo más ahora… ¿Cómo con quienes solía hablar? Tu por ejemplo hablabas con el sin ser de su aula, estoy seguro que alguien en su aula lo conocía un poco.
— Muy bien,  creo que puedo conseguirte su dirección. — dice la Oficial
Ambos suben a su oficina.
La joven mayor le facilita la dirección de la profesora retírala, la profesora Melissa, no vivía muy lejos de Cailas, a unas calles del colegio.
La Mayor le dijo que puede acercarse cuando necesite, y que le mantenga informada si encuentra algo que pueda ser importante para el caso.
Sin perder tiempo, el periodista se dirige a visitar a la profesora, sabía que la profesora podía quizá ofrecer alguna nueva información, ya no sobre quién era el niño, sino quienes eran más cercanos a él, algo que no estaba en las declaraciones.
En el camino llama al jefe en el periódico, le pidió que buscara en los archivos de Catalina del Mar, algunos registros fotográficos, videos de reportajes, que hayan sido tomados alrededor de los años en que ocurrió el crimen, siendo un conocido director de un periódico de peso los periódicos locales podrían colaborar con el por medio de material audiovisual.
Si lograba encontrar alguna imagen más clara del sujeto que utilizaba esa balsa o del dueño de la misma podría acercarse un poco más al asesino.
Hasta ahora solo podía hacer conjetura, basándose en las pruebas que tenía, pistas vagas, pero que atándolas maso menos le daban un indicio de que puso suceder, si bien no se alejaban mucho de las conclusiones oficiales había concluido algo nuevo.
— No tenía sentido, — pensaba y se repetía — ¿Por qué descuartizar un cuerpo para meter en una bolsa? — en su experiencia cuando se descuartizaba un cuerpo por lo regular se dejaban en diferentes lugares para confundir, despistar, no para meterlo en una misma bolsa que luego arrojaría al mar.
Según el perfil de los forenses y criminólogos no era un criminal experimentado, por lo que el uso de un bote y arrojarlo tan cerca de la costa también fue un error, era la única pista que podía seguir, era el único paso delante de la investigación, pero aún era muy floja. Podía armar una buena historia con eso, pero carecería de sustento real, debía seguir investigando.
Al llegar a la dirección de la profesora toca unas cuantas veces y es recibido por un familiar de la retirada maestra.
— Buenas tardes, disculpe ¿se encuentra la profesora Melissa? — pregunta a la mujer que se asomó por la ventana.
— Si, ¿Quién la busca? — pregunta.
— Soy el periodista Eduardo Jiménez, — muestra su carnet de prensa —, vengo a conversar con ella sobre uno de sus alumnos, Fernandito. ¿Cree que pueda darme unos minutos? — pregunta.
La mujer cierra la ventana y luego de varios minutos abre la puerta.
— Dice que puede hablar con usted…, acaba de terminar de almorzar, disculpe.
— No se preocupe. — responde.
Lo invita  a pasar y lo dirige a la sala de la casa, ahí espera unos minutos, la mujer que le abrió la puerta acompaña del brazo a la ya anciana maestra Melissa.
— Buenas tardes, profesora. — saluda Eduardo.
— Buenas, joven…, — dice tomando asiento en el mueble frente al periodista. — ¿gusta beber algo? ¿Un café quizá? Trae un café unas galletas, — le dice a la mujer que estaba ahí con ella.
— No es necesario, profesora. — responde el periodista. — Iré a almorzar al terminar aquí, — muchas gracias, — la mujer que acompañaba se retira.
— ¿me dijo mi hija que es usted un periodista… acaso han encontrado al asesino de Fernandito? — pregunta la mujer acomodándose en el mueble.
— No, aun no. Como sabrá el caso se archivó hace muchos años, no se logró llegar a un culpable, a falta de pruebas la investigación se detuvo, pero últimamente me he interesado en el caso, estoy escribiendo una historia para El Nacional de Catalina.
— Ah… si, si lo leo… a veces lo compro sobre todo los domingos. — comenta la profesora.
— Que bueno, una lectora — sonríe —, verá sin afán de incomodarla o hacerle recordar algo trágico, quería hacerle unas preguntas.
