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 Zapatos Rotos. (Cuentos de mi abuelita)

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Jaime Olate
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MensajeTema: Zapatos Rotos. (Cuentos de mi abuelita)   Jue Sep 22, 2016 6:28 pm

El joven y harapiento hombre continuaba de pie frente al portón de fierro de la regia mansión; a través de una ventana del segundo piso  otro hombre de una edad aproximada lo contemplaba con los brazos cruzados y el ceño adusto.
“¡Qué se habrá creído este atorrante! ¿Acaso se confundió  y creyó que esta es una casa de acogida de pordioseros?”
Pasó un largo rato, hasta que su joven esposa le echó en cara su egoísmo.
_ Gabriel ¿Por qué no le envías algo al pobre hombre? Vaya uno a saber cuáles son sus problemas para andar mendigando.
_ ¡Ya, ya, mujer!  Le daré algo para que no me sigas regañando.
Furioso acudió a su ropero y quedó mirando un par de zapatos que estaban en un rincón. Con una sonrisa sarcástica se los entregó a Elena, su esposa. Ésta le miró las suelas y comprobó que presentaban agujeros.
_ ¡Gabriel, esto es una burla! ¡Dale un par de zapatos buenos y no estos rotos!
_ ¡No! ¡Es suficiente para este haragán, que bien puede trabajar para comprar su comida y ropas!
No escuchó más y riendo vio como Elena entregaba avergonzada los viejos zapatos al pordiosero.

