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 ¿Como resolver un asesinato? (parte 3)

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franckpalaciosgrimaldo
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MensajeTema: ¿Como resolver un asesinato? (parte 3)   ¿Como resolver un asesinato? (parte 3) Icon_minitimeMiér Nov 14, 2018 5:42 am

Embriagó a su esposo, bajo tratando de no hacer ruido, se cruzó con la huésped del primer piso, tenía que inventar algo, así que le pidió disculpas, tan pronto esta se fue al baño ella fue a la cocina, cogió un cuchillo y subió de regreso al segundo piso, ¿pero por qué? Para ¿amenazar a su amante, para amenazar a la mujer que la estaba chantajeando?
Lo que tenía claro es que la muerte de Esther no estaba planeada, fue un error.
¿Cómo la sacaron del edificio? Sin dejar huellas sin dejar rastro alguno, esa era la clave, sin eso nada tenía sentido. Di unas vueltas por la oficina pensando, analizando, tratando pensar desde lo más ridículo hasta lo más complejo.
Dos salidas, la frontal, asegurada, la llave solo la tiene el recepcionista, la salida posterior por la cocina, la llave la tenía la cocinera, dormida, dos ventanas sin rejas de seguridad, la del segundo y tercer piso, ambas aseguradas desde el interior, las manijas estaban aquí en la oficina, en el cajón de abajo, serrado también, según dijo el recepcionista faltaba una, por lo que por lógica, aseguraba las ventanas y retiraba la manija.
Las manijas se retiraban presionando un mecanismo, luego de asegurarla, por lo que abrirla sin esta era prácticamente imposible. ¿Qué no estaba viendo?
Entonces regrese a mi asiento y por un instante pensé que era mejor que deje de pensar, me estaba comenzando a doler la cabeza, así que busque en los cajones quizá alguna pastilla o algo, total no podía salir aun, pero no encontré nada en el cajón, solo algunos papeles, e instrumentos de oficina viejos, nada interesante, abrí otro cajón, de los que estaba abierto, vi algo que me llamo la atención era una foto de los trabajadores del hotel, estaban ahí el recepcionista, un hombre mayor que parecía ser el conserje, estaba la cocinera, y dos mujeres no tan mayores, una de ella tenía sobre su mano un pastel, en la parte tercera de la foto ponía: Despedida de Dorotea. Entonces me di cuenta que ella era la ex mucama, no era una mujer muy mayor, tendría que quizá 30 años, el recepcionista la estaba abarcando muy sonriente, pero ella se notaba extraña ¿estaba incomoda? ¿Estaba triste? ¿Qué problema de salud tendría?
Encendí el monitor de la computadora, no había internet aun, apenas y había señal aquí en la oficina, solo me quede ahí dándole vuelta a todas mis teorías, la verdad me sentí algo decepcionado, la idea de esperar a que lo resuelvan y ver las noticias no me hacía muy feliz, me consumía pensando ¿Cómo sacar a Esther o como pudo ella entrar?
Pude ver por las cámaras de seguridad como el detective hablo primero con la cocinera, después de un rato más con la mucama y finalmente con el recepcionista. Se notaba seguro, relajado, respondía con soltura, él era de los pocos que no me culpaba a mí.
¿Por qué no me había parecido sospechoso? Me pregunté.
Me acerque a la puerta y trate de oír la conversación, al no haber nadie más que el oficial tras la puerta el detective y el recepcionista podía oír con algo de esfuerzo.
El recepcionista, llamado Ernesto era un hombre de unos 36 años, delgado, se veía algo descuidado, pasaba mucho tiempo aquí, el hotel era de su padre, había trabajado aquí desde los 21 años cuando acabó la universidad, era soltero, prácticamente vivía aquí y sus amigos se resumían en los otros empleados, era agradable, no parecía un hombre agresivo, un psicópata, pero quien sabe… él tenía las llaves de las salidas, las ventanas, tenía acceso a las cámaras… ¿pero por qué lo haría? Esther y él no estaban relacionados de ninguna forma… a menos que…
Pensé en algo, y aproveche mi estadía en la oficina para revisar algo en los archivos de la computadora, y encontré algo que me hizo cambiar totalmente la perspectiva de lo que estaba sucediendo hasta ahora. Solo tenía que profundizar, aunque no había mucho tiempo.
