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 Ella, Una historia que no debo contar- Parte 2

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franckpalaciosgrimaldo

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MensajeTema: Ella, Una historia que no debo contar- Parte 2   Dom Nov 11, 2018 1:01 am

Ella, Una historia que no debo contar- Parte 2
Al finalizar, nos dieron unos minutos antes de entregarnos los certificados, aprovechamos para ir a comprar algo, yo fume un cigarrillo, y Jazmín compro una bebida, Miriam compro un sándwich, era interesante como su actitud conmigo cambio, era más relajada, hacia más contacto, me golpeo juguetonamente unas veces, era como si estuviera con una jovencita de 17 jugueteando por ahí, me abrazó incluso en un momento, yo coloque mi brazo alrededor de ella también, no le molestó, era obvio luego de lo que paso el día anterior, ahora éramos más cercanos y esas barreras habían quedado atrás, incluso Jazmín la noto diferente más divertida.
Regresamos y firmamos los documentos, nos entregaron los certificados, pues el examen fue corregido digitalmente, gracias a Dios los 3 aprobamos, y ella obtuvo el puntaje para su ascenso, todo estaba ahora en manos de su jefe, yo por mi parte aprobé igual, si todo salía bien, me darían el aumento al menos.
Almorzamos juntos como forma de celebración, fue un almuerzo divertido, regresamos al hotel y nos despedimos de Jazmín, pues su vuelo salía ya, ella había empacado temprano al igual que Miriam, yo la ayude con su equipaje, embarcamos en un taxi a Jazmín, le prometimos vernos nuevamente, aunque eso sería muy difícil de todas formas, Miriam lidia con ella pero no es de su agrado completamente.
Miriam y yo tomamos un taxi para la estación del tren, su tren salía en 40 minutos.
Yo tendría que regresar, pues mi vuelo aun salía a las 6:00pm, tenía al menos 3 horas antes de eso y quería llevarla, en el taxi no dijimos mucho, las despedidas suelen ser así.
— Estoy seguro que te darán ese ascenso,  — le dije sonriendo.
— Ojala que si, mi jefe es algo complicado, pero creo que esta ves si. — respondió.
— Te extrañare, linda, ha sido una semana muy divertida, y ha sido gracias a ti, yo no la paso bien en estas cosas si no existen personas como tú.
— Igual, de verdad espero que te den ese aumento, y pues ya quedamos en salir algún día, puedes ir a visitarme o quizá yo vaya a visitarte, aparte siempre hay conferencias, podemos ir juntos a otra algún día. — me dijo.
Por alguna razón comencé a sentirme triste luego de escuchar sus palabras, no sabía por qué, pero ya la extrañaba, ya comenzaba a sentir que algo de mí se estaba yendo.
El taxi llego a la estación de tren y ahí bajamos, nos dirigimos al andén y ahí estaba su tren listo para abordar, me sentí como en una película vieja, esa en la que el héroe está en la estación y ve a su amada partir sin poder hacer nada, fue ahí cuando se me ocurrió contar esta historia, pero nunca pensé que me pasaría de esa forma.
Juro que cuando me abrazó ahí desee tanto que el tiempo se detuviera, y quedarme ahí con ella, me sentía como un chico nuevamente, no diré que estaba enamorado, o quizá no lo quiero aceptar, pero en ese momento ella era lo más importante para mí.
— Que te vaya muy bien, me escribes cuando llegues, yo haré lo mismo — me dijo sonriendo.
— Igualmente, muchos éxitos, que te vaya bien en tu familia, todo, sigue esforzándote, igual con tu chico — le dije, no sabía por qué se lo dije, pero pensé que era lo adecuado, si no iba verla nuevamente, quería desearle lo mejor — las relaciones son complicadas, pero si de verdad uno se ama ya sabes, las cosas fluyen por si solas.
— Gracias, igual tú, Romina parece una buena esposa y madre, — me respondió. — Ahora debo irme, — me dijo.
— Lo sé, — sonreí mientras ella se alejaba ahí en el andén, — ¡Te llamare, cuídate mucho…¡ — le dije a lo lejos.
Ella subió al tren, antes se despidió moviendo la mano y sonriéndome, eso me hiso sentir una mescla de alegría y tristeza, todo el camino al hotel estuve en silencio pensativo, solo podía pensar en ella, no pensé que me iba a afectar tanto esa despedida, regrese a mi habitación y bebí un poco, quería calmarme aclarar mis ideas, pues estaba hecho una confusión completa, sentí que había cambiado dos días de fieldad, por el resto de una vida.
No sé si ella necesitaba más de mi o yo de ella, no estaba claro ya, pero lo que sabía era que nunca sería el mismo desde ese día.
Mi celular sonó, juro que pensé que sería ella, pero era Romina, no le había llamado desde el martes, hacia 2 días, respondí, ella estaba algo preocupada, pero le dije que todo estaba bien y que el celular se me había apagado, le dije que estaba regresando, que todo había salido bien.
