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 La fanatica (Parte 1)

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MensajeTema: La fanatica (Parte 1)   Mar Nov 20, 2018 6:56 am

La Fanática.

A veces una historia, una novela nos puede llenar de amor, felicidad, tristeza, hacernos viajar y querer volar, a través de los libros y las interesantes historias que estos nos regalan se pueden crear muchos sentimientos, algunos buenos, algunos enfermizos.
Todo comenzaría por una casualidad, cuando la linda y aparentemente inofensiva Catherine Gueiler, como se presento ese día, se topo con que su compañero de asiento en el vuelo 65 a Vermut, Humberto Bennett, el no muy conocido pero no por eso poco interesante y talentoso escritor, autor de las historias que a Catherine habían embelesado en su adolescencia y parte de su iniciánte adultez.
Catherine Gueiler, era una chica, una adicta a la lectura, desde su más tierna infancia, cuando aprendió a leer y a través de esto viajar a mundos fantásticos, no dejo de hacerlo, cuando muchos niños desperdiciaban sus tiempos libres en armar casas con cajas ella se internaba en mundos diferentes, leyendo a grandes autores, primero lógicamente cuentos infantiles, que leía con gran asombro, disfrutando cada párrafo, imaginándolo, viéndolo en su cabeza con una claridad envidiable, posteriormente comenzó con narraciones más espectaculares y largas que le ofrecían mayor esfuerzo a la hora de imaginar y de comprender, aprendiendo palabras y situaciones nuevas, a los 5 años ya se había leído la mitad de la biblioteca de su padre,, quien orgulloso le compraba y prestaba sus colecciones mas adoradas, seguro que la pequeña Catherine los disfrutaría y protegería. Catherine era de las pocas niñas que en el recreo de la escuela se pasaba el tiempo leyendo,  muchos la veían raro, ya que la lectura es algo que muchos niños de entre 5 y 7 no disfrutan tan fácilmente, pero ese no era el caso de Catherine, ella adoraba los libros.
Al ir creciendo su gustos literarios evolucionaron, comenzó a leer novelas de suspenso y drama, lo que más le gustaba, toda su adolescencia se la pasó literalmente acompañada de los libros de Humberto Bennett, como se hacia llamar su escritor favorito, autor de la saga “Tiempos de calma” una trilogía de historias policiales con un aroma a critica social, drama y suspenso. Estas novelas no fueron las más reconocida de Bennett, ya que el era más conocido en el mundo de los libros por escribir historias de amor en los que siempre estaba presente la tragedia, aunque de todas formas la buena Catherine se había leído cada uno de las narraciones que Bennett había escrito a lo largo de su carreta, no había historia que no conociera, no había historia que había disfrutado, o drama que no hubiera llorado.
— No puedo creerlo…— fueron las palabras que salieron de sus labios al ver que el compañero de viaje desde la ciudad Catalina a Vermut, unas 5 horas como mucho era su escritor favorito. —… ¿es usted…? Si, debe serlo… pero… es tan increíble — Catherine se sonrojo inmediatamente y cubrió su boca por la sorpresa para cubrir su sonrisa de oreja a oreja.
Humberto Bennett, no muy acostumbrado a encontrarse con una fan en un avión o en cualquier parte, alejo la vista de su laptop donde seguramente escribir alguna nueva novela que sacaría en el invierno, como era costumbre, le sonrió  y respondió amablemente:
— Hola… si, yo… soy yo. Pero…— sonríe— ¿Quién soy?— le pregunta con gran carisma y perspicacia, aunque suponía de donde lo conocía, no quería tener que sufrir el penoso golpe de haber sido confundido con alguien más.
— Es usted Humberto Bennett…— rápidamente tomo asiento al lado del escritor.
Humberto Bennett era el típico escritor del siglo 21, un hombre de buen carácter, humilde, recatado, elegante y con porte distinguido, educado como el solo, incapaz de una falta de respeto como le habían enseñado en su infancia, proveniente de buena familia, educado en la mejor escuela, en las mejores universidades donde perfecciono su escritura estudiando literatura y filosofía, en resumen un hombre cultivado para ser elegante y encantador. A sus 32 años se había consolidado en el mundo de la literatura moderna latinoamericana, si bien no era el más popular, compitiendo casi codo a codo contra muchos otros escritores más comerciales que muchas veces dejaban a sus humildes libros en los anaqueles, jamás se atrevía a criticar a sus compañeros de letras, siempre alaba el trabajo e los demás, en resumen escribía por el placer de escribir, el dinero que esto le dejaba era solo una mera escusa que no necesitaba.
Escribía por el placer de hacerlo, como muchos escritores su mente albergaba miles de personajes y situaciones diferentes que le hacían perderse en sus pensamientos, muchas veces en cualquier lugar, acudiendo de inmediato a su teclado que siempre traía cerca para vacían en el todas esas fantasías y circunstancias a veces penos y doloras, aunque otras llenas de suspenso y acción. Cuando era muy joven, a los 11 años, Bennett escribió su primera historia, que para su sorpresa sorprendió a toda su familia y amigos a quien les mostro el materia, una historia que retrataba la vida de los sirvientes, inspirada en sus propios sirvientes que tenia en la mansión Bennett donde había vivido en su tierna infancia, cuando sus padres leyeron esa novela, se escandalizaron por la crudeza, pero a la ves les entusiasmó que su pequeño Jimmy hubiera escrito con tan nitidez  y sentimiento. Pronto lo estimularon a seguir haciéndolo, a sabiendas que seria alguien grande y se colocaría en el mundo de los escritores populares. Muy lejos de la verdad no estaban sus padres, su primer libro publicado por una pequeña editorial de la ciudad, resulto todo un éxito de ventas, luego que haber ganado un concurso para publicar, no pensó que su libro se vendería, “Los recuerdos de una araña en mi habitación” se titulo su primera novela, un drama negro con toques de ironía que rápidamente encandilo a las personas que lo leían, este fue el comienzo de Bennett, quien desde entonces no había dejado de escribir sin parar y cada años sorprendía con una novela, o cada 3 con una colección de narraciones aunque últimamente, los últimos 5 años, no había publicado nada nuevo, solo recopilaciones antiguas juntas en una colección.
No estaba acostumbrado, a pesar de haber sido entrevistado en la televisión alguna vez, a ser abordado por un fan que lo admirara, habían sido muy pocas las ocasiones en las que alguien se le acercaba a saludarlo con euforia.