Pasaron las horas, cerca de las 5 de la tarde la nieve había bajado y las carreteras se abrieron nuevamente, recibí una llamada de mi novia, me dijo que a las 7 o a las 8 estaría llegando al hotel y que podríamos ir donde sus padres, le dije que la esperaría.
El detective nos reunió a todos en el lobby nuevamente.
Sebastián se quedó en su cuarto, estaba empacando, tenía que ir con el detective a la central en la ciudad, estábamos ahí el recepcionista tras el mueble al lado de la mucama y la cocinera, la mujer misteriosa parada lejos de todos cerca del mostrador, el hombre solitario cerca a las escaleras, los jóvenes en el mueble, la mujer, esta vez sin el niño, sentada ahí al lado de la pareja del tercer piso, cuando Salí de la oficina y me pare cerca del mueble todos me miraron, fue incómodo.
EL detective comenzó a hablar “Bien, he recolectado las pruebas que necesito he hice las observaciones correspondientes, también hable con todos y anote sus datos y corroborare lo que me dijeron en la central, como sabrán no hay pruebas suficientes para acusar a nadie aquí, lo que es algo muy interesante, más allá del arma homicida que supongo no tiene huellas, y que misteriosamente subió hasta la habitación del señor Gonzales, contra el cual no existen suficientes pruebas, — Los huéspedes me miraron entonces, algunos con desconfianza aun, otros simplemente con desinterés, el huésped misterioso fue uno de ellos, me miro profundamente y con frialdad en la mirada —, lo que es una verdadera incógnita, un misterio si quieren llamarlo así, es como logro salir la señora Esther, y créanme con el debido tiempo lograremos descubrirlo. Antes de retirarme, un oficial tomara sus huellas y les tomara una fotografía… para el registro, les agradecería que no salgan del país, siguen dentro de una investigación, los contactare para volver a hablar con ustedes de ser necesario, de lo contrario, también serán informados. No los puedo retener aquí y no hay pruebas para arrestar a ninguno, buen trabajo — dijo sonriendo —.”
Los huéspedes se miraron entre ellos, todos cruzamos miradas.
Regresé a mi habitación, al igual muchos de los huéspedes, un oficial entro a mi habitación algunos minutos después y efectivamente me fotografió y tomo mis huellas digitales, lo mismo hizo con todos los huéspedes.
Por mi ventana pude ver como los primeros huéspedes se retiraban, la pareja del tercer piso, subieron a su auto, era uno moderno por lo que no tardó mucho en calentar, yo no sé cómo haría con mi viejo auto. También pude ver a la cocinera dirigirse al paradero, y esperar ahí seguramente un taxi. Las patrullas se fueron también, pude ver al detective y a Sebastián en una de ellas.
Bajé al primer piso, quería algo caliente, un café, quizá un chocolate caliente, había sido una mañana muy jodida y además tenía algo que hacer aún, algo que quería comprobar, lanzar mi última carta. Me dirigí al lobby y me acerque al mostrador, ahí estaba el recepcionista, “¿Crees que la mucama pueda prepararme un café? Vi que la cocinera se fue.”, le dije sonriendo. “Claro, le diré ahora mismo…, es que hoy era su día libre… por eso se fue”, respondió. Asentí. “Iré a ver si mi viejo auto enciende, —le comunique —, si no es mucha molestia tomare el café aquí, tengo que esperar a mi novia y no quiero estar en mi habitación”, el recepcionista sonrió y asintió, tan pronto me dirigí a la salida fue al pasillo que da a la cocina.
Ya en mi auto retire un poco de la nieve de encima, y de las llantas, tenía la esperanza de que encendiera, aunque no muchas, alce el capot de mi auto, no había entrado hielo, todo parecía bien, intente encenderlo pero no reaccionaba, era cuestión de seguir intentando. Me percate que había un auto más, seguro era del huésped misterioso, me pareció extraño que no se haya ido aun.
Algunos cuantos minutos después cuando estaba ahí intentando encender mi auto, pude ver a través de la ventana a la mujer del primer piso ya con su maleta lista en la recepción estaba entregando su llave y alistándose para salir. Ya afuera se me acercó.
