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 CADENA DE MENTIRAS 1 (Primera parte)

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YOLIJS
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Cáncer Cabra
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MensajeTema: CADENA DE MENTIRAS 1 (Primera parte)   Dom Dic 07, 2008 6:04 pm

1





El sonido del teléfono rompió de improviso el silencio de mi habitación. Mi mano, perezosa, apareció de debajo del edredón de rayas blancas y negras, y buscó con torpeza el aparato por encima de la mesita de noche. Después de varios intentos fallidos, por fin, tropecé con él y sopesé seriamente, si estrellarlo contra la pared o contestar a la llamada.
-¿Sí?... –respondí finalmente, con un hilillo de voz casi imperceptible, pues era presa aún del más profundo sueño.
-¡Rowan! ¿Se puede saber dónde demonios te has metido?
Podía reconocer esa voz entre un millón. Me había pasado veintiocho años escuchándola. La tenía ya grabada a fuego en mi cerebro. Se trataba de Andrú. O el juez du Louvre. Cualquier nombre le quedaba mejor que papá.
Me incorporé bruscamente en mi cama doble, sin dar tiempo al riego sanguíneo a llegar a mi cabeza. Me mareé. Mi corazón golpeaba con mucha fuerza en mi pecho. Parecía como si alguien lo estuviera utilizando como un saco de boxeo. Busqué con la mirada, adaptándome todavía a la luz del día, el reloj despertador de mi mesita y cuando lo encontré, mis ojos terminaron de abrirse de golpe. Parecía que se me podían despegar de la cara y caer rodando al suelo.
-¡¡Mierda!! –exclamé haciendo gala de la educación que me habían impartido mis progenitores, cuando vi que eran más de las doce de la mañana -¡Lo siento! Tuve guardia doble ayer y me he quedado...
-¡Déjate de cuentos!
El juez du Louvre siempre tan comprensivo...
-¡Haz el favor de aparecer en le Saint Sauvage inmediatamente! ¡Debí imaginar que harías lo posible por no venir!
-¡No seas injusto! ¡Te estoy diciendo la verdad! –le grité con rabia, dejando ya de lado las formalidades.
-Siempre estás dispuesta para avergonzarme o dejarme en evidencia ¿verdad? –Continuó Andrú deshaciéndose en elogios hacia mí -¡Eres una vergüenza para mi apellido!
-¡Déjelo ya, su señoría! –Le interrumpí, irónica, dolida por sus palabras, y continué: –Se me ha pasado el hambre por el consumo masivo de cocaína y otros estupefacientes.
-¡¿Cómo te atreves...?!
-¡No! ¿Cómo te atreves tú? ¡Deja de juzgarme! No soy como tus amigos. ¡A mí no puedes comprarme!
Sus comentarios siempre tan amables habían sido demasiado para mí. Había encontrado la horma de mi zapato, y claro está, yo no podía quedarme atrás. Le colgué el teléfono de golpe, con mucha rabia, y luego me arrepentí. Era el tercero que destrozaba en lo que iba de año.
Andrú sabía como hacerme sentir desdichada, y normalmente lo conseguía. Todavía me sorprendía a mí misma, cuando reconociendo el número de teléfono, en vez de colgar directamente, le contestaba. Sí cada vez que lo hacía, el aparato me diera una descarga bestial...
Decidí levantarme de la cama. La conversación familiar había conseguido sacarme de mis casillas, y ya era casi imposible, volver a recuperar el sueño. De todas maneras, era mi día de fiesta, después de la famosa guardia doble en el Hospital Joseph Ducuing. Tampoco pretendía tirarme todo el día durmiendo. No ahora que había conseguido, sin querer, salvarme del almuerzo con el juez.
Casi convencida de mis argumentos, caminé descalza por el parquet de mi habitación, salteando la ropa que la noche anterior, había dejado esparcida por el suelo. Sí, ya sé. Eso decía muy poco a mi favor...
Tenía calor, y eso que iba, más bien escasita de ropa. Una camiseta de algodón de tirantes finos, y una braguita cultotte negra, componían mi pijama. No tenía aversión por la ropa de dormir, pero después de veinticuatro horas en el hospital ¿quién piensa en pijamas?
Me dirigí al cuarto de baño con intención de asearme, pero decidí explayarme, y darme un baño por todo lo alto. Puse el tapón en la bañera, abrí el grifo del agua, y eché sales de baño con perfume de lavanda. Me lavé los dientes primero, me quité la ropa interior después, y en cinco minutos más, mi cuerpo largo y delgaducho, y mi morena melena ondulada, ya estaban en remojo.
Sumergida en el agua, con el vapor de la misma, y el perfume de lavanda flotando en el ambiente, podía imaginar la cara que se le debía haber quedado a Andrú en el restaurante, tras colgarle yo el teléfono. No podía decir que no se lo había ganado a pulso, pero a pesar de eso, detestaba que lo tratasen de tal modo. Al fin y al cabo ¿no trataba él igual al resto del mundo? ¡Unas cuantas lecciones de humildad no le vendrían nada mal!
