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 Historia de un Detective (15)

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Jaime Olate
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MensajeTema: Historia de un Detective (15)   Lun Nov 28, 2016 10:32 pm

Risas, Balas y … Brujerías.

Cuando llegó el Comisario Jefe y todos los funcionarios, acepté de buen grado el consejo del Detective que se recibió de la guardia de esas 24 horas siguientes y me quedé para que viera mis aciertos y errores durante mi servicio.
Con la amabilidad y cortesía que caracterizaba a mi primer Jefe, saludó con “Buenos días caballeros” y respondimos a coro “Buenos días, señor”.  Creo que las guardias anteriores a la mía no revisaba con tanta detención los libros como en esta oportunidad.
Terminada su tarea de ver cómo lo había hecho el novato Carvajal, se dio vuelta hacía mí, extendió su mano para saludarme y dijo simplemente “Lo felicito, lo hizo bien” y entró en su “cubil” como decían con ironía los policías, cada vez que se encerraba en su oficina en cuya puerta había un letrero muy vistoso “ Comisario Jefe”. Todas las puertas tenían carteles que aclaraban qué oficina había allí.
—Jefe, me permite decirle algo —su mirada fue interrogante y asintió, al mismo tiempo que con su mano abierta me invitó a entrar a su oficina, donde el segundo de a bordo, don Eduardo Albornoz estaba dejando en orden los documentos que debía firmar nuestro superior jerárquico.

Con una sonrisa en mis labios, le entregué el mensaje en clave; lo recibió con una sonrisa socarrona a la que se sumó don Eduardo.
—Mmmm, veo que se la ganó este “puzle”.
Le extendí una hoja donde estaba traducido el mensaje. Incrédulo, la cogió, leyó y moviendo su cabeza con aprobación se la entregó a su segundo. Éste rio abiertamente.
—¿Quién lo ayudó? —Fue su manera de felicitarme— Veo que realmente usted es experto en los puzles.
—Señor, estuve cerca de dos horas probando varias maneras de descifrarlo, hasta que se me iluminó el coco.  Hacia abajo tiene filas iguales en cantidad de letras; y al final, aparentemente, se puede seguir escribiendo en forma indefinida.
Sin más palabras me apretó mi mano y mirando mis ojos musitó “Lo felicito”. Delante de mí le dijo al Subcomisario que o era muy fácil la clave o estaba ante alguien que usaba bien el cerebro. No pasó mucho tiempo cuando tuve que leer, descifrar y enviar el jueguito de los mensajes en clave; encontraba divertido eso de jugar a los espías.  Con el devenir de los años me percaté que debí haber guardado silencio acerca de muchas cosas que aprendí; en el último curso que participe, para ser jefe de alto mando, uno de mis compañeros que veníamos juntos desde el primer curso de Aspirante a Detectives, en una ronda de charla se rió de mí porque quería retirarme por el abuso de la superioridad al cargarme con trabajos delicados. En medio de risas manifestó “ Cuando la Jefatura dice: se necesita a un tontorrón para una “diligencia cacho”, Carvajal es el único que levanta un dedo. De modo que sin quejarse compadre, todos nos corremos o yo no sé hacer eso Jefe”.

Ciertamente estaba enamorado de mi trabajo, creo que no habría servido para ser oficinista, o cualquier tarea que fuera rutinaria.  Hace ya algunos años que estoy aburrido con mi oficio de cerrajero, espero dejarle el taller a mi hijo José que resultó muy hábil con el asunto de los cerrojos de toda clase.

Los primeros días en la Comisaría de Coronel los encontré entretenidos. Que más podía querer, ya me habían llevado a presenciar la autopsia de un cadáver y me había entretenido durante mi primera guardia matando ratas con un rifle. Bueno, los agujeros de balas fueron una consecuencia colateral, pues en el piso y paredes del ruinoso cuartel … ni se notaron.

Mis colegas, buenos para las bromas, comenzaron a hablar de fantasmas y de brujerías; que nuestro Jefe era adicto a verse la suerte y buscaba ayuda con lo que ahora llamamos personas con dones extrasensoriales. Así, aquello que conocía vagamente, llegó a mi vida sin que lo buscara y … me adentré en ese campo tan extraño.




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