“Quiero que sepas que yo nunca pense que tu fueras el asesino, me pareciste un chico bueno desde el comienzo” me dijo la mujer misteriosa sonriéndome. “Muchas gracias”, respondí “Es de las pocas personas, y bueno no me sorprende tampoco, a veces soy muy hablador y curioso no es la primera vez que me meto en líos… menos mal no paso a mayores, al menos para mí”, respondí, la mujer me miro y asintió. Antes que se disponga a irse tenía que sacarme una duda de la cabeza, la detuve “Un momento, señora, — le dije poniéndome de pie, estaba sentado en el asiento del conductor de mi auto— ¿puedo preguntarle algo?”, la mujer asintió. “¿Qué sucede?”, me dijo algo extrañada. “¿Qué hace una mujer sola tan lejos de su ciudad? no me pregunte cuando conversamos…, perdone si se incomoda con mi pregunta”. Sonrió y respondió “No, no me incomoda, supongo que no importa. Veras, tengo más de 20 años de casada… y hace algunos días encontré entre la ropa de mi esposo un recibo… — su expresión cambio sutilmente, — era de este lugar”, miro el edificio y soltó un suspiro, ya me imaginaba lo que estaba pasando, ella continuó “…, sospecho que me engaña desde hace cerca de un año, y pues ha estado viajando mucho con la excusa de reuniones y en busca de clientes, es asesor financiero. Cuando me dijo que saldría de viaje por negocios el fin de semana le dije que aprovecharía para ir a ver a mi madre en Cataluya, y vine aquí, pensé que vendría el día de hoy quería encontrarlo infraganti con su amante…— el sonido del guante al hacer puño en su mano se hizo oír, estaba ella muy enfadada, sería capaz de todo, en sus ojos podía verse la furia —, pero al final supongo que fue en vano.”
La mujer se notaba muy afectada, me imaginaba que sería capaz de todo, entonces me atreví a hacer una conjetura y lanzarla, total, creo que tenía razón.
“El arma era de usted, ¿verdad?”, le dije. La mujer se quedó en silencio y bajo la mirada. “Tranquila… ¿Qué importa ya?”, me senté nuevamente “No la culpo, pero pienso que fue mejor así…”.
“Espero no haber causado problemas…”, dijo la mujer, “Solo quería… no sé qué pensaba, me asusté mucho y… solo se me ocurrió esconderla… no pensé con claridad, discúlpame pude haberte involucrado a ti o a cualquiera...”. Le sonreí y trate de comprenderla, la verdad no había más opción, ella no había matado a nadie finalmente “Tranquila, el detective pensó que pudo ser de cualquiera que no tenga licencia, si bien la mujer tuvo un golpe en la cabeza no pudo ser de su arma…, y yo no diré nada”. La mujer algo avergonzada se giró y se fue rumbo a la carretera. “¡Eh señora! — le dije, ella giro a verme — Nunca es tarde para un divorcio… o quizá deba confiar más en su marido…”. La mujer sonrió y siguió su camino.
El misterio del arma estaba resuelto. Ahora solo me faltaba unir algunas piezas más, y creo que podría llegar a la conclusión de algunos puntos más. Regrese al segundo piso y le toque la puerta a Cinthia, aun seguía en el edificio. Esta se asomó, “Hola… estaba empacando”, me dijo y abrió la puerta, “pasa”, me invitó.
“Hola…”, me dijo su hijo sentado en la cama. “Hola, — respondí sonriendo — veo que ya se siente mejor”. “Así es, los medicamentos funcionaron…, pero igual lo llevare a la posta cuando llegue a la ciudad… pensé que ya te habías ido”. Me dijo mientras terminaba de empacar “No, aun no debo esperar a mi novia, vendrá pronto, estaba calentando mi auto”.
“Es una lástima que no hayan atrapado al asesino…, me disculparas, pero pensé varias veces que habías sido tu”, me dijo algo avergonzada. “No te culpo, incluso yo lo pensé”, sonreí.
Observe al niño y a ella algunos segundos “Sabes, descubrí de quien era el arma… no era del hombre del 210, creo que me apresure en sacar conclusiones…”, le dije. “¿Ah sí? ¿De quién era entonces?”, preguntó. “Prometí ni decirlo, pero no la usaron en contra de Esther, descuida, tenía otros fines.” Entonces note algo, el niño no traía una chaqueta para este clima, ni ella tampoco.