— Hágalas, si mi memoria no me falla yo lo ayudaré, aunque di mi declaración para los policías hace mucho… ¿no obtuvo una copia? — pregunta confundida.
— Si, pude leerla, es solo que quería preguntarle algo diferente, o mejor dicho apelar a su observación… o intuición. Verá…, Fernandito era alguien callado, no socializaba mucho y sufría de violencia familiar. Pero hasta alguien así de solitario se junta con alguien, algún amigo o amiga con quien hablara al menos con quien si tuviera confianza, no lo sé. ¿Usted alguna vez en ese último año lo vio juntarse con alguien, quizá alguien igual de retraído que él? Trate de recordar… — le dice el periodista.
La profesora quedo en silencio unos minutos ensimismado, pensando tratando de recordar.
— La verdad es que solía hablar con algunos, jugar con otros… a veces parecía que quería incluirse en el grupo, otras simplemente se aislaba, todo dependía de lo que pasaba en su casa, el quería mucho a su papá, pero este parecía rechazarlo, era muy duro. Cuando parecía que estaba de ánimos, y trabajaba, algo sucedía, ya venía golpeado y se aislaba…
— ¿No tomaron medidas con el padre? — pregunta Eduardo.
— Lo citamos unas veces, hablamos con la mamá, ella… siempre decía que iba a parar, pero… nunca denunció, poco podíamos hacer. El papá era muy duro y parecía que no quería al niño. De no haber sabido que él estuvo en el trabajo ese día y que estuvo con su esposa hasta que el cuerpecito de Fernando apareció, yo hubiera sospechado de él.
— Tenía una buena cuartada…
— Siempre me pareció que no quería a su hijo, hasta llegó a decime en una ocasión que pude hablar con él, antes que el niño fuera asesinado, me dijo que no era su hijo, lo dijo con un desprecio… que hombre tan horrible.
Lo que dijo la profesora llamó mucho la atención de Eduardo.
— ¿Dijo eso? Que no era su hijo… ¿cree que hablaba en serio? — pregunta.
— No, claro que no, solo mostraba su rechazo… el señor era y sigue siendo alguien muy difícil. Dios tenga en su gloria a Gloria y a Fernandito, ambos vivieron un infierno con ese hombre. Pero el pequeño adoraba a su padre haría lo que fuera por su atención.
Eduardo pensaba que tal vez Jorge se enteró de que no era el padre verdadero de Fernando, pero eso solo explicaría el rechazo hacia él, pero no sería causal de un homicidio. También explicaría por qué se recuperó tan pronto y siguió con su vida. ¿Cuándo se enteró exactamente?
— Entiendo, profesora. Creo que en esos tiempos los niños eran muy pequeños como para poder saber algo o haber visto algo. Sé que se les entrevistó cuando los profesionales hicieron un perfil de Fernandito. Ninguno pudo aportar gran cosa, era un niño muy solo.
— Si, y lo que le pasó fue horrible. Cuanto daría por saber que se hizo justicia con el niño… hoy tendría 25 años…, 24 creo.
— Si, es una pena. Quien lo haya hecho a estas alturas debe pensar que ya no lo encontraran, pero hay algunas pistas nuevas que han aparecido, — dice poniéndose de pie —, es probable que si se dónde apuntar mi investigación pueda lograr que el caso se reabra.
— Vaya…, eso es muy bueno. Dios te guie, hijo. Dios te guie. Por cierto, hay algo que creo que debí decir en ese tiempo pero no le di importancia…
— Adelante, dígame todo es útil a estas alturas. — pregunta el periodista.
— le decomisé algo a Fernando unos días antes…, en el momento me llamó la atención de ahí por lo sucedido lo olvidé, — la profesora se puso de pie, —, te lo traeré.
El periodista la ayuda a moverse.
— Lo tengo en este cajón, — dice señalando a un mueble a unos metros en la misma habitación —, coge una caja y regresa con ayuda del periodista al sofá.
Abre la caja y saca un llavero con una llave en él. El llavero tenia forma circular, y un dibujo de un barco en el en el horizonte.
