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 Las chicas del pasado... (PARTE II- 1/2)

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juankis
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MensajeTema: Las chicas del pasado... (PARTE II- 1/2)   Miér Dic 03, 2008 4:39 am

Así como algunas de mis relaciones de aquellos días, con Violeta también pactamos ese tradicional secreto: de que nadie podría enterarse, “era muy niño” y no me gustaba la idea de que todo mundo supiera lo que pasaba entre nosotros, de modo que ese pacto funcionó por algún tiempo (aunque no me escribía cartitas, yo si me daba tiempo para escribirle mi supuesto amor) recuerdo que mi léxico era limitadísimo por lo que copiaba frases de algunas baladas, si bien mi caligrafía no era tan buena que digamos (creo que hasta ahora) por las noches después de hacer mis tareas me quedaba solo en la sala (ayudado por un diccionario de sinónimos para niños de primaria) escribiéndole mis cursilerías en una hoja del cuaderno, a veces cuando mi mamá se acercaba y me preguntaba que tarea hacía, cubría mi carta con un cuaderno o con otra hoja; era tan inexperto para disimular las cosas que la sola presencia de mi madre me ruborizaba y perdía los papeles… hoy me siento algo ridículo por esas escenitas. Y también por la “enfermedad” que semanas después le sobrevino a Violeta, aquella tonta y estúpida enfermedad que nos engañó a Carlitos y a mí aquella noche de septiembre que jamás habríamos de olvidar.

Violeta desde que volvió de sus vacaciones en Lima, llegó toda alienada (eso me irritaba) sin embargo algunas veces nos veíamos a escondidas durante esas sombrías noches, escondidos por alguna calle del pueblo u otras en una habitación aislada de mi casa, en la que en esas difusas y aciagas tardes de lluvia y neblina veíamos películas de Pedrito Fernández, en formato VHS en la VCR de mi papá, las que por supuesto a ella no le interesaban en lo mas mínimo o simplemente escuchábamos música romántica (como si tan enamorados hubiéramos estado) por ratos ya que ella ni yo podíamos contener ese espasmo rico de besarnos y tocarnos en zonas inadecuadas, yo me extinguía en aquellas partecitas de su morena piel que de a pocos y cada vez mas lejos descubría a iniciativa de ella…

-Henrry le ha dejado un chupete en el pecho a mi hermana – me decía con la mayor ingenuidad del mundo.

-Asuu que si? Y en que parte ah? –

-por aquí- me contestó señalando la naciente de sus pequeños senos.
Me alboroté, mi saliva pasó de a golpe como Don Ramón en el Chavo del 8, y de pronto esa malicia seductora empezó a embelesarme, empezó como quien dice a “darme de patadas en el cerebro”, no sabía si hacer lo mismo que hizo el tal Henrry con su hermana o reírme y quedarme ahí estático sufriendo mi timidez y al rato me dijo:

-en verdad no te engaño, es cierto lo de los chupetes…-

A mi me daban ganas de tomarla de frente y hacerle muchos chupetones pero mi ingenuidad de niño me frenó, me sentí tonto y no hice nada, la mire y le dije:
- que gracioso no?...-
Ella se acomodaba como diciéndome “¡sirvete!” , y yo me alejaba un poquito y secaba el sudor de mis manos en la pared… Fui un niño retraído, mientras ella quería que le deje un soberano chupetón en esas prominencias de su escuálida, recordaba que esas ideas algunos momentos de calentura, se habían hecho realidad solo en mi mente, mientras tanto ella se acostaba, se acomodaba y dejaba a la vista ese su pequeño escote…

Yo fui lo que en eso días fui: un niño tonto y retraído… y para mí no fue fácil no me atrevía aunque en algún lugar de mi ser habían unas sensaciones que me envalentonaban, creo que mis miedos pudieron más. Me senté en un lado de la cama me sobaba las manos la miraba a ella toda mujercita con sus quince años que la disponían a todo, miraba en su piel trigueña que el calor de la libido se desvanecía, veía morir en sus ojos ese impulso que por primera en mi vida experimentaba… Ella toda insolente me rompía el corazón diciéndome lo siguiente:

