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 Anacrónica epístola de uno mismo

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Ivo Marinich
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Virgo Cabra
Cantidad de envíos : 33
Fecha de nacimiento : 19/09/1991
Edad : 25
Fecha de inscripción : 08/08/2015

MensajeTema: Anacrónica epístola de uno mismo   Vie 29 Ene - 11:54

Carta 1
A mi yo del futuro:
   ¿Seguiré siendo el mismo cuando tenga tu edad? Te escribo con la esperanza de que seas fuerte, de que hayas podido arreglar estos problemas. Yo no puedo. No aguanto más y tampoco sé cómo arreglarlo. Por todo me duele el estómago, cuando tengo que defender un examen, cuando estoy cerca de Lulú y está la chance de hablarle. Me tiembla el pulso con la sola posibilidad, el día que le diga algo, aunque no creo que pase nunca, supongo que me muero.
   Yo no sé cómo pretenden que en dos años sepa qué camino seguir. ¿Vos qué profesión tenés? ¿Por cuál te decidiste? Me encantaría conocerte. Yo no sé. A mí lo que me gusta es pintar, pero nunca nadie me dijo que soy bueno. El problema es que tampoco sé en qué soy bueno. ¿Vos cómo hiciste? ¿Te sigue doliendo el estómago?

P.S: Si la ves a Lulú decile que estuve perdidamente enamorado de ella.  

Carta 2
A mi cándido pasado:
   Quizá sea la última vez que escriba, esta cama usada que berrincha, las paredes blancas y los tubos en mis venas me musitan que el tiempo se enojó conmigo y está pensando abandonarme. Te escribo a vos y te digo, ojo con crecer, cuidado con lo que te digan que es crecer. No abras de golpe la puerta a mundo, sino paulatinamente, porque lo que hay del otro lado puede hacerte mal, sobre todo por tu maravillosa inocencia, que vas a perder a fuerza de rigor. Nada será lo que te pareció que era, ni siquiera el amor. Entenderás que todo lo no material (aunque puedo mencionarte materia que lo es) está compuesto por una urdimbre de contradicciones, contradicciones que tendrás que sopesar, saltar de un lado a otro de la balanza, saltar hasta que un día, como está pronto a sucederme a mí, hasta que un día te apagues.
   Consejos que puedo darte son seis:
1- Procura que tu máximo afán sea el de absorber experiencia.
2- Hacé pedazos la televisión.
3- No te dejes absorber por la repetición.
4- Aprendé la diferencia entre tu amor (María) y los cuerpos.
5- Pintá.
6- No seas polar.
   Si algo aprendí es que nada de lo que creí especial terminó siendo especial, ojo con eso también, con crecer y con lo que creas especial, muchas veces nuestra cabeza tiene una paleta de colores para pintar la cosas, eso con los ojos cerrados, pero cuando los abrimos, si miramos bien, sólo hay tonos grises.
   Quizá todavía no lo entiendas, pero el consejo cuatro es muy importante. Te va a pasar que sientas lo que nadie por María, así y todo tus ojos se van a desviar respondiendo a un llamado que pese a los intentos jamás vas a comprender, por experiencia te lo digo. Por eso es importante que aprendas a diferenciar entre María y los cuerpos. Esta idea es algo rebuscada, te la voy a explicar como mejor pueda. Ella es la persona que amás, que amarás, el resto son sólo cuerpos. Ella también era un cuerpo, pero al enamorarte la convertiste en algo más, en María. Te vas a encontrar con cuerpos, de propiedades estéticas inconmensurables, pero cuerpos al fin, productos estéticos que embelesan los ojos, pero que son incapaces de sumergirse en vos como lo hace María, como lo hará María. Saber diferenciar es sustancial, porque los cuerpos, visto el estruendo de su impacto, darán la impresión de ser más de lo que realmente son.
   Ahora que lo pienso me arrepiento de haberte dejado consejos, se ve que estoy viejo y me toca hacer lo que hacen todos, andar pregonando recetas de vida como si yo hubiera respetado las que alguna vez me dieron los mayores. Tacharía los consejos pero no puedo hacerlo, mejor dicho no debo hacerlo porque éstas seguramente son mis últimas líneas y no me parece bien eso de andar borrando, ¿para qué?, borrar es no aceptar, y a estas alturas las trivialidades del orgullo son ecos mudos. Además quisiera dar el punto final después de escribir arrepentimiento, palabra antes inusitada en mi vocabulario, pero, en vista de lo que fue mi vida, hoy es de lo más certera del diccionario. Y la uso, sobre todo, porque jamás, jamás, pude llevar a cabo los consejos que te he dado.
   Me despido, joven yo. Ojo con crecer, absoluto cuidado al abrir la puerta. Te amo, aunque ni lo sospeches.