— Humberto Bennett… ¡Dios Mío!— continuó Catherine—… esto me parece un sueño… yo…— Rápidamente abrió su mochila, la cual no había colocado aun en el porta equipaje de la parte superior, sin perder tiempo sacó un libro de Bennett “La cordura vestida de Mujer” una obra que tenia ya 2 años en el mercado y que había salido solo en Europa, ya que lo había escrito a pedido de una editorial muy particular, Humberto Bennett no pudo evitar la sorpresa— ¡Este libro, lo estoy leyendo, yo…! ¡Hay, me da vergüenza, pero… me lo firmaría, Señor Bennett? Soy su fanática, me he leído todos sus libros…— le pregunta con una expresión de vergüenza al incomodar a su escritor favorito, pero sabia que debía aprovechar la oportunidad, de no ser así, ¿Cuándo tendría la oportunidad? Pensó Bennett.
— Claro, con gusto, — toma el libro y un lapicero de su bolsillo—, No había visto uno de estos por aquí en Latinoamérica, pensé que… su distribución estaba únicamente permitida en Europa, debe haberte costado obtenerlo. ¿Como te llamas? — pregunta.
— Catherine, Catherine Gueiler
— Lindo nombre, es…ingles, si no me equivoco— comenta mientras firmaba la primera hoja en blanco del libro.
— Pues si, mi padre es ingles y mi madre argentina.
— Ya veo… ¿Cómo conseguiste el libro? — pregunta entregándoselo ya formado con la amigable frase:
“Para la linda Catherine Gueiler, una admiradora de mi trabajo, te agradezco por leer mis novelas y disfrutarlas, las escribo con mucho amor y espero para personas como tu, te deseo las mejores de las suertes y mucha alegría en tu vida, con cariño Humberto Bennett”
—Gracias— Recibe el libro firmado— Wau…no me van a creer, que usted firmo mi libro… lo atesorare,, lo enmarcare cuando termine de leerlo— sonríe alegremente— Y pues.. Si fue una casualidad encontrarlo… he tenido la suerte de visitar parís hace unos años y cuando buscaba entre las librerías una novela interesante, cual fue mi sorpresa, cuando me encontré con esa novela que jamás había visto aquí en esta parte del gran mundo, me sorprendió mucho.
— Pues me alegra que te guste… y te agradezco.
— No, no me agradezca yo le agradezco a usted por escribir cosas tan pero tan bellas, no sabe lo mucho que disfruto de sus obras. Por cierto, Señor Bennett….pensé que usted estaba viviendo en España, no sabia que había regresado a Catalina…— le comenta.
Bennett había regresado de España para el cumpleaños de su hijo de 10 años, Alan Bennett, quien vivía con su madre en Vermut, Humberto tenia una casa en la ciudad Catalina donde vivía acompañado solo de sus pensamientos, mientras estaba en la ciudad, Dado que para Bennett el cumpleaños de Alan era una ocasión muy especial, regresó de España en pleno trabajo de escribir un nuevo libro que debía entregar a finales del año, Bennett se quedaría en el país para culminar su trabajo y compartir tiempo con Ala, a quien veía poco dado su trabajo en España, donde a decir verdad escribir si era mas redituable.
— Ya veo, entonces esta en pleno trabajo de escritura…— dice Catherine muy entusiasmada por la noticia ya que hacia mucho que esperaba alguna nueva publicación de Bennett.— ¿y me podría decir de que se trata mas o menos? ¿Si?— le dice amablemente y con un dejo a ruego infantil al cual Bennett no se puede negar.
— Bueno… se trata de una novela policial, esta vez me centrare en el punto de vista de un asesino, no tanto en los policías, quiero mostrar como se desarrolla el protagonista en la escena, mientras analizamos su forma de vivir, sus pena, amores, desengaños, alegrías y… estímulos criminales…— abre la laptop— ya voy por la mitad y me esta quedando, modestia aparte, muy buena. — termina con una sonrisa.
— Vaya, me muro por leerla, Señor Bennett…
— Pues debería terminarla a fin de año, y para inicios de febrero debería estar en las tiendas, aunque como es una editorial española, no se si llegara aquí con tanta celeridad…
— No me importa, si es posible viajo a España y me lo traigo— le dice sonriendo.
Ambos sonríen mientras el piloto comunica que pronto despegaran.
El resto del viaje Bennett y Catherine siguieron conversando por momentos, en otros Bennett escribía y ella lo veía escribir con gran pasión, aunque prometió no echar vistazos a lo que escribía, ya que sabia que podría ser tomado como intromisión, así que mantuvo alejada la vista de la pantalla de la Laptop, pero no despegaba la mirada de Bannet y su expresión tan particular a la hora de escribir, Para ella era emocionante y casi excitante ver a su escritor favorito en acción, se moría de las ganas de saber que escribir, pero no podía acercarse, en ocasiones Bennett se detenía y conversaba con Catherine ya que sentía una falta de respeto ignorarla todo el resto del viaje ensimismado en su escritura.
— Entonces Señorita Gueiler, ¿Qué la lleva de catalina a Vermut? ¿Trabajo, estudio, placer?— pregunta amablemente — por su puesto si puede compartir eso con un extraño.
Catherine no tubo problema alguno de contestarle al señor Bennett con gran celeridad, mantener una platica con el era un sueño para ella.
Le contó que estaba de vacaciones en la universidad, donde estudiaba literatura, ella deseaba ser una escritora tan buena como Bennett, y había decidido ir a vermut unos días aprovechando su tiempo libre. Vermut era una ciudad pequeña reconocida por sus verdes parques y jardines en las catedrales y palacios de la época colonial y pensó que era el mejor lugar para poder inspirarse ya que para el inicio de las clases debía entregar una novel corta, y quería sorprender a todos con una historia que fuera tan buena como las de Bennett. El escritor no pudo más que animarla y darle algunos consejos para su trabajo, consejos que Catherine no pudo más que aceptar con mucho respeto y alegría.
Al llegar al aeropuerto de Vermut, ambos bajaron juntos del avión y salieron del aeropuerto, dispuestos a tomar sus respectivos taxis, Catherine se despidió amablemente de Bennett deseándole lo mejor y agradeciéndole por ser tan amable con ella y los amables consejos.
— Señor Bennett, hizo mi viaja más entretenido y llevable, particularmente me desagrada viajar en avión, pero acompañada de usted fue adorable y encantador, — le estrecho la mano—, me ha hecho una de las chicas más felices del mundo este día…— se acercó a el y le dio un beso en la mejilla como señal de agradecimiento y amistad. — Fue un placer compartir con usted estas horas viaje. — le sonríe.
El señor Bennett a continuación comenzó con su discurso de despedida.
— Pues señorita Gueiler, no pude desear tener una mejor acompañante, no por el hecho de haber pasado carca de 3 horas hablando de mi, — sonríe— si no por que encuentro en usted una joven interesante y que como pocas aprecia el arte de la lectura, hacia mucho que no hablaba de literatura como hemos hablado hoy usted y yo, esta platica solo fue comparable a cuando pase 5 horas charlando con Bettina de la Riag…
— ¿La famosa escritora francesa? ¿Me compara con ella? Es para mí un honor, señor Bennett— responde Catherine algo sonrojada por tamaña comparación, ella conocía la elocuencia y amor por la literatura de la señora de la Riag.