Me parecía increíble todo, de camino Catalina esa tarde mi mente estaba con Miriam, me llego su mensaje diciendo que llegó bien y agradeciéndome por todo, le respondí de igual forma y di por hecho que ahí acababa mi historia con ella.
Regresaría a casa con mi familia, a fingir que nada había pasado que nunca paso nada, que fue solo una chica que conocí con la que había creado un lazo emocional y nada más, así de simple, una chica más confundida y un hombre más confundido que se esconde tras una máscara de seguridad. Los siguientes meses fueron realmente terribles, nunca pensé que me destrozaría el no verla nuevamente, el pensar en que nunca más le hablaría, que ahí acabó todo.
No hubo un día en que no pensara en ella, no hubo un solo momento en que no repasara en mi mente esos dos últimos días, pensaba en que ella nunca sabría lo mal que a estaba pasando, me escribió un par de veces en esos meses, me dijo que su ascenso estaba en veremos, que quizá para finales de año, yo la alentaba, a mí me dieron el aumento, si, es verdad, tenía más trabajo también, pero lidiaba con eso, me entretenía en el trabajo, comencé a beber un poco más que antes, prácticamente no había día en que no estuviera ebrio.
Era obvio que estaba deprimido, baje mucho de peso cerca de 16 kilos, casi no dormía, mi esposa se preguntaba que me pasaba, me lo pregunto a mí, le dije que era el trabajo y que solo necesitaba descanso. Pero ella no entendía, solo me discutía y me hacía sentir peor, nuestras discusiones habían empeorado, era como si ella supiera la razón por la que estaba así, no lo decía, pero a veces era obvio.
Cuando pensé que todo estaba peor que nunca, recibí una llamada que me ayudo a salir de todo eso, era ella nuevamente.
— Hola… — dije.
— ¿Adivina quién es la nueva supervisora del área de recursos humanos? — me dijo.
— No me digas que…
— Así es… ¡ascendí! — me dijo con mucha alegría.
— Te felicito, es sorprendente, bueno, no sorprendente, pero Wow me alegro mucho…
— Y te tengo una noticia, iré a catalina en 2 semanas, tengo que supervisar la sede que hay ahí en ti ciudad, estaré yendo todo este mes, viajare en avión que emosion, creo que podrías ir a verme…
— ¡claro! — Dije con entusiasmo — me dará gusto verte, podemos ir a beber un café o a almorzar.
— Muy bien, yo te comunicaré cuando y donde, la verdad tengo mucho trabajo… ahí me cuentas como estas y todo… ahorita tengo que seguir trabajando. Un beso, cuídate… — me dijo.
— Igualmente, hablamos… cuídate….
Esa llamada me entusiasmo, me alegro su ascenso y me alegró poder verla, estará en la ciudad, eso me lleno de alegría.
— ¿Quién llamó? Te escuche gritar… — me dijo mi esposa.
— Fue Guzmán, del trabajo, me dijo que perdió unos documentos… es un idiota ya sabes… — fue lo mejor que pude decirle, sé que solo me ganaría más problemas si ella se entera de que Miriam estará en la ciudad. Y lo último que necesitaba eran más problemas.
Durante las siguientes semanas estuve muy ansioso, pero me sentía con más energías, es decir, tenía una motivación, me veía al espejeo y me di cuenta que estaba mejor así delgado, claro, había sido sin querer pero pronto mejore mi dieta, si ya de por si comía muy mal y poco, que mejor que aprovechar, siempre quise bajar algunos kilos, no me veía así desde antes que nacieran los chicos. Me di cuenta que podía seguir siendo un hombre atractivo, pensé en cortarme el cabello y afeitarme, pero no lo hice, no aun al menos.
Por fin llegó el día, ella me escribió al celular, y me dijo que la esperara fuera de la empresa, me dio la dirección, a las 5:30 de la tarde, yo el día anterior hice horas extras para salir temprano, todo estaba calculado, me daba mucha curiosidad ver su rostro cuando me vea, había yo cambiado mucho.
Finalmente llegue y le escribí diciéndole que estaba afuera, me dijo que salía en 5 minutos, así fue, cuando me vio su expresión fue de sorpresa, no pudo evitar reír en mi cara, y yo con ella. Estaba muy sorprendida. “¿pero qué te paso?” me preguntaba.
— Bueno, perdí algunos kilos, ya lo sé… ¿no veo mal o sí? — le dije entre risas.
— No, no… se te ve muy bien, y te creció más el cabello… estas muy diferente… mira tus brazos… — me dijo cogiéndome.
— Vamos, me harás pensar que estaba hecho un cerdo… — le dije.
— No, no, claro, pero es que es sorprendente, tu sabes que te recordaba como la última vez, pero me da mucho gusto verte… — me abrazo y yo la abrace con fuerza.