Desde que tengo uso de razón, no le conozco ningún gesto noble en su comportamiento cotidiano. Incluso, siempre fue muy exigente conmigo. Supongo que influye el hecho de que él prefería un niño.
Cuando comencé a dar mis primeros pasos, me infravaloraba porque me movía sin gracia. En el colegio, mi nota media de sobresaliente le sabía a poco. Él quería matrícula de honor. En el instituto me hizo la vida imposible, para que me diera por vencida y siguiera sus pasos, la abogacía. Menos mal que contaba con el apoyo de mamá para estudiar medicina. Y cuando ya me gradué en la universidad en la especialidad de neurología, prácticamente me echó del testamento.
Mi trabajo aquí en Toulouse, como neuróloga, le sabía a láudano. Hubiera sido menos humillante, para él, que acabara siendo camarera.
Después de más de media hora de tortura psicológica con los recuerdos de mi infancia –sí se le podían llamar recuerdos- pero relajación física, gracias al agua caliente y a las sales de baño, resolví que iba siendo hora de vestirme, o me quedaría arrugada como una pasa.
Un vaquero gastado y una camiseta blanca de algodón, era lo más cómodo y armonizaba de fábula. Sobretodo, cuando todavía no habías decidido cual iba a ser el plan del día, como era mi caso. Mi bolso negro de nylon, y las llaves del coche, los complementos ideales de mi indumentaria. Para mis rizos, un poco de espuma moldeadora, y ya se secarían al sol. Estaba ya suficientemente agobiada con el tema de la llamada, como para pararme a pensar más. Ahora solo me apetecía salir de mi casa.
Abrí la puerta del garaje con el mando a distancia y allí estaba el pasaporte de mi libertad. Un todo terreno de color negro, mi color preferido, con las lunas traseras tintadas en el mismo color de la carrocería. Lo mío con el coche era obsesión. No concebía una vida sin él. Tener un vehículo a mi disposición, era como tener alas. En cualquier momento podía disponer de él e ir hasta donde llegara el depósito. Mi salvación muchos días como éste.
Puse el coche en marcha y crucé el río Garonne, por el Pont Neuf, que une el centro de Toulouse con el barrio popular Saint Cyprien, junto al antiguo hospital de peregrinos Hotel-Dieu Saint Jaques. Una vez allí, aparqué el coche en el aparcamiento de L’ Epice Café, donde me disponía a entrar a tomar algo.
Detrás de mí, entraba un hombre, aparentemente, un par de años mayor que yo, que a primera vista no estaba nada mal…
Era alto, de complexión media, cabello castaño, nariz recta, labios de vértigo y ojos… ¡Qué ojos! Eran verdes. Sí, de ese verde que recuerda a los campos de Irlanda, y que invitaba a perderse en ellos.
Ambos tomamos asiento en la barra del Café, con una separación prudencial –medio metro a penas- para esperar sin prisas a que la camarera hiciera acto de presencia. Intenté concentrarme en cosas triviales, el mar, la montaña, la ciudad…
Fue en vano.
Ya era demasiado tarde.
Ya había empezado a llegarme el olor de su perfume. Me dejé embriagar por su esencia…
¡Qué aroma!...
Ejem… Bueno…
Tras servir un par de cafés y algún refresco, en una mesa próxima a nosotros, la camarera se acercó a la barra.
La pregunta fue simple y seca:
-¿Qué va a ser?
Y ésta fue la respuesta:
-Un capuchino…
¡Qué vergüenza! Habíamos contestado los dos al unísono.
Por momentos comencé a sentir como me subía el calor por las mejillas. Estaba convencida, de que seguramente, ya me había ruborizado. El rojo no era un color que me favoreciera, precisamente, y menos en toda la cara, donde todo el mundo podía verlo.
Sí. Habíamos respondido los dos a la vez. Pero bueno, en parte la culpa había sido de esa camarera borde, de mediana edad, con cara de estirada y más bien pocos amigos, que ni siquiera se había dignado a mirarnos a la cara, para formular la pregunta. Está claro que eso había hecho, que tanto él como yo, nos diéramos por aludidos.
-¿Qué? –preguntó con voz agria la susodicha.
No nos había entendido, pero ahora, sí nos miraba a los dos.
-Ella primero, por favor. Entró delante. –Contestó él, amablemente, haciendo un gesto con la mirada para señalarme.
Qué voz. El tono, la seguridad, la pronunciación…
Qué mirada. La profundidad, el color, la dulzura…
¡Y qué tonta me sentí! Los dos me estaban mirando…
-¡Oh!... no, por favor… Pide… es igual… pide tú…
Evidentemente, mi voz no fue ni la mitad de perfecta. Entre el corte de que él me había pillado boqueando, los nervios que no hacían más que traicionarme y la vergüenza del conjunto…