— El día que desapareció, él estaba jugando con ese llavero le daba vueltas y vueltas, pensé que era suyo y como se entretenía se lo quité y le dije que no se la daría hasta que venga su mamá, pero era mentira se la daría al final de clases, la cuestión fue que se fue rápido y lo dejé en mi escritorio pensando que ya se lo daría a su mamá cuando venga o a su papá. Pero luego de todo el revuelo….
— Entiendo, ¿puedo verlo? — dice el periodista.
La anciana mujer se lo da, el periodista lo revisa, la llave estaba en buena condición, el llavero estaba cuidado el dibujo se veía claramente, un barco en el horizonte grabado en bronce.
— tiempo después yo busqué a su madre y le pregunté si era de Fernandito y lo quería conservar y me dijo que no era de él ni de ella y tampoco de Jorge. Supuse que lo encontró y la conservé.
— ¿no le preguntó a Jorge? — pregunta.
— No, no hable con él desde la vez que dijo esas cosas tan feas sobre Fernandito. — explica.
— Quizá pueda mostrársela, ¿habría problema si me la llevo prestada un tiempo? Prometo regresársela. También me gustaría preguntarle a alguien más sobre el.
— No hay problema, — dice la amable mujer, — si ayuda en algo habrá valido la pena tenerla ahí este tiempo.
El periodista se despide y se retira. Conduce en dirección a la casa de Don Felipe, necesitaba hablar con él. El llavero era algo interesante, no pensaba que fuera una casualidad que el niño lo tuviera, algo en su instinto le decía que era una pista de algo, ¿pero de qué? Había muchas posibilidades.
Lo que pensaba era que si sostenía la hipótesis de que el niño se desvió para ir hasta donde estaba su victimario, la llave fue uno de los motivos por el cual fue aquel día con prisa, quizá tenía que entregarla, quizá debía regresarla a su lugar, quizá sabia de quien era.
Como fuera la investigación estaba comenzando a traer al presente algunos datos interesantes, pero aun no había una conexión concreta entre todo y sin algo que una y de peso a las hipótesis solo eran eso, una serie de ideas y conjeturas.
Llegó a casa de Felipe, este estaba sentado en la puerta.
Pasaron y este le invitó un café mientras conversaban.
Le comentó lo que había estado haciendo durante el día y algunos datos que había podido recolectar, fue sincero en que aún no tenía nada conciso, pero que había comenzado a atar algunas hipótesis interesantes.
— ¿conoce este llavero? — le pregunta al anciano. Este lo toma y lo revisa unos segundos.
— No, nunca lo había visto…, es un bonito llavero, ¿Dónde lo hallaste? — pregunta.
— Supongo que a usted si le puedo decir…, — responde — La profesora de Fernandito se la quitó la mañana en que desapareció, pensó que era de su casa así que hasta mucho después se dio cuenta de que no era así, al parecer era de alguien más… o quizá la encontró, como sea es algo extraño.
— Si…, tiene un barco tallado, es mandado a hacer… — dice el anciano.
— ¿Cómo lo sabe? — pregunta Eduardo.
— Por el acabado…, los bordes, son muy detallados… las olas, el barco, el horizonte…, es bastante bonito. ¿Por qué lo tendría él?
— Eso tengo que averiguar. Quizá lo encontró, quizá alguien se lo dio. — dice bebiendo su café. — ¿sabe que me dijo una mayor de la policía, que estudio el caso? Me dijo que es poco probable que lo hayan secuestrado para luego llevarlo a algún lugar y cometer el crimen…
— también pensé eso…
— Y con lo que me dijo la maestra, que se fue muy rápido ese día, creo que efectivamente él fue a encontrarse con alguien ese día…, quizá con quien le dio esa llave, o con el dueño de la misma. Son muchas coincidencias alrededor de ese día.
— ¿Qué abrirá esta llave? Se ve que es de un candado antiguo. — Dice el anciano, — es una llave pequeña como de un candado…, quizá un almacén, una tienda…, se usaban muchos en el puerto.