— No hay mentira en mis palabras, jovencita, reitero mi agrado por nuestra platica y le deseo la mejor de las suertes en su vida, señorita Gueiler, sin duda y si sigue por el sendero correcto, algún día seremos colegas y yo podre tomar de mi biblioteca uno de sus libros y disfrutarlo como hoy usted menciona que disfruta los míos.
— Señor Bennett, puede que suene algo impulsiva, pero si no se lo digo ahora… no tendré jamás una nueva oportunidad de hacerlo… ¿me haría el honor usted, de… compartir conmigo, dado que estamos en la misma ciudad, de compartir una taza de café un día de estos?— Le pregunta sonrojando las mejillas y con la misma expresión de ruego infantil en la mirada que Bennett de algún modo encontraba irresistible.
— No le veo nada de negativo en eso, a decir verdad me gustaría verla nuevamente, — responde amablemente— ¿si me podría dar su numero? le prometo que cuando encuentre un momento adecuado que no será muy lejano puedo asegurarle, tendré el placer de contactarla y podremos pactar nuestra reunión para beber un café.
Catherine rápidamente abre su mochila y arranca una hoja de un cuaderno que traía, rápidamente apunta su nuero de celular y se lo da a Bennett quien lo recibe y guarda en su bolsillo.
— Bueno, estaré en Vermut alrededor de un mes y medio, así que… esperare su llamada, señor Bennett, y créame, si no logra llamarme por alguna razón… no importara, este día a sido un día inolvidable y vale por muchos días de mi vida.— le dice sonriéndole.
Bennett asegura a la joven llamarla antes de las 2 semanas, sube a un taxi y parte. Catherine igualmente y minutos después de quedarse parada en la acera, quizás tratando de averiguar si esto había sido todo un sueño, toma un taxi y parte también.
Humberto Bennett llega entonces a un Hotel de la ciudad, El Hotel Vermut, un elegante hotel donde estaría los días que permanecería en la ciudad, dado que su esposa ahora vivía en casa de su actual esposo, no era lo más indicado que el se quedara ahí, de todas formas su relación con Patricio Arboleda, el esposo actual de su ex mujer, no era la mejor, las pocas veces que se habían visto habían sido muy desagradable para ambos, muchas veces entraban en duros debates, que restaban incómodos para los que estuvieran presentes.
La relación con su ex esposa en cambio era de lo más cordial el trataba en lo posible de dar una imagen a su hijo de que se llevan muy bien, y así era, aunque en el fondo Bennett no había perdonado a su esposa, ya que ella mantuvo una relación  a escondidas con Patricio Arboleda, durante 2 años antes de la separación, pero el por su carácter pasivo no había hecho gran escándalo, al contrario se atribuyo la culpa por el fracaso de la relación, dado que su trabajo le ocupaba demasiado tiempo que descuidaba en ocasiones a la familia.
Por su lado Patricio Arboleda era lo contrario al señor Bennett, era un hombre de ley, era un abogado prestigioso y que se jactaba de no haber fallado jamás, era orgulloso e impulsivo, al igual que Bennett era poseedor de una labia eficaz y muy convincente, era algo necesario al ser un abogado. Adoraba a Sofía, la ex señora Bennett  y ahora señora Arboleda, la cuidaba mucho, al igual que a Alan, su hijastro quien al paso de los años le había tomado gran aprecio y amistad, y había visto en el una figura paterna, dado que a su padre lo ve solo unas 2 o 3 veces al año.
Sofía, por su lado, es una mujer atenta y apasionada, preocupada por su familia y que siempre lamento lo lejano que era Bennett con ella, lanzándola quizás a los brazos de alguien quien le diera ese amor que necesitaba y no tenia en su antiguo hogar en Catalina.
Esa tarde luego de que Bennett se pusiera cómodo en su habitación de hotel y comiera algo ligero, se preparó para ir a casa de su ex esposa para el cumpleaños de su hijo, quien cumplía 11 años, Bennett quein no estaba muy seguro de que regalarle a su hijo, había llamado anticipadamente, pidiendo el auxilio de Sofía, para que le dijera discretamente que podía regalare al pequeño, el cual era poseedor de muchas cosas ya, por lo que sorprenderlo seria algo complicado, si bien el joven Bennett adoraba la lectura igual que su padre, El señor Bennett pensó que darle un libro nuevo seria reiterativo, esta ves quería darle algo diferente, por lo que le había comprado un hermoso y caro reloj que sin duda dejaría boquiabierto al joven Bennett.
La reunión en casa de Sofía y su esposo seria bastante privada, solo estarían los abuelos maternos del joven, quienes por suerte Vivian cerca y en la misma ciudad, algunos amigos de la escuela, solo 2 o 3, algunas amigas de Sofía del vecindario y por su puesto Humberto Bennett, padre del muchacho.
Al llegar Humberto fue recibido con mucho respeto y cariño de parte de su ex esposa y aun más por su joven muchacho quien lo abrazo con gran fervor aunque con algo de recato al estar sus amigos presentes, el saludo en cambio de sus ex suegros y de Patricio fue algo frio igual que el saludo con que el respondió.
El joven Bennett quedo complacido por el obsequio de su padre, el cual de inmediato coloco en su muñeca y fue a mostrarlo a todos. Mientras, Bennett fue llevado a la sala donde le invitaron una copa de champan de cortesía  la cual bebió con gran lentitud mientras conversaba con Sofía, quien fue la única que se le acerco a saludarlo y a saber de el.
Las demás personas en el lugar conversaban en las esquinas de la sala, mientras un poco de música daba el ambiente al lugar.
— Es un lindo reloj el que le compraste a Alan, sabia que le encantaría, Humberto. — comenta Sofía con una copa en la mano.
— Pues elegí el que pensé que le encantaría a Alan, recordé que su color favorito era el azul, así que elegir uno de ese color, debo por su puesto agradecerte el haberme recomendado eso, de otra manera quizás hubiera terminado regalándole un nuevo libro.
— A tu hijo le encanta leer, seguramente disfrutaría de ese libro. — dice amablemente.
— No lo dudo, es un buen lector, pero estoy seguro que el reloj le gustó mucho más— bebe un sorbo de champan.
Un rato después, Sofía debe ir a la cocina, estaba preparando un pato al horno, se disculpa y se dirige a la cocina, ah estaba Patricio bebiendo una cerveza, era obvio que le disgustaba compartir la casa con Humberto, pero Sofía lo convence de llevarle una cerveza a Humberto y mostrarse agradable con el, después de todo era un invitado. A regañadientes patricios aceptar tomar una cerveza fría e ir junto a Humberto para conversar un rato, tratando de mostrarse maduro.