Pero para mi sorpresa, y en mitad de mi suplicio, pude sentir como él me retenía la mirada. Sus ojos verdes capturaron los míos azules, y yo me quedé paralizada. No. Embobada seria más exacto. Parecía como si me hubieran hipnotizado…
No sé como explicarlo…
Fue, sencillamente, mágico…
Pero, tal y como empezó la magia, se esfumó…
-Bueno ¿quién pide entonces? –Volvió a preguntar la camarera.
¡Qué inoportuna!...
¡Qué impaciente!...
¡Qué tono más grosero!...
-Sí, perdone. Serán dos capuchinos. –Resolvió él finalmente.
Muy educadamente, decidió invitarme. No me pareció adecuado rehusar su invitación, así que acepté. Le sonreí en señal de agradecimiento y llegados a ese extremo, me tendió la mano con cortesía, y atrapándome de nuevo con su mirada, se presentó.
-Mi nombre es Derek –Dijo simplemente.
-Yo soy Rowan –Le corroboré yo, estrechándole la mano.
Mi voz volvió a sonar insegura. No entendía por qué, pero tampoco podía evitarlo. La calidez de su mano, me sobrecogió. No es que esperara que la tuviera fría, como si fuera un vampiro, aunque tampoco me habría sorprendido. Era un hombre espectacular, por lo menos para mí…
Sentí como un hormigueo en el estómago por el simple hecho de rozar su piel. ¿Por qué estaba tan aturdida? Si era un completo desconocido. Me recordaba a mí misma en el instituto, tímida, inmadura, asustada… Solo que yo ahora ya contaba veintiocho años…
Permanecimos cogidos de la mano. Quizás más tiempo de lo estrictamente necesario. Y claro está, me traicionó el subconsciente. Empezaron a subirme otra vez los colores, y con ellos, llegó el calor sofocante de la vergüenza. Allí estaba yo brillando de nuevo. Me solté de su mano con un gesto más brusco de lo que yo pretendía…
-Lo siento… yo… no…
Perfecto, Rowan, ahora tartamudea…
-Tranquila. Fui yo quien perdió la noción del tiempo –Me interrumpió él, y parecía apurado de verdad –Me sorprendió tu nombre. Es solo eso.
-Sí, bueno, suena un poco raro me imagino.
-No, no. Nada de eso. Tienes un nombre precioso. No está muy oído, claro, pero creo que te pega.
¿Qué me pega? ¿Qué diantre significaba eso?
-Permite que me explique –Repuso viendo mi cara de interrogación –Pareces una chica más bien misteriosa. El pelo oscuro ondulado, la piel tan blanca… Te da un aire enigmático. No sé. Como si hubieras salido de un libro de fantasía.
¿La Bruja Rowan?...
¿Eso es lo que pretendía decirme? ¿Qué parecía una bruja y que por eso mi nombre me venía como anillo al dedo? ¡Pues vaya! Sí que lo estaba arreglando, desde luego. Y eso que parecía que empezábamos con buen pie. Luego me quejaba yo de mi falta de tacto.
Opté por levantarme del taburete, con aire indiferente.
-Me considero un poco mayor para creer en brujas y tú, deberías hacer lo mismo –le reproché en tono altivo y desdeñoso -¡Por cierto! Hablando de cuentos de hadas… ¿Derek no era el nombre del príncipe de la Princesa Cisne?
-¡Vamos! No te enfades, Rowan -me interrumpió notando el sarcasmo de mis palabras, y poniendo su mano en mi hombro, como intentando detenerme –No digo que seas una bruja, ni siquiera que lo parezcas. No me he expresado con claridad. Solo pretendía decir que tu nombre hace juego con tus facciones místicas. Como las de la hermosa Bruja Rowan.
Eso lo cambiaba todo, supongo. Si se tomaba tantas molestias para retenerme y continuar dándome explicaciones, sería por algo ¿no? Igual era sincero, y no pretendía compararme con una bruja, sino con una bruja hermosa. Aunque, la verdad, no era la primera vez que oía esas comparaciones de mí, a mis espaldas. En el instituto incluso, creían que por las noches salía con mi escoba a dar una vuelta, solo porque además de mi apariencia, vestía ropa gótica, y mi madre me había regalado un gato negro. Lo llamé Lucifer. ¿Y qué? Me gustaba el nombre, y le pegaba el color…
Beep… beep…beep…
El busca que llevaba en el bolso, decidió entrar también en la conversación que mantenía con Derek. Debí apagarlo antes de salir de casa. Si hoy no era mi día, quedaba más que claro…
-¿No será tú marido cabreado? –bromeó Derek, con una sonrisa divertida, que lo hacía encantador.
Como el príncipe de la Princesa Cisne, jeje...
-Peor… -le respondí yo, y no mentía, claro –Es del hospital. No pueden vivir sin mí.
-¡Vaya! Así que matasanos...
-Neuróloga, para ser más exactos –le interrumpí con vehemencia -¿Y tú qué? ¿Príncipe encantado o sicario?
-¿Cómo? –Se sorprendió Derek llevándose las manos a la cabeza -¿Te parezco acaso un Príncipe Asesino? Yo les disparo y tú los curas con pociones y hechizos…
Vale. Admito que el comentario tuvo gracia. No pude evitar echarme a reír y Derek me acompañó. Entonces pensé que no todo estaba perdido ese día, por lo menos una parte, se iba a poder salvar.