— En el puerto… ¿Qué haría el por allá en la semana? — pregunta.
— No lo sé, lo veíamos allá los sábados algunas veces llevando comida para su papá, a veces Gloria también enviaba para mi… — sonríe el anciano recordando.
— Ninguna pista llevó a los oficiales al puerto, — dice Eduardo —, aunque la fotografía que me diste si nos ubica por ahí.  Fui a conversar con Jorge, también hable con el presidente del puerto.
— Con Santana, Mauricio.
— Sí, creo que pensó que quería hacerle una entrevista… — sonríe.
— Es un buen muchacho, se hizo cargo de todo cuando su papá falleció y se encargó de que los pensionados tengamos un poco más para nuestra vejez…
— Es bastante joven, ¿qué tiene 25, o 27? — pregunta Eduardo.
— No, es un poco mayor, tendrá unos 30…, era un poco más grande que Fernando, él ya estaba en secundaria cuando Fernando falleció. Solía ir al puerto desde niño algunas veces a jugar por ahí, hacer sus tareas.
— ¿conoció a Fernandito? No me lo mencionó cuando le dije el motivo de mi visita.
— Nunca los vi juntos, Fernandito iba los sábados y de inmediato se iba, a Jorge no le gustaba verlo por ahí…
— Es un hombre muy rígido, — agrega el periodista — , era violento con ellos, su esposa e hijos. ¿Sabías eso? — pregunta.
— Si, alguna vez me lo comentó Gloria, no podía hacer mucho, no le gustaba que le hablara de su familia, las veces que le toque el tema mientras trabajábamos o bebimos se enfurecía. Gloria sostenía que él había cambiado cuando se enteró que iba a ser padre, pero creo que solo cambio en el hecho de que ya no tenía amantes, aunque eso es debatible…
— Supero pronto lo de su hijo, me dijo que fue más difícil ver como Gloria no lo hacía…, es como si él hubiera enterrado a su hijo desde antes…
— ¿Qué quieres decir? — pregunta el anciano confundido.
— Me comentó la maestra de Fernando que en una reunión poco antes que el desaparezca él dijo que no era su hijo… ¿Qué te parece? — pegunta.
— Vaya… ¿crees que el sabia… que no era su hijo? — pregunta pensativo.
— ¿Dímelo tu… lo viste en esas épocas algo diferente?
— Pues es verdad que un tiempo antes, algunos años antes tuvo otra actitud, pero yo no sabía que el niño era mío…, pensé que eran temas familiares. Si se enteró, conociéndolo dudo mucho que lo hubiera dicho…, sería muy vergonzoso, seria humillante…, creo que si lo supo se lo tragaría.
— Igual, eso no ayuda en el caso. ¿Cómo conectar ese secreto con el homicidio? — pregunta. En todo caso le ayudo a sobrellevar el… — entonces el periodista se queda en silencio atando algunos cavos.
— ¿Qué pasa? — dice el anciano.
—… dijo algo interesante, que su mujer hasta el final no supero el crimen de su niño, se consumió en la tristeza y tratando de que se haga justicia, algo que usted viene haciendo desde que sabe que era el papá, el sin embargo no hizo nada… me pongo a pensar en dos alternativas.  Sabía el que no era su hijo y por eso no le afecto tanto, o él sabe que le sucedió al pequeño.
— ¿crees que él sepa algo que no haya dicho en estos años?
— La verdad…, es muy pronto para saberlo. — dice reclinándose en el mueble. — de todas formas si algo he aprendido en estos años es que todos saben algo más de lo que dicen…, — se pone de pie  — Ha sido un día largo. Iré a mi hotel a descansar y comer algo. ¿Le molesta si me llevo el auto? — pregunta.
— De ninguna manera, llévatelo. Gracias por mantenerme informado.
El periodista se dirige entonces a su hotel.
Esa tarde luego de comer algo, comenzó con la historia que tenía que ir avanzando, como era costumbre comenzaba transcribiendo todas las declaraciones y describiendo los lugares y las situaciones, la introducción al caso y posteriormente a desarrollar la historia de forma narrativa, debía enviarle a su jefe algún adelanto en los días siguientes.