Patricio se acerca donde Humberto quien estaba sentado en el sofá de la sala, claramente incomodo, ya que todos por ratos parecían verlo y cuchichear.
— Ten, compartamos una cerveza…— le dice con una expresión seria y sentándose a su lado.
Humberto aceptar la cerveza y agradece cordialmente.
— Ya son 11, — comenta Patricio refiriéndose a Ala, — que rápido pasa el tiempo, ¿no es así? Solo ayer parece que era el niño de 5 años que conocí…— bebe de la cerveza. —… pero ahora, ya hasta me pide que le enseñe a como afeitarse, y ni un pequeño pelo le ha salido aun…— sonríe.
Bennett tomaba los comentarios de Patricio con calma, trataba de ignorar el trasfondo de hacerle ver que se perdía una etapa importante de la vida de su hijo. Rápidamente Humberto le cambio el tema.
— ¿Cómo van las cosas en el trabajo, Patricio?— le pregunta mientras bebe de la cerveza.
— Pues va muy bien, tengo mucho trabajo, la verdad es que mi carrera va e ascenso, si todo sale bien en algunos años más creo que podría postularme a ser juez, ¿te imaginas? El Juez Patricio arboleda…vaya que seria fantástico, hay que mirar alto, ¿no es así amigo?
Humberto no podía evitar sentir el tono altanero con que le hablaba tratando de dejarlo muy bajo.
— Pues, —respondió Humberto— es cierto, siempre debemos mirar alto, cumplir nuestros sueños y metas.
— ¿Cuál es el tuyo? — Pregunta, — es decir… ¿en que andas, Bennett? Hace mucho que no me topo con algún libro tuyo por ahí,… ¿en que has invertido tu valioso tiempo?— pregunta burlonamente.
— pues estoy preparando un nuevo libro, debería salir a fin de año… me ha tomado mucho, pero…estoy avanzando…— responde.
— Es bueno, es bueno…trabajar es importante,…aunque…no se si lo que haces es trabajar— bebe su cerveza haciendo una larga pausa— es decir...— Continua— escribir es tu pasión ¿no es así?— Humberto asienta lentamente sintiendo la falta de respeto, pero se aguanto las ganas de contestar retadoramente— y bueno, tampoco yo tomo mi trabajo como un trabajo, me encanta lo que hago, somos parecidos… con la diferencia que yo… — lo mira—… pues…tengo un trabajo de verdad fuera de que sea muy divertido y gratificante para mi.— sonríe— claro, espero no me lo tomes a mal.
— No, para nada, Patricio— responde calmadamente aunque se moría por destrozar la botella que traía en las manos en la cabeza del despreciable sujeto que lo insultaba tan suelto de huesos. — me alegra que te vaya tan bien, pero debo decir que…— Cuando al fin Humberto se preparaba para atacar con alguna frase inteligente y perspicaz que dejara mal parado al orgulloso abogado es interrumpido por Sofía quien se une a la platica, cambiando totalmente el rumbo e la conversación, salvando quizás a Patricio de un mal momento, pero dejándolo como el vencedor.
Unos minutos más tarde la cena estuvo lista finalmente, todos pasaron al comedor elegantemente decorado en honor al Joven Bennett quien se centro a la cabeza de la meza al otro extremo estaba Patricio, a su derecha estaba Sofía, a la izquierda Humberto, a los lados del joven Alan, se encontraban sus amigos, y en el resto de la meza los vecinos y abuelos bien distribuidos.
Como era costumbre el joven Bennett se puso de pie y haciendo gala de la labia aprendida seguramente de Patricio y la elocuencia de su padre, comenzó a agradecer por la presencia de sus amigos, familia y vecinos, iniciando de esa forma la cena, la cual todo disfrutaron con gran placer, Sofía era dueña de una sazón muy agradable, esto atribuible a sus estudios de cocina en su juventud. Al terminar la cena y luego del brindis, nuevamente el grupo de separo para seguir conversando alegremente.
Sofía muy inteligente y sabiendo que Humberto y Patricio no podían estar solos mucho tiempo y menos si estaban bebiendo, se unió a ellos nuevamente en una platica que ella llevó de la mano con gran elegancia, aunque obvio temor de que ambos caballeros comenzaran a sacar sus trapos sucios al aire.
— ¿Cuánto tiempo te quedaras en Vermut, Humberto?— pregunta Sofía parada entre los 2 hombres, cerca a las escaleras que conectaban el recibidor con el segundo piso de la casa.
— Así es, señor Bennett— agrega Patricio ya algo ebrio, pero aun consiente de sus palabras— ¿se quedara algún tiempo, o solo vino por cumplir con el niño?— su denotaba algo de filo, por lo que Sofía le golpea discretamente con el codo.
—  Bueno, yo— responde Bennett— no se cuanto tiempo me quede, en un inicio, pensé quedarme solo unos días, ya que como sabrán resido en España, ahí esta mi editor y la gran parte de mis actuales conocidos, u aunque aquí esta mi familia, mis hijo… pues ahí tengo una vida hecha.
— Seguramente alguna dama lo espera…— agrega patricio recibiendo un nuevo codazo.
— No, — continua Bennett— no tengo ninguna dama que me espere, con la excepción de la jovencita que esta cuidando a mi fiel Coronel, como llamo a mi Dogo argentino de 2 años, y aun así, esa damita no pasa de los 10 años,  y aunque es portadora de una gran belleza, no es de mi iteres afectivo, no al menos más allá del que tendría con una sobrina o prima— responde.— asi que, quizás extienda mi visita algunos días más, y si me lo permitieras, Sofía— se dirige a ella— me gustaría llevar a Alan a pescar antes de irme.
— Pero por su puesto, Humberto, puedes llevarlo cuando tu desees, estoy más que segura que Alan estará muy feliz de que lo lleves, el disfrutara pasar tiempo de calidad contigo.
Unos 20 minutos más tarde y luego de que el pastel estuviera partido y cada quien tomara su parte las personas comenzaron despedirse y a agradecer por la cena tan agradable, todos antes de irse desearon lo mejor a Alan quien estaba muy feliz.
Bennett de igual forma tubo que partir, no sin antes despedirse de su hijo con gran amor y prometiéndole que irían a pescar el sábado, dentro de 4 días solamente, la idea a Alan le pareció estupenda y lo alegro muchísimo.
Ya en la puerta de entrada frente al jardín de la casa, mientras esperaban el taxi que había pedido Humberto Sofía aprovechaba para despedirse de el, esperando verlo pronto, Patricio había quedado profundamente dormido dado todo el alcohol que había bebido.