- O sea que arriesgas tanto, eres aventadito con las chicas y a la finales no llegas a nada, no te entiendo. ¡ No sabes lo que te pierdes niño tonto! –

Y resueltamente se abotonó el famoso escote, se paró en frente mío y en el reflejo de la ventana en dos minutos y medio se recogió los cabellos se arregló las fachas, cogió sus cuadernos y se marchó tirándome la puerta con mucha fuerza, seguramente llena de impotencia por no haberle hecho los benditos chupetes en sus célebres senos…
Me quedé desorientado como flotando en una órbita extraterrestre, maldiciéndome por no haber hecho lo que Violeta quiso, imaginando que mas podría haber pasado y por un momento me tomé a pecho lo que ella me dijo:

- “niño tonto”-

-si tiene razón soy un tonto- me repetía una y dos veces mas…

No supe que hacer. Estaba desconcertado sentí vergüenza ajena, sentí tristeza por tener una chica tan extrovertida y nada romántica (como siempre nunca quise), era como una cachetada a mis cartitas, a mis baladas que le dedicaba con total solemnidad y a mis modales de niño bueno y estudioso. Me dejó ahí sentado viendo “La niña de la mochila azul” cuando Pedrito y Amy se encontraban dramáticamente en un puente, ambos corrían emocionadísimos, llorando de alegría y de fondo una ranchera muy bonita, de esas que me encantan.

Al día siguiente no podía borrarme el episodio que viví con Violeta y me urgía contárselo a alguien, necesitaba un consejo o consuelo, necesitaba saber como debí reaccionar, entonces me acordé de la persona indicada para esos casos:

El gran conocedor de los problemas de amor y de cualquier índole, mi buen primo, el gran Carlitos. Esperé con ansias el recreo y salí volando a buscarlo, lo encontré en el pasillo y lo llevé casi a jalones y nos sentamos en las gradas al frente del patio y le dije:

- necesito tu ayuda o bueno quiero contarte una vaina…-
-tranquilo, ta que ya ves me estas arrugando la camisa compare, a ver que pasa, suelta-

-Ayer estuve con Violeta, en el “point” (así era como llamábamos a la habitación escondida de mi casa) ahí pues viendo una película pasándola chévere, luego nos besamos muchísimo y se puso de onda la cosa y alucina que quería que le agarre los senos que los bese que los chupetee, me dejó estúpido compare, no sé me dieron ganas pero me chupé, arrugué y creo que se enojó, agarró sus cosas y se quitó, se fue como una loca tirándome la puerta-

-Espera espera, cuenta despacio, que hiciste?, la agarraste?- me decía Carlitos con una cara de otro mundo.

No compare, me paltie, me dio roche, me empezaron a sudar las manos y me hice a un lado y la dejé ahí mirándome con unas ganas de pervertida. Es que nunca me había pasado algo igual.

-oye zonzo, eres o te haces? Ella tiene su famita – me contestó como llamándome la atención.

-pucha que pavo me saliste primo la negra quería algo y tú todo baboso, la dejas te quitas, que hombrecito resultaste, ohee ya pues déjate de cojudeces-

Hablaba Carlitos como si el agraviado fuera él, me pedía que le cuente los pormenores los detalles, claro él es el gurú de los encuentros amorosos y afines (desde que somos amigos o desde que nos conocimos, siempre se le ocurrían ideas que nos sacaban de los peores aprietos, como lo que pasó unos meses atrás cuando yo era su alarma, su violinista, su campanero o simplemente su alcahuete. Siempre que rememoró esos acontecimientos, me da mucha risa cuando gracias a sus ingeniosas ideas nos salvamos de una paliza segura y desde luego mi confianza en sus servicios picarescos se reafirma…