Esa noche también estudió el mapa del lugar, lo había conseguido en la estación y marcó en el los puntos de referencia donde la policía había buscado el día de la desaparición y posteriormente donde investigaron.
Luego de aparecer el cuerpo se comenzaron a tejer teorías o hipótesis de donde pudo haberse realizado el asesinato, y los puntos donde investigaron fueron alrededor del puerto, el tiradero de basura, cerca de la playa Coronita, una playa alejada donde no van muchas personas cerca al risco. Fueron los lugares que luego de saber la hora de muerte eran los únicos que estaban en el rango de lugares donde pudo estar. Lamentablemente nadie cercano a ese lugar vio u oyó algo.
A excepción del pescador que vio a alguien en un bote.
Si ese hombre del bote arrojó el cuerpo, lo hizo por desesperación, era lo más lógico pensaba el periodista, así que debió estar cerca de ese lugar para poder mover el cuerpo y no ser detectado, el cuerpo fue cercenado posterior a la muerte, lo que indica que no tenía en sus planes arrojarlo en un solo lugar.
¿Qué lo hizo apurarse? —  se preguntaba.
Eduardo ingresa a internet a través de su computadora, y revisa algunos documentos y periódicos de la época que le dio su jefe. El viernes 14 de abril algo pudo hacer que el asesino apurara su trabajo y cometiera ese error.
Busco entre los periódicos y la información en internet de ese día, en el periódico solo habían una pequeña nota y en internet nada de ese día, pero en uno de los informes de los policías indicaba algo que quizá podría estar relacionado.
“…El viernes 14 a las 03:00pm se incrementó el área de búsqueda a 18 kilómetros…”
— Interesante, — pensó el periodista.
Por otro lado esa noche.
Susan conversa por teléfono con la secretaria del jefe del Periódico.
—… sabes que podría perder mi trabajo ¿verdad? — dice la secretaria en la oficina buscando algunos datos en su computadora.
— Vamos, necesito encontrar a Eduardo…, es urgente. Te prometo que nadie va a enterarse, solo necesito saber a dónde lo envió el jefe.
— Bueno, hare esto solo porque somos amigas…, — mira el registro en su computadora y responde, —… hace unos días me hizo comprar un boleto de tren, con destino a Catalina del Mar.
— ¿Catalina del Mar? Muy bien… ¿pero por qué lo enviaría allá?
— Eso si no lo sé. Debo colgar ya es casi mi hora de salida. — le dice la secretaria.
— Muchas gracias, te debo una — responde Susan.
Cortan.
Susan estaba determinada a encontrar a Eduardo y hablar con él, ahora sabía dónde buscarlo.
A  la mañana siguiente en Catalina del Mar.
Se dirigió a casa de Felipe y lo invitó a desayunar como forma de agradecerle por el auto y para conversar un poco antes de seguir con la investigación.
— No era necesario que me invitaras el desayuno, Eduardo. — dice el anciano mientras desayuna en el restaurante que estaba en el mercado a unas calles de donde vivía Felipe.
— Nada de eso, ha sido de mucha ayuda el auto, aparte el café que hay en mi hotel es horrible.
— Bueno, gracias nuevamente. Este restaurante tiene un café delicioso y unos panes con carne ¿Qué opinas? — pregunta.
— Deliciosos…— responde. —  en mi trabajo el café, los cigarrillos y algún trago fuerte es “parte de”…— sonríe el periodista.
— Yo dejé de fumar hace años, pero me encanta una buena cerveza de vez en cuando.
— ¿Dejó de fumar por salud…? — pregunta Eduardo.
— No, simplemente “el cáncer” lo vi de cerca con Gloria y la verdad dije… no, ni uno más.
— Que bueno, he intentado dejarlo, pero… nunca he llegado a fumar más de los que hay en una caja…, pero si tiene razón, es un hábito muy dañino.
— Jorge no dejó de fumar, ni porque su esposa tenía cáncer…
— Lo vi fumar cuando fui a verlo. Algunas personas nunca cambian ciertos hábitos. — bebe un poco más de café.