— Fue un gusto verte nuevamente después de tanto tiempo, me alegra verte bien y trabajando, de verdad que espero que nos envíes tu ultimo libro cuando este salga a la venta. — le dice sonriéndole.
— Por su puesto que será un placer enviarles una copia. — responde sonriente.
— Y… pues me disculpo si es que Patricio te incomodo con alguna frase malintencionada, ya sabes que se pone nervioso cuando… cuando tu estas cerca, agradezco tu gesto de no contestarle en esta ocasión, aun recuerdo lo de la fiesta de año nuevo de hace un par de años atrás… fue horrible.
— Si, lo sigo lamentando, no debí caer en provocaciones en esa ocasión, pero… he aprendido la lección… ¿y…el suele beber de esa forma muy seguido?— pregunta Bennett tratando de no ser perspicaz.
— No, descuida, es un mal bebedor es todo y cuando esta nervioso lo hace, como te dije…es por tu presencia.
— No es mi intención, Créeme, Sofía.
— Lo se, pero es inevitable para el, y se que es incomodo para ti también. Y déjame agradecerte por aguantar y estar aquí con nosotros.
— Sabes que lo hago por Alan, el debe crecer en un buen ambiente, donde sus padres  se llevan bien a pesar de estar separados y… debe saber que aunque nos aguantemos, Patricio y yo hacemos nuestro mejor esfuerzo por entendernos y dale un buen ejemplo aunque a veces se nos vayan nuestras lenguas.
El taxi entonces llega y se estaciona frente a la casa.
Sofía se despide amablemente de Humberto y este parte al hotel a descansar
Esa noche en su habitación, luego de beber algunas taza s de café tibio, Humberto escribió hasta cerca de las 3:24 AM, luego de eso se acostó, donde sus ensarmientas comenzaron  a traer las imágenes de la cena, de Sofía y de Patricio, pensaba en como Sofía podía estar con un sujeto tan desagradable y déspota, luego de haber compartido algunos años con el, quien era casi todo lo contrario a Patricio, renegaba de la decisión de Sofía, por ser impaciente y haberse quizás adelantado en la decisión de aceptarlo como esposo cuando ella quizás esperaba alguien distinto, como demostró años después al echar al tacho la familia que habían conformado, luego de renegar unos instantes más, pensar en su hijo, en su trabajo por fin pudo conciliar el sueño, cuando el café dejo de hacerle efecto.
Los días siguientes 2 la pasó en el Hotel dedicado a su escritura, nada lo sacaba de su computadora, trabajaba sin cesar, hasta que su mente tubo un repentino bloqueo, y se quedó con las manos sobre el teclado, sin saber como continuar la historia, ya le haba pasado esto con anterioridad, siempre a mitad o cuando ha avanzado mucho una historia, el remedio era salir a respirar aire fresco, eso siempre lo relajaba y recargaba su imaginación para continuar, entonces recordó a Catherine, su fan, busco el papel en el que había apuntado su numero y le marcó, invitándola a dar un paseo por el parque frente a la catedral de la ciudad y luego beber un café.
La joven aceptó encantada, y a la hora pactada, incluso 30 minutos antes estaba frente a la catedral. Al llegar Bennett la vio sentada en una de las bancas del parque, estaba escribiendo en su cuaderno muy entretenida.
— Hola, — la saluda llamando su atención.
— Hola, Señor Bennett— le responde y rápidamente se pone de pie para saludarlo cariñosamente con un beso en la mejilla—  por un momento pensé que no me llamaría, me siento como una tonta por dudar de su franqueza — le dice.
— No te preocupes, me alegra que aceptaras compartir un paseo por este precioso lugar y compartir un café, Note que estabas escribiendo, ¿es acaso la historia de la que me hablaste?— pregunta sentándose en la banca, ella se sienta también a su lado.
— Pues si, aunque en honor a la verdad he estado escribiendo algunas partes solamente, nada que valga a verdadera pena, solo frases y escenas que no mucho ayudan en el desarrollo de una buena trama, creo que me encuentro bloqueada, ¿le ha sucedido?— le pregunta.— que no sabe que escribir, a pesar de tener las ideas flotando en la mente.
— A decir verdad estoy pasando por algo similar justo ahora, la historia que te conté, esta en Stand By. — le dice.
— ¡vaya! Es una pena… pero confió en que pronto pueda continuarla, ¿cierto?
— Claro, solo es un bloqueo momentáneo, es normal, solo… debo relajarme un poco, es por eso que quise invitarte a pasear por aquí, este lugar tiene paisajes muy lindos e inspiradores, ¿no te parece?— pregunta mirando el lugar de costa a costa. — Y las veces que he venido no he podido pasear por aquí, así que me pareció propicio hacerlo con tu compañía. —  le sonríe.
— Pues si, este lugar es muy lindo y romántico,  yo tengo en mente escribir justamente de eso, de romance, pero al igual que usted me gustaría meterle algo de suspenso,  espero no piense que soy una copiona despreciable.— le dice sonriendo.
— No, — menea la cabeza— me parece que el suspenso, coloca un atractivo extra al romance y no es un genero de mi propiedad, siéntete libre de tomar mi ejemplo, así quiero verlo, y escribe una buena historia, seria un placer poder leerla algún día cuando la termines.
— Eso me encantaría, que usted juzgara mi trabajo— le dice entusiasmada.— para mi seria un honor.
— Me encanta tu forma de expresarte, ¿sabes? Sin intención de incomodarte, eres una muchachita muy particular, me resultas encantadora si me permites decirlo.
La joven no evito sonrojarse por el alago del Señor Bennett.
— Muchas gracias, Señor Bennett, me alaga su cumplido.
Bennett jamás haba conocido a una muchacha tan joven que se expresara como ella, tuviera ese encanto particular que admirara la literatura como Catherine Gueiler, pasar tiempo con ella le resultaba a Bennett muy agradable, y a Catherine le encantaba también.
Ese día se la pasaron casi en su integridad conversando de literatura, arte, conociéndose más, tuvieron la oportunidad de dar agradables paseos por los jardines de la catedral, los parques aledaños, pasear pro las avenidas, conversando alegre y cómodamente de muchas cosas, finalmente a las 6 de la tarde decidieron ir por ese café a una de las tantas cafeterías de la ciudad, donde continuaron conversando alegremente disfrutando el uno del otro y de las anécdotas que se contaban.
Bennett disfrutaba escuchar a Catherine hablar y comentar sus novelas con gran fervor y ella escuchaba a Bennett hablar de algunas curiosidades de sus novelas que desconocía.
Sin darse cuenta les llego la noche, las 7:45PM, se habían quedado hablando en el café sin darse cuenta.