“Bueno…, tengo que irme de una vez. Fue un gusto concierte…”, me dijo sonriendo y tomando de la mano a su niño y su maleta en la otra. “¿Qué no le pondrás algo más abrigador?”, le pregunte, ella se puso nerviosa, “Déjame adivinar… se te olvido empacarlo, me pasa seguido…”, me saque la mia, era una muy gruesa y no era tan grande como para no quedarle a un niño de quizá 9 años, “No es necesario”, me dijo ella, pero insistí.
“Eres muy amable”, me dijo. “No te preocupes, tómalo como un regalo”, le respondí, “Te ayudo, voy afuera voy a bajar de todas formas”. Bajamos entonces, me dijo que esperaría un taxi en el paradero, así que le ayude a sacar sus maletas, me alcanzó algunos minutos después con su niño en el paradero que estaba frente al hotel. “Gracias, de verdad eres muy amable, casi lamento haber pensado que eras un criminal…”, sonreímos.
“Así pasa, y muchas veces los criminales no solo son asesinos, — le dije — a veces es un solitario, un hombre muy agradable, un marido agresivo….”, ella giró a verme. Cuando ella estaba empacando pude ver algunos moretones en sus brazos y cuando su maquillaje se corrió por el sudor en el lobby también me pareció ver que se había cubierto un golpe en el ojo. “Espero que en la ciudad te vaya bien…, te va a gustar hay mucho movimiento, cuídate mucho, Cinthia, — le dije sonriendo — Adiós, muchachito, espero te guste mi chaqueta — el niño asintió.” Cinthia no e dijo nada solo bajó la mirada y asintió.
Me di cuenta que pensar en todos como culpables me alejaba del hecho que muchos también podían ser víctimas, creo que a eso se refería el detective a que todos aquí ocultaban algo y poco a poco me di cuenta de eso.
Regrese al hotel, eran cerca de las 6:30 y ya casi estaba oscuro, me senté en el mueble del lobby a esperar, las carreteras se habían abierto cerca de las 4 así que mi novia estaría en camino seguramente. La mucama vino con mi café unos minutos después, “Aquí tiene”, me dijo colocándolo sobre la meza de centro, se notaba que aun desconfiaba de mí, no la culpo. “Muchas gracias…”, respondí, ella asintió y se regresó a la cocina.
El recepcionista salió de la oficina y se me acercó cruzando el mostrador, tomó asiento frente a mí en el mueble, “Espero que esto no haga mala publicidad al hotel…”, comentó. “Pues no vi periodistas, pero estas son anécdotas que la gente suele contar… y estoy seguro que Sebastián no se quedara en silencio y en todo caso no la asesinaron aquí dentro…”, le explique. “Si, eso es verdad, pero igual… no es algo que se ve todos los días…”, respondió y se reclino hacia atrás en el mueble se notaba cansado. “¿Trabajar aquí todos los días no es aburrido? Es decir, ves muchas personas, pero estar aquí día y noche…”, le pregunté. Me miro y sonrió el delgado hombre “Puede ser muy aburrido…, me llevo bien con las chicas y con el conserje pero si a veces solo quisiera largarme y buscar algunas chicas…, pero este negocio es de mi padre y me lo dejo a cargo tengo que quedarme aquí”.
“Debe ser divertido también… ¿Qué tal la nueva mucama? he visto que la miras…, es una linda chica. ¿Tú tienes enamorada?”, le pregunté guiñándole el ojo, este se inclinó hacia mí. “Si, es muy guapa…, pero es muy callada, no es como la anterior mucama… ella y yo éramos muy unidos… tuvimos nuestros momentos…, — me dijo sonriendo —…, pero no, no… estoy soltero… no he podido encontrar una chica con la que pueda madurar una relación…”, me respondió. “Ya veo… si, seguro ya se conocerán mejor, así son las chicas en un comienzo… por cierto, que le paso a la ex mucama ¿Qué problema de salud tenia?”, pregunté. “No lo sé, creo que algo con sus pulmones, no estoy seguro… fue repentino, me sorprendió que se fuera así…”, me explicó. “Entiendo, a veces suele pasar, este clima es muy complicado”.
Bebí unos sorbos de mi café y continué hablando con él.
“¿Al final quien piensa que fue el asesino?”, le pregunté.
“Pues… para mí el sujeto del 210, no se… me parece muy raro todavía…”, me respondió.