El haraposo lo miró y sonrió agradecido, Gabriel con desdeño  abandonó la ventana.
Juanito, un nombre de niño para un hombre, llamado así por su disposición para servir a los demás, echó a su morral los zapatos. Continuó su camino hacia otras casas, pero se sentía cansado y, ocultándose entre los árboles del fastuoso barrio, se recostó y al dormirse soñó que conducía un hermoso automóvil. Sonriendo despertó y miró al cielo.
_Señor, tú sabes porque me has dado esta vida. Estoy conforme con llevar comida a mi amada esposa y a mi pequeño hijo. Gracias, Dios.
Se disponía a levantarse, cuando un papel se le pegó a uno de sus raídos zapatos. Lo tomó y quiso arrojarlo lejos, pero el porfiado papel volvió a pegarse en su otro pie. Con curiosidad lo examinó y comprobó con asombro que era un número entero de Lotería y que la fecha era para ese día.
“Mmmm, qué problema. Ahora ¿Cómo voy a saber quién es el dueño de este boleto? … Lo buscaré”.
Llegó a la choza que era su casa, limpia pese a la pobreza. Una joven muchacha lo recibió con un beso, mientras mecía en sus brazos un bebé muy hermoso.
Comieron de todo aquello que había recibido por la bondad de la gente y le relató que un señor muy bueno le había regalado un par de caros  zapatos, aunque estaban rotos.
_ ¡Ah, mi amor, olvidaba contarte que mientras descansaba me encontré este boleto!  No sé a quién devolverlo, ni qué hacer con él.
_ Amor, mañana veremos qué hacemos con él.
El día siguiente fue recordado por siempre por esta joven pareja, Dios, el destino o como queramos llamarle, hizo que ese número de  la Lotería resultara premiado  con dos millones de dólares.  Se dieron cuenta que era imposible encontrar al dueño del boleto y como había sido extraviado, por lo que decidieron cobrar el dinero  como caído del cielo.
Todo cambió para esta pobre familia. De hecho Juanito y su esposa no se volvieron locos con tanto dinero, con mesura adquirieron una propiedad grande pero no otentosa,  instalaron un negocio que podían controlar por conocerlo, adquirieron un automóvil de buena calidad sin ser lujoso.  
Aunque tenían un corazón de oro, sabían que las “aves de rapiña” podrían tratar de quedarse con la pequeña fortuna, por lo que guardaron el secreto y se justificaron con la frase” Nos ha ido bien con nuestro negocio”.  Sin embargo, ayudaban a quienes veían que realmente necesitaban dinero, diciéndoles que “Se trata de un pequeño préstamo, devuélvanos cuando pueda”.
Y así fueron progresando con su pequeño negocio que llegó a ser una gran empresa, siempre con el cuidado de no dilapidar el dinero.
Habían transcurrido diez años, la situación de la pequeña familia había mejorado año a año. Un día Juanito y su esposa decidieron ir a ver al “amable señor” que diez años antes le había dado  el par de zapatos, que guardaba como recuerdo, limpios y con los mismos agujeros que había olvidado reparar. Los nuevos dueños de la mansión les contaron que el señor que les había vendido la propiedad debió dedicarse a otros negocios por cuanto le había ido muy mal; ignoraban dónde podrían estar.
Sentados en el césped de su gran antejardín de su enorme mansión, mientras su hijo de diez años jugaba  con sus mascotas, conversaban sobre la felicidad que habían recibido a partir de los zapatos recibidos  y agradecían al Cielo y al  que se los había regalado; era como si les hubieran dado suerte.  Fueron interrumpidos por un hombre y una mujer muy mal tratados por la vida, mendigaban aquello que pudieran darle, en especial comida. Llevados por su bondad, junto a su hijo, cogieron alimentos, ropas y dinero y se los entregaron a los harapientos y hambrientos  pordioseros.
Ambos se deshicieron en agradecimientos, mientras comían ante Juanito y su familia; la mujer contaba que habían sido ricos, pero que la mala suerte los llevó a tal extremo de ruina.
Estaban revisando los regalos que le hicieran los buenos samaritanos, cuando la mujer dio un grito.
_ ¡Mira Gabriel! ¡ Estos zapatos son iguales a los que tenías y que los regalamos a un pobre hombre que nos pidió a ayuda!
No salía de su asombro Gabriel, pues el calzado estaba igual como cuando los entregó a su esposa.
_ ¡Es increíble,  son los mismos zapatos!
Con curiosidad Juanito y su familia se aproximaron.
_ ¡Por Dios, si es la señora que me los dio!
Lágrimas de amargura surgieron en los ojos de Gabriel, mientras Elena, su esposa de rodillas en el suelo, sólo miraba.
Gabriel  ya no era el desdeñoso ricachón, comprendía sus múltiples errores provocados por su estúpido orgullo.
Juanito, movido a compasión, los tomó de las manos, mirando la aprobación de su esposa.
_ Amigo, comience de nuevo su vida.
Gabriel lo abrazó y lloró largamente. Y ambos hombres dieron comienzo a una gran empresa, cuyas bases eran la bondad y la sencillez.

Mi abuelita terminaba siempre sus cuentos con la frase : “ Y este cuento pasó por un zapatito roto para luego contarte otro”.

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ElAngelCaido
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MensajeTema: Re: Zapatos Rotos. (Cuentos de mi abuelita)   Sáb Sep 24, 2016 7:10 pm

leido! Y bueno, a mi tambien mi abuela me contaba cuentos, de hecho por eso escribo, porque ella me inculco la necesidad de contar cuentos.

Saludo fraterno para vos.
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Poesiacarnivora
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MensajeTema: Re: Zapatos Rotos. (Cuentos de mi abuelita)   Mar Sep 27, 2016 11:06 pm

Con tu historia,has despertado recuerdos entrañables,no fue mi abuelita en mi caso,sino mi mama,pero de seguro me marcaron como a ti este camino de letras.
Disfrutado.


Que las hadas te acompañen
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Jaime Olate
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MensajeTema: Re: Zapatos Rotos. (Cuentos de mi abuelita)   Lun Oct 03, 2016 9:54 pm

Cynthia, es probable que esa haya sido la razón para que siguiera la senda de los escritores y mi hambre por leer.
Gracias por sus comentarios
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MensajeTema: Re: Zapatos Rotos. (Cuentos de mi abuelita)   

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