— Que rápido ha pasado el tiempo, ¿no le parece, Catherine?—  comenta el señor Bennett.
— Pues si, pero es que la estoy pasando tan bien que… ni cuenta me di…— le dice sonriéndole.
Ambos se ponen de pie, Bennett paga los cafés y los panecillos dulces que habían degustado.
Ambos caminan unos metros al paradero, disponiéndose Bennett a llamar un taxi para la joven.
— No diré que no la he pasado muy bien, señorita, la verdad es que su compañía es inmejorable. — le dice el señor Bennett a Catherine quien le sonríe.
— Pues debo decir lo mismo, no me había divertido tanto conversando con alguien desde… ya ni recuerdo cuando…— sonríe. —  lastima que se va en unos días más, señor Bennett. — Dice con tristeza. — de verdad me hubiera gustado seguir compartiendo mis días aquí con usted.
— Pues… quizás me quede a terminar aquí mi libro, aprovecharía de la grata compañía de usted, Señorita Gueiler y podría compartir algo de tiempo con mi menor hijo, que falta me hace.
— ¡eso seria fantástico! — Exclama Catherine muy emocionada—…perdón por el entusiasmo…— dice bajando la mirada.
Eran esos gestos los que provocaban en Bennett algo que no entendía muy bien y le parecía cautivador en la chica.
—  Descuida, será un gusto para mí permanecer un tiempo más, quizás un par de semanas, compartir con mi hijo y por su puesto volverla a ver a usted Señorita Gueiler. — le dice sonriéndole.
Bennett no podía negar que esa joven en tan poco tiempo había despertado en el algún sentimiento que iba más allá del aprecio, el señor Bennett comenzaba a sentir cosas por la joven Señorita Gueiler. Esa noche al regresar a su hotel se sentó a escribir, la inspiración le había regresado aparentemente, escribió línea tras línea, con gran dedicación.
El sábado entonces llevo a su hijo de pesca al rio, donde la pasaron muy bien, hablaron mucho, Humberto trataba de conocer un poco más de su hijo, sus problemas, sus deseos, recuperar n poco de ese tiempo perdido gracias a los problemas y la distancia, descubrió que su hijo era un amante de la música, que uno de sus pasatiempos favoritos era el tocar el piano, algo Humberto ignoraba totalmente y le pareció fantástico, aunque no le pareció tan fantástico enterarse que Patricio le había prometido un piano para el fin de año, ya que Bennett no podría costear un piano aunque pidiera un adelanto en la editorial algo que era una locura suponer, pero fuera de eso estaba muy feliz por su joven muchacho y se moría por ir a escucharlo un día de estos mientras este en la ciudad.
Los días siguientes se reunió en muchas ocasiones con Catherine, a la cual comenzó a ayudar en su trabajo de escribir una novela romántica, los consejos e ideas de Bennett inspiraban y ayudaban a la joven quien comenzaba de a poco a plasmar sus ideas, para Bennett verla escribir era delicioso, veía la pación con la que Catherine tecleaba y como se perdía entre las palabras, era algo tan dulce par sus ojos, compartía una pasión con esa joven. Tan pronto como termino con el primer capitulo, la joven se lo dio a Bennett para que este le diera el visto bueno.
Esa noche en su habitación Bennett comenzó a leer la historia, disfrutando cada párrafo, cada letra, cada escena, cada metáfora, aunque al ir avanzando entre las 10 hojas que confirmaban ese capitulo noto 2 cosas, la primera, que la forma de escribir de la joven era muy similar a la de el, era casi igual, era como estar leyendo una historia escrita por el, lo que en principio no le molesto o perturbo, dado que el en sus inicios escribía similar a su autos favorito “Iban de la Garza y Piérola” más tarde el comenzó a hacerse de un estilo, así que ahora eso e era de lo más normal, dado que esa joven era una admiradora y deseaba escribir como el, lo segundo que noto y quizás llamó más su atención, fue que de alguna forma la narración que hacia se asemejaba mucho a lo que ocurría alrededor de ambos.
La joven había escrito casi con gran detalle, la escena en que ambos se conocieron en el avión hace una semana y 3 días, las misma conversaciones, aunque enriquecidas por su estilo particular y aunque los nombres de los personas eran totalmente diferentes, las escenas eran casi paso a paso a paso las mismas que ocurrían al rededor de ambos, había escrito una escena en la que el escritor asistía al cumpleaños de su hijo y sucedía casi exentamente lo mismo que le sucedió a el en casa de su esposa hace poco, lo que era extraño es que ella no tenia forma de conocer esos sucesos, e imaginarlos con tanto detalle le parecía fantástico, escribió acerca de los paseos por los jardines de la catedral, los cafés de una ciudad que describió tan detalladamente que sin duda era Vermut, pero que llamo “Colmena del sol” en su historia.
En concreto la narrativa le encantó, pero le extrañaron esas dos cosas, y su imaginación.
Era claro que la muchacha escribía acerca de el y de ella, al final del primer capitulo escribió:
“El escritor elegante y refinado no sabia que comenzaba a sentir por la jovencita que había conocido en ese avión y ahora no podía sacarse de la cabeza, el ignoraba si ella sentía lo mismo, pero la verdad era que ella también pensaba mucho en el, la admiración poco a poco se iba convirtiendo en algo más fuerte. Era trágico que ninguno de los 2 se diera cuenta que el otro no podía ya imaginar la vida sin el otro”
Esto dejo pensando al Bennett, lo que era verdad en esa frase es que el no podía dejar de pensar en su pequeña escritora, la cual se había metido de lleno en sus pensamientos, este fragmento de la novela solo le conformaba que o ella se había dado cuenta del obvio sentimiento del señor Bennett tenia por ella. Pero por otro lado no pasaba de ser una novela inspirada en sus últimas vivencias, la verdad es que estaba muy confundido aunque admirado por el contenido narrativo tan bien desarrollado.
A la mañana siguiente cuando Bennett se disponía a salir del Hotel y cruzaba la recepción del hotel se topa con Catherine quien estaba esperándolo ahí en la recepción.
— ¡Señor Bennett!— le grita llamando su atención y corriendo hacia el.
El señor Bennett al verla correr hacia el y lanzarse a sus brazos dándole un dulce beso de amistad y cariño no pudo evitar recordar lo leído en la novela. Por lo que su saludo estuvo algo balbuceado, pero dejo claro que era un verdadero placer verla ahí.
— Vaya, de verdad que me sorprendiste, no imagine verte tan temprano, aunque es una muy agradable sorpresa. — le dice con una sonrisa— ¿ya desayunaste?
— Pues no, aun no, tan pronto me desperté vine a visitarlo y a ver si ya había leído la historia, como… me dijo que la leería anoche, tenia muchas ganas de escuchar su critica, aceptare lo dura que pueda ser.