“¿Pero cómo pudo salir? Solo tú y la cocinera tenían las llaves, tanto de ventanas como de las puertas, ¿no es extraño? Además… ¿Por qué la mataría? Tú crees que…”, insinué. “Que…”, respondió. “Ya sabes… que hayan sido amantes…”, le dije en voz baja, “Era una mujer muy linda… tendría que sus 38 años…, 40 quizá, no lo sé…, era una doctora, tenía dinero su esposo… no da la talla, sin hablar mal… tú lo viste”. El recepcionista sonrió y asintió. Continué “Pienso que ella estaba acostumbrada a los amantes, no se… es muy normal entre las mujeres con dinero… ¿oíste cuando ella le dijo que él fue el que quiso venir?… estoy seguro que ella vino a verse con alguien más… y que otro que el sujeto del 210”. Bebí un sorbo más de mi café.
“Es verdad…, — me respondió —… era una mujer muy hermosa…, seguro tenía muchos amantes”, dijo mirando en dirección a su oficina. “… ¿la viste cuando bajo anoche en bata? Con el debido respeto… estaba muy hermosa…”, dijo sonriendo. “Si, la vi… tu sabes qué clase de mujeres usan esas batas, creo que fue algo pasional… ¿pero cómo la logro sacar? Eso es lo que me sorprende, fue muy inteligente”.
“Si, fue el crimen perfecto…”, me dijo.
“Aunque…, — interrumpí —, si bien todos tienen una coartada, hay algo que el asesino no tomo en cuenta…” deje mi café sobre la mesa de centro, “El no ser amigo de alguien no significa que no sepas quien es…, y ¿sabes por qué el detective no me arresto?”, pregunté. Algo confundido el recepcionista respondió “Quizá… porque sabe quién es el asesino… pero no está seguro”, asentí. “Exacto, cuando estuvimos en tu oficina me dijo exactamente eso...”, se me acercó nuevamente. “¿Entonces él sabe quién fue?” preguntó. Asentí, en ese momento noté como una gota de sudor bajo de su frente por todo el lado izquierdo de su cara hasta llegar a su barbilla.
“En algo tienes razón, el hombre del 210 si era amante de Esther”, le dije, el no pareció sorprenderse solo achinó los ojos un instante, continúe “Ella y él se conocían, posiblemente ayer venían a encontrarse, creo que este lugar les gustaba…, es alejado, solitario… ¿nunca los viste antes?” pregunté, el sujeto en silencio solo negó con la cabeza. “Pues sabes… yo pienso que si han venido antes, al menos dos veces, que se yo… y aquí viene lo interesante, pienso que él le pidió dinero a cambio de no contarle nada a su esposo, algo que a una mujer como ella no le caería bien…”.
“Eres muy listo, eso tiene sentido…”, me dijo sonriendo forzadamente.
“Él tiene una hija enferma, dijo el detective, posiblemente algo grabe, algo que un corredor de seguros no puede cotear…, entonces le pide prestado a la amante doctora y adinerada… esta se niega porque no es su problema, ya sabes cómo son los médicos un enfermo no le importa si no paga” dije con ironía, continúe, el hombre frente a mí me prestaba toda su atención, el sudor seguía cayendo “…ahora, este la amenaza, le dice que si no le da el dinero para su hija… este le contara a su esposo todo, no tendrá el dinero pero se vengara de ella…, una mujer así, no puede permitirlo, así que con el dolor de su ego accede…, se citan aquí donde ya se habían visto y… ¿Qué crees que pasa?”, le pregunté.
“No…, no se… ella se niega y el la mata…”, responde dudoso.
“No, no… — lo corrijo —, recuerda ¿Cómo la saco del hotel?”, el hombre levanta los hombros “Pues ahí viene el detalle, lo que no hemos visto…, siendo casi obvio si dejamos de ver a Esther como alguien que fue víctima de su amante, porque ella pagó, estoy seguro que si o hizo…, pero no contaba con algo más…¿verdad?”, le pregunte.
“Ya me… ya me confundiste”, dijo sonriendo algo nervioso.
“No solo su amante la amenazo…”.
El recepcionista quedo en silencio, se secó el sudor que cada vez caía más.
“Aquí entre nos… ¿fue un accidente, verdad?”, le pregunté con seriedad.
“¿Qué? — sonrió muy nervioso —… ¿Qué estás hablando?... esto es una locura… estas insinuando que…”, balbucea.