— Vamos, dijiste que me invitarías un café. — me dijo sonriendo. — pero yo pago, ahora que soy supervisora… — dijo fingiendo superioridad, y riendo.
— Claro, claro… ahora que tienes mucho dinero, mejor invítame un cappuccino…
— Si quieres… — me respondió juguetonamente.
Estaba tan linda como la recordaba, sus ojos, su mirada, me sentí muy feliz de verla nuevamente, y de poder conversar.
Ya en la cafetería.
— Parte de mi trabajo es supervisar otras sedes, como esta, tuve suerte y me tocó aquí… así pude venir a verte, estaré viniendo todo este mes, son 4 evaluaciones que debo hacer cada jueves todo el mes, de setiembre.
— Vaya eso es genial, de verdad estoy orgulloso de ti que hayas logrado ese ascenso, preciosa. — le dije bebiendo mi cappuccino.  — Si no tienes problema, puedo venir esos días y conversar no sé, ¿no tienes problema con eso? — le pregunte.
— Si, no hay problema, me gusta conversar contigo y además estoy sola en la ciudad, mi enamorado dijo que vendría conmigo al menos un día de este mes, pues le preocupa que viene tan lejos, pero tiene problemas en su trabajo.
— Ya veo, — seguía con el entonces, lo suponía — ¿y qué tal catalina? — le pregunté.
— Linda ciudad, me gusta mucho y la sede aquí es más grande que en mi ciudad… hay mucho trabajo, pero cuéntame, ¿Cómo estas que tal la has pasado? — me preguntó sonriéndome.
Sonreí y solo pude mentirle.
— Bien, todo genial, han sido meses de mucho trabajo, pero todo bien.
— ¿Qué tal las cosas en casa? — preguntó, con el mismo gesto de siempre, bajando la mirada.
— Bien, he… las cosas con Romina ahí están como siempre… ya sabes cómo es… la vida en pareja. Es complicado. – un silencio — ¿y tú?
— Pues sí, hable con el luego de nuestra conversación hace algunos meses, le dije que quería más de él, que fuera más entusiasta, que no espere a que yo le diga las cosas, que progrese, me dijo que acabara la universidad el siguiente año, está trabajando en una fábrica y está ahorrando para eso… yo tengo fe en él, y bueno, desde esa vez ha sido más cariñoso, más detallista… a veces conversamos, — hizo un gesto  y respondió — estamos bien… — Por alguna razón no le creí eso de que estaban bien, así como ella tampoco me creyó lo que le dije, por su expresión pude notarlo, era eso o quería oír otra cosa.
Continuamos conversando, riendo, contándonos anécdotas del trabajo, yo le contaba de mis hijos, de mis nuevos cargos en la empresa, la pasamos bien, la acompañe a su hotel y ahí la deje, salía mañana temprano, llegaría al medio día, y la otra semana llegaría a las 10 de la noche a Catalina y la vería el jueves a la misma hora, de verdad me emocionaba mucho.
Me despedí de ella, y regrese a mi casa.
Esas 4 semanas fueron muy emocionantes, cambie mucho, estaba más animado, más enérgico, creo que todos notaron ese cambio, mis hijos incluso me veían cantar escuchar música romántica, hacía mucho que no escuchaba esas canciones, en el trabajo me veían sonreír, me veían con más energías, comencé a comer mejor, me estaba cuidando, casi no bebía en la semana, quizá una copa y ya, todos los jueves se convirtieron en mis días favoritos, salía temprano y la iba a ver saliendo del trabajo, eso me llenaba de vida una semana más, conversábamos, paseábamos, fuimos a cenar, nos reíamos.
El tercer jueves que llegó sucedió algo, ella le hablo de mi a su enamorado en mi presencia, fue extraño, hasta ese momento su enamorado había dejado de importarme, pues por alguna razón no sentía que ella lo amaba, eso creo que me daba seguridad, la llamo y ella respondió, le dijo que estaba aquí con “Fernando”, me mencionó, luego de eso soltó una risa que llamo mi atención.
Le hice un gesto para saber que sucedía, y me dijo que se rio de lo que él había dicho, dijo “Con tu amigo, debes estar muy feliz entonces” ella sonrió y me dijo que la estaba fastidiando conmigo pues ella siempre hablaba de mí, eso me alzo el ego muchísimo, pues aunque de seguro el chico hablaba en broma, era obvio que sabía que yo era alguien importante para su novia, no sabía muy bien como calificar eso, pero me estaba pasando lo mismo, yo sabía que Romina aún seguía insegura con el tema de Miriam, le había comentado que ella estaba en la ciudad, y que la había visto una vez por ahí, eso basto para disparar sus alarmas, debo aceptar que se me escapo, pero había aprendido algo en este tiempo, las parejas saben cuándo algo está sucediendo.