Bennett sonríe encantado por la dulzura con la que la joven hablaba, dulzura que ella había descrito en su personaje de la historia, ya que al igual que el escritor de la historia estaba basado en el, la joven de la historia estaba muy bien basado en ella.
— Pues… lo he leído anoche, y me encantaría hablar de eso… ¿te parece si te invito a cenar, Catherine?
La chica responde asintiendo y sale del brazo del señor Bennett en dirección a la cafetería del Hotel.
Es de recalcar que la confianza entre ambos había crecido en los últimos días, tanto que ya se llamaban por sus nombres, aunque siempre con un gran respeto y aprecio.
Tan pronto llegaron a la cafetería la joven Catherine abordaba al señor Bennett con preguntas acerca del primer capitulo de su historia, ignoraba que el señor Bennett aun no había digerido la historia, seguía algo impresionado y no podía de algún modo ver a Catherine y verse a si mismo como los personajes que se amaban, ¿acaso abre sido tan obvio que he despertado algún sentimiento ante la joven Catherine? Se preguntaba Bennett, después de todo era aun un hombre joven y atractivo, pero tenía sus dudas, ¿podría atraer a una jovencita de 19 años que recién inicia su vida? ¿Qué tan cierto seria lo que escribía Catherine acerca su personaje en la historia. ¿De verdad comenzaba a sentir algo pro el? No podía dejarse llevar por los sentimientos en su cabeza, debía reprimirlos pensaba, debía controlarse y ser objetivo, quizás la mente de la chica solo volaba.
— Pues...Catherine…leí la historia anoche, el primer capitulo y…note ciertas similitudes con la realidad…veo que has utilizado tus experiencias, y has inventado otras para poder… enriquecer tu obra…— le dice con claridad la joven frente a el loe escuchaba embelesada—…me gustó, me gustó mucho realmente, yo… encuentro tu narrativa casi perfecta es decir: hay ciertas cosillas que pudiste haber descrito un poco más, otras un poco menos, pero básicamente es muy buena— no quería exagerar diciendo que le había encantado.
— ¿y los personajes? ¿Que me dice de ellos?— pregunta con gran entusiasmo que incluso se prestaba a suspicacias.
— Ah… pues… ¿Qué te diré…? Yo…los describiste muy bien y… les diste personalidad propia, yo…no se pro que me vi reflejado en uno de ellos…— le sonríe algo avergonzado, pero sin sonrojarse claro esta.
— Le mentiría si le dijera que no me inspire en nosotros,  señor Bennett, claro que lo hice.— le responde con una risita de lado un poco picara.
El señor Bennett no puede más que parpadear un par de veces y tragar saliva para continuar.
— Pues… las personas están muy bien logrados, los sentimientos también los describes muy bien, ellos… me gustaron, era bastante creíble su relación…
— ¿Entonces, le gusto?— pregunta nuevamente con una sonrisa en el rostro.
— si, la verdad es que si, me ha gustado, eres muy imaginativa, se te ocurrieron ideas muy fantásticas… ya quiero leer el capitulo 2— le sonríe.
— ¿De verdad?— pregunta entusiasmada, Bennett asienta con la cabeza— me hace tan feliz, señor Bennett— Catherine se lanza por enzima de la meza de a cafetería contra el, abrazándolo y besándolo en la mejilla con gran euforia— hoy mismo comienzo con la historia, en unos días más creo que podría terminar otro capitulo. — regresa a su asiento. Bennett no puede evitar  sentir algo de vergüenza pro tal acción de su joven compañera, dado que la gente en la cafetería lo había visto. —  estoy seguro que le va a gustar, tengo algunas cosas en mente, ¿por su puesto puedo seguir contando con su apoyo, cierto, señor Bennett?— le pregunta.
— Por su puesto…puedes venir cuando quieras, yo encantado de…ayudarte en lo posible. — le responde.
Durante los días siguientes la joven continúo escribiendo la historia, muchas veces acompañada del señor Bennett, ya sea en la recepción del Hotel, en algún café, o a veces simplemente en el parque.  El señor Bennett había momentáneamente volcado toda su atención a la joven, había dejado estancada su historia, cuando se disponía a continuarla algo se lo impedía, no podía concentrarse, estaba muy distraído, solo pensaba en la chica, lo que le hacia difícil cerrar escenas y buena argumentación en su obra trágica. En estos días incluso había dejado de ir a ver a su hijo, pasaba gran parte del día con Catherine quien era la dueña de sus atenciones, el disfrutaba esos momentos mucho, le había comenzado a gustar el hecho de imaginar que la  señorita Gueiler sentía alguna atracción por el, eso la hacia atractiva ante sus ojos, y si eso no bastaba, los gestos dulces e incluso coquetos de la joven lo embelesaban.
Unos días más tarde la joven le entregó al señor Bennett el segundo capitulo de la historia, capitulo que el señor Bennett devora con celeridad esa misma noche.
Nuevamente noto que la joven había escrito acerca de ellos y algunos sucesos de los últimos días, la joven en ese nuevo capitulo dejaba en claro que los sentimientos del escritor eran cada ves más notorios, y que la joven se había dado cuenta de ellos ya, y solo esperaba el momento en que el escritor tuviera el valor para decirle que la amaba.
Bennett no sabia que pensar, por momentos tomaba la historia como una declaración de amor, casi era obvio que la joven sentía algo por el, pero el se negaba a creerlo, pero cuando llegó a la parte final del capitulo, leyó algo que sin duda lo dejo frio.
La joven Catherine había escrito:
“La joven enamorada sabia que el escritor era muy recatado y respetuoso como para dar el primer paso sin tener la certeza de que la joven lo aceptaría, el escritor no había notado hasta ahora las insinuaciones románticas de la chica a través de los poemas que esta le dedicada al escritor”  
“La chica había decidido actuar entonces, ya no tenia miedo, estaba lo suficientemente segura de que su escritor la amaba y la deseaba, pero no era capaz de demostrar dicho amor, la siguiente vez que tuviera cerca al escritor le diría e su cara lo que siente, le diría que lo ama y que sabe que el la ama a ella, su inicio temor era que el escritor la rechazara por ser esta tan joven y tomara su amor como un simple capricho juvenil y una locura de verano que lo había también envuelto a el, haciéndole perder el sentido y la razón, enamorándose de una jovencita que conoció en un avión”
El señor Bennett dejo a un lado las hojas de la historia y se quedó pensativo unos cuantos minutos, se internó en sus pensamientos, ¿Qué estaba pasando? ¿Seria verdad todo esto? ¿Abre despertado en esa joven tales emociones? El señor Bennett luchaba contra sus pensamientos.
Esa noche no pudo pegar los ojos, solo se dedico a repasar una y otras ves las hojas de la historia de Catherine, hoja, tras hoja, línea tras línea.