“¿Sabes que pienso?”, cogí nuevamente mi taza de café y bebe un sorbo más, “…Pienso que fue muy fácil comunicarse con ella, te gustó, seguro recordaste su nombre, te conseguiste su número de oficina en el hospital, fuiste a verla…, le mostraste algo… el video donde se le ve entrando a una habitación con su amante…, y tenían que llegar a un acuerdo, pero tú no querías dinero…, no, ¿para qué?”, la expresión del recepcionista cambio, estaba serio, “… tu querías algo más, no te culpo…, era una mujer muy atractiva”. Deje mi taza sobre la meza.
“No… ¿Qué?...” comenzó a reír y acomodarse en la silla estaba nervioso, ¿había dado en el clavo?, continúe “¿Qué acordaron? ¿Que luego de apagar las luces la esperarías en la cabaña del conserje? Así nadie oiría nada…, pero ella tenía otros planes, ¿verdad? se hartó de que la amenaces, sabía que eso se repetiría… y antes de salir por la puerta trasera que dejaste abierta, esta tomó un cuchillo… ¿y qué más?…”.
“Vaya…, — dijo el recepcionista sonriendo —, ojala hubieran pruebas, todo calza muy bien… ¿pero… no puedes demostrar que eso sucedió o sí?”.
“Si, si puede…”.
El hombre misterioso del 210 apareció en las escaleras tras de mí, había estado oyéndolo todo y se acercó con un maletín, lo abrió y nos mostró el dinero que le había traído Esther.
“Yo le pedí el dinero con amenazas… y me contó lo que le habías dicho, que le enviaste un video en el cual se nos veía conmigo entrando a una habitación…, me dijo que teníamos que hacer algo, o los dos quedaríamos arruinados, perdería mi esposa, mi hija enferma no lo soportaría… me dijo que tomara el dinero y que le ayudara a matarte, pero al final no pude ayudarla.”
“No… cualquiera pudo enviarle el video… yo, no… ”, Se puso de pie y balbuceó, estaba sorprendido. “¿¡Por qué no le dijiste a la policía?!”, preguntó.
“…No tenían el video… y asumí que lo tenías escondido en alguna parte”, le respondió, “Pero lo tenías en tu computadora, imbécil…” el hombre misterioso dejó el maletín sobre el mueble cerca a las escaleras y se acercó a mi unos pasos.
“Tuve mucho tiempo de buscar en tus carpetas encerrado en tu oficina, por cierto guardas mucha pornografía que creo que la policía encontrara interesante”. Le dije poniéndome de pie también.
“Eso no prueba nada… — respondió el recepcionista —, pude haberle pedido dinero, pude haber simplemente no utilizado ese video, no hay pruebas de nada… no pierdan su tiempo…”.
“¿No entiendes? — le dije — Alguien la situó aquí abajo poco antes de su muerte, hay un testigo que sabe que la amenazaste…, tienes el video, eres el único que podía salir y entrar… y lo más sospechoso, tienes una puta carpeta con videos de vigilancia de mujeres engañando a sus esposos en este hotel, que seguramente chantajeaste igual… ¿Cómo explicaras eso?”
El recepcionista simplemente se sentó nuevamente.
“Llamare a la policía…”, dije dirigiéndome al mostrador.
Cerca de 20 minutos después la policía estaba de regreso en el hotel.
Esposaron al recepcionista y se lo llevaron, este no dijo nada ni opuso resistencia. El detective Sartori se me acercó en el lobby “¿Sabes que podría arrestarte por ocultar pruebas a la policía?”, me preguntó. Sonreí y respondí “Yo solo estaba tratando de encontrar al que me trato de inculparme no buscaba al asesino ese era su trabajo…”, respondí.
“Tiene 3 denuncias por acoso sexual…, la más reciente fue hace 7 meses, la mujer retiro la demanda por alguna razón, era cuestión de tiempo para volcar la investigación hacia él, menos mal no borro los videos y el amante de Esther hablo finalmente…”, explico el detective.
“Imagino que el ocultó el cuchillo en mi baño cuando la mayoría estábamos fuera… y dejo la sangre en la pared del segundo piso para despistar… fue muy inteligente en ese sentido”, le dije al detective.