Después de la agradable velada, ambos nos dirigimos a la puerta del Café y una vez en el exterior, nos despedimos. Yo, por desgracia, con algo de prisa, a causa del mensaje del busca. Derek volvió a captar la atención de mi mirada, con sus bonitos ojos claros…
A la luz del día, me parecía aún más atractivo. No pude evitar preguntarme si volveríamos a vernos. Sentí como una punzada en el corazón por ese pensamiento. Me parecía tan irresistible. Sus rasgos duros, su pelo castaño, su barba de tres días, la perfección de sus labios, la seguridad de sus gestos…
-Ha sido un placer, Rowan –me dijo y me tendió la mano.
-Igualmente…
Por otro lado, alguien tan perfecto, también me hacía dudar…
Segundos después de la despedida, Derek se fue hacia la izquierda, y yo me dirigí a la derecha, donde permanecía aparcado mi coche. Los dos caminábamos despacio. Como si supusiera un esfuerzo enorme el simple hecho de separarnos. Por un momento pensé, aunque sabía que era de mala educación hacerlo, cuál sería el momento oportuno para girarme sin que él me pillase.
Un paso. Otro paso. Un paso más…
No aguanté más. Conté hasta cinco y me detuve en seco.
El corazón me latía a mil por hora. Las dudas me asaltaban. ¿Qué estaba haciendo? Puse la mente en blanco, me armé de valor, me di la vuelta y…