A la mañana siguiente le pasaron una llamada a su habitación, era su Sofía su ex esposa quien lo llamaba.
Quería informarle de que esta noche Alan, tendría un recital de piano a las 7 de la noche, dado que el había mencionado sus deseos de escuchar a su hijo tocar, ¿Qué mejor oportunidad que ahora? Sofía le explico que el hecho de comunicarle a ultima hora se había debido a que en el grupo de música de la escuela había decidido a ultima hora que Alan participe, dado que uno de los niños quien realizaría originalmente el acto musical se había roto una pierna, y recién anoche le habían dado la noticia a Alan, el segundo mejor en el equipo de música.
— Sera un placer asistir, estaré en la escuela a las 7 en punto, dile a Alan que le prometo estar ahí aplaudiéndole, Sofía, muchas gracias por comunicarme la noticia. — le dice a su ex esposa.
— No es nada, Humberto. Alan esta muy contento y entusiasmado, por nada faltes, estos días has estado distante, no han venido a saludarlo…— le dice inquisitivamente.
— Lo se, es que he estado trabajando yo…
— No tienes que excusarte, se que trabajas mucho, pero por favor, te esperamos, por cierto, no te preocupes por Patricio, tiene un juicio a esa hora, al parecer se retardaron pruebas y a las 6 se reiniciara el caso, así que no te lo toparas.
— Vaya, es una pena, con lo que me gusta conversar con el buen patricio…— dice con sarcasmo.
— Bueno, hasta la noche, Humberto.
El resto del día Bennett se la paso pensativo, algo preocupado, seguía pensando en Catherine, y lo que le llamó la atención es que en todo el día no se apareció en el hotel ni lo llamó si quiera, ¿Qué podría andar mal? Pensaba Bonnet, aunque alguna parte de el sentía un claro alivio de no haber visto a Catherine ya que temía que esta realizara lo dicho en la historia que le había dado un día antes, quizás temía que si la joven era la primera en dar el paso, el no tendría reparos en dar el siguiente, lo que le asustaba e iba contra todo lo que el creía, era un hombre recatado, incapaz de aprovecharse obviamente de una muchacha que para el, era obvio que sufría de una confusión, al igual que el, en este caso el era el maduro, y debería poner el alto, pero dudaba si seria lo suficientemente fuerte para hacerlo.
Como sea no se preocupó en eso, simplemente descansó un poco después de cenar para estar fresco en la noche en el recital de Alan, dado que la noche anterior no había dormido nada por la tensión le fue sencillo dormirse, previamente había colocado un despertador.
Despertó a las 6:00 PM, era un hombre puntual, sin perder tiempo ordenó un poco de café y unas tostadas para despertar, se dio un baño rápido para que junto al café poder estar listo, la puerta suena entonces mientras este se alistaba, al dirigirse a abrir la puerta se sorprendió al ver a la persona frente a el, no era la mucama con su café, era Catherine.
— ¿Qué haces aquí?— pregunta muy sorprendido al ver a la joven ahí en el pasillo.
— Pues… no fue difícil escabullirme entre la concurrencia. — Le dice sonriendo. —… ¿me invitas a pasar?— le dice haciendo un gesto de inocencia en la mirada.
Bennett quien no sala de sus sorpresa no sabia que responder, aun estaba con los pantalones sin asegurar y la camisa por fuera. No estaba presentable, pero de algún modo su pudo desapareció y la invito a pasar al recibidor de su cuarto de hotel que no era para nada pequeño, cada cuarto tenia 3 piezas, recibidor, habitación y un amplio baño.
— Espérame aquí, iré a… ponerme más presentable y hablaremos…— le dice atentamente el señor Bonnet a Catherine dirigiéndose a su alcoba para terminar de vestirse.
— Espera— la joven lo detiene del brazo antes que este diera ni 2 pasos. —…hablemos ahora, es importante. — le dice con seriedad.
— De verdad… de verdad preferiría vestirme un poco más… no es de un caballero…
— No te preocupes, yo se que eres un caballero, Señor Bonnet. — le dice y le suelta del brazo. — ¿Leyó usted lo que le di ayer?— le pregunta con una sonrisa levemente dibujada y una mirada que podía denominarse seductora, esto acompañado de un paso que dio acercándose al Señor Bennett. El cual se pudo algo nervioso ante la situación.
— Pues… si, la he leído. — respondió sin más comentario y retrocediendo un paso.
— ¿Qué me puede decir usted acerca de lo que ha leído, señor Bonnet?— pregunta con la misma mirada que, aunque quería disimularlo, al Señor Bennett le resultaba muy atractiva y seductora.
— Pues… me ha dejado un poco… confundido, señorita Gueiler… yo diría incluso algo preocupado.
— ¿Por qué?— mantenía la mirada.
— Pues… creo que…— El confundido y nervioso Señor Bennett se esforzaba en argumentar algo bueno, que lo sacara del apuro, luchando contra todos los sentimientos que cruzaban su cuerpo en ese instante, ¡Oh¡ pero que hermosa esta con ese vestido color rojo que traía, pensaba, ¡que ojos, que boca! Como me gustaría besarlos, no podía sacar esos pensamientos, ya le era suficientemente obvio al buen escritor que esa joven lo deseaba, se lo había dejado claro aunque e se negaba a aceptarlo, ¿quizás por moral? ¿Quizás por el respeto? ¿Por la diferencia de edad? No se explicaba no encontraba una verdadera buena escusa para no tomarla en sus brazos, besarla y llevarla a su cama y hacerle el amor hasta que ya no pueda mas.
— Yo…yo…pues…los personajes han…— exhala entonces y se queda en silencio unos segundos.
— ¿sabe por que no vine en la mañana como suelo hacerlo, Señor Bonnet?— pregunta la Joven. — ¿sabe por que hasta este momento aparezco frente a usted?
— Lo ignoro, Señorita. — le responde secándose el sudor.
— Pues le diré…, toda la mañana y parte de la arde hasta el momento en que me decidí a venir hasta aquí estuve meditando y pensando… ¿sabe que pensaba?
— Me doy una idea…
— Pues bien, quizás esa idea este correcta, pensaba en usted, y pensaba que era casi obvio, que de dada su educación, su porte y su respeto hacia mi, lo que le impediría tomar una decisión en cuando a sus sentimientos se refieren. — le dice con seriedad aunque una ligera sonrisa— no es un secreto para mi que usted me encuentra atractiva, me di cuenta hace mucho, debo aceptar que lo oculta bien bajo ese comportamiento elegante y protector, muy buen disfraz, me costó debo aceptar, pero estoy segura que es así, y que usted me desea.
Bennett expulsa una risa nerviosa.


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