“Es cierto, centro la atención en el segundo piso… y seamos sincero tú y tu curiosidad le dieron un perfecto sospechoso…”, dijo el detective sonriendo, “Solo me queda descubrir de quien era el arma, pero estoy seguro de que no es del Recepcionista…”, me extendió la mano, “Eres muy perspicaz, amigo… pero en el futuro trata de no ser tan entrometido, no todos tienen mi paciencia”.
Le estreche la mano al detective, “Si, lo tendré en cuenta, esta vez casi me involucro en un asesinato… pero entenderá que en análisis es mi trabajo y soy muy bueno”, le sonreí, el me devolvió la sonrisa, “No lo dudo. Posiblemente lo estarán llamando mañana para dar sus declaraciones”. Asentí y el detective se retiró junto con el hombre del 210 y el recepcionista.
Algunos policías se quedaron en el lugar, pues aún estaban los jóvenes en el edificio y no podían irse hasta que sus padres o apoderados llegaran por ellos, la mucama se retiró poco después que se fuera el detective, yo espere en el lobby hasta que llegara mi enamorada, se asustó cuando vio las patrullas, pero cuando me vio ahí alado de mi auto se sintió aliviada, creo que cualquiera se sorprendería.
Fuimos a casa de sus padres donde pasaríamos la semana como habíamos planificado, mientras conducía y me alejaba del hotel no podía dejar de pensar en cómo en el lugar menos pensado podían ocurrir cosas tan descabelladas y como se podía resolver un asesinato don los detalles y un poco de imaginación, ah y suerte también. Mire a Sharon, mi novia mientras conducía por la carretera que rodeaba el edificio, y pensaba en Sebastián, imaginaba lo horrible que debió ser para él, recién ya fuera del lugar entre en conciencia de que lo que paso ahí había sido horrible, me sentí mal, asqueado incluso asustado.
Creo que mientras nos alejábamos del hotel, de la escena del crimen, entendía que había estado muy cerca de la muerte, “¿Estas bien?”, me pregunto Sharon. “Si… solo me alegra que estés aquí”, ella extendió su mano y me acaricio el rostro “Lindo… ¿y me dirás que paso allá?”, preguntó. “Claro, pero aún no… quiero descansar un poco no quiero que tus padres me ven con esta cara…”, ella asintió y siguió conduciendo, yo dormí hasta llegar cerca de casa de sus padres.
Soñé con el hotel, sabía que durante los siguientes días sería un sueño recurrente. Llegamos a casa de sus padres, “¿No estés nervioso si? Ellos te amaran”, me dijo. La verdad me era imposible tener miedo de hablar con ellos.
En la cena algunas horas después.
— Entonces estuviste en el hotel “Hojas de otoño” — me dijo su padre mientras cenábamos.
— Si, estuve ahí desde ayer en la tarde…, — respondí.
Su mamá interrumpió.
— Entonces estuviste cuando ocurrió lo de la mujer… — dijo sorprendida. — acabo de verlo en las noticias…
Ya se había hecho pública la noticia del crimen. Sharon se sorprendió también.
— ¿Por eso no me quisiste contar que sucedió…? — preguntó mi novia.
— Es que no quería preocuparte…, — respondió. — Pero creo que será bueno contarles que sucedió…
— A mí me encantaría oírlo — dijo su padre.
— Ay no seas morboso, Gerald, — le dijo su esposa.
— Tranquila, señora — le respondí —, le prometo que no seré tan grafico — ¿tú quieres saber? — Pregunte a Sharon, — yo mismo ayude en la investigación…
— Bueno, sería interesante saber que hiciste estos dos días en ese lugar — respondió sonriendo.
— Muy bien… — comencé —, verán primero debo hablarles del detective, fue pieza fundamental, cuando lo vi entrar me sorprendió su actitud tan relajada, estaba seguro de que encontraría al culpable, entro sosteniendo su maletín y sacudiéndose la nieve de los hombros que humedecían su abrigo, no sabía quién era, no recordaba haber oído de él, ni en noticias ni en alguna conversación, solo sabía lo que nos había dicho el dueño del hotel aquella fría y oscura mañana.
“Es el mejor investigador que hay en esta ciudad, si alguien descubrirá lo que sucedió con la Sra. Esther, ese es el detective Sartori”.

FIN
Franck Palacios Grimaldo
09 de marzo de 2018

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