P.S: Casi lo olvido. La última, arrepentimiento.


Carta 3
A un yo por armar:
   Me preocupa mucho en que te hayas convertido. Me preocupa que te hayas abandonado a un sistema que repudio, que hayas caído en la monotonía como hacen todos. Tengo terror a convertirme en algo que no quiero. Pienso mucho, el problema es pensar. Si algo me dio la Universidad estos últimos años es desencanto. Desconfío, descreo. Pero el día de mañana ¿qué voy a hacer? Ese es mi miedo. Tengo que ser parte, tengo que creer y volverme uno más. Eso o ir a vivir a la jungla en Misiones. Yo no quiero ni una ni otra, no hay espacio para mí, no hay lugar donde me sienta cómodo. Esto es lo que soy, una pieza de rompecabezas con los extremos limados.
   Te ruego, a vos, a mí, que mañana no te traiciones, no me traiciones.


Carta 4
Al que todavía no cayó:
   Estoy atrapado. Vos todavía tenés tiempo de salvarte. Me consumen los días, las horas, no por agobio físico, sino por su carácter reincidente, monótono. Siento que mi cuerpo se mueve por sí solo, hace por su cuenta, acostumbrado a lo mismo una y otra vez. Mi vida es una película que se rebobina y se vuelve a mirar. No se me escapan los más sutiles detalles, soy incapaz de encontrar sorpresa en ningún lado. Apagamos la televisión, nos acostamos, María me da la espalda, entonces la toco, me pego a ella, responde su cuerpo y no ella, y nos unimos, jamás como en el umbral, nos unimos y yo no estoy ahí, nunca estoy ahí, a veces hasta me da vergüenza donde estoy. Después, cuando la llama se consume, ella se acuesta para un lado, yo para otro. La amo, pero no se lo digo, mis labios se acostumbraron a no decirlo, y ahí voy de nuevo, siguiendo la repetición, leyendo el libreto.
   Te pido por favor que no caigas. Te pido por favor que seas consciente, y que valores tus prioridades. Te pido que sepas cuándo cambiar, cuándo empezar a hacer las cosas de otra manera. Es por tu bien. Después es difícil salir, reconstruir. Todavía tenés tiempo.

P.S: no olvides decirle a María, todos los días, cuanto la amás.

Carta 5

Al culpable:
   Era ofrecerte, con ofrecerte salvabas una vida. Ir a buscarlo a su casa, traerlo a la tuya, y después de la cena volver a llevarlo. Podría haber vivido muchos años más de no haber sido por tu comodidad, por tu desinterés. No es que viniera todos los días a comer, ¿una, dos veces por mes? Entonces podrías haberte ofrecido, sobre todo porque ya era un hombre grande, que a vos te llevó y te trajo a mil lados. Devolverle, por una vez en tu vida devolverle un gesto, algo tan simple como tomar el auto y recorrer los ¿veinte, veinticinco minutos?
   Te pido, por favor, que lo busques, a eso de las nueve comemos en casa, María hace pastas con su salsa especial.


Carta 6
A mi yo grande:
   No puedo. La señorita Mabel me explicó mil veces pero no me sale dividir. Sí me salen las cuentas fáciles, por ejemplo, seis dividido tres, o doce divido dos, esas las aprendí bien, pero cuando me pide que haga con fracciones se me traba la cabeza. A Tomás sí le sale, a veces me pasa el resultado por debajo de la mesa, es buen amigo Tomás.
   Igual no me preocupo. Sé que cuando sea más grande me va a salir todo bien. Me imagino con dieciocho, voy a ser enorme, alto, muy inteligente, y estas divisiones me van a salir re fácil. A veces también pienso en cómo voy a ser cuando tenga veinte o veinticinco. Eso sí que es grande. Me voy a casar con una chica hermosa, vamos a tener una casa, un auto y hijos. Si uno es varón le voy a enseñar a jugar a la pelota todos los días, va a ser tan bueno como yo.
   ¡Qué ganas de ser grande! ¡Las cosas que voy a poder hacer! Igual me falta mucho todavía, pero voy anotando en un cuaderno todo lo que voy a cumplir, para no olvidarme.
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Nilda Sena
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MensajeTema: Re: Anacrónica epístola de uno mismo   Vie 29 Ene - 16:32

Parece tan fácil,pero no lo es. Vivir es sumar experiencias propias, nadie pueda vivirlas por uno. Me gustó como se relacionan los distintos momentos de uno mismo.
Nilda
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http://www.nildasena.blogspot.com.ar
 
Anacrónica epístola de uno mismo
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