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 Historia de un Detective (9)

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Jaime Olate
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MensajeTema: Historia de un Detective (9)   Miér Oct 26, 2016 10:24 pm

Un Hermoso y Gran Trabajo.

Si hubiera “caído” en otra unidad, deben creerme amigos que habría sido un investigador diferente.
Desde el primer día el novato SEÑOR CARVAJAL, comprendió que Dios lo había puesto bajo las órdenes de dos grandes funcionarios, el Comisario Jefe don Manuel Recabal y el Subcomisario don Eduardo Albornoz, a quienes copió la manera de ejercer el mando. Nada de tuteo, menos groserías y una encomiable disposición para atender al público en general con una educación y buenos modales de caballeros, ya fuera un ciudadano distinguido o profesional como también  gente pobre y obreros.
Caló hondo en mi ser la actitud de ambos Jefes, máxime cuando el Señor Carvajal era hijo de un humilde obrero del carbón. Vaya mi agradecimiento al recuerdo de esos grandes Detectives que formaron en ese Cuartel a muchos novatos que seguimos su senda.

El Comisario señor Recabal era bajo y con una evidente calvicie, muy bien vestido, elegante y con buen gusto. El Subjefe señor Albornoz, por el contrario tenía una espesa cabellera entrecana y, pese a ser menor que el primero, se veía viejo dentro de un enorme cuerpo que medía alrededor de 1,85 m.; no era muy cuidadoso con sus trajes, era más bien el típico “rati” de esa época, que dormía donde podía, ya sea en un sillón o en una patrullera.
Recuerdo, con una sonrisa en mis labios, como los Detectives con varios años de servicio se esmeraban en mostrarme los archivos con los nombres y sobrenombres de los diferentes delincuentes que habían pasado como detenidos por ese vetusto inmueble, rumbo al Juzgado del Crimen que estaba vecino en la misma edificación. Cuando reconocí a varios “patos malos” mis colegas me miraron con estupor; tuve que explicarles que mientras fui estudiante secundario ayudaba a los Carabineros en sus pesquisas.

Esto último le cayó muy mal al Jefe, quien procedió a interrogarme si yo ignoraba que en mi propia ciudad había una Comisaría de Investigaciones y me dijo en mi cara que no le gustó para nada que David Sandoval y yo no nos hubiéramos presentado ahí a postular para el curso. Le confesé delante de todos que no tenía idea que existieran Detectives en Coronel; el Comisario se enojó aún más cuando me indicó que mi casa estaba a tres cuadras.
En ese sentido había comenzado mal. El Segundo hombre de abordo, don Eduardo Albornoz, cuando quedamos solos me dijo que su sobrino David al inscribirse en Concepción igual que yo, fue regañado por su Jefe que cómo era posible que no fuera capaz de llevar a su Cuartel al “Nene” Sandoval y al otro postulante, refiriéndose a mí. Durante casi dos años fui ignorado, hasta cierto punto, por el Comisario hasta que ocurrió un hecho personal donde le demostré mi lealtad a su persona a pesar de su trato displicente. No obstante, con el tiempo me confesó hidalgamente que había observado mi comportamiento y mi enorme deseo de ser un buen Detective.

A mi Jefe le gustaba disparar, tenía una aceptable buena puntería y recuerdo que rio alegremente con franqueza cuando vio que lo superé lejos. Le conté que, contra la ley, desde niño disparaba con armas de fuego. No le hizo mucha gracia y se acarició su mentón mientras murmuraba “Qué diablos, eso pertenece al pasado”.
Ordenó a mis compañeros más antiguos que me llevaran a todas sus diligencias, vale decir a atrapar malandras y allanar casas con la correspondiente orden judicial; mis colegas le contaban mi comportamiento ante cadáveres y situaciones de enfrentamiento con los difíciles habitantes de una zona tan violenta. Comenzó a interesarse por mis habilidades de luchador y mi capacidad de reducir en pocos segundos a los delincuentes; con el tiempo supe que era supersticioso y que creía en la suerte que ciertas mujeres podían ver con la baraja, de modo que cuando mi espíritu de observación se hizo visible en diferentes ocasiones, comenzó a dejar su frialdad y llegó a interesarse por mis habilidades “extrasensoriales”. Así supe ganarme su buena voluntad hasta, pasado algunos años, llegar a ser quien dirigía las diligencias con mis colegas más nuevos; esto sucedió al extremo que, cuando los políticos de entonces, defendieron a un grupo de sinvergüenzas proclives al gobierno. Don Manuel, mi gran Jefe, hizo causa común con mi proceder dentro de la ley y fuimos “trasladados en patota” a otras unidades. La Superioridad usaba "la chiva" (mentira) "Por Razones de Mejor Servicio".

De la “patada” fui el que más lejos llegó, a Santiago la ciudad más desagradable en mi opinión y de la que hasta esta fecha no he podido liberarme, pues cada vez que me querían castigar sin que pudieran registrar tal sanción, me enviaban a la capital.
La Comisaría de Coronel comenzó su ocaso por lógica, ninguno de los nuevos Jefes y funcionarios conocía a los habitantes y bandidos de la zona del carbón como nosotros. A fines de la década de los años setenta, a pedido de políticos idiotas, contemplaron con alegría y satisfacción que su poder obligó a cerrar la unidad. La decadencia fue tal, que Carabineros, la policía uniformada, no pudo contra el arribo de delincuentes que asolaron la ciudad. Los funcionarios policiales fueron trasladados a la ciudad vecina, Lota, pero iban muy raras veces a Coronel ante la protesta de sus habitantes que poco a poco aumentaron su clamor por la falta de Detectives; el colmo llegó cuando un señor Alcalde, enfermo y todo, encabezó una marcha hasta la capital pidiendo el retorno de los lejanamente indeseados Detectives. Ya en ese entonces yo era Jefe de una tranquila unidad en la ciudad agrícola de Parral; no acepté la insinuación de regresar como Comisario Jefe a mi ciudad, había muchos tontos en la zona carbonífera que nos consideraban poco menos que compadres del General Pinochet. Comprenderán que mi único partido político es Jesucristo, la ley bien aplicada y servir, siempre que pueda, a los buenos ciudadanos.

Hace más de una década la Dirección General de Investigaciones compró un gran edificio que colinda con tres calles en la plaza de armas y he visto en mis esporádicas visitas a Coronel la belleza de mi amado primer cuartel.
Este es un resumen a grandes rasgos de mi mayor actividad policial y que iré relatando con más calma de mi paso en las unidades de Investigaciones hasta hacerme relativamente conocido. Trataré de incluir al menos los títulos de las historias donde aparezco claramente como protagonista y otras donde puse otros nombres, por temor a parecer un jactancioso.

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