¡Qué vergüenza!
Ahí estaba Derek. Girado también. Con el semblante serio…
Pero… ¿Por qué estaba tan serio?
Me miraba a mí. ¿También se había girado a verme?
Parecía preocupado. ¿O era más bien sorprendido?
Entonces me di cuenta. ¡Estaba asustado!
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Caye
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MensajeTema: Re: CADENA DE MENTIRAS 1 (Primera parte)   Miér Dic 17, 2008 5:06 pm

Que alegría, por fin esta obra maestra por nuestra pagina, gracias por ponerla. Ya sabes, me encanta como escribes.
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http://germanmontoya.en.eresmas.com/INDEX.htm
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MensajeTema: Re: CADENA DE MENTIRAS 1 (Primera parte)   Sáb Dic 20, 2008 7:16 pm

Personajes y locales interesantes, un relato que fluye muy naturalmente, y un estilo dinámico hacen de este primer episodio un perfecto comienzo a lo que vendrá después. Definitivamente captas el interés del lector desde las primeras líneas, tus personajes tienen personalidad propia y las situaciones que viven despiertan la curiosidad. Qué vendrá después? Me voy rapidito a la segunda parte. Un excelente escrito, magistralmente logrado. Saludos! bounce
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Marioes
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MensajeTema: Re: CADENA DE MENTIRAS 1 (Primera parte)   Dom Dic 28, 2008 3:24 pm

Una primer entraga de un gran nivel.sigo atento a tus letras.

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Marioes.
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YOLIJS
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MensajeTema: Re: CADENA DE MENTIRAS 1 (Primera parte)   Mar Ene 13, 2009 8:50 am

Gracias por vuestros comentarios. Llevo casi un par de meses en este foro y todavía voy un poco liada. Vamos que no me entero mucho, jejeje
Gracias de nuevo, y saludos a todos los que me habéis leido....
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Jorge
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MensajeTema: Re: CADENA DE MENTIRAS 1 (Primera parte)   Miér Ene 14, 2009 2:31 pm

En esta primera parte surge un manantial de imàgenes y situaciones manejadas por la autora en forma magistral con una excelente narrativa.
Define el perfil de tres personajes y no duda en cuestionar abiertamente el deber misional del padre y la gracia de esa chispa que a veces da el amor a primera vista...

Veremos que pasa.

Ciertamente se torna interesante.

Un abrazo
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mariazul11
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MensajeTema: Re: CADENA DE MENTIRAS 1 (Primera parte)   Miér Ene 21, 2009 6:38 pm

Como dice Jorge está muy interesante, la descripción de los estados de ánimo, del encuentro y el suspenso que cre el querer seguir para ver qué pasa.
Buenísimo
Cariños
Lili

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MensajeTema: Re: CADENA DE MENTIRAS 1 (Primera parte)   

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CADENA DE MENTIRAS 1 (Primera parte)
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