No podía saber que pensaba el enamorado de Miriam, pero si podía darme cuenta por lo que ella decía de él, que el chico era inseguro y que yo podría representar un peligro.
Me comento más luego que él es celoso y que a veces le molesta que me escriba o que me llame, incluso que le hable de ti, yo solo atine a decirle algo para que le dijera a él, no sé si fue algo que oí por ahí o algo que se me ocurrió en ese momento: “Dile que yo tengo buenas intenciones, pero que si él se descuida, puedo llegar a ser muy peligroso” lo dije con una sonrisa, pero si lo creía, hasta ese momento sabía que yo para ella era alguien importante, así como ella para mí.
— SI le digo eso se muere… — me respondió sonriendo y escribiéndole.
Yo solo sonreí, luego de eso, la lleve a su hotel y nos despedimos.
La semana siguiente surgió algo inesperado, yo estaba esperando a Miriam, era el último día que venía a la ciudad y habíamos quedado en que la acompañaría al centro comercial, pues quería comprar unas cosas para su mamá y su hermana, así que la acompañe, el problema surgió cuando  Romina me llamó esa tarde, y me dijo que había llamado a mi trabajo y le habían dicho que había salido temprano y que necesitaba que fuera a recogerla al centro comercial, ella estaba ahí, donde estaba yo con Miriam, sé que formalmente no estaba engañándola, pero si me puse muy nervioso, pues si me veía con ella iba a  hacer un escándalo.
— Ok…, — le dije— voy para allá, ¿Dónde estás? — le pregunte.
— No, donde estas tú, — me pregunto.
YO estaba en la heladería, estábamos comiendo un helado Miriam y yo ella ya había hacho sus compras.
— Bueno, estoy cerca del centro comercial, fui a reparar el auto, esta mañana estaba botando aceite, por eso Salí temprano — le dije.
— Muy bien, te espero, estaré dando vueltas por ahí, llámame al llegar.
Regrese donde Miriam.
— Era tu esposa… — me dijo. No le pude mentir.
— SI, me dijo que necesita que vaya a recogerla, está en la casa de su mamá… — le dije.
— Ya veo, bueno, acompáñame a tomar un taxi, — me dijo levantándose.
— Si, vamos por la parte de atrás, hay unas cosas que quiero ver, — le dije, — sabía que Romina siempre daba vueltas por esa zona donde vendían ropa y artículos del hogar, jamás pasaría por las zonas de ropa de hombre.
Acompañe a Miriam a la salida del centro comercial ahí habían muchos taxis, llame a uno y nos despedimos.
— ¿Cuándo nos vemos? — le pregunte.
—La verdad no sé cuándo pueda regresar — dijo con algo de pena en la mirada, — pero se acercan dos conferencias al finalizar el año, en un par de meses, yo estoy obligada a ir al congreso de actualización, ¿recuerdas?
— SI, es verdad, está cerca, — le dije — entonces nos veremos ahí.
— ¿Iras? — dijo sonriendo.
— Claro, sabes que me encantan los congresos, aparte estarás tú y ganare puntos con mi jefe… yo no ascendí, solo me aumentaron el sueldo. — dije sonriendo. — Aparte también estoy obligado a ir, fantástico, ya acordaremos — le di un beso y un abrazo y nos despedimos. — Llámame… — le dije.
— Gracias, ha sido un gusto verte, las molestias que te tomaste… — me dijo.
— Lo hago con gusto, y quizá pueda ir yo a visitarte a tu ciudad nuevamente, en algún momento…
— Eso me gustaría, — me dijo.
Subió al taxi y partió.
Yo llame a Romina y fui por ella.
Recuerdo que esa noche me preguntó si estaba viendo a alguien, me dejó paralizado, no pensé que me lo preguntaría así, yo le dije que no evidentemente, pero ella no me creyó, las siguientes semanas fueron complicadas para nosotros, mi relación paso por una enorme crisis, discusión tras discusión, yo le daba poca importancia, pues estaba más preocupado en saber de Miriam, nos escribíamos frecuentemente, conversábamos por mensajes, a veces me llamaba,  yo esperaba con ansias el momento en que ella me escribía, pasaba más tiempo en mi despacho bebiendo, escribiendo incluso, algunas frases, algunos pensamientos románticos, me sentía como un jovencito otra vez, mientras mi matrimonio se iba al demonio.
Yo estaba sintiendo cosas por Miriam, eso era obvio, me gustaba muchísimo, me emocionaba saber de ella, verla, estar a su lado, mientras con Romina todo era dilución, estaba seguro que ella sospechaba algo, pero yo siempre me mantuve cauteloso, finalmente no estaba haciendo nada, todo quedaba en un gusto, eso pensaba yo.