— Cuénteme de usted, Eduardo. — dice el anciano.
— No hay mucho que contar, llevo trabajando en El Nacional ya 7 años casi…, me enamore del periodismo de investigación desde que lleve un curso en la universidad, aunque en un inicio estudie derecho.
— Derecho…, espero no haber perdido a un buen abogado. — sonríe.
— No lo creo, — ríe —, en realidad quería ser policía, como mi padre, pero mi mamá hizo hasta lo imposible para desanimarme.
— ¿Desanimarte?
— Si, cuando tenía 8 años mi papá falleció en un operativo, cuando cumplí los 17 estaba convencido de que sería policía, hasta me inscribí en una escuela de oficiales en catalina. Pero mamá me hizo un drama digno de una novela tailandesa…, siendo hijo único entendí su temor, al final ingrese a la universidad, estudie un año de derecho, pero me aburrió.
— Entiendo… querías hacer algo más que encerrar a los criminales…
— Algo así, siempre quise ser policía para ser detective, al final las leyes eran muy aburridas, conocí en mi primer año a una chica… — sonríe.
— Déjame adivinar…, estudiaba periodismo.
— Así es, ciencias de la comunicación, estaba ella ya en el 3er año de la carrera y bueno, me pasé a su facultad… y me enamoré de la investigación periodística.
— Es como ser un detective… ¿Cuál es la diferencia? — pregunta.
— Pues fundamentalmente…, — sonríe —… que a los periodistas nos permiten compartir al detalle lo que encontramos, y los detectives muchas veces deben mantenerlo en un círculo muy cerrado…, aparte que la gente suele querer contar sus historias, y a veces son más abiertos, sin mencionar que hay temas donde los policías no se quieren involucrar. Por algo usted no le dio la información a la policía y prefirió un periódico.
— Muy cierto. — asienta el anciano. — Pero quería que me dijeras algo más de ti, ¿tienes esposa, hijos?
— Ah…, bueno. — dice pensativo. — No creo que tenga hijos, — sonríe — aunque uno nunca sabe.
Ambos sonríen. Eduardo continúa.
— tenía una novia, si, hace muy poco nada más, pero pasaron cosas que me hicieron pensar que las cosas no eran tan claras como parecían, ya se imagina…
— te comió el corazón.
— Algo así, me robó más que nada.
— ¿Ah? ¿Qué te robó? — pregunta comiendo un pan.
— Bueno… es una larga historia…, pero en reúnen no era quien yo pensaba y me utilizó para conseguir un mejor puesto de trabajo y yo confié ciegamente en ella.
— Que mal…, pero hay muchas  mujeres  y eres un muchacho joven.  No dejes que eso te desconcentre, ya solucionaras ese tema.
— Si, por ahora quiero concentrarme en este caso. ¿Y usted? No ha pensado en algún momento quizá… ya sabe… no es tan viejo.
— ¿Quién yo? — dice algo avergonzado. — No…, no…, es difícil a mi edad, he tenido muchas oportunidades, lindas amigas que dejaron de hablarme porque nunca les di el interés necesario, siempre viví y creo que sigo viviendo enamorado de Gloria.
— Vaya, usted si tiene un gran corazón…, estoy seguro que en el fondo ella también sentía algo por usted… tanto que no se quiso ir sin que supiera que algo los unía todos esos años… — comenta.
— Si, algunas veces cuando el pequeño iba los sábados a dejarle el almuerzo a Jorge me entregaba a mí un postre o unas galletas sonriendo, “Te las envía mamá” me decía, para entonces no sabía que era mi hijo. Hubiera impedido que Jorge los lastimara tanto, pero lo ignoraba.
— No fue culpa suya, eran tiempos difíciles, ella no debió pasarla bien guardando ese secreto.
— Me imagino que debió sufrir mucho, al final no me dijo mucho…solo me instó a no dejar que el asesino quede libre…, no sé si poder cumplir con eso.