Carlitos vivía con sus abuelos, ellos tenían una casa grande al estilo hacienda, y según mi buen primo sus abuelos iban a pasar unos días en el campo y por lo tanto él tenía la casa a su “disposición”, por lo que Carlitos como el buen amante que es, llevó a una de sus tantas chicas a la habitación de su abuelo a mostrarle las antigüedades que tenía en vitrinas y aparadores y desde luego a pasarla bien ahí conversando y dándose muchos cariñitos; yo por supuesto era el vigía, el que cuidaba la entrada por si llegaban los empleados o algún familiar, según lo planeado todo estaría bajo control, el señor Abimael no podría aparecerse ni en pintura ya que a esas alturas estaría llegando a su chacraa muchos kilómetros de distancia, entonces decidí bajar la guardia, fui a comprar unos chicles, de paso a sacarle copia a un libro para la tarea de educación cívica que había dejado la profesora Yolanda, en fin no había peligro alguno aun así yo su leal amigo no podía quedarle mal y de regreso me di una vueltita por la casa de Carlitos para dar un vistazo, por si habían moros en la costa le di el acostumbrado silbido y se asomó por la ventana y burlón, criollo e inquieto me decía: “’ta que ya ves…” con eso bastaba para decirme que lo estaba interrumpiendo, me detuve en el zaguán para amarrarme los pasadores, cuando de repente escuché aproximarse la tenebrosa voz de don Abimael, sentí su lúgubre presencia y no supe que hacer, mi corazón latía como si mi vida estuviera apunto de terminarse y claro que se terminaría si nos descubría, al menos yo era un extraño en esa antiquísima casa y con el carácter terrorífico del señor Abimael ¡estábamos perdidos! digo perdidos por Marilú, la chica de Carlitos que a esas horas andaba muy afectuosita con él jugando al amor, nada mas y nada menos que en la alcoba del mismísimo señor Abimael, entonces no tuve mas salida que efectuar nuestro silbo de peligro: “fui, fui, fui, fui” (que no era nada menos que la adaptación en silbo de la alarma de retroceso para automóviles)

-que pasa, que pasa?- salió preguntando Carlitos en tono sinvergüenza y yo como alma que llevaba el diablo o mejor dicho como alma que llevaba don Abimael le dije que su abuelo estaba llegando a la casa y que se esconda o bueno que nos escondiéramos porque si no estábamos perdidos…
-¡chumas!- respondió ofuscado mi buen primo y en una milésima de segundo concibió el plan de contingencia.

-escucha- me dijo muy orondo como si tuviera la certidumbre de que su plan iba ser un éxito.

-Métete a la sala pa’ que no te vea mi abuelo, ahorita le digo a Marilú que también venga no vaya ser que mi abuelo entre a su cuarto y ahí mancamos todos, quédate callado que ahí viene no te muevas, todo será rápido- Me decía queriendo disimular los nervios que al parecer le querían hacer una mala jugada.

-Cuando se apague la luz sales corriendo, yo dejaré las puertas abiertas- Casi me río
a carcajadas por la ocurrencia de Carlitos, ya que una vez más nos sacaba de aprietos.
Continua ---> PARTE III


Última edición por juankis el Mar Jun 16, 2009 4:04 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Las chicas del pasado... (PARTE II- 1/2)   Miér Dic 17, 2008 9:49 pm

mmmm y yo que queria saber que pasaba Smile
Super interesante estas aventuras...me causo algo de gracia lo de Violeta, porque su manera de ver las cosas eran muy diferenctes a la de tu protagonista :=)
Te sigo leyendo
Besos
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Marioes
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MensajeTema: Re: Las chicas del pasado... (PARTE II- 1/2)   Miér Dic 17, 2008 10:56 pm

Esperare a la tercera parte para dar el comentario fnal, es buena tu forma de narrar.

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Marioes.
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MensajeTema: hola mario   Mar Jun 16, 2009 3:54 pm

Marioes escribió:
Esperare a la tercera parte para dar el comentario fnal, es buena tu forma de narrar.
COMO ESTAS MARIO
TE AVISO QUE YA PUBLIQUE UNA TERCERA PARTE,
JUSTAMENTE AYER ACABO DE COLGAR LA 3ERA PARTE
SALUDOS CORDIALES
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