Recuerdo que en esa época tuvimos una discusión muy fuerte, ella había encontrado una conversación entre nosotros grabada en mi teléfono cuando lo tomó para llamar a su hermana donde estaban los niños, me llegó un mensaje de ella que decía “Yo también quiero verte”, no supe cómo explicar eso de una forma adecuada, y me habían agarrado frio, por decirlo de alguna manera, al parecer ella abrió los mensajes y leyó los últimos mensajes donde le decía que esperaba verla pronto y que es muy especial para mí, cosas que si bien era algo que aún le puedes decir a un amigo o una amiga, para Romina fue terrible, la insultó como quiso, quiso llamarla, me dijo que era de lo peor, que sabía que la engañaba y más cosas que de verdad me hicieron pasar un mal rato, pero finalmente pude tratar de explicarle y decirle que no piense esas cosas, pero ella aunque se calmó sé que no se le iría de la cabeza. Cada vez que discutíamos ella sacaba el tema de Miriam, eso me molestaba muchísimo, siempre terminaba yo bebiendo encerrado en mi despacho hasta que Romina se cansaba de gritarme, ¿qué más podía hacer?, no tenía ni ganas de verle la cara a ella. Pero muchas veces tuve que fingir que las cosas estaban bien, por los niños y por ella, total, lo de Miriam era algo que no sabía que tan real era, y arriesgar mi hogar,  solo si estuviera seguro. Y para alguien como yo la seguridad es algo complicado.
Los días pasaban y trataba de mantenerme con los ánimos arriba, trate de arreglar las cosas con Romina, y mantener a Miriam en secreto y con cautela, pero seguíamos comunicándonos.
Ese año la última vez que la vi fue a comienzos de diciembre, me enviaron a revisar unos documentos en la sede de baldur, y ni tonto no me negué, me comunique con ella y le dije que la invitaba a cenar, así fue.  Termine mis labores y estaba listo  para verla, la espere frente a su trabajo mientras fumaba un cigarrillo, me dijo que bajaba en cinco minutos, así fue.
Salió acompañada de un par de amigas que se quedaron ahí viéndome, y que no se movieron hasta verla llegar hasta donde estaba yo.
— Hola, — le dije.
— Hola, me da gusto verte — me dijo.
— Tus compañeras siguen mirando para acá, — le dije. — ¿Qué te dijeron? — pregunté.
Fue ahí cuando me di cuenta de una cosa.
— Nada, es que me preguntaron si tú eras mi enamorado… — dijo bajando la mirada.
— AH, ya… comprendo ¿Qué les dijiste?
— Les dije que no… — respondió, pero con un gesto de pesar seguido de una sonrisa.
Eso me hiso sentir muy bien,  coloque mi brazo alrededor de su cuello y la acerque a mí.
— me da gusto verte, preciosa. — le dije sonriendo.
— A mi igual…— respondió.
Fuimos a un restaurante en el centro,  comimos y conversamos.
Me comentó que viajara para las fiestas, ira a la casa de sus tías, ahí su familia pasara estas navidades, y que el año nuevo la pasara con su enamorado, me lo dijo bajando la mirada, como si sintiera que estuviera mal mencionármelo, pero no me preocupaba, es decir, celos no me daban, solo me molestaba un poco, pero quien era yo para sentirme celoso, hasta ese momento al menos, no me importó.
Luego me comento que había discutido con su enamorado en la tarde, y que había sido por mí, yo quede extrañado, luego me explicó, que su enamorado le había dicho que hoy podrían ir al cine, pero que ella se negó pues ya había quedado conmigo, y que su enamorado le había hecho una escena, mencionando que pareciera que ella me prefiere a mí, lo que ella no negó y aunque menciona que soy su amigo, pues yo a esas alturas podía darme cuenta de que se estaba tomando muchas molestias por mí, lo que me alagaba.
Paseamos un rato por la ciudad mientras conversábamos, me preguntó por mi familia, siempre con esa expresión como esperando oír algo que yo no decía, le dije que las cosas estaban bien, que no podía quejarme, aunque deslice el hecho que Romina estaba dándome problemas últimamente y que las cosas estaban complicadas en el aspecto de pareja, fue la primera ves que deslice esa idea, igual no estaba mintiendo, la verdad era peor aún.
Parte de esa conversación en el parque, luego de que el la llamara, fue el hecho de si puede gustarte una persona que no fuera tu pareja, ella confiaba en mí y sabía que mis opiniones siempre eran objetivas, yo le explique mi punto de vista, le dije que si era posible, cuando hablamos de atracción y gusto, es diferente, pues te puede gustar algo solo cuando lo conoces, y te puede atraer lo desconocido, ella me preguntó si me había pasado, yo le dije que suele pasar cuando conoces a alguien que te hace sentir especial, luego me comentó luego de tiempo que las cosas con su enamorado estaban en un punto donde ella ya no sabía si lo mejor sería seguir con el o dejarlo, pues no sentía lo mismo.
Ahí si note algo de tristeza en su mirada, no sé qué me dio, pero la aconseje dejando de lado mi ego, le dije que si ella amaba a ese chico, podría superar eso, que si él la amaba, todo saldría bien, que así eran las relaciones, y que ella podía decidir lo mejor mientras sea sincera con lo que siente. Debo aceptar que quería decirle que ese sujeto no era para ella y que perdía su tiempo, pero no lo hice, hasta cierto punto el sujeto me daba algo de lastima.
Esa noche antes de irnos me contó un capítulo de su vida que no me había dicho hasta entonces, me lo dijo porque no quería que hubieran secretos entre nosotros, dado que me había contado casi toda su vida, excepto eso, la verdad me afectó un poco escucharlo, no la juzgue, pero si cambio un poco mi idea de ella.
Me contó que hacía unos 10 años atrás, cuando ella tenía 18 más o menos, engañó a su enamorado con un chico que conoció en una fiesta, me quede frio, ella me lo conto avergonzada, me dijo que no recuerda muy bien lo sucedido pues había bebido de más, pero cuando despertó estaba con él en la cama de su amiga. Dijo que aquel chico le parecía atractivo, no lo conocía mucho, pero sucedió, y que se sintió tan mal después, que se lo confesó a su enamorado, el mismo de hoy en día, y que luego de que este hizo una escena y lloró y todo el drama posible, finalmente la perdonó, pero que algunos meses más tarde la engañó bajo la excusa que aún le dolía lo que ella había hecho, luego de eso ella lo perdonó, pero que las cosas nunca volvieron a ser las mismas, es decir, ellos nunca se dicen te amo a pesar de todos los años que llevan juntos, algo muy extraño, y cuando lo dice el, ella no es capaz de responderle.
Me lo contó con una expresión de tristeza, era obvio que el tema aun le afectaba.
— Ósea, nunca te han dicho que te aman… y no lo has dicho tu… — le dije.
— Lo he dicho, y me lo han dicho, pero no lo he sentido, como te dije a él lo quiero muchísimo… pero solo eso.
— pero es tu pareja hace mucho, yo también te quiero… ¿tú me quieres a mí? — le pregunte.
— Si, tú sabes que si… — me dijo sonriendo.
— Lo vez…  pero él es tu enamorado, deberían haberse amado, aunque debo aceptar que eso es algo… complicado a veces.
— ¿tu amas a Romina? — me preguntó.
Juro que no supe que decir en ese momento, es decir, quizá en la parte más racional que aún tenía algo me decía que no responda eso, pero dije lo único que se me ocurrió apelando a la razón.
— Amo las cosas buenas de ella… eso amo, su amor los mis hijos, su paciencia, su compromiso, su capacidad para organizarse…, esos aspectos son los que amo…
— Pero, en general a ella… ¿la amas?
— Tendría que decir que no, pues ha cambiado mucho, todos hemos cambiado y trato de concentrarme en esas cosas positivas, pues las negativas no me gustan para nada…
— Sus celos, su inseguridad…. — me dijo.
— Si, la amo, por las cosas buenas que tiene aún…, pero no sé cuánto pueda durar. Tú sabes que mi situación es complicada.
Ella asintió. Conversamos un poco más acerca del amor, y la acompañe a tomar un taxi, luego de eso me fui a mi hotel, bebí unos tragos y repase todo lo que conversamos en mi cabeza, me costaba un poco asimilar lo que me contó, la idea de ella había cambiado, pero solo un poco, pude comprenderla, era joven, pero él seguía dándome lastima, ahora comprendía porque yo le causaba inseguridad, por lo que ella me había dicho alguna vez.
Esa noche fue muy larga, casi no dormí, me acabe toda la botella de ron que había comprado, por un momento no supuse que pensar, que hacer, ¿Qué estaba haciendo? Ya no lo podía comprender, pensaba en mi familia, en Miriam, en Romina, en mí, en todo, solo llegue a una conclusión, las cosas se me estaban yendo un poco de control, pues mis emociones y mis pensamientos estaban muy desorganizados, ¿Estaba comenzando a enamorarme de Miriam? ¿Ella se estaba enamorando de mí? ¿O solo era un juego de dos personas que se gustas y buscan algo el uno del otro? A la mañana siguiente regresé a mi ciudad.
Me escribió diciéndome que le gustó verme, y que ya nos veremos el otro año, es decir en un mes aproximadamente, aunque para ser sincero estaba considerando no ir a esa ponencia, nunca me gustó esa sensación de no tener el control sobre mis emociones y Miriam sin duda alguna controlaba las mías de una forma que me asustaba.