— Ya hizo usted bastante, encontró una pista que puede llegar a ser fundamental, creo que ella estaría feliz por usted… ha trabajado muy duro, señor.  Por cierto… hablando de trabajar duro, ¿el padre de Santana, quien era el antiguo presidente del puerto… era muy amigo de Jorge? Su hijo me dijo que por eso lo dejó trabajar hasta que el decidiera…
— Amigos, amigos… no recuerdo que fueran muy amigos, Santana padre era bastante pedante, creido… era un buen presidente y organizador eso no lo quita nadie, hizo crecer el puerto y nos pagaba bien para esos años…, pero fuera de haber tomado unas cervezas juntos en alguna reunión del puerto y alguna inauguración de un nuevo barco, o la compra de alguna maquinaria… nunca los vi ser muy cercanos.
— …
— Quizá sintió empatía pues como te comenté sus hijos eran casi de la misma edad… ambos tuvieron solo uno.
— Entiendo, al menos se ha mantenido activo, igual iré a hablar con el nuevamente, me gustaría hacerle otras preguntas.
Terminan de desayunar y caminan de regresó a casa del anciano.
—… ¿Dónde vas a seguir la investigación? — pregunta Felipe.
— Pensaba ir a la municipalidad, ahí deben tener registros fotográficos de algunos eventos que hayan sucedido en el puerto, con algo de suerte encontraré alguna foto de ese bote.
— Es verdad…, no fui a buscar ahí…, — señala el anciano —, además con esta vista que tengo…
— No se preocupe, para eso estoy yo. También le encargue a mi jefe en catalina que averigüe sobre videos y fotografías en los registros periodísticos.
— Con algo de suerte encontraremos a ese desgraciado…
— Una última cosa — dice llegando al auto estacionado frente a casa de Felipe — si logramos llegar al fondo de este caso o no… me gustaría escribir la historia, podría despertar interés en otros periodistas y en algunos investigadores, ¿le molestaría si revelara que Fernandito…?
— ¿…Era mi hijo…? — interrumpe. E periodista asienta — La verdad no me importa, solo quiero que este caso no pase al olvido, como dijiste, quiero levantar el polvo. — sonríe el anciano.
Este se despide y regresa a su casa, Eduardo conduce entonces camino a la municipalidad de Del Mar.
Por otro lado, en el muelle de Luzmila, distrito de Del Mar.
Un hombre y su hijo alistan un bote para salir a pescar, alistan las redes, cañas y los chalecos.
— Papá…, — dice el pequeño de unos 10 años —, ¿Dónde pongo esto? — pregunta sosteniendo un balde de carnada.
— Ahí atrás, nosotros iremos delante. Átate bien el chaleco hijo. — Responde — a ver déjame ver, está mal sujeto, no querrás caerte — dice ayudándolo a colocárselo bien.
— ¿crees que atrape uno enorme hoy? — pregunta el niño.
— Pues sí, en estas fechas del mes hace mucho frio, pero hay muchos peces que podemos atrapar… — termina de colocar las cosas en el bote.
— Mamá dijo que no me mojara mucho…
— Tranquilo, ven dame la mano — dice y lo ayuda a subir —… estaremos bien. ¿Desde cuándo no vamos a pescar? — le pregunta.
— Huuu…. Desde hace mucho. — sonríe el niño.
— Tampoco exageres, recuerda que vives lejos y yo trabajo aquí… — sonríe y enciende el motor. — así que vamos a aprovechar el tiempo, hijo. No siempre puedo tenerte conmigo varios días.
— Si, es que mamá tuvo que ir a ver a la abuela, está mal.
— Se pondrá mejor, ahora pensemos en como haremos para comernos todos los peces que atraparas.
Ambos sonríen y salen al mar a pescar.
— ¿Qué tan lejos vamos a ir, pa? — pregunta el pequeño.
— unos cuantos kilómetros…, muy lejos no por que por ahí es zona de los barcos de pesca, pero yo conozco algunos lugares donde en minutos vamos a atrapar varios…— le guiña el ojo.
— ¡Si, quiero atrapar uno gigante! — dice emocionado el niño.
— Ojala, ya tengo lista la parrilla en la cabaña…
El bote sigue moviéndose rumbo al lugar de pesca.

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