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 Historia de un Detective (22) (Finalizará)

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Jaime Olate
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MensajeTema: Historia de un Detective (22) (Finalizará)   Vie Dic 16, 2016 2:57 pm

Cuando ya se es un funcionario experimentado que aprendió a volar por su cuenta.

Hasta ahora, dando saltos en el tiempo, he ido recordando y relatando mis inicios como Detective, con errores naturales que cometí como todo novato. Es un dicho muy común en la Policía de Investigaciones “A porrazos se aprende”; naturalmente esto no se aplica cuando los errores te llevan a la cárcel, además de pasar a la línea del enemigo, es decir cometer delitos desde transformarse en un “ladrón con chapa” hasta cometer homicidios ya sea por ser demasiado entusiasta en el cumplimiento del deber o matar para callar a un testigo que presenció tus delitos flagrantes. Más bien me refiero a pequeñas faltas como no estar atentos a las órdenes superiores o, en mi caso, no saber contestar diligentemente el teléfono, pues nunca lo había usado.

Con una sonrisa recuerdo como fue mi experiencia al contestar por primera vez el aparato que ya hace años debe estar en algún museo; por desgracia era “el Malo”, el Prefecto de toda la zona del río Bío Bío; la broma, como siempre vino de los funcionarios más antiguos “ Ya, ya, conteste colega … usted está cerca del teléfono”. Descolgué el prehistórico teléfono y dije “Aló … aló ¿Quién habla?” y desde el otro extremo una voz agria “¿Cómo es posible que un Detective no sepa hablar por teléfono? ¡Identifíquese primero, parece que estuviera hablando con la compañía carbonífera! ¡Déme con su Jefe! ¡Soy … el Prefecto zonal!”. Desesperado corrí a la oficina del Comisario para decirle que llamaba el Prefecto gruñón; mi Jefe, mientras tomaba el fono, murmuraba “¿Qué querrá este viejo …?”. El asunto pudo haber quedado hasta ahí, por lo menos para don Manuel, quien tuvo la paciencia de decirme que escuchara a los funcionarios antiguos respondiendo una llamada “Policía de Investigaciones, habla Detective Carvajal, con quién tengo el gusto”… pero los pícaros “ratis” antiguos me prepararon una de sus pesadas bromas.

Al día siguiente los dos más antiguos, con cara muy grave, me llevaron a una oficina solitaria “Carvajalito, queremos hablar contigo … en secreto”. Los miré un poco asustado por verles sus ceños fruncidos y su frase “ Colega, nos has caído tan bien … eres un buen muchacho y FUISTE un Detective que PROMETÍA ser de los buenos … Por desgracia el “Malo” está furioso porque no supiste contestar por teléfono, claro comprendemos que nunca habías usado ese aparato”. Acto seguido me extendió un documento y me señaló el membrete que decía claramente PREFECTURA CONCEPCIÓN y … el pie de firma con el nombre del Prefecto con el correspondiente timbre sobre él.
Decía “Con profundo malestar, he podido comprobar que hay funcionarios que no saben hablar ni siquiera por teléfono. Esta Jefatura considera que deben abandonar las filas por su ignorancia. Por tanto, ordeno se levante un sumario al Detective Eduardo Jaime Carvajal Olate y, en lo posible, se le dé de baja”. Cúmplase e infórmese a esta Jefatura.

Se me vino el mundo abajo, me senté en una silla con los codos sobre un escritorio, me acariciaba mi cara con una mano, mientras pensaba “¡Que desgraciado soy … el único trabajo que realmente me gusta … y ahora esto, cuando estoy comenzando a ser policía!”.
Cornejito, que llevaba la palabra, con su rostro reflejando la gravedad del caso, me tomó de un hombro “ Carvajal, entre compañeros debe haber lealtad … Con Juanito vamos a romper este documento … con la posibilidad que se nos castigue”.  Acto seguido sacó un encendedor y procedió a quemar el documento que me estaba echando de las filas policiacas. Saltaron lágrimas de emoción y les tomé sus brazos, al tiempo que les daba las gracias con voz entrecortada.
Contemplé el papel que ardía lentamente y apenas se veía la firma con el sello y … pegué un salto y se lo arrebaté. Había alcanzado a ver en el timbre la palabra CORONEL, lo apagué a pisotones y recogí los restos. Examiné el timbre y … ¡ Descubrí que era el sello de nuestra Comisaría de Coronel y que se trataba de una broma pesada! Claro, estaba al alcance de cualquiera de nosotros, pues cada vez que el Jefe firmaba cualquier documento o informe, nosotros debíamos aplicarlo sobre su rúbrica.

Nos reíamos a carcajadas, yo de alivio y el par de bromistas por mi cara de compungido. La broma les había salido redondita, después me contaron que tuvieron miedo que me matara con mi propio revólver, de ahí acordaron dejar para el último el timbre del Cuartel de Coronel para que lo alcanzara a ver.

Había conquistado la confianza del Comisario y del Subcomisario, además de mis buenos compañeros. Los más antiguos fueron trasladados por varios motivos y en el curso de unos dos años me encontré repentinamente como el tercer Jefe. Era la Comisaría de Investigaciones con más Detectives jóvenes y don Manuel estaba en un conflicto; si bien es cierto yo había demostrado mis aptitudes que le agradaban, en especial por el buen trato a los más jóvenes que me respetaban por mi mayor antigüedad, tenía miedo de que un grupo tan poco experimentado saliera a las calles y cometiera graves errores.

Pero sus dudas quedaron a un lado cuando en esos días los dueños de fundos estaban indignados por la aparición de una banda de cuatreros que ni Carabineros ni Detectives había sido capaces de detener y que finalmente mi Jefe decidió entregarme a mí tal investigación. Ya había probado mi liderazgo y buen sentido común en una diligencia que relaté en la historia “Lobo el Detective” cuando, después de intenso trabajo de cinco días sin llegar a nuestros hogares, terminamos de meter a la cárcel a un grupo de gente pobre, con el dolor de nuestros corazones; como probé tener sensatez y moderación, al dejar en libertad a una enorme cantidad de modestos pobladores cuyo mayor delito fue haberse apoderado de unas pocas y miserables monedas, el Comisario en privado nos reunió; con sus ojos brillantes de emoción nos dio un apretón de manos a cada uno y dejó una Felicitación en nuestras Hojas de Vida por haber hecho tal pesquisa en excelente forma. En lo personal expresó que yo había demostrado ser digno Jefe de grupo y que podía dirigirlos en todas las diligencias.

En el próximo capítulo daré por terminada esta parte de mi Historia de un Detective que, cual pajarillo que abandona el nido, ya sabía volar por mi cuenta. Había logrado ser un funcionario serio, secundado por Alexis Guzmán, y di comienzo a mi carrera de verdadero policía con la diligencia contra una banda muy bien montada de cuatreros, cuyos pormenores relataré en forma muy resumida.



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