Las siguientes semanas, fueron muy complicadas, entre en un estado en el que no aguantaba nada ni a nadie, siempre las fechas navideñas me han gustado, pero esta vez fue diferente, como que no me sentía de ánimos, por los chicos cada año siempre hacemos una reunión, vienen mis cuñadas, los padres de Romina, mis padres viven en otra ciudad y ellos la pasan con mi hermano, así que solo los llamamos, esta vez de verdad no me sentí de ganas para aguantar una reunión navideña, y no termino muy bien que digamos, algo que lamente mucho tiempo.
Ese día había estado conversando con ella por celular, me envió algunas fotos de su cena con su familia, yo le envié una de mis hijos y del árbol navideño, fue extraño me hizo una broma que en ese momento de verdad me fastidio, pero no dije nada, quizá fue un error, pues más adelante tendría sentido su objetivo. Me dijo que su enamorado le había regalado por navidad un anillo de compromiso, eso me fastidio, puesto que me envió una fotografía y todo, yo dije ¿Qué? ¿Es en serio? Pero bueno, la felicite y le dije que le deseaba mucha felicidad y todo eso, le dije que yo por navidad le iba a regalar a mi esposa un vestido, era verdad, aunque ella lo compro con dinero que le di, me siguió hablando de su próximo matrimonio, fue una de las pocas veces en que me enfade con ella, pero no le dije, finalmente me dijo que era broma, que le había regalado un reloj. Sí, me sentí más tranquilo, pero igual me dio algo de cólera. Más tarde ese día me dijo que yo era alguien muy especial, que sentía algo especial por mí, le dije que ella sabía muy bien lo que yo sentía por ella, ella me dijo que sentía lo mismo que ella por mí.
Deje de hablar con ella cuando llego mi cuñado, el único que me caía bien de la familia de Romina, bueno, no era su familia pues estaba casado con su hermana, comenzamos a beber temprano, eran las 5 cuando llegó y trajo consigo un whisky que me gustaba mucho y unos puros, me despedí de Miriam diciéndole una feliz navidad, ella me deseo lo mismo. Mi cuñado y yo nos quedamos en mi despacho a conversar mientras mi cuñada, su esposa y sus hijos estaban en la sala jugando con mis hijos y conversando, la cena estaba en preparación aun, así que tenían un buen rato mientras arreglaban el árbol, Romina siempre lo ha hecho, yo no soy de esos que le gusta arreglar las cosas, mi navidad siempre ha sido una buena copa de licor, música y comer pavo, odiaba el champagne.
Esa tarde bebimos y conversamos de todo, por alguna razón le conté de Miriam, una joven a la que había conocido y  con la cual me sentía muy a gusto, dicen por ahí que el que está haciendo algo malo tiene la intención de contarlo sino es como si no hicieras nada, no sé dónde lo leí, pero esa tarde lo confirme, le conté todo, además sabía que él había sido infiel un par de veces con su secretaria, el mismo me lo dijo hace unos años en la fiesta de año nuevo.
Él no me juzgó, y más bien pensó que estaba siendo yo demasiado lento, que de ser el en mi posición se habría acostado con esa chica hacía mucho tiempo, la verdad yo fui sincero me gustaba más que nada su compañía no tanto era sexual en ese momento al menos, las copas siguieron, se acabó el whisky y saque uno mío y continuamos, al llegar las 11 ya estábamos bastante animados y hablando de todo, del trabajo de las mujeres de la familia, ahí me di cuenta que su matrimonio estaba más jodido que el mío, salvo que el equilibraba muy bien con sus amantes y su esposa con el dinero que este le da, yo envidiaba eso, nunca había sido infiel y la verdad no sabía si sería capaz, yo soy más emocional que sexual, eso con la edad creo que surgió, quizás a mis 20 si lo hubiera hecho, pero hoy es diferente.
Lo que puedo recordar de esa noche es que Romina entro a mi Despacho donde estaba bebiendo con mi cuñado y ella no me trató muy bien, recuerdo que me reprocho el estar bebiendo desde temprano y que no había estado con la familia en navidad, yo no estoy seguro pero creo que le dije que ya iría, que no me moleste, lo que ella no comprendió, me insistió y se llevó la botella, eso me enfureció y le dije que se vaya al demonio, que no quería ir a cenar con ellos, que quería quedarme ahí y beber con Eduardo, mi cuñado, él me dijo que ella me gritó, me habló mal y me arrastró a la sala para cenar, lo que no me gustó, pues logro recordar que le dije que no quería, que quería quedarme ahí y descansar, que no me fastidie, porque no estaba con ganas de soportarla a ella y a su hermana.
De ahí no logro recordar nada, salvo por lo que me contaron los niños y mi cuñado al día siguiente. Yo al despertar estaba en el mueble de mi sala, solo, con mi botella de whisky a un lado, restos de comida en un plato en la mesa de centro, cuando alce la cabeza para ver a mi alrededor, la mesa navideña estaba destrozada, había comida y platos por los sueños, el árbol navideño estaba tirado y yo tenía un dolor de cabeza horrible.
— ¿Qué hice? No… ¿Qué hice? — me pregunte muy asustado.
Busque mi celular y rápidamente llame Romina, no me contestaba, llame a mi cuñado y tampoco contestaba, el único que me respondió fue mi hijo.
— ¿Dónde están? — le pregunte asustado.
— En casa de mi tía, — me respondió con vos temblorosa.
MI cuñado vino a la casa unas horas más tarde y e contó lo sucedido, había tratado muy mal a Romina, le había gritado, le dije que quería el divorcio que ya no la aguantaba más, que puedo estar con cualquier chica que yo deseara, que sin embargo me quedo por la familia, que estaba harto de todo, que quería largarme y olvidarme de mi vida horrible, que nunca quise esto para mí, que me arrepentía de esta vida y que ya no podía aguantar más seguir ahí con ellos.
— En tu defensa, — me dijo — Romina sabe que no debió molestarte cuando estabas evidentemente muy alcoholizado.
— Igual, sé que no me perdonara esto… — le dije.
Más que eso me preocupaban los niños, pues según me dijo mi cuñado habían oído todo y estaban muy asustados, nunca me habían visto así, el trato de explicarles que estaba fuera de mis casillas, pero yo sé que esto es de esas cosas para siempre.
No volví a tocar una copa de alcohol desde ese día, me daba mucho miedo.
Romina no regreso ese día a la casa, los niños tampoco, recién un día más tarde puede hablar con ella, estaba destrozada, nunca antes le había hablado así, nunca le había dicho tantas cosas hirientes, ella comprendió el estado en que estaba pero también comprendió que nuestro matrimonio no andaba bien, me dijo que lo mejor sería darnos un tiempo, alejarnos así el podría pensar mejor en lo que yo quería.
Una semana fue el tiempo que estuve solo en casa, ella y los niños no regresaron se quedaron en casa de mi cuñado, fue una semana difícil, pues de verdad sentí la ausencia de ella y de los niños, con quien también hable días después, ellos comprendieron que estaba ebrio y bueno, tuve que regalarles lo que me pidieron para el año nuevo, una computadora nueva, un celular para cada uno, aunque en navidad ya les había comprado un televisor nuevo para sus habitaciones y mucha ropa nueva, al final no importo solo quería que comprendan que lo lamentaba mucho.
Fue una semana complicada, ni siquiera llame a Miriam, no respondí sus mensajes, estaba preocupado por mi familia, finalmente nos reunimos para el año nuevo, esta vez  sería diferente, no hubo cena, compramos pizza regresando del centro comercial y vimos películas en la sala con los niños, no bebí una sola gota, esa noche converse nuevamente con Romina, y me dijo que hagamos como si eso nunca hubiera pasado, había recuperado mi familia y me di cuenta que no podía dejar que mi familia se destruyera, no tanto por ellos, sino que por mí, me di cuenta que detesto mi vida, pero sin ellos sería mucho peor, he sido un pésimo padre y esposo, Romina ha soportado mucho, creo que se lo debo, creo que merece mantener su familia unida.
Debo admitir que las cosas parecieron mejorar entre nosotros, al menos un tiempo.
Esa semana regrese a trabajar, la rutina de siempre regresó, enero fue un mes tranquilo, No supe de Miriam por un tiempo, asumí que estaba con mucho trabajo, hasta que me llamó a mediados del mes.
— Hola… ¿Cómo estás? — le pregunté.
— Hola, Fernando, ¿Cómo has estado? — me preguntó.
— Bien, ahí… con trabajo… ¿y tu?
— También, llamaba para hacerte acordar de la conferencia anual… ¿recuerdas?
— SI, pero ¿no es en marzo?  — dije confundido.
— No, lo han cambiado, ¿no te llegó el E-mail?
La verdad era que no había revisado eso en muchos días.
— Bueno, — continuo, — la sede esta vez será tu ciudad, Fernando — eso me sorprendió, — y durara 4 semanas, semanas que tendré que estar en la ciudad, ¿Qué te parece? — me dijo.
Vaya que me sorprendió, y en parte me gustaba la idea, pero sabía también que era algo complicado, incluso peligroso pues ella controlaba mis emociones y en las últimas semanas las cosas habían estado relativamente tranquilas, y de verdad quería esa calma conmigo, pero no podía decirle que no, aún era más fuerte que yo.
Acepte entonces, ella estaba muy animada, era su primer congreso como supervisora de recursos humanos y estaba muy contenta de verme también, me dijo que se quedaría con unos familiares esos días, en una semana llegaría en una semana comenzaría el congreso de actualización empresarial, esta vez iríamos por el simple gusto, pues ya no estábamos obligados, seriamos más libres de alguna forma, y debo aceptar que me asustaba un poco, pues cada vez que la veía mis emociones, mis sentimientos iban creciendo.

Continua parte